Manos Que Curan El Libro Guia De Las Curaciones Espirituales

Referencia: 9788427034471
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NUEVO FORMATO, 34ª edición ÍNDICE Primera Parte VIVIENDO EN UN PLANETA DE ENERGÍA   Capítulo 1: La experiencia curativa Capítulo 2: Cóm ...
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NUEVO FORMATO, 34ª edición

ÍNDICE

Primera Parte
VIVIENDO EN UN PLANETA DE ENERGÍA

 

  • Capítulo 1: La experiencia curativa Capítulo 2: Cómo usar este libro
  • Capítulo 3: Nota sobre la formación y el desarrollo de la guía

 

Segunda Parte
EL AURA HUMANA

 

  • Introducción: La experiencia personal
  • Capítulo 4: Paralelismo entre la forma en que vemos la realidad y a nosotros Capítulo 5: Historia de la investigación científica en el campo energético humano Capítulo 6: El campo energético universal
  • Capítulo 7: El campo energético humano, o aura humana

 

Tercera Parte
LA PSICODINÁMICA Y EL CAMPO ENERGÉTICO HUMANO

 

  • Introducción: La experiencia terapéutica
  • Capítulo 8: Crecimiento y desarrollo humano en el aura Capítulo 9: Función psicológica de los siete chakras mayores Capítulo 10: Diagnóstico del chakra o centro energético
  • Capítulo 11: Observaciones de auras en las sesiones terapéuticas Capítulo 12: Los bloques energéticos y los sistemas de defensa del aura
  • Capítulo 13: Pautas del aura y el chakra en las principales estructuras de carácter

 

Cuarta Parte
LAS HERRAMIENTAS PERCEPTIVAS DEL SANADOR

 

  • Introducción: La causa de la enfermedad Capítulo 14: La separación de la realidad
  • Capítulo 15: Del bloque energético a la enfermedad física
  • Capítulo 16: El proceso curativo, visión de conjunto Capítulo 17: Acceso directo a la información Capítulo 18: Visión interna
  • Capítulo 19: Elevada percepción auditiva y comunicación con los maestros espirituales Capítulo 20: Metáfora de Heyoan sobre la realidad

 

 Quinta Parte
CURACIÓN ESPIRITUAL

 

  • Introducción: Su campo energético es su instrumento Capítulo 21: Preparación para la curación
  • Capítulo 22: Curación del espectro total
  • Capítulo 23: Curación con el color y el sonido
  • Capítulo 24: La curación de los traumas transtemporales

 

Sexta Parte
LA AUTOCURACIÓN Y EL SANADOR ESPIRITUAL

 

  • Introducción: Transformación y autorresponsabilidad
  • Capítulo 25: El rostro de la nueva medicina. El paciente se convierte en sanador Capítulo 26: La salud, un reto para ser uno mismo
  • Capítulo 27: Cómo se desarrolla un sanador

 

Un libro que pasará a la historia de la Nueva Era por sus aportes revolucionarios a la investigación científica, a la práctica terapéutica y al conocimiento de los poderes de la energía humana.

Estudios clínicos científicamente comprobados de curaciones a personas de todas las condiciones y con toda clase de enfermedades.

Instriccuiones para curarse a uno mismo y curar a los demás.

¿Qué es la percepción de alta sensibilidad? ¿Cómo se manifiesta el Campo de la Energía Humana? ¿Qu é es la imposición de manos? ¿Cuál es la anatomía del aura y cómo debemos observarla? ¿Cuáles son los sistemas energéticos de defensa biológica? ¿Cuáles son las claves de la terapia total?

 

BARBARA ANN BRENNAN es una sanadora practicante, terapeuta y científica.

Después de completar un master de Física Atmosférica en la Universidad de Wisconsin, fue investigadora de la NASA. Durante los últimos quince años ha estudiado y trabajado en el campo de la energía humana, y ha participado en proyectos de investigación en la Universidad Drexel y en el Instituto de la Nueva Era. Se ha especializado en terapia bioenergética.

 

“De lectura indispensable para todas las personas interesadas en el área de la curación y el cuidado de la salud”.

Elizabeth Kübler-Ross

“La obra de Brennan abre la mente. Sus conceptos de la importancia de la enfermedad y de cómo conseguir su cura coniciden con mis experiencias.”

Bernie S. Siegel

Un complemento práctico de la obra “El Aura”, de Dora Van Gelder Kunz

Dedicamos este libro a todos aquelos que viajan por el camino de regreso.

EXTRACTO DEL LIBRO MANOS QUE CURAN

 

 

El amor es el rostro y el cuerpo del Universo. Es el tejido conectivo del universo, la materia de la que estamos hechos. Es la experiencia de la realización total y de la conexión con la Divinidad Universal.

Todo sufrimiento surge del espejismo de la distancia, que genera miedos y odio hacia uno mismo, y que termina por provocar enfermedades.

Somos los dueños de nuestras propias vidas. Podemos hacer muchos más de los que creemos, incluso curarnos a nosotros mismos de una “enfermedad terminal”.

La única “enfermedad terminal” auténtica es, sencillamente, el ser humano. Pero el ser humano no tiene nada de “terminal”, porque la muerte no es más que una transición hacia otro nivel del ser.

Deseo estimular al lector para que sobrepase los “límites” normales de su vida y empiece a verse de forma distinta. Deseo alentarle para que viva su vida en el filo de la navaja del tiempo, permitiéndose a sí mismo nacer a una nueva vida en cada minuto que pasa.

Deseo dar ánimos al lector para que se permita difuminar ligeramente la forma de su experiencia vital.

PREFACIO

Estamos en una nueva era y, parafraseando a Shakespeare, «son muchas las cosas entre el Cielo y la Tierra que el hombre desconoce». Este libro está dirigido a quienes buscan la autocomprensión de sus procesos físicos y emocionales más allá del marco de la medicina clásica. Se centra en el arte de curar utilizando métodos físicos y metafísicos. Abre nuevas dimensiones al entendimiento de los conceptos de identidad psicosomática originalmente presentados por Wilhelm Reich, Walter Canon, Franz Alexander, Fladers Dunbar, Burr y Northrup y muchos otros investigadores del campo de las enfermedades psicosomáticas.

La presente obra dedica su contenido a definir las experiencias curativas y la historia de las investigaciones científicas en el campo de la energía y el aura humanas. Es un libro único en su género, al relacionar la psicodinámica con el campo energético del hombre. Describe las variaciones de dicho campo en tanto y en cuanto afecta a las funciones de la personalidad.

La última parte está dedicada a definir las causas de las enfermedades, basándolas en conceptos metafísicos que son relacionados a renglón seguido con las alteraciones energéticas del aura. El lector

encontrará también en esta parte de la obra una descripción de la naturaleza de la curación espiritual, según se manifiesta en la relación entre el sanador y el paciente.

El libro se ha escrito a partir de la experiencia subjetiva de la autora, formada científicamente como física y psicoterapeuta. De esta combinación de conocimiento objetivo y de experiencias subjetivas surge un método único para expandir la conciencia más allá de los confines que establece el conocimiento objetivo.

Para las personas que muestren predisposición a tal enfoque, esta obra ofrece una extraordinaria riqueza de temas para aprender, para experimentar y para realizar prácticas. A quienes tengan objeciones importantes que oponer les recomendaría que meditaran con amplitud de miras la siguiente pregunta: «¿Cabe la posibilidad de que exista esta nueva perspectiva que va más allá de la lógica y de la experimentación científica objetiva?».

Recomiendo encarecidamente este libro a todas las personas que se sientan estimuladas por el fenómeno vital a los niveles físico y metafísico. Es el fruto de muchos años de esfuerzos y representa la evolución de la personalidad de la autora y el desarrollo de sus especiales dones curativos. Dispóngase el lector a internarse en un territorio fascinante en grado sumo.

Hay que felicitar a la señora Brennan por su arrojo al hacer partícipe al mundo de sus experiencias subjetivas y objetivas.

JOHN PIERRAKOS
Institute of CORE Energetics
Nueva York

AGRADECIMIENTOS

Deseo expresar mi gratitud a todos mis maestros, pero son tantos que relacionaré sus nombres en el orden en que me impartieron sus enseñanzas. Los primeros fueron el doctor Jim Cox y la señora Ann Bownman, que, junto con muchos otros, me formaron en trabajos bioenergéticos. Pasé luego muchos años de formación y práctica con el doctor John Pierrakos, cuyos trabajos en energética del núcleo pusieron los cimientos para mis labores curativas subsiguientes; su influencia sobre mí, para capacitarme en la conexión del fenómeno áurico del que yo era testigo con el trabajo psicodinámico, fue extraordinaria: gracias, John. Mi eterno agradecimiento para la señora Eva Pierrakos, iniciadora del particular camino espiritual que recorro y que denomino «el sendero». También deseo expresar mi gratitud a mis maestros en curación, el reverendo C.B y la reverenda Rosalyn Bruyere. Y a todos los discípulos que, al acudir a mí para que les enseñara, han sido a su vez mis mejores maestros.

Sobre la producción del libro propiamente dicho, doy las gracias a cuantos me ayudaron con el manuscrito; en particular a la señora Marjorie Bair por sus comentarios editoriales; al doctor Jac Conaway, por permitirme utilizar su ordenador; y a María Adeshian, que se encargó de la mecanografía. Asimismo, a Bruce Austin, que realizó el proceso de texto final, y a la señora Marilee Talman por su valiosísima ayuda en la revisión y por haber conducido todo el proceso de producción de este libro. Quiero expresar mi agradecimiento por el constante apoyo que me prestaron, al señor Eli Wilner, a mi hija, la señorita Celia Conaway, y a mi querida amiga la señora Moira Shaw, que me hizo recordar mi propia valía cuando más lo necesitaba.

Y, sobre todo, deseo hacer pública mi gratitud a mis queridos maestros espirituales, que me guiaron en cada paso del camino y me proporcionaron la mayor parte de verdad presente en este libro.

Capítulo 1

LA X EXPERIENCIA CURATIVA

A lo largo de mis muchos años de práctica como sanadora he tenido el privilegio de trabajar con infinidad de personas encantadoras. Me complace presentar aquí a algunas de ellas y narrar sus respectivas historias, que confieren un enorme sentido de realización a la vida de alguien dedicado a mi trabajo.

Mi primer cliente, cuya curación conocí cierto día de octubre de 1984, fue una mujer cercana a la treintena llamada Jenny. Es una maestra llena de vitalidad, de cerca de 1,65 m de estatura, grandes ojos azules y cabello oscuro. Sus amigos la llaman la «dama de la lavanda», porque le encanta esta flor y lleva continuamente un ramillete. Jenny es, además, propietaria de una floristería a la que dedica parte de su tiempo y crea exquisitos adornos florales para bodas y otras celebraciones. Por aquel entonces llevaba varios años casada con un próspero profesional de la publicidad. Jenny sufrió un aborto unos meses antes y no había conseguido quedarse nuevamente embarazada. Cuando acudió al tocólogo para averiguar por qué no podía volver a concebir, la noticia que éste le dio fue decepcionante: después de numerosas pruebas y según la opinión de otros médicos, el especialista llegó a la conclusión de que debería someterse a una histerectomía a la mayor brevedad posible. En el útero, justo donde había estado fijada la placenta, se observan células anormales. Jenny se asustó y quedó muy perturbada. Ella y su marido habían esperado a tener una posición económica más sólida para empezar a crear una familia. Ahora parecía que aquella posibilidad se había esfumado.

La primera vez que Jenny acudió a mi consulta, en agosto de aquel año, no me contó su historial médico. Se limitó a decirme: «Necesito su ayuda. Dígame lo que ve en mi cuerpo. He de tomar una decisión importante». Durante la sesión curativa, exploré su campo energético, o aura, utilizando mi «elevada percepción sensorial» (EPS). Pude «ver» algunas células anómalas en el interior del útero, en su parte izquierda. Al mismo tiempo, «vi» las circunstancias que habían rodeado el aborto. Las células anómalas estaban situadas donde había estado unida la placenta. Además, «escuché» algunas palabras que describían el estado de Jenny y lo que se podía hacer al respecto. Percibí que necesitaba un mes de descanso, yendo a la playa, tomando unas vitaminas específicas, manteniendo una dieta concreta y meditando a solas no menos de dos horas al día. Después, una vez que hubiera pasado el mes curándose a sí misma, volvería al mundo de la medicina convencional para que le hicieran nuevas pruebas. Se me dijo que la curación había sido completa y que no necesitaba volver a mi consulta. Durante la curación, recibí información sobre su actitud psicológica y sobre la forma en que ésta afec­taba a su incapacidad de autocuración. Se sentía culpable de su aborto. En consecuencia, se estaba creando una tensión indebida e impedía que su cuerpo se curara a sí mismo tras la gestación fallida. También se me dijo algo fundamental para mí: que ella no debería acudir a otro médico por lo menos durante un mes, ya que los distintos diagnósticos y las presiones para que se sometiera a una histerectomía agravaban enormemente su estrés. El ferviente deseo de tener un hijo le rompía el co­razón. Cuando salió de mi consulta se encontraba algo más aliviada y dijo que pensaría en todo lo que había sucedido durante la sesión de curación.

En octubre, cuando Jenny volvió, lo primero que hizo fue abrazarme estrechamente, entregándome un cariñoso poema como muestra de agradecimiento. Las pruebas médicas resultaron normales. Había pasado el mes de agosto cuidando de los niños de unos amigos en Fire lsland. Durante ese tiempo siguió manteniendo su dieta, tomó las vitaminas y se pasó mucho tiempo sola practicando su autocuración. Decidió esperar unos cuantos meses y, transcurridos éstos, intentar quedarse embarazada otra vez. Un año después me enteré de que Jenny había dado a luz un niño que gozaba de perfecta salud.

El segundo cliente que tuve aquel día de octubre fue Howard Es el padre de Mary, a la que traté hace algún tiempo. A Mary le habían hecho un frotis de Papanicolau clase tres (condición precancerosa) en el que se detectó un proceso que desapareció en unas seis curaciones. Desde hace varios años se ha sometido habitualmente a tales pruebas. Mary, que es enfermera, es fundadora y directora de una organización que se dedica a actualizar la formación de sus colegas y que facilita enfermeras a los hospitales del área de Filadelfia. Se interesó por mi trabajo y suele enviarme clientes con regularidad.

Howard llevaba varios meses visitándome. Se trata de un obrero jubilado, una persona con la que resulta delicioso trabajar. La primera vez que vino a verme su piel tenía un tono ceniciento y estaba

aquejado de constantes dolores en la zona cardiaca. Ni siquiera podía ir de un lado a otro de una habitación sin sentirse cansado. Después de la primera sesión de curación, su semblante adquirió un tono rosado y se disipó el dolor. Tras dos meses de curaciones semanales podía de nuevo realizar esfuerzos y hasta bailar. Mary y yo trabajamos conjuntamente para combinar la curación mediante la imposición de manos con medicaciones a base de hierbas que le había recetado un médico naturópata para limpiar sus arterias de placas. Aquel día seguí equilibrando y reforzando este campo. Su mejoría era evidente tanto para los médicos como para sus amigos.

Otro de los clientes que vi ese mismo día fue Ed. La primera vez me visitó porque tenía molestias en la muñeca. Las articulaciones de los brazos y de la muñeca se le debilitaban cada vez más. También sentía dolor en el orgasmo durante las relaciones sexuales. Desde hacía tiempo se venía quejando de debilidad en la espalda, y la dolencia había progresado tanto que no podía llevar nada en las manos, ni siquiera unos cuantos platos. En la primera sesión de curación que le dediqué, «vi» en su campo aural que cuando tenía unos 12 años sufrió una lesión en el cóccix. En el momento en que se produjo esa lesión tenía importantes dificultades con las incipientes sensaciones sexuales de la pubertad. El accidente redujo dichas dificultades, de forma que pudo arreglárselas mejor.

El cóccix quedó oprimido hacia la izquierda y no podía desplazarse en su camino habitual para ayudar al bombeo del fluido cerebroespinal en su recorrido normal. Esto dio lugar a un gran desequilibrio que debilitó todo su sistema energético. El paso siguiente de este proceso degenerativo fue el debilitamiento de la parte inferior de la espalda, luego de la parte media y finalmente de la superior. Cada vez que se debilitaba a causa de la falta de flujo energético en una parte de su cuerpo, otra parte intentaba compensar la debilidad. Empezó a soportar una enorme tensión en las articulaciones del brazo, que finalmente cedieron y se debilitaron. Todo este proceso duró varios años.

Ed y yo mantuvimos un proceso curativo fructífero a lo largo de varios meses. Lo primero que hice fue trabajar con el flujo energético para liberar la región coccígea, realinearla y luego aumentar y equilibrar dicho flujo energético a través de todo su sistema. Su fortaleza fue volviendo poco a poco. Aquella tarde, el único síntoma que aún perduraba era una ligera debilidad en la muñeca izquierda. Pero artes de dedicarle mi atención, equilibré y reforcé de nuevo todo su campo energético. Luego dediqué un tiempo adicional a permitir que la energía curativa fluyera a su muñeca.

El último cliente de ese día fue Muriel, una artista casada con un prestigioso cirujano. Era su tercera visita. Tres semanas antes se había presentado en mi consulta aquejada de una gran hinchazón en el tiroides. En aquella primera cita utilicé de nuevo mi alta percepción sensorial (EPS) para obtener información sobre el estado de Muriel. Pude ver que la inflamación tiroidea no era debida a un cáncer y que con sólo dos sesiones de curación combinadas con la medicación que le habían recetado sus doctores la inflamación desaparecería. Vi que no era necesaria una intervención quirúrgica. Ella me confirmó que había visitado a varios médicos, los cuales le habían recetado fármacos para reducir el ta­maño del tiroides. Le dijeron que la medicación lo reduciría algo, pero que seguía necesitando una intervención y que había la posibilidad de que se tratara de un cáncer. La operación estaba prevista para la semana siguiente a nuestra segunda cita. Le apliqué dos sesiones de curación en el plazo de una semana. Para cuando llegó el momento de la intervención ya no había necesidad de operarla; los médicos se quedaron sorprendidísimos. Muriel regresó aquel día para asegurarse de que todo había vuelto a ser normal y sano, y lo era.

¿Cómo se producen estos efectos aparentemente milagrosos? ¿Cómo consigo ayudar a estas personas? El proceso que empleo se denomina imposición de manos, curación por la fe o curación espiritual. No se trata de un proceso misterioso, ni muchísimo menos, sino de algo directo, aunque complicado a veces. Es un procedimiento que implica la restauración del equilibrio del campo energético que nos rodea, al que yo denomino «campo energético humano». Todos tenemos un campo energético o aura que envuelve nuestro cuerpo físico y penetra en él. Este campo energético se halla íntimamente relacionado con la salud. La elevada percepción sensorial es una forma de percibir cosas que escapan al alcance normal de los sentidos humanos. Con él se puede ver, oír, oler, gustar y tocar cosas que normalmente no son perceptibles. La elevada percepción sensorial es una forma de «ver» en la que se percibe una imagen mental sin tener que emplear la visión normal. No es imaginación; a veces se le denomina clarividencia. La EPS revela el dinámico mundo del fluido que interactúa con los campos energéticos vitales y trasfunde todas las cosas. Durante la mayor parte de mi vida he intentado adentrarme en ese mar de energía vital que es nuestra existencia. Así he descubierto que esa energía nos apoya, nos nutre, nos infunde vitalidad. Con ella detectamos a las demás. personas, formamos parte de ella, y ella forma parte de nosotros.

Mis clientes y alumnos me preguntan cuándo vi por primera vez ese campo energético que rodea a las personas. ¿Cuándo comprendí que era una herramienta útil? ¿Qué tal sienta poseer esa capacidad para percibir cosas que se salen del alcance normal de los sentidos humanos? ¿Poseo algo especial, o es una cosa que se puede aprender? De ser así, ¿qué pueden hacer para ampliar su propio alcance perceptivo y qué valor tiene ello para sus vidas? Para contestar a estas preguntas debo volver al principio.

Tuve una infancia muy sencilla. Me crié en una granja de Wisconsin y, como no había por allí muchos niños con quienes jugar, me pasaba muchas horas sentada en el bosque, en solitario, totalmente

inmóvil esperando a que se me acercaran los animales. Practiqué la integración con mi entorno. Pasó mucho tiempo antes de que empezara a comprender la importancia que tenían aquellos períodos de silencio y espera. En esos momentos plenos de tranquilidad en el bosque entraba en un estado de conciencia ampliada que me permitía percibir cosas que se salían del alcance de la experiencia hu­mana. Recuerdo que era capaz de saber dónde estaba cada animal sin necesidad de mirar; podía detectar su estado. Practicaba caminando a ciegas por el bosque y sentía dónde estaban los árboles mucho antes de tocarlos con las manos extendidas. Me di cuenta de que los árboles eran mucho más grandes de lo que parecían a la vista. Los árboles están rodeados por campos energéticos, y lo que yo detectaba eran esos campos. Más tarde aprendí a ver los campos energéticos de los árboles y de los animales. Descubrí que todas las cosas tienen un campo energético que las rodea, y que su aspecto se asemeja al de la luz de una vela. También empecé a comprender que todas las cosas están interconectadas por medio de estos campos energéticos, que no existe espacio alguno que no lo posea. Todo, incluida yo misma, vive en un mar de energía.

Este descubrimiento no me resultó excitante. Fue simplemente una experiencia propia, algo tan natural como ver a una ardilla comiendo una bellota en la rama de un árbol. Nunca utilicé tales experiencias para formular teoría alguna sobre la forma de actuar del mundo; las acepté como algo perfectamente natural, di por supuesto que todo el mundo las conocía y olvidé el asunto.

A medida que alcanzaba la adolescencia fui abandonando mis visitas al bosque. Empecé a interesarme por la forma en que se desarrollaban todas las cosas y por las causas que las generaban. Planteaba infinidad de preguntas, tratando de encontrar un orden y entender el comportamiento del mundo. Fui a la universidad, obtuve el master en ciencias en la rama de física atmosférica y luego trabajé como investigadora en la NASA durante varios años. Más tarde me preparé para convertirme en consultora y, sólo después de algunos años de prestar asesoramiento, empecé a ver colores alrededor de las cabezas humanas, lo cual me recordó mis experiencias infantiles en el bosque. Entonces me di cuenta de que aquellas imágenes fueron el principio de mi elevada percepción sensorial o clarividencia. Mis deliciosas y secretas aventuras infantiles me condujeron, en último término, al diagnóstico y a la curación de enfermos graves.

Al mirar atrás, puedo ver la pauta de desarrollo de mi capacidad, que se inició al nacer. Es como si mi vida hubiera sido guiada por una mano invisible que me condujo y me hizo vivir cada experiencia paso a paso, como en los cursos escolares, en la escuela que llamamos vida.

Lo sucedido en el bosque me ayudó a ampliar mis sentidos. Luego, la formación universitaria me ayudó a desarrollar una mente lógica; seguidamente, la experiencia como asesora me abrió los ojos y el corazón hacia la humanidad. Y, por último, mi formación espiritual (a la que me referiré más adelante) aportó la suficiente credibilidad a mis experiencias como para pensar en ellas como algo «real» y aceptarlas como tales. Empecé entonces a crear un marco que me permitiría entender estas experiencias. Poco a poco, la elevada percepción sensorial y el campo energético humano empezaron a ser partes integrantes de mi propia vida.

Estoy firmemente convencida de que pueden convertirse en parte de la vida de cualquier persona. Para desarrollar la EPS es necesario entrar en un estado de conciencia ampliada, para lo que existen diversos métodos. La meditación se está convirtiendo en el más conocido de ellos. Se puede practicar de muy diversas formas, y es importante descubrir la más apropiada para cada uno. Más adelante, a lo largo del libro, ofreceré algunas sugerencias sobre meditación para que el lector pueda elegir. También he descubierto que se puede entrar en el estado de conciencia ampliada haciendo jogging, paseando, pescando, sentándose en las dunas arenosas de la playa para observar el movimiento de las olas, o bien permaneciendo sentado en el bosque, como hacía yo de niña. ¿Practica el lector alguna de estas formas de acceso a tal estado, llámese meditación, ensoñación o de cualquier otra forma? Lo más importante es concederse el tiempo suficiente para escuchar el propio yo; un tiempo en el que la bulliciosa mente -que constantemente nos dice lo que hemos de hacer, cómo prodríamos haber triunfado en una disputa, qué debíamos haber hecho, qué es lo que va mal dentro de nosotros, etc.-permanezca silenciosa. Cuando se ha logrado descartar ese incesante parloteo, se abre ante nosotros todo un nuevo mundo de armoniosa y dulce realidad. El lector empezará a integrarse en el entorno, como hacía yo en el bosque. Y, al mismo tiempo, no sólo no perderá su individualidad, sino que la mejorará.

El proceso de integración con nuestro entorno es otra forma de describir la experiencia de una conciencia ampliada. Volvamos, por ejemplo, a la vela y su llama. Normalmente nos autoidentificamos como un cuerpo (la cera y el pabilo) dotado de conciencia (la llama). Cuando entramos en el estado de conciencia ampliada nos percibimos a nosotros mismos como la luz que surge de la vela. ¿Dónde empieza la luz y dónde termina la llama? Parece que hubiera una línea divisoria, ¿pero dónde está exactamente cuando observamos de cerca? La llama está totalmente penetrada por la luz. ¿Penetra en la llama la luz de la habitación, que no es la de la vela (mar de energía)? Sí. ¿Dónde empieza la luz de la habitación y dónde termina la de la llama? La física dice que la luz de una llama no tiene límites, que llega al infinito. Así pues, ¿dónde se encuentra nuestro límite último? La experiencia que he adquirido con la EPS, derivada de una conciencia ampliada, es que no existe límite alguno. Cuanto más amplío mi conciencia, más se ensancha mi EPS y mayor capacidad tengo para ver una realidad que está ahí ya,

pero que antes se encontraba fuera de mi campo de percepción. A medida que la EPS se hace más amplia percibo una mayor realidad. Al principio sólo era capaz de ver los campos energéticos más bastos que rodean las cosas, los cuales apenas se extienden a tres centímetros de la superficie. Pero a medida que fui adquiriendo experiencia vi que el campo se prolongaba mucho más allá, aunque aparentemente se trataba de una sustancia más fina, o de una luz menos intensa. En cada paso que daba creía que había encontrado la línea de límite; más tarde, sin embargo, podía percibirla a mayor distancia. ¿Hasta dónde llega, pues, la línea? He llegado a la conclusión de que sería más fácil decir que sólo existen capas: la capa de la llama, luego la luz de la llama, después la luz de la habitación. Cada línea más difícil de distinguir que la anterior. La percepción de cada capa exterior requiere un estado de conciencia más ampliado y una EPS mejor afinada. A medida que el estado de conciencia se amplía, la luz que antes vimos amortiguada se abrillanta y cobra mayor definición.

A medida que desarrollaba mi elevada percepción sensorial a lo largo de los años fui recopilando las observaciones que hacía. En su mayor parte se produjeron durante los quince años en que trabajé como consultora. Dado que había recibido originalmente una formación en ciencias físicas, cuando empecé a «ver» el fenómeno energético alrededor de los cuerpos humanos me sentía bastante escéptica. Pero como el fenómeno persistía incluso cuando cerraba los ojos para descartarlo, o cuando me movía por la habitación, empecé a observarlo más atentamente. Así dio comienzo un viaje que me llevó a mundos cuya existencia desconocía, cambiando por completo la forma en que experimentaba la realidad, la gente, el universo y mi relación con él.

Vi que el campo energético está íntimamente relacionado con la salud y el bienestar de la persona. Si alguien está enfermo, tal circunstancia se reflejará en su campo energético en forma de flujo de energía desequilibrado o de energía estancada que ha dejado de fluir y se presenta en colores oscuros. Por contra, una persona saludable muestra colores brillantes que fluyen con facilidad en un campo equilibrado. Tales colores y formas son específicos en cada enfermedad. La EPS resulta extraordinariamente valiosa en las prácticas de la medicina y el asesoramiento psicológico. Utilizando la EPS he alcanzado una gran experiencia en el diagnóstico de problemas tanto físicos como psicológicos, así como en la provisión de medios para resolver tales problemas.

Con la EPS, el mecanismo de la enfermedad psicosomática aparece nítidamente ante los ojos. Se pone de manifiesto la forma en que se inician la mayoría de las enfermedades en los campos energéticos para transmitirse luego al cuerpo, a través del tiempo y la forma de vida, hasta convertirse en una dolencia grave. Muchas veces, la fuente o causa primigenia de este proceso guarda relación con un trauma psicológico o un traumatismo físico, o con una combinación de ambos. Como quiera que la EPS revela la forma en la que se inició la enfermedad, también permite conocer el modo de invertir el proceso patológico.

Durante el proceso de aprendizaje para observar el campo capté también la forma de interactuar conscientemente con él, como con cualquier otra cosa que pueda ver. Podía manipular mi propio campo para que interactuara con el de otra persona. Pronto supe cómo reequilibrar un campo energético enfermo de manera que la persona afectada recuperara su salud. Más aún, me encontré recibiendo información sobre la causa de la enfermedad de mi cliente. Parecía proceder de lo que, en apariencia, era una inteligencia superior a la mía, o a la que normalmente consideraba como mía. El proceso de recepción de este tipo de información se denomina genéricamente canalización. La información ca­nalizada se presentaba en forma de palabras, conceptos o imágenes simbólicas que penetraban en mi mente mientras estaba reequilibrando el campo energético de mi cliente. Siempre que hago esto me encuentro en un estado alterado de conciencia. Logro buenos resultados en la recepción de información combinando varias formas de utilización de la EPS (es decir, canalizando o viendo). Relaciono lo que he recibido, sea mediante una imagen simbólica en mi mente, un concepto o un mensaje verbal directo, con lo que he observado en el campo energético. Por ejemplo, en un caso oí directamente «tiene cáncer», y vi que el campo energético de mi paciente, una mujer, mostraba un punto negro. Este punto negro se correspondió, en cuanto a tamaño, forma y emplazamiento, con el resultado de una exploración por TAC que le hicieron más tarde. Esta forma de combinar la información recibida mediante la EPS presenta una notable eficacia, y yo he alcanzado un alto grado de precisión en la descripción particular de las condi­ciones de cualquier cliente. También recibo información sobre qué acciones de autoayuda debe emprender el cliente en el curso de su proceso de curación. Por lo general, ello implica una serie de sesiones curativas que suelen prolongarse durante semanas o meses, dependiendo de la gravedad de la enfermedad. El proceso de curación incluye el reequilibrio del campo, el cambio de la forma de vida y el tratamiento del trauma que se está iniciando.

Es esencial que analicemos el significado más profundo de nuestras enfermedades. Hemos de formularnos preguntas tales como: ¿qué significa para mí la enfermedad?, ¿qué enseñanzas me puede aportar? La enfer­medad puede ser considerada como un mensaje que nos transmite el cuerpo. Dice: Aguarda un momento; algo no va bien. No prestas atención a todo tu ser, estás ignorando algo muy importante para ti. ¿Qué es? Hay que explorar de esta forma el origen de la enfermedad, sea en el nivel psicológico o sentimental, en el nivel de la comprensión o, simplemente, como causa de un cambio en el estado habitual de la persona, que puede no ser consciente de ello. Volver a estar sano exige mucho más trabajo y cambio personales que el mero hecho de ingerir unas píldoras recetadas por el médico. Sin ese cambio personal, el individuo llegará a crear otro pro-

blema que le hará retroceder al origen primero de la enfermedad. He comprobado que la clave está en la fuen­te. Y tratar la fuente exige, por lo general, un cambio en la forma de vida, lo que, en último término, conduce a una existencia más acorde con el núcleo del propio ser. Conduce a una parte más profunda de nosotros mismos que a veces se denomina el yo elevado o la esencia interna de la divinidad.

 

Martinez Roca
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