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Terapia de los ángeles. Manual práctico Maximizar

Terapia de los ángeles. Manual práctico

Doreen Virtue (aut)

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Terapia de los ángeles
Manual práctico

Doreen Virtue recoge en este manual las técnicas, ejercicios y secretos de su famoso Curso de Practicante de la Terapia de los Ángeles®. La doctora Virtue ha ayudado con este curso a miles de personas a descubrir, entender y desplegar sus propias actitudes sana...

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Terapia de los ángeles
Manual práctico

Doreen Virtue recoge en este manual las técnicas, ejercicios y secretos de su famoso Curso de Practicante de la Terapia de los Ángeles®. La doctora Virtue ha ayudado con este curso a miles de personas a descubrir, entender y desplegar sus propias actitudes sanadoras y espirituales así como a realizar lecturas psíquicas con presencia y asistencia de entidades angélicas y arcangélicas.
Esta guía es una referencia esencial que puedes consultar en cualquier momento, tanto si eres un trabajador de la luz o sanador profesional como si deseas simplemente desarrollar tus dotes sanadores o tus cualidades espirituales naturales.

Con Terapia de los Ángeles aprenderás:
• Cuáles son los ángeles a los que deberías invocar y cuándo
• Cómo realizar la lectura de una carta angelical
• Cómo ayudar a tu familia y amigos a través de los ángeles
• Las señales que te indicarán que tus plegarias han sido respondidas.

Terapia de los Ángeles es un instrumento práctico y valioso para acceder al portentoso reino de los ángeles y encontrar la salud, la felicidad y la satisfacción verdaderas.

Los ángeles son portadores del amor y de la orientación del Cielo, y como humildes mensajeros de Dios su propósito es manifestar en todas las personas la Voluntad Divina, que es la Paz y la Armonía en la Tierra. Esta es la razón por la que ellos no se apartan ni un instante de nuestro lado, nos ofrecen su amor incondicional en todo momento y aguardan anhelantes a que les pidamos ayuda para convertirnos en ejemplos resplandecientes del amor de Dios. Tanto si deseas aprender a conectar con los ángeles como terapeuta, sanador o trabajador de la luz como si ya tienes una comunicación abierta con ellos, Terapia de los Ángeles es el libro idóneo para este fin.

La Dra. Doreen Virtue es metafísica de cuarta generación y autora, entre otras obras, del libro "Sanando con los ángeles" "Ángeles 101", y de las cartas-oráculo "Mensajes mágicos de las hadas", "Mensajes de tus Ángeles", "Cartas del oráculo de la diosa", etc. Su producción literaria, traducida a la mayoría de los idiomas, puede adquirirse en cualquier parte del mundo.
Doreen es una clarividente innata que cultiva los campos angelical, elemental y de maestros ascendidos. Es diplomada, licenciada y doctora en psicología orientativa.
La doctora Virtue ha intervenido en varios programas de televisión y radio, entre ellos los de Oprah, CNN y The View

Introducción
Los inicios de la Terapia
de los ángeles

CUANDO ERA NIÑA, cada vez que me sentía sola, triste, enferma o asustada me ponía en contacto con los ángeles. Se me aparecían adoptando la forma de luces centelleantes de colores, semejantes a enormes luminarias de un árbol de Navidad, que solían moverse con delicadeza alrededor de mi cuerpo. Yo sentía su presencia como algo procedente de otra dimensión y solía escuchar una serie de hermosos tonos musicales de origen sobrenatural. Lo único que sabía de los ángeles era que me resultaban reconfortantes.
Crecí en un hogar cristiano no tradicional donde combinábamos el estudio de las sanaciones de Jesús que aparecen descritas en la Biblia con todo tipo de visualizaciones y afirmaciones positivas. Mis padres empleaban esas herramientas para que nos ayudaran en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, cuando necesitábamos adquirir un nuevo vehículo que reemplazara a nuestro viejo cacharro, nos pedían a mi hermano y a mí que visualizáramos la imagen de un nuevo
coche familiar aparcado delante de casa. Mi padre incluso llegó a comprar un pequeño modelo de juguete del vehículo que deseaba poseer (que pintó de color marrón, porque ese era el color que quería). Poco tiempo después teníamos en la puerta ese flamante coche marrón, tal y como lo habíamos visualizado.
Recuerdo que mi madre empleaba la oración para sanar las enfermedades y las lesiones que sufríamos durante nuestra infancia. También solía rezar para pedir por nuestra lavadora y por el coche cuando se averiaban hasta que los aparatos volvían a funcionar. Aquellas oraciones iban únicamente dirigidas a Dios y a Jesús. Los ángeles solo eran una parte más del vocabulario que empleábamos durante las Navidades o el día de San Valentín e, incluso entonces, desempeñaban un papel secundario.
Los ángeles se manifestaron durante toda mi infancia. Además de las visitas reconfortantes que adoptaban la forma de luces centelleantes, todavía hoy recuerdo unos sueños muy intensos en los que un hombre sabio me llevaba alrededor del mundo y me transportaba a otros planetas. El sueño que mejor recuerdo es uno en el que aquel sabio me llevaba a un lugar que llamaba el ecuador y me mostraba un río enorme de lava incandescente que fluía por su lecho.
En otra ocasión, cuando tenía aproximadamente seis o siete años, me encontraba caminando por la acera que se extendía delante de la iglesia de mi familia para asistir a la escuela dominical. De repente, noté que mi cuerpo se llenaba de un torrente de energía sobrenatural procedente de los ángeles. Me invadió la sensación de que me encontraba volando por encima de la acera y me quedé estupefacta cuando bajé la mirada y vi que mi cuerpo inmóvil se encontraba debajo. El tiempo pareció detenerse momentáneamente y una voz masculina desencarnada me pidió que observara mi cuerpo. A continuación añadió:

«Tu propósito en la vida es esta separación
entre mente y cuerpo.»
De repente, regresé a mi cuerpo, sintiéndome muy confusa por todo lo que acababa de suceder.

Durante toda mi vida he tenido visualizaciones de ángeles. También veía con total claridad a personas que los demás no eran capaces de vislumbrar. Ahora sé que cuando era joven entraba en un estado mediumnístico.
La gente se burlaba de mí porque consideraban que era rara y diferente. Como era una niña tímida y sensible por naturaleza, casi nunca compartía con los demás aquellas insólitas experiencias para evitar caer en un ostracismo todavía mayor.
Sin embargo, mantuve muchas conversaciones privadas con mis guías espirituales. Por ejemplo, cuando era joven y pasaba demasiado tiempo divirtiéndome acudiendo a fiestas, me indicaban que estaba desperdiciando mi vida y que con mi actitud la estaba arrojando al cubo de la basura. Aquello tuvo un enorme impacto en mí y decidí poner mi vida en orden. Cuando unos años después comencé de nuevo a abusar del vino, escuché una voz que me decía claramente: «¡Deja de beber y comienza a leer Un curso de milagros1.». Seguí su consejo y aquello solo me reportó beneficios y satisfacciones.
En los momentos más difíciles, mis guías solían presentarse de forma muy generosa para prestarme su ayuda. Por ejemplo, cuando era una madre joven, sufrí diversos problemas económicos. Sin embargo, cada vez que necesitaba dinero para pagar las facturas o la comida, este aparecía mágicamente. Solía encontrar 100 dólares en el suelo o ganaba concursos, siempre justo a tiempo para poder alimentar a mi familia o para pagar el alquiler.
Los ángeles me ayudaron a realizar varios ajustes en mi vida, de tal modo que siempre me sentí bastante sana y feliz. Sin embargo, solo hablé de las visiones y de la orientación divina que recibía a mis familiares y a mis amigos más próximos.
Me matriculé en la universidad a distancia, al mismo tiempo que trabajaba como secretaria en una compañía de seguros durante el día y criaba a mis dos hijos. Aquello suponía mucho trabajo, pero me sentí guiada a estudiar psicología. Así que perseveré. Al final, me gradué en asesoramiento psicológico por la Universidad Chapman de Orange, California. Mientras iba a la universidad, comencé a trabajar como voluntaria en una unidad de atención al alcoholismo y al consumo de drogas en Palmdale, California. Finalmente, la unidad de atención me contrató como consejera a tiempo completo.
Abandoné la unidad de atención para ocupar un puesto de directora del Centro para la Adicción a las Drogas y al Alcohol en Adolescentes (TADAC, por sus siglas en inglés) en Lancaster, California. Pero como mi verdadera vocación era aconsejar sobre trastornos alimentarios, finalmente abandoné el TADAC para trabajar a las órdenes del doctor John Beck, un psiquiatra local. El doctor Beck me ayudó a abrir un centro para pacientes externos que sufrían trastornos alimentarios llamado Victory Weight Management. Allí desarrollé con éxito mi práctica ayudando a los que comían cornpulsivamente a perder peso mediante técnicas como los consejos, la visualización y las afirmaciones. También realicé «lecturas» a mis clientes, pero no les conté que estaba recibiendo psíquicamente información sobre ellos.
Recopilé todos mis casos de estudio en un libro llamado The Yo-Yo Diet Syndrome, que mi agente William Morris vendió a la editorial HarperCollins. Esto me situó en la complicada tesitura de tener que conceder entrevistas a los medios de comunicación y de impartir charlas sobre trastornos alimentarios. Al final, mi agenda estaba tan apretada que ya no tenía tiempo para desarrollar mi práctica y trabajar en el centro. Un terapeuta que trabajaba conmigo se hizo cargo del centro y a partir de entonces me dediqué a escribir, a investigar y a impartir conferencias.
Seguí escribiendo libros de psicología y artículos sobre trastornos alimentarios y relaciones personales. También aparecí asiduamente en programas de radio y televisión como Donahue, Geraldo, Ricki
Lake, y otros de ese género. Viajé con tanta frecuencia que el personal que trabajaba en el mostrador de venta de billetes de United Airlines del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles terminó por conocerme por mi nombre, lo cual era algo digno de mención, teniendo en cuenta que diariamente atendían a miles de pasajeros.
Sin embargo, a pesar de mi aparente éxito terrenal, me sentía interiormente vacía. Tenía la sensación de que estaba perdiendo la perspectiva sobre cuál era mi propósito en la vida. Estaba ayudando a los demás, no cabía duda, pero no se trataba de «eso». Trabajé en un par de hospitales y clínicas más, pero me sentía como un hámster que no deja de correr por una rueda, incapaz de poder darme alcance nunca a mí misma. Me sentía muy extraña, pero no sabía qué podía hacer para sentirme mejor.
Pensaba que tal vez una consulta privada encajaría mejor en mi disposición de ánimo. Abandoné las clínicas y los hospitales y comencé a dirigir mis propias sesiones por teléfono y en persona. En cierto modo, me sentía mejor, pero aquella sensación de vacío no me abandonaba. Pensé que se trataba de «ansiedad existencial», un trastorno que se produce cuando uno busca un sentido y un propósito en su vida..., algo que te asegure que lo que estás haciendo tiene algún sentido.
Seguí recibiendo orientación interior para enseñar temas espirituales, pero me resistía a hacerlo porque recordaba que de pequeña todo el mundo se burlaba de mí y me consideraba un bicho raro. Por tanto, acepté el consejo incorporando algunos principios espirituales a los libros y a los artículos que escribía. Pero, por lo general, seguí conservando la apariencia de «normalidad», mientras en privado luchaba contra una sensación de ansiedad cada vez más acuciante que indicaba que a mi vida le faltaba algo.
Bueno, algunas personas necesitan «tocar fondo» y recibir una llamada de atención para escuchar a su guía interior. En aquel momento de mi vida era una de esas personas. El 15 de julio de 1995 recibí mi llamada de atención y esa experiencia me cambió la vida para siempre.
claxon para pedir ayuda y, al escucharlo, la gente empezó a salir corriendo de la iglesia. Mientras el aparcamiento se llenaba de testigos, el hombre se subió al coche y salió a toda velocidad.
Me puse de rodillas presa de la conmoción y llena de gratitud. Todavía seguía viva. Aún conservaba mi coche y mi bolso. La cabeza no paraba de girar mientras me apercibía de que la voz desencarnada sabía, una hora antes, que iba a correr un peligro. ¿Cómo pudo adivinarlo?
Arrodillada en el aparcamiento, di gracias a Dios por haber protegido mi vida y mis posesiones. Me sentía muy agradecida por haber salido airosa de una situación en la que mi vida había corrido peligro después de haber hecho caso omiso a las advertencias del ángel. Me prometí a mí misma que a partir de entonces iba a escuchar todos los consejos que me dieran. Mi camino estaba claro: enseñar a la mayor cantidad posible de personas, y de la manera más rápida, que los ángeles eran algo real.
Al día siguiente, el 16 de julio de 1995, tenía previsto impartir una conferencia y firmar mi libro Constant Craving, en una convención de comida sana en Las Vegas. En lugar de lucir mi habitual traje de trabajo, me puse una de mis «túnicas de diosa» preferidas y me colgué del cuello un collar de cristal. Estaba preparada para salir públicamente del armario espiritual y demostrar quién era yo realmente.
También comencé a hablar de los ángeles a los clientes que acudían a mi consulta privada y a los editores de las revistas en las que publicaba artículos. Conté a los productores de los medios de comunicación que solo podía aparecer en los programas de radio y de televisión si me dejaban hablar de Dios y de los ángeles. Los productores de Leeza Gibbons, Donny & Marie, Roseanne Barr y The View aceptaron mis condiciones. Todos los demás borraron mi nombre de sus agendas. No obstante, me mantuve firme en mi compromiso y seguí adelante con mi vocación de hablar de los ángeles.
Con la ayuda de los ángeles, tenía la sensación de que mis clientes superaban rápidamente sus problemas emocionales. El caso de una mujer llamada Martha resultó especialmente memorable: llevaba casi un año intentando ayudarla (mediante los consejos tradicionales) para superar su impulso de comer en exceso. Ella, que trabajaba como directora adjunta de una escuela elemental del sur de California procedente del norte de dicho estado, fue la primera graduada universitaria y administradora de su familia, lo cual era un auténtico motivo de orgullo.
Un día, Martha se desplomó en el trabajo. El médico le recomendó que se sometiera a una cirugía en la espalda, algo que había intentado aplazar por miedo a la anestesia y a las repercusiones que iba a tener para su salud. Martha probó la quiropráctica, los masajes y el reiki para curar su espalda, pero los dolores persistieron, hasta el punto de que no podía levantarse de la cama y solo podía caminar con la ayuda de un bastón.
Después de sufrir aquel intento de robo del coche, comencé a llevar a los ángeles a todas las sesiones que celebraba con mis clientes, y Martha no fue una excepción. Unos días antes de someterse a la operación de espalda que tenía programada, le pregunté: «Si pudieras escuchar la opinión de los ángeles sobre tu espalda, ¿qué crees que te dirían?».
Yo ya había escuchado los mensajes de los ángeles, pero me habían guiado para que enseñara a Martha a escucharlos por sí misma. Ellos me explicaron: «Si le transmites nuestro mensaje, no te va a creer. Pero si nos escucha personalmente, aceptará nuestras palabras y seguirá nuestros consejos».
Martha se opuso y protestó: «¡Oh, no creo que sea capaz de escuchar a los ángeles?».
Me sentí guiada a convencerla poco a poco: «Marta, si pudieras escuchar a los ángeles, ¿qué imaginas que te dirían sobre tu espalda?». Los ángeles me indicaron que planteara esa pregunta como si se tratara de una suposición, ya que eso ayudaría a Martha a relajarse, aunque el mensaje fuera totalmente real y no imaginario.
Martha lanzó un suspiro y susurró una respuesta: «Creo que dirían que debería cambiar de trabajo y que vivo demasiado alejada de mi familia».
Cuando escuché su respuesta, fui yo la que lanzó un suspiro, porque eso era exactamente lo que también había escuchado. Sentí, escuché y vi cómo los ángeles nos aplaudían a Martha y a mí. ¿Había ayudado a alguien a escuchar a sus ángeles?
El mensaje era perfectamente válido, ya que Martha se había quejado del terrible clima político que se vivía en el colegio en el que trabajaba. Sin embargo, le asustaba mucho abandonarlo, ya que todos los miembros de su familia se sentían muy orgullosos de su carrera profesional.
Su médico le dio la baja, lo cual le permitió ir a casa para hacer una visita. En cuanto se bajó del avión, fue capaz de ponerse erguida y de caminar sin ayuda del bastón, del que hasta entonces dependía. Martha se sentía tan bien en compañía de su familia que decidió buscar trabajo en su localidad.
Envió un currículo a la escuela elemental local y, dos semanas después, fue contratada como directora. Aquello suponía un ascenso respecto a su puesto de directora adjunta. Martha aceptó encantada el empleo, canceló la intervención quirúrgica y se mudó cerca de su familia. A día de hoy, se siente más sana y más feliz porque siguió las indicaciones de los ángeles.
Observé unos resultados positivos similares en el resto de mis clientes cuando recibíamos y seguíamos los mensajes que nos transmitían los ángeles. También recibí instrucciones angelicales sobre diversos métodos de sanación, que dieron como fruto unos resultados espectaculares tanto para mis clientes como para mí.
Comencé a escribir sobre estos mensajes angelicales y decidí preguntar a mi editorial, Hay House, si estaban interesados en publicar este material. Hasta ese momento, había enviado multitud de propuestas para solicitar formalmente a la compañía que, por favor, se plantearan publicar un nuevo libro escrito por mí. Esta vez, me guiaron para que les enviara un correo electrónico en el que se incluía una descripción de un párrafo de mi nuevo libro cuyo título era Terapia de los ángeles. Sorprendentemente, el presidente de Hay House, Reid Tracy, estuvo inmediatamente de acuerdo en publicar la obra, aunque ni él ni yo sabíamos lo que eso iba a suponer.
Sin embargo, mientras escribía Terapia de los ángeles sufrí terribles dolores de cabeza, una dolencia que casi nunca me afecta. Siguiendo mi nueva costumbre, pedí a los ángeles que me guiaran. Me explicaron que, como estaba canalizando una serie de mensajes angelicales de alta frecuencia para escribir el libro, las ondas de baja frecuencia de mi dieta estaban provocando un choque de vibraciones similar al que se produce durante una tormenta.
Los ángeles me enseñaron que mi elevada ingesta diaria de chocolate estaba haciendo que mis vibraciones fueran excesivamente bajas. Me explicaron que mi necesidad de consumir ese producto en realidad era un síntoma de que sentía un fuerte apetito por amar, pero solo podía recibir verdadero amor de manera energética y no a través de la comida.
Sin embargo, no sabía qué hacer, ya que las ansias me invadían cada día. Así que recurrí a los ángeles en busca de ayuda. El arcángel Rafael, que es el ángel de la sanación, apareció ante mí y colocó su rechoncho dedo índice entre mis ojos. Sentí y percibí cómo absorbía de mi frente una intensa corriente de ondas de luz de color verde. Era una sensación agradable, como si me estuvieran dando un masaje relajante.
Al día siguiente ya no sentía la necesidad de comer chocolate. Aquello sucedió en 1996, y desde entonces no he vuelto a tener ganas de ingerirlo. Para mí, aquello fue un milagro, ya que lo había consumido a diario durante gran parte de mi vida. (Y debo añadir que cuando comencé a llevar una dieta sin chocolate mi hasta entonces acné crónico desapareció por completo.)
Cada vez que aprendo un nuevo método angelical, suelo utilizarlo para ayudar a mis clientes. Aunque antaño me daba miedo caer en el ostracismo público por hablar tan abiertamente de los ángeles, ahora me sucedía todo lo contrario y mi agenda enseguida se llenó de clientes y de oportunidades para hablar de los ángeles. Mi programación de lecturas estaba ocupada con casi tres años de antelación. Me di cuenta de que, si no empezaba a asumir el control de mi agenda, mi programación estaría cada vez más saturada y se prolongaría en el futuro hasta el infinito.
Así que salí a pasear por la playa y recé para que se solucionara la situación. Lo confié todo a Dios y le dije: «Confío en que Tú sepas encontrar la solución perfecta para equilibrar mi agenda». Al instante recibí una visión y me di cuenta de lo que tenía que hacer: iba a empezar a enseñar a otras personas a realizar lecturas y terapias angelicales.
Al principio mis cursos se llamaron talleres de Consejo Espiritual Certificados y más adelante lo cambié por el nombre de talleres de Practicantes de Terapias Angelicales ®. También puse en marcha un programa modificado llamado Intuitivo Angelical ®, que solo imparto en Australia.
Por tanto, este libro es un manual donde se recogen los métodos y los mensajes que enseño en mis cursos. Una parte del material que aparece en estas páginas se ha extraído de mis anteriores obras en un esfuerzo por asegurarme de que se trata de una visión general y completa de la Terapia de los ángeles. Rezo cada día para que esta obra despierte tu conciencia a la evidente conexión que existe con lo Divino y que te lleve por el camino de cumplir con tu propósito en la vida.
Con amor, DOREEN VIRTUE

Índice

Introducción: Los inicios de la Terapia de los ángeles ®     9
PRIMERA PARTE: COMO CONECTAR
CON LOS ÁNGELES Y LOS ARCÁNGELES
Capítulo 1: Los ángeles      23
Capítulo 2: Los arcángeles      33
Capítulo 3: Los seres queridos que han fallecido
y la mediumnidad      45
SEGUNDA PARTE: LOS MÉTODOS
DE LA TERAPIA DE LOS ÁNGELES
Capítulo 4: Cómo hablar con los ángeles      69
Capítulo 5: Las cuatro «claris»      77
Capítulo 6: La clarividencia, o ver con claridad     85
Capítulo 7: La clarisentencia, o sentir con claridad      105
Capítulo 8: La clariconciencia, o pensar con claridad      115
Capítulo 9: La clariaudiencia, o escuchar con claridad      129
Capítulo 10: Cómo ofrecer una lectura angelical      143
Capítulo 11: Las cartas del oráculo y otros métodos
de adivinación      155
Capítulo 12: La sanación mediante la Terapia
de los ángeles      165
TERCERA PARTE: ERES UN MAESTRO
Y UN SANADOR ESPIRITUAL
Capítulo 13: Los trabajadores de la luz y tu propósito
en esta vida      175
Capítulo 14: Pasos que debemos dar ahora mismo     191
Capítulo 15: Ponerte en la palestra      203
Capítulo 16: Eres un orador profesional      213
Capítulo 17: Eres un sanador espiritual      235
Capítulo 18: El cuidado personal para los sanadores
y los maestros espirituales      241
Conclusión: ¡Eres un sanador y un maestro espiritual)      249
Apéndice
Especialidades de los arcángeles      250
Colores del aura de los arcángeles      251
Cristales y piedras preciosas asociados
a los arcángeles      251
Signos del zodiaco asociados a los arcángeles      252
Acerca de la autora      253

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