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Ayurveda esencial Maximizar

Ayurveda esencial

Shubhra Krishan (aut)

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Qué es y para qué sirve

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Ayurveda esencial – Qué es y para qué sirve de Shubhra Krishan desmitifica el ayurveda y lo muestra como un sistema de curación orientado a la prevención que cualquiera puede poner en práctica por sí mismo a través de saludables recetas, consejos, ejercicios, dietas y relajación.

 ¿Qué es? 
El ayurveda, probablemente la tradición sanadora más antigua del mundo, se basa en mantener la armonía de la mente, el cuerpo y el espíritu para gozar de un completo bienestar. Los principios de salud ayurvédicos pueden incorporarse fácilmente a los actuales estilos de vida con grandes resultados.  
¿Para qué sirve? 
El ayurveda le pondrá de nuevo en contacto con su propio cuerpo, despertando los poderes que crean equilibrio, energía, vitalidad y belleza desde el interior hacia el exterior.   

«Increíble lo bien que la autora ha condensado la esencia de toda una filosofía de la curación en unos pocos cientos de páginas. ¿Quién sabía que el ayurveda puede ser tan fácil y divertido de seguir? Yo siempre pensé que era algo antiguo y obsoleto, hasta que encontré este libro. Léanlo; ¡sólo las primeras páginas pueden cambiar sus vidas! Me abrió los ojos».

J. Heyalhayden  

«Por fin un enfoque práctico para comprender e implementar los beneficios que el ayurveda aporta a la salud, principios universales esenciales en nuestro mundo moderno».

C. Norman Shealy

Sobre la autora

Shubhra Krishan

Hace quince años Shubhra Krishan no hubiera podido escribir este libro. Su vida era una embriagadora mezcla de peligro, entu­siasmo y estresantes plazos de entrega. Entonces trabajaba como periodista y corresponsal para la principal cadena de noticias de India. Shubhra nunca tenía tiempo para ocuparse de su salud, y mucho menos para explicar a los demás cómo cuidar de la propia. Sin embargo, su vida cambió de la noche a la mañana, el día en que un vaidya le tomó el pulso con los dedos. Fue entonces cuan­do descubrió las maravillas del ayurveda.
Esta experiencia le inspiró la redacción de un programa de televisión sobre salud ayurvédica que se mantuvo largo tiempo en antena. Esta serie semanal, inmensamente popular en India, explicaba cómo llevar un saludable estilo de vida ayurvédico con medios sencillos.
Shubhra Krishan también ha trabajado como editora multi­media para una conocida compañía estadounidense que se dedica a la elaboración de productos naturales. En la actualidad, además de escribir sobre ayurveda, colabora en diversas revistas y sitios de Internet con artículos sobre salud y estilo de vida.

Índice de contenidos

Agradecimientos     9

Introducción     11

  1. Ayurveda es un verbo     17
  2. La salud es equilibrio     27
  3. Cómo funciona la curación ayurvédica     39
  4. Ayurveda elemental     51
  5. Aprender el lenguaje de los elementos     65
  6. La rutina importa... ¡y cómo!     81
  7. El delicioso camino hacia la curación     93
  8. El qué, cómo, cuándo y porqué de la comida    105
  9. Recetas ayurvédicas frescas, sabrosas y placenteras     119
  10. Ayurveda y belleza     137
  11. Simplemente, sin estrés     151
  12. El yoga: un ejercicio de dicha    165
  13. Vivir ayurveda, regalar ayurveda    177
  14. Surcar el océano ayurvédico     189

 

Apéndices
Apéndice I. Guía de alimentos para los doshas    197
Apéndice II. Glosario sánscrito    225

    Índice   233

Sobre la autora    239

Introducción

La comida que cambió mi vida

Es un magnífico comienzo ser capaz de reconocer
lo que a uno le hace feliz.

LUCILLE BALL

Un Boeing 747 despega de la pista en el Aeropuerto de Gatwick, en Londres. Al contemplar desde lo alto la alfombra de frescos y verdes prados que se va empequeñeciendo rápidamente, siento que se me empañan los ojos. Ha sido un excitante verano inglés, vivido entre amigos queridos.
En cambio, cruzar el vestíbulo del Aeropuerto Internacional Indira Gandhi, en Delhi, es como nadar en natillas de sol derreti­do. El calor amenaza con licuar mis globos oculares en el interior de sus cuencas. Cada nervio de mi cráneo se está disolviendo. Pero ¡ay, qué bueno es estar de vuelta en casa!
En la sala de espera del aeropuerto, mi madre me envuelve en sus suaves brazos; su cabello huele a aceite de mostaza y hojas de curry. Curry y arroz, ¡ñam! Mis tripas suenan alegremente ante la expectativa de la estupenda comida que espera en casa de mi madre.
Cada vez que recuerdo esa comida, mi corazón rebosa de gra­titud. Por supuesto fue deliciosa, cálida y de bienvenida. Pero lo que la hizo inolvidable fue que cambió mi vida.
Acabábamos de sentarnos a comer cuando sonó el timbre. En la puerta apareció un hombre anciano de sonrisa afable, vestido con un pijama kurta de algodón. Mi padre lo presentó como el
vaidya Divakar Sharma, nuestro nuevo vecino. Vaidya Sharma solo venía a traer a mi madre un preparado de hierbas para la tos, pero ante nuestra insistencia se quedó a comer.
Desde luego, yo estaba familiarizada con la palabra vaidya. Proviene del vocablo sánscrito vid, «conocimiento», y también sig­nifica «el que sabe». Yo no ignoraba que a los médicos ayurvédicos se les llama vaidya, pero nunca antes había conocido personal­mente a ninguno.
Durante la comida, el vaidya comentó que se me veía más que exhausta por el viaje, que parecía enferma. «Se diría que necesita alguna terapia de hidratación», fueron sus palabras exactas. «¿De verdad?», sonreí cortésmente, mientras me servía otro cucharón de curry.
Hacia la noche, yo estaba definitivamente enferma: fiebre, tem­blores, calambres abdominales y una horrible sensación de ardor al orinar. Corrí al hospital más cercano, donde me diagnosticaron una infección aguda del conducto urinario. El doctor me aconsejó que evitara el café y las especias y que iniciara un tratamiento a base de norfloxacino durante siete días. Y, sí: «Beba mucha agua», dijo.
Agua. Hidratación. Las palabras del vaidya emergieron en mi conciencia. ¿Cómo lo había sabido?
A la mañana siguiente tomé la primera dosis de antibiótico y telefoneé a vaidya Sharma para pedirle formalmente una cita.
El vaidya, sentado en su veranda transformada en consulto­rio, vestía unas níveas ropas almidonadas que recordaban las de los sadhus de las laderas del Himalaya, que entonan mantras y se bañan en el Ganges. Su esposa, menuda y simpática, me trajo un vaso largo con un refrescante sorbete de agua de rosas.
Cuando abrí la boca para describir mi estado al vaidya, él me acalló con un gesto de la mano. Después de sentarse junto a mí, puso tres delicados dedos en mi muñeca, mientras la sostenía con la yema del pulgar. Luego se inclinó hacia atrás y cerró los ojos. Fue como si en ese único minuto de silencio, echara mano de la expe­riencia de toda su vida para escuchar el relato interior de mi cuerpo.
Cuando el vaidya Divakar Sharma abrió los ojos, me hizo una pregunta inesperada: «¿Ha tenido frecuentes problemas de gar­ganta?». Asentí, estupefacta. Tenía razón, pero ¿cómo era posible que el hecho de sujetar mi muñeca le revelara lo de mi garganta? Y ¿acaso no se suponía que debíamos tratar una zona muy diferente?
Mientras sus dedos presionaban un poco más, sus preguntas empezaron a sucederse con celeridad: «¿Tiende a apretar los dien­tes, se salta el almuerzo a menudo?». Y luego, algo aún más curio­so... y acertado: «¿Tiende a reprimir casi siempre sus verdaderos sentimientos?». Recuerdo que me pareció una situación a lo Sher­lock Holmes; aquel hombre, a quien apenas conocía, ensamblaba fragmentos de mi personalidad a partir de unas pistas que yo no era consciente de estar proporcionando.
Vaidya Sharma percibió las preguntas que brotaban de mis ojos. Holmes hubiera regañado a Watson por su falta de percepción. El vaidya se limitó a sonreír. «En realidad, es muy simple. El pulso humano es íntimamente comunicativo y a los vaidyas se nos ense­ña a captar sus señales, tanto las superficiales como las profundas. Ah, las cosas que su pulso es capaz de decirme... ¡e incluso su cara, su piel, sus ojos! Algún día me sentaré a explicárselo todo».
Luego me pidió que tomara una hoja de papel y una estilográ­fica. «Escriba su propia receta», dijo.
Abrí la boca para preguntar cómo podía escribir mi propia re­ceta, pero decidí que era mejor no hacerlo. Después de todo, nada en esa sesión era convencional.
La prescripción que Vaidya Sharma me dictó decía lo siguiente:

  • Dese un masaje con aceite de sésamo caliente antes del baño diario.
  • Beba una taza de agua caliente cada media hora.
  • Utilice en abundancia semillas de coriandro poco molidas para cocinar.
  • Tome una cucharada de confitura de pétalos de rosa cada mediodía.
  • Practique veinte minutos de reflexión serena por la mañana y al atardecer.

Tras cierta vacilación, pregunté: «¿Y los medicamentos?». Él son­rió. «Mi querida niña, su pulso me dice que usted ha sido ben­decida con una inmunidad muy fuerte. Estoy seguro de que lo que le he recetado curará esa infección con facilidad. Pero para asegurarse de que no tropieza con estas dolencias menores, utilice los remedios que tiene en su especiero y los que esperan dentro de su corazón».
Las palabras del buen vaidya despertaron en mí una aguda curiosidad respecto al ayurveda. ¡Cuánto me hubiera gustado que él se tomara el día libre para hablarme de sus métodos! Pero el siguiente paciente ya estaba en la puerta. Decidí que, aparte de él, la mejor fuente de información sobre esta forma de curar sería un buen libro. Y allá fui, a la biblioteca pública más próxima, a pescar todos los libros sobre métodos alternativos de curación que pude encontrar.
Pronto reparé en un patrón: en la mayoría de los libros, el ayurveda estaba emparedado entre la aromaterapia y el herbalismo chino; era definido como un «sistema curativo de India, de cinco mil años de antigüedad, según el cual todos los seres humanos somos combinaciones de tres doshas: vata, pitta y kapha, cuyo fun­cionamiento armonioso es la clave para una buena salud». Los esquemas sobre los doshas eran más o menos así:
VATA: constitución delgada, piel seca, uñas ásperas, movi­mientos inquietos, temperamento voluble.
PITTA: pulso fuerte, orina caliente, piel rojiza, voz alta, emo­ciones exageradas.
KAPHA: constitución fuerte, piel suave, pelo fuerte y graso, digestión lenta, temperamento tranquilo.
Mi encuentro con el vaidya Sharma me había hecho suponer otra cosa, algo más sencillo. Estos términos desconocidos me ener­vaban. Aun así probé con el cuestionario de un libro para averiguar cuál era mi dosha. Sí, era propensa a los sarpullidos, pero no, no me gustaba el clima caluroso. Sí, generalmente era tranquila, pero no, no sufría a menudo de tos y resfriados. ¿Qué era pues? Una mezcla
confusa de vata, pitta y kapha. Y armada con esa utilísima infor­mación sobre mi persona, ¿qué debía hacer? No entendía nada. Era hora de visitar nuevamente al vaidya Sharma.
Él me escuchó hasta el final; luego meneó la cabeza. «Ah, sí, los doshas. Es cierto que pueden ser considerados la piedra fun­damental de la curación ayurvédica. Pero por desgracia, en estos tiempos impacientes, estudiar los doshas se ha convertido en un atajo para entender el ayurveda. He comprobado que la gente se identifica deprisa con determinado tipo de dosha y comienza a tra­tar sus dolencias según patrones fijos para equilibrarlo. Pero eso es tan injusto como escribir la crítica de una película habiendo visto solo las primeras escenas. El ayurveda es mucho más que los doshas, así como la psicología es mucho más que Freud. Por eso no me apresuro a presentar los doshas a mis pacientes; antes bien, les insto a vivir de modo ayurvédico.
¿Y cuál, pregunté, era el modo ayurvédico? «Aprender cuán íntima es la conexión entre el cuerpo y la mente, aprender qué les hace funcionar en armonía y qué se puede hacer para crear esa armonía. Eso es todo».
Con estas palabras, el vaidya Sharma me invitó a sumergir la punta de los pies en el océano ayurvédico. En los catorce años siguientes sondeé sus fascinantes profundidades. Hoy emerjo, re­novada, rejuvenecida y lista para compartir con usted las pepitas de oro que allí encontré.

AYURVEDA: DATOS FASCINANTES

¿Qué edad tiene el ayurveda? Nadie lo sabe bien, pero es, quizá, el sistema de curación más antiguo del mundo. El Ríg­Veda, el texto filosófico más antiguo de India, describe en sus versos con gran detalle la teoría ayurvédica; fue escrito entre 4500 y 1600 a.C.
La teoría ayurvédica completa fue compilada como un upveda (subtexto) del Yajur-Veda, uno de los cuatro textos
filosóficos antiguos (Rig-Veda, Sama-Veda, Atharva-Veda y Yajur-Veda) de India. Fue escrito entre 3000 y 2000 a.C. Con­forme a la tradición védica, el texto ayurvédico está escrito en verso y no es la obra original de una sola persona. Antes bien, es la codificación de tradiciones sanadoras transmitidas oralmente durante siglos.
¿Cómo se originó el ayurveda? A medida que la salud em­peoraba en la antigüedad, los sabios de la época empezaron a preocuparse. A fin de entender más profundamente la salud y el bienestar humanos, celebraron un consejo. Su jefe, el sabio Bharadwaj, buscó las respuestas mientras el resto del grupo permanecía sentado en profunda meditación. La sinergia de estas grandes mentes juntas creó un sublime momento de revelación, que el sabio Bharadwaj reconoció como la esencia misma del ayurveda. Así es cómo se explica la historia del ayurveda en los antiguos textos védicos.
Leyenda aparte, es el sabio Charaka quien está ampliamente acreditado como padre fundador del ayurveda. Se dice que fue el primer médico del mundo que describió la esclerosis múlti­ple, la enfermedad de Alzheimer, la miastenia grave, la enfer­medad de Parkinson y muchas otras dolencias bien conocidas.
El sabio Sushruta, de quien se dice que fue el primer cirujano del mundo, es considerado uno de los principales sanadores ayurvédicos, junto con Charaka. Describió el de­sarrollo del feto mes a mes dentro del útero. Su conocimien­to fue corroborado, muchos siglos después, por científicos que utilizaban modernísimos instrumentos de diagnóstico. Sushruta dice, por ejemplo: «Durante el tercer mes de emba­razo emergen simultáneamente los órganos sensoriales y las extremidades. Cuando se manifiestan los órganos sensoriales y se activa la mente latente, en el corazón se produce una sensación palpitante». La ciencia moderna ahora sabe que es verdad.

1

Ayurveda es un verbo

Aristóteles: Ser es hacer
Voltaire: Hacer es ser
Doris Day: Qué será, será

Nathaniel Hawthorne escribió una vez: «La felicidad es como una mariposa que, cuando se persigue, siempre está fuera de nuestro alcance, pero si te quedas quieto puede posarse en ti».

Bellas palabras.

Pero si un sanador ayurvédico sustituyera aquí «felicidad» por «salud», estoy segura de que lo pondría así: «La salud NO es como una mariposa que vendrá a posarse en tu hombro tranquilamente. Pero si la persigues la tendrás a tu alcance».

Esto es, para mí, lo más importante del ayurveda. La buena salud no es algo esquivo que hay que buscar de por vida, sino un deber que cada uno tiene para consigo mismo en cada momento de su vida.

¿Recuerda usted la rara prescripción que me dio el vaidya Sharma (véase la Introducción)? Echémosle otro vistazo, esta vez con algunas palabras en negrita:

  • · Dese un masaje con aceite de sésamo caliente antes del baño diario.
  • · Beba una taza de agua caliente cada media hora.
  • · Utilice en abundancia semillas de coriandro poco molidas para cocinar.
  • · Tome una cucharada de mermelada de pétalos de rosa cada me­diodía.
  • · Practique veinte minutos de reflexión serena por la mañana y al atardecer.

 

  • Peso 337 g
  • Autor/es: Shubhra Krishan
  • Editorial Ediciones Ayurveda
  • Formato 21,6 X 14 cm
  • Páginas 250
  • Encuadernación Rústica (tapa blanda)
  • Fotografías Blanco y negro

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