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Exploraciones psicodélicas (LIBRO+DVD) Maximizar

Exploraciones psicodélicas (LIBRO+DVD)

Claudio Naranjo (aut)

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Para la transformación colectiva de la conciencia

Ayahuasca, hongos, iboga y éxtasis prometen una nueva revolución terapéutica y psicoespiritual abanderada por sabios psicodélicos como Claudio Naranjo

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9788416145263

Exploraciones psicodélicas (LIBRO+DVD), por Claudio Naranjo. Ed. La Llave
En los años 60 fue un hecho normal que psiquiatras y psicólogos trataran a sus pacientes con LSD, mescalina o psilocibina. Sin embargo, el nefasto prohibicionismo gubernamental acabó con tan prometedor territorio terapéutico. ¿O no del todo? Destacados profesionales siguieron investigando discretamente con psicofármacos y cosechando excelentes resultados no solo en salud mental, sino en ampliación de la conciencia personal y colectiva. El doctor Claudio Naranjo es el más talentoso y experimentado de entre aquellos sabios psiconautas; su nuevo libro es un profundo viaje de indagación que nos abre la puerta a un mundo hasta ahora secreto: el de las exploraciones psicodélicas.

«"¿Se avecina el fin de la prohibición y de la `guerra contra las drogas´? ¿Vamos a tener en breve éxtasis con receta médica? ¿Cómo será una sociedad futura donde los psicodélicos se usen con sentido común y sean administrados no ya por expertos, sino por sabios, como propone Claudio Naranjo?" Creo que todas estas preguntas se responden, implícita o explícitamente, en este potentísimo libro».
DR. JOSEP MARÍA FÀBREGAS

Claudio Naranjo

El doctor Claudio Naranjo (Valparaí­so, Chile, 1932) lleva más de cuarenta años desarrollando una gran síntesis de métodos espirituales y terapéuticos que incluye la psicología de los eneatipos, la meditación budista, el movimiento es­pontáneo, el teatro terapéutico, la reela­boración de las relaciones infantiles con los familiares y otros elementos. Profesor en Berkeley, se le considera un pionero de la psicología transpersonal y un integra­dor entre psicoterapia y espiritualidad. Como discípulo y sucesor de Fritz Perls, se ha convertido en referente mundial de la terapia gestalt. La Universidad de Udine (Italia) reconoció con un doctora­do Honoris Causa su militancia a favor de un cambio en la educación que le de­vuelva su relevancia al desarrollo psicoes­piritual de las personas y la evolución de la sociedad. Claudio Naranjo es autor de 25 libros, miembro del Club de Roma y creador del Programa SAT, un proceso de autoconocimiento del que se han be­neficiado miles de personas.

  • Encuadernación: Rústica
  • Dimensiones: 14,5 x 21 cm
  • Nº Pág.: 557

 

ÍNDICE

Presentación, por el Dr. Josep Maria Fábregas 13
Prólogo 27

1. Una autobiografía psicodélica 37

2. Estados alterados de conciencia farmacológicamente inducidos 87

3. Los psicodélicos interpersonales 137
3.1 Investigaciones tempranas sobre los psicodélicos interpersonales 137
3.2 Una sesión grupal con MDMA 160
3.3 Consideraciones para los futuros acompañantes de sesiones con empatógenos 173

4. Los onirofrénicos 185
4.1 Introducción i85
4.2 Reflexiones sobre la ayahuasca en el desarrollo humano 200
4.3 Ayahuasca y psicoterapia (entrevista con Mia Fábregas) 207
4.4 Retrospectiva de una experiencia personal de más de cien sesiones con la Uniáo do Vegetal 239
El retorno a la inocencia, por Asunta de Hormaechea 240
4.5 Posibilidades terapéuticas de los nuevos activadores de la fantasía 251
4.6 La ibogaína en pequeñas dosis en un contexto grupal preparado 275
4.7 Análisis del proceso terapéutico en una sesión de ibogaína 319

5. El Psilocybe 341
5.1 Entrega y paz, inspiración y autoconocimiento en el proceso de autorreparación inducido por los hongos alucinógenos 341
5.2 La conciencia de enfermedad, el despertar del amor y el atisbo de la sabiduría en las experiencias con el Psilocybe 357

6. Aspectos espirituales de la experiencia psicodélica 371
6.1 Introducción: sobre la naturaleza psicoespiritual del proceso de transformación sanadora 371
6.2 Acerca de la relación de los psicodélicos con el fuego interior, el «poder serpentino» de los sanadores y los «fenómenos pránicos» 373
6.3 Las dimensiones del ámbito psicodélico a la luz de la psicología de la meditación 387
6.4 La llegada a la conciencia de Ser: un relato autobiográfico, por Mónica Udler 403
6.5 Una visión integral del proceso de oscurecimiento e iluminación de la conciencia 423

7. Cuestiones de método y formación 431
7.1 Acerca de mi manera de conducir grupos psicodélicos 431
7.2 Reflexiones acerca del uso de la música 437
7.3 Recomendaciones para la formación de futuros sanadores psicodélicos 443

8. El lugar de los psicodélicos en una política por la conciencia 457

Apéndices 477
I. Artículos de prensa 479
Droga amazónica y almas urbanas 480
Del Amazonas al fondo del Ser 484
El panel de la U. C. afirma que esta droga africana ayuda a obtener perspicacia interior 494
Estudio chileno aporta un alucinógeno que pudiera ofrecer claves sobre la psicosis 497
II. Artículos de investigación 501
Evaluación de 3,4-metilendioxianfetamina (MDA) como complemento de la psicoterapia 502
Farmacología animal y psicofarmacología humana de la 3-metoxy-4,5-metilendioxifenilisopropilamina (MMDA) 511
Más sobre la MMDA 524
Sobre el autor 551

PRESENTACIÓN
POR EL DR. JOSEP MARIA FÁBREGAS
(psiquiatra)

Filósofo, psiquiatra, maestro de terapeutas, buscador y encontrador de significados profundos de la vida, referente mundial de la gestalt, integrador de la herencia psicoespiritual de Occi¬dente y de Oriente, militante e inspirador de la educación trans¬formadora, maestro de la sanación del amor como herramienta de cambio personal, social y transpersonal... Las facetas del doc¬tor Claudio Naranjo son tantas como las mil caras del héroe de las que nos habló Joseph Campbell (que, por cierto, fue su ami¬go: uno de los muchos amigos interesantísimos de este hombre interesantísimo). Pero nunca me cansaré de insistir en una de las facetas menos conocidas de este investigador excepcional de lar¬gas barbas blancas, corazón tierno y fuerte carácter: la de pione¬ro de la investigación en psicofarmacia desde los primeros años sesenta, así corno la de ser una figura de importancia fundamen¬tal en el desarrollo de las terapias psicodélicas, no solo en la épo¬ca dorada de la Revolución de Conciencia de la década prodigio¬sa, sino también después, en los revueltos años setenta de la prohibición, en los tenebrosos años ochenta de la «guerra contra las drogas», en los anodinos años noventa del conformismo... y
en el resurgir, 4o años después, ya en el siglo XXI, del interés médico y humanista por las sustancias psicotrópicas como por¬tadoras de una nueva revolución, esta vez de la psiquiatría (que, al contrario que otros campos de la medicina, quedó estancada hace 4o años en el Haloperidol y el Prozac), así como en la bús¬queda de conciencia.
Veamos hasta qué punto la labor de Claudio ha sido la de un pionero. A mediados de los años sesenta, cuando ya había visita¬do la Amazonía para experimentar de primera mano con la ayahuasca y ya tenía una experiencia dilatada como terapeuta, Claudio se había aliado con Alexander Shulgin y Tony Sargent en la investigación y el desarrollo de toda una panoplia de psico¬fármacos hasta entonces inimaginables. Fue una asociación de una década con unos resultados asombrosos. Juntos, desarrolla¬ron más de 100 psicoactivos. Y no solo eso, sino que redescubrie¬ron la MDMA o éxtasis, abandonado por los laboratorios Merck tras descubrirla en 1912, al creerla una sustancia inservible.
El mérito de estos «alegres muchachos» de la química psico¬délica es inabarcable. Hoy en día, investigar sustancias visiona¬rias, psicodélicos o psicodislépticos requiere de una gran valentía, pero si lo trasladamos a la época en que Shulgin, Naranjo y Sar¬gent comenzaron, nos encontramos con algo muy meritorio, en un momento en que no existía una demanda para ello, ni una sensibilización generalizada sobre la necesidad de abrir las puer¬tas de la mente hacia lo desconocido. Que en los primeros años sesenta alguien intuyera y propusiera la posibilidad de utilizar nuevas sustancias psicodélicas, más allá del LSD, para su uso te¬rapéutico, es muy sorprendente. El catálogo de lo creado lo reco¬gió en parte Shulgin, el más mayor de los tres y jefe del equipo, en sus libros PiKHAL (Phenethylamines I Have Known And Lo-ved) y TiKHAL (nyptamínes I Have Known And Loved). Un catálogo que incluye sustancias como TMA, DMMDA, TeMA, DOM, zC-B, 2C-T-7, U4E... entre otras docenas.
Pese a que entre la comunidad psicodélica de los Estados Unidos haya existido una tendencia a no recordar ni valorar sufi¬cientemente el papel de Claudio, los inestimables frutos de esa colaboración suya con Shulgin durante los años sesenta perma¬necen, sin embargo, fuertemente arraigados entre nosotros, y creo que el hecho de que Shulgin acabara siendo reconocido como «el padre del Éxtasis», implica cierta injusticia ante un tra¬bajo de investigación en equipo donde Naranjo también resultó fundamental por sus ensayos clínicos, tanto en lo que se refiere a la MDMA como en el caso de tantas y tantas fenetilaminas.
Y ya que hablamos de pruebas clínicas, una de las caracterís¬ticas más llamativas de aquel equipo es que no solo investigaba, sino que también era el primero en probar los resultados, ante todo corno una manera de proteger a futuros usuarios, lo que me parece de una grandeza ética espectacular. Muchos científicos ex¬perimentan con animales, pero uno que experimenta consigo mismo, que es capaz de asumir ese riesgo y esa responsabilidad y, a partir de tal vivencia personal, trasladarla al público para que cuente con información fidedigna y ensayos previos, se convierte inevitablemente en un referente fundamental para la creación y buena dirección de una masa crítica de «guerreros psicodélicos» conscientes y capaces de ayudar a muchas otras personas en su búsqueda. Por mi parte, debo reconocer que sería incapaz de prestarme como cobaya humana de mis propios experimentos. No sé si estos pioneros tenían claro qué sustancias podían freír sus cerebros y cuáles no. Sea como sea, lo hicieron y sobrevivie¬ron a ello.
En mi trabajo como psiquiatra especializado en el tratamien¬to de toxicomanías, los buscadores de sensaciones que abren la
boca y cierran los ojos forman una cohorte numerosa. Es funda¬mental, por ello, que se desarrollen formas de protección social, de precaución, de generación de información, de investigación —nunca de represión, prohibición u ocultación, que, como ya hemos visto, traen consigo terribles consecuencias sociales, de sa¬lud pública y de restricción de las libertades. Es curioso que el grupo de los investigadores que generan libros, sintetizan sustan¬cias y marcan el camino para mejorar el mundo, y el grupo de los candidatos a ingresar en una clínica de desintoxicación compar¬tan una característica común: el desprecio al riesgo al que se ex¬ponen al experimentar sobre sus propios cuerpos. Unos y otros están cerca, y así lo demuestra, creo, el ejemplo de Howard Lotsof, que primero fue un yonki en las calles de Nueva York y, al encontrarse con la ibogaína y rehabilitarse, se convirtió en un investigador imprescindible —más tarde, por cierto, trabaría re¬lación con el descubridor de los efectos de la ibogaína, que no es otro que Claudio.' Pero más allá de semejanzas aparentes, parece que la sabiduría del investigador, del pionero, ejerza un inestima¬ble efecto protector: tras cientos, miles de «viajes» psicodélicos tal vez, Shulgin murió con casi 90 años y con toda su compostura de caballero. Ignoro la suerte que ha corrido Sargent. Pero la vida y obra de Naranjo es más que conocida: a sus 83 arios, sigue siendo una de las mentes más privilegiadas del panorama intelectual, psicoterapéutico, transpersonal y humanista del mundo anglosa¬jón y latinoamericano. Por no decir del mundo entero. Y es segu-ramente el referente vivo más importante del mundo de las ex¬ploraciones psicodélicas.
Más recientemente, como ya hizo Shulgin con la fenetilaminas, Claudio ha recogido sus investigaciones como pionero de uso terapéutico del yagé en el libro Ayahuasca, la enredadera del
río celestial. Ahora nos presenta Exploraciones psicodélicas: cin
cuenta años de trabajos terapéuticos con catalizadores de con¬ciencia que van a dejar a los lectores realmente sorprendidos:
«Pero... ¿se ha estado investigando con drogas todo este tiempo?
¿No era ilegal? ¿Cómo no nos hemos enterado antes del enorme potencial terapéutico de las sustancias que se describen en este li
bro? ¿Se avecilla el fin de la prohibición y de la "guerra contra las
drogas"? ¿Vamos a tener en breve éxtasis con receta médica, como dice Rick Doblin, de MAPS (Multidisciplinary Association for
Psychedelic Studies)? ¿Cómo será una sociedad futura donde los psicodélicos se usen con sentido común y sean administrados no por expertos, sino por sabios, como propone Naranjo?» Cuántas preguntas... Creo que todas ellas se responden, sea implicíta o explícitamente, en las páginas de este potentísimo libro.
En el tiempo de los pioneros, había psicofarmacólogos como Shulgin, psiconautas como Huxley, y psiquiatras como Osmond.
En cambio, Naranjo fue estas tres cosas a la vez. Esta suma de roles le• dio un giro a la investigación y a las aplicaciones prácticas
de las sustancias psicodélicas: nadie ha ido tan lejos, nadie ha avanzado tanto en su aplicación terapéutica como Claudio. Me¬dio siglo después, se erige como el psicoterapeuta vivo con mayor
experiencia clínica en el tratamiento individual y en grupo con psicodélicos. Hay que reconocerle y dar valor a esa capacidad suya de intuir un camino que en aquel momento no tenía un sentido pleno.
Vamos a hablar un poco del regreso a la investigación con psicodélicos, 4o años después. Una investigación que, como evi¬dencia este libro, nunca cesó, sino que tomó formas discretas,
más allá de los cauces institucionales, para evitar la larga mano del prohibicionismo. En los años sesenta se dio un momento cru¬cial en la historia de la búsqueda de la conciencia: esa década en-contró en activo a Albert Hofmann, a Shulgin, Naranjo y Sar¬gent, a Humphrey Osmond, a Ken Kesey y Thimoty Leary, a Alan Watts, Richard Alpert, Stanislav Grof, Jonathan Ott, Anto¬nio Escohotado, Richard Jensen y otros muchos investigadores, conviviendo sobre la faz de la tierra con Ernst Jünger, Aldous Huxley, Robert Graves, Gregory Bateson, Arthur Koestler, Hen¬ri Michaux, Anais Nin, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs y muchos otros célebres psiconautas. Fue una genera¬ción realmente prodigiosa. Y, sin embargo, la «guerra contra las drogas» de las administraciones conservadoras de Nixon y Rea¬gan cortó de raíz con esa revolución de los psicofármacos. Hoy en día estamos ante la defunción oficial de esa nefasta guerra: si hace diez años, al proponerse los objetivos para la década, las Naciones Unidas marcaron el de la erradicación de las sustancias ilegales, hoy podemos decir que esa batalla está perdida: hay más drogas, más baratas, puras y asequibles. Aunque, por desgracia, el merca¬do negro no ofrece ninguna garantía a los usuarios. Estamos, también, ante un nuevo debate público que intenta rectificar el rumbo desnortado del prohibicionismo, y ya se habla abierta-mente de negociar con los usuarios posturas de responsabilidad. Sería muy interesante llegar a nuevos acuerdos sociales en el uso de sustancias psicotrópicas, pues, a pesar de los esfuerzos del pro¬hibicionismo, hoy en día nos encontramos ante problemas nue¬vos, como el de la falta de percepción de riesgo entre los adoles¬centes: los abusadores de cannabis se han multiplicado y se inician más temprano que hace unos años, lo que unido a una marihuana modificada genéticamente y a factores de vulnerabili¬dad y riesgo psicosociales, arroja un repunte de los trastornos de
aprendizaje, de conducta y psiquiátricos, directamente asociados con este consumo.
Por ello me parece muy importante una nueva concientiza¬ción y comprensión de los psicotrópicos en general. Una de las tesis del libro de Naranjo me ha parecido muy importante en este sentido: la necesidad de formar a profesionales que puedan trabajar como especialistas en la administración de sustancias psicodélicas, que puedan dinamizar los grupos de usuarios de estas sustancias, que sepan seleccionar a los participantes para evitar a los golosos y prevenir a personas vulnerables de riesgos innecesarios, que puedan sumar al uso de sustancias una amplia preparación psicoterapéutica y de conciencia. Ello debería acompañarse de una política de información pública transpa¬rente y responsable, así como de ciertas restricciones: si para conducir un coche hacen falta 18 años, para drogarse deberían hacer falta los mismos 18y puede que algunos más, ya que un usuario de psicodélicos debería haber completado el proceso de maduración biológica de sus redes neuronales y tener la edad suficiente como para saber sopesar los riesgos. El resultado de todo esto podría situarnos ante un panorama mucho más sano (en términos de salud pública) que el presente. Pues quiero re¬marcar algo, y más ante el actual panorama de ilegalidad y tráfi¬co no sujeto a controles de calidad: las llamadas «drogas» tienen indicaciones terapéuticas, médicas y psicológicas que en su ma
yor parte aún están por descubrir; pero también tienen contrain¬dicaciones, como cualquier otra sustancia farmacológica. Es un
error, por ejemplo, creer que lo «natural» no puede dañar. Y si
un facilitador de tomas de ayahuasca no se ha formado concien¬zudamente en la prevención de riesgos asociados a esta infusión
sagrada, estará poniendo en riesgo la salud de muchas personas. Los servicios de vigilancia farmacológica tienen protocolos que
sirven para identificar problemas y contraindicaciones en aras de la salud de los consumidores; no digo que sea un sistema perfec
to, pero funciona y evita efectos indeseables. En este sentido, el
derecho a la investigación se hace fundamental: evaluar los efec¬tos de las sustancias psicodélicas es asegurar el bienestar de mi
llones de usuarios en todo el mundo. Una base de datos anóni¬ma que recogiera efectos secundarios descritos por usuarios de todo el mundo sería de una gran ayuda, y qué decir de Energy Control, cuyos análisis confidenciales habrán evitados muchísi¬mas sobredosis. Existe, además, un campo de investigación no¬vedoso y muy prometedor que ya aplicamos en la clínica donde desempeño mi rol profesional: el análisis de códigos genéticos para prever, entre otras cosas, los efectos secundarios de algunos medicamentos. Nos hemos dado cuenta de que, genéticamente, cada persona metaboliza de una manera diferente los medica¬mentos. Un metabolizador lento necesitará, por tanto, una dosis mucho menor que un metabolizador rápido. Y aquí, segura¬mente, se halla la razón del por qué ciertos medicamentos cau¬san efectos secundarios a unos pocos de entre miles de personas, o por qué una misma dosis de droga puede afectar gravemente a una persona mientras que puede no hacerle ningún efecto a otra. ¿Era un sorteo? No: son las condiciones físicas y el código gené¬tico personal los que determinan tales efectos, y ello nos llevará a afinar con gran precisión la administración de las dosis medica¬mentosas en el futuro.
Los factores de vulnerabilidad psicológica tampoco son des¬deñables. Hay personas con estructuras psicológicas más esta¬bles que toleran la experimentación sin ningún problema. Hay otras, en cambio, a las que el más pequeño empujón las desbara¬ta. Uno de los efectos más deseables y formativos de los psicodé¬licos son las experiencias de muerte y renacimiento, así como la desidentificación con el propio yo. La flexibilidad de la estructu¬ra del yo es aquí fundamental. Y cuando el yo ha sido desmonta¬do y vuelto a organizar a través de una experiencia psicodélica, lo que queda después suele ser más estable, más gozoso y seguro que cualquier otra estructura que viva con el miedo a ser des¬montada o confrontada.
Más allá de eso, como decía, toda sustancia médica tiene in¬dicaciones y contraindicaciones. Las tiene incluso la aspirina (y muchas), que algunas personas usan de por vida como protector cardiaco. La MDMA tiene realmente algunos usos terapéuticos muy claros: en el trastorno por estrés postraumático ejerce como un desbloqueador de las emociones. En personas extremadamen¬te vulnerables, muy raramente, podría producir cuadros autorre¬ferenciales, psicóticos. Pero utilizada en las dosis correctas, con una distancia de seguridad en el tiempo entre toma y toma, en el lugar correcto, con los acompañantes adecuados, nos encontra¬mos ante una sustancia lo suficientemente segura como para que resulte absurdo no aprovechar sus beneficios terapéuticos. Si ha¬blamos de la ayahuasca, cuya neurotoxicidad y hepatotoxicidad sencillamente no existe, nos situamos delante de una sustancia con capacidad aún mayor de evocar recuerdos, revivirlos con la intensidad con la que fueron creados, reordenarlos; quizás no po¬damos cambiar la realidad de los traumas experimentados, pero sí podemos reconciliarnos con el pasado, por traumático que haya sido. En Brasil, un torturador chileno acudió a tomar ayahuasca en una sesión de la que fui testigo. Sin saberlo, en ese mismo grupo contábamos con otro hombre que había sido vícti¬ma de torturas durante la dictadura argentina. Ambos tuvieron oportunidad de confrontar el inmenso dolor que esas situaciones vitales les había supuesto. Y ambos llegaron a una purga y armo¬nización de ese pasado.
En Exploraciones psicodélicas, Claudio habla de su propia ex¬periencia con sustancias que parecen ser, por un lado, suficiente¬mente seguras, y por otro, muy indicadas para acometer con ellas
terapia psicodélica. Se trata de la MMDA, la MDMA, ayahuasca, ibogaína, psilocibina, etc. No se puede obviar que esas experien
cias propias descritas por Claudio, esas magníficas sesiones trans
critas de sus grupos psicodélicos, donde ocurren insights maravi¬llosos y regalos existenciales de una magnitud sobrecogedora,
representan uno de los grandes regalos en que este libro contribu¬ye al avance del conocimiento. Y esto representa la cara más lu¬minosa de la investigación con psicotrópicos.
Por otra parte, hay sustancias como la cocaína o la heroína que parece que no presentan este potencial de ayuda. Se me haría muy
extraña una dinámica de grupo apoyada en la cerveza o el vodka,
aunque Gurdjieff lo utilizaba con sus discípulos. En mi opinión, la gran diferencia entre unas y otras sustancias es que las primeras son
expansores de la conciencia, mientras que la cocaína es un focaliza¬dor de la atención y la heroína, así como las benzodiacepinas y el alcohol, son depresores del sistema nervioso central.
Después de dos décadas en que equipos de investigación poco sólidos y de financiación sospechosamente tendenciosa se
dedicaron a asustar a la comunidad describiendo efectos catastró
ficos del consumo de casi cualquier sustancia psicodélica conoci¬da, hoy en día nos encontramos con un resurgir del interés cien
tífico por las capacidades terapéuticas de los psicodélicos, y cada año aparecen más estudios en revistas especializadas donde, con suficientes garantías, se evalúan las potencialidades benéficas de estas sustancias. La investigadora Teri Krebs y el psicólogo clíni¬co Pál-Orjan Johansen, del Departamento de Neurociencias de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, utilizaron da¬tos de una encuesta nacional de salud de Estados Unidos con 30.00o personas para ver si había relación entre el uso de drogas
psicodélicas y problemas de salud mental. Los autores no encon¬traron ninguna relación; sin embargo, sí encontraron algunas
asociaciones significativas entre el uso de drogas psicodélicas y
una menor prevalencia de problemas de salud mental. Un par de estudios sobre tomadores de ayahuasca ritual en los que he parti
cipado revelan datos similares. Los realizamos, con autorización
del gobierno de Brasil, junto con científicos, médicos e investiga¬dores de la talla de José Carlos Bouso, Débora González, Sabela
Fontdevila, Marta Cutchet, Xavier Fernández, Paulo César Ribeiro Barbosa, Miguel Ángel Alcázar-Córcoles, Wladimyr Sena Araujo, Manel J. Barbanoj, y Jordi Riba. Los estudios «Evalua
ción de la severidad de la adicción entre usuarios rituales de
ayahuasca», y «Personality, Psychopathology, Life Attitudes and Neuropsychological Performance among Ritual Users of
Ayahuasca: Longitudinal Study», publicados respectivamente en
Drug and Alcohol Dependence y en PLoS ONE, revelaron que el uso ritual de ayahuasca no provoca las alteraciones psicosociales
que típicamente causa el abuso de otras sustancias, y que todos los tomadores de ayahuasca estudiados (con r 5 años de consumo dos vetes por semana) puntuaban mejor en pruebas de capacidad de resolución y no representaban mayor índice de problemas psi¬copatológicos ni deterioro cognitivo.
Sin embargo, estos estudios presentan limitaciones metodo¬lógicas, como el fenómeno de la autoselección, que consiste en que desconocemos cuántos individuos pueden haber abandona
do el consumo por presentar efectos nocivos; o el hecho de que no tenemos valoraciones previas de antes de que estos grupos se iniciaran en el consumo de ayahuasca. Con todo, descubrimos
que los usuarios de ayahuasca de larga duración obtenían pun¬tuaciones muy superiores en cuestiones relacionadas con el
sentido de la vida, la satisfacción personal, el humanismo, la vida intrapsíquica, la capacidad para la empatía, etc.
Otra limitación metodológica importante para los análisis científicos de los beneficios y contraindicaciones de los psicodéli¬cos es la importancia del setting: no es lo mismo tomar

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