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El Secreto Del Electromagnetismo De Los Alimentos Naturales Maximizar

El Secreto Del Electromagnetismo De Los Alimentos Naturales

Nicolas Capo (aut)

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El autor introduce al lector en los secretos del vegetarianismo, presentando también opciones como el vegetarianismo integral de Suecia o el régimen frugívoro-frutariano de los yoguis. Su tesis se basa en el equilibrio de los alimentos, a los cuales divide en eléctricos y magnéticos, corrientes o polaridades que actúan también en el macrocosmos.

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Al igual que en el macrocosmos existen dos corrientes o polaridades, una positiva y otra negativa, así también en el microcosmos existen alimentos eléctricos y alimentos magnéticos: las verduras, por ejemplo, son eléctricas mientras que las frutas son magnéticas. Pero para que nuestra alimentación, sea verdaderamente nutricional y regenerativa, debe tener siempre presentes las “Leyes de la incompatibilidad de los alimentos” (expuestas en este libro precisamente por uno de sus creadores). Sólo así será consciente y no caerá en el error de mezclar en una misma comida alimentos de diferente polaridad. Con El secreto del electromagnetismo de los alimentos naturales, el autor nos introduce con lenguaje sencillo y directo en los entresijos del vegetarianismo y expone de forma aguda y crítica los conceptos básicos de algunas corrientes como el vegetarianismo integral de Suecia o Waerlandismo, el régimen frugívo-ro-frutariano de los yoguis, la dieta sátwica o la monodieta tamásico-rúpica. Las reflexiones de este gran naturista van mucho más allá de lo meramente nutricional. Su visión holística e integral del ser humano le lleva a considerar la nutrición como la clave para la vitalidad tanto anímica como espiritual del hombre.

NICOLÁS CAPO

fue el naturista pionero de mayor relevancia en España. Creador de la Trofología o ciencia de la alimentación encarnó el sector más radical y a la vez más consecuente del naturismo siendo el precursor indiscutible de lo que años más tarde la ciencia reconoció como higienismo o higiene vital. l profesor Capo fundó el Instituto de Trofología y Trofoterapia y editó la revista ¡Cúrate!, que más tarde se denominaría ¡Regenérate!. Autor de más de 20 títulos que alcanzaron un gran éxito tanto en Francia como Italia y España tales como Mi método del limón y La cura de naranjas, ambos recientemente publicados por Ediciones Obelisco que próximamente publicará también La cura de uvas.

INDICE

El secreto del electromagnetismo de los alimentos   5
Septenario trófico homo-ser      13
Septenario vegetal      13
Alimentos eléctricos: vegetales      15
Alimentos eléctricos: frutas      18
Alimentos magnéticos: frutas      19
Alimentos de electromagnetismo neutro      21
Los yoguis y su rechazo de los ajos, las cebollas, y las frutas ácidas      25
La lechuga     29
Los alimentos genuinamente eléctricos para los enfermos
de hipomagnetismo     30
Alimentos reales y alimentos pesados     32
Substancias tamásico-rúpicas      33
Hay también un vegetarismo del Norte     40
¿Cereales o ensaladas?     48
Masajes diarios en los dientes para evitar los flemoncillos en las encías     49
Alimentos energéticos y carbohidratos     50
Misterios y enigmas del paladar humano     51
La importancia de la ensalada cruda diaria      53
El secreto de nuestras glándulas hormónicas: la Pituitaria      54
La Pineal (tercer ojo), efisis o epífisis      56
Los progresos del Naturismo moderno. Sabiduría práctica e individualizada      59
¡Toda regeneración comienza en el cuerpo...!      61
La Dualidad Trófica      63
Resúmenes trofológicos     70
Las Tisanas caseras magnéticas y eléctricas      76
Pragmatismo filosófico naturista      82
¿Somos enanos o gigantes?      86
El Sol, Cristo y Dionisos     89
El Arte y la Belleza Superior      90

EL SECRETO DEL ELECTROMAGNETISMO
DE LOS ALIMENTOS EN EL HOMBRE ENFERMO Y EN EL HOMBRE SANO

Mi punto de vista trofológico en la práctica diaria, en cuanto al régimen alimenticio de cada individuo y de cada familia, es que no debe ser siempre uniforme o monótono, es decir, no debe consistir en comer siempre a base del mismo menú, sino que es necesario variar; pero variar de cierta forma, esto es, con inteligencia científica y con sentido común naturista. Por ejemplo, hay muchos adeptos entusiasmados con las grandes ventajas del Frugivorismo, por su belleza, por su sencillez, por lo agradable que resulta al paladar y por las ventajas que reporta el hecho de no tener que perder tiempo en la cocina. Entre estos adeptos, unos no comen más que frutas, otros frutas y pan integral, y otros, en vez del pan integral, aceptan el pan blanco corriente con las frutas (estos últimos deben tener presente que el pan blanco es una substancia desmineralizada, detestable a la luz del criterio naturista integral). A nuestro entender, tales frugívoros están en un error, error grave en contra de su propia integridad regenerativa, por cuanto no se comportan inspirados ni guiados por unas normas netamente científico-trofológicas. «Vuelan con una sola ala», al decir de algunos sabios. Por eso, y ante tal confusión, el Dr. Rossiter exclamó:
«El arte de combinar bien los alimentos es un arte superior a todas las artes», puesto que sin verdadera salud, es decir, sin equilibrio electromagnético, no hay salud equilibrada ni integral, ya se mire desde el punto de vista físico, mental, espiritual u hormonal.
Charpeau dijo: «Cuanto más fuerte te conserves sexualmente, más casto y puro puedes ser, y por tanto más años vivirás con gozosa juventud». Roto el equilibrio electromagnético, no hay virtud en la salud mental, y el patrón de todo este problema está en el hígado. Este león, quieto y manso en ciertos momentos, salta a veces contra todo lo que le rodea tan brusca y fieramente, que abate al más osado y al más valiente, por muy roble que sea.
Así que meditemos un poco sobre el hígado, sobre nuestro hígado. ¿Qué hacemos todos nosotros, en nuestro régimen diario, para cuidar y mantener siempre limpia, exenta de todo morbo, tóxico o exacerbamiento, nuestra glándula hepática, esto es, nuestro hígado? Pensemos en la labor depuradora del hígado, y pensemos también que la bilis, cual flecha emponzoñada, cual punzante y doloroso aguijón, nos acomete y ataca fieramente cuando la función de tan noble glándula se ve artificiosamente apartada de su marcha normal por una alimentación errónea o francamente descabellada, como en verdad lo es la alimentación corriente.
No conviene, pues, que el hígado se recargue de materias heterogéneas, residuos de grasas, carnes, pescados, gelatinas, huevos, leche, queso, harinas industrializadas, pan, fritos, salsas y especies, a fin de evitar la inevitable formación y exceso de tóxicos y purinas, que bioquímicamente, revulsivamente y humoralmente, han de ser luego fatalmente lanzados, como dardos envenenados, contra nuestro equilibrio orgánico y nervioso.
El hombre, comiendo siempre carnes y pan, se desequilibra porque rompe el perfecto electromagnetismo impuesto por la naturaleza, como también lo altera si se alimenta única y exclusivamente con pan y verduras o con pan y frutas. ¡No! El hombre debe comer simultáneamente frutas y verduras (habida cuenta, como es lógico, la perfecta combinación de ambos elementos que no permite tomarlos juntos en una misma comida o en el mismo día).
Así, pues, deberá tomar frutas durante una breve temporada, de hasta ocho o quince días de duración, complementadas con pan si así lo desea, y luego se alimentará a base de verduras con pan durante otro período de tiempo parecido. En las comidas a base de verduras se entiende que hay que contar con los elementos crudos, es decir, con las ensaladas. La periodicidad o alternancia de estas comidas, unas a base de frutas y otras a base de verduras y ensaladas, puede reducirse a un día completo de cada tipo.
Hay que tener presente que en el cosmos vivimos continuamente sujetos a los efluvios de una energía sideral que afecta tanto a lo inerte como a lo orgánico. Esa energía cósmica tiene dos manifestaciones esenciales: el electrismo y el magnetismo. Hay lugares de la naturaleza (montañas, valles, planicies, mares, ríos, lagos, playas, desiertos, etc.) en que predominan las cargas eléctricas, así como en otros lugares pueden manifestarse más intensamente las cargas magnéticas. Puede también ocurrir que, según las épocas, e incluso según las horas del día, se observen variaciones en la intensidad de esas fuerzas, e incluso cambios de polaridad.
Cuanto hemos dicho sobre estas dos polaridades puede hacerse extensivo a los animales, a las plantas y al ser humano, los cuales presentan asimismo cargas magnéticas o eléctricas, que se ven afectadas también por los mismos cambios de intensidad o polaridad, según las épocas y las horas del día. Estos grandes secretos de las fuerzas o corrientes vitales y sutiles de la naturaleza no están aún bien aclarados, y actualmente hay una ciencia que empieza a sondear esos aparentes misterios, llamada, biorritmia, o ciencia de los ciclos vitales; aunque ya desde tiempos pretéritos conocen en Oriente la técnica de los tat-
was, que no es otra cosa que el conocimiento o estudio de las corrientes favorables o adversas de acuerdo con la hora del día y la época del año. Como puede apreciar el lector, éste es un caso más, y una demostración bien patente de que la intuición puede adelantar, a veces en muchos siglos, al conocimiento científico y racional.
Conviene añadir que los animales que viven en libertad, en plena naturaleza, son más sensibles a estas influencias, por cuanto su instinto no está corrompido, y que lo mismo ocurre con el hombre. Tanto éste como los animales domésticos, al apartarse, en mayor o menor grado, de la naturaleza, van perdiendo esa sensibilidad y la facultad de beneficiarse de los influjos cósmicos favorables. El hombre, no obstante, como es el único ser en la naturaleza que razona e intuye, no ha perdido por completo ese equilibrio electromagnético, y a pesar de las corrientes nocivas y degenerativas de la falsa civilización, totalmente mecanizada, sigue, en parte, conservando su sensibilidad a las influencias cósmicas, gracias a misteriosos mecanismos, totalmente ocultos a la escrutadora mirada del hombre, que se esfuerzan por mantener en él ese sentido o facultad.
Tanto en el Macrocosmos como en el Microcosmos existen dos corrientes o polaridades: lo masculino y lo femenino; lo positivo y lo negativo; el frío y el calor; la luz y la «ultra luz» (no hay tinieblas ni obscuridad). Todo se manifiesta bajo una doble tonalidad donde hay movimiento, aunque tal bipolaridad o dualidad de contrarios es aparente, puesto que en la realidad todo se encamina hacia una gran Unidad. No obstante, esa gran Unidad, ese único Infinito, donde nada nace ni muere, no puede ser concebido por el hombre, que es una cosa limitada, un ser que nace y que muere, un ser finito, totalmente incapaz de concebir ni entender un único Infinito. Allí no existe ni lo masculino ni lo femenino, ni lo positivo ni lo negativo. En cambio sí que existen manifiestamente esas fuerzas contrarias en nuestro Macrocosmos y en nuestro Microcosmos, que son el mundo tangible a través del cual nos manifestamos actuando como seres vivientes. Dual es la madre Naturaleza, como lo es a su semejanza el hombre. Dual es la onda de nuestro pensamiento. Dual es nuestra vida, considerada en sus fases de muerte y renacimiento, reposo y movimiento, calma y agitación, vibración y relajación.
Hay animales pacíficos (los herbívoros) y hay animales agresivos (los carnívoros). En el reino vegetal también hay dualismo. Así como en los carnívoros predomina el elemento eléctrico, en los herbívoros encontramos principalmente el elemento magnético. Semejantemente, hay vegetales eléctricos, que son las verduras (hojas, bulbos, tallos y raíces), representando las frutas los alimentos magnéticos. Frutas y verduras forman, pues, un completo resumen en cuanto a nutrición se refiere, el bloque donde reside su equilibrio electromagnético basal, sin el cual no hay salud perfecta ni longevidad posible.
Tenemos, pues, que las verduras son eléctricas y las frutas son magnéticas, dos corrientes que, una vez depuradas en el aparato trófico del cuerpo humano, forman ese anhelado equilibrio electromagnético, que ha de dar al hombre la eufórica sensación de bienestar somático y anímico, esto es, corporal y espiritual.
Pero resulta que en una misma comida, y hasta en una misma digestión, que dura de 6 a 8 horas (todo depende de la cantidad y calidad de las comidas), no se puede ni se debe comer frutas (naranjas, uvas, dátiles, higos, palosantos, cerezas, melocotones, etc.) mezcladas con verduras (lechugas, apio, acelgas, coles, tomates, berenjenas, berros, mastuerzos, espinacas, etc...), porque resultan químicamente incompatibles entre sí ambas especies en una misma comida o en una misma digestión, como ya hemos dicho. Teniendo en cuenta esta realidad, comprobada ya desde hace muchos años, así por la práctica como por muy serios estudios, debe quedar abolido el universal postre de frutas o dulces, tomado al final de comidas heterogéneas, donde han entrado verduras, grasas, etc.
El buen trofólogo, que se halla en estado de perfecta comprensión por la enseñanza de la práctica diaria, se ve precisado por la sutil Ley Natural a comer, o frutas todo el día, o verduras también todo el día, es decir, comer un día o más a base de verduras, y otro día o más a base de frutas. No pueden ingerirse en una misma comida alimentos que contengan la polaridad magnética y otros que contengan la polaridad eléctrica, porque se produciría inevitablemente el choque de incompatibilidad química en el tubo digestivo, ya con visible turbulencia (diarreas, punzadas, flatulencias, etc.), ya sordamente (dolores de cabeza y de garganta, mal humor, irritabilidad, nerviosismo, catarros, tos, sofocaciones, etc.). Aquí no hay alternativas: la Ley Natural es ley de verdad y es justa, no admite escapatorias, dilaciones ni componendas. Según la índole de la infracción, cae sobre el hombre el peso de la Ley Natural, ya en el mismo instante, ya al cabo de un día, al cabo de un año o en una próxima generación. Hablando en términos de alimentación, todo pecado dietético lleva aparejada su penitencia.
Hemos observado, con persistencia que llega a la saciedad, que el hombre, mejor dicho, el enfermo que viene o acude a nuestras filas para iniciarse en el vegetarismo trofológico y que es calmoso, sereno, flemático, tranquilo y apacible (temperamento magnético), resulta por lo general amante de las frutas, salvo raras excepciones. A este le convendrá, pues, buscar en las verduras, ensaladas, raíces, etc., el necesario complemento a su polaridad magnética, quedando así cerrado el circuito electromagnético, base indispensable de la salud y de la longevidad, como ya afirmamos.
Por regla general, el hombre —polo positivo— es más eléctrico que magnético, y la mujer —polo negativo— es más bien magnética por naturaleza, amante de las frutas y enemiga de la matanza de animales, por instinto maternal y mayor respeto instintivo de las leyes de la Vida. Pero ahora se presenta el hecho de que una vez depurado el organismo —tanto de un individuo eléctrico como de uno magnéti co—, al consumirse, en parte, su polaridad, se va acercando más y más a la Unidad, acortando por tanto el espacio de tiempo de cada vibración (ya sea de saturación magnética o de saturación eléctrica), y ya se trate del uno como del otro individuo, desean o apetecen en tal estado el polo opuesto. Esto equivale a decir que si un trofólogo ya avanzado en la iniciación trofológica naturista (vida pitagórica) ha comido verduras durante muchos días, apetece entonces las frutas, y viceversa, buscando todos por instinto el justo equilibrio electromagnético. Todo esto resulta muy interesante incluso en la curación de las enfermedades, porque unas son de origen eléctrico, y otras de origen magnético, ya sea por razones de alimentación, de herencia, de trastornos durante el período de la gestación, etc., ya que hablando en términos de Ley Natural, todo queda registrado y rigurosamente fiscalizado. Ya antes hemos dicho que no hay transgresión que escape al castigo. Todos los enfermos de estado patológico idiosincrásico y alérgico deben recurrir siempre a su polo contrabalanceador, ya se trate del eléctrico al magnético, o del magnético al eléctrico. El que está falto de verduras, por haber comido frutas hasta la saciedad, deberá consumir verduras durante el tiempo necesario para satisfacer la apetencia polar, descuidada por él mismo, por sus padres o por sus antepasados. Las substancias energéticas pueden obtenerse lo mismo en los alimentos eléctricos como en los magnéticos; pero aquí no se trata de una cuestión de simple nutrición o alimento, sino de una cuestión de equilibrio o desequilibrio electromagnético, esto es, de equilibrio orgánico. Se trata de leyes cósmicas que el hombre, con toda su ciencia y su civilización en gran parte artificial, no puede de ningún modo eludir sin visible detrimento de su integridad orgánica.
Ya se ha dicho: «Dime lo que comes y te diré lo que eres». Aplicado este aforismo a lo que venimos diciendo, resulta una verdad incontrovertible que puede incluso hacerse extensiva a las reacciones temperamentales y de carácter. Lo más importante y trascendental para el
enfermo será, por tanto, acertar con la clase de alimentación que más le conviene, desde el punto de vista electromagnético.
Cada alimento tiene su virtud curativa, cuando es adecuado a la naturaleza del ser, y si se trata de alimento que por naturaleza no le pertenece, su acción resulta, a corto o largo plazo, francamente patológica y degenerativa. En esta ley tampoco pueden darse componendas ni arreglos a gusto de cada uno, ya que la Ley Natural es rigurosamente justa y no perdona infracciones.
El hombre enfermo que se ha polarizado excesivamente con alimentos eléctricos (ya sean verduras u otros alimentos no convenientes a su naturaleza), debe comer frutas en abundancia, no solamente para despolarizarse y neutralizar el electromagnetismo alterado, sino también para oxidar y quemar los diversos residuos (ácido úrico, purinas, etc.) incrustados en los tejidos orgánicos o en la sangre, pues conviene saber o recordar que las frutas (naranjas, limones, piña tropical o ananás, pomelos, mandarinas, melocotones, fresas, ciruelas, uvas y otras diversas frutas) son purificadoras de todo el cuerpo, despejando y limpiando incluso la mente.
Las verduras y ensaladas (lechuga, apio, escarola, cebolla, ajo, tomate, rábanos, etc.) pertenecen a los alimentos eléctricos y convienen muy especialmente a los temperamentos magnéticos, calmando el sistema nervioso, dando un sueño tranquilo y reparador y saturando de ricas sales orgánicas todo el organismo, las cuales se adhieren entonces fácilmente a los tejidos, ya oxidados por la acción de las frutas. De este modo, si bien el temperamento o polo magnético necesita frutas para seguir alimentando el modo de ser que le es connatural desde el punto de vista electromagnético (por su estado actual de desequilibrio a causa de haber volado «con una sola ala», o por su estado francamente patológico), debe recurrir al polo contrario si desea obtener el elixir de vida reparador que le suministre las necesarias sales orgánicas, las verdes clorofilas, los ácidos orgánicos disolventes de residuos y toxinas y a fin de conservar la salud por medio del equilibrio electromagnético.

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