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El alma de los animales Maximizar

El alma de los animales

Daniel Meurois (aut)

14,42 € sin IVA

¿Tienen alma los animales?

Todo el mundo se ha hecho esta pregunta alguna vez, aunque nadie ha sido capaz de aportar una respuesta satisfactoria. En efecto, cuando se aborda esta cuestión lo que se recoge son simples opiniones o la afirmación de una creencia, pero difícilmente nada más...

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Todo el mundo se ha hecho esta pregunta alguna vez, aunque nadie ha sido capaz de aportar una respuesta satisfactoria. En efecto, cuando se aborda esta cuestión lo que se recoge son simples opiniones o la afirmación de una creencia, pero difícilmente nada más.
Daniel Meurois ha sido siempre sensible con este tema y lo ha abordado de una forma poco común. Mediante un método de trabajo muy particular, ha tenido la posibilidad a lo largo de varios meses de entrar en contacto íntimo con las fuerzas que dirigen el universo animal, las almas-grupales, los devas y los mismos animales.
La luz que aportan sobre la inteligencia animal hace de este libro - que es ya un best-seller traducido a varias lenguas - un documento sin duda único.
De su experiencia nace este desconcertante relato, el cual, en forma de una enseñanza viviente, nos aporta mil y una informaciones relativas a un mundo del que desconocemos prácticamente todo.
Es el itinerario de un perro como tantos otros, Tomy, el que sirve de hilo conductor a este testimonio que suscita otra sed de comprender, de maravillarse y sobre todo de amar.
Frente a las actuales aberraciones que exploran y diezman al mundo animal por inconsciencia y por provecho a corto plazo, este libro constituye una llamada desgarradora al sentido común y al respeto.

 Daniel Meurois
Es autor y co-autor de más de 30 libros, algunos "betssellers", auténtico explorador de nuevos campos de conciencia, nos invita constantemente a posar una mirada diferente sobre la pluridimensionalidad de nuestro universo y... claro está, sobre nosotros mismos, en el descubrimiento de nuestra verdadera identidad.
La poesía y la sutilidad de sus páginas, testimonian una eficacia que le convierte en pionero de una nueva conciencia sin barreras, una conciencia reveladora de la grandeza del espíritu humano en la búsqueda de lo divino.
Actualmente afincado en Québec (Canadá), Daniel no cesa en su trabajo de apertura de las conciencias, a través de su obra literaria única, conferencias y seminarios.

Nota editorial

Algo ha cambiado, algo esta cambiando... en nuestra relación con los Animales. Son muchísimas las personas en todo el Planeta que ya están trabajando en favor de los Animales.
De nuevo estamos ante una situación de niveles de conciencia y de comprensión.
Los conocimientos de esta obra, es posible, que no estén en la mente o en la realidad de muchas personas. Sin embargo, algo esta cambiando... y es ahora, definitivamente, cuando nuestro mundo debe conocer y respetar la naturaleza, el sentido y la Vida de nuestros hermanos y amigos Animales.
Cuánto apoyo... cuánta compañía... cuánta compresión, cuánto equilibrio, cuánto nos han servido y nos sirven incondicionalmente... cuánto Amor... ¿Cuántas pruebas necesitamos de su verdad y su función en el Planeta?
Esta obra ofrece un profundo Conocimiento de la Naturaleza, los Animales y su Intimo funcionamiento e Inteligencia.
Es también una invaluable toma de conciencia y un desgarrador llamamiento al verdadero Ser Humano que todos llevamos dentro, en un intento más de llevar Equilibrio, Armonía y Coherencia hacia las distintas especies que poblamos este extraordinario escenario que es la Tierra.

Introducción

Que sepa, son muy pocas las obras que, a día de hoy, traten sobre la existencia del alma animal. La  especie humana ha mostrado desde siempre un interés por entender el origen, el sentido y la finalidad de la vida, pero en general lo ha hecho, debemos confesarlo, con cierto narcisismo. Se ha volcado solo sobre su caso en concreto, situándose así al margen de toda una parte de la Creación.
Si he decidido escribir este libro, no ha sido por un afán personal de corregir este hecho. En realidad, esta obra, como todas las anteriores, se impuso a mi.
Es el relato fiel y riguroso, sin edulcorante, de una aventura vivida en "tierra animal" durante más de seis meses.
Naturalmente, hacía tiempo que deseaba tener la posibilidad de entregar este testimonio, ya que siempre me he sentido muy cerca del corazón de los animales.
Pero lo que nunca pude imaginar es que fuera hasta tal punto invitado a ello; nunca me hubiese imaginado poder comunicar con nuestros "hermanos menores" con semejante intensidad.
Si este término de -hermanos" ha tomado formen bajo mi pluma, no es por cierto "convencionalismc espiritualista", sino de forma espontánea. En efecto como podréis ver a lo largo de las páginas que siguen, k naturaleza de mi experiencia me impide pensar de otra forma que en términos de fraternidad.
Así pues, ha sido en estado de decorporación' como he entrado en contacto íntimo con el mundo animal, únicamente habitado por un afán constante de no traicionar nada de una experiencia a la vez turbadora y emotiva. ¡Ante todo, no traicionar nada! Porque se trata de una llamada lanzada desde un universo del que el hombre desconoce casi todo.
Puedo imaginar ya los interrogantes que con toda legitimidad le surgirán al lector.
Este se preguntará, posiblemente, sobre el origen, la naturaleza y la exactitud de los términos que he empleado para transcribir las informaciones recogidas de los devas o las almas grupales con los que me he encontrado. La verdad es que existe un lenguaje universal perfectamente común a todas las conciencias y el problema que se plantea no es un problema de comunicación, sino un problema de conceptos. Con toda evidencia, un concepto no se traduce por una simple palabra cuando ésta no existe de antemano en el mundo donde se le quiere introducir.
La dificultad se ha situado en el aprendizaje de una sensibilidad "diferente". Así, lo afirmo: todas las enseñanzas transcritas en esta obra son, palabra por palabra, aquellas que me ha sido permitido escuchar.
Como mucho he considerado, a veces, evitar ciertas repeticiones y retocar su sintaxis para facilitar la lectura y por tanto su comprensión.
Quizás algunos declaren que las informaciones recogidas ponen en evidencia un antropomorfismo que por sí solo las convierte en erróneas. A esta reflexión, responderé simplemente: las entidades directoras del universo animal manifiestan infinitamente más inteligencia, en el sentido pleno del término, y de sutileza de lo que podríamos suponer. Así, al presentarse a mi, han reflejado una sabiduría y un conocimiento que me ha sorprendido porque se sitúan más allá de la media humana. Evidentemente, estas cualidades no están
presentes hasta este grado en un simple animal encarnado,
pero sí se encuentran en estado latente en él y en su
especie.
A título personal y tras haberme sumergido en el "alma animal" durante meses, hoy puedo afirmar que la experiencia que relato en estas páginas me ha conducido a una admiración total.
Me ha demostrado una vez más, como si ello fuera aún necesario, la belleza y la inmensidad de la Vida... y también la universalidad de la Inteligencia.
Por Inteligencia no entiendo simplemente un conjunto de capacidades mentales o intelectuales, sino una profunda sabiduría y una riqueza de corazón asombrosas.
Ante todo ello, el sentimiento que tengo es el de una inmensa gratitud hacia unos seres que nos tienden "los brazos", que nos necesitan, igual que nosotros les necesitamos a ellos.
El privilegio que tuve es también el vuestro. Mi esperanza reside en el hecho de que el amor que he recibido será recogido por algunos de vosotros, quienes a vuestra vez lo redistribuiréis.
Es preciso proclamar a partir de ahora la grandeza y la nobleza del mundo animal. Es necesario que su luz nos toque. Estoy seguro de que este es uno de los caminos por el que nosotros podemos también crecer. La Creación es un Todo, un solo Ser, y no podemos elevarnos si nos olvidamos de nuestros hermanos más jóvenes.
¡La Divinidad vive en ellos tanto como en nosotros!
Con este libro, con este testimonio, hago un llamamiento a una verdadera expansión de los corazones... y de esta expansión debe nacer sin más tardar una acción concreta.
Daniel Meurois
Prólogo
En alguna parte de esta tierra, una noche de otoño... Van a ser pronto las once y el disco plateado de la luna juega al escondite detrás del follaje dentado de un flamboyant. Hace un momento que nos hemos detenido en lo alto de una colina. Cautivados por las luces de la bahía que centellean entre los techos de las villas y las siluetas oscuras de los hibiscos, escuchamos el canto fascinante de la naturaleza, el de los animales de la noche. Es un canto que parece subir del suelo, como una interminable melopea. Es él, que seguro de su fuerza, inasequible, extraño pero protector, nos ha obligado a sentarnos. Su voz es la de miles y miles de pequeños seres cuyos corazones sentimos palpitar en la húmeda oscuridad de la hierba. ¿Dónde están? ¿Entre la hojarasca... o escondidos detrás de la corteza de los árboles?
Al pie del arbusto más insignificante, una vida desbordante y secreta dama su presencia a quien quiere escucharla. Pero, ¿cuántos son los que la escuchan? Probablemente su sinfonía se ha vuelto tan ajena al oído humano que este no la capta desde hace ya mucho tiempo...
En primer lugar, ¿qué es una rana? ¿qué es un grillo? ¿qué es ese "no sé qué que no se ve" que cruje, aferrado a una brizna de hierba?
¿Y si fuera algo más que un simple elemento del decorado? ¿Algo más que una pequeña música ambiental sobre el fondo de una bella moqueta verde?
Habitados por estos pensamientos, he aquí que otro orden de cosas acaba poco a poco apoderándose de nosotros. Hay como un silencio detrás de la sinfonía de las ranas... tal vez es el reflejo de nuestro propio silencio interior, quizá algo más también. Es como un lago en medio de la noche, sin una arruga. Por un instante nuestra conciencia se para, vacilante como al borde de una orilla desconocida. Y he aquí que un soplo la visita; es una voz profunda y potente que sube lentamente en nuestro interior. Es como si hubieran colocado un minúsculo altavoz en el centro de nuestro cráneo y que "alguien", dentro de nosotros, hubiera accionado su conmutador. Un ser se expresa:
"Vaya, por fin estáis aquí... dice la voz, con un tono de reproche condescendiente... ¡Ha hecho falta todo este tiempo para abrirme un pasaje hacia vosotros! Despejad un poco más vuestra mente de todo lo que le estorba. ¡No deseéis nada más, sobre todo no deseéis nada! Sed, nada más... así es como os hablaré.
¿Hace mucho que queríais establecer un contacto sutil con vuestros hermanos los animales, verdad? He aquí que ha llegado el momento.
¿Pero quién soy yo para expresarme e inmiscuirme así en el silencio de vuestra alma? ¿Un animal? No... ¿Más, entonces? No mucho más. Sin duda ya sabéis que el más y el menos no significan nada en el corazón de la Vida... El hombre no es más que el animal ni menos que el ángel. ¿Me seguís? Es en este estado de espíritu que trabajaremos juntos, si lo queréis y si aceptáis recorrer el laberinto del universo de algunos de vuestros hermanos.
¿Quién soy yo entonces? A decir verdad, no tengo identidad propia. No soy un deva2 del mundo animal, como habéis pensado, porque no estoy ligado a ninguna especie en particular.
Acogedme más bien como a una conciencia colectiva, colectiva y a la vez individualizada. Es así como actúo, junto con otras conciencias, para la evolución de la especie animal en este planeta.
No os extrañe oírme conversar con vosotros de forma tan sencilla y directa como lo haría cualquiera de vuestros semejantes. ¿Es necesario precisar que la Inteligencia no dibuja fronteras? Solo tiene múltiples lenguajes semejantes a múltiples escamas, hasta el día en que es capaz de mostrarse desnuda. Entonces, su vocabulario es el de lo Universal. Así que entendedme, no sois vosotros los que me comprendéis en vuestra lengua, es solo vuestro oído el que se ha sintonizado con mi corazón. Es él quien sabe captar y traducir las palabras que hablan detrás de las palabras. Es así como vamos a dialogar... y podremos hacerlo mientras vuestra alma sepa mantenerse cerca de la mía, es decir con una voluntad de servicio, aceptando no sostener siempre las riendas, a pesar de la extrañeza de las situaciones.
¡Oh, amigos míos, hace tanto tiempo que el mundo animal no le ha podido hablar al mundo humano! ¡Miles y miles de años! Y si hoy empieza a poder hacerlo de nuevo, si algunas puertas de entreabren, es porque algo está cambiando en el hombre que no hay que dejar escapar. Es porque el animal percibe también claramente que la esperanza y la promesa que lleva en él, están desde siempre hermanadas con la esperanza y la promesa que representa el humano. El testimonio que os pedimos relatar es una celebración de ese hermanamiento, de esa fraternidad.
No, no os imaginéis que os llevamos por los caminos de un antropomorfismo ingenuo. Una pata no es una mano y un hocico nunca será una nariz. Es... otra cosa... otra forma de aprender la vida, de experimentarla, de recorrerla, de hacerla crecer, de rendirle homenaje. Será de todo eso de lo que vamos a hablar, de ese "otra cosa" que hace que, actualmente, animales y humanos vivan con demasiada frecuencia en dos galaxias diferentes... estando sobre el mismo planeta.
¿Habéis viajado alguna vez por la mirada de un animal? No me respondáis enseguida...
No os pregunto "¿habéis sondeado la mirada de vuestro perro?", porque me responderíais enseguida "sí, y giró la cabeza y bajó el hocico, incómodo y sumiso". No, es justamente de "algo muy distinto" de lo que quiero hablaros. De hecho, ¿os habéis atrevido alguna vez a navegar hasta el corazón de un animal sumergiéndoos en el océano de su mirada? Estad seguros de que no bajará los párpados porque entraréis en su mundo al mismo tiempo que se sentirá invitado al vuestro.
Es por este camino de comprensión por el que me gustaría que me siguieseis por un tiempo. En vez de seguir ignorándoos, cruzándoos o incluso perteneciéndoos mutuamente, ¿no es hora ya de que el animal y el hombre aprendan o reaprendan a encontrarse? Si un contacto se establece hoy entre vosotros y yo, es precisamente porque todo esto no es una promesa piadosa.
Hay momentos en la historia de la evolución de los pueblos y de las especies en que todo puede súbitamente bascular. Porque se toca cierto fondo y hay que volver a la superficie de uno mismo, porque la conciencia se asfixia y siente una imperiosa necesidad de descubrir otro continente de sí misma. El momento presente es uno de estos, hagamos lo que hagamos. Si bien es verdad que podemos retrasar las agujas de un reloj e incluso pararlas, no podemos sin embargo hacer lo mismo con las del Tiempo.
Entonces, os lo digo, la especie humana no puede pretender acceder a una nueva dimensión ni esperar alcanzar una felicidad auténtica y duradera, si avanza sola en su pequeño universo.
El pueblo animal, en su totalidad, le observa y espera una señal de amor verdadero, desencadenante este de un crecimiento común. Así pues, lo que vais a vivir en mi compañía es algo querido con el fin de girar la página lo más rápidamente posible. ¿Querido por quién? ¡Por la Vida, sencillamente! Porque en este planeta no basta con balbucear el amor sino que hay que ayudarlo a eclosionar plenamente aprendiendo a compartirlo con todos. ¿Comprendéis lo que significa todos? Se refiere tanto a la hormiga en la esquina de una mesa como al tiburón en sus aguas profundas.
¿Son niñerías todo esto? ¿Sensiblerías? Mis palabras tomarán un relieve muy distinto en cuanto me hayáis seguido, por poco que sea, por unas riberas que apenas podéis sospechar.
Escuchadme bien, amigos míos. No se trata de sentar al hombre en el banquillo, por egoísta y orgulloso impenitente sobre la capa de la tierra, frente al pobre animal, eterna víctima explotada. Os quiero llevar mucho más allá, más allá del bien y del mal, más allá de cualquier juicio.
Os quiero conducir a nuestro hogar, es decir detrás de nuestras pupilas, para que descubráis otra faceta del mundo a través de las estrellas que el Creador ha colocado en él.
Fuera de vuestros cuerpos físicos, vais a ser muy pronto los observadores cotidianos de la vida aventurera de un joven perro. Sin saberlo, éste os espera ya en algún lugar de una carretera de la Provenza. Será así como aprenderéis a leer el mundo animal y después el humano a través de sus propias percepciones... sin intervenir... justo para que se sepa mejor lo que palpita en algunos corazones.
Quizá necesitaréis otras palabras que las de los hombres... quizá.
¡Es casi un desafío! Pero el aprendizaje del amor y de la confianza, ¿acaso no lo es también?
Así que os dejaréis hacer, os dejaréis guiar hasta allí donde solo las patas se posan. Eso es todo.
¡Pensad en esas criaturas que, con un solo impulso, saltan en el interior del coche de sus "dueños" en cuanto la puerta se abre! ¿Dónde van? Lo ignoran... pero saltan. En ello no hay estupidez, hay únicamente un noble abandono y una confianza de los que el género humano en su conjunto todavía carece.
Naturalmente, amigos míos, no seré vuestro "dueño" a lo largo de este viaje por la galaxia animal, pero sí os pediré el mismo abandono y la misma capacidad de adaptación, a vosotros que vais a escribir, y a todos aquellos que después os leerán.
¿Acaso no es necesario empezar a dar, si se quiere recibir? Dar su confianza, es un poco como vaciar un cántaro demasiado lleno de sí mismo para acoger el amor del otro.
Entonces, ¿estáis listos para la travesía?"

Índice

Prólogo    13
Introducción    13
Prólogo    17
Capítulo 1. Tomy    25
Capítulo 2. Entre los muros de una granja    47
Capítulo 3. El maestro-liebre    67
Capítulo 4. "Un mundo tan organizado como
el vuestro..."    89
Capítulo 5. De corazón a corazón    113
Capítulo 6. Palabras de un asno    131
Capítulo 7. En el refugio del agua    153
Capítulo 8. La colonia de las ratas    179
Algunas preguntas y sus respuestas    203
Anexo.
Declaración Universal de los Derechos Del Animal     217
Para reflexionar    221

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