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Quinton La Cura De Agua De Mar Maximizar

Quinton La Cura De Agua De Mar

Jean Claude Seconde (aut)

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La cura de agua de mar
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La cura de agua de mar

Los seres humanos procedemos del mar, el vientre azul ancestral donde se originaron las primeras células vivas, A lo largo del siglo pasado, René Quinton, un célebre científico francés, descubrió que el agua de mar con-tenía todo un tesoro formado por oligoelementos que contribuyen a favorecer la salud de nuestro organismo Este principio permitió salvar y curar a miles de personas afectadas por diversas enfermedades
El agua del mar como un producto carente de peligros y de efectos secundarios, aún resulta desconocida por una parte importante del público, pero sus ampollas se venden por millones en la actualidad. El agua del mar facilita la inmunidad y nutre el organismo. Asimismo, puesto que impide el desarrollo de bacterias patógenas, su uso es eficaz contra muchas afecciones, entre ellas destacan:

  • Acné
  • Eccemas
  • Picaduras de insectos
  • Psoriasis
  • Heridas
  • Gastroenteritis
  • Deshidratación
  • Osteoporosis
  • Cáncer

Si eres de los que cree que «más vale prevenir que curar», si buscas algún remedio con el que reforzar tus tratamientos médicos para que sean más eficaces, sigue la guía que te ofrece este libro y deja que las riquezas minerales del agua de mar hagan maravillas en tu organismo.
Jean-Claude Secondé ejerce como osteópata en Francia desde el año 1975 y ha estudiado naturopatía en Alemania. Es autor de varios libros de éxito como Rajeunir jusqu á 100 ans o Les aliments de la met; ambos publicados por Éditions Delville Santé.

PRÓLOGO
AGUA DE MAR DE QUINTON,
EL LÍQUIDO ELEMENTO DE LA VIDA

Por el Dr. Bartolomé Beltrán
Recibo con mucha alegría la oferta que se me hace de prologar este libro del especialista Jean-Claude Secondé. Lo hago con la satisfacción de ver culminado en el lenguaje escrito, divulgativo y especializado, el proyecto de Francisco Javier Coll, director del Laboratorio Quinton Internacional, y también, como un homenaje cierto a la fundación de esta industria del medicamento realizada en Alicante por su padre Joan Miquel Coll.
Saben mis amigos de tantas reuniones científicas, en las que me ha correspondido moderar, que una de mis inquietudes ha sido siempre seguir con esmero y anotar en mi cuaderno de bitácora del día aquellas matizaciones que hacía sobre cada una de las posibles utilizaciones terapéuticas del agua de mar el doctor Marco Francisco Payá. Pretendía tener un catálogo de todas las posibles indicaciones por patologías
y especialidades. Por eso comprenderán ustedes que cuando me remitieron el texto original de este libro encontré en el contenido todos los elementos que yo guardaba con precisión para escribir un texto exactamente idéntico al que usted tiene en sus manos. Comprenderán que me hubiera gustado escribirlo y por eso me siento con el deber moral y el derecho que me han ofrecido de prologarlo. Vaya por delante esta matización que incide también en una de las cualidades fundamentales del agua de mar. Me refiero a que el líquido ele-mento contiene todos los minerales necesarios para el buen funcionamiento y la regeneración de nuestras células, y gracias a la biodisponibilidad iónica de sus elementos, consigue reponer cualquier carencia de minerales. Nuestro organismo, nuestra piel, se va mermando por distintas causas: deshidratación, enfermedades, contaminación, carencias nutricionales. Para la restitución rápida y natural de la composición celular, y por tanto de la piel en profundidad, el agua de mar bebible devuelve al sistema celular su equilibrio y vitalidad, regenerándolo.
He aprendido con los expertos que he escuchado en sus ponencias bien estudiadas que la patología o las enfermedades surgen cuando se despolarizan las membranas celulares o, cuando por mecanismos de deficiencias o abundancias, el espacio extracelular se convierte en ácido o alcalino, cuestión que hace proclive el origen de los procesos nosológicos. Ésa es una de las claves que me han llevado a comprender que el agua de mar sea útil en tan diversas patologías. Desde un eccema a una sinusitis, desde una blefaritis a una diabetes, desde una osteoporosis a una gastroenteritis.
No es fácil comprender en este tiempo de la historia que mantengamos fieles nuestro compromiso a un factor coadyuvante y complementario para la cura de las más diversas patologías, como es el caso del agua de mar. Aprendimos con Louis Pasteur que podemos defendernos de muchas patologías gracias a los estímulos externos que propician la re-acción del organismo. Y, por otra parte, podemos asegurar que con René Quinton hemos visto cómo nuestro organismo es capaz de defenderse desde su interior. En ese código se inscribe el hecho de que el agua de mar contiene 78 de los 104 elementos de la tabla periódica de Mendeléiev y tiene prácticamente la misma composición que el plasma sanguíneo (del cual depende la nutrición y la regulación celular). Por la acción combinada de todos los elementos que contiene, el agua de mar resulta nutritiva, hidratante y regeneradora y tiene propiedades mucolíticas, antiinflamatorias y antibióticas.
Cuando ya estaba integrado en mi alma el conocimiento sobre los elementos básicos del agua de mar, surgió en nuestras presencias públicas a modo de jornadas y mesas redondas el profesor José Miguel Sempere, responsable del Área de Inmunología y director del Grupo de Investigación de Inmunología de la Universidad de Alicante, quien realizó un estudio para conocer la influencia de la solución de Quinton en la activación del sistema inmunológico.
Siguiendo un protocolo de administración de Quinton se detectó que en los análisis posteriores a las tomas aumentaban los marcadores de activación en linfocitos T, al igual que las moléculas de adhesión de dichos linfocitos T
El porcentaje de granulocitos también sufría un aumento y las moléculas de adhesión y los marcadores de activación en monocitos y granulocitos mostraban asimismo un a u mento.
A la vista de estos resultados, el grupo de investigación dirigido por el Dr. Sempere concluyó que la solución Quinton es capaz de activar el sistema inmunológico.
Por ese motivo, cuando nos acompañaba en sus exposiciones desde la investigación, el Dr. Sempere noté una especie de relajación intelectual pues me sentía reconfortado con el hecho de que más que alejarnos de la medicina ortodoxa y medicalizada, nos estábamos aproximando a la esencia de las patologías.
La participación del inmunólogo en el Congreso Euro-peo de Inmunología celebrado en Berlín en el último trimestre de 2009, en el que presentó los datos más relevan-tes del artículo «Estudios in vitro para evaluar la actividad inmunomoduladora de la solución isotónica e hipertónica Quinton en células humanas de sangre periférica» fue un hito definitivo.
Las principales conclusiones del estudio indicaban que las células mononucleares cultivadas in vitro con la solución isotónica Quinton mantienen su morfología y viabilidad a lo largo de los cuatro días de cultivo, especialmente con la solución ISO+.
La solución ISO+ se comporta como el medio RPMI en cuanto a la agregación, proliferación y/o activación celular se refiere. Es más, dicha solución parece capaz por sí misma de ejercer algún tipo de activación celular, tal como demuestran la presencia de agregados celulares en el medio sin estimular.
También, según lo anterior, la práctica ausencia de agregación, proliferación y/o activación celular en la solución ISO- puede deberse, probablemente, a la carencia de nutrientes adecuados y suficientes en el medio.
Y, finalmente, el trabajo confirmaba la buena tolerancia mostrada por las PBMNc in vitro con la solución isotónica Quinton, así como su posible efecto sobre la activación celular, lo que sugiere que, suplementada en condiciones óptimas, podría sustituir a los medios de cultivo convencionales. Ello es especialmente importante, teniendo en cuenta que el RPMI es, sin duda alguna, uno de los medios de cultivo más utilizados en todo el mundo.
He dicho en muchas ocasiones que el ejercicio físico es el único medicamento que no se prescribe con receta. Y también he tenido ocasión de comprobar que los beneficios clínicos tanto para los ciudadanos como para los deportistas son en muchas ocasiones poco mesurables mediante la práctica de analíticas y los estudios biopatológicos que se realizan. Lo cierto es que el sedentarismo y la obesidad cabalgan juntas marcando un futuro muy negativo en la función cardiometabólica y cardiovascular.
Así pues, quiero resaltar también lo que nos enseñó nuestro amigo el Dr. Manuel Antonio Ballester, que se adentró en el territorio de las indicaciones del agua de mar en el ámbito deportivo, área en la que goza de una extraordinaria experiencia.
En muchas ocasiones, nos explicó las características más importantes del uso habitual de agua de mar en relación con el ejercicio físico y deportivo según diferentes estudios de la Universidad de Murcia. Por eso, dijo en cierta ocasión que «destacaban dos características fundamentales: la importancia del aporte de sodio para prevenir la hiponatremia hipotónica, tan esencial en pruebas de larga duración y en altas temperaturas; y el mantenimiento del valor del anión-gap, el efecto tampón, que hace que la diferencia entre aniones y cationes
no sufra ninguna alteración, apenas se produzca daño oxidativo y, como consecuencia, un menor daño y sufrimiento de la célula muscular».
La aportación del Dr. Ballester también ha traspasado fronteras. Ballester presentó en el Congreso Mundial de Medicina del Deporte las conclusiones de un trabajo realizado en la cátedra de Fisiología del Ejercicio, también de la Universidad de Murcia, en el que notificaba las modificaciones fisiológicas en deportistas derivadas de la ingestión de agua microfiltrada y esterilizada. Este especialista ha contri-buido sobremanera a que equipos como el de Torrevieja de balonmano y posteriormente con sus métodos el Valencia o el Elche hayan seguido el camino de los probados beneficios del agua de mar en el deporte.
He comprobado, asimismo, que el trabajo de Sebastián Tuts en el área de la comunicación especializada ha tenido más prudencia y rigor que el que yo mismo aplico a mis trabajos cuando el entusiasmo sobrepasa los límites razonables. Sebastián Tuts también consiguió que me involucrara en el proyecto de la familia Coll y su laboratorio de Alicante de tal manera que mi voluntad iba siempre por delante de sus sabias indicaciones informativas. No es fácil encontrar un equipo que de manera combinada y conjunta nos haya permitido entregar tantas pócimas de conocimiento en nuestras reuniones con especialistas de todos los ámbitos de las ciencias biomédicas.
Espero y deseo que el libro que tienen en sus manos sirva a todos los lectores para poder comprender que hay mane-ras de curar que se adaptan a la fisiología, y más aún, que no hay mayor beneficio para los espacios extracelulares de nuestro organismo que entregarles desde fuera, por prescripción terapéutica, la esencia de las necesidades que tenemos en nuestro interior. Seguro.

San Sebastián de los Reyes 22 de marzo de 2012

PREFACIO

Cuando Jean-Claude Secondé me pidió que escribiera un prefacio para su libro sobre Quinton, acepté de inmediato, ya que conozco la teoría de Quinton sobre el uso del agua de mar, y conozco también la seriedad de Jean-Claude Secondé, así como su amor por el trabajo bien hecho. Jean-Claude ha estado siempre muy documentado en lo referente a los trabajos de Quinton y, además, está en contacto con mi amigo de infancia, Joan Miquel Coll, que retomó la fabricación de Quinton junto con su hijo Francisco Javier Coli.
Para empezar, la extensión del agua de mar en nuestro planeta es mucho más vasta que la superficie ocupada por los continentes. El agua de mar representa la vida, pero el hombre la destruye, la fauna y la flora disminuyen, causando como
consecuencia la degradación de nuestro patrimonio de equilibrio.
En efecto, el mar contiene prácticamente todos los minerales que necesitamos y se encuentran biodisponibles para su solubilización en el agua de un equilibrio perfecto. Ciertos elementos se hallan en dosis ponderal, mientras otros, más extraños, nos aportan nuestras carencias.
Gracias a Jean-Claude Secondé por refrescarnos con el agua de mar, tanto en sentido literal como figurado.
La mayor parte de los oligoelementos insolubles se vuelven solubles en forma de sales, lo que les proporciona una eficacia real y rápida.
El agua de mar se puede utilizar sola o servir de solvente o excipiente activo, aportando efectos biológicos específicos y dinámicos.
Lamento de verdad que el agua de mar no se utilice más y no sea objeto de más experimentos.
El uso del agua de mar es milenario, pero es a Quinton a quien debemos su familiarización. Han sido los continuos usuarios y los prescriptores quienes le han otorgado su calidad de «pedigrí».
Gracias a Jean-Claude Secondé por hacernos descubrir nuevamente los numerosos efectos del agua de mar que además no son tóxicos.
Como homeópata, constato que al imprimir el viento un movimiento en el agua de mar, el reflujo le permite contribuir a una dinamización natural que nos proporciona una memoria y una actividad difícil de encontrar en otras partes.
Las posibles indicaciones terapéuticas del agua del mar, así como sus numerosos componentes, hacen que nos encontremos frente una verdadera «triaca», es decir, una «poción universal».

Dr. ALBERT-CLAUDE QUEMOUN
Presidente del Instituto Homeopático Científico
Vicepresidente de la Sociedad Francesa de Homeopatía
Profesor asociado y asesor científico
en la Facultad de Medicina de París XIII

PRESENTACIÓN

«La enfermedad que llevo dentro es el amor hacia los seres humanos».
RENÉ QUINTON


Mi pasión por el mar, su flora, fauna, sus elementos y mis vacaciones en el litoral atlántico no son suficientes para justificar estas páginas o los otros libros en los cuales he alabado los beneficios de las curas marinas.
En mi infancia, conocí esas pequeñas latas azules donde aparecía la expresión «plasma de Quinton». Descubrí, años más tarde, que «Quinton» era un nombre propio.
Prolongué mis vacaciones y sus beneficios absorbiendo regularmente ampollas de agua de mar que escogía más o menos saladas, siguiendo el ritmo fluctuante de mi dinamismo o de mi humor...
Como conocía bien el producto, decidí hablar de él para rehabilitarlo, constatando que parecía haber caído en el olvido como un tesoro engullido por arenas movedizas.
Me di cuenta de que los libros contemporáneos que tratan de este tema son pocos.
Además, la medicina y los médicos no hablan de él, prescribiendo muy raramente este producto, y me ofrecían son-risas burlonas cuando les preguntaba.
Mi primera pregunta fue bien simple: «¿Quién consume Quinton?». Fue investigando en esta dirección como descubrí, con sorpresa, que el agua de mar en ampollas se vendía muy bien sin publicidad. También me enteré de otras cosas. El laboratorio francés se había trasladado a España y el producto se vendía en farmacias y en casas especializadas de dietética. La calidad de las diferentes ampollas de agua de mar era diferente, de un laboratorio a otro, y el laboratorio español de Alicante era el único que producía Quinton idéntico al de su «inventor»... Mejor aún, la reglamentación europea en estos temas había sido beneficiosa para la calidad de este agua de mar bebible, aplicable sobre la piel, que también se puede pulverizar en las fosas nasales, e incluso utilizar para lavados oculares. Algunos profesionales la inyectan por vía subcutánea (intradérmica) para usos veterinarios. Veremos en este libro que la reglamentación no autoriza la venta de la versión «inyectable» desde el año 1982, a pesar de la idéntica calidad que permite a los veterinarios inyectarla por vía subcutánea. Otros, más audaces, la emplean, bajo su responsabilidad, siempre por vía subcutánea, para tratar las hernias discales, lo que logra expandir los discos intervertebrales des-hidratados. Técnica eficaz, sin peligros, sin dolor, pero... no autorizada si el que la practica no es médico.
A decir verdad, estoy particularmente orgulloso de des-cubrir a René Quinton, biólogo, no-médico, buscador y «encontrador». Equiparable con los espíritus más grandes de su época que lo consideraban como un par: Darwin en el dominio de las ciencias naturales, Claude Bernard por sudefinición del medio interior, Pasteur, en fin, en materia terapéutica. Sin embargo, la comparación se acaba en lo relativo a Pasteur, ya que uno y otro tomaron caminos opuestos. Pasteur tuvo dificultades para imponer sus ideas, ya que no era médico. Pero una vez obtuvo reconocimiento, el planeta entero retuvo su nombre.
Por lo que refiere a René Quinton, no-médico, mundial-mente célebre a la edad de 30 años, cayó rápidamente en el olvido, después de haber sido biólogo, pionero de aviación y héroe de guerra.
¿Quién fue, pues, René Quinton? ¿Su descubrimiento del agua de mar bebible puede aún salvar, curar, calmar o prevenir enfermedades?
Como Quinton, he buscado y he encontrado un tesoro terapéutico. Seguidme en esta aventura de vida hacia vuestra salud...

ÍNDICE

Prólogo. Por el Doctor Bartolomé Beltrán 7
Prefacio 15
Agradecimientos 19
Advertencias 21
Presentación 23

Hablemos del agua en el cuerpo 27
Los buenos tiempos de Quinton 39
Cuando la ciencia está al servicio del hombre 45
Utilidad de la cura de mar de Quinton 49
Quinton bajo todas sus formas 53
Secretos de fabricación del Quinton farmacéutico 61
Cura de Quinton, modo de empleo 67

Anexo I 125
Anexo II 127
Anexo IIl 128

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