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La Dieta De La Serotonina Maximizar

La Dieta De La Serotonina

Lowri Turner (aut)

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La forma más feliz de perder peso
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  • Un libro que le guiará por el buen camino hacia una pérdida de peso efectiva, con alimentos que incidirán en las cuatro hormonas clave, serotonina, dopamina, leptina y adrenales, que producen importantes efectos en el estado de ánimo, el apetito y el peso.
  • Olvídese de los desayunos tristes, los almuerzos deslucidos y las cenas poco satisfactorias: presentamos una dieta que puede poner una sonrisa en su cara.
  • Descubra más de 70 recetas deliciosas que equilibrarán sus hormonas de forma natural.
Este libro explica cómo el desequilibrio entre ciertas hormonas, como la serotonina, la dopamina, la leptina y las hormonas adrenales, puede aumentar su apetito y producirle ataques de hambre repentinos que pueden causar que el cuerpo reduzca su proceso natural de quemar grasas. Olvídese de las dietas que le dejan hambriento, depresivo y que le hacen adoptar malos hábitos alimentarios. Permita que la autora le enseñe a sentirse bien mientras disfruta de apetitosas comidas repletas de ingredientes que favorecen el equilibrio hormonal. 
Empiece por completar el cuestionario para identificar qué hormonas debe equilibrar, luego siga una dieta de 14 días y observe cómo va perdiendo peso. Una vez que haya alcanzado su talla ideal, puede seguir una dieta de por vida y establecer su nuevo régimen nutricional. Además, encontrará fabulosos consejos a lo largo del libro que le ayudarán a seguir su camino.
 
Lowri Turner es periodista, nutricionista e hipnoterapeuta, con una consulta privada en Londres. Su especialidad es la salud femenina y la pérdida de peso. Colabora con la revista Mother & Baby, así como conGrazia, Top Santé, Women´s Fitness y Now Diet, en temas de salud y estilo de vida. Trabaja, asimismo, para la radio y la televisión.
 
 
Introducción
 
 
¿Qué sé sobre las dietas? Bien, he seguido unas cuantas, y también las he dejado. Cuando era adolescente, yen mi veintena y treintena, mi vida se dividía en tres fases según si seguía una dieta, la dejaba o comía cualquier cosa a la vista porque iba a seguir una dieta.
Lo peor era cómo me trataba la gente teniendo en cuenta mi grado de gordura. Cuando estaba delgada, gustaba a los hombres, me cortejaban y me pedían para salir. Cuando estaba gorda, o era invisible, o los quinceañeros eran groseros y hacían comentarios ofensivos por la calle. El reverso era que cuando estaba delgada las chicas se mostraban suspicaces. Solo cuando ganaba peso podía integrarme de nuevo en el círculo.
 
Pero ¿somos las mismas personas, cualquiera que sea nuestro peso? El mundo no parece opinar lo mismo.
Muchos libros de dietas parecen haber sido escritos por gente que nunca ha estado gruesa. Dicen que el aspecto no importa. Yo estuve muchos años gorda y delgada, y puedo decir que el aspecto cuenta tanto para usted como para cualquier otra persona que cree que tiene derecho a opinar. Todavía puedo recordar cómo me sentí de molesta al sentarme en un asiento de tren cuando era una quinceañera, mientras intentaba evitar que mis piernas embutidas en la talla 44 tocaran a la persona que estaba al lado. Lo que no podía entender era que si otras personas comían con normalidad y no aumentaban de peso, por qué yo no podía conseguirlo.
 
Unos años más tarde (y con tres niños) mantengo una talla 40 estable. No conservo pantalones negros en tres tallas y no tengo que levantarme cada día con el propósito de seguir una dieta para acabar a media tarde zampándome una bandeja entera de barritas Mars heladas; ya no me siento culpable, enfadada o deprimida en lo que concierne a la comida.
 
No soy una santa en cuanto a mis hábitos. También tengo mis días, pero ya no estoy obsesionada. Me siento sana y feliz. Vigilo lo que como porque conozco mis puntos débiles. Alimento mi cuerpo y mi cerebro con los alimentos adecuados porque me siento mucho mejor. También admito que hay una gran dosis de vanidad, pues me gusta poder entrar en mis ropas.
Así pues, ¿qué ha cambiado? Se dice que el conocimiento es poder, y para mí ha sido una revelación. Hace trece años, cuando intentaba quedarme embarazada me diagnosticaron el síndrome de ovario poliquístico. Dicho síndrome es un trastorno de la glucemia que puede hacer ganar peso. No se me ofreció ningún consejo, solo medicinas para la fertilidad que me hicieron hincharme como un Michelin. Fue desastroso, pues era presentadora de televisión y la cámara tenía que enfocarme desde ángulos poco favorecedores. Sin embargo, fue la primera parte del rompecabezas...
Luego tuve un niño hiperactivo y los médicos me sugirieron que le cambiara la dieta. Entonces me divorcié (por primera vez...) y el estrés hizo que me consolara con la comida. También desarrollé rosácea, un trastorno cutáneo que se caracteriza por unas manchas rojas en forma de mariposa sobre la nariz y las mejillas. Las claves estaban ahí: cambia lo que comes, Lowri.
Sin embargo, no deseaba convertirme en una frikyde la salud. Pensaba que esas personas eran tediosas y, además, como madre trabajadora también estaba muy ocupada y exhausta. Trabajaba en la televisión y tenía que estar alegre y delgada. Me aficioné a la nicotina, a la caféína y al azúcar, pero mi cuerpo estaba avisándome... Y yo lo ignoraba.
El último aviso llegó cuando desarrollé una erupción en las palmas de las manos, por lo que no podía conducir.
 
El médico me recetó hidrocortisona, pero también me preguntó si tenía alergia a los lácteos. Un año antes, otro médico me había sugerido que una combinación de estrés y una ingesta exagerada de helados podía contribuir al desarrollo de mi rosácea. La realidad era que mi dieta me enfermaba.
Así pues, empecé a investigar de qué forma la comida podría hacerme sentir mejor. AI cambiar mis hábitos alimenticios, mi peso empezó a estabilizarse y me sentí positiva y con más energía, y lo más importante, empecé a sentir que controlaba mi ingesta.
Para aquellos que nunca han tenido problemas con la comida, esto les podrá parecer irrelevante; sin embargo, para alguien que puede empezar comiéndose una galleta, acabarse el paquete entero y tirar el envoltorio para esconder la evidencia, fue un momento «eureka». Atrás quedó la chica que fumaba continuamente y tenía una nevera bajo el escritorio llena de champán y un cajón permanentemente repleto de chocolate. Ya era una conversa de la salud.
En el año 2005 empecé a estudiar nutrición con un punto de vista que cambió mi carrera. Para ser honesta, pensé que iba a ser bastante fácil. Por el contrario, durante un año tuve que estudiar en serio anatomía y psicología. Cuanto más aprendía, más entendía por qué muchas personas tenían problemas
con la comida. Supe que los niveles inestables de azúcar en sangre tenían como consecuencia caracteres inestables, y esto a su vez llevaba a antojos alimentarios, atracones y aumento de peso. A pesar de todo ello, con mi historial de guerra contra el exceso de peso, como muchas personas me era muy difícil ajustarme a una dieta.
Abrí las puertas de mi primera consulta para pacientes que deseaban perder peso en el año 2009 y todo fue como una seda. También aparecía de vez en cuando el cliente ocasional que no parecía ser capaz de adaptarse a una dieta, pero me dije a mí misma que «8 de 10 no era malo». También me llevó a pensar. Hice más investigaciones y empecé a experimentar (de forma correcta) con mis clientes. Pronto me di cuenta de que me olvidaba de algo obvio; comer en exceso es una forma de automedicación, y no solo en sentido metafórico.
Creo que comer en exceso puede ser un intento de corregir desequilibrios en lo que llamo las hormonas del factor S: sustancias químicas naturales que se supone que tenemos que producir en abundancia, pero que algunas personas no pueden hacer. Los científicos ya saben que algunos alimentos estimulan la producción de ciertas hormonas (la leptina y las hormonas adrenales como la hidrocortisona) y de neurotransmisores (serotonina y dopamina). Estas hormonas controlan el apetito y el grado de satisfacción una vez que
se ha comido. Tener antojos y comer alimentos poco saludables es la tentativa que tiene el cuerpo de estimular estas hormonas y controlar los niveles de azúcar en la sangre. Al diseñar mis dietas, procuraba persuadir a mis clientes de que comieran una ensalada cuando su cerebro gritaba «chocolate».
Les sugería que disfrutaran de una manzana cuando sus cerebros imploraran «un gran plato de pasta ya». Francamente, me pregunto cómo no me estrangularon.
A pesar de toda la ciencia, mi simple mensaje es: puede perder peso si sus hormonas del factor S trabajan de forma adecuada.
¿Cómo se hace? Este libro trata de ello. Rellene primero una serie de cuestionarios para establecer sus necesidades. Luego puede personalizar un plan alimentario a base
de platos deliciosos. Y no solo esto, he perfeccionado la dieta de la serotonina tras haber trabajado con clientes que han perdido mucho peso. Sé qué funciona y qué puede funcionarle. Lea este libro y comprenda la base científica que se esconde detrás de la dieta.
ÍNDICE
Introducción 6
Capítulo 1 La dieta de la serotonina 8 El problema con las dietas
La dieta de la serotonina
Un poco de ciencia
Cuestionarios
La verdad sobre los deseos irrefrenables La verdad sobre los atracones nocturnos La despensa del factor S
Secretos del éxito

Capítulo 2 La dieta de la serotonina: plan para 14 días 30 Planes para 14 días — Fases 1 y 2
Desayunos Almuerzos Cenas
Postres
Tentempiés del factor S

Capítulo 3 Equilibrio hormonal para toda la vida 122 Planes culinarios
Desayunos Almuerzos Cenas
Postres
Tentempiés del factor S
Por último 158
Índice 159

 

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