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Monia Zanon (aut)

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TODO LO QUE NO SABES PUEDE SER UTILIZADO EN TU CONTRA
Manual de activaciones sincrónicas para el alma

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¿QUÉ DESEA EL ALMA? ¿Puede el hombre crear su futuro? ¿Cómo funcionan los vampirismos energéticos? ¿Existen los demonios? ¿Cómo se puede vivir con tranquilidad ante las incertidumbres de la Nueva Era? Almas gemelas y almas complementarias… Éstos son algunos de los temas abordados en este manual, con un sistema de palabras clave que activan programas nuevos en el corazón y en la mente de la persona. El alma posee un proyecto propio que, si no lo escuchamos, boicoteará todos los deseos. De poco nos servirá el pensamiento positivo o prepararnos para satisfacer los deseos del ego, de la individualidad, si éstos no están en consonancia con el deseo del alma, no serán más que una mera ilusión. Si no entendemos la importancia del proyecto del alma, viviremos una existencia-cliché, en la cual todo se presenta cíclicamente: los mismos errores, el mismo dolor, los mismos abandonos…

Monia Zanon

Nació en Padua (Italia). Desde hace años estudia el campo de las energías sutiles con técnicas de percatación que divulga a todos los «viandantes» que creen en este y en otros mundos posibles. Escritora curiosa, locutora de radio, estudiosa de religiones y profesora de «sistemas para vivir mejor», debe su formación a las instituciones hospitalarias que querían hacerle creer que en su interior algo no funcionaba bien.

  • Traducción: Graziela Zaramella
  • Corrección: M.ª Ángeles Olivera
  • Formato: 13,5 cm x 21 cm
  • Páginas: 192

Índice

Agradecimientos      7
Prólogo     9
Introducción     11
1. Los caminos del abejorro     13
2. Los deseos y la misión del alma     15
3. Qué desea el alma      31
4. Percatarse y decidir      39
4 y 3/4. ¡Cambiar!     47
5. ¿Quién está deseando? ¿Qué parte de mí está deseando?      55
5 y 3/4. La enfermedad que mata los deseos     65
6. Mal-decir, bien-decir     73
7. Vita-minas para el alma     95
8. Las maletas pesadas      109
9. El método     123
10. La fórmula     133
11. Los demonios de las formas-pensamiento      137
12. Egrégoras y formas-pensamiento     149
13. Se busca alma gemela     155
14. El cojo y el que aprende a cojear...      165
15. El observador     173
16. La edad de oro     179
Bibliografía     185

Prólogo

de Monia Zanon

Aquel que busca, encuentra.
Aquel que encuentra, se asombra. Aquel que se asombra, ¡será rey sobre los demás!
Apóstol Tomás, log. 2

El iniciado
Me dirijo a ti, a ti que entre millones de libros te has sentido atraído precisamente por éste.
Me dirijo a ti, a quien el destino ha querido ofrecer lo que sigue, a ti que aguardas y esperas a que algo cambie...
Debes percatarte de las bendiciones que EL UNO te envía; él habla a través de las personas que encuentras, de las cosas que tienes ante ti...
A menudo sus mensajes se «transmiten» por medio de películas que ves, de canciones que escuchas, de simples coin cidencias en tu cotidianeidad...

Introducción

Recomiendo volver a leer este libro varias veces, repetidamente en el tiempo, viviéndolo como una meditación.
Cuando entramos en la forma profunda del texto, empiezan a suceder cosas, aumentan las coincidencias y las sincronicidades. Poco a poco, lo leído meses atrás adquiere un significado nuevo, más denso. Puede ocurrir que tomemos en consideración, como si las leyéramos por primera vez, informaciones, posibilidades de existir de una manera nueva, como si de repente se abriera una brecha entre las mismas palabras y empezaran a crearse lógicas intensas dentro de comprensiones nuevas y más fascinantes.
Algunas palabras se repiten intencionadamente, aparecen más veces en el transcurso de los capítulos y generan turbación, mueven la conciencia, hacen que seas capaz de percatarte de tu percatación...
Empieza a desmoronarse el programa que hace que existamos sin tantos porqués, y se pueden desprogramar creencias poco funcionales, que no nos adiestran hacia el milagro ni hacia lo nuevo: entonces empieza a cambiar la manera de percibir el tiempo del ahora...
Se desmoviliza el cliché que hacía que el hoy sucediera igual que el ayer e idéntico al mañana...
Se empiezan a llevar unas gafas nuevas para valorar lo que nos sucede, y todo nuestro ser adquiere significado. «¡Es el momento de la percatación!».
Nacen nuevas flores en el jardín de lo que ya existe desde siempre.
Sin esfuerzo, sin cansancio, podremos así crear un futuro, de una forma nueva y menos dolorosa, ¡moviéndonos por el mundo de la percatación!

1

Los caminos del abejorro

Desde un punto de vista científico, se dice que el abejorro es un verdadero misterio: su cuerpo torpe y tosco es pesado, sus alas minúsculas no pueden soportar su peso. En realidad, los estudiosos no se explican cómo este ser puede llegar a volar.
Y, sin embargo, como es bien sabido, ¡vuela!
Se desconocen los misteriosos caminos que hacen que logre alzar el vuelo una criatura tan poco preparada para la gracia del mundo aéreo.
Probablemente, ni siquiera el abejorro conozca estas leyes, puesto que, sin saber nada, a pesar de sus proporciones tan poco adecuadas, vuela.
Creo que ello puede deberse a que el abejorro desconoce el lenguaje de los científicos y, por este motivo, a pesar de quienes le querrían ver arrastrándose por el suelo, se entrega al vuelo, desplegando las cortas alas que tornan su cuerpo veloz y ligero.
Querido confidente, ¡sigue el camino marcado por el abejorro!
Él tiene mucho que enseñarnos. No escuches a aquel que quiera destruir tus sueños, solo porque carece del valor necesario para conectar con los suyos.
Uno se pregunta: por qué nos pasamos los tres primeros años de vida diciendo «¡Yo quiero!», y consiguiendo enseguida lo que deseamos, para luego, el resto de nuestra existencia, decir «Yo quisiera...», y no lograr casi nada, o peor aún, cuando lo logramos, ¡se trata de un deseo que ya no guarda relación con nosotros!

2

Los deseos y la misión del alma

Todos quieren ser felices, pero luego se muestran confusos cuando tienen que decidir aquello que da felicidad a su vida.
SÉNECA

El arte de saber cumplir los deseos es alquimia pura, y ciertamente no es una empresa para gente común.
No es habitual que alguien te explique cómo se hace.
Por lo general, cuando se cumple un deseo es por casualidad, y cuando no se cumple, es porque está escrito que las cosas bonitas sólo les ocurren a los demás.
De esta manera, las responsabilidades de la vida y la consecución de unos objetivos dependen de la educación que hemos recibido, de las tradiciones que nos han acostumbrado a guardar, de las supersticiones de la cultura popular o
de la religión, o peor aún, ¡de lo que nos han enseñado a creer!
Resulta fundamental comprender que, para que los deseos se hagan realidad, es preciso asumir la responsabilidad de lo que deseamos, pero, sobre todo, de lo que ya no deseamos.
Si esto no ocurre, no siempre es culpa nuestra. En efecto, para lograr que los deseos no sigan siendo deseos, de entrada hay que mantenerse sordos ante las personas negativas.
Pero el ingrediente principal es, sin duda, un discreto sentido para desarrollar la capacidad de percatación, y algún pequeño secreto procedente del mundo sutil.
No tiene nada que ver con la suerte, aunque, de haberla, ¡desde luego ayuda!
Hay que decir que no todo lo que nos ocurre depende totalmente de nosotros. En cambio, lo que dependa de nosotros deberíamos explotarlo al máximo, para que resulte lo más funcional posible.
Existen unas normas que sirven de impulso para los deseos.
En los últimos tiempos, los estantes de las librerías de todo el mundo se han llenado de manuales que explican «cómo» se tiene que preguntar para poder recibir. Pero no basta con conocer estos métodos. Es fundamental que los objetivos estén en consonancia con el proyecto de nuestra alma.
En realidad, el objetivo de nuestra alma es aprender, experimentar, probar ¡y no encontrar el alma gemela!
Al alma no le importa cuánto tiempo ni cuántas vidas necesitará para poder vivir la experiencia de lo que desea: a ella le interesa el «qué» ¡y no desde luego el «quién»!
Si no obtiene la experiencia deseada con la vida de Lucía, lo conseguirá con otra reencarnación de su mismo grupo anímico.
Imagina una especie de gran astronave: un núcleo de almas, en el cual todas vibran emitiendo la misma música. Llamemos a esta célula madre el grupo anímico del LA. Los sujetos que componen esta familia son muchísimos.
Cada criatura vive en un espacio temporal muy concreto, encarnándose en determinadas situaciones emotivas y familiares, que sirven para que toda la «Familia de pertenencia» crezca en la pequeña y única alma.
En realidad, al grupo anímico no le importa demasiado lo que hace cada uno, cuando es Claudio o María.
A cada alma y al grupo anímico le interesan exclusivamente la evolución de la creación entera.
Sí, porque en el Almacén donde todo ya es, ¡no existe sólo la Familia LA!
Existen muchos otros grupos que coexisten y que se intercambian informaciones a través del campo magnético de cada núcleo.
En realidad, todos estamos conectados a través de las diferentes aventuras de cada alma, que logran que cada grupo de almas descubra cosas, y estas almas, a su vez, transmiten conceptos, emociones, sensaciones a todo lo que entra en relación con ellas.
Todo es Uno.
Todos estos grupos anímicos son influenciables entre sí: si uno crece, provoca el crecimiento también de los grupos cercanos.
Del mismo modo, en el microcosmos de aquí abajo, si tú descubres cosas, tu familia no puede permanecer excluida de
ese descubrimiento y, de una manera más o menos consciente, habrás provocado el crecimiento también de los demás, a través de aquello que crees que te ha sucedido solo a ti.
¡Maravilloso! ¿No crees?
Si seguimos pensando de esta manera, descubriremos, con una lógica clara y elegante, que no existe el mal, no existe el bien, sino que todas las experiencias son neutras.
Dependiendo de cómo vivamos lo que nos sucede, dependiendo de las gafas que llevemos puestas, veremos lo que nos acaba de ocurrir como algo bueno o malo. Aunque, en realidad, la situación es mucho más sutil, pero, al permanecer en nuestro pequeño contenedor egoico, no conseguimos valorar realmente si la experiencia vivida ha sido para nuestro bien o no.
A veces, con el tiempo, nos damos cuenta de que determinados problemas que hemos tenido que afrontar eran en realidad enormes favores ofrecidos por el Universo.
Pero el ego, a primera vista, no es capaz de evaluar las cosas correctamente. El ego se ofende, porque piensa que él es, de por sí, perfecto, y que son los demás, en cambio, los que se equivocan, los que nos abandonan, nos traicionan, nos hieren...
El ego en distorsión genera esto, es un enemigo al que es preciso mantener a raya. De hecho, es el boicoteador más potente de nuestros auténticos deseos del alma. Cada vez que nos sucede algo, lo que sea, tendemos a evaluarlo utilizando dos grandes contenedores emocionales: «Miedo» o «Amor».
Almacenes espaciosos donde caben las emociones en los más diversos matices, todos ellos resumibles, sin embargo, en Amor o en Miedo.
Dependiendo del tipo de emoción que sintamos con un hecho, cambiamos el cristal con el que miramos el mundo. Pero ¡es una trampa! No es verdad, es ego individual.
En nuestra alma encontramos, como en un archivo, todo lo que hemos aprendido, comprendido, ya que está hecha de conocimiento.
En ella hallamos, asimismo, la manera adecuada para lograr los resultados, como un código predefinido, en el cual la casualidad no existe.
Todo consiste en una serie de exquisitas coincidencias, ofrecidas por el Universo y por sus leyes como posibilidades para despertarnos, para hacer que seamos capaces de percatarnos de lo que nos ocurre.
El Uno llamado Dios quiere que entendamos en qué momento dejamos de estar en consonancia con los deseos del alma. Todo se mueve desde el amor hacia los seres que somos, ¡y nosotros lo llamamos mala suerte!
En lugar de perder el tiempo quejándonos de lo que ya no tenemos o no tendremos nunca, deberíamos despertarnos, ¡y más vale hacerlo pronto! ¡¡¡¿Sabes cuánto dolor nos ahorraríamos?!!!
Es fácil quitarse de encima las responsabilidades pensando: «No, no depende de mí si soy infeliz, es que parece que no hago nunca nada bien, ¡hasta mi novio me ha dicho que mi pecho era más bonito antes de hacer régimen!». ¡Ego distorsionado!
Es preciso que estemos preparados y que descubramos, siendo más rápidos que las prisas, como diría mi abuelo, qué es lo que realmente hemos venido a hacer aquí.
Está claro, entonces, que no podemos lograr todo lo que deseamos, aunque existan maneras de hacer las tareas en
casa y salir pronto a divertirse, una vez cumplida nuestra obligación.
Cuanto antes entiendas las normas que boicotean los deseos, antes podrás dedicarte a lo superfluo, dado que a veces aquello que es irrelevante para el alma es importante para nosotros.
Por ejemplo: si el deseo de una persona fuese tener una familia, hijos, etc., y esto no formase parte de la misión de su alma, por mucho que aplicase el pensamiento positivo, no obtendría más que desilusiones, dolor y pérdidas.
Esto sucede, en primer lugar, porque no se han hecho las tareas en casa. Porque el alma deseaba experimentar la libertad, tener que apañárselas sola, la inestabilidad afectiva, la soledad...
Por lo tanto, lo primero es descubrir pronto si tus deseos son realmente tuyos, o si, por el contrario, son un producto de la sociedad o de los sistemas de creencias colectivas que desde pequeño te enseñan lo que tienes que desear.
Debes descubrir si son deseos del Ego o si son impulsos reales, verdaderos, inducidos por tu alma y por su grupo anímico de pertenencia.
¡Saborea más el alimento quien ya lo ha probado! Querido confidente, te doy acceso al fruto de mis experiencias, y espero poder así entregarte las gafas adecuadas para que puedas aprender con sistemas que te ofrezcan una alternativa al dolor.
En mi existencia, el Universo ha puesto ante mí, una y otra vez, la realidad que el alma quería experimentar, pero yo no podía verla: ¡me faltaban los medios!
Al igual que todas las criaturas, deseaba el amor y una familia. Pero mi alma no, o más bien, no en primer lugar.
Era el juego de dos fuerzas contrapuestas: yo tiraba de un lado, perdiendo mi tiempo en historias de amor con hombres que resultaban siempre, en un determinado momento, decepcionantes. Del otro lado tiraba mi alma, para lograr la independencia afectiva. Naturalmente, ¡ya habrás intuido quién es el ganador!
Mis relaciones eran un fracaso continuo, con grandes despegues y aterrizajes bruscos, y con un tiempo diferente de convalecencia cada vez. Al enésimo intento creía que ya lo había conseguido.
He mandado callar a mi alma durante muchos años, he tenido una familia y una hija estupenda, que ha sido mi maestro en muchas ocasiones.
Parecía todo perfecto, pero no lograba encontrar un uso adecuado para la enorme cantidad de energía que se revolvía en mi interior, como en la centrifugadora de la lavadora. Estaba deprimida por un exceso de energía no utilizada. No encontraba nada en el mundo que fuera suficientemente bonito como para activarme.
Esto provocaba en mí una variada dosis de sentidos de culpa, por el hecho de tener todo lo que se podía desear, una hija estupenda, un compañero enamorado. Y, sin embargo, no era feliz y no lograba transmitir de una manera auténtica.
Creía que estaba equivocada, porque ahí, en mi interior, algo no funcionaba. En realidad, esto sucedía únicamente porque me comparaba con otras madres que veía, con el modelo estándar de mujer de treinta años.
Mi vida procedía como se cuentan las perlas de un rosario, planamente, en silencio, acompañada solamente por el murmullo de la nana-oración de fondo.
Dormía mucho, meditaba. En esa época probé todo lo que tuviera que ver con el más allá: desde la metafonía hasta el channeling, desde la cristaloterapia hasta el reiki, y reaccioné con cautela cuando me propusieron la hidrocolonoterapia.
Todo con tal de huir por lo menos un rato de la realidad.
Así pasé un tiempo, que ahora no lograría ni siquiera cuantificar, en esta situación flotante. Permanecer tanto tiempo en el más allá me ayudó durante un período: una manera como otra cualquiera, la más divertida, para no mirar realmente en mi interior. Pero me sentía como sedada y en un equilibrio psicofísico tambaleante.
Los guías espirituales, con los que desde pequeña el Universo me había enseñado a contactar, retumbaban en mi interior con su característica manera de hablar en la mente, como cuando soñamos. Ondas con formas del tipo: «Ya no te queda tiempo... Estás perdiendo el tiempo... Te estás perdiendo... Tu jaula dorada no te protegerá del profundo deseo de conocer... ¡Despierta!».
Pero yo no entendía. Había incluso llegado a creer que estaba a punto de morir, y que todo ese hablar del tiempo, por parte de los guías, no era más que la advertencia de la inminente salida. ¡Nada más equivocado!
Recordaba mi vida pasada, lo que había hecho, mis descubrimientos, mis conquistas, y veía aún vacío y retumbaba el eco. Mi petición de aclaración rebotaba, y el señor del tiempo no me sugería más preguntas.
Era un fracaso continuo, como quien intenta dejar de fumar y no está aún preparado para hacerlo. Una mala madre, que no vivía para su hija; una pésima compañera, a quien no le bastaba con tener un hombre, quería también

***

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