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Técnicas de curación energética Maximizar

Técnicas de curación energética

Andrew Bell (aut)

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Cuando se descuida la dieta, se adoptan actitudes negativas ante la vida, o el estrés es un compañero habitual, aparecen ciertos desequilibrios en el organismo que traen como consecuencia la enfermedad.

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Cuando se descuida la dieta, se adoptan actitudes negativas ante la vida, o el estrés es un compañero habitual, aparecen ciertos desequilibrios en el organismo que traen como consecuencia la enfermedad. Las terapias energéticas son técnicas de curación que sostienen la idea de que mente, cuerpo y espíritu deben trabajar de manera conjunta (holísticamente) para que el organismo goce de equilibrio y por tanto de salud. Al restituir la frecuencia de vibración de un órgano dañado, la energía vuelve a fluir, volviendo así a su trabajo habitual. Este libro hace un repaso de algunas de las principales técnicas energéticas y sus mecanismos de acción de cara a lograr un cuerpo sano.
¿Cómo se pueden curar las dolencias físicas y transformar la conciencia humana actuando sobre los patrones energéticos del. cuerpo humano?
Cuando se descuida la dieta, se adoptan actitudes negativas ante la vida, o el estrés es un compañero habitual, aparecen ciertos desequilibrios en el organismo que traen como consecuencia la enfermedad. Las terapias energéticas son técnicas de curación que sostienen la idea de que mente, cuerpo y espíritu deben trabajar de manera conjunta (holísticamente) para que el organismo goce de equilibrio y por tanto de salud. Al restituir la frecuencia de vibración de un órgano dañado, la energía vuelve a fluir, volviendo así a su trabajo habitual.
Este libro hace un repaso de algunas de las principales técnicas energéticas y sus mecanismos de acción de cara a lograr un cuerpo sano.

•    Remedios homeopáticos para problemas médicos comunes.
•    La terapia vibracional del color.
•    El sonido terapéutico.
•    Flores de Bach.
•    Cristales, gemas y minerales.
•    Inciensos y aceites esenciales.


ANDREW BELL

es investigador especializado en ondas electromagnéticas y sanación con sonidos. Cursó estudios de sanación energética, educación del sentido rítmico, reiki y terapia neuronal.

Índice

Introducción     9
El significado oculto del cuerpo     23
El significado oculto de determinados síntomas     27
El significado oculto de algunas partes del cuerpo     35
El significado oculto de los principales sistemas del organismo     51
La curación por la homeopatía     59
Mecanismos de acción de la homeopatía     65
Beneficios de la homeopatía     71
Remedios homeopáticos para problemas médicos comunes     74
La terapia vibracional del color     87
Jugar con los colores     92
Construir una rueda de colores     92
El significado de los colores     93
Los colores del arco iris     95
Algunas técnicas de cromoterapia    102
El sonido terapéutico     113
El principio de la resonancia     114
El principio del ritmo     116
El principio de la melodía     118
El principio de la armonía    119
El principio de la altura     120
El principio del timbre    121
El principio de los efectos acumulativos y demostrables     122
El principio del sonido como energía     123
Métodos generales para la aplicación de la terapia por el sonido      124
Otras terapias energéticas: flores y gemas    127
Las flores de Bach    130
Otros remedios florales      133
Cristales, gemas y minerales     135
Otros elixires de gemas importantes     140
Inciensos y aceites esenciales    141
Los inciensos    143
Los aceites esenciales     145
Fragancias terapéuticas más comunes    150
Bibliografía    159

Introducción

La salud es el equilibrio ideal entre las 'partes principales de nuestro ser, el cuerpo, la mente y el alma, en relación con el entorno y con todo cuanto vamos encontrando. La palabra «holística» deriva del griego holos, que quiere decir «entero». Salud es plenitud, por consiguiente, aunque no sólo la plenitud que se expresa y se experimenta en la vida física. Ella abarca toda nuestra esencia en lo físico, lo emocional, lo mental y lo espiritual. Ignorar cualquiera de estos aspectos es renunciar a la salud.
Todos los caminos de perfeccionamiento espiritual nos invitan a mirar hacia dentro. Lo mismo haremos para todo cuanto concierne a la salud: Toda curación proviene de lo interior. El cuerpo se cura a sí mismo. El proceso podrá ser iniciado por una fuente externa, sin embargo, que ponga en marcha la curación. Ciertas condiciones previas deben hallarse presentes para que se produzca la verdadera curación:
•    El individuo debe comprender las pautas básicas de su salud, incluyendo los puntos fuertes y los puntos débiles.
•    Es preciso que aprendamos a conocer nuestro cuerpo y sus reacciones ante los influjos externos, sus defensas y sus debilidades básicas, lo que podemos soportar y lo que no.
•    La manifestación del malestar se produce por lo general en una región debilitada del organismo. Esta debilidad puede ser consecuencia de un estrés o incluso de una constitución susceptible por vía genética del individuo. Decir susceptibilidad no es lo mismo que decir «predestinado a ser un enfermo».
Somos dueños de nuestro libre albedrío, y aunque nuestra constitución adolezca de un punto débil, eso no significa que vayan a manifestarse necesariamente el malestar y la enfermedad. Ya que, si adquirimos
conciencia de estas debilidades y susceptibilidades, tomaremos medidas para corregirlas y precavernos frente a posibles desequilibrios. Pese al
peso de la herencia en la formación de las pautas básicas de la salud, es mucho lo que podemos hacer para modificar dichas pautas. Para ello es preciso que sepamos antes cómo funcionan todos los aspectos de nuestro cuerpo.
El sujeto debe aprender que considerar todas las condiciones físicas como síntomas Los desequilibrios físicos de cualquier tipo, los malesta-
res y las enfermedades no son más que síntomas. Debe existir otra cosa, sea una pauta emocional o mental, un estrés, etc., que ha promovido e instigado el síntoma físico.
A menudo ignoramos nuestras pautas negativas y nuestros desequilibrios hasta que tropezamos con ellos. En muchos casos el malestar
físico no es más que una enérgica «llamada de atención» por parte del
cuerpo físico. Es su manera de decirnos que se ha perdido un equilibrio. El individuo debe asumir la responsabilidad y buscar alternativas que afecten a todo su ser. Es menester que estemos dispuestos a ampliar
nuestra perspectiva y poner en marcha las alternativas necesarias para restaurar la salud y el equilibrio a todos los niveles. Alternativas que no siempre serán fáciles ni sencillas pero que, correctamente implementadas, con frecuencia nos llevarán al éxito en cuanto a la eliminación, tanto de los síntomas como de sus causas.
La alternativa siempre existe. Hay muchos métodos de curación, muchas terapias y muchos remedios. Cada uno de nosotros debe hallar
el método o la combinación de métodos que sean más idóneos para nuestro sistema energético, físico, etc. A veces nos inspiraremos en varias modalidades diferentes, de las cuales tomaremos prestado lo que nos convenga para realizar aquella síntesis que nos resulte más eficaz, en el momento en que la necesitemos.
Para descubrir esas alternativas individualmente óptimas debes conocer todos los aspectos de tu ser; tus emociones, tus pautas mentales y tus perspectivas espirituales son tan importantes para tu salud como el estado físico de los diversos sistemas, tejidos y órganos de tu cuerpo. Si te preocupa el vivir sanamente, el recuperar la salud o el alcanzar niveles más altos de salud y de energía, será preciso que pongas en juego todo tu ser en los planos físico y sutil.
Para mantener el equilibrio de la salud, el sujeto utilizará el sentido común. Muchos de los que aventuran la travesía de las sendas espirituales tienden a despreciar lo físico; esto obedece a un error persistente, el de entregarse a la vida espiritual dejando que lo físico cuide de sí mismo. La verdad es que lo uno y lo otro van de la mano. Todos los libros sagrados de la antigüedad hablan del cuerpo como templo. Pues bien, los templos hay que cuidarlos. Por sublimes que sean nuestras preocupaciones, si descuidamos el templo físico sufriremos las consecuencias. Y el cuidado adecuado comprende, como mínimo:
a) Una dieta correcta.
b) Un ejercicio adecuado.
c) Un descanso suficiente.
d) Una respiración correcta.
Aunque sea usted la persona más dotada y espiritual del mundo, se expone a las manifestaciones del malestar si no atiende a estos cuatro requisitos.
La conciencia metafísica de la salud
Somos seres multidimensionales, lo cual significa que actuamos simultáneamente en las dimensiones de lo físico, lo emocional, lo mental y lo espiritual. Para que se instaure la verdadera salud, empecemos a estudiar las acciones recíprocas de estas dimensiones y en qué sentidos afectan a nuestras pautas generales de salud.
Metafísica significa lo que está más allá de lo físico. Implica una causalidad que no es solamente física. Los humanos tendemos a tener una visión limitada de nosotros mismos. Vivimos en un soporte carnal; hablamos de alma o de espíritu pero somos criaturas físicas. Pensamos, sentimos, actuamos y reaccionamos a partir de una percepción física, pero somos algo más. Esos pensamientos y sentimientos no son tangiblemente físicos pero repercuten sobre las condiciones y las perspectivas de lo físico. Como tales, constituyen una dimensión de nuestra esencia que determina en gran medida nuestro bienestar físico.
La mayoría de los malestares derivan de una base metafísica. El origen no debe buscarse, por lo general, en el cuerpo ni en su entorno físico. Algunos elementos del medio físico a los cuales suelen atribuirse los malestares (virus, bacterias, etc.) están a nuestro alrededor en todo momento. Son nuestros aspectos metafísicos los que originan una susceptibilidad a aquellos, y entonces se manifiesta el problema. Un desequilibrio en el terreno de las emociones, de las actitudes o de los pensamientos habrá agotado nuestras energías y nuestras inmunidades físicas naturales, con lo que nos exponemos a «pillar un resfriado» o cualquier otra manifestación de ese género. Y aun cuando la enfermedad sea el resultado de una falta de ejercicio o de una dieta errónea, conviene que se exploren de todos modos las causas emocionales y mentales de esos hábitos.
En la antigua mística hebrea, la Cábala, las diversas manifestaciones de Dios así como sus obras en el Universo y a través de la humanidad, tenían sus nombres específicos. En el corazón del Universo (el corazón del Árbol de la Vida) opera el Nombre divino Jehovah Aloah ve-Daath, que podría traducirse libremente como «Dios manifestándose en la esfera de la mente». La mente se halla en el corazón de nuestra vida, de la salud y del bienestar. Nuestros pensamientos ponen en marcha la energía que determina nuestras percepciones, sobre todo en relación con la salud.
En nuestro interior existe un plano subconsciente que reacciona literalmente, como lo haría un niño, a todos nuestros pensamientos y ex presiones. Este nivel trabaja también para el mantenimiento de nuestra salud. Toma nuestros pensamientos, sentimientos y expresiones, y los pone en marcha de modo que puedan manifestarse. Si uno dice, por ejemplo, «todos los inviernos atrapo dos resfriados», ese aspecto de la mente empieza a operar sobre su energía física. Cuando sobreviene el invierno, el sujeto está susceptible, y atrapará esos dos resfriados. Nuestros pensamientos, sentimientos y palabras se convierten así en profecías que se realizan a sí mismas; con frecuencia esa operación interviene sobre el cuerpo físico propiamente dicho.
El plano subconsciente dirige buena parte de los que acontece en nuestro organismo y su entorno. Responde literalmente a los pensamientos, los sentimientos y las expresiones. Uno le dice a sus amistades «he perdido cinco kilos » y esa criatura interior, ese nivel subconsciente, aguza los oídos: «¿Perdido? ¿Perdido?». En seguida se pone a buscar esos cinco kilos perdidos, y por lo general los encuentra y echa algunos más por añadidura, por si volviesen a perderse.
Si maltratamos a esa criatura interior, o nos peleamos a gritos con ella, ¿nos extrañaremos de que nuestra vida sea un desastre? A nadie le gusta vivir con alguien que siempre le está riñendo. ¿Queremos reprender a ese niño que vive dentro de nosotros, o preferiremos cuidarlo y tratarlo con cariño? En esto se resume nuestra responsabilidad por lo que toca a la curación.
La salud es una opción individual. Algunos dicen que no pueden evitar el pensarse y sentirse como lo hacen, y se quejan de que así es la experiencia de toda su vida. Lo cual resulta muy triste, pero más lo es todavía que sigamos encajados en estos esquemas cuando está en nuestra mano el cambiarlos. El pasado no se puede cambiar, pero el futuro, sobre todo en lo que concierne a nuestra salud futura, está siendo configurado por nuestros pensamientos y sentimientos actuales. Cambiar nuestras .imaginaciones es cambiar nuestro mundo.
A medida que empecemos a trabajar con las energías curativas advertiremos con claridad cada vez mayor que algunos de nuestros desequilibrios provienen de ciertas expresiones del desamor hacia nosotros
mismos. Es fácil reconocer dichas expresiones; basta con ponerse a bus-
carlas. Nos reñirnos o nos criticamos a nosotros mismos diciéndonos que estamos demasiado gordos, demasiado delgados, o somos dema-
siado viejos, demasiado jóvenes, demasiado bajitos o demasiado altos.
Consumimos alcohol o drogas. Desdeñamos el ejercicio. Comemos mal. Y todo nos causa remordimientos. Nos comparamos con el vecino. De-
jamos las decisiones para otro día. Tropezamos una y cien veces en las mismas piedras del pasado. No nos juzgamos capaces de dedicarnos a lo que nos gustaría.
Conviene que empecemos a comprender que somos los únicos responsables de nuestros pensamientos y sentimientos, ya que sólo nosotros
sufriremos sus consecuencias, buenas, malas o indiferentes. Fijándonos únicamente en lo negativo introducimos desequilibrios en nuestro ser emocional y mental; a su vez estos van a repercutir como desequilibrios del mundo físico.
Mientras la mayoría de los médicos ortodoxos se vuelven primordialmente hacia lo físico, el sanador considera todos los aspectos de la energía de una persona. El auténtico sanador intentará corregir el síntoma físico así como sus causas subyacentes, las metafísicas.
Un sanador es aquella persona que aprende a sintonizar con las fuerzas vitales curativas (físicas y espirituales) así como a conducir la energía
sanadora. Al aplicar esa energía sobreviene la curación. La capacidad de conducción de tal energía sanadora es una aptitud aprendida, y cualquiera que desee la mejoría y el bienestar puede desarrollarla. En qué grado lo consiga, será la determinante del grado de curación obtenido (véase el siguiente cuadro de «agentes de curación natural y espiritual»).
LISTA NO EXHAUSTIVA DE AGENTES DE CURACIÓN
NATURAL Y ESPIRITUAL

  • Agentes naturales
  • Las medicinas
  • El masaje
  • La manipulación (rolfing)
  • Los ejercicios físicos correctores
  • La psicoterapia
  • Los métodos quiroprácticos
  • La fitoterapia (hierbas medicinales)
  • La cirugía
  • La acupuntura y la acupresión
  • La homeopatía
  • La dieta
  • La radiestesia
  • La Trager
  • Reiki
  • La terapia de polaridad
  • El rebirthing
  • Los ejercicios (yoga, tai chi, etc.)
  • Tacto etérico/terapéutico
  • Aromaterapia
  • Cromaterapia y fototerapia
  • El sonido
  • La terapia vitamínica
  • Las esencias florales
  • Otros agentes espirituales
  • La oración
  • La meditación
  • La visualización creativa
  • La autorrealización
  • Los ángeles o guías espirituales
  • Sanadores
  • Las invocaciones
  • Las bendiciones espirituales
  • La obra onírica
  • La revisión de vidas pasadas
  • La fe
  • Las afirmaciones

 

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