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El Libro Negro de los Veterinarios Maximizar

El Libro Negro de los Veterinarios

Jutta Ziegler (aut)

19,13 € sin IVA

La Medicina que enferma a los Animales

Un libro imprescindible para todas las personas que desean de corazón la salud y el bienestar de sus amigos animales.

Finalmente un libro que plantea el problema y nos obliga a todos, compañeros de los animales y veterinarios, a una profunda reflexión.

Más detalles

9788417080044

El Libro Negro de los Veterinarios, por Jutta Ziegler. Macro Ediciones

La Medicina que enferma a los Animales

ISBN 9788417080044

Páginas 224

Formato Rústica - 14,5 x 21 cm

 

En las últimas décadas ha habido muchos cambios con respecto a la alimentación y el cuidado de los animales que comparten nuestro hogar: muchas cosas han mejorado, pero al mismo tiempo hemos visto un aumento exponencial en el consumo de alimentación industrial y una medicación excesiva de nuestras amigas mascotas. El aumento de enfermedades crónicas e incapacitantes como diabetes, epilepsia, alergias, enfermedades hepáticas y renales etc. plantea serias dudas sobre cómo las alimentamos y las curamos.
Frecuentemente los animales se quedan enfermos después de tratamientos farmacológicos tardíos e invasivos combinados con una alimentación equivocada y de mala calidad, con lo cual es cada vez más difícil que envejezcan permaneciendo sanos.
Presentando datos elocuentes que ponen en duda las bases del sistema veterinario actual, este estudio pone en evidencia los intereses económicos de las empresas farmacéuticas y de las industrias de piensos para animales que están enfermando a nuestras amigas mascotas.

En este libro encontrarás:

•    Informaciones sobre vacunas, medicamentos, piensos industriales y mucho más;
•    Consejos para proteger a sus mascotas de intervenciones dañinas y tratamientos innecesarios;
•    Soluciones para el bienestar de los animales.

Jutta Ziegler

Desde 1999, Jutta Ziegler dirige un estudio veterinario para animales pequeños con tienda aneja de productos naturales, cuya producción gestiona ella personalmente. Además, es especialista en Homeopatía. Desde hace muchos años se ocupa intensamente de los métodos de curación alternativa, aunque su atención principal es la alimentación cruda natural y biológica de los perros y de los gatos (dieta BARF).

Indice

Introducción     6

Prólogo     11

CAPÍTULO 1     19

EL GATO FÉLIX YA NO PUEDE ORINAR

Las consecuencias de la alimentación con piensos industriales

CAPÍTULO 2     31

EL LABRADOR PAULE SE RASCA HASTA HACERSE SANGRE Por qué los piensos hipo-alergénicos solo dan resultado a corto plazo o no son efectivos en absoluto

CAPÍTULO 3     51

LA HISTORIA INTERMINABLE DEL PASTOR ALEMÁN POMUC Y SUS ARTICULACIONES RUINOSAS

Las dramáticas consecuencias de la selección excesiva y de una alimentación inadecuada

CAPÍTULO 4     69

POR ASÍ DECIRLO, VACUNADA HASTA LA MUERTE. POR QUÉ LA GATA BENITA TUVO QUE MORIR

Sobre el sentido y el sinsentido de las revacunaciones anuales

CAPÍTULO 5     97

POR OUÉ LA PERRA DOBERMAN SANDRINA HACE DESTROZOS EN CASA

"Píldoras para la felicidad"y psicofármacos para perros y gatos

CAPÍTULO 6     115

ENVENENADO POR EL VETERINARIO. EL CALVARIO DE UN CACHORRO DE GATO

El uso descontrolado de antibióticos y cortisona y el bombardeo con antiparasitarios y otros productos

CAPITOLO 7     139

SENTA, UN TONEL ANDANTE A CUATRO PATAS

Sobre la fiabilidad de los piensos especiales para la reducción de peso y para perros diabéticos

CAPÍTULO 8     149

LA TRISTE HISTORIA DE MAX, UN MACHO LABRADOR DE 5 AÑOS DE EDAD

Perros y gatos como víctimas de una medicina tecnificada y mal utilizada

CAPÍTULO 9     159

LOS INFUNDIOS MÁS PERTINACES PARA DESPRESTIGIAR

LA ALIMENTACIÓN CRUDA BIOLÓGICAMENTE ADECUADA A LA ESPECIE

Cómo los veterinarios informan mal, conscientemente o por desconocimiento, para promocionar y vender piensos industriales

CAPÍTULO 10     185

CÓMO PUEDE USTED PROTEGER A SU PERRO O A SU GATO DE INTERVENCIONES DAÑINAS Y TRATAMIENTOS INNECESARIOS

Soluciones para el bien de los animales

Bibliografía     192

INTRODUCCIÓN

«En nuestra sociedad, la medicina humana y la medicina veterinaria están bien establecidas, pero ¿quién se ocupa realmente del canalla que llevamos dentro?»

Gerhard Kocher (*1939), Suiza; economista de la salud,

fuente: ¡Cuidado, medicina!

El presente libro de la veterinaria Dra. med. Jutta Ziegler, titular desde hace años de una consulta veterinaria en Hallein (Salzbur­go), utiliza un lenguaje directo que, tal vez, no sea del agrado de algunos de sus colegas e incluso de algunos propietarios de animales. En las páginas siguientes, usted no va a leer, como en otros libros de consulta, sobre las causas de las enfermedades que padecen nuestros animales domésticos y las terapias correspondientes sino, más bien, va a descubrir alternativas calificadas de "no convencionales". No obstan­te, a lo largo de la lectura quedará claro que dichos remedios no son tan revolucionarios como parece a primera vista sino que, simplemente, contrarían los dogmas dominantes en medicina veterinaria, en general, o ciertos aspectos de la misma. En este campo, como en el de la medi­cina humana, los tratamientos y las recetas (por ejemplo, la desparasita­ción o las vacunas) siguen generalmente las directrices dictadas por los representantes más poderosos del gremio, es decir, por los laboratorios farmacéuticos y los profesores más influyentes que, con toda seguridad, no accedieron a tales puestos por haber realizado investigaciones desin­teresadas o por haberse enfrentado a lo establecido.

Mi familia y yo, propietarios de numerosos animales desde hace años (perros y gatos), hemos tenido ocasión de conocer muchas con­sultas veterinarias en Alemania, Francia, Bélgica, España y Austria. Por eso sabemos, seguramente como usted, querido lector, que el "semi­diós vestido de blanco" en realidad no existe. Igual que en cualquier otra rama profesional, en medicina y, por ende también en medicina veterinaria, encontramos individuos con personalidades muy diversas: personas dispuestas a ayudar, apasionadas por su profesión, con gran­des conocimientos o con ideas propias; pero también nos topamos con otras que, tras muchos años de trabajo, se han convertido en seres desmotivados, movidos exclusivamente por intereses económicos, in­sensibles o simplemente comodones.

Es posible que alguna de las experiencias que he vivido también le resulte familiar a usted.

Su mascota sufre un accidente o una dolencia aguda, precisamente en fin de semana, por lo que usted busca a un veterinario o una clí­nica que tenga servicio de urgencias. Y ¡qué maravilla, la encuentra! Pero antes de que usted, nervioso o incluso al borde de un ataque de pánico, pueda explicar la razón de su llamada, le comunican que la atención veterinaria tiene un "recargo nocturno o de fin de semana" que asciende a tanto y que, por favor, lo pague en efectivo. En caso contrario, no se le atenderá. P.D.: desgraciadamente, no se aceptan tarjetas de crédito.

Otro ejemplo: en febrero del año 2005 — por aquel entonces, desgra­ciadamente, yo no conocía a la Dra. Med. Vet. Jutta Ziegler — se produjo un brote de leucosis, infección del virus de la leucemia felina (VLFe), entre algunos de nuestros gatos. Esta enfermedad causa, con frecuencia, la muerte del animal: pero "con frecuencia" no significa que siempre sea mortal. Llamé a un prestigioso veterinario, que exhibía una larga ristra de títulos junto a su nombre, para pedirle consejo y ayuda. Su respuesta se limitó a estas breves palabras: "No le dé muchas vueltas a la cosa y sacrifique usted a los bichos". Hice caso omiso, naturalmente, ¡y todos y cada uno de los gatos afectados entonces por la enfermedad están aún vivos (¡2011!)! Pero eso se lo debemos a la Dra. Jutta Ziegler.

Por último, otra experiencia que no olvidaré jamás: en un viaje que hice a Frankfurt en el año 2001, mi perra de 7 años de edad Tiny, de raza Boyero de Berna, se quedó repentinamente coja y cada vez que intentaba moverse aullaba de dolor. Diagnóstico lógico: síndrome de cauda equina (SCE), es decir, ciática. Busqué rápidamente la consulta más cercana, en donde un veterinario muy simpático y competente alivió los dolores agudos de Tiny con unas inyecciones. Pagué la cuenta y, al cruzar por la sala de espera para salir a la calle, me llamó la atención un señor mayor que, encorvado en una silla y con lágrimas en los ojos, acariciaba al gato que llevaba en su trasportín. Conmovida, le pregunté qué le ocurría. Me explicó que su gato sufría de insuficiencia renal en estado terminal (una enfermedad o propensión desgraciada­mente muy extendida entre los gatos que, como van a leer ustedes en el libro de la Dra. Med. Vet. Jutta Ziegler, podría ser evitada en la mayoría de los casos).

Este hecho me entristeció y, desde luego, no era necesaria mucha empatía para sentir cuánto quería ese hombre a su gato. Lo peor de todo, sin embargo, era la razón por la que el anciano estaba a punto de llorar: el mismo veterinario amable y competente que acababa de tratar a mi perro Tiny, le había cerrado la puerta en las narices con las siguientes palabras: "Si no puede pagar los medicamentos al contado, lo siento, pero ¡no puedo ayudarle!". Naturalmente, proporcioné la ayuda financiera necesaria al pobre señor y, de momento, le atendie­ron... pero no sé qué fue de ellos posteriormente.

Por supuesto que tanto los veterinarios, como los médicos, los na­turópatas, los terapeutas o usted mismo, deben trabajar para ganarse la vida. Todos tenemos que pagar nuestras facturas y muchos llega­mos, a veces, al límite de nuestras posibilidades financieras. En tales circunstancias, quizá incluso tengamos que escuchar el desafortunado comentario de alguna persona diciendo: "Vaya, ¿y sin embargo vas a gastarte el dinero en el perro o en el gato...?" Pero ese es otro tema que sobrepasa completamente el ámbito de esta introducción.

En cualquier caso, desde el año 2007 tuve y tengo la suerte de ha­ber "aterrizado", junto con mis gatos y perros, en la consulta de la Dra. Med. Vet. Jutta Ziegler. He podido constatar que la Dra. Ziegler prac­tica lo que en medicina humana se llama "medicina holística". Esto significa que ella utiliza, en primer lugar, los tratamientos y procedi­mientos de la naturopatía y de la llamada medicina complementaria, debido a que sus efectos secundarios y a largo plazo sobre el organismo animal son mucho menores que los que generan los medicamentos alopáticos; además, con ellos consigue evitar a menudo procedimien­tos invasivos como, por ejemplo, la cirugía. Desde el punto de vista económico, este modo de actuar no es, en absoluto, ventajoso para un veterinario, porque mediante cirugía y tratamientos de larga duración se puede ganar mucho dinero, asÍ como mediante programas de reva­cunación científicamente infundados. Sin embargo, ¿beneficia esto a nuestros animales? ¡No, casi nunca! Por esta razón, la Dra. Ziegler solo utiliza la medicina convencional, que naturalmente también tiene su razón de ser, cuando es imprescindible.

Además de sus interesantes conceptos de diagnóstico, tratamiento y terapia, la Dra. Ziegler posee la virtud de ser sencillamente una bue­na "médica de animales": aunque no tuvo que prestar el juramento hipocrático, como deben hacer los médicos humanos, (quienes, en determinadas ocasiones, lo quebrantan o permiten que sea infringido por el sistema reinante), ella respeta lealmente este código no sellado. Asimismo, como todo buen médico, nunca se cansa de aprender, in­vestigar y descubrir — también más allá de los conocimientos estable­cidos y, en parte, caducos que se imparten en las universidades desde hace décadas hasta hoy día.

A lo largo de su larga experiencia práctica, la Dra. Med. Vet. Jutta Ziegler ha llegado a la conclusión de que la alimentación incorrecta con piensos industriales, vendidos como alimentos "premium" a pesar de su escaso valor, es la principal causa de múltiples enfermedades. Esto lo demuestra el dramático aumento de casos de cáncer en perros y gatos, paralelo a la oferta creciente de piensos de baja calidad en super­mercados, tiendas on-line y en las conocidas tiendas especializadas. La Dra. Ziegler se asombra y se estremece al contemplar cómo sus colegas (masculinos y femeninos), que poseen o deberían poseer ciertos cono­cimientos, se dejan arrastrar por los gigantes de la industria y venden estos piensos en sus consultas.

Pero como la indignación por sí sola no conduce a ninguna parte, la Dra. Ziegler colabora desde hace años con una empresa alemana para elaborar un pienso con ingredientes prensados exclusivamente en frío, pudiendo así ofrecer a sus clientes una alternativa más sana para perros y gatos.

A lo largo del año 2011 salió al mercado una línea especial de pien­sos para gatos. La oferta se completó con una amplia gama de produc­tos naturales de gran calidad (suplementos alimenticios, curas antipa­rasitarias biológicas, hierbas, plata coloidal etc.).

Con este libro, Jutta Ziegler pretende asimismo acercarse a due­ños responsables de perros y gatos que no son clientes de su consul­ta, poniendo a su disposición conocimientos e informaciones de gran utilidad (y gracias a los cuales muchos de mis propios animales han podido escapar de la "guadaña de la muerte" o disfrutar de una vida cualitativamente mejor) .

Quizá tenga usted la posibilidad de encontrar en su ciudad o en los alrededores un veterinario como la señora Dra. Ziegler, ya que, afor­tunadamente, existen más representantes del gremio de la medicina veterinaria que trabajan con principios parecidos. En caso contrario, le propongo que muestre este libro a su veterinario. Puede ocurrir que éste lo lance furioso contra una pared; ¡aunque quizá sea lo suficiente­mente receptivo a conocimientos nuevos, o no tan nuevos pero enterra­dos bajo la rutina laboral, y se deje inspirar por él...!

Katja C. Schmidt,

Adnet en Salzburgo, enero del 2011

PRÓLOGO

¿Por qué he escrito este libro? ¿Por qué no dejo las cosas como están? Los veterinarios ganamos un buen sueldo con nuestros pacientes y sus dueños no se dan cuenta, salvo en una minoría de casos, de la "rueda de hámster" en la que se están metiendo cuando vienen a visitarnos. Muchos de ellos se sienten incluso agradecidos por los aparentemente abnegados esfuerzos que realizan sus veterinarios.

De ningún modo pretendo criticar a los veterinarios honestos que, por supuesto, existen. Más bien me dirijo a aquellos y aquellas colegas que abusan sin escrúpulos del amor de los clientes por sus mascotas y que juegan a angustiarlos para luego poder hacer lo inimaginable con sus animales, aunque sea absolutamente disparatado o innecesario. No estoy denunciando posibles errores en los tratamientos que, natu­ralmente, siempre podemos cometer (los veterinarios también somos humanos). Lo que pretendo desvelar es la precaria situación de lo que está ocurriendo miles de veces cada día en las consultas veterinarias, por culpa de la ignorancia, el desconocimiento y la mala fe (¡!).

Igual que en la medicina humana, se está jugando con el miedo, el desconocimiento y la mala conciencia de los dueños ("Si usted no hace tal o cual cosa, puede ocurrir...", o también, "¿Por qué no ha hecho usted esto o aquello ... ?"). Estas argumentaciones, casi intimidadoras, hacen posible la imposición de tratamientos, vacunas y medicaciones innecesarias. Muchas mascotas se convierten entonces sistemáticamente en pacientes, simplemente porque el veterinario exagera sus síntomas o los malinterpreta el tiempo necesario, hasta que un perro o un gato sanos se convierten en animales enfermos o, como mínimo, en animales que requieren tratamiento. Naturalmente, los dueños, asustados e inse­guros, creen todo lo que ha vaticinado el "semidiós de la bata blanca". Básicamente, se puede clasificar a los veterinarios en tres grupos.

En el primer grupo encontramos profesionales cínicos y corruptos que saben exactamente cómo sacar el dinero del bolsillo de los clientes.

Son plenamente conscientes de la dudosa moral de su proceder. Movidos por estrecheces y presiones económicas o simplemente por pura codicia, actúan sin consideración hacia sus pacientes animales, siendo más fieles a los principios de la "monética" [N.d.T.: money + ética] que a los de la ética.

Al segundo grupo pertenecen los veterinarios que no reflexionan demasiado sobre la ética profesional sino, más bien, actúan como les han enseñado o "como todos los demás". Imitan sin reprobación lo que ha sido "aceptado desde siempre", sencillamente se dejan llevar y van discurriendo, con anteojeras, junto con el resto de sus colegas. Es un grupo numeroso que acepta sin vacilar los consejos de la in­dustria de piensos y de las empresas farmacéuticas, sin cuestionárselos y sin objeciones. Tampoco son conscientes de las contradicciones de su comportamiento. Por un lado, actúan con la buena intención de ayudar a sus pacientes. Por otro, no indagan acerca de las causas de las enfermedades crónicas, cada día más frecuentes. En realidad, estos profesionales asisten con diligencia a seminarios de formación, lo cual es muy loable; pero la comprensión de la globalidad, así como el sano sentido común humano, han quedado relegados a un segundo plano. Además, ¿qué veterinario se atrevería a decir a un cliente, por ejemplo, que su perro está "sano" y que se vaya tranquilamente a casa? El temor a perder al cliente con tales afirmaciones, aunque sean verdaderas, y a que éste caiga en las manos de otro colega es incuestionable. Por eso, en lugar de actuar así, se exageran algunas menudencias y se propo­nen exploraciones y medicaciones innecesarias para nuestros pacientes cuadrúpedos. Por otro lado, el tema de la prevención es ignorado en grado superlativo. Las enfermedades, independientemente de lo fre­cuentes que sean, se conciben como algo "caído del cielo por casua­lidad" y se afrontan mediante tratamientos que van a generar otras enfermedades. A lo largo de todo el libro y a modo de hilo conductor, veremos ejemplos de ello.

Desgraciadamente, el tercer grupo de veterinarios es todavía muy pequeño aunque, a primera vista, parece que está aumentando. Como en la medicina humana, cada día existen más veterinarios que no se venden a la industria, que reflexionan sinceramente acerca de las me­jores opciones para sus pacientes y que no anteponen sus intereses económicos a la salud y el bienestar de los animales que les han sido confiados. Estos profesionales son independientes de la industria de piensos y de la industria farmacéutica y solo rinden cuentas ante su propia conciencia. Desde el punto de vista económico, deberíamos pensar que los re­presentantes del primer grupo pertenecen al colectivo de trabajado­res con sueldos privilegiados. Sí, es cierto; pero cada día existen más consultas veterinarias que realizan un trabajo holístico y ético para beneficio de los animales — y, no obstante, también generan suficien­tes ingresos. Los veterinarios, como los médicos, vivimos de nuestro trabajo. Por eso es justo, igual que en cualquier otra profesión, que los colegas diligentes y trabajadores tengan mejores sueldos, pero por fa­vor, ¡no a costa de la salud de los pacientes que han sido puestos en sus manos! Por último, deseo mencionar el grato aumento del número de clientes críticos y bien informados, en gran parte gracias a "internet" que, sin duda, contribuirá a la proliferación del número de consultas veterinarias de orientación holística.

Estimados lectores, este libro debería ayudarles a poner en duda die­tas y medicamentos prescritos, así como métodos dudosos de diagnós­tico y tratamiento, con el fin de que ustedes mismos puedan reconocer de antemano a cuál de los grupos de veterinarios mencionados pertene­ce el representante que se encuentre ante ustedes.

Sin embargo, volvamos a la pregunta planteada al principio: ¿por qué he escrito este libro? Desde hace más de tres décadas regento una consulta veterinaria independiente para animales de compañía. En estos últimos años he adquirido plena conciencia de cómo los veterinarios, divulgando información falsa sobre todo lo referente a la alimentación de nuestros perros y gatos, a la excesiva frecuencia de vacunaciones y al uso exagerado de antibióticos y medicamen­tos químicos, han provocado literalmente enfermedades crónicas en nuestros pacientes animales. El aumento de casos de diabetes, epi­lepsia, inflamaciones de páncreas, enfermedades de hígado y riñón, alergias y muchas otras afecciones, ha sido generado principalmente ¡por nosotros mismos, los veterinarios! Por supuesto, tampoco jue­ga un papel desdeñable la excesiva selección realizada en la cría de muchas razas de perros y gatos, causa de innumerables trastornos crónicos y enfermedades que, hace treinta años, no existían o eran auténticas rarezas.

Como profesionales, los veterinarios deberíamos recapacitar ante estos hechos. Me opongo rotundamente a quienes argumentan que nuestros perros y gatos son cada día más longevos gracias a tratamien­tos innovadores y exhaustivos y a piensos adecuados para cada enfer­medad, porque esta afirmación no es correcta. Es verdad que algunos ejemplares de perros grandes consiguen vivir 15 años o incluso más; pero, aparte de que el número de estos es cada día más escaso, estos animales suelen llegar a esta edad como enfermos crónicos. Hace vein­te o treinta años, cuando nuestros perros o gatos enfermaban, nor­malmente a una edad muy avanzada, morían tras una corta agonía. Hoy, nuestros animales de compañía toman muchos medicamentos, la mayoría innecesarios, para poder llegar a vivir 12 años o algo más. Y es casi imposible estimar cuántos pobres perros y gatos languidecen, de hecho, bajo tratamientos de larga duración.

Se está produciendo un paralelismo curioso entre nuestra salud y la de nuestros animales caseros. Dicen las estadísticas que nosotros llegamos a edades cada día más avanzadas. De acuerdo: pero esto va acompañado de un menoscabo de la calidad de vida, ya que nos con­vertimos antes en enfermos crónicos. Lo mismo está ocurriendo con nuestros animales caseros (¿cómo habría de ser diferente?): debido a la mala calidad de los alimentos procesados en industrias, a un estilo de vida inadecuado, al envenenamiento con medicamentos, a la contami­nación medioambiental... etc., la incidencia de enfermedades crónicas en mascotas ha aumentado vertiginosamente. Afortunadamente, cada día se oyen más voces críticas que intentan denunciar esta situación en la medicina humana. Nuestro sistema sanitario está en quiebra, ya que nadie puede ni quiere pagar unos costes en constante aumen­to. Precisamente en el ámbito de la información y la prevención, no estamos mejorando nada y, mientras haya terapeutas que continúen trabajando como hasta ahora, no se producirá un cambio esencial. Si no otorgamos la debida importancia a la prevención, no progresare­mos en absoluto. Entre los veterinarios y sus pacientes, la situación es muy parecida. Mientras no se produzca un cambio de conciencia y de paradigmas, todo va a continuar como hasta ahora. Es decir, los profe­sionales de la salud tendremos que tratar a niños y a adultos, así como a perros y gatos, cada día más gordos y más enfermos.

En el mundo veterinario no existe la seguridad social. Por un lado, mejor; pero por otro, no, ya que este "seguro de enfermedad", si lo hu­biera, no pagaría muchos análisis, recetas y tratamientos innecesarios y, de ninguna manera, costearÍan los "piensos dietéticos".

Pero, ¿quién decidiría qué es necesario y qué no lo es? "La medicina veterinaria" es una profesión libre y debería serlo siempre. Pero repito: cerca del 80-85% de los 5,5 millones de perros que viven en Alemania actualmente padecen de manera crónica de obesidad, de daños hepá­ticos, de enfermedades metabólicas, de diversos problemas del sistema digestivo, de debilidad inmune, alergias, enfermedades cancerígenas, infecciones y trastornos diversos del sistema óseo. Por cierto, hoy día, el cáncer está situado en el primer lugar de las estadísticas de mortali­dad animal.

Precisamente nosotros, los veterinarios, deberíamos utilizar nuestra valiosa libertad terapéutica para cultivar un contacto directo y sincero con el propietario, proporcionando desde el principio información cla­ra y posibilidades de prevención, así evitaríamos una gran parte de las enfermedades mencionadas anteriormente. Desgraciadamente, la ruti­na diaria en las consultas es muy diferente. Debido al desconocimiento y a la ignorancia de los veterinarios o, más bien, por intereses pecunia­rios, nuestra clientela es martirizada e inmolada con todo tipo de medi­das absurdas que causan la degeneración hacia enfermedades crónicas.

Con este libro, estimado lector o lectora, ¡tengo la intención de zarandearle hasta que despierte! Asimismo desearía llamar la atención de mis colegas y de los propietarios de animales sobre los múltiples errores y la precaria situación actual en las consultas veterinarias.

Soy muy consciente de que la mayoría de mis compañeros no están conformes con mis conocimientos y convicciones, entre otras razones, por miedo a perder valiosas prebendas. Se me va a acusar de incompe­tente, de "ensuciar el nido" y ¡qué sé yo de cuántas cosas más! Pero la correlación entre el número creciente de perros y gatos enfermos y el aumento del consumo de antibióticos, productos para la desparasita­ción etc., confirma que algo no está funcionando en nuestro sistema. No hay ningún argumento contra ello: son hechos.

Por cierto, tengo bien claro que no voy a poder influir o convencer al ya mencionado grupo de veterinarios cínicos y corruptos. Sin em­bargo, en el segundo grupo de "aquéllos que nadan con la corriente", seguramente habrá compañeros receptivos a ciertas actitudes críticas y a estímulos de cambio. Los miembros del tercer grupo que, de hecho, ya piensan y trabajan de un modo similar al mío, encontrarán en este libro algunas ideas que tal vez solo habían intuido o sospechado hasta la fecha, además de innumerables confirmaciones sobre lo que ya sabían.

Finalmente, desearía mostrarles un ejemplo del increíble cinismo de un compañero de profesión, con el cual yo misma he tenido un percance.

Hace aproximadamente un año, me encontré con un colega del Ti-rol, defensor apasionado de toda la gama imaginable de piensos dieté­ticos que, por supuesto, vende en cantidades ingentes en su consulta. Cuando le pregunté si era consciente del daño que estaba causando a sus pacientes con tales productos, obtuve la siguiente respuesta: "Sí, claro que lo sé... así cada día tendré más pacientes. Oye, de eso vivo y, por cierto, ¡muy bien!". ¿Qué se puede replicar a esto?

Desgraciadamente, soy plenamente consciente de que este tipo de "profesionales" no tiene ningún interés en cambiar su forma de pen­sar. En tales casos, solo existe un colectivo muy poderoso que puede ejercer presión sobre su manera de trabajar: ¡ese grupo son ustedes, los dueños de perros y gatos! Infórmense, conviértanse en expertos sobre lo que beneficia a sus animales y, si es necesario, atrévanse a pronun­ciar un rotundo "¡NO!" ante sus veterinarios.

El cumplido más hermoso que pude recibir de un cliente, como me sucedió hace unos días, es oír que su perro no ha vuelto a enfermar desde que está en mis manos. Por eso espero que usted también tenga la posibilidad de encontrar un veterinario cerca de su casa que trabaje con métodos holísticos, por el bien y la salud de su animal, en lugar de uno que lo haga enfermar con piensos y tratamientos perjudiciales.

Mi libro podría y debería ser una guía para usted porque ofrece alternativas para poder hacer un uso razonable y consciente de medi­camentos, piensos, curas antiparasitarias y vacunas.

Jutta Ziegler,

Hallein en Salzburgo, enero del 2011

 

  • Autor/es: Jutta Ziegler
  • Editorial Macro ediciones
  • Formato 14,5 x 21 cm
  • Páginas 224
  • Encuadernación Rústica (tapa blanda)
  • Ilustraciones Blanco y negro

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