Buscador

Arboles Guardianes De La Magia Maximizar

Arboles Guardianes De La Magia

Alex Newman (aut)

26,95 € sin IVA

¡Precio rebajado!

-5%

28,37 €

No toda la magia ha desaparecido del mundo. Hay algo en la tierra que emerge y llena el aire donde las hojas de los árboles se confunden en la niebla o refulgen bajo el sol ardiente. Algo que se transmitió a los primeros seres humanos cuando bajaron de las ramas y empezaron a andar, algo que se llevaron con ellos cuando volvie...

Más detalles

9788475565927

No toda la magia ha desaparecido del mundo. Hay algo en la tierra que emerge y llena el aire donde las hojas de los árboles se confunden en la niebla o refulgen bajo el sol ardiente. Algo que se transmitió a los primeros seres humanos cuando bajaron de las ramas y empezaron a andar, algo que se llevaron con ellos cuando volvieron a los bosques primigenios...
Hay árboles que señalan el cielo, otros que se inclinan hacia las profundidades, hay árboles de fuego y los hay de agua, hay algunos venenosos, egoístas, y otros generosos, que abren las ramas para ofrecernos sus dádivas con deleite.
Pero los que más me gustan son los árboles con memoria, los que han vivido episodios turbulentos, los que esconden el recuerdo de la magia que un día dominó el mundo y que otro día desapareció para siempre.
En este libro te mostramos las especies que han sido adoradas en algún momento de la historia por aquellos que sintieron su poder, los mitos que los envuelven, sus propiedades como árboles medicinales, su simbolismo y razones para amar y sentir su alma.
Alex Newman es un amante de los árboles. Viajero empedernido, geógrafo de profesión, botánico por afición y escritor por amor, ha dormido bajo los baobabs en el Okavango y bajo los pinos en el Círculo Polar Ártico. Dice que los árboles centenarios son guardianes de la magia, de la memoria y de la belleza que forma parte de su naturaleza.
En este libro, Árboles. Guardianes de la magia, ha querido revelar a los lectores las especies cuyo poder mágico ha sido reconocido desde el principio de los tiempos.
Algunas atraen la luz y protegen los hogares cuando los seres de la oscuridad andan sueltos; otras conviene esquivarlas, llaman a la oscuridad y su contacto es ponzoñoso, cuando no es mortífera su ingestión.
Pero, en general, su presencia es señal de que hay alimento, sombra, agua, leña, material de construcción y, en la mayoría de los casos, sustancias que contienen propiedades medicinales. Y todo eso quiere decir únicamente que la buena suerte nos acompaña cuando en las proximidades hay árboles.

INTRODUCCIÓN

Durante generaciones, los tuaregs habían respetado aquel árbol solitario, un árbol retorcido, cuya grandeza no estaba en las ramas altas, desde donde un pájaro podría contemplar la vasta extensión de tierra del Teneré, uno de los lugares mas áridos y bellos del Sahara. Su grandeza estaba bajo el suelo, en las raíces que habían perseguido la humedad en su huída hacia las profundidades, treinta metros camino del infierno, en busca del líquido elemento que empezó a desaparecer hace dos mil años de la superficie. El agua se retiraba mientras los árboles desaparecían. Durante el auge del Imperio Nuevo del Antiguo Egipto todavía era posible ver acacias dispersas por aquí, y bosquecillos de cipreses donde ahora sólo hay restos de puntas de flecha y de dinosaurios que desaparecieron hace millones de años, como si la tierra se hubiera contraído y hubiera empujado hacia arriba toda la historia transcurrida en ese lugar.
La historia de los árboles es la historia de los cambios climáticos y geológicos de la tierra; pero también es la historia del alma humana, de sus creencias, de sus miedos, de sus avances y retrocesos. En su avance, fenicios, griegos y romanos distribuyeron por las tierras conquistadas los árboles más productivos y útiles que conocían, el olivo y el castaño entre ellos, añadieron la vid y algunas gramíneas y convirtieron el Mediterráneo en un granero.
Roma cae entre los siglos IV y V, en una época en que el clima se hace más frío y las cosechas disminuyen. El imperio dejó una población abundante que no tardó en aprovechar los bosques más allá de su capacidad de regeneración. El bosque mediterráneo se resintió notablemente; en cambio, las lluvias abundantes del centro y norte de Europa mantuvieron e incluso incrementaron los grandes bosques boreales, pero el exceso de humedad y el frío hicieron que la población se desplazará hacia el sur, aumentando la
presión sobre el ámbito mediterráneo. Atrás quedaron las tribus de los bosques, que adoraban a los árboles, se reunían a la sombra de los robles, pedían permiso antes de cortar una rama de saúco o de serbal, se inclinaban ante el fresno y el sauce, plantaban olmos en los cementerios y no miraban atrás para no interferir en los encantamientos de las hadas.

El fin de la magia
Los romanos intentaron asimilar las creencias de los países que conquistaban. Eran tan-tos los dioses adorados que César Augusto intentó abolirlos todos, pero no se pueden abolir divinidades por decreto. En Roma convivían todas las religiones del imperio, y todos los dioses. La clase gobernante, culta, tenía sus preferencias, una mezcla de las creencias griegas y etruscas que se vio amenazada desde el siglo i por el cristianismo, nacido en Oriente Medio. Durante un tiempo, Roma defendió a sus dioses, pero éstos deja-ron de prestar atención a los ciudadanos, y el cristianismo, más fácil de entender y de atender, acabó por derrotarlos a todos, y después de grandes sacrificios, conquistó el gobierno y deshizo el imperio.
Con el orden imperial destruido, las redes de distribución de alimentos dejaron de funcionar y Europa se sumió en el caos. Temiendo el renacer de los viejos mitos (los árboles se cernían sobre caminos y campos abandonados, ocultando la luz), el cristianismo envió predicadores y construyó monasterios en todos los rincones del mundo conocido, ayudados por el poder del báculo y la espada de una nueva Roma.
El cristianismo creció como un fuego avivado por el viento. La figura nueva del predicador, recorrió el continente como las brasas de un incendio. Sólo hay un dios, el Dios de los cristianos, que ha creado la naturaleza para servir a los hombres. Desde su perspectiva, los árboles son madera para quemar y para construir, los ríos son agua para beber y regar, los animales sirven para arrastrar el arado o como fuente de alimentación, y cualquier poder emergido de la tierra es obra del demonio. Toda la compleja red de rituales que envuelven el uso de la naturaleza desaparece. Los romanos, que habían adoptado todas las religiones y las habían transformado en la suya propia, llenaron el imperio de santos con su obsesión por acabar con el cristianismo, y finalmente, hadas, duendes, gnomos, huyeron despavoridos, relegados a los más profundos bosques, para finalmente extinguirse.
En la antigua Galia, cada tribu poseía un lugar de reunión sagrado, el nemeton, que consistía en un pequeño bosque en torno a un árbol sagrado. La cristianización los quemó todos y los utilizó para construir las primeras iglesias, y al mismo tiempo prohibió la adoración de los árboles y de todos los ritos relacionados con ellos. Llamarse tribu de los tejos o de los olmos pasó a tener un carácter simbólico relacionado con el pasado. La
catedral de Chartres, por ejemplo, se construyó sobre lo que antes fue un bosque sagrado de robles. Pero las ramitas de saúco y de serbal, el sauce, al abedul, el álamo... aún después de la cristianización siguen significando algo. Algunos árboles adquirieron carácter sagrado en aquellos tiempos, como el espino albar de la abadía benedictina de Glastonbury, que surgió del bastón de san José de Arimatea, de quien dice la leyenda que llevó a Inglaterra el Santo Grial, junto con el cristianismo, en la segunda mitad del siglo 1.

Cortar la vida, renovar los símbolos
La desaparición de los bosques, no obstante, se inicia mucho antes. En el primer poema épico de la historia, Gilgamesh, se justifica la tala de los grandes bosques de cedros alegan-do que en ellos se oculta un demonio muy peligroso. El desastre cuenta con la aprobación de los dioses. Los bosques oscuros son a menudo morada de seres demoníacos, y la mejor manera de expulsarlos es talar o quemar; así, además, se abren campos de cultivo y de pastoreo y en el mejor de los casos se aprovecha la madera. Con la desaparición de los bosques más remotos, últimos reductos de la magia, desaparecen las sombras, símbolo de la ignorancia y la superstición, y llega la luz, símbolo del conocimiento y la razón.
El avance de las nuevas creencias no tarda en superar los límites del imperio romano. El gran árbol del universo en los mitos germanos y escandinavos, el fresno Yggdrasil, entre cuyas raíces, hundidas en el mundo subterráneo, estaba la fuente del conocimiento, y que llegaba hasta la morada de los dioses en el cielo, cae bajo el hacha de san Bonifacio y derriba todos los árboles a su alrededor, pero deja en pie un pequeño abeto del que no tardarán en colgarse las manzanas que representan la pureza, la fertilidad y los regalos a los que todos los niños tienen derecho en Navidad. Este simbolismo demasiado complicado se convierte en un cuento más comprensible para los niños: aquella mañana, después de una gran nevada, el pueblo entero salió a buscar al niño perdido, que se había salvado de la muerte escondiéndose debajo de un abeto, el único árbol verde del invierno, el árbol de Navidad que protegió al niño Jesús.
Esta manera de cambiar las historias para hacerlas más comprensibles tiene un ejemplo formidable en el «cordero de Dios» bíblico, que entre los esquimales se convierte en la «foca de Dios». Al fin y al cabo, lo que importa es lo que simboliza. No importa que no hubiera manzanas ni abetos en el paraíso, sino higueras y acacias. No importa que el tejo sea simplemente el árbol de la muerte por su aspecto sombrío o que el ciprés y el álamo sean árboles de la vida porque señalan al cielo.
Los mayas creían que una ceiba gigantesca hundía sus raíces en Xibalba, el reino de los muertos, y extendía sus ramas hasta el cielo y los cuatro puntos cardinales de la tierra. La ceiba es el árbol más grande de la selva, y en todas las aldeas una de ellas preside las reuniones y simboliza el orden del universo.
Robles, encinas y álamos aparecen en los santuarios de los oráculos griegos representan-do a los dioses. En Dódona, en tiempos, había un roble (o encina) gigantesco bajo cuyas ramas descansaba Zeus, y que luego las pitonisas consultaban para conocer el futuro por el susurro del viento en sus hojas, cualidad o don que también poseían los álamos y los sauces. En Delfos había un laurel sagrado de cuyas hojas debía comer la pitonisa para adquirir el poder de las visiones (puesto que Linneo no había nacido, creemos que debió de ser una especie de laurel, hoy desaparecida, que contenía una sustancia psicoactiva). Las traducciones nos dicen que, en los mitos griegos, Dafne se transformó en laurel, Leuce en álamo blanco, Filira en tilo, Attis en pino y Baucis y Filemón en encina y tilo, pero hay tantas versiones y traducciones que es imposible estar seguros de a qué árbol concreto se refieren. Ni siquiera es posible precisar si la proa del Argos donde viajaban Jasón y los argonautas estaba hecha de roble o de encina, pues los griegos mencionan el género, que es el mismo, y mientras en el centro de Europa se traduce como roble, en el sur se traduce como encina.

Oriente Próximo
En cuanto a las transcripciones de los árboles en los países nórdicos, que sirvieron de base a nuestras versiones bíblicas, hay que acudir a los orígenes del cristianismo en las tierras abiertas del Oriente Próximo, donde los árboles escasean y se valoran por su capacidad de ofrecer algo: olivas, higos, quizás una sombra, vino, tal vez madera. En la Biblia, aparecen en numerosas ocasiones: los frutales no deben ser talados durante el asedio a una ciudad, las aceitunas sirven para hacer aceite, el olivo es una metáfora de Israel, que si no da frutos, debe extirparse, el manzano (o higuera) del paraíso, fue árbol de la vida antes que árbol del conocimiento (en la Edad Media se llegará a pintar de verde la cruz de Cristo simbolizando este árbol); incluso se mencionan por su belleza: olivos, higueras y granados son una bendición de Dios, ya que «dan fruto» y son bellos.
En la Biblia que nos ha llegado aparecen mencionados 22 árboles y arbustos. Muchos de ellos han ido cambiando con las traducciones: del arameo al griego, de éste al latín y al alemán, al inglés y al castellano; en general, se menciona el género, y nosotros añadimos la especie. La tuya y el algarrobo sólo aparecen en el Nuevo Testamento. La tuya podría ser cualquier otro árbol y el algarrobo aparece una vez en el Evangelio de Lucas. La palmera datilera, la higuera, el olivo, el granado y el tamarisco (éste como muestra de degradación) también aparecen en el Corán. En el Corán aparece un árbol misterioso, el zaqqm (tal vez el cactus Euphorbia abyssinica) «un azote para los injustos que crece en las profundidades del infierno, con frutos que son como cabezas de demonios, con los que se alimentarán y llenarán sus vientres, junto con tragos de agua hirviendo...» (Sura 37: 62-68). Para el Corán, los árboles frutales y la leña son dones divinos.
En la actualidad, a los cristianos les queda un bosque sagrado en el Líbano, adorado por los maronitas, pero el bosque de los Cedros del Señor apenas tiene ocho hectáreas protegidas, las únicas restantes donde hay árboles milenarios. El islam, tan reacio a los iconos, honra a diversos árboles plantados junto a las tumbas de determinados santos en Irak, Israel, Siria y Líbano. Los fieles colocan flores o lazos colgados de las ramas.
Muchos años después de haberse olvidado de los árboles, algunos de los mitos relacionados con ellos en el mundo celta renacen durante el siglo XX. En 1947, Robert Graves escribe La diosa blanca y recrea una especie de calendario celta de los árboles que sirve a los ideólogos de la Nueva Era para resucitar, con más imaginación que veracidad, lo que los antiguos veían en los árboles. Casi todos los calendarios celtas son diferentes, no tienen en cuenta la evolución de los astros y pretenden asignar a los árboles una personalidad atribuible a quienes hayan nacido en la fecha que corresponde a la especie. Si tu árbol es el roble, naturalmente serás fuerte y resistente; si es el sauce, te adaptarás a todas las circunstancias, como el bambú o la palmera que se doblan con el viento.
En España hay una conexión importante con el mundo celta en la cornisa Cantábrica; no en vano, los primeros pobladores míticos de Irlanda vinieron de Galicia. Los bosques gallegos, cántabros, astures y vascos se llenan de figuras de la mitología local, espíritus y entidades similares a las hadas y gnomos propios del mundo anglosajón. El árbol anterior al cristianismo simbolizaba la fertilidad; luego, algunos pasaron a ser lugares de reunión de los concejos y por fin adquirieron un sentido político que se ha conservado hasta ahora, sobre todo en el País Vasco, con el árbol de Gernika, pero también con los de Larrazabal, Arechabalaga o Ustariz. En Cataluña, al otro extremo del Pirineo, el llamado "pi de las tres branques" es un símbolo del nacionalismo. Los árboles históricos del mundo vasco, el fresno, el haya y el roble propios del mundo de las hadas han sido sustituidos en la actualidad por los pinos de Monterrey importados de Estados Unidos, mucho más rentables económicamente.

El árbol plantado del revés
En África, donde el animismo no ha podido ser derrotado del todo por las religiones monoteístas, se sigue considerando sagrado el gran árbol que preside el poblado, bajo el cual se realizan las reuniones importantes y el hechicero ejercita su magia; normalmente, un árbol gigantesco que ha sido respetado durante generaciones y que probablemente ya estaba ahí cuando se construyó el poblado, tal vez un ejemplar enorme de la especie Kigelia, el árbol de las salchichas, cuyos frutos son la imagen perfecta de la fertilidad. En las afueras del poblado se encuentran el tamarindo, asociado con los espíritus y los termiteros, y el mágico baobab, que los dioses arrojaron boca abajo o que la hiena no supo cómo plantar por su estupidez congénita (no tan cierta según los etnólogos). En el cora-
zón de los baobabs sahelianos se entierran los griots (la memoria del pueblo) para mantenerlos alejados del suelo, en Madagascar hay algunos que albergan espíritus buenos, incluso hay uno que alberga el espíritu de una princesa, y en el Okavango los elefantes se rascan el lomo molestando a las abejas africanas que viven en su seno.
Para algunos pueblos africanos, como los mbutis, «hijos del bosque», éste es sagrado como fuente de vida, en tanto que provee al ser humano de todo lo necesario; claro que los mbutis viven en el Congo, donde es dificil librarse del bosque omnipresente. No es de extrañar que los pigmeos y otros pueblos del interior del bosque respeten ciertos árboles o ciertas zonas del bosque como sagrados.

Los bosques sagrados de la India

En el Extremo Oriente hay varios árboles importantes que tienen carácter sagrado, por ejemplo, el sándalo en la India, o el sakaki, en Japón, la Cleyera japonica, que forma parte de la creación sintoísta, pues éste árbol fue extraído por dioses del monte Kaga con sus quinientas ramas, de cada una de las cuales colgaron quinientas joyas, un espejo y ofrendas blancas y azules. Cuando la diosa Amaterasu, que se había encerrado en una cueva, avergonzada por el comportamiento de su hermano, salió y se vio en el espejo, decidió volver a la vida, y llevó la luz a los cielos y a la tierra, dando origen al moderno sintoísmo. En Japón hay numerosos bosques sagrados que contienen bellos santuarios, como Kashuga Taisha, cuya naturaleza primaria alberga más de cien clase de árboles y arbustos.
Hay bosques sagrados en el norte de Australia relacionados con la Tierra del sueño de los aborígenes, en el monte Kenia relacionados con los espíritus del volcán, y en Filipinas con los del arroz, pero donde hay más bosques sagrados es en la India; hay quien dice que cien mil, pero entre los más de diez mil registrados abarcan poco más de cien hectáreas de bosque virgen. Sólo en el estado de Tamil Nadu, al sur del país, hay unos quinientos bosques sagrados, dedicados a deidades hindúes como Ayyanar, a divinidades shaivitas o vaishnavitas (formas de Shiva y de Visnú), a los dioses serpientes (formas de Vishnú) o a un espíritu antiguo, anterior al hinduismo. En muchas aldeas tienen un bosquecillo sagrado, dedicado a la diosa de la fertilidad; en ellos moran la higuera de agua, el tamarindo, la margosa, el mango y la jambolana, árboles en los que viven los espíritus que deben honrarse, atando a ellos trapos de colores determinados u otros objetos, como cunas de juguete para propiciar un nacimiento, o caballos de barro para asegurarse una buena cosecha. Los bosques no pueden talarse, y si se hace, debe ser por una buena causa y con una ceremonia concreta. Todos están relacionados con el agua, y la mayoría están en la cabecera de los ríos. En ellos crecen la cúrcuma, el jengibre y el cardamomo entre otras plantas medicinales que utiliza la medicina ayurvédica. Naturalmente, la modernización está acabando con estos bosques sagrados, cada vez más reducidos. En los antiguos
kans, bosques sagrados de Uttara Kannada, una región húmeda del sudoeste de la India, en el estado de Karnataka, estaba prohibido cortar los árboles, y en su interior vivían tigres, elefantes, panteras y osos, una combinación sólo encontrada en la actualidad en los libros de Kipling. Durante el periodo veda ni siquiera se construían templos y los kans se conservaron plenamente vírgenes, regados por las abundantes lluvias de la región. Con el desarrollo del hinduismo, empezaron a construirse templos y los bosques fueron abiertos, y por último, la llegada de los británicos convirtió los kans en simples recursos forestales.
Hay referencias de hace cinco mil años que ya mencionan a la higuera de Buda (Ficus religiosa) o pipal como árbol sagrado, adorado desde la época de Mohenjo-Daro, en la Edad del Bronce. En Indonesia también abundan los bosques sagrados, aunque me remito a los grandes incendios que provoca la sobrepoblación para señalar que tienen los días contados, como en Java y en Nueva Guinea.
No quiero acabar sin hacer mención del bosque de Broceliande, donde vivía Merlín el Mago, el protector del rey Arturo, cuyos restos aún pueden visitarse en Inglaterra. Como las personas, los árboles adquieren carácter con los años, y los árboles centenarios, que han vivido durante varias generaciones humanas, están rodeados de un aura que los jóvenes no poseen. Naturalmente, antes de llegar a viejos, los santos han sido jóvenes, y es cuando se ha forjado su carácter. Hoy he estado paseando por un bosque joven de ave-llanos, cerezos y manzanos, en el que también crecían abedules, fresnos y pinos silvestres. Había un torrente. El viento susurraba en las hojas. De pronto, un urogallo ha echado a correr delante mío por el camino y por fin se ha adentrado en la maleza.
No puedo dejar de pensar en aquella acacia del Sahara. Probablemente, el auge del islam se vio propiciado por una suavización del clima al norte de África. En esa época, crecían acacias y cipreses en el Hoggar y el Tenéré, donde luego quedó aislada la famosa acacia, y ahí siguió, en tierras de Níger, una referencia única para los viajeros que atravesaban el Sahara, hasta que un camionero ebrio se echó sobre ella hace poco más de treinta años y acabó con ella.

Alexander Newman

INDICE

7 INTRODUCCIÓN
14 EL ABEDUL BLANCO, REFUGIO DE LA LUZ
20 EL ABETO, ÁRBOL DEL NACIMIENTO
24 LA ACACIA, EL TRIUNFO DE LA DIVERSIDAD
32 EL ACEBO, COBIJO DE HADAS EN INVIERNO
38 EL AHUEHUETE, LA SOMBRA MILENARIA
42 EL ÁLAMO, LA MUERTE Y LA RESURRECCIÓN
48 EL ALISO, AMIGO DE LOS RÍOS
54 EL AVELLANO Y LA VARITA MÁGICA
6o EL BAOBAB, GUARDIÁN SECRETO DEL AGUA
68 Los TRES CASTAÑOS, BELLEZA Y ENERGÍA
74 EL CEDRO, SÍMBOLO DE PROSPERIDAD
80 LA CEIBA, EL CIELO POR MONTERA
84 EL CIPRÉS, UNIÓN ENTRE CIELO Y TIERRA
90 LA ENCINA, ÁRBOL DE ZEUS Y DEHESA CASTELLANA
96 EL ESPINO, ÁRBOL DE DUENDES Y DRUIDAS
102 EL FRESNO, EL ÁRBOL DEL MUNDO YGGDRASIL
106 EL GINKGO, ÁRBOL DE LOS CUARENTA ESCUDOS
112 EL HAYA, MADRE Y CREADORA DE LA TIERRA
116 LAS TRES HIGUERAS, ALIMENTO Y SABIDURÍA
122 EL LAUREL, LA DAMA DE APOLO 126 EL MANZANO, SÍMBOLO DE LA BELLEZA
132 EL MIRTO, EL DE LAS FRAGANTES HOJAS
136 EL OLIVO, LA LUZ DE LOS TEMPLOS 140 EL OLMO, NACIDO DE UN POEMA DE AMOR
146 LA PALMERA DATILERA, HIERBA-ÁRBOL DE LA VIDA
152 EL PINO, LA RESPIRACIÓN DE LA TIERRA
16o EL ROBLE, LA FUERZA Y EL CONOCIMIENTO
166 EL SÁNDALO, EL AROMA DE LA TIERRA
170 EL SAUCE, EL SONIDO DEL VIENTO
176 EL SAÚCO, LA MADRE SANADORA
182 EL SERBAL, ÁRBOL DE FUEGO
188 EL TEJO, VENENO Y LEGENDARIA VEJEZ
194 EL TILO, LA FORTALEZA Y LA PERSISTENCIA
198 BIBLIOGRAFÍA

El transporte de su paquete

Nos pondremos en contacto con usted para confirmar la disponibilidad del material de su pedido, forma de envío y de pago por teléfono o email. Hasta ese momento no podremos saber el coste exacto del envío y solicitar su aprobación.


PEDIDOS SUPERIORES A 100€ SIN GASTOS DE ENVÍO EN PENÍNSULA  

  • Sujeto a disponibilidad del producto o libro.
  • Para pedidos realizados antes de las 12:00 a.m. por teléfono o correo electrónico

FORMAS DE PAGO:

  • REEMBOLSO (SOLO ESPAÑA)
  • TRANSFERECNIA BANCARIA
  • PAYPAL

TARIFAS DE ENVÍO

ESPAÑA - PENÍNSULAPrepagoContra reembolso
Por Correo3,75€6,55€
Por Agencia de Transporte6,50€8,25€
ESPAÑA - BALEARESPrepagoContra reembolso
Por Correo5,55€7.55€
Por Agencia de Transporte10,00€12,00€
ESPAÑA - CANARIAS, CEUTA Y MELILLAPrepagoContra reembolso
Por Correo7,00€

8,55€

Por Agencia de TransporteNO DISPONIBLENO DISPONIBLE

GASTOS DE ENVÍO

  • El envío será realizado por correo previo pago por PayPal.

  • Se le notificarán el importe exacto y las condiciones del envío por correo electrónico.

POLÍTICA DE DESCUENTOS

Ofrecemos el máximo descuento legal en libros (5%) sobre el precio establecido por el editor en ventas realizadas por web según establece la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas. En ningun caso está autorizado un descuento mayor excepto en los libros de bibliófilo, los libros artísticos, los libros antiguos o de ediciones agotadas, los libros usados, los libros de texto y el material didáctico complementario.

No hay productos relacionados o libros del mismo autor

Los clientes que compraron este producto también han comprado...

  • Respirar Con Arboles

    Respirar Con...


    EL PODER DE LA RESPIRACIÓN Y LA...

  • La Astrología Sagrada de los Cheroquis

    La...


    UN MANUAL SOBRE LA ANTIGUA TRADICIÓN NATIVA...

carrito  

No hay productos


0,00 € Total

Estos precios se entienden sin IVA

carrito Confirmar

 

Pinterest de Librería Rerum Natura

Facebook de Rerum Natura