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Ramiro Calle (aut)

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Respiración consciente para vivir con plenitud

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«La respiración es energía, fuerza vital, vigor físico y mental. Es el vínculo entre el cuerpo y la mente, entre la consciencia y el inconsciente, entre el aliento individual y el Gran Aliento o aliento cósmico. La respiración es una aliada extraordinaria, una herramienta formidable que no debemos dejar de utilizar.
Existe una muy estrecha relación entre la respiración y la mente; tanto es así que los yoguis siempre han dicho que la respiración es el caballo y la mente es el jinete. Por la conquista de la respiración se llega a la de la mente; por el control de la mente surge el control de la respiración. Si estamos más atentos a nosotros, nos daremos cuenta de la íntima conexión entre la mente y la respiración. Los estados de ánimo se reflejan en un tipo específico de respiración, del mismo modo que cada tipo de respiración recrea un especial estado de ánimo. Una respiración mejor regulada, más profunda y ralentizada tiene un gran poder para calmar la mente y pacificar las emociones.»

Ramiro Calle

Maestro de yoga, Ramiro Calle ha viajado en noventa y nueve ocasiones a la India,  donde ha estado en contacto con grandes maestros espirituales. Ha sido profesor de yoga en la Universidad Autónoma de Madrid y en las Aulas de la Tercera Edad.
Desde hace más de cuarenta años dirige el Centro de Yoga Shadak en Madrid, por el que han pasado cuatrocientas mil personas. Es autor de más de doscientos libros, en su mayor parte relacionados con la búsqueda espiritual.

  • Rústica
  • Páginas: 144 /
  • Formato: 15 x 23 cm /

Índice

Agradecimientos      11
Introducción      13

  1. Doble aprovechamiento de la respiración     21
  2. La ciencia de la respiración      35
  3. Prana y pranayama      43
  4. Intensificando el efecto de pranayama      65
  5. La atención plena a la respiración      69
  6. Respiración y relajación      79
  7. Posturas para eliminar tensiones      83

Apéndice I      89
Apéndice II      121
Glosario      139

Introducción

No nos percatamos realmente de la importancia y tras­cendencia de la respiración. Enmarca toda nuestra vida. Al nacer lo primero que hacemos es inhalar y al morir, exha­lar. Respiramos millones de veces a lo largo de la vida, pues lo hacemos de quince a veinte veces por minuto. Sin em­bargo, no sabemos sacarle todo su provecho y beneficio. A veces respiramos superficialmente, incluso de modo entrecortado e irregular, y, además, no pocas veces por la boca, desaprovechando la capacidad que tiene la nariz de entibiar, regular y filtrar el aire.
La respiración es la primera fuente de vida. Salvo per­sonas muy entrenadas, no somos capaces de estar sin res­pirar más de un minuto. En cambio, podemos estar algu­nos días sin dormir y varias semanas sin comer. Con razón los antiguos sabios de Oriente siempre han insistido en la necesidad de aprender a respirar desde muy niños.
La respiración es energía, fuerza vital, vigor físico y mental. Es el vínculo entre el cuerpo y la mente, entre la conciencia y el inconsciente, entre el aliento individual y el Gran Aliento o aliento cósmico. En el yoga siempre se ha
valorizado al máximo el papel de la respiración. En el ha­tha-yoga se realizan ejercicios respiratorios muy impor­tantes y en el radja-yoga se aprovecha la respiración nor­mal para cultivar la atención y tranquilizar la mente. La respiración es una aliada extraordinaria, una herramienta formidable que no debemos dejar de utilizar.
Existe una muy estrecha relación entre la respiración y la mente; tanto es así que los yoguis siempre han dicho que la respiración es el caballo y la mente es el jinete. Por la conquista de la respiración se llega a la de la mente; por el control de la mente surge el control de la respiración. Si estamos más atentos a nosotros, nos daremos cuenta de la íntima conexión entre la mente y la respiración. Los esta­dos de ánimo se reflejan en un tipo específico de respira­ción, del mismo modo que cada tipo de respiración recrea un especial estado de ánimo. Una respiración mejor regu­lada, más profunda y ralentizada tiene un gran poder para calmar la mente y pacificar las emociones. En todo mo­mento se puede recurrir a la respiración, tomar conciencia de ella y pausarla, para recuperar el propio centro o pre­sencia de sí, distenderse, estar más presente y sosegado. Como la respiración siempre está con nosotros, la pode­mos convertir en una medicina de excepción para el cuerpo, la mente y las energías. También al tomar conciencia de la respiración y hacerla más lenta y más larga, estaremos me­jor preparados para combatir estados de irritabilidad, desquiciamiento, agitación o preocupación. No debemos infravalorar la gran importancia de la respiración bien re­gulada para equilibrarnos, estabilizar la mente y pacificar
las emociones. El solo hecho de captar la respiración nos permite situarnos en el instante o realidad momentánea. Es un medio excelente para no dejar que la mente vagabundee demasiado en el pasado y en el futuro y poder centrarnos en el esto-aquí-ahora. Incluso todos los días al despertar deberíamos conectar unos minutos con la respiración, y lo mismo al irnos a dormir.
Incluso para las personas que no practiquen hatha-yo­ga o las posturas de yoga es muy aconsejable que hagan los ejercicios básicos de respiración y se beneficien de los mis­mos. Son tanto para niños como para ancianos, para perso­nas sanas o enfermas. Los ejercicios básicos son: respiración diafragmática, respiración intercostal y respiración clavicu­lar. Lenta y pausadamente por la nariz, se conduce el aire al vientre y al estómago o a la zona media del tórax o a la más alta del pecho. En el apartado correspondiente nos deten­dremos sobre todo ello. Se toma y exhala tanto aire como sea posible, sin forzar. Estas respiraciones pueden realizar­se sentado o extendido, de pie o incluso caminando. Una vez perfeccionadas, se ejecuta la respiración completa o in­tegral, consistente en conducir el aire por la nariz hacia el vientre y el estómago; a continuación y sin interrupción, a la zona media del pecho y por último a la zona más alta del tórax. Estos cuatro tipos de respiración consciente son muy beneficiosos para tonificar los tejidos pulmonares, favore­cer la acción cardíaca, amplificar el volumen respiratorio, revitalizarse y entonar el sistema nervioso. También ayu­dan a controlar el pensamiento e interiorizarse.
Aunque hay yoguis muy avanzados en la práctica que pueden incidir voluntariamente sobre el pulso, la frecuen­cia cardíaca o los movimientos intestinales, la mayoría de
las personas no están entrenadas para ello y dichas funcio­nes operan inconscientemente; a pesar de que la respira­ción es una función inconsciente (como si algo respirase por nosotros), pero que con facilidad puede hacerse cons­ciente y voluntaria, pudiendo así profundizarla y regular­la. Hasta un niño, si se le explica, puede tomar conciencia de la respiración y hacerla más larga y profunda, como muestro en mi libro Yoga para niños (editorial Kairós).
Los ejercicios de atención a la respiración juegan un pa­pel destacado en la meditación. Hay un buen número de ellos y todos toman la respiración como soporte para el en­trenamiento metódico y gradual de la atención. Se trata de respirar con toda naturalidad y concentrarse en la respira­ción, sea en la sensación táctil que provoca, o en su curso, o en si el aire está dentro o fuera.
Esta preciosa función que es, pues, la respiración, puede ayudarnos en muchos sentidos. Deberíamos incorporar a nuestras vidas la práctica un poco asidua de los ejercicios res­piratorios y de atención meditativa a la respiración. Tam­bién, haciendo un juego de palabras, nos vendrá muy bien tomarnos un RESPIRO en la ajetreada vida que llevamos.
He puesto especial interés en la redacción de este libro. Ha sido un proyecto apasionante. Llevo más de cuarenta años dando clases de yoga y meditación y en ambos casos he insistido mucho en la necesidad de servirnos, para el autodesarrollo y la evolución, de la conciencia de la respi­ración. Respirar no es solo vivir; si estamos atentos a la res­piración, vivimos más plenamente.
En esta obra, que con tanto entusiasmo he llevado a cabo, me extiendo sobre muy diversos aspectos de la res­piración. He comprobado cómo su práctica ha ayudado a
decenas de miles de personas, tanto física como psíquica­mente. Ofrezco ejercicios para ser practicados, pues, como reza un antiguo adagio, de nada sirve leerse una y otra vez el prospecto de un medicamento si no se ingiere.
Todos respiramos, pero hay distintos modos de respi­rar. Respira y vive. Respira o muere. Pero ya que tenernos que respirar, si lo hacemos mejor vivimos mejor, nos sen­timos mejor, nos conocemos mejor y nos tratamos mejor. Tenernos bastante que aprender, empezando por darnos cuenta que la nariz no es un elemento decorativo de la cara, sino que juega una función especial y necesaria. Por otra parte, los pulmones se pueden entrenar y desarrollar, no cabe duda, y hay toda una gimnástica pulmonar. Esta gim­nástica pulmonar, si se enfoca bien, también se torna una gimnástica mental. Aprendiendo a respirar, el corazón y el cerebro se sienten especialmente agradecidos y las funcio­nes mentales se desarrollan más adecuadamente. Si bien hay «algo» que respira por mí, también yo puedo ser sujeto de mi respiración y, sobre todo, testigo. Le preguntaron a un maestro budista: «Qué haces cuando duermes?» Repuso: «Respiro.» Luego le preguntaron: «Y cuando estás des­pierto?» Y contestó: «Respiro conscientemente.» No po­demos estar todo el día respirando conscientemente, pero sí de vez en cuando, pues es un fabuloso método para cal­mar la mente y sosegar el ánimo.
Si respiras mejor, vives mejor, tal como nos recuerdan los sabios del antiguo Oriente. Muchos de ellos creen, en todas las latitudes de Asia, que una respiración deficiente perjudica el libre flujo de las energías o fuerzas vitales. El ser humano es un microcosmos, unido al macrocosmos a través de ese puente sutil que es la respiración. Al respirar
mejor se eliminan las impurezas de los nervios y canales energéticos y se previenen diversos desórdenes psicosomá­ticos. El control respiratorio, en el que tanto han insistido los yoguis taoístas y los yoguis hindúes, restablece la ar­monía de los elementos (tierra, agua, aire, fuego y éter) en el cuerpo y en el cuerpo energético. Determinados trastor­nos vienen dados por una pésima circulación de las ener­gías o una descompensación de los humores orgánicos. De­terminadas técnicas respiratorias no solo se consideran una fuente de vitalidad, sino que ayudan a prevenir diversas en­fermedades orgánicas e incluso a combatirlas. Para los an­tiguos sabios de Oriente —anticipémoslo— el aire no es solamente oxígeno o un intercambio gaseoso, sino que también contiene una esencia nutritiva que ha venido co­nociéndose, según los distintos países asiáticos, como pra­na, chi o ki. Pero la respiración como objeto de concentra­ción se ha venido utilizando desde tiempos inmemoriales en el budismo theravada, el taoísmo, el yoga, el zen, el bu­dismo tibetano y otras técnicas orientales de autorreali­zación. La falta de una respiración equilibrada puede pro­vocar determinadas afecciones, del mismo modo que la ansiedad o la agitación dificultan una respiración armónica.
De las distintas fuentes de energía esenciales para el ser humano, la respiración es la más importante; las otras son la alimentación, el sueño, el descanso y las impresiones men­tales, entre otras. Son fuentes de vitalidad, pero la respi­ración es la más poderosa. Hay que saber respirar y saber alimentarse. Una respiración adecuada y una dieta saluda­ble resultan idóneas para la armonía psicosomática.
Nadie como los yoguis investigaron tanto la respira­ción, y nada menos que hace miles de años. Descubrieron
la conexión estrechísima entre respiración y estados de áni­mo, motivo de paciente estudio del doctor Filliozat, así como de Mircea Eliade. Fue Bhja quien aseveró: «Puesto que todas las funciones de los órganos van precedidas por la respiración —siempre existe una relación entre la respi­ración y la conciencia de sus respectivas funciones—, cuan­do todas las funciones de los órganos se han suspendido la respiración realiza la concentración de la conciencia en un solo objeto.» El control sobre la respiración ayuda al con­trol sobre la mente, y el practicante puede así acceder a lo que se ha venido en llamar metafóricamente la Mansión del Silencio, un espacio de conciencia libre de toda agitación. Antiguos textos yóguicos señalan que una respiración agi­tada desasosiega la mente y una respiración tranquila la so­siega, y que la respiración suspendida inmoviliza la frené­tica actividad mental. Para algunas tribus y también grupos espirituales de Oriente, el Gran Aliento hace posible el pe­queño aliento, o sea la respiración, y el Gran Aliento es como si respirase por uno. La respiración se vive así como un vínculo entre el ser individual y el Absoluto. Una res­piración adecuada va regulando los humores orgánicos y las energías psicosomáticas y sutiles.
Yo tenía quince años de edad cuando escuché hablar de la posibilidad de aprender a respirar y de otra posibilidad igualmente esencial: aprender a servirse de la respiración para concentrar la mente y calmarse. Descubrí la respira­ción diafragmática y me di cuenta, por propia experiencia, de sus efectos sedativos. Me hice un verdadero adicto a la relajación consciente y me percaté del papel coadyuvante que desempeñaba la respiración pausada y bien regulada. Yo ya había recabado mucha información al respecto y sa‑
bía que algunos yoguis avanzados, mediante el control consciente y estrecho sobre la respiración, habían conse­guido la alteración de las ondas cerebrales, la ralentización del corazón y el pulso y otras «proezas» que evidenciaban cómo el dominio de la respiración conduce al dominio de la mente y el cuerpo, además de las energías.
Debido a una bacteria conocida corno Listeria y extraor­dinariamente agresiva, estuve muchos días al borde la muer­te. Fui ingresado en la UCI tras haber tenido una parada respiratoria. Cuando salí del hospital casi dos meses des­pués, era una ruina física y mi volumen pulmonar era casi el de una paloma. Pero comencé a poner en práctica todas las técnicas yóguicas que durante tantos años había realiza­do y empecé a adiestrarme en el pranayama, y por fin pude recuperar mi anterior capacidad respiratoria y aumentarla.
Creo que es un deber ineludible compartir con los de­más todo lo beneficioso y constructivo que hemos recibido y convertirse así en un útil intermediario. Recibes y pasas a los otros el obsequio recibido. Fui un niño difícil, corno detallo en mi Autobiografia espiritual, y necesité herra­mientas psicosomáticas para irme centrando y combatien­do mi desmesurada agitación. En la farmacia espiritual de Oriente hallé muchos medicamentos esenciales. He dedi­cado casi toda mi vida a poner a los demás al corriente de los mismos, pero haciendo referencia a otro antiguo ada­gio: «Vale más un gramo de práctica que toneladas de teo­ría.» Así que a practicar. ¡Y respirar mejor y más conscien­temente!

RAMIRO CALLE

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