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Gestalt, terapia de la situación Maximizar

Gestalt, terapia de la situación

Georges Wollants (aut)

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El objetivo explícito de este libro es arraigar a la terapia gestalt en su fundamento originalmente europeo, en el que se incluyen la Psicología de la Forma o Gestalt de la Escuela de Berlín, más la tradición fenomenológica de Husserl.

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9789562421331

No es un manual sino una visión teórico-práctica más amplia, más aplicable a la clínica cotidiana de los psicoterapeutas en general, en un nivel en que todas las técnicas tienen puntos en común: la persona del terapeuta y su paciente en la situación mutua donde perspectivas teóricas y experienciales se funden en una nueva realidad.
Este libro, minuciosamente fundamentado y a la vez de fácil lectura, refresca la complejidad de la teoría gestáltica, cuyo verdadero valor muchas veces no se aprecia. La propuesta de Wollants, que comparte con Wheeler y Yontef, lleva un marcado acento relacional y una mirada "desculpabilizadora" impregnada de un conmovedor respeto hacia el otro y su circunstancia.

Luego de su lectura, no será posible transitar esta propuesta sin preguntarnos por las consecuencias éticas que implica este cambio en la mirada. Queda claro que esta línea de desarrollo de la Gestalt dará una base teórica a los gestaltistas más reflexivos. Una rápida hojeada a sus referencias nos muestra un Wollants que cita autores como Heidegger, Merleau-Ponty, Binswanger y Buytendijk, e incluso J.H. van den Berg, uno de los exponentes más lúcidos de la fenomenología clínica cuyo nombre ha estado conspicuamente ausente de la literatura de la terapia gestalt.

• Nº de páginas: 218 págs.
• Encuadernación: Tapa blanda
• Prólogos de Malcolm Parlett y Francisco Huneeus
Traducción Larissa Boroday y Francisco Huneeus

Georges Wollants (1941),
licenciado en Ciencias Psicológicas y Pedagógicas, durante más de 30 años fue director de la Faculteit voor Mens en Samenleving, FMS (Facultad para el Ser Humano
y la Sociedad); miembro docente del Curso Formativo para Terapia Gestalt de la FMS; docente y supervisor de la Nederlands Vlaamse Associatie voor Gestalttherapie en Gestalttheorie, NAGT (Asociación Holandesa-Flamenca para la Terapia Gestalt y la Teoría Gestalt); miembro titular de la European Association for Gestalt Therapy, EAGT; y miembro de la Society for Gestalt Theory and its Applications, GTA. Autor de numerosos artículos sobre la teoría y la práctica de la Terapia Gestalt, es editor de la Tijdschrift Vlaams-Nederlands voor Gestalttherapie (Revista Flamenco-Holandesa para la Terapia Gestalt).

Prólogo a la versión en español

En su prefacio, Wollants se pregunta: ¿Qué tipo de Terapia Gestalt se hubiera desarrollado a partir de las primeras elaboraciones vacilantes de este método si la mayoría de los intentos de formular y reformular los conceptos fundamentales se hubieran basado en las consideraciones situacionales e interaccionales, y si desde el inicio hubieran sido incor¬porados en la práctica de la Terapia Gestalt los puntos de vista teóricos, los principios y las aplicaciones de la Escuela de Berlín?
Aparte de recurrir a la historia multifacética de la difusión de la Ges¬talt por el mundo —algo recientemente documentado en forma de li¬bro'—, podría decirse que, al menos en el mundo anglófono, la historia comienza con la publicación de Gestalt Therapy: Excitement and Growth in the Human Personality (1951, Julian Press) en Nueva York (libro que de-signaremos como PHG). Frederick Perls, MD, PhD, psiquiatra psicoana¬lista alemán inmigrante en Sudáfrica; Ralph F. Hefferline, PhD, psicólogo, académico de la Universidad de Columbia, muy cercano a B.F. Skinner y los inicios del conductismo; y Paul Goodman, PhD, autor independiente, poeta, lector de Freud, con formación filosófica y muy interesado en el cambio y la crítica sociales. Perls, educado como psicoanalista por los profesores más distinguidos de Alemania y Austria, durante sus años de exilio en Sudáfrica había desarrollado nuevas ideas humanistas, psico-lógicas y psicosomáticas acerca de su proyecto. Mientras Perls llevaba años en el fértil laboratorio de su práctica privada, Hefferline y Goodman no tenían experiencia con las ideas de la propuesta central del libro.
Cabe mencionar que Perls había llegado a Nueva York desde su exi¬lio en Sudáfrica con un manuscrito preparado bajo el brazo. Allá había leído un artículo de Goodman en una revista política de izquierda esta¬dounidense, lo cual lo impulsó a buscarlo y reclutarlo como una suer¬te de escritor fantasma. Hefferline aportó con alumnos reclutados en la

universidad como sujetos para experimentos de alerta sensorial. Perls era demasiado ambicioso como para no saber que sin una publicación maciza jamás llegaría a ser reconocido y aceptado en EE.UU. Habían transcurrido cinco años desde su llegada hasta la publicación de PHG. Fue el inicio de su alejamiento del grupo de adeptos que habían reunido con su esposa Lore.
El libro es una expresión perfecta de las diferencias no resueltas, y marca la separación de la Terapia Gestalt de la concepción original de su fundador, diferencias que se mantuvieron sin resolver entre los tres autores y otros del círculo de Perls. Por lo demás, y como era de prever, la convivencia del intelectualismo del Nuevo Mundo junto a sus ideas experimentales le iban a significar una relación áspera con mucha gente, descalificándolo en los años siguientes y él, a su vez, declarando "obso-leto" su propio libro Gestalt Therapy, debido a que en él se transmitía un enfoque acerca del pensar y la comunicación que ya había abandonado. Era obvio que la brillantez propia de su hablar sencillo, junto a la inme-diatez de su método dramático, le traerían más detractores que amigos en el ambiente neoyorkino, lo que finalmente redundó en su largo pere¬grinaje al sur y al oeste de EE.UU.
En otras palabras, incluso antes de que la Terapia Gestalt se alejara de su primer entorno, ya estaba en conflicto consigo misma. Estos fueron los primeros veinte años de la Terapia Gestalt en EE.UU., desde donde comienza su lento peregrinaje a Europa gracias a algunos miembros del grupo original, especialmente Isadore From y Lore Perls, quienes siguie¬ron difundiendo la versión que llegaría a ser conocida como la Gestalt del Este y el libro Gestalt Therapy como su texto fundante.
Finalmente, en 1967, Perls se establece en Esalen, de donde proven¬drán algunos filmes y libros que fueron traducidos y difundidos a buena parte del mundo hispanoparlante, iniciando una corriente más formal y ritualista, donde con muy poca teoría se mostraba otro estilo: la silla ca¬liente, la oración de la Gestalt, trabajo de sueños, la silla vacía y eslóga¬nes (las culpas son resentimientos); y al mismo tiempo, más desenvuelta, reflejando el temperamento de un Perls liberado en tiempos de cambio: el movimiento de potencial humano y el mundo nuevo que surgiría.

Esta es la Gestalt que conocimos primero y la que nos cautivó desde el primer momento. Era la Gestalt del Oeste, por provenir de California. En los países de habla hispana y Brasil, los comienzos ocurren en los años 70, época muy convulsionada por los efectos sociopolíticos repre¬sivos de la Guerra Fría en Sudamérica. En esos primeros años, la difusión y aplicación de la Terapia Gestalt fueron muy poco visibles y ocurrían principalmente en grupos de estudio y formación autogestionados en torno a psicoterapeutas que habían viajado o que se basaban en lite¬ratura escasa y difícil de conseguir2. La publicación, en 1974, de Gestalt Therapy Verbatim, de Perls, como Sueños y Existencia fue para sus lecto¬res un alivio de la represión y desolación que vivíamos en esa época en casi todos los países de Latinoamérica y España, que aún no se sacudía de Franco. Cabe señalar que Sueños y existencia, al igual que todos los demás libros de Real People Press que seguimos publicando, siempre tuvieron que ser sometidos a la censura de la dictadura militar. Desde esta perspectiva, no es de extrañar que la Gestalt que se comienza a di¬fundir fuera acogida con entusiasmo y pasión. Era una idea aperturista, esperanzadora, libertaria, eficaz y aplicable. La publicación de PHG en español, 51 años después de su aparición en inglés, sin duda ha llegado a ser un importante aporte a aspectos teóricos que estaban en falta. Al menos en Latinoamérica (incluyendo México), donde ya hay una buena experiencia clínica y pedagógica a pesar de las pocas oportunidades de formación académica, afortunadamente la Gestalt todavía no se convier¬te en una ortodoxia, lo que le da espacio para profundizar e innovar hacia otros campos del quehacer psicoterapéutico.
Esto nos muestra cuán compleja y fascinante ha sido la propagación de una buena idea para gente relacionada con la asistencia a personas, así como para uno mismo como filosofía de vida. Sin embargo, también

nos muestra que los viajes de los Perls y sus migraciones desde Berlín a Sudáfrica y EE.UU. fueron determinantes. No sólo las distancias sino que la barrera del idioma también han sido problemáticas, porque la mayoría de los autores publican en inglés, y si no lo hacen, son desconocidos en el resto del mundo.
Este libro, escrito en flamenco y afortunadamente traducido y publi¬cado en inglés en 2007, nos viene bien, pues nos acerca a los maestros que fueron los teóricos gestalt en la tradición de la Escuela de Berlín. Esta obra esclarece matices de una teoría aún incompleta, y si bien sigue la misma tradición, su interpretación por Wollants es hermosa y riguro¬sa. Nos muestra claramente algunas falencias de quienes nos antecedie¬ron, y de hecho presenta varias ideas que no han sido bien entendidas por los estadounidenses.
Creo sinceramente que todos vamos a enriquecernos, sea cual sea nuestra predilección en cuanto a la interpretación del mensaje profun¬do de la Terapia Gestalt. A casi 65 años del "lanzamiento" de la Terapia Gestalt, por fortuna llega una obra que vendrá a completar importantes vacíos que nos han quedado a quienes vivimos en el mundo hispanopar¬lante.
Y confesamos que no nos ha sido una traducción fácil.

* * * *

Agradezco en forma especial al grupo de terapeutas que nos ayudó en la traducción con su amistad cooperadora y desinteresada, y con sus res-puestas cuasi instantáneas sobre terminología y redacción, con lo cual pudimos finalmente llevar a buen término esta importante obra que, de paso, nos sirvió para cimentar y reafirmar una amistad entrañable y fe-cunda. Ellos fueron: Carmen Vázquez (Madrid), Fernando Bianchi (Bue-nos Aires), Sandra Isella (Madrid) y Eugenia Zalazar (Córdoba, Argentina).
Francisco Huneeus 28 de junio de 2015
Ñuñoa

Prefacio a la versión en inglés

Este bienvenido libro, Gestalt: Terapia de la situación, llega en un muy buen momento, por ser hoy una valiosa contribución a la literatura de la terapia gestalt. Hay que celebrar su aparición por muchas razones, de las cuales cuatro me vienen inmediatamente a la mente.
En primer lugar, Georges Wollants ha escrito, desde un punto de vista particular, un relato de la terapia gestalt contemporánea relativamente sofisticado y, al mismo tiempo, de fácil lectura. En mi opinión, el libro merece ser ampliamente conocido y leído. Profundiza la comprensión, educa a los terapeutas y cambia el modo de pensar de las personas. Por otra parte, logra un difícil equilibrio: el libro puede ser leído como una introducción accesible a la terapia gestalt o, alternativamente, como un tratado educativo que estimulará a los terapeutas gestalt calificados a repensar su teoría básica.
En segundo lugar, la orientación a la terapia gestalt que el autor consi¬dera central —en torno a la cual gira todo lo demás— es la perspectiva que distingue más claramente el enfoque gestalt de otras escuelas de terapia. Para asistir a la situación del cliente, es necesario asistir con una sensibilidad exquisita a su experiencia total: la persona y su mundo entran juntos a la sala de terapia. Mantener este punto de vista "situa¬cional" desde el primer momento proporciona un medio para revelar toda la potencialidad del enfoque gestalt a la terapia. Sin embargo, no todos los terapeutas gestalt se percatan de esto o actúan de acuerdo a la enorme importancia de este principio. Además, la mayoría de los te¬rapeutas de otras escuelas con una perspectiva intrapsíquica ni siquiera reconocen este principio por lo que es. La descripción de Wollants es concienzuda y clara. A partir de la "perspectiva de campo", él establece v elabora la idea de la situación de un modo similar a las exploraciones de otros terapeutas. Pero, desde mi punto de vista, al centrar toda su

justificación de la terapia gestalt en el imperativo que es la situación, él ha ido más lejos y más profundamente que cualquier autor anterior.
En tercer lugar, si bien Wollants define las ideas en forma animada e in¬tegral, el libro jamás se aleja de la práctica. Existe un estrecho vínculo entre la perspectiva global del autor y su particular modo de ejercer su labor como terapeuta; hay ejemplos y aplicaciones, además de numero¬sas indicaciones de su larga experiencia. Uno no puede evitar leer este libro sin revisar y cuestionar su propia manera de ejercer la profesión de terapeuta, ya sea de orientación gestalt o de otro tipo.
En cuarto lugar, desde 1951 —fecha en que se publicó Terapia gestalt: Excitación y crecimiento en la personalidad humana, de Frederick Perls, Ralph Hefferline y Paul Goodman— se han escrito muy pocos libros so¬bre terapia gestalt que se centren con tanto cuidado, inteligencia y con¬vicción en el argumento central de aquel libro seminal. Ya constituye un logro destacable el hecho de que Wollants se relacione —se podría decir que justificadamente— con aquel libro, ampliando y fundamentándolo. Me sugiere que Wollants ha escrito no sólo un buen libro sino que uno notable.
En este Prefacio de Gestalt: Terapia de la situación, quiero ampliar la explicación de por qué creo que es una nueva declaración de la teoría gestalt. Pero primero me remitiré a la propia "situación" del libro: (1) las características del entorno en que se ha escrito y (2) las cualidades específicas e intenciones del autor que se combinan para así (3) dar al libro su particular forma.
El primer problema se refiere al autor y su lenguaje. Wollants vive y trabaja en la parte de habla flamenca de Bélgica. Su comunidad lingüís¬tica es muy pequeña —especialmente si se compara con ese leviatán de las lenguas que es el inglés. El dialecto alemán hablado en Flandes tiene muy poco peso internacional, aunque se trate de un idioma con una dis¬tintiva tradición cultural. Los hablantes de grupos mayoritarios (en este caso, los angloparlantes) fácilmente pueden dar por hecho, de manera inconsciente, su posición privilegiada al tener mayores oportunidades

para llegar con sus ideas al mundo. En efecto, el inglés es el idioma en que los terapeutas gestalt se comunican entre sí y publican la mayoría de sus escritos. Ya constituye una noticia el hecho de que este libro sea publicado y esté disponible, pues en ese idioma las minorías suelen ser ignoradas y silenciadas con eficacia por la falta de oportunidades o va¬lentía para vencer los obstáculos. Su aparición significa que ahora los lectores de habla inglesa (e hispanoparlantes) de la comunidad gestalt pueden "descubrir" como se merece la particular visión de Wollants.
Si bien la difusión del idioma inglés como un idioma internacional permite que autores y profesionales hablen más ampliamente en el mun¬do en general, también se manifiesta en una tendencia opuesta. Como sabemos, un idioma poderoso puede ser al mismo tiempo un medio de hegemonía cultural para una forma de colonización a través de la impo-sición de normas y expectativas "naturales". Aquí no cabe considerar los efectos de la difusión sobre el planeta de los valores, cultura y tecnología estadounidenses; sin embargo, dentro del pequeño ámbito de la terapia gestalt, la pregunta acerca de la influencia estadounidense versus la in-fluencia europea es una constante; y al establecer el contexto de este libro, el tema es inevitable. Es el segundo tema de fondo que quiero abordar.
En la historia de la terapia gestalt como un movimiento internacional, predominaron por largo tiempo los profesores y autores estadouniden¬ses. La unilateralidad fue inevitable. La terapia gestalt nació en Estados Unidos; dio sus primeros pasos en la estimulante época de la posguerra en Nueva York, que era considerado el centro del mundo. Por supuesto, todos advirtieron que la nueva terapia tenía ancestros europeos —pero ¿acaso los padres y abuelos sobrevivientes no fueron a Estados Unidos para empezar una nueva vida? De hecho, todos los "familiares de la Ges¬talt" emigraron a ahí —empezando con Frederick y Lore Perls, seguidos por Wertheimer, Köhler, Goldstein, Lewis y muchos otros. Si bien la tera¬pia gestalt, a través de Paul Goodman, se basó en las influencias estadou¬nidenses —en particular de William James y John Dewey—, la mayoría de las influencias fundadoras e ideas principales estaban presentes y habían sido desarrolladas en Europa antes de la guerra, especialmente en Alemania; de hecho, vinieron con los inmigrantes.

A medida que la terapia gestalt siguió desarrollándose, experimentó una serie de desconcertantes transformaciones bien documentadas en otros lugares (por ejemplo, por Bowman, 2005). Aparecieron diferentes prioridades: Frederick Perls se convirtió en "Fritz Perls" y luego sólo en "Fritz", transición indicativa de cambios más amplios en su enfoque, que introduce una interpretación simplificada y popularizada de la terapia gestalt en vez de los enunciados teóricos establecidos (PHG), los cuales desconoce en mayor o menor medida.
Entró en vigor un estilo más extravagante y confrontacional que se extendió en Estados Unidos; también se exportó a Europa gracias a los viajes de los instructores gestálticos, quienes recibieron una entusiasta acogida en los grupos de los "nuevos conversos". Por aquel entonces, aquellos que en Estados Unidos permanecieron leales a la concepción de la terapia gestalt eran una minoría y se agruparon principalmente en torno a Lore (Laura) Perls, quien nunca estuvo de acuerdo con su mari¬do en su "reposicionamiento" de la terapia gestalt. Esta división también se reprodujo en Europa —la forma específica de terapia gestalt que reci¬bía un grupo dependía de la afiliación personal del instructor de visita.
Para muchísimos, la terapia gestalt llegó a Europa como si hubiera sido una creación estadounidense, así como otras importaciones cultu¬rales. Se pasó por alto el hecho de que algunas de sus principales raíces se encuentran en la filosofía existencial y fenomenológica y en los descu¬brimientos iniciales de la psicología gestalt.
Por supuesto, siempre ha habido cierto reconocimiento de los an-tecedentes netamente europeos de la terapia gestalt —tanto Frederick como Lore Perls crecen en los años de la República de Weimar huyendo del nazismo, además de sus conexiones con los psicólogos gestalt y los analistas famosos. Sin embargo, en cada lado del Atlántico, había poco o ningún sentido sobre la profunda continuidad con las ideas y sensibi-lidades europeas. Éstas fueron consideradas sólo de interés histórico marginal.
No obstante, hubo destacadas excepciones a la tendencia general; algunas personas jamás olvidaron las profundas raíces europeas de la te¬rapia gestalt y experimentaron una viva y estimulante continuidad entre

ambas eras y continentes. Aquí cabe mencionar especialmente a Lore Perls y Wollants, ex alumno suyo. Sin ser antiestadounidense, Wollants desea enfatizar que la terapia gestalt puede beneficiarse al establecer un vínculo más estrecho con sus raíces teóricas en Europa. Educado en la Universidad de Lovaina, influenciado por la escuela de Utrecht, sumergi¬do por años en filosofía, teología, pedagogía y psicología, y luego forma¬do en terapia gestalt por Lore Perls, Wollants está bien posicionado para argumentar por una mejor integración europea.
En una entrevista de 2005 (p. 101), Wollants habló de un "fructífero intercambio de ideas" entre los autores y profesores estadounidenses y europeos en la "renovación de la terapia gestalt". Considero este libro un hermoso ejemplo de la fertilización cruzada que él celebra. Por lo tanto, al estudiar ese tema, le hace plena justicia a la literatura gestalt escrita en inglés. Admira y se basa en varios autores estadounidenses, desde Goodman hasta Jacobs, Wheeler, Yontef y McConville. Al mismo tiem¬po, Wollants puede apoyarse en sus fundamentos filosóficos europeos y aportar desde sus antecedentes culturales. Honra a las figuras europeas que han influido en su trabajo, incluyendo a Buytendijk, Van den Berg, Metzger y Nuttin, junto con nombres más conocidos, como Wertheimer, Koffka, Köhler, Goldstein y Lewin. El libro contiene citas en alemán, fran¬cés y holandés (traducidas al inglés) y su biografía incluye escritos de autores estadounidenses, ingleses y otros europeos.
Imagino que frente a otros libros escritos en inglés, se podrá notar su sabor europeo. Su estilo recursivo, paciente argumentación y las re¬ferencias académicas indican cierto tipo de compromiso serio con un tema al parecer muy alejado de la modalidad anglo-estadounidense. En un mundo cada vez más frenético y de continuos cambios en el ritmo de vida, este libro requiere una lectura más pausada —no porque sea "difí¬cil", sino porque vale la pena saborear sus puntos de vista, masticarlos bien y asimilar su nutrimento. No es un libro que dé rápidamente en el blanco y se lea en un tris, sino más bien una reflexión sostenida. Si usted ya es terapeuta, es probable que su acabada lectura transforme su estilo de trabajo.

Al escribir este Prefacio, he visto mi quehacer principal como una preparación del escenario que sigue. Evidentemente, usted necesita leer las propias palabras de Wollants para captar su mensaje esencial. Sin embargo, quizás yo pueda hacer algunas consideraciones preliminares —desde la perspectiva de un colega profesor de gestalt y autor cuyas prioridades teóricas coinciden con las del autor.
En la introducción del libro de PHG (Perls, Hefferline, Goodman), los autores escribieron la famosa frase sobre adquirir "la mentalidad gestal-tista". Reconocieron que para la persona promedio, "criada en un am¬biente lleno de fragmentaciones" y que ha "perdido su integridad", era difícil captar lo que ellos llamaron la "perspectiva unitaria". Para recupe¬rar "el enfoque original, natural y sin distorsiones de la vida", el indivi¬duo "tiene que sanar la dualidad de su persona, pensamiento y lenguaje" (Perls y col., 1951/1994, p. xxiv). En cierta medida, uno podría argüir que el pensamiento holístico —o unitario— se ha deslizado dentro de ciertas actitudes ante la práctica, por ejemplo en la medicina psicosomática. Aun así, el pensamiento dualístico más arraigado, y el problema más grave para ser unitario en psicología, se ejemplifican en la práctica de separar a la persona humana del mundo dentro del cual ella existe. Incluso esta afirmación conlleva un rastro de dualismo al separar a la persona y al mundo, aunque sólo sea lingüísticamente. Al principio del Capítulo 1, Wollants lo expresa mejor: "la persona y el mundo son inseparables", constituyen "partes interdependientes de un todo dinámico". Sin embar¬go, a pesar de lo simple y sensible que pueda parecer esta afirmación, ¡con cuánta frecuencia es negada, pasada por alto o ignorada completamente!
En consecuencia, gran parte de la psicología aún está orientada en torno a la concepción de un sujeto único individual, considerado como una unidad neurobiológica con una conciencia separada, que posee características o propiedades psicológicas, que puede ser sometido a investigación en un laboratorio o en algún tipo de establecimiento —o en circunstancias "objetivas" que "no contaminen al sujeto". Se podría reconocer que la persona puede verse afectada marginalmente por el entorno o el contexto social en que existe, pero esto es básicamente un asunto secundario. Sin embargo, ¡este tipo de "psicología individual" aún

subsiste!; representa la antítesis absoluta de la posición desde la cual la terapia se inicia en la Gestalt. Descontextualizar y objetivar a una perso¬na equivale a tratarla como un algo inferior a un ser humano. Wollants detecta el peligro y su libro es un fuerte repudio a cualquier desarrollo en esa dirección: presenta algo diametralmente opuesto a la tendencia anterior con sus alarmantes connotaciones.
La terapia gestalt considera un axioma el hecho de que si hemos de honrar la realidad de los seres humanos, debemos reconocernos a noso¬tros mismos y a los demás como inseparables de los diversos contextos en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. Cada uno de nosotros vivencia un "mundo fenoménico" que es nuestra situación actual. Yo no puedo ser dividido como "este pedacito soy yo y este pedacito es mi ambiente"; mi persona y mi entorno psicológico forman una totalidad que se vivencia como mi situación inmediata. En palabras de Wollants, no hay un entorno que esté separado de mí; 'persona' y 'ambiente o entorno' son sólo abstracciones fuera de la situación".
En el libro de PHG, el lenguaje era diferente; sugirieron considerar el organismo y su entorno como un campo organísmico ambiental indivisi¬ble, y no como dos entidades separadas. Wollants presenta un argumen¬to convincente para utilizar el término "situación" en vez de "campo": dice que es más cercano al uso y experiencia cotidianos que la palabra "campo", que suena más científica (pero también más ambigua). No obs¬tante, el mensaje "unitario" esencial es el mismo.
A partir del principio básico inicial —que el individuo y el ambien¬te interactúan constantemente para crear un campo situacional, que es vivenciado como una totalidad vivida—, debiera ser posible establecer los requisitos necesarios para un método de terapia coherente, respal¬dado por una teoría integral. El libro fundante logró esto, pero también presenta una cuota de confusión e inconsistencia, como si los propios autores no hubiesen estado muy seguros hasta qué punto podían am¬pliar su idea central. Por cierto, jamás se han reconocido plenamente, ni siquiera dentro de la comunidad de terapeutas gestalt, las consecuen¬cias revolucionarias del cambio desde una perspectiva "intrapsíquica" a una perspectiva de "campo".

cual no pueden divorciarse. Y este entorno tan dominante en la cultura y filosofía occidentales sigue sosteniendo la visión de que los seres huma¬nos son independientes y libres y tienen libre albedrío.
Por cierto, el asumir como dado que una persona siempre está en situación y que para mejorar las cosas podría necesitar cambiar algo en el ambiente, en vez de modificar algo en el individuo, es una concepción fundamental que también conlleva responsabilidades políticas. Recono¬cer a la persona como un ser situado, como un ser humano del mundo, es difícil de comprender, incluso si la teoría gestalt nos llama a hacerlo.
Wollants merece nuestras felicitaciones por recoger casi en su totali¬dad el proyecto de PHG, y por compartir su integración.
Inevitablemente, un proyecto ambicioso como éste implica desple¬gar un enorme esfuerzo para escribir y poner en palabras conceptos difí¬ciles —especialmente si se está escribiendo en un segundo idioma.
Buen trabajo. Gracias, Georges.
Malcolm Parlett
11 de diciembre de 2007

Contenidos

Prólogo a la versión en español xiii
Prefacio a la versión en inglés xvii
Agradecimientos xxvii
CAPÍTULO 1
Terapia Gestalt: Desde una Perspectiva Unipersonal a la
Terapia Situacional 1
Más allá de lo individual: la situación 2
1.2 La persona y el entorno constituyen una situación 5
1.3 Fuerzas en la situación 10
1.4 Las exigencias de la situación actual 14
1.5 Investigar la situación actual total de la persona 16
1.6 Terapia gestalt: una terapia del proceso de "gestaltear" 19
Resumen 24
CAPÍTULO 2
La Situación en Desarrollo 252.1
¿Qué es el desarrollo? 26
2.2 Lo ecológico 30
2.3 Lo dialéctico, lo relacional y lo social 31
2.4 Una persona emerge desde las situaciones 33
2.5 Facilitar las fuerzas de la situación 35
2.6 Recentrar 36
CAPÍTULO 3
Situaciones Adversas 53
3.1 Los trastornos mentales son mecanismos de supervivencia 54
3.2 El diagnóstico de las dinámicas de la situación actual 56

3.3 Tendencia a conservar el estado ordenado 60
3.4 Características fundamentales de una visión de la psicopatología
orientada por la teoría gestalt 62
3.5 Diagnóstico de la situación global 67
3.6 Un malentendido conduce a un tratamiento errado 70
3.7 Análisis de las fuerzas de la situación 73
3.8 Desde un objeto de estudio a un compañero de investigación:
los experimentos en terapia 74
CAPÍTULO 4
Revisión de los Conceptos de la Terapia Gestalt 77
4.1 El darse cuenta de la situación total 79
4.2 El ello (id) de la situación 80
4.3 Contactar 82
4.4 El ciclo de contacto 85
4.5 Perturbaciones del contacto frente a la libertad para interactuar . . 92
4.6 Apoyo: el autoapoyo frente al apoyo ambiental 101
4.7 El self: un fenómeno relacional situado en el límite de contacto 102
CAPÍTULO 5
Encarnación o Corporeización de la Situación 113
5.1 El organismo informa 114
5.2 Organización sensorial 116
5.3 El cuerpo nos informa del significado 117
5.4 La teoría gestalt de la expresión 118
5.5 Encarnación o corporeización (bodying forth) 121
5.6 Sentido de la situación 122
5.7 El cuerpo como guía en terapia gestalt 123
5.8 Encarnar o corporeizar (bodying forth) 126
5.9 Percibir-significar-actuar 127
5.10 Traducción al lenguaje terapéutico 130
5.11 Mi caja de almacenamiento 131
5.12 Desatar esquemas fijos 133
5.13 Estructura y postura del cuerpo 134

CAPÍTULO 6
La Situación Terapéutica en la Práctica 137
6.1 Explorar la estructura actual de la situación aquí y ahora 139
6.2 La conciencia relacional de la situación 142
6.3 La situación en su conjunto es anterior a las partes 143
6.4 La actitud fenomenológica: reconocer el mundo de lo fenoménico 145
6.5 El método de aproximación gradual 157
6.6 Inclusión: el terapeuta debe participar plenamente en la situación
del cliente 161
6.7 Mezclar frustración y simpatía con equilibrio 162
6.8 Confirmar la intención 166
6.9 Invocar el presente 168
6.10 Apoyar la situación 169
6.11 Utilizar el experimento gestáltico para diagnosticar los aspectos
dinámicos de la situación actual 171
Referencias Bibliográficas 179
Índice Analítico 193

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