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Despertad, humanos. Ha llegado la hora Maximizar

Despertad, humanos. Ha llegado la hora

Suzanne Powell (aut)

9,62 € sin IVA

Despertad, humanos constituye una llamada acuciante a despertar a la verdad que somos. Tras recibir un mensaje canalizado por su hija de quince años, Suzanne se ha visto impulsada a transmitir con carácter de urgencia una petición a la humanidad:

«Amaos los unos a los otros. No hay tiempo, no queda tiempo».

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Despertad, humanos constituye una llamada acuciante a despertar a la verdad que somos. Tras recibir un mensaje canalizado por su hija de quince años, Suzanne se ha visto impulsada a transmitir con carácter de urgencia una petición a la humanidad: «Amaos los unos a los otros. No hay tiempo, no queda tiempo». La Suzanne Powell más directa y más audaz nos ofrece las claves para que podamos, en poco tiempo, efectuar un cambio de conciencia que dote de pleno sentido a nuestras vidas. Al despertar entramos en contacto con la supermemoria, la cual nos brinda, en tiempo real, la información que necesitamos. En conexión con ella, Suzanne nos anuncia la llegada de un nuevo paraíso, que será el hogar de la humanidad en la edad de oro que se avecina. Antes de llegar ahí, estamos abocados a vivir una serie de acontecimientos que van a propiciar el nacimiento de una nueva versión del ser humano, dotado de mayores capacidades. Nos aguarda un futuro de armonía, felicidad, alegría y paz, pero antes debemos dejar que nuestro Ser tome las riendas. Deberemos afrontar pruebas especiales en relación con el cambio de ciclo, y Suzanne nos detalla lo que debemos tener en cuenta para que podamos prepararnos convenientemente en todos los ámbitos, desde el físico hasta el espiritual. En estos tiempos cruciales y extraordinarios que estamos viviendo, la única fórmula para evolucionar como especie hacia la nueva Edad de Oro, es a través del amor incondicional. Acción, servicio con amor.

 Suzanne Powell,

nativa de Irlanda del Norte y afincada actualmente en Ma­drid, después de terminar su carrera uni­versitaria en Belfast dejó su tierra natal para "ganarse una nueva vida". Con un pronóstico médico nada favorable de­cidió que iba a seguir su corazón con la absoluta certeza de que le esperaba un milagro que iba a poder compartir con el mundo entero. Así lo pudo comprobar y disfrutar con la inocencia de una niña traviesa. Sus 50 años, intensos de expe­riencias, pueden servir de esperanza para muchas personas que en estos momentos necesitan una chispa de ilusión y opti­mismo. Su mensaje es conciso y claro: "Si yo puedo, tú puedes. ¡Solo hazlo!"

Índice

Nota de la autora     9

Prólogo     11

Introducción: No hay tiempo     15

  1. El sueño colectivo      21
  2. Conexión y cocreación     33
  3. Desinfectar y desbloquear     49
  4. Saltar de la pecera     67
  5. Tan solos, tan acompañados     79
  6. El gran puzle que hacemos entre todos     99
  7. La urgencia del despertar     109
  8. Grandes cambios en un futuro cercano     123
  9. Nuestras mayores capacidades     143

10. Estar preparados     155

11. Claves para la supervivencia     163

Epílogo. Sueños ¿proféticos?     177

Apéndice 1. Sueños para estos tiempos     181

Apéndice 2. Más allá del tiempo-espacio     187

Entrevista     197

¿Dónde encontrarme?      215

Prólogo

Las tradiciones espirituales de todos los tiempos han invitado al ser humano a despertar, y en muchas ocasiones han hecho referencia a un tiempo límite dentro del cual esto puede conseguirse. Un gran número de predicciones han apuntado a los tiempos que estamos viviendo como el preludio de una etapa de grandes convulsiones más allá de las cuales la humanidad (o lo que quedase de ella) inauguraría una época de esplendor.
En su visión y sentir respecto a este tema, basándose en la conexión con lo que ella denomina supermemoria (la me­moria del alma), Suzanne Powell afirma que la humanidad entrará en una edad de oro si suficientes personas se «cua­lifican» para ello. Esta edad de oro se vivirá en un nuevo pa­raíso, que será o bien la Tierra renovada o bien otro mundo preparado al efecto.
La manera de cualificarse es optar por el amor incondi­cional. Este constituye la base de la vibración y las capacida­des que deberemos desarrollar para pasar a ser versiones más
elevadas de nosotros mismos y poder dar origen a una nueva humanidad. Además, en términos de Suzanne, cuando ejer­cemos el amor incondicional, cultivamos una vibración más elevada que impulsa nuestra más alta evolución. Esta es la herencia que nos llevaremos de este mundo, y ninguna otra.
Conviene que el lector no olvide esta visión fundamen­tal mientras recorre las páginas en que Suzanne nos alerta en relación con lo que puede ocurrir. Ella misma insiste en que no se trata de crear alarmismo, pues lo corporal y lo material no es lo importante, en última instancia. Ahora bien, la tran­sición a la edad dorada se presenta como un acontecimiento de extrema belleza largamente anhelado y que vale la pena que intentemos disfrutar. Para ello necesitamos seguir con­tando con nuestro cuerpo. El sentido de las advertencias de tipo «catastrófico» de Suzanne es que sepamos de antemano lo que puede acontecer para que podamos cuidar mejor de nosotros mismos; también para que estemos mejor prepara­dos para ayudar a las personas que lo puedan necesitar.
En toda esta etapa, afirma Suzanne, estamos siendo asis­tidos por nuestros «hermanos cósmicos», y ellos serían los encargados de proceder a la «evacuación planetaria» si la Tie­rra estuviese a punto de ser inhabitable. Esto significaría que la humanidad tomaría contacto directo con ellos coincidien­do con el surgimiento de la nueva versión del ser humano. Tal vez haya lectores a quienes esto pueda parecerles ciencia ficción... A ellos les digo que Alfred L. Webre, que trabajó como futurista para la Administración de Jimmy Carter, creó la disciplina denominada exopolítica para sentar las bases de las relaciones diplomáticas que, según él, vamos a iniciar próximamente con los extraterrestres.
Desde luego, si el ser humano despierta al amor incon­dicional, pasa a ser una mejor versión de sí mismo e inaugura una edad de oro, podremos considerar que se ha graduado con honores de esta etapa de la evolución, y podrá muy bien ser que continúe su andadura integrado dentro de una so­ciedad universal. En esta situación, ya no podrá reincidir en su arrogancia, ni se sentirá nunca más solo o «dejado de la mano de Dios».
Si tienen lugar transformaciones del calado de las men­cionadas, será impresionante. Pero si no ocurriese nada tan espectacular (grandes acontecimientos planetarios, el trasla­do a un nuevo paraíso, el despertar de capacidades especia­les, la manifestación de seres de origen extraterrestre), ¿no valdría igualmente la pena que viviésemos mucho más a par­tir del amor? El resultado sería una mejora de las condiciones de vida de quienes más sufren, un incremento de la felicidad y un respeto mucho mayor hacia la naturaleza, entre muchas otras maravillas que se podrían añadir. Por lo tanto, sí: vale la pena que, como seres humanos, despertemos y entremos en contacto con la vibración de nuestra amorosa esencia. Es una apuesta ganadora en cualquiera de los casos.

FRANCESC PRIMS,

autor de Nuevos paradigmas

Introducción
No hay tiempo

¿Has oído en alguna ocasión que se le acaba el tiempo a la humanidad? Desde las profecías espirituales que han fijado fechas para grandes cambios hasta la noción ecológica de que podemos haber cruzado el punto de no retorno, la idea de que queda poco tiempo antes de que ocurra algo muy grande o muy grave está presente en muchas conciencias. En mi caso, el sentimiento de urgencia se ha acentuado en los últimos tiempos a raíz de unos episodios que he vivido que han activado una alerta en mi interior.
En primer lugar, ¿queda poco tiempo para qué? Para que la humanidad siga disponiendo de la oportunidad de despertar al amor incondicional aquí, en nuestro planeta, dentro del formato de vida que conocemos.
En segundo lugar, ¿por qué queda poco tiempo? Porque podemos esperar que próximamente ocurran grandes acontecimientos planetarios que marquen un punto de inflexión en nuestro devenir colectivo.En tercer lugar, ¿cuáles son las consecuencias de des­pertar o de no despertar al amor incondicional en el tiempo que queda? Son enormes desde el punto de vista del destino que nos aguarda, e incluso en términos de nuestra capacidad para la supervivencia.
Pero no querría asustarte. No serviría para nada e in­cluso sería contraproducente. En lugar de dejarte llevar por cualquier grado de miedo, considera lo siguiente: el amor incondicional al que estamos invitados a despertar, y que de­terminará nuestro destino, es una elección. Puedes elegirlo con la misma facilidad con que eliges el miedo. Serénate pues, relájate, y permite que este amor dirija tu vida. Respira hondo unas cuantas veces... ¿Estás preparado ya para acompañarme en este viaje de despertar? ¡Pues pongámonos en marcha!
Empezaré por explicar el origen de mi sentimiento de urgencia. Si has leído mis otros libros, sabrás acerca de la existencia de Joanna, mi hija. Es una chica con una altísima capacidad espiritual, como ha demostrado con sus viajes as­trales, sus premoniciones y sus conexiones con planos ele­vados de conciencia. Ello no quita que, en estos momentos, se encuentre en plena fase de la adolescencia. A raíz de un comportamiento que tuvo, le pedí que fuera a su habitación a reflexionar. Curiosamente, decidió ver una película de tipo espiritual. Mientras tanto, yo me quedé sentada en el sofá del salón, viendo un documental sobre los mayas. De pronto, sa­lió de su cuarto, vino hasta mí y me dijo:
—Mamá, quiero hablar contigo. ¿Puedes apagar el te­levisor?
No era una petición muy habitual, así que lo hice, intri­gada. Para mi sorpresa, se sentó en el suelo, a mis pies, con las piernas cruzadas, y empezó a hacerme preguntas sobre mi maestro, fallecido doce años atrás: cuáles eran sus gustos, su animal preferido, su comida favorita... Me extrañó que me preguntase todo eso, pero la conversación me atrapó com­pletamente; no la asocié con una estrategia de una adolescen­te que estuviese manipulando a su madre para que le levan­tase el castigo. De repente, sin guardar relación con nada de lo que estábamos hablando, anunció:
—No HAY TIEMPO. No QUEDA TIEMPO.
Totalmente desconcertada, le pregunté:
—¿Tiempo para qué?
Resulta que faltaban unos diez minutos para la hora de su cumpleaños, y al principio pensé que se refería a esto. Pero no. La observé, y estaba transformada. Presentaba el aspec­to que tiene cuando está conectada con su Ser: su carácter, su expresión, incluso el tono de su voz, son otros. Y repitió:
—i No queda tiempo! Tienes que buscar la forma de transmitirle a la humanidad que tiene que amarse, despertar al amor incondicional, antes de que sea tarde.
Primero le dije que podía hacerlo por medio de un nue­vo libro, y después le sugerí un vídeo, pero insistió en que no había tiempo para eso. Y me preguntó:
—¿Cómo imaginas los próximos quince años?
Automáticamente, como ella estaba a punto de ser quin­ceañera, pensé: «Bueno, me habla de esta cantidad de años porque es el período de tiempo que asocia con la duración de su vida». De modo que intenté ser positiva y le dije:
—Yo confío en el ser humano; está despertando. ¡Mira los cambios que se están produciendo! Tenemos que co­crear, como humanidad, una versión mejorada de nosotros
mismos. Fíjate en que a los cursos ya no vienen veinte perso­nas, sino mil o dos mil, lo cual significa que está desarrollán­dose una transición, que se está desencadenando un cambio, que vamos bien.
Negó con la cabeza y repitió:
—¡No hay tiempo! Busca la fórmula, reflexiona. —Se levantó, me miró con la expresión de adulto que suele tener en estos casos y dijo—: Piensa sobre lo que te he dicho y a ver si se te ocurre una idea, un modo de transmitir esto y lograr que se haga realidad.
Se marchó y me sentí muy empequeñecida. Fui a la co­cina a hacerme un té. Ahí estuve dándole vueltas al asun­to. Pensé: «Tengo un congreso dentro de poco en México..., aunque antes tengo el curso zen.* Pero al curso zen de Madrid vienen mil personas y no lo filmamos, con lo cual no llegará más lejos. A ver, ¿cuál es el título que le puse a esa charla que voy a dar en Guadalajara (México)?» (se trataba del encuen­tro internacional Yo Soy, en el que hablé el día 11 de febrero de 2017). Busqué el título y vi que era «Llegó la hora». Y pen­sé: «¿ Será que tengo que transmitir algo en esa conferencia, o
en ese viaje?». El corazón me iba a mil por hora; mi alma me
estaba diciendo: «Sí, sí; esta es tu verdad. Hazlo, solo hazlo». Pensé: «Vale, ya está. Si tiene que ser, saldrá; si tiene que ser,
será el momento, y al fin y al cabo no seré yo quien lo haga».
Es decir, no sería el personaje Suzanne Powell quien haría eso posible, sino la parte más elevada de mí, en sintonía con el
nivel colectivo. Y, efectivamente, las cosas parecieron enca­rrilarse esa misma noche, pues recibí un whatsapp en el que me decían que la conferencia de México se retransmitiría a escala internacional.
Mientras estaba en la cocina, vino Joanna y me dijo: —¡Mamá, no sé qué me ha pasado! ¡Es como si hubiese cambiado de personalidad!
Me contó que estaba en su habitación viendo una pelí­cula y que de pronto se sintió diferente. Lo que ocurrió es
que «había vuelto» Joanna. De hecho, no tenía ni idea de que habíamos estado en el salón hablando durante cuarenta mi­nutos. Lo negó rotundamente, hasta que compartí con ella algo de lo que habíamos estado diciendo; solo entonces reco­noció que, en efecto, habíamos mantenido esa charla.
Una vez en México, tanto o más significativa que la con­ferencia en la que participé fue la entrevista que sostuve con José Luis Rueda, del CIRCAC (Centro de Investigación Rue­da Cósmica, A. C.), en Guadalajara, en ese mismo mes de
febrero de 2017. Habíamos previsto una conversación de diez minutos, pero me solté totalmente ¡y acabamos hablan­do una hora y media! Sentí que ahí había tomado su mejor forma el mensaje que quería transmitir, de modo que me apresuré a compartir la entrevista en cuanto estuvo disponi­ble. En muy pocos días tuvo muchos miles de visualizacio­nes, lo cual demuestra que algo está cambiando en el seno de la humanidad: hay muchas personas que tienen el mismo sentimiento de urgencia que yo y anhelan despertar, si no lo han hecho ya. Esa entrevista fue la semilla de este libro que tienes en tus manos. Espero que te brinde las claves que es­tás buscando para transitar por estos tiempos tan revueltos como apasionantes de tal manera que te conviertas en un ser humano que piense, sienta y actúe en sintonía con el amor incondicional, fiel a su verdad.
No quiero finalizar esta introducción sin invitarte a leer, en el apéndice 2, el escrito de Carlos Rodríguez, presidente de la Fundación Carpe Diem, sobre esta época de transición que estamos viviendo como humanidad en el contexto del sistema solar y el cosmos, así como la entrevista que me hizo Francesc Prims, en el apéndice 3.

¡Te deseo un feliz y rápido despertar!

  • Peso 285 g.
  • Autor/es: Suzanne Powell
  • Editorial Sirio
  • Formato 220
  • Encuadernación Rústica (tapa blanda)

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