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El salto Maximizar

El salto

Steve Taylor (aut)

19,13 € sin IVA

El mapa del despertar espiritual.
¿QUÉ ES ESTAR ILUMINADO O DESPIERTO A NIVEL ESPIRITUAL?

  • Prólogo de ECKHART TOLLE
  • Publicado originalmente por Eckhart Tolle

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9788484457251

El Salto describe las diversas formas y niveles de la iluminación, y revela que este es un estado mucho más común de lo que generalmente se cree.
Steve Taylor muestra que es habitual que personas comunes y corrientes, provenientes de muy distintos ámbitos y condiciones sociales, sean capaces de «despertar» a una realidad más intensa e inclusiva, aun cuando no posean ningún conocimiento o experiencia previa sobre las vías o las prácticas espirituales.
La iluminación o despertar es un estado que se caracteriza por ser más amplio y armonioso que el estado normal del ser humano, y que puede ser alcanzado mediante el cultivo de alguna práctica espiritual, aunque también puede presentarse de forma espontánea. Además, puede que no se trate solamente de un logro personal, sino de un proceso evolutivo que el conjunto de la humanidad está experimentando colectivamente en la actualidad.
Basándose en sus muchos años de investigación como psicólogo y en sus propias experiencias, el autor nos ofrece en esta obra el que quizá sea el estudio psicológico más claro y profundo que jamás se haya publicado hasta ahora sobre el despertar. Taylor nos recuerda, sobre todo, que se trata de nuestro estado más natural y esencial, un estado al que todos podemos acceder en cualquier momento y en cualquier lugar.

Steve Taylor

es autor de varias obras sobre espiritualidad y psicología, entre las que destacan La Caída, Salir de la oscuridad y Creando el tiempo. También ha publicado e Calm Center, un libro de reexiones espirituales poéticas.
Es profesor de psicología en la Universidad de Leeds Beckett, en el Reino Unido, y desde el 2011 aparece anualmente en la lista de «las 100 personas vivas más influyentes a nivel espiritual» de la revista Mind, Body, Spirit.

Índice

Prólogo de Eckhart Tolle 11
Introducción 17
1. La caída en el sueño y el anhelo de despertar 35
2. El estado despierto en diferentes
culturas 55
3. El estado despierto natural: los artistas despiertos 83
4. El estado despierto natural: confusión e integración 109
5. El despertar gradual en el ámbito de las tradiciones espirituales 131
6. El despertar gradual fuera del ámbito de las tradiciones espirituales 153
7. El despertar repentino: transformación a través del sufrimiento 177
8. El despertar repentino: despertar energético y de tipo kundalini 213
9. Otros tipos de despertar repentino: ¿es posible despertar mediante el uso de sustancias psicodélicas o de la tecnología? 231
10. Las secuelas del despertar: la crisis espiritual 255
11. Después de la tormenta: rasgos de la personalidad que persisten y maestros cuestionables 283
12. Lo que significa estar despierto: un nuevo mundo y un nuevo yo 297
13. Lo que significa estar despierto: una nueva mentalidad y una nueva vida 323
14. El estado despierto natural de los niños 355
15. Desmitificar el estado despierto 379
16. El salto evolutivo: un despertar colectivo 403
Los seres humanos resurgirán de nuevo 431
Agradecimientos 435
Apéndice: Cuestionario para evaluar el despertar espiritual/secular 437
Notas 441
Bibliografía 461
Recursos 471
Acerca del autor 473

PRóLOGO

ERES UN SER HUMANO. Estas dos últimas palabras no solo describen quién eres como miembro de una especie en particular, sino que además, cuando se examinan con mayor profundidad, te muestran también la doble naturaleza de tu identidad. Humano es lo que eres en el nivel de la forma; es decir, en lo referente a tu cuerpo y tu mente —los dos aspec­tos de tu identidad con la forma que constituyen tu yo con­dicionado—. Este yo viene determinado por la genética y por el medio ambiente, así como por otros factores que aún son desconocidos para la ciencia. Ser, por otra parte, hace referen­cia a la esencia de quién eres como consciencia eterna y atem­poral, incondicionada y carente de forma. En última instancia, humano y ser —la forma y la esencia— no son dos aspectos separados, de igual modo que una ola o una ondulación en la superficie del océano no está separada del océano mismo ni de cualquier otra ola u ondulación, aunque así pueda pare­cernos.
Al igual que la luz emana del sol, el ser, o la consciencia pura, emana de la Fuente Universal de la que surge toda la vida —de Dios—. Sin embargo, a diferencia del sol, la Fuente no existe ni en el espacio ni en el tiempo. No se manifiesta y, por ello, es inconcebible, por lo que no hay nada que podamos
decir sobre ella. No obstante, tu consciencia emana de la Fuente, de modo que nunca puedes estar separado de ella, de la misma manera que un rayo de sol no puede estar separado del propio sol, sino que siempre permanece ligado a él. Lo que emana de la Fuente impregna todo el cosmos —es decir, la totalidad de la dimensión de espacio y tiempo en la que vivi­mos— y es la inteligencia que subyace y que guía la evolución de lo que percibimos como el universo físico. Así es que el universo, incluyendo a los seres humanos, no solo fue creado en un lejano y remoto pasado, sino que todavía se encuentra inmerso en su proceso de creación. Por así decirlo, se trata de un trabajo en progreso. Para poder apreciar en toda su dimen­sión este libro y beneficiarse plenamente de su lectura es ne­cesario entender esta premisa básica. Como dice el propio Steve Taylor, la evolución no queda tan solo a nuestra espalda, sino que también se halla por delante.
Más aún —y contrariamente al credo actual de la cultura dominante—, tal y como el autor explica en esta obra, detrás del proceso evolutivo hay una dirección y un propósito con­cretos. No obstante, el lugar al que se dirige está más allá de todo lo que podamos imaginar. Lo que estamos en condicio­nes de afirmar es que el impulso evolutivo que subyace tras este proceso es el crecimiento de la consciencia. El universo quiere ser cada vez más consciente, y el propósito principal de la vida de todos los seres humanos es entrar en sintonía con ese pro­pósito universal. Por supuesto que, visto desde una perspectiva más elevada, todo lo que existe está ya en plena sintonía con dicho objetivo —incluso cuando parece que es opuesto y con­trario a él—, pero está en sintonía únicamente a nivel incons­ciente. Entrar en sintonía con el propósito universal de forma consciente constituye un increíble salto evolutivo.
Sin embargo, ¿qué significa realmente para los seres hu­manos en su etapa evolutiva actual «hacerse más conscientes» «despertar»? Si tuviera que decirlo en pocas palabras, lo definiría como la «desidentificación del pensamiento». Cuan­do te das cuenta de que esa voz que hay en tu cabeza —ese incesante pensamiento compulsivo— no es quien tú eres, en­tonces has comenzado a despertar; ha aparecido una nueva dimensión de consciencia a la que podríamos denominar pre­sencia o estado despierto. No es que hayas caído por debajo del pensamiento, sino que te has elevado por encima de él. Aho­ra puedes usarlo, en lugar de ser usado por él. Tu sentido del yo pasa de estar basado en la identificación con tus propias historias y posiciones mentales a basarse en la presencia viva que hay en ti, que no es más que la consciencia misma. Por así decirlo, te vuelves consciente del ser que subyace tras el humano. Algo que trasciende tu personalidad condicionada comienza a emerger. Comprendes que tu identidad esencial es la consciencia incondicionada, y puedes verificar dentro de ti la verdad que reside en las palabras de Jesús: «Tú eres la luz del mundo».
Aunque este libro ofrece una gran cantidad de aclaracio­nes conceptuales sobre el despertar, así como muchos y muy interesantes testimonios de primera mano de personas que han experimentado este cambio de consciencia, no es posible comprender su significado más que a través del propio des­pertar, lo que implica ir más allá del pensamiento y los con­ceptos discursivos. No obstante, los conceptos pueden resul­tar útiles —si se usan correctamente— no como explicaciones o construcciones mentales en las que necesitemos creer, sino como indicadores que apuntan hacia la realización. En todo caso, este libro será muy beneficioso para todos aquellos lec­tores que ya estén atravesando un proceso de despertar o bien hayan alcanzado un punto en el que —tal vez como resultado de haber pasado por una profunda crisis, de una pérdida o de algún otro tipo de perturbación psicológica que se haya pro‑
ducido en sus vidas— ya estén listos para embarcarse en dicho proceso. Esta obra puede ayudarles a comprender lo que les está sucediendo y a hacer frente a la confusión o a la sensación de desorientación que a menudo acompañan a las etapas ini­ciales de ese cambio de consciencia. Otros quizá descubran que ya han tenido experiencias de despertar sin siquiera ha­berse dado cuenta de ello, o que llevan cierto tiempo inmersos en un despertar gradual sin haberlo reconocido por lo que realmente es.
El hecho de que, casi con total seguridad, a la humanidad le aguarden una serie de enormes desafíos colectivos —la gran mayoría autogenerados por el estado de consciencia egoísta y no despierto que todavía tiene bajo su dominio a la mayo­ría de los seres humanos— no ha de ser interpretado como señal de que no vaya a darse un despertar más generalizado. Lo más probable es que ocurra lo contrario: la crisis que esta­mos sufriendo actualmente y la agitación aún mayor que se avecina pueden actuar como catalizador para que se produz­ca un cambio de consciencia colectivo. En palabras del propio Steve Taylor: «El salto evolutivo ya estaba en marcha mucho antes de que estos problemas se volviesen tan serios y acu­ciantes, pero tal vez se haya vuelto —y se esté volviendo en la actualidad— más intenso precisamente a consecuencia de ellos».
Los retos y las dificultades constituyen la esencia de toda evolución. Todas las formas de vida —plantas, animales y seres humanos— evolucionan en respuesta a las dificultades que van encontrando. Aunque puede que el ego te sugiera lo con­trario, tu zona de confort no es el lugar más propicio para encontrar el despertar espiritual. Si buscas la plenitud, la sa­tisfacción y la felicidad en personas, lugares, cosas o circuns­tancias particulares, te sentirás decepcionado una y otra vez. No le pidas al mundo que te haga feliz, pues estarías exigién­ dole algo imposible de cumplir y condenándote a ti mismo a una perpetua frustración. En lugar de eso, deja que el mundo te haga más consciente. Quizá así descubras que todos los retos, todas las dificultades y obstáculos que la vida parece poner en tu camino, no son más que oportunidades para des­pertar, para estar presente o para profundizar en el estado de presencia. Muchas de las dificultades con las que te topes, ya sean de carácter personal o colectivo, habrán sido creadas por la inconsciencia humana —tanto la tuya propia como la de los demás—. ¡Todas las cosas que parecen obstáculos que te impiden alcanzar la felicidad o la plenitud no son sino porta­les en potencia para llegar a la presencia! Limítate a modi­ficar tu respuesta ante ellas y observa lo que ocurre. Tu vida no está determinada por lo que te sucede, sino por cómo respondes ante ello. Y, lo que es aún más importante, no au­mentes con tu reactividad el inconsciente colectivo, que se manifiesta particularmente en los medios de comunicación y en la política.
En lugar de eso, lleva la luz de la consciencia a todo aquel con quien te encuentres, a todo problema que tengas que afrontar ¡y a todos tus mensajes de Facebook!
La vida siempre te da lo que necesitas, y ahora mismo te ha dado este libro para usarlo como guía o como compañero de viaje en estos tiempos difíciles. Se trata de una obra que contiene una gran cantidad de hermosa sabiduría, expresada con ese lenguaje directo, claro y realista que Steve Taylor do­mina tan bien. Tengo la sensación de que, como por milagro, ¡puede que incluso llegue a influir en una o dos personas del mundo de la política o de los medios de comunicación!

ECKHART TOLLE, autor de los éxitos de ventas El poder del ahora y Un nuevo mundo, ahora

INTRODUCCIóN

SOLÍA CREER QUE EL DESPERTAR ESPIRITUAL era algo fuera de lo común, un estado extremadamente raro que resultaba prácticamente imposible de alcanzar, a no ser que uno estu­viese dispuesto a convertirse en un ermitaño y pasarse déca­das meditando durante un buen número de horas al día en silencio y soledad. Pensaba que en toda la historia probable­mente tan solo una pequeña cantidad de seres humanos ha­bían despertado; es decir, que habían alcanzado un estado permanente de paz interior, de plenitud y totalidad, con un sentido de conexión o de unidad con el mundo que los rodea­ba y un deseo desinteresado de amar y de ayudar a sus seme­jantes. Ciertamente, nunca había conocido a nadie así, y tam­poco lo esperaba —al menos no en esta vida—. Huelga decir que tampoco me consideraba a mí mismo como alguien que hubiese despertado.
Asociaba el despertar espiritual con las tradiciones orien­tales, como el budismo y el hinduismo. Para mí, el término iluminación evocaba imágenes de monjes con la cabeza afei­tada y túnicas rojas, o de gurús de larga barba rodeados de flores y de devotos postrados ante ellos. Daba por hecho que si en la actualidad existiesen personas que hubiesen desper­tado espiritualmente, la mayoría de ellas tendrían que estar en la India o, quizá, en el Tíbet o en China. Después de todo, de ahí provienen las tradiciones espirituales más puras e in­fluyentes y los textos espirituales más profundos del mundo, como los Upanishads y el Tao Te King.
En comparación, como ciudadano de Europa occidental, mi propia cultura parecía un desierto espiritual. Me gustaba leer sobre los místicos cristianos, y estaba claro que algunos de ellos habían estado despiertos a nivel espiritual (o, al me­nos, que habían tenido vislumbres de dicho estado), pero la religión cristiana en sí misma parecía estar demasiado car­gada de creencias y de conceptos como para poder servir de marco o de base para el despertar espiritual. El paradigma de la felicidad propio de mi cultura estaba basado en tener un buen nivel académico en el colegio y, posteriormente, en la universidad, conseguir un trabajo bien remunerado y con buenas perspectivas de futuro y comprar una casa bonita y agradable en la que uno pudiera entretenerse viendo la tele rodeado de posesiones y de comodidades. Todo en la vida giraba en torno a los logros y al entretenimiento, a los bienes materiales y la diversión. Pensaba que, si quería encontrar a personas despiertas o iluminadas, indudablemente tendría que ir a Oriente.
Estaba equivocado. Este libro describe cómo llegué a com­prender que el despertar espiritual es mucho más común de lo que pensamos y que no es algo que le suceda tan solo a los sabios orientales, sino también a personas aparentemente co­munes y corrientes provenientes de muy distintos ámbitos y condiciones sociales. También describe cómo, tras una serie de encuentros con personas despiertas normales, comencé a estudiar el tema del despertar espiritual como psicólogo.
Este estudio comenzó con mi disertación de licenciatura, después con mi tesis doctoral y posteriormente con las inves­tigaciones que realicé como profesor universitario. Comencé a buscar a personas que hubiesen sufrido este cambio hacia un estado de ser más elevado, más expansivo y armonioso.
En un primer momento, para la disertación de mi licen­ciatura, traté de localizar a personas que hubiesen vivido esta transformación después de haber pasado por un trauma o un sufrimiento intenso. Me sorprendió lo fácil que fue encontrar casos así, y, después de la publicación de mi investigación inicial, muchas otras personas se pusieron en contacto conmi­go para compartir experiencias similares. Entonces decidí ampliar mi investigación para incluir también casos de des­pertar espiritual que no estuviesen específicamente relacio­nados con el trauma y el sufrimiento, lo que me llevó a inves­tigar otros tipos de despertar: personas que habían pasado por un despertar gradual a lo largo de años o incluso décadas de estudio o de prácticas espirituales y un pequeño número de personas que simplemente parecían estar despiertos de ma­nera natural, es decir, individuos que han estado despiertos desde que tienen uso de razón, sin tener que haber hecho ningún esfuerzo especial para ello y sin haber pasado por ninguna experiencia transformadora.
La gran mayoría de las personas que entrevisté no son maestros espirituales y no se ven a sí mismas como parte de ninguna tradición o religión espiritual en particular. Tienen tra­bajos convencionales y nunca han estado vinculadas a tradicio­nes o prácticas espirituales (por lo que, en muchos casos, al principio se sentían confusas respecto a qué era lo que les había sucedido). En parte, fue debido a esto por lo que comencé a desligar el concepto de despertar del ámbito de las tradiciones religiosas, e incluso de las simplemente espirituales. Comencé a concebirlo como un estado particular de la mente y del ser que, si bien podía ser interpretado en función de los dogmas y conceptos de aquellas, no tenía por qué pertenecer necesa­riamente a ese medio.
A lo largo de la historia, lo más habitual ha sido que este salto al estado despierto tuviese lugar en individuos que for­maban parte de alguna tradición espiritual o de alguna reli­gión, por lo que comúnmente ha sido interpretado en los términos propios de dichas tradiciones. Si aquel en quien se daba el despertar era un monje budista, el cambio era descri­to como bodhi, o «iluminación»; si se trataba de un hindú podía llamarse moksha (libertad) o sahaja samadhi (unidad continua o permanente); en el caso de un sufí se describía como baga, o «permanecer en Dios»; y si se trataba de un cristiano podía llamarse deificación o unión con Dios. Sin em­bargo, el estado despierto también se puede dar —y, según mis propias investigaciones, es lo más frecuente— fuera del contexto de estas religiones, de modo que no tiene por qué ser interpretado en términos religiosos o espirituales.
Cada tradición espiritual explica e interpreta este cambio de forma diferente y pone el acento en distintos aspectos. Es como si nos ofreciesen diferentes vistas del mismo paisaje, cada una de las cuales amplía, filtra y selecciona ciertas carac­terísticas y deja otras más olvidadas. Pero cuando esta trans­formación se produce en individuos ajenos al ámbito de las tradiciones espirituales —es decir, en personas que no han recibido una educación particularmente espiritual, por lo que carecen de un marco conceptual con el que interpretarla— es como si nos dieran una visión del paisaje en sí, en su totalidad, en un estado mucho más desnudo, auténtico y carente de estructura.
A través de mis investigaciones como psicólogo he tratado de identificar las características de esta transformación, las diferentes formas en que puede darse y las razones por las que tiene lugar. ¿Cuáles son los desencadenantes o las causas del despertar? ¿Por qué les ocurre a algunas personas y no a otras? ¿Qué es lo que sucede realmente dentro del ser o de la psique cuando alguien despierta? ¿De qué manera aquellos que han despertado experimentan el mundo de forma distinta a los demás? ¿Cómo se ven afectadas sus relaciones, sus valores o sus objetivos en la vida? ¿Cómo se relaciona el estado despier­to con nuestra especie en su conjunto y con la evolución glo­bal de la consciencia?
Estos son algunos de los temas principales que trataré a lo largo de este libro. Pero antes que nada me gustaría intentar disipar parte de la confusión que existe en torno a la ilumina­ción, en parte porque ha sido interpretada de muy diversas maneras por maestros de diferentes tradiciones. En muchas ocasiones, términos como iluminación o expresiones como despertar espiritual tienen distintos significados para diferentes personas. Si les preguntáramos a cien maestros espirituales cuál es su definición de dichos conceptos, lo más probable es que obtuviésemos cien respuestas diferentes. Muchas perso­nas sienten un impulso hacia el despertar, pero debido a esta confusión general no están seguros de hacia dónde se dirigen, hacia dónde deberían encaminar sus pasos. Espero ser capaz de disipar parte de esta confusión identificando claramente las características propias del estado despierto y definiendo con exactitud lo que significa vivir en dicho estado.
EL ENFOQUE QUE HE ADOPTADO EN ESTE LIBRO
Además de mis propias investigaciones como psicólogo, esta obra parte de otras fuentes de información igualmente importantes. Llevo estudiando las distintas tradiciones y prác­ticas espirituales del mundo desde los diecinueve años. En todo este tiempo, he ido adquiriendo un conocimiento am­plio y profundo de sus diferentes enfoques e interpretaciones, de cómo entienden e interpretan el estado despierto y de las
prácticas y caminos que recomiendan para cultivarlo. Perso­nalmente, no estoy adscrito a ninguna tradición en particular, aunque siempre he sentido una fuerte afinidad con tradicio­nes indias como el vedanta, el yoga y el tantra, y también con el taoísmo chino. Al mismo tiempo, siento un profundo res­peto por las tradiciones espirituales budista, cristiana, judía y sufí.
Otra fuente importante es mi propia experiencia personal de despertar, que fue la que me impulsó a investigar este es­tado y sin la cual ninguna de mis investigaciones hubiese tenido sentido. Aunque este libro no pretende ser autobiográ­fico, sí que describe cómo, en el propio proceso de ir descu­briendo que el estado despierto es mucho más común de lo que había pensado, descubrí también que se encuentra en el lugar más cercano que pueda existir: en mi propio ser. Des­pués de creer que era algo que únicamente le había ocurrido a un pequeño número de personas de lugares remotos del mundo, me di cuenta de que, en realidad, me había sucedido también a mí.
No intento explicar este estado como el resultado de una actividad cerebral inusual. Como psicólogo, nunca he estado especialmente interesado en estudiar el cerebro y examinar los tipos de actividad neuronal específicos que se asocian a distintas experiencias concretas. Algunos científicos han su­gerido que las vivencias espirituales pueden estar vinculadas a una actividad mayor o menor en ciertas partes del cerebro, pero para mí esto no resulta particularmente relevante. Es como estudiar el mapa de un país en lugar de explorar el propio país.
La suposición de que las experiencias espirituales son ge­neradas por ciertos tipos de actividad cerebral es sumamente dudosa. Para empezar, la propia suposición de que el cerebro es la fuente de cualquier experiencia consciente ya es proble­ mática por sí misma. En el lenguaje de la filosofía de la cons­ciencia, se trata del «difícil problema» de explicar cómo esa pequeña masa de materia orgánica húmeda y pastosa a la que llamamos cerebro puede dar lugar a la increíble riqueza y variedad de nuestra experiencia subjetiva. (Hay un filósofo que sugiere que esto es equivalente a convertir el agua en vino 1).
De hecho, sería igualmente válido invertir este vínculo causal y sugerir que, si hay algún estado cerebral concreto asociado a la experiencia de despertar, dicho estado puede ser producido por la experiencia, y no al revés. Si vamos caminan­do por el campo y de pronto un oso da un salto y se planta frente a nosotros, sentiremos que se nos disparan los niveles de adrenalina y se producirá un aumento de la actividad de aquellas partes del cerebro que están relacionadas con el mie­do y el estrés. La experiencia de ver al oso se correlaciona con un estado neurológico concreto y determinado, pero eso no significa que dicho estado neurológico vaya a producir por sí mismo la imagen del oso. El estado despierto existe por sí mismo como experiencia y no puede ser reducido a la activi­dad neuronal ni ser explicado en sus términos.
De manera similar, no creo que sea posible explicar el estado despierto como un simple autoengaño. Es indudable que ciertas personas, entre las que se incluyen algunos maes­tros espirituales o gurús, se engañan a sí mismas al creer que están despiertas, pero desde luego este no es el caso de la mayoría de la gente con la que me he encontrado. Me impre­siona profundamente la gran comprensión y la autenticidad con la que dichas personas describen sus nuevas identidades y sus experiencias. Lejos de escapar de la realidad para vivir en un estado de ilusión, esta gente ha entrado en una realidad más intensa y expandida. Viven en un estado funcional más elevado que el habitual, con un propósito más auténtico;
tienen relaciones más genuinas y un mayor sentido de cone­xión. Los grandes cambios que se han producido en sus vidas —y la incomprensión que han atraído por parte de la gente que les rodea— dejan claro que no se trata de que simple­mente hayan llegado a convencerse a sí mismos de que son seres espiritualmente despiertos. Las dificultades que algunos de ellos han tenido que afrontar después del despertar, inclu­yendo una gran sensación de confusión, así lo indican tam­bién. Después de todo, si su pretensión hubiese sido escapar a un estado de autoengaño que les proporcionase bienestar, seguramente habrían excluido de su experiencia todas estas dificultades.
Al mismo tiempo, debemos estar atentos ante la posibili­dad de que, en ocasiones, las proclamaciones de haber alcan­zado el despertar pueden no ser genuinas y deberse, quizá, al autoengaño, al narcisismo o directamente al deseo de explotar a seguidores vulnerables para conseguir riquezas y poder. De hecho, uno de los objetivos de mi investigación —y de este libro— es establecer las características del estado despierto de una forma tan clara que nos permita distinguir entre el estado despierto falso y el genuino. Dado que no hay ninguna regu­lación en lo que respecta a los maestros espirituales, siempre ha existido el problema de aquellos individuos que se enga­ñan a sí mismos o que quieren explotar a los demás; se pro­claman como gurús y causan estragos entre sus seguidores más vulnerables. Pero si tenemos una idea clara de lo que realmente significa estar despierto, entonces debería resultar­nos mucho más fácil identificar a este tipo de maestros frau­dulentos o que se creen iluminados.
UNA SECUELA
El Salto es una especie de secuela, aunque una secuela un poco inusual, ya que lo es a la vez de dos de mis libros en lugar de uno.
Uno de mis libros anteriores, Waking from Sleep, es un estudio sobre las experiencias de despertar —o de los estados superiores de consciencia— temporales. Yo mismo he tenido siempre este tipo de experiencias y, aparte de esto, también he pasado varios años recopilando testimonios. En ese libro analizo estas experiencias, examinando las características, las situaciones y las actividades que las generan, así como los procesos psicológicos y ontológicos subyacentes que tienen lugar cuando ocurren. (Aquí utilizo el término ontológico para referirme a nuestro ser, de igual manera que el término psico­lógico se refiere a la mente). También propongo la teoría de que este tipo de experiencias están relacionadas con una in­tensificación y un aquietamiento de la energía vital. El pre­sente libro intenta hacer algo similar, pero en este caso para el estado despierto permanente.
Sin embargo, El Salto también es —tal y como indica su título— una secuela de mi libro anterior, La Caída, el cual se centra en la antropología, la arqueología y la historia. Esta obra sugiere que el estado original de los seres humanos era precisamente el estado despierto natural, en el que los indi­viduos tenían una clara consciencia de la sacralidad y la vive­za del mundo que les rodeaba y sentían una fuerte conexión con la naturaleza y con todo el cosmos. Según La Caída, los seres humanos primigenios no tenían ningún sentido de sepa­ración del mundo y podían percibir un poderoso espíri­tu-fuerza que lo impregnaba todo, incluyendo su propio ser. Sin embargo, hace unos seis mil años, comenzó a darse una «Caída». Se trataba de una transformación del ser, de la apa‑
rición y el desarrollo de un nuevo tipo de ser humano —de un nuevo sentido del yo— caracterizado por un sentido de la individualidad muy intenso y un nuevo sentido de separación. Por primera vez, los seres humanos se veían a sí mismos como entidades separadas de la naturaleza, de su propia comunidad, e incluso de sus propios cuerpos. Por primera vez se experi­mentaban como entidades individuales que vivían dentro de su propio espacio mental, mientras que el resto de la realidad quedaba «ahí fuera», al otro lado.
En lo externo —en lo cultural— esta transformación se manifestó de muchas y muy devastadoras maneras. Causó un aumento masivo de la brutalidad, de los conflictos y la opre­sión. Dio lugar a sociedades jerárquicas y a guerras constantes entre diferentes grupos. Condujo a la opresión de las mujeres y a una nueva actitud hacia el sexo totalmente represiva y llena de sentimientos de culpa. A nivel interno —en el aspec­to ontológico— significó la pérdida de la espiritualidad natu­ral que sentían los pueblos primigenios (la cual fue manteni­da y preservada por algunos de los pueblos indígenas del mundo, ¡en algunos casos llegando incluso hasta nuestros días!). Nuestros antepasados perdieron el sentido de la sacra­lidad y la vitalidad de la naturaleza, el sentido de conexión con el cosmos y la consciencia del espíritu-fuerza que todo lo impregna. El mundo se desespiritualizó y nosotros quedamos escindidos de él. «Caímos» de un estado natural de armonía a un estado de ansiedad y discordia.
En cierto sentido, el despertar espiritual es el proceso contrario; significa deshacer la patología de la separación y la dualidad y recuperar el sentido de conexión y armonía que tenían los pueblos primigenios. No obstante, al mismo tiempo, implica también un «salto» hacia un nuevo estado de ser. A pesar de sus desastrosos efectos, el nuevo sentido de individualidad que nuestros antepasados desarrollaron en la Caída trajo consigo algunos beneficios, principalmen­te una nueva agudeza intelectual que condujo a un gran avance tecnológico y a una comprensión más racional del mundo. Cuando experimentamos un salto hacia el estado despierto espiritual conservamos estos beneficios. Logramos lo que podríamos llamar un estado de transCaída, que in­tegra la consciencia espiritual propia de los pueblos preCaí­da con la capacidad lógica e intelectual que caracteriza a la
era «caída».
El término Salto tiene a la vez un significado individual y colectivo. En el plano individual se refiere a la transformación que nos hace abandonar nuestro estado ordinario de ser y pe­netrar en el estado despierto —un estado mucho más expan­sivo y que hace que funcionemos a un nivel más elevado—. Y, del mismo modo que la Caída hace referencia al cambio psi­cológico colectivo que algunos grupos de seres humanos co­menzaron a experimentar hace miles de años, el Salto, en el plano colectivo, se refiere al movimiento hacia el estado des­pierto que, en mi opinión, está ocurriendo actualmente en todo el mundo y que incluye a toda la especie humana. El Salto es también un proceso de despertar espiritual colectivo.
LA ESTRUCTURA DE ESTE LIBRO
La estructura de este libro sigue de forma aproximada las etapas del despertar. Comenzaremos por examinar el estado ordinario de ser del cual despertamos. Veremos que casi todas las culturas de la historia han sido conscientes de la posibili­dad de despertar —de salir— de este estado limitado y de alcanzar una consciencia mucho más intensa y expansiva. También examinaremos las formas en las que las diferentes
Después pasaremos a examinar el propio proceso de des­pertar. Sugiero que hay tres formas diferentes en las que un individuo puede despertar de modo permanente. En primer lugar, hay una pequeña cantidad de personas que parecen estar despiertas ya desde el nacimiento, y cuyo estado despier­to se va desarrollando de forma sencilla y natural sin necesi­dad de realizar ningún esfuerzo especial ni de que se produz­ca ningún evento en particular. Después están aquellos que van despertando gradualmente durante un largo periodo de tiempo, ya sea mediante el compromiso con alguna práctica espiritual como la meditación o el yoga, o siguiendo algún camino, tradición o estilo de vida espiritual. Y, finalmente —y este es, con diferencia, el grupo más grande— están las personas que despiertan de una forma drástica y repentina, a menudo después de haber pasado por una etapa de intenso sufrimiento psicológico. Dado que se trata de la forma más común, pasaremos bastante tiempo examinando este tipo de despertar súbito y analizando varios ejemplos provenientes de mis propias investigaciones.
A continuación examinaremos las secuelas del despertar y las dificultades que pueden darse en ocasiones. El despertar puede conllevar una fase de crisis espiritual, en particular cuan­do se produce de forma repentina y radical. En su forma más benigna, puede tratarse simplemente de un periodo de con­fusión. Quienes acaban de despertar puede tener una intensa sensación de bienestar y de paz o plenitud interior, pero, al mismo tiempo, pueden sentirse un poco desconcertados por su nuevo estado y carecer de un marco de referencia concep­tual con el que poder dotarlo de algún sentido. En la mayoría de los casos, estas personas se sienten atraídas de forma natu­ral hacia las tradiciones y las prácticas espirituales, por lo que llegan a comprender la naturaleza de su transformación; pero en los casos más extremos, el despertar repentino puede ser muy perturbador y causar problemas psicológicos que a veces llegan a ser confundidos con la psicosis. Incluso pueden darse problemas físicos, como dolores sin explicación o incapacidad para conciliar el sueño. Si la persona que acaba de despertar no entiende lo que le está sucediendo, y si no recibe apoyo externo durante el proceso, existe el riesgo de que se le diag­nostique psicosis o esquizofrenia. De hecho, creo que un buen número de personas que han sido etiquetadas como enfermos mentales y a las que, en consecuencia, se les admi­nistran altas dosis de fármacos psicotrópicos, simplemente pueden haber experimentado (o estar experimentando) un
despertar espiritual.
Tras esto, nos detendremos a examinar las características del estado despierto según mis investigaciones y cómo estas difieren de las de nuestro «estado de sueño» habitual. Para mí, estas diferencias son principalmente psicológicas y experien­ciales. En muchos sentidos, los individuos despiertos tienen un estado funcional —una forma de operar en el mundo—mucho más elevado, que hace que la vida resulte más satisfac­toria, estimulante y significativa de lo que puede parecer bajo la perspectiva del estado normal de ser. Muchas veces, como resultado de esta transformación interna, hacen cambios sus­tanciales en sus vidas. Comienzan a estudiar nuevas carreras, a tener nuevas aficiones o a entablar nuevas relaciones. Sien­ten un fuerte impulso de realizar contribuciones positivas en el mundo, de vivir de una manera significativa y con sentido, en lugar de tratar sin más de satisfacer sus propios deseos, pasárselo bien o, sencillamente, pasar el tiempo.
Después de analizar las características del estado despier­to pasaremos a compararlas con algunas de las particularida‑
des propias de la infancia. ¿Supone el despertar —al menos en algunos sentidos— un regreso a la niñez? ¿Pudiera ser esto a lo que se refería Jesús cuando dijo que tenemos que «vol‑
vernos como los niños» si queremos «entrar en el reino de los cielos»? 2.
En la sección final del libro nos centraremos en el aspecto colectivo del despertar. Aquí sugiero que la mejor manera de
entender el Salto es hacerlo en términos evolutivos —pues de lo que estamos hablando aquí en realidad es de un salto evolutivo—. Examinaremos las evidencias que apuntan a que este Salto colectivo ya está en marcha y propondremos que lo que conocemos como el despertar —o como el estado des­pierto— muy bien pudiera no ser más que la siguiente fase de la evolución de la consciencia en nuestro planeta. Este estado es más elevado que el estado humano normal actual, del mis­mo modo que el estado normal actual es más elevado que la consciencia del resto de los animales, incluida la de los prima­tes. En otras palabras, aquellos que han despertado podrían estar experimentando de forma prematura un estado que se encuentra latente en muchas otras personas —y, a nivel co­lectivo, en toda la especie humana—, que se irá haciendo más común a medida que vaya transcurriendo el tiempo y que, algún día, se convertirá en la norma. Siempre que no acabe­mos destruyendo totalmente los sistemas de soporte vital de nuestro planeta y provoquemos nuestra propia extinción como especie, a la larga el estado despierto puede llegar a convertirse en el estado normal.
En un momento en el que el mundo tiene que afrontar retos y dificultades a escala masiva, resulta esencial que este Salto colectivo se despliegue lo más rápidamente posible. Nuestros propios esfuerzos conscientes para despertar son importantes, ya que intensifican la transformación que ya está en marcha. La evolución personal de cada uno de nosotros contribuye a la evolución de toda la especie.
UN APUNTE SOBRE TERMINOLOGÍA
Antes de sentarme a escribir este libro, estuve dándole muchas vueltas a qué término debería emplear para describir el estado que constituye su tema principal. En un principio consideré la expresión iluminación, pero nunca me he sentido especialmente cómodo con esta palabra, en parte porque se trata de una traducción inexacta del término budista original bodhi. Los traductores de textos budistas del siglo XIX tradu‑
jeron bodhi como «iluminación», pero este término deriva del verbo pali budh, que significa «despertar», de modo que elsignificado literal de bodhi está más cerca del sustantivo «des‑
pertar». Por otra parte, existe cierta tendencia a pensar en la iluminación en términos completamente positivos, equiparándolo con un estado de felicidad y calma perfectas en el que desaparecen todas las dificultades y todas las imperfecciones. A la vista de algunos de los problemas y dificultades que atra­vesaron muchas de las personas que entrevisté, este término no parecía ser del todo adecuado.
Así que decidí continuar con la terminología referente al despertar que ya había adoptado en Waking from Sleep, donde utilizaba expresiones como sueño o experiencias del despertar.
En este libro utilizo el término despertar para describir la transformación que hace que pasemos de un estado de ser normal a otro estado más elevado, y la expresión estado des‑
pierto para referirme al estado en sí. Para mí, dicha expresión no está tan positivamente cargada como el término iluminación. Estado despierto implica una consciencia más amplia, más profunda y más abierta, que no tiene por qué ser necesa­riamente un estado sencillo o libre de problemas.
Aunque a veces utilizo la expresión despertar espiritual (hasta en el subtítulo del libro), prefiero el término más sim­ple despertar, pues, como ya he dicho, en mi opinión el estado despierto es principalmente un estado de ser, que a menudo se produce fuera del contexto de las tradiciones espirituales o religiosas. También sospecho que el término espiritual alien­ta a la gente a conferir un matiz esotérico a este estado, a pensar en él como en algo extraordinario o de otro mundo, cuando lo cierto es que yo lo concibo como algo natural y normal.
En un principio también estuve sopesando términos más válidos desde el punto de vista psicológico, tales como estado funcional elevado, estado de ser expandido o estado de ser ópti­mo, pero todos ellos me parecieron excesivamente clínicos. En cualquier caso, la función primaria de las palabras es des­cribir conceptos y transmitir el significado de una persona a otra, por lo que a veces es mejor usar términos que ya nos son familiares en lugar de inventar otros nuevos. El término des­penar y la expresión estado despierto no son perfectos ni nun­ca lo serán —después de todo, el estado al que se refieren trasciende el lenguaje—. El lenguaje común fue diseñado para describir estados ordinarios de consciencia, no un estado en el que la dualidad sujeto/objeto se desvanece y en el que el pasado y el futuro no tienen sentido, o bien se funden en uno con el presente. Las palabras no son más que señales, y si tú mismo ya has experimentado el estado despierto —aunque solo haya sido temporalmente—, entonces ya conoces la rea­lidad a la que apuntan.
 

  • Autor/es: Steve Taylor
  • Editorial Gaia Ediciones
  • Formato 14,5 x 21 cm
  • Páginas 480
  • Encuadernación Rústica con solapas (tapa blanda)
  • Prólogo Eckhart Tolle

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