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Mujer despierta Maximizar

Mujer despierta

Tererai Trent (aut)

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Tus sueños son sagrados. No los olvides

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9788416720286

En un momento en que la lucha femenina está de plena actualidad, la figura de Tererai Trent destaca como uno de los grandes iconos del movimiento por el empoderamiento de las mujeres. Nacida en una aldea rural de Zimbabue, Tererai fue obligada a casarse siendo apenas una niña y dio a luz cuatro hijos antes de los 18 años. En aquel mundo las mujeres no tenían acceso a la educación, pero esta mujer extraordinaria, armada tan solo de esperanza, tesón y fe en sí misma, hizo realidad su sueño de estudiar y completar un doctorado. Y ese fue solo el principio de sus increíbles logros.
En parte evocador testimonio y en parte manual motivador, “Mujer despierta” anima a las mujeres a contactar con el poder sagrado que albergan en su interior en nueve lecciones inspiradas en la antigua sabiduría africana. Tejido de historias, mitos, recuerdos y rituales, el libro de Tererai Trent ofrece un camino para lanzarse a luchar por los propios sueños y, en el proceso, crear un mundo mejor.

La doctora Tererai Trent

es una de las voces más destacadas del mundo en la lucha por los derechos femeninos y el acceso de las mujeres a una educación de calidad. Definida por Oprah Winfrey como su «invitada favorita de ahora y de siempre», la doctora Trent es profesora, activista, conferenciante, escritora y fundadora de Tererai International, una organización que ofrece educación a las comunidades rurales. Ha participado en The Oprah Winfrey Show así como en otros programas de máxima audiencia. También ha sido invitada a las Naciones Unidas y a diversas cumbres de mujeres. Está doctorada en Análisis Interdisciplinario por la Universidad de Michigan Oeste y es máster en Salud Pública y Fitopatología.

ÍNDICE

Prólogo       13

Introducción        17

  1. Descubre tu gran anhelo: la llamada del despertar        27
  2. La mujer que el mundo ha olvidado: recuperar nuestra voz       39
  3. Trae al mundo tus sueños sagrados: la siembra de semillas fértiles       69
  4. Sé tu propia narradora: crea nuevos caminos        95
  5. Reconoce la sabiduría de tu cuerpo: aprovecha tu sensualidad       117
  6. Deja que tu espíritu eche raíces: cree en tus sueños        143
  7. Sé valiente y no guardes silencio: inspira acciones y oportunidades        183
  8. La hermandad sagrada: cultiva tu sahwira        225

Conclusión: ¡es alcanzable!       247
El viaje de tus sueños sagrados: diez elementos esenciales        275
La creación de círculos de sueños de la hermandad sagrada de sahwiras       281

Recursos recomendados       295
Agradecimientos        301
Bibliografía       305

PRÓLOGO

Invité a Tererai Trent a aparecer en la última temporada de The Oprah Winfrey Show como mi «invitada favorita de todos los programas». Fue toda una declaración, considerando que desde el otoño de 1986 hasta el invierno de 2011 había entrevistado a más de 37.000 invitados. Y había escuchado una gran variedad de relatos de diásporas humanas, desesperación, autodestrucción, disfunciones, pérdidas, victorias, lo­gros y triunfos.
Oí hablar de la historia de Tererai dos años antes de que ella apare­ciera en mi programa por primera vez. Su afán por superar los obstáculos enquistados de su entorno y su osadía para imaginar una vida mejor me llegaron al alma. Su trayectoria vital encarnaba la esencia de cada lección que había compartido con los telespectadores durante veinticinco años: esperanza, creer en algo mayor que uno mismo. Creamos nuestra reali­dad al entender nuestros pensamientos. Gratitud es apreciar lo que tene­mos, sea lo que sea. Sabiendo que no importa de dónde vengamos. Sin dejar de perseguir nuestros sueños. Y, sobre todo..., tener el poder para cambiar el curso de nuestra vida mediante la educación. Su historia —de ser una joven a la que casaron en la preadolescencia y una madre con apenas estudios de un remoto poblado zimbabuense a alcanzar su sueño de doctorarse en Estados Unidos— personifica la resiliencia y el coraje. Sabía que Tererai inspiraría a cualquier audiencia dispuesta a escucharla.
Cuando pisó el plató, sentí al instante una profunda conexión es­piritual con ella. Nos miramos a los ojos, sin movernos, durante uno o dos segundos. En esos breves momentos sentí algo poderoso. De mu­jer a mujer. Te veo. Te conozco. Sé quién eres y el esfuerzo colosal que requiere lo que has alcanzado.
Fue un momento sagrado, una experiencia profunda de mirar a una mujer y sentir en cada fibra de mi ser que la percibía totalmente, y saber al instante que ella también me percibía en mi totalidad. Ves a la otra persona y la otra persona te ve a ti. Plenamente.
Ha sido una de las personas más inspiradoras que he conocido en todos los años que llevo haciendo entrevistas. La historia personal de Tererai nos hace llorar y alegrarnos al mismo tiempo. Su tenacidad, compromiso y optimismo son un bálsamo para incluso el alma más fatigada.
Sin embargo, Tererai, con toda su sabiduría, sabe que ella nunca ha sido la protagonista de su historia. Que detrás de su éxito siempre ha habido un «nosotros», y el verdadero don de Tererai es conocer y respetar este hecho con toda su alma.
El día que apareció en el plató de mi programa sentí una forma de vivir en el mundo, el actuar de una hermandad de mujeres despiertas que también había sentido con mis chicas de Sudáfrica en la Academia Fe­menina de Liderazgo de Oprah Winfrey (OWLAG). Siguiendo la tra­dición de sus antepasados, oí los ecos de sus saludos al cruzarse por el pasillo cuando se dirigían a clase: Sawubona («Te veo»), y la respuesta, Ngikhona («Estoy aquí»). Es una actitud que todas podemos cultivar. Te veo, estoy aquí. Es un poder que podemos crear y sustentar.
Este es el libro que estaba esperando de Tererai, porque plasma la sensación que las dos tuvimos el día que vino a mi programa. En Mu­jer despierta Tererai nos inspira, por medio de peripecias vitales, mitos, rituales y poesía, a conectar con nuestros anhelos más profundos y a forjar con ellos un sueño sagrado que satisface lo que ella llama nuestro «Gran Anhelo», nuestro deseo de encontrarle un sentido a la vida, de tener un propósito y de sentir que formamos parte de una comunidad. Te veo, estoy aquí. De mujer a mujer.
Mujer despierta, en parte biografía y en parte un modelo inspirador para crear un mundo mejor, y una carta de amor dirigida a las madres, las hijas y a nosotras mismas, nos recuerda lo poderosas que son las creencias y hasta qué punto nos inspiran a construir y transformar nuestro mundo y el de las personas de nuestro alrededor. Sus palabras nos llegan a lo más hondo, el lugar donde residen todos nuestros an­helos y nuestra soledad. Nos invitan a no dejar que las cosas materiales nos emboten los sentidos y a escuchar nuestros anhelos para sacar a la luz nuestro auténtico potencial.
Todas las escritoras, narradoras, emprendedoras, abuelas y madres maravillosas que hablan en este libro —desde Maya Angelou y Toni Cade Bambara hasta Audre Lorde, Tererai y la madre de la autora—son el hogar que nos está aguardando, nos invitan a arrojarnos en sus brazos y a hacer nuestra su sabiduría. Nos animan a ocupar nuestro lugar en el mundo como perseguidoras de sueños.
Si has tenido alguna vez un sueño, un anhelo o un deseo, pero te has dicho: «No lo alcanzaré nunca. No tengo el tiempo/dinero/recur­sos/habilidad/valor...», este libro es para ti. Si has contemplado alguna vez el mundo y te has estremecido por alguna de sus numerosas cruel­dades o injusticias, este libro es para ti. Si conoces el poder de la soro­ridad o necesitas conocer su poder, este libro es para ti.

OPRAH WINFREY

INTRODUCCIÓN

Una mujer en armonía con su espíritu es como un río que fluye.

Se dirige a donde desea sin excusas y llega a su destino, lista para ser
ella misma y nadie más.

MAYA ANGELOU

Crecí en una familia de granjeros y pastores de una zona rural de Zim­babue, entre el pueblo shona o korekore del norte del país. Zvipani, mi poblado, se encuentra en el distrito de Hurungwe; el nombre le viene de una famosa montaña sagrada conocida como Urungwe.
Durante las estaciones de las cosechas, antes de que mi comunidad quedara devastada por la Segunda Guerra Chimurenga que motivó la lucha por la liberación de Zimbabue, los habitantes del valle del Zam­beze realizaban sus ceremonias de invocación de la lluvia a la sombra de esta gran montaña, un volcán activo en potencia cuyo tamaño es motivo de orgullo y de respeto para los habitantes de los quince mil o más hogares de los que se compone el distrito de Hurungwe. Cuando los terremotos asolaron la región y se alzaron los poderosos estruendos del Urungwe, los lugareños del valle se arrodillaron rezando, impresio­nados por su poder.
El pueblo shona ha vivido en Zimbabue desde por lo menos el si­glo once, lo que se corresponde con la fecha de datación de las ruinas del Gran Zimbabue, el núcleo urbano de intercambio comercial donde se han encontrado numerosos objetos del mundo artístico, político y cultural. El pueblo shona se divide en cinco clanes principales; cada uno tiene su propio mutupo, o tótems, que define el linaje y la familia. Yo nací entre los korekore, en el mutupo del Moyo —el Corazón—, al norte de la región, donde existen tradiciones ricas en el arte ancestral de la pintura sobre tela, la escultura y la música que dan voz de mara­villa a la condición humana de formas que trascienden la geografia y el tiempo.
Los korekore son granjeros con una rica cultura espiritual. Cree­mos que nuestro mundo y todo cuanto existe empezó con el Ser Su­premo y Creador, un espíritu invisible que preside el cielo y la tierra, y al que nos referimos como Mwari, Musikavanhu o Nyadenga, que se traduce generalmente como «El que es» «Dios, la Gran Unidad», «El creador de los seres humanos» o «El Gran Espíritu». Las personas no pueden acceder a Dios; por esto, nuestros mayores le piden consejo y guía a través de los vadzimu, los espíritus ancestrales. Estos guardianes invisibles, nuestros antepasados, son la piedra angular de nuestra vida espiritual y también una fuente de consuelo y protección, sobre todo durante las enfermedades. Cuando el Urungwe empieza a retumbar, rezamos a estos antepasados para pedirles protección.
La vida de los korekore, como la de gran parte de los nativos zim­babuenses, gira en torno a nuestra creencia en el deber colectivo para la supervivencia de todos. Existe una regla tácita que nos obliga por responsabilidad moral a perseguir un objetivo común. Al ser todos iguales, la comunidad y los antepasados protegen a los korekore y sus derechos.
En la infancia aprendemos pronto que no pertenecemos solo a nuestra familia, sino también a nuestros vecinos. Los vecinos tienen los mismos derechos y responsabilidades que los miembros de la fami­lia en lo que se refiere a inculcar buenos modales a los niños del pobla­do. En nuestra cultura se cree que la conducta de un individuo, sea buena o mala, afecta a toda la sociedad. De niños, aunque esta supervisión adulta tan estrecha tuviera consecuencias graves cuando nos portábamos mal, también nos daba una sensación de seguridad y per­tenencia. Los vecinos suelen llevar comida a los niños o cocinar para ellos cuando su madre está ausente.
A pesar de la belleza de nuestra colectividad, otras fuerzas del en­torno pusieron en peligro nuestro estilo de vida. A los indígenas del Zimbabue colonizado por los británicos en 1888, y a comunidades como la nuestra, nos obligaron a dejar nuestros hogares ancestrales para asentarnos en este incómodo territorio cuando se determinó que las duras condiciones de esas tierras no eran adecuadas para los coloni­zadores europeos. Hurungwe, delimitado por los colonizadores euro­peos como reserva «indígena» en 1913, se convirtió en una de las reser­vas africanas más extensas y pobres de Zimbabue. En la actualidad se la conoce por ser «la franja de los mosquitos y las moscas tse-tse». Nuestro poblado lleva luchando durante décadas contra las enferme­dades, la pobreza y la falta de recursos básicos: agua potable, electrici­dad, atención sanitaria, educación y, en algunas épocas, alimentos.
He visto lo inestable que es todo cuando la pobreza, la guerra y un sistema opresivo colonial se entrelazan con las normas de una sociedad tradicionalmente patriarcal. Las mujeres y las niñas, aunque en la cul­tura korekore sean unas poderosas detentoras de nuestra sabiduría y de nuestra memoria colectiva, fueron subvaloradas por un sistema de cla­nes que otorgó a los hombres el poder para dirimir las disputas, la toma de decisiones y las prácticas conyugales, como la poligamia y la heren­cia de esposas. Ante esta realidad, el sistema colonial opresor nos de­negó nuestra dignidad y nuestros medios de subsistencia, creando y propagando la desigualdad entre la comunidad. Estábamos sentadas sobre un polvorín.
Cuando durante mi juventud estalló la guerra por la liberación, mi pueblo, desgastado por las fuerzas patriarcales y coloniales, se fue divi­diendo cada vez más. Las familias fueron obligadas a divulgar secretos familiares, y las comunidades se separaron cuando disentían sobre a qué bando apoyar o si sus hijos se habían unido a los combatientes que luchaban por la independencia o al ejército rodesiano. Las mujeres y las niñas se convirtieron en las víctimas de una guerra que estalló antes de que algunas de sus madres hubieran nacido. Si bien todas corrían peligro de ser violadas por los soldados que cruzaban los poblados, las jóvenes y las niñas solteras eran las más vulnerables. Para evitar que violaran a sus hijas, los padres y los líderes de los clanes las obligaron a casarse precozmente para intentar protegerlas.
En este contexto tuve, con apenas catorce años, a mi primer hijo. A los dieciocho, ya había traído al mundo al cuarto.
Provengo de un largo linaje de mujeres que se vieron forzadas a llevar una vida que nunca eligieron. Había estado viviendo toda mi vida en una población rural pobre y había visto la vida de servidumbre que llevaban las mujeres a causa de la pobreza y la falta de estudios, una situación que les destruía la autoestima. Mi propia madre y las mujeres que la precedieron tuvieron que aguantar las infidelidades de sus mari­dos, pues los hombres eran considerados superiores a las mujeres. La promiscuidad masculina se veía como algo natural.
A pesar de mi matrimonio precoz y abusivo, la determinación y la grandeza de las mujeres de mi alrededor, que afrontaban con estoicis­mo la vida pese a las adversidades, sembraron una semilla que despertó en mí el profundo anhelo de llevar otra clase de vida. Pero no fue fácil conseguirlo.
Mi gran oportunidad llegó cuando conocí a una mujer americana que me aseguró durante una visita a mi poblado que yo podía conse­guir cualquier cosa que me propusiera. Volvió a despertar en mí el sueño de estudiar y de que las niñas y las mujeres de mi poblado goza­ran de una buena educación. Ante la insistencia de mi madre, escribí mis sueños, los sembré bajo tierra y recé para que germinaran.
Y así lo hicieron. Gracias a mi férrea determinación, a un esfuerzo titánico y a la convicción en mis sueños, no solo me doctoré, sino que creé una importante plataforma global desde la que dirigirme a los líderes mundiales y a una audiencia internacional que me permitía abande­rar la lucha por el derecho de las mujeres a una buena educación.
En 2012 fundé Tererai Trent International (TTI), una organiza­ción dedicada a ofrecer y mejorar el acceso universal a una educación de calidad en las comunidades rurales de Zimbabue. Gracias a la gene­rosa donación de Oprah Winfrey y a la colaboración con Save the Children, mi organización ha beneficiado a más de seis mil niños que ahora están recibiendo una educación de calidad y dando sus primeros pasos en el proceso de aprendizaje.
Hemos formado a muchos profesores y hemos construido aulas, y en la actualidad las niñas no solo son más numerosas en las clases, sino que además confían en un futuro mejor. En casi cincuenta años, nin­gún niño de la Escuela de Matau de mi comunidad había podido en­trar en la universidad después de terminar los estudios de primaria y secundaria hasta que mi organización empezó a actuar. Ahora, la co­munidad de Matau puede jactarse de tener a varios estudiando en dis­tintas universidades, como una en la Universidad de Zimbabue, una de las mejores del país, y otra en una universidad de Argelia, donde un alumno está estudiando medicina. Pero me estoy adelantando a los acontecimientos.
Mucho antes de acudir al programa de Oprah Winfrey como su «invitada preferida de todos los programas», antes de fundar mi orga­nización sin ánimo de lucro y de ser en dos ocasiones la oradora del discurso principal en la Cumbre de Dirigentes del Pacto Mundial de la ONU, era simplemente una mujer de orígenes humildes con un sueño sagrado que estaba esperando a que lo despertara para materia­lizarse.
En todas partes del mundo las mujeres están tomando conciencia como nunca antes en la historia reciente. En enero de 2017, junto con 750.000 personas, me manifesté en las calles de Los Ángeles durante la Manifestación Femenina Mundial, evento en el que, a nivel global, participaron tres millones de mujeres, hombres y niños.
«¿Lo oyes?», me preguntó mi amiga mientras nos abríamos paso para unirnos a la manifestación. Suena como el rumor de un avión, aunque era incapaz de saber de dónde procedía. «¡Es la gente!», excla­mó con los ojos empañados de lágrimas. «¡Es el ruido de la gente!» La agarré de la mano, estremeciéndome emocionada. Al poco tiempo vi­mos de dónde venía el ruido: de una multitud palpitante de mujeres en un mar de gorros rosa y pancartas de vivos colores, sonriendo y cantan­do al unísono. Ese día, las mujeres nos unimos en todas partes de Es­tados Unidos, y en cada continente, con el grito de guerra de justicia y amor en nuestros labios.
Después de la manifestación, la pregunta que más oí fue: «¿Y ahora qué?» Habíamos visto lo que podíamos hacer juntas y ahora ansiábamos un modelo de lo que hacer a continuación, un manual para manifestar nuestra visión de un mundo mejor de formas grandes y pequeñas. Este libro es ese modelo; desde mis inicios traumáticos, he estado manifestando mi visión de un mundo que se ha curado. Te ofrezco las historias y las prácticas de las páginas siguientes de cora­zón a corazón, esperando que te ayuden a despertar como hermana sagrada dispuesta a crear un efecto en cadena.

Manifiesto de Los sueños sagrados

Queridas hermanas, las mujeres somos un recurso masivo global sin apro­vechar para curar el mundo, y ahora nos estamos alzando por todo el planeta: en las calles, en los hogares, en el mundo político que antes era exclusivo de los hombres, en los círculos académicos, en las empresas, en los medios de comunicación y en el servicio a las personas. Y, sin embargo, por una razón u otra muchas hemos dejado de lado nuestra sabiduría más profunda, nuestras habilidades más preciadas y nuestros sueños más sagrados. Los acontecimientos de mi vida temprana me silenciaron, y sé que muchas de vosotras habéis sufrido también silen­ciamientos. Sé además, como me ocurrió a mí, que podéis despertar, y que lo haréis, y vivir una vida digna de vuestros sueños sagrados, el pro­pósito cósmico latente que está esperando alzarse en vuestro interior y que pronunciéis su nombre. Este libro os guiará para que triunféis, para que saquéis a la luz y reavivéis aquello que es más sagrado para vosotras, el sueño que anida en vuestro corazón y la conexión con vues­tras hermanas del mundo.
Las mujeres tenemos una capacidad excepcional para inspirar, crear y transformar. Mi misión es avivar vuestros sueños sagrados ofre­ciéndoos una guía accesible, íntima y evocadora que os anime a volver a analizar vuestros sueños y a revelar el poder oculto en vuestro inte­rior, el poder de recrear nuestro mundo para mejor. Conectaré con los sueños de vuestro corazón, os daré permiso para reclamar vuestro pro­pósito supremo y os ofreceré las herramientas para abrir el camino más brillante para todas.
Se trata del movimiento de la mujer despierta, del círculo de las herma­nas sagradas.
En estas páginas cuidaré del fuego de la resilencia que centellea en vuestro interior. Seré vuestra compañera mientras reivindicáis vuestra potente voz, llenando los silencios del pasado. Valiéndome de poesías y narraciones, os daré el coraje para alimentar vuestros anhelos más profundos y descubrir vuestro sueño sagrado, para sembrar y cuidar las semillas de quienes estáis destinadas a ser, y para que vuestra vida se alinee armoniosamente con un bien común.
Situada entre lo antiguo y lo moderno, entre un poblado rural zim­babuense y las principales ciudades estadounidenses, os ofrezco una perspectiva global sobre las causas del menoscabo social de las mujeres y nuestra conexión a lo largo de las fronteras geográficas. Este libro es para las mujeres de un extremo al otro del planeta que albergan sueños olvidados o desaprovechados, sueños silenciados o ignorados. Nos recuerda que las mujeres somos nuestro propio recurso más enriquece­dor, así como el del mundo.
Necesitamos tanto que nos lo recuerden como recordárnoslo a no­sotras mismas, si deseamos liberar este poder que transforma la vida y el mundo. Con demasiada frecuencia la sociedad no entiende quiénes somos como mujeres. Nos malinterpreta. Unámonos para proclamar que somos un matriarcado colectivo planetario de sanadoras y soñado­ras. El espíritu de este colectivo puede curar naciones enteras.
Sé que tenéis un deseo: el deseo de ser vistas y oídas, e incluso de oíros a vosotras mismas. El deseo de soñar. Oigo estos anhelos. Este libro reavivará —o inflamará— vuestra llama interior. No solo os veréis y oiréis a vosotras mismas con más claridad, sino que también veréis y oiréis a otras mujeres que están anhelando eliminar de su vida lo que las está silenciando.
Este libro contiene todas las lecciones y las historias que he aprendido en mi vida y mis vivencias como voz reconocida interna­cionalmente en el empoderamiento femenino. Os ofrecerá las herra­mientas para poner nombre a vuestros sueños sagrados y manifestar­los. Al entretejer la sabiduría indígena de mi tierra y mi pueblo con las investigaciones contemporáneas, espero ofreceros una perspectiva unificadora y expansiva de lo que significa ser una mujer despierta en los tiempos actuales.
Ahora más que nunca, cuando estamos afrontando como pobla­ción mundial unos problemas complejos que son demasiado impor­tantes como para recurrir a soluciones fáciles, el mundo necesita la vi­sión, la creatividad y la voz de las mujeres del planeta. Ya no podemos permitirnos vivir desconectadas de nuestro propósito sagrado y colec­tivo. El mundo necesita un equipo de mujeres despiertas, de mujeres en contacto con su lado divino, de mujeres fortalecidas por su feminidad, de mujeres que cultivan sus sueños sagrados, alimentando así el propó­sito sagrado de las demás.
En los capítulos siguientes os guiaré paso a paso, mano a mano, para que toméis conciencia de vuestro sueño sagrado, desplegando en toda su plenitud vuestro cuerpo, vuestra mente y vuestro espíritu, pro­clamando vuestra valía y vuestra dignidad, sanando las heridas del alma y llenándoos de poder para soñar audazmente de nuevo.
Para aprovechar al máximo las historias, la sabiduría y los rituales de este libro, os aconsejo que empecéis a llevar un diario de vuestros sueños sagrados para ir siguiendo vuestros hallazgos y vuestro creci­miento interior. Tal vez incluso queráis colaborar con amigas o crear un círculo de lectura. Al final del libro, explico cómo hacerlo en el apartado «La creación de círculos de los sueños de la hermandad sa­grada de sahwiras».
También quiero mencionar que cada capítulo finaliza con un «Ritual sagrado» que celebraréis en vuestro viaje para alcanzar vuestros sueños. ¿Por qué un ritual? Porque los rítuales dan fuerza y dirección a un viaje. Son lo que da sentido al mundo imprevisible y a sus fuerzas silenciado-ras. Son las acciones necesarias para recorrer con aplomo el camino que nos lleva a nuestros sueños, sabedoras de que nos guía un poder superior. Muchas religiones, tribus y familias tienen sus propios rituales de fe, que practican con asiduidad para dar sentido a la vida.
Al igual que sucede entre mi pueblo korekore, los rituales son los actos sagrados que nos unen a nuestro poder colectivo, ligando nues­tras conexiones ancestrales a la tierra y la sabiduría de la vida. Nos guían en cómo tratamos a la madre naturaleza y expresamos nuestro agradecimiento por sus fuentes de curación y bienestar. Mi abuela siempre nos recordaba a sus nietos que, aunque los rituales nos guíen en la consecución de nuestros sueños, no debemos olvidar que son la mayor plataforma desde la que expresar nuestra gratitud.
Los rituales se han celebrado desde la prehistoria. Y mi pueblo cree que acarrean y transmiten mensajes profundos de los antepasados y del universo. Además de dar sentido a nuestra vida en la tierra, nos conectan con los misterios del mundo que la mente humana no ha conseguido esclarecer. Mi vida está marcada por los rituales en honor de estas cone­xiones. Cada bocanada de aire y cada acción están dirigidas por esos ri­tuales, me ayudan a celebrar las alegrías de mi vida y actúan a modo de espejo para entender las pérdidas, la pena y la curación. Son tan impor­tantes que debemos celebrarlos con humildad. Y vosotras también sois importantísimas. Tenéis el poder de celebrar rituales que os ayudarán a creer más en vosotras mismas y en vuestros sueños sagrados.
Juntas, gracias a una mezcla de sabiduría indígena basada en expe­riencias sagradas y generaciones de vidas y de investigaciones modernas y rituales sagrados, emprenderemos el camino hacia nuestros sueños sa­grados, un camino de alegría y descubrimientos a medida que demos los pasos que desemboquen en nuestra autorrealización. En cada página, cada narración, cada pregunta, os pido que paséis a la acción para que descubráis vuestro gran propósito en la vida, recuperéis vuestra voz, aceptéis los deseos de vuestro cuerpo, alimentéis vuestra alma y reivindi­quéis vuestro lugar entre la hermandad de soñadoras sagradas.
Este viaje de los sueños sagrados es el camino de la mujer despier­ta, queridas hermanas. Vuestros sueños son el lugar donde reside lo divino. Para despertar, debéis desenterrarlos, sustentarlos y encamina-ros hacia ellos en cuerpo y alma. Una vez despiertas, personificaréis lo divino, la fuerza capaz de curar vuestra alma y el corazón del mundo.

  • Autor/es: doctora Tererai Trent
  • Editorial Urano
  • Formato 150 x 225 mm
  • Páginas 312
  • Encuadernación Rústica con solapas (tapa blanda)

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