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Kahuna Y Ho'oponopono Maximizar

Kahuna Y Ho'oponopono

Sondra Mahoe Ray (aut)

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Secretos de los maestros hawaianos y de la vida eterna
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Secretos de los maestros hawaianos y de la vida eterna

Lo que resulta especialmente conmovedor de la cultura y la espiritualidad hawaianas son su autenticidad y su sabiduría. En Kahuna y Ho´oponopono, Sondra Ray narra su iniciación personal a las ancestrales enseñanzas de los kahuna (guardianes del misterio hawaianos) bajo la guía de la maestra kahuna Puanani Mahoe.
Con esta obra aprenderás a:
- Experimentar una mayor armonía interna mediante la comprensión de tus tres identidades espirituales: ´unibipili, ´ubane y ´aumakua.
- Resolver conflictos y crear relaciones más amorosas con los antiguos consejos y técnicas de oración llamadas ho´oponopono.
- Manifestar tus sueños a la manera de los kahuna.
Ho´oponopono es un gran regalo hawaiano cuyo nombre significa enderezar la situación, corregir errores y encauzar adecuadamente las relaciones, y ofrece uno de los mejores métodos (independientemente de sus raíces culturales) para crear y mantener buenas relaciones familiares.
Según la tradición kahuna, el agresor y los agredidos están vinculados por la transgresión misma y por la cadena de consecuencias que entraña.
El nombre que dan los kahuna a la transgresión, falta o error es hala. Podemos imaginar el hala como una cuerda invisible que vincula al agresor con su acto y con la víctima. Mientras la víctima se aferre a esta cuerda, estará vinculado con el agresor. Y así es como el agresor y la víctima se mantienen subyugados el uno al otro. Los kahuna sabían que esta relación seguiría produciendo un enredo negativo hasta que ambos, víctima y agresor, se liberasen mediante el perdón.
Cuando el hala se aborda a través del proceso del ho´oponopono, llega a soltarse por medio del perdón. A este proceso se le llama kala, que significa liberar, desatar, desvincular.

Ho�oponopono es un gran regalo hawaiano cuyo nombre significa enderezar la situación, corregir errores y encauzar adecuadamente las relaciones, y ofrece uno de los mejores métodos (independientemente de sus raíces culturales) para crear y mantener buenas relaciones familiares.
Según la tradición kahuna, el agresor y los agredidos están vinculados por la transgresión misma y por la cadena de consecuencias que entraña. El nombre que dan los kahuna a la transgresión, falta o error es hala. Po-demos imaginar el hala como una cuerda invisible que vincula al agresor con su acto y con la víctima. Mientras la víctima se aferre a esta cuerda, estará vinculado con el agresor. Y así es como el agresor y la víctima se mantienen subyugados el uno al otro. Los kahuna sabían que esta relación seguiría produciendo un enredo negativo hasta que ambos, víctima y agresor, se liberasen mediante el perdón.
Cuando el hala se aborda a través del proceso del ho�oponopono, llega a soltarse por medio del perdón. A este proceso se le llama kala, que significa
liberar, desatar, desvincular.

Sondra Ray es una de las fundadoras del movimiento renacedor (rebirthing). Es profesora formadora de esta técnica, dirige talleres y, a su vez, es investigadora de las disciplinas espirituales. Entre sus libros (editados en varios idiomas) se incluyen: "Renacimiento en la nueva era", "Yo merezco amor", "Celebrando la respiración", "La única dieta" y "Relaciones con amor", editados en español por Neo Person Ediciones, Madrid.
Vive en Marina del Rey, California.

Puanani Mahoe es una respetada maestra de espiritualidad hawaiana de la tradición kahuna. Comparte sus enseñanzas por medio de conferencias, ceremonias y encuentros ho�oponopono. Frecuentemente es invitada a participar en programas de radio y televisión. Se graduó en las escuelas Kamehameha, en la isla de O�hau, Hawai, y actualmente reside en Maui.

PRÓLOGO

Conocí a Sondra Ray en 1996 cuando contactó conmigo para que yo realizara la ceremonia de apertura y bendición de un seminario espiritual que ella iba a dirigir en Maui. En aquella época ya llevaba varios años viniendo a Hawai para enseñar desarrollo espiritual desde la perspectiva de muchas tradiciones en las que había sido iniciada en el transcurso de mi vida. En Hawai aprendí mucho sobre los caminos espirituales que aquí conocemos con el nombre de «Huna». En 2002, después de uno de sus seminarios, Sondra me dijo que estaba proyectando ir a la isla grande para visitar la Cueva Vagina. Le dije que tenía que acompañarla en esa visita. Siendo una nativa hawaiana, he sabido de la existencia de las cuevas toda mi vida. Mi bisabuela habló de ellas a mi madre y la llevó a visitarlas y a visitar a nuestros ancestros. Aunque la Cueva Vagina es muy importante para mi familia, nunca había estado allí. Y por eso me parecía especialmente importante acompañar a Sondra y visitar a mis antepasados, que han residido en ese lugar cientos de años.
Mi familia y la educación espiritual en la tradición Huna me enseñaron que la Cueva Vagina se identifica con
la diosa Pele, aunque la mayoría de los que visitan la isla solo conocen el volcán que lleva su nombre. Pocas personas conocen el origen de Pele tal como lo describe nuestra tradición espiritual nativa. Hace mucho tiempo, en la antigua Hawai, había muchos dioses y diosas. Se les conocía como «el principal rebaño de espíritus», o na pu�a ali�i �uhane. Estos espíritus se encontraban por doquier en los cielos y en la naturaleza. Uno de estos espíritus era la diosa Hina, el espíritu femenino supremo, que también era conocida como la madre de los dioses menores, la madre de la humanidad, la patrona de la fertilidad y la madre de la semi-diosa Pele.
En cuanto se quedó embarazada de Pele, Hina supo que la niña que llevaba en su seno sería diferente. Fiel a estas expectativas, Lonomakua, el guardián de la llama, miró fijamente a los ojos de Pele pocos días después de su nacimiento y vio el reflejo del fuego. Supo que aquella niña se convertiría en la guardiana de la llama que ardía en lo pro-fundo de la tierra. Pele conservaría todos los secretos del fuego y algún día gobernaría los volcanes de Hawai. Heredaría el poder de crear y destruir la tierra.
Según contaban los antiguos, cuando Pele creció, los dioses la enviaron a realizar un viaje en canoa, Honua-iakea. Después de pasar muchos días en el mar, ella y su familia llegaron a una isla que les era completamente desconocida. En ella había grandes montañas cubiertas por una neblina de humo que ocultaba sus picos, indicando la existencia de un volcán en erupción. Pele estaba familiarizada con el olor a humo que emiten los volcanes. Dio las gracias a su padre, Kanehoalani, por haberla guiado hasta allí por medio de las estrellas.
Hay muchas leyendas, reflejadas en danzas, canciones y cantos, que cuentan la historia de Pele. Esta que sigue se suele citar y cantar a menudo:
No Kahiki mai ka wahine �o Pele,
Mai ka �aína mai �o Polapola,
Mai ka punohu a Kane mai ke ao lapa i ka lani, Mai ka �opua lapa i Kahiki.

Lapaku i Hawai�i ka wahine �o Pele
Kalai i ka wa�a o Honua-i-akea,
Ko wa�a, e Ka-moho-ali�i, hoa mai ka moku, Ua pa�a, ua �oki, ka wa�a o ke akua,
Ka wa�a o kalai Honua-mea o holo.

[De Tahití viene la mujer Pele,
De la tierra de Bora-Bora,
De la niebla que se eleva sobre Kane, del amanecer Que se despliega en el cielo,
De las nubes que resplandecen sobre Tahití. Profundo anhelo por Hawai sintió la mujer Pele, La canoa, Honua-i-akea, fue construida Tu canoa, o Ka-moho-ali�i, compañera de viaje, Firmemente atada y bien equipada estaba la canoa
de los dioses,
La canoa en la que habría de navegar La-Que-Conforma-La-Tierra-Sagrada.]
Cuando llegó a su destino, Pele, con júbilo, dio a la isla el nombre de «Hawai», la tierra del fuego. Después, con su bastón de fuego mágico, Pa�oa, llegó a una gran cavidad
volcánica y le dio el nombre de «Kilauea». Dentro de la cavidad había un cráter, al que dio el nombre de «Halemaumau». Sosteniendo el Pa�oa en su mano, Pele dedicó el volcán Kilauea a sus dioses, y declaró que el cráter de Halemaumau era su hogar. Pele-ai-honua, Pele la comedora de tierra, había llegado. Estaba en casa.
Estas antiguas historias sobre Pele contienen muchas enseñanzas conocidas colectivamente como Huna, que forman el núcleo de la tradición espiritual de las islas. Para mí, ir a las cuevas era una oportunidad de visitar a mi familia espiritual, a mis hermanos y hermanas, y a todos los reyes y reinas de Hawai. Ellos son mis parientes carnales. Tenía la oportunidad de pasar tiempo con mi familia espiritual, de modo que para mí fue una ocasión muy reconfortante.
En mi familia humana, las historias sobre Pele se han contado durante muchos años, por lo que esta visita a mi familia espiritual era muy real y auténtica para mí. Cuando era niña aprendí que Pele se presenta bajo muchas formas, a veces como una anciana. Cuando mi madre era niña, es-taba en casa con su abuela Tutu. Mi madre miró por la ventana y dijo:
—Tutu, mira, jmira? Ahí hay una señora mayor peinándose el pelo.
Su abuela miró hacia fuera.
—iOh, es Tutu Pele? —dijo—. Va a haber una gran erupción. No tengas miedo. Todo transcurrirá con normalidad.
Mi madre se dio cuenta de que todos los demás habitantes del poblado se habían ido de sus casas. Los únicos que quedaban eran ella y su familia.
—Tutu —dijo—, somos los únicos que quedamos aquí. Tenemos que irnos.
Pele erupcionó. Mi madre vio la lava bajando por la ladera y corrió hacia su abuela, que le dijo:
—No te preocupes, Haliaka; todo irá bien.
La lava bajó por la montaña, llegó hasta el muro de piedra y lo rodeó. Cuando mi madre volvió a mirar por la ventana, la anciana se había ido. Y dijo a su abuela:
—Tutu, la dama se ha ido.
Y mi bisabuela respondió:
—Por supuesto, Haliaka. Ya te lo dije, era Pele. Pele siempre cuidará de nosotros. Es parte de la familia. Nosotros somos parte de su familia.
Debido a su gran poder, la gente tiende a pensar que Pele es una destructora, pero no lo es. Ella reclama tierras que han sido profanadas por la humanidad, pero siempre nos ofrece la oportunidad de mantener el equilibrio. Si no lo hacemos, entonces ella reclama la tierra con todos sus medios. Pero no está destruyendo; está reclamando y recuperando.
Como comprenderás en las páginas siguientes, Pele está muy vinculada con la tradición espiritual nativa de Hawai. Madame Pele, como a veces se la llama, es la chispa divina de la creación, y por tanto es un aspecto de la Madre Divina, que también está presente en muchas otras tradiciones de todo el mundo. La esencia de esta tradición se ex-presa en la palabra «aloha».
Desde tiempo inmemorial, los maestros y profesores previeron que vendrían muchos cambios, y así, para mantener la consciencia en estos tiempos, incluyeron esta pa-labra en el lenguaje. Cuando escuchas el lenguaje hawaiano, es muy lírico, muy musical.
La palabra «aloha» contiene la consciencia que los an-
tiguos pusieron en ella: «A» (ah) es la primera luz del amanecer, la chispa de dios, dios el padre, la diosa madre. «Lo» es el símbolo y el sonido de la eternidad, de lo eterno. «Ha» es la respiración, el don, la bendición de la vida procedente de Dios. Y así, al decir «aloha» recordamos nuestro don, el don que se nos ha dado. Nos recuerda nuestra grandeza interna. Decimos: «Aloha ke Akua», Dios es amor. «Aloha ke Akua», Dios está dentro de nosotros. «Aloha ke Akua», Dios es, yo soy. Es muy simple, y sin embargo todo está ahí, dentro de estas enseñanzas, hay enseñanzas dentro de enseñanzas. Debemos entender cada paso, cada parte: Dios es amor, Dios está dentro, Dios Es, Yo Soy. Cada paso es una lección, y a veces una lección muy larga. Hace falta mucho tiempo para aprender cada lección. A veces solo las aprendes viviendo. A veces solo se aprenden mediante el cono-cimiento compartido, la sabiduría. El modo de aprenderlas depende de cómo dirijas tu vida, de cómo la vivas.
«Kahuna» viene de la palabra «huna», que hace referencia a lo que está escondido, a los misterios. El kahuna es un guardián del misterio, el maestro, por así decirlo. Con-forme empiezas a reconocer las enseñanzas y a aceptarlas como parte de tu vida, y a medida que haces uso en tu vida del conocimiento que te ha sido dado, este va envejeciendo bien. Esto es lo que llamamos sabiduría. Cuando llevamos el conocimiento a nuestras vidas cotidianas lo vamos convirtiendo en sabiduría.
Existen muchos ritos de tránsito: uno es iniciado mu-chas veces, por la vida, por la luz. El aprendizaje no se detiene nunca, ni para un kahuna ni para nadie. Uno nunca acaba de graduarse de los distintos niveles de conocimiento y sabiduría. Las enseñanzas proceden de muchas fuentes.
En primer lugar podrían venir del maestro interno, de la sabiduría inherente que todos llevamos dentro. O pueden llegar cuando más las necesitas, tal vez de fuentes inesperadas. Cuando estás preparado, el maestro se presenta. Los maestros siempre se han presentado. También están el linaje, la tradición y la historia, la transmisión oral, el len-guaje. Todos estos son componentes importantes de la sabiduría tal como nos es dada. Hacer el trabajo de los Huna: esto es mi kuleana, mi responsabilidad.
Creo que la sabiduría es universal: no es propiedad exclusiva de nadie, y la consigues viviendo tu vida. Todo el mundo tiene algo que poner sobre la mesa, y ahí es donde entra el espíritu aloha. En la práctica aloha aprendes a escuchar, aprendes a discernir, y aceptas lo que deseas aceptar. Si sientes que algo está bien para ti, se convierte en tu verdad. La verdad es la verdad. No hay una verdad más cierta que otra. Tanto si estás de acuerdo como si estás en desacuerdo con una verdad, lo que tienes que hacer es mostrar respeto.
Todo está conectado —el reino vegetal y el mineral, el reino animal, que incluye a todas las criaturas terrenales, del cielo y del mar, y el reino humano—, cada uno forma parte de la totalidad, como una familia. Cuando un miembro se va, la familia deja de estar completa. Si se retirara el reino mineral, faltaría algo en el gran esquema de la vida. Cada reino tiene su propio equilibrio, y su equilibrio se añade al equilibrio mayor, el equilibrio de la familia, el equilibrio del universo. Todos estamos vinculados. Todos estamos en relación unos con otros.
Pele es como la guardiana de nuestro planeta. Cuando la gente dice que ella es una destructora...; ¡no? Ella está
reclamando la tierra. Ese es su kuleana, su responsabilidad. Ella es el ciclo menstrual del planeta y libera un flujo de cenizas. Ella reclama tierra que ha sido profanada y con el flujo de su lava devuelve tierra nueva. La gente anda perdida y ya no comprende ni recuerda quién es ella.
En la antigua sociedad hawaiana, hace varios cientos de años, tenían el equivalente de lo que actualmente observamos en la sociedad moderna. Digamos que tenían distintos expertos, especialistas y practicantes de ciertos kuleana o responsabilidades.
A través de las experiencias que compartimos en la Cueva Vagina llegué a ver a Sondra no solo como una buscadora espiritual, sino como una auténtica maestra que sir-ve como valioso puente entre culturas. A lo largo de su vida ha sido una guía dedicada para muchos miles de personas, y ha sido capaz de ofrecer a sus alumnos una rica perspectiva de la universalidad .de la sabiduría espiritual. A través de ella nos llega una visión de cómo estamos verdadera-mente vinculados en unidad, y de que cada uno de nosotros tenemos acceso directo a lo Divino a través de enseñanzas que en último término no tienen límites sociales ni étnicos.
Tal como entiendo el deseo de Pele, se trata de un mensaje muy simple que sentimos en nuestro corazón: respirar, vivir y ser.
PUANANI MAHOE

INTRODUCCIÓN

Supongo que de alguna manera ya nací sanadora, por-que mi abuelo me vio al poco de nacer y ya no volvió al manicomio. También recuerdo que mientras paseaba en mi triciclo me dedicaba a visitar a los enfermos y a los pobres de nuestro pequeño pueblo. Por tanto, era inevitable que cuando mi padre enfermó y empezó a entrar y salir de los hospitales, yo me inclinara por estudiar enfermería. Quería saber por qué la gente de mi pueblo enfermaba y moría. En aquel tiempo los niños asistíamos al funeral de cada persona que fallecía en nuestro vecindario. Incluso se sus-pendían las clases para que pudiéramos caminar los cinco kilómetros que nos separaban del cementerio.
Me encantaba ver cómo enterraban a la gente, y no en-tendía por qué el sacerdote decía: «El Señor se lo ha lleva-do.» No podía soportar la idea de que Dios mataba a la gente. De modo que mi misión empezó muy pronto: tenía que descubrir la verdad sobre la enfermedad y la muerte. Se podría decir que el choque final llegó cuando mi padre murió la noche anterior a mi graduación del instituto de secundaria, y toda la ciudad lloró al oírme pronunciar el discurso de aceptación de mis menciones honoríficas.
Me rebelé contra las tendencias religiosas de mi familia y me casé con un ateo. Pero volvió a surgir en mí el deseo de servir cuando escuché el famoso discurso del presidente Kennedy sobre los Cuerpos de Paz. Dije a mi marido que teníamos que unirnos a ellos. Incapaz de resistirse a mi entusiasmo, él accedió, y ambos nos sometimos a una forma-ción muy exigente.
Finalmente montamos en un avión para ir a Perú, y durante el despegue nos dijeron que el presidente Kennedy había sido asesinado. Nos quedamos atónitos. Pero cuando aterrizamos no tuvimos mucho tiempo para el duelo por-que Perú estaba sufriendo una epidemia. Los Cuerpos de Paz fueron para mí un verdadero campo de entrenamiento para el servicio en el ámbito mundial. Supe que nunca vol-vería a ser la misma.
Mientras asistía a los cursos de posgrado empecé a integrar mi poder personal, lo que produjo una gran convulsión en mi matrimonio y acabó abocándome al divorcio y la desolación. Durante la guerra de Vietnam me uní al cuerpo de enfermería del ejército del aire y, al sentirme ya muy herida, empecé a hacer terapia.
Un día mi ex marido me llamó para decirme que quería que volviera con él. Pensé que tal vez aquello era la solución. Debía volver a intentarlo. Empaqueté todas mis cosas en cajas y se las envié a Florida.
Pero aquella noche tuve mi primera experiencia mística. Estaba sentada en el suelo contando a una amiga que iba a volver con mi marido. De repente, ambas oímos una voz en el aire que dijo: «¡No vuelvas nunca?» Me quedé sorprendida, pero no podía ponerme de pie y salir corriendo. De hecho, no podía moverme. Unos rayos de luz mesujetaban al suelo. La voz dijo en un tono más alto: «¡No vuelvas nunca? Vete a California ahora?»
Mi amiga me miró y dijo: «Sondra, creo que más vale que te vayas a California.»
Supe que si no seguía la instrucción de la voz lo la-mentaría el resto de mi vida. De modo que reuní lo que quedaba de mis pertenencias y pronto estaba montada en mi deportivo de camino a California, a pesar de haber recibido una carta de la asociación de enfermeras que me advertía que en aquel estado no había trabajo para nosotras, a pesar de estar arruinada por un reciente viaje a Europa, y a pesar del pensamiento inquietante de que aquella era una apuesta muy atrevida. No recuerdo nada del viaje, excepto que cuando crucé la frontera de California empecé a sentirme muy bien. Dirigí el coche hacia San Francisco porque había leído un artículo en la revista Time sobre cierta investigación médica que me interesaba especialmente.
Las colinas de San Francisco me daban miedo y no tenía ni idea de adónde iba, pero mi coche se paró repentina-mente en la calle Scott y por aquel tiempo mi apellido era Scott. Levanté la vista y vi un cartel que decía: «Aparta-mento amueblado en alquiler».
Llamé a la puerta del apartamento del encargado. —Tengo que vivir aquí —le dije.
—Señora —dijo él—, tiene que abonar dos meses por adelantado y un depósito de garantía.
Calculó el total. No podía permitírmelo de ninguna manera, pero continué diciéndole que tenía que vivir allí, y no podía alejar mi cuerpo de él.
Creo que mi insistencia le pertubó. Finalmente dijo:
—Señora, no sé qué tiene usted, y nunca he hecho esto en veinticinco años, pero puede trasladarse aquí.
Le prometí que conseguiría un trabajo. Al día siguiente encontré a los investigadores sobre los que había leído en la revista Time y me dijeron que no tenían fondos para con-tratarme, pero podían hacer una llamada para ayudarme a encontrar trabajo. ¡Quién lo iba a decir? Acabé teniendo trabajo en el hospital Kaiser de Oakland, a pesar de las advertencias de la Asociación de Enfermeras. El trabajo era un milagro. Tenía que encargarme de la sección de obstetricia y ginecología. Era la preparación perfecta para el desarrollo de mi carrera.
Una peluquera próxima a casa me habló de una formación llamada EST que era lo último en San Francisco. De modo que hice algunos talleres con ellos, abriendo mucho mi mente. Por desgracia, después de eso sufrí una serie de accidentes de coche: golpearon varias veces a mi deportivo por detrás, tanto cuando estaba conduciéndolo como cuan-do lo tenía aparcado. Tenía el coche en el taller con tanta frecuencia que eso empezó a condicionar negativamente mi capacidad de acudir al trabajo.
Una noche me puse a llorar por este motivo en una de mis clases de posgrado. Entonces se me acercaron tres hombres y me preguntaron cuál era el problema. Les dije que tenía un síndrome. Ellos me respondieron:
—No te preocupes. Hay un nuevo gurú en la ciudad.
Estaba dispuesta a probar cualquier cosa. Desde el divorcio se me estaba cayendo el pelo, tenía muchos dolores corporales y ahora sufría accidentes automovilísticos.
El siguiente domingo por la mañana mis tres nuevos amigos me llevaron a unas montañas cerca de San José.
Cuando llegamos había un hombre de pie en lo alto de una colina, con unas veinte personas a su alrededor. Estaba hablando de lo que denominaba «los cinco grandes», las cinco estructuras de pensamiento negativo que impiden a las personas sentirse dichosas. Y son:

1. El trauma de nacimiento.
2. Estructuras específicas de pensamiento negativo.
3. El síndrome de desaprobación parental.
4. El impulso inconsciente hacia la muerte.
5. Las influencias de otras vidas.

Supe que la causa de mis problemas estaba en algún lugar de aquella lista y estaba claro que, fuera la que fuere, aún no la había resuelto. De modo que me dije: «Este hombre es mi maestro.» Se llamaba Leonard Orr.
En otra ocasión Leonard vino a una clase de astrología a la que yo asistía y preguntó: «¿Quién quiere probar algo nuevo?» Me di cuenta de que mi mano estaba en el aire sin que yo recordara haberla levantado, porque ni siquiera era consciente de para qué me estaba ofreciendo voluntaria. Él dijo:
—De acuerdo, tú. Tienes que dejarlo todo durante una semana y venir conmigo.
¿Cómo podía hacer eso si acababa de empezar a trabajar y aún no me correspondían vacaciones? Parecía imposible, pero también había parecido imposible encontrar un apartamento y un trabajo, de modo que pensé que tal vez la suerte volvería a estar de mi lado. Fui a ver al di-rector del hospital Kaiser y le dije que necesitaba tomarme una semana de vacaciones para mi crecimiento espiritual.
Creo que se quedó tan perplejo que ni siquiera se dio cuenta de que me estaba diciendo que sí. Bueno, el destino es el destino... De repente, el universo entero estaba cooperando.
Leonard llevó a unos diez de nosotros a un bosque. Fuimos entrando de uno en uno en una bañera de madera llena de agua caliente, nos pusimos en posición fetal, y respiramos de una manera específica a través de un tubo. Esta fue mi primera «sesión de renacimiento», como él la llamó. Después de pasar por la bañera me llevaron a descansar debajo de un árbol. Levanté la vista y vi el aura alrededor de todas las hojas. Nunca había visto auras anteriormente. Estaba ocurriendo algo importante.
Al día siguiente hice acopio de toda mi autoestima y pregunté a Leonard:
—¿Cómo puedo hacerme renacedora?
—Trabaja tu propio trauma natal y después vente a vivir conmigo.
En aquel momento lo único que sabía de mi nacimiento era lo que mi madre repetía siempre: que yo había ve-nido directamente de la cocina. Le encantaba el hecho de que yo hubiera nacido sobre la mesa de la cocina. Por mi parte, a mí no me parecía tan genial, porque desde entonces estaba traumatizada por la comida.
Cuando nací, parir en casa no era habitual, de modo que los trescientos vecinos del pueblo en el que vivíamos vinieron a verme. Mamá decía que también había venido a verme gente de otros pueblos. No estoy segura de por qué, pero tal vez ahí comencé a ser una figura pública. Nunca tuve la intención de ser una figura pública, y de niña estaba muy segura de que tenía que ser misionera.
Durante algún tiempo quise ser azafata, pero era demasiado alta.
Mientras trabajaba mi renacimiento guiada por Leonard, la consciencia de mi nacimiento creció y se amplió. Leonard vivía en una gran casona vieja en la zona de Haight Ashbury, en San Francisco. La casa tenía una historia muy escabrosa y oscura; allí se había consumido droga y habían ocurrido todo tipo de cosas. Una serie de personas que estábamos entusiasmadas con su nueva técnica respiratoria nos trasladamos a vivir con él. No teníamos muebles, pero pronto hubo una bañera en el sótano. Cada día, al llegar a casa después del trabajo, practicábamos el renacimiento unos con otros. Nuestras vidas empezaron a cambiar drásticamente. De repente me di cuenta de que la razón por la que había sufrido tantos accidentes en la parte posterior izquierda de mi coche era que esa es la parte de mi cuerpo donde el médico me golpeó al nacer.
La buena nueva fue que se esfumó todo el dolor de mi cuerpo, mi pelo volvió a crecer, empecé a tener muy buenas relaciones con los hombres y me sentía estupendamente. Estaba empezando a darme cuenta de que mi destino era ser una sanadora espiritual. Un día tomé con-ciencia de que era una locura dar píldoras a los pacientes y cuidarles perfectamente para que después volvieran a enfermar. ¿Cómo era posible que los renacedores estuvieran curándose permanentemente mediante aquella simple técnica de respiración y cambiando sus pensamientos? Muy pronto reuní todo mi coraje y abandoné la medicina. Me daba miedo, pero sabía que estábamos metidos en algo muy grande.
En mi práctica como renacedora empecé a notar algo muy importante: los clientes venían a mí y me contaban todos sus problemas, especialmente los que tenían que ver con el sexo y las relaciones. A continuación les daba otra sesión y tenían recuerdos de su nacimiento. Me asombró comprobar que el hecho de descubrir lo que había ocurrido durante su nacimiento afectaba muy negativamente a sus relaciones. Empecé a registrar estos datos en mi cabeza.
Un día Leonard me pidió que fuera a Hawai a dar un seminario. Aquella era una experiencia nueva para mí. Como no sabía qué contar a los asistentes, me limité a compartir mis experiencias del renacimiento. El día pasó muy rápidamente y todo el mundo se quedó con la boca abierta. Me dijeron:
—Sondra, ¡esto explica todo lo que me ha ocurrido] Tienes que quedarte porque mañana queremos traerte a nuestros amigos.
Sus amigos reaccionaron a mi seminario de la misma manera. Se asombraron de que lo que les contaba explicara una gran parte de sus vidas. Volví a San Francisco y escribí todo lo que pude sobre mis experiencias en Hawai. Aquellos escritos acabaron convirtiéndose en un texto al que llamé: «Entrenamiento para las relaciones amorosas». Las noticias sobre este seminario se extendieron a toda velocidad, y muy pronto me vi viajando e impartiendo cursos.
Empecé a escribir libros y enseguida me invitaron a enseñar en otros países. En aquel tiempo nunca salí en tele-visión porque aún no habíamos formado a un número suficiente de renacedores. Pronto fui incapaz de atender todas las peticiones, de modo que tuve que entrenar rápidamente a otros renacedores y a otros formadores. El entrenamientopara las relaciones amorosas fue un gran éxito durante más de diez años.
A continuación nos invitaron a ir a India. Después de todo esto nada volvió a ser igual. Cuando conocimos a nuestro maestro, Babaji, el encuentro fue tan emocionante y tan impactante para nuestro sistema que las palabras no pueden transmitir la gloria suprema ni el desafio tan extremo que supuso.
Trata de imaginarte lo que implica encontrarte con un ser no nacido de mujer: sí, eso es, alguien que no ha llegado a este mundo a través del canal natal. Este maestro materializó su cuerpo en una cueva a partir de una bola de luz. Cuando estabas con él, él lo sabía todo sobre tu pasado, presente y futuro.
Si estabas dispuesto, él podía liberarte totalmente. De repente, él me estaba empujando a ser muy grande. Estaba cambiando mi ADN, haciendo añicos mi ego. Estaba mostrándome infinitas posibilidades, activando todas mis vidas pasadas para que pudiera limpiarlas. Me estaba dando más amor incondicional del que yo podría haber imaginado. Estaba descargando el reino de Dios en mi propio aparta-mento, demostrándome una revelación viviente de la fuerza de vida. Me estaba sacando de todos los viejos paradigmas y ofreciéndome una vida de creatividad divina. Estaba vibrando con la Presencia Crística ante mis ojos, haciéndome temblar como una hoja en el aire. Estaba haciéndome afrontar toda la oscuridad que había en mí, ofreciéndome en todo momento su inspiración divina.
Preparaba constantemente «lilas» (juegos divinos que el gurú propone para resquebrajar tu cascarón) por los que yo debía pasar para limpiar mi karma. Me mostró mi-
lagros asombrosos y me hizo dejar atrás los viejos hábitos que habían enmarcado mi existencia. Me estaba proporcionando una vida asombrosa y maravillosa con toda la rapidez que yo podía tomarla. Babaji expandió mi consciencia y me hizo ir a la profundidad de mi ser. Me ofreció una realidad cósmica de cómo podía ser la vida y deshizo las alteraciones de mi mente. Él hizo desaparecer mis problemas. Su gracia me permitió empezar a disfrutar de mi vida. Él hizo de mí una embajadora de lo eterno mientras yo temblaba de miedo, abandonando todas las programaciones mortales. Saturó mi alma con su esencia mientras me mantenía a la distancia justa para no quemarme.
Él me rodeó de los preciosos yoguis y kahunas hawaianos sobre los que he escrito en este libro. Y un día me di cuenta de que él era la voz en el aire que me dijo: «No vuelvas nunca.» Él dio un giro completo a mi vida. Me di cuenta de que había estado guiándome en todo momento y estaba al cargo de mi evolución. Mi vieja vida se derrumbó enteramente; ya no era la que creía ser. En consecuencia, mi atención empezó a enfocarse momento a momento en la presencia de Dios, y la vida se convirtió en una celebra-ción continua. Estas mismas experiencias están a disposición de todos.
Empecé a llevar grupos a los Himalayas, y mi trabajo se aceleró de tal manera que tenía que esforzarme por completar las tareas que Babaji me encomendaba. Incluso ahora él me empuja a avanzar, a deconstruirme y reconstruirme. Él me ha lanzado en manos de la Madre Divina. Ella ha ganado mi corazón y me ha situado en el campo de lo milagroso. También me hice devota de Ammachi, que es otra manifestación de la Consciencia Crística, y el impacto de su presencia es parecido a la acometida de un electrochoque.
Y ellos nunca dejan de impulsarme. Justo cuando creo que voy navegando a velocidad constante, me obligan a entrar en una vibración más elevada y me recuerdan por qué estoy aquí: para cambiar temor por amor, muerte por vida.
¡Om Namaha Shiva Jai Ma!

INDICE

 

  • Prólogo     9
  • Agradecimientos     1 7
  • Introducción     19
  • Pele y la cueva de la vagina sagrada     33
  • Diosa de los volcanes hawaianos     42
  • El deseo de Madame Pele     44
  • Equilibrar lo masculino y lo femenino     46
  • Una oración a la Madre Divina para tener paz
  • y equilibrio     49
  • La magia de los kahuna     50
  • Las primeras iniciaciones y milagros kahuna     52
  • El espíritu Aloha y la práctica de honrar a los demás     53
  • Principios únicos de la filosofía Huna     59
  • Los secretos de la oración eficaz     65
  • El primer paso antes de la oración es acumular
  • una cantidad extra de mana     67
  • El método Ferson     68
  • Fórmula para la oración en acción     69
  • Entender los bloqueos que se producen entre
  • el yo inferior y el Yo Superior     70
  • Alabanza y crítica     72
  • Ejemplo de oración para pedir una relación     73
  • Ejemplo de oración para pedir dinero     74
  • Un encuentro oportuno, auspicioso, y celebración     75
  • Consciencia `ohana     79
  • Tocar el corazón de las islas     81
  • Las enseñanzas ho�oponopono de Morrnah     84
  • Propósito y uso del ho�oponopono     86
  • El ho�oponopono trabaja con las cuerdas invisibles     88
  • Actitudes que se requieren para el ho�oponopono     90
  • Dirigir el encuentro     92
  • Aspecto que podría tener     94
  • Resolución de conflictos de pareja al estilo
  • ho�oponopono     96
  • El poder del ho�oponopono     98
  • Los kahuna y la curación     101
  • Poderosas filosofías de curación     104
  • Deshacer los bloqueos que impiden la curación     106
  • Telepatía: acceder a tu potencial psíquico     110
  • Cambiar tu futuro     111
  • Lecciones de amor     112
  • El arte y la ciencia de la manifestación     114
  • Espiritualidad australiana     116
  • Una curación mahorí al estilo kahuna     120
  • Espiritualidad en la vida de cada día     122
  • Reflexiones sobre la inmortalidad     124
  • Completar el viaje     128
  • Glosario de términos hawaianos     131
  • Referencias     133
  • Bibliografía     137
  • Sobre el renacimiento     139
  • Acerca de la autora     141

 

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