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Mandalas Bienestar: Ho'Oponopono Maximizar

Mandalas Bienestar: Ho'Oponopono

Jean Graciet (aut)

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Para liberarnos de lo que nos oprime

Cuando estoy inmerso en la aceptación y libre de juicios, me abro al perdón y al amor».

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El Ho’oponopono permite borrar los recuerdos que son fuente de perturbaciones a la vez que aporta paz interior y armonía. Para ello, basta con adoptar una actitud que conlleve bondad y dé sentido a la vida. De una manera lúdica, con la ayuda de citas para meditar, podrás hacer tuya la célebre sabiduría hawaiana y permitir que ella te acompañe en tu día a día.

Déjate impregnar por el sentido de las frases de Jean Graciet mientras coloreas los mandalas y trabajas en la práctica de Ho’oponopono.

Jean Graciet

Es terapeuta de PNL, de hipnosis ericksoniana y especialista en la investigación de síntomas y enfermedades. Desde el año 2010 se dedica , junto con María-Elisa Hurtado-Graciet, a difundir el mensaje de Ho'oponopono, un camino hacia la consciencia.

 

  • Formato: 17 X 19 cm
  • Páginas: 64
  • Traducción: Pilar Guerrero
  • Maquetación: Isabel Estrada
  • Corrección: Sara Moreno

Los mandalas del bienestar

Mandala es una palabra sánscrita que significa «círculo, centro, unidad, totali­dad». Concretamente es un dibujo en forma de círculo con figuras diversas que se van repitiendo y que forman un conjunto armonioso, cada vez diferente y variado. Es como un caleidoscopio. Cada mandala es único, del mismo modo que cada uno de nosotros es único y diferente, del mismo modo que son distin­tos nuestros estados de ánimo.
En la tradición budista, el mandala es un soporte para visualizaciones, con el fin de concentrarse a través de la meditación y la contemplación del gran «todo» que nos rodea y al que estamos unidos y del que somos interdependientes. Es un momento para hacer el vacío dentro de nosotros, dejarse llevar por la armonía resultante sin buscar darle un sentido, sólo sumergirse sin querer comprender la simbología de las formas ni de los colores.
Tú también puedes convertirte en el actor de tu propia meditación y visuali­zación sobre una temática bien precisa para dejarte impregnar, profundamente, de su sentido, a fin de que el hemisferio derecho de tu cerebro (el de la intui­ción) comparta también tu conocimiento.
¡Serás el actor de tu mandala!
Soltar lastre o los cuatro acuerdos toltecas (objeto de nuestros dos primeros mandalas bienestar) representan esta aproximación. Los conceptos son simples en su formulación, la tarea más ardua es su aplicación en la vida cotidiana; porque puede pasar que lo hayamos comprendido todo, pero que no seamos capaces de integrarlo en nuestro ser profundo y en nuestra consciencia de forma suave e intuitiva.

Ho’oponopono,
un camino hacia la consciencia

El Ho’oponopono está en el origen del ritual de perdón y reconciliación practi­cado en Hawái. Es una filosofía, un arte de vivir, una manera de vivir en paz. Se compone de dos palabras. Para empezar HO’O, que significa «causa» o «empe­zar una acción». Y PONO, que tiene muchos sentidos y que puede traducirse por «lo benevolente», «lo correcto», «lo justo», «estar en armonía, en equilibrio», «integridad», «perfección». Por otra parte, la palabra PONO es muy importante en la tradición hawaiana porque designa una persona justa, equilibrada, cen­trada, benévola, que vive con el perdón. Es fundamental ser «PONO».
«Cuando se es una persona equilibrada, buena, humilde, tranquila, que res­peta y honra, entonces se es Pono».
En el término Ho’oponopono, la palabra Pono se repite dos veces para refor­zar su sentido, de manera que el significado definitivo del término sería «volver a poner en orden» «corregir errores», «restablecer la paz».
Este ritual se practicaba en grupo, en el seno de la comunidad o de la fami­lia, en el momento en que aparecían diferencias o cualquier tipo de problema relacional o de otra clase. Se practicaba bajo la supervisión de un sacerdote, un chamán o una persona de autoridad, digna de confianza y en presencia de todos los protagonistas. Esta reunión puede durar todo el tiempo que sea necesario, desde horas a días enteros.
El ritual comportaba tres fases. Para empezar, había un momento en el que cada cual exponía su visión del problema; después, un momento de silencio durante el que se podía meditar sobre lo que se había dicho; finalmente, un tiempo reservado a la oración. Luego se recomenzaba hasta que el perdón lle­gase e hiciese el resto, es decir, que fuera capaz de traer la paz a cada uno de los participantes y al conjunto del grupo. ¡Qué maravillosa filosofía de vida practi­cada por los hawaianos y transmitida oralmente, de generación en generación!
A finales de los años setenta, Morrnah Simeona, que era una chamana Kahuna lapa’au, es decir, maestra de plantas medicinales, decidió moderni­zar la práctica del Ho’oponopono, de manera que pudiera adaptarse mejor al mundo moderno occidental. Puso de manifiesto una nueva enseñanza: el cambio principal que introdujo en la práctica del Ho’oponopono fue que no había necesidad de un sacerdote ni de estar en presencia de otros protagonistas del problema, ni de nadie en general. De hecho, Morrnah imaginaba que el Ho’oponopono podía practicarse estando completamente solo y que el perdón podía concederse en soledad.
En sus enseñanzas, anunciaba algunos principios básicos:
Resumiendo, decía: «Somos el total de nuestras experiencias, lo que significa que estamos atormentados por la memoria de nuestro pasado. Cuando experi­mentamos estrés o miedo, si observamos atentamente, nos daremos cuenta que la causa es, de hecho, una memoria. Son las emociones ligadas a esos recuerdos las que nos afectan en la actualidad. El subconsciente asocia una acción o una persona del presente con un recuerdo del pasado. Cuando eso ocurre, las emo­ciones se activan de nuevo y el estrés aparece».
Para Morrnah, la práctica del Ho’oponopono consiste en limpiar nuestra propia memoria porque todos nuestros miedos dejan poco espacio al amor y la paz. Por eso repetía esta frase que resumía la finalidad del Ho’oponopono:

«La paz empieza conmigo».

Pero Morrnah insistía, en sus enseñanzas, sobre el hecho de que el Ho’oponopono debería llevarnos, mediante la práctica continua y constante de limpieza de la memoria, a elevar nuestro espíritu y aportar la respuesta a la gran pregunta que la humanidad se hace desde la noche de los tiempos: «¿Quién soy?».
Decía: «El objetivo principal de este procedimiento es descubrir la divinidad en nosotros. El Ho’oponopono es un regalo lleno de profundidad que permite a cada cual desarrollar una relación de cooperación con la divinidad inte­rior y aprender a pedir, en cada instante, que todos nuestros errores de pensamiento, palabra o acto, se transmuten y armonicen. El procedimiento busca, esencialmente, la libertad, la completa liberación del pasado». Así que, limpiar nuestras memorias es el medio para liberarse del peso del pasado a fin de conseguir la paz interior y descubrir la divinidad que está en nosotros
Éste ha sido el resumen de la finalidad que Morrnah quiso dar a través de sus enseñanzas del Ho’oponopono hasta difundirlas por todo el mundo y a las cuales queremos mantenernos lo más fieles posible.

¿Qué son esas memorias y de dónde salen?

Los hawaianos dicen que las memorias provienen de los ancestros.
La psicogenealogía, valorizada gracias a las observaciones y los trabajos de Anne Ancelin Schützenberger, así lo confirman, dado que ella ha podido demostrar que cada uno de nosotros es «víctima» de uno o varios antepasados y que las memorias atraviesan generaciones hasta llegar a nosotros.
Pero las memorias también pueden provenir del período intrauterino a par­tir de traumas emocionales vividos por los padres y, si dichas emociones han sido vividas dolorosamente, dejan una impronta en el subconsciente del bebé.
Las memorias pueden formarse en la más tierna infancia de cada ser humano porque, en dicho período, el niño demasiado pequeño conserva las emociones vividas para poderse expresar más adelante y, algunas de ellas, las conserva hasta la edad adulta.
Cada una de nuestras experiencias vitales deja, igualmente, recuerdos que pueden imprimirse en nosotros y llegar a convertirse en memorias, siempre y cuando la experiencia haya sido marcada o dolorosa.
Podemos buscar el origen de nuestras memorias en nuestras vidas anterio­res, al menos para quienes crean en la reencarnación.
Como estamos viendo, el origen de las memorias puede provenir de fuentes bien diferentes, pero el denominador común es que actúan en nosotros como programaciones inconscientes que nos dirigen a nuestras espaldas.

Cómo actúan las memorias en nosotros

La práctica del Ho’oponopono consiste, pues, en limpiar dichos programas inconscientes o memorias, a fin de que podamos liberarnos de su impronta.|
De manera inconsciente, nos guían, interfieren en nuestras decisiones, nues­tras elecciones y, con ello, limitan o nos privan directamente de nuestro poder personal.
Son el «disco duro» de nuestro ego, constituyen, de alguna manera, los datos con los que el pensamiento procesará la información.
Practicar Ho’oponopono, esto es, «limpiar» las memorias, significa liberar­nos de la impronta de un ego superpotente mediante un trabajo constante de desapego de las memorias, que nos llegan de manera continuada, confiando más en nuestro yo superior. Es esta parte de nosotros, en colaboración con la divinidad interior, la que hará el trabajo de «limpieza» de las memorias. No hay «buenas» ni «malas» memorias, sólo hay memorias, que nos privan de la libertad de elección y de la paz, que nos impiden ser nosotros mismos.
El doctor Hew Len, que trabajó con Morrnah, decía: «Vivir sin memoria significa ser libre. Somos absolutamente libres cuando ya no hay memorias. Y eso sólo es posible desde la libertad».

El doctor Ihaleakala Hew Len

El doctor Len era un psicólogo clínico que vivía en Hawái. Había seguido las enseñanzas de Morrnah Simeona sobre Ho’oponopono. Gracias a su empleo como responsable de un asilo psiquiátrico de la penitenciaría, cargo que ocupó varios años, se dio a conocer al mismo tiempo que aprendía Ho’oponopono. En efecto, con su práctica cotidiana del Ho’oponopono, la treintena de pacientes peligrosos presentes en el psiquiátrico se curaron en menos de cuatro años. ¿Cómo lo hacía el doctor Len? Se encerraba en su despacho y, delante de los dosieres de cada uno de sus pacientes, que no recibía en consulta, decía: «No sé qué hay en mí que me hace experimentar esto. Estoy muy triste porque sé que soy responsable de ello al 100 por 100. Perdón, gracias, te quiero». Y diciendo esto se dirigía a sus memorias, a su niño interior y a su divinidad interior.
«Limpiaba» incansablemente todas las memorias que tenía en relación a sus pacientes y, de este modo, conseguía un estado de «vacío» o «estado cero» (según sus propias pala­bras) que es un estado de paz interior total
Concediéndose la paz interior mediante la lim­pieza constante de sus memorias, y aceptando la ins­piración, los enfermos que trataba se fueron curando.

Las diferentes partes de nuestra identidad

Sea cual sea su origen, las memorias siempre se almacenan en el subconsciente, que es la primera parte de nuestra identidad y que los hawaianos llaman Unhipili o niño interior. El proceso de Ho’oponopono nos invita a pedir a esa parte de nosotros mismos a deshacernos de nuestros mie­dos, nuestras creencias y nuestras memorias del pasado. Esta parte necesita ser tranquilizada y ser amada.
Después está en consciente o Uhane, para los hawaianos. Esta parte repre­senta el pensamiento, el intelecto, y es la que tiene el poder para decidir des­hacerse de las memorias con humildad y confianza, es decir, tomar el control.
Además, está el supra consciente o Yo superior, Aumakua en hawaiano, que está en conexión directa con la divinidad interior. El yo superior está libre de memorias y es siempre UNO con la inteligencia divina. A él confiamos nuestras memorias para que las limpie.
Finalmente, está esa energía que podemos llamar Inteligencia Divina, Divinidad Interior o la Fuente, que está dentro de cada ser y que los une entre sí. Es la divinidad en mí la que «limpia» cuando se lo solicitamos.
La práctica del Ho’oponopono implica la participación completa de cada una de las partes, que trabajarán juntas como un solo organismo.

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