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Enfermedades crónicas: su causa y curación Maximizar

Enfermedades crónicas: su causa y curación

Nasariti Ghatak (aut)

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Análisis y tratamiento homeopático

Más detalles

9788496079298

  • La causa real de la enfermedad
  • Síntomas físicos y mentales
  • La causa de la enfermedad crónica
  • Síntomas de la verdadera curación
  • La enfermedad aguda y crónica
  • Obtención del Record
  • Análisis de los síntomas
  • Primera y segunda prescripción
  • Repetición de dosis
  • Miasmas cónicos: Psora, Sycosís, Sífilis
  • Casos clínicos

El tema de los miasmas originado por el Dr. Hahnemann, para comprender las causas de la enfermedad, siempre ha sido un tema de controversia.Por lo que siempre se ha requerido una explicación amplia de los miasmas, y entenderlo cómo el Dr, Hahnemann le concedía una gran importancia al considerarlos como la verdadera causa de todas las enfermedades. Y por lo tanto, la necesidad de ser tratado el miasma para corregir la causa de la enfermedad e impedir su evolución y trasmisión.El Dr, Ghatak en su obra, nos permite comprender el significado de este tema.

ÍNDICE

PREFACIO      9
INTRODUCCIÓN

Capítulo I :
La causa de la enfermedad       19
Capítulo II:
La causa real de la enfermedad      23
Capítulo III:
La enfermedad y el paciente       31
CapÍtulo IV
La enfermedad de la mente y el cuerpo       45

PARTE I:
ENFERMEDAD SU NOMBRE, APARICIÓN Y CAUSA

CapÍtulo I:
Enfermedad aguda y crónica       63
Capítulo II:
La causa de la enfermedad crónica       69
Capítulo III:
Supresión       91
CapÍtulo IV:
Curación       99
CapÍtulo V:
El comienzo de la curación       103
CapÍtulo VI:
Los síntomas de la verdadera curación       113

PARTE II:
TRATAMIENTO

Capítulo I:
El paciente y la toma de la historia       121
Capítulo II:
Análisis de los síntomas (1)       133
CapÍtulo III:
Análisis de los sÍntomas (2)       141
CapÍtulo IV:
La primera prescripción       147
CapÍtulo V:
Estudio del efecto de la primera prescripción       159
Capítulo VI:
La observación del paciente luego del uso de la
primera dosis       163
CapÍtulo VII:
La segunda prescripción       175
Capítulo VIII:
Las peculiaridades del tratamiento crónico       181
Capítulo IX:
El momento de repetir la dosis       187

PARTE III:
ALGUNOS HECHOS IMPORTANTES Capítulo I:
La toma de la historia       197
Capítulo II:
El misterio de la selección homeopática       205
Capítulo III:
Auxiliares externos: ¿Auxiliares u obstáculos? . . .       209
CapÍtulo IV:
Indicaciones al paciente durante el curso del
tratamiento       211
CapÍtulo V:
El remedio homeopático y su plano de acción . . .       217
Capítulo VI:
El paciente crónico y el cambio de clima       221
Capítulo VII:
Psora-Sífilis-Sycosis. Cómo reconocerlos       225

PARTE IV:
LOS MIASMAS CRÓNICOS CapÍtulo I:

Psora       231
Capítulo II:
Sycosis:       243
Capítulo III:
Sífilis       247
Capítulo IV:
Psora - Sycosis - Sífilis, sus combinaciones Pseudo‑
Psora-Tuberculo sis       253

PARTE V:
HISTORIAS DE CASOS CRÓNICOS

Capítulo único: Los distintos casos       259
Caso (1) Reumatismo y parálisis derecha      262
Caso (2) Leucorrea - Diarrea y Cefalea       266
Caso (3) Cólicos y Cefalea       268
Caso (4) Hemorroides y tumor uterino       271
Caso (5) Un caso de los llamados Kala-Azar       277
Caso (6) Tuberculosis debida a la remoción de
ganglios edematizados por medios quirúrgicos . . .       280
Caso (7) Diabetes y FÍstula       283
Caso (8) Hemoptisis       286
Caso (9) Sífilis adquirida y trastornos debidos a ésta 287
Caso (10) Insanía habitual durante cada embarazo 290
Caso (11) Escarlatina y parásitos       293
Caso (12) Asma       295
Caso (13) Caries de Hueso      298
Caso (14) Prolapso uterino       301
Caso (15) Tuberculosis       304
Caso (16) Una combinación de los tres miasmas
Psora - Sycosis - Sífilis       308
Caso (17) Epilepsia       315

CONCLUSIÓN       319

 

PREFACIO

Si alguien nos preguntara el motivo por el cual, lo que hoy es la Escuela Médica Homeopática Argentina, se ha mantenido inmune a la contaminación organicista que, en forma prácticamente universal, ha distorsionado hasta tor­nar irreconocible a la verdadera imagen de la HomeopatÍa, no vacilaríamos en señalar, como tal, a la feliz conjunción de dos factores. El primero, la formación, allá por los años treinta, de un pequeño núcleo no solo de inteligencias privi­legiadas, lo que no hubiera sido poco, sino fundamental­mente, de finas intuiciones y sensibilidades pulidas: Armando J. Grosso, Carlos M. Fisch, Tomás Pascual Pas­chero y Jorge Masi Elizalde, nuestro Maestro. El segundo, que hayan dispuesto, tempranamente, para culminar su apa­sionada adhesión a la exégesis hahnemanniana de James Tyler Kent, de una de las obras más perfectas y menos cono­cidas de la literatura Homeopática: Enfermedades Crónicas. Su Causa y Curación, de N. Ghatak
No sabemos con certeza cómo llegó a sus manos. Sí, en cambio, recordamos muy bien lo terminante del tono utili­zado por nuestro Maestro para señalárnosla como la depo­sitaria de la última clave para la compresión definitiva del Arte.
Debemos confesar que sus primeras lecturas defraudaron algo nuestras expectativas. ParecÍa ser, simplemente, una versión algo más explícita, algo más refinada, algo más pre­cisa en señalar la prescripción miasmática como desidera­tum de la terapéutica homeopática, una variante, dirÍamos incluso, de la Filosofía de Kent. Nos equivocábamos como lo hiciera un eminente homeópata mexicano interesado en los miasmas, quien dijera: «No agrega nada nuevo». Y, sin embargo, tal como lo querÍan nuestros maestros, esta pequeña obra descorre el velo para la cabal comprensión del signi­ficado de la Doctrina de los Miasmas Crónicos.
Sabemos que en su FilosofÍa, Kent esclarece la Psora al identificarla con la susceptibilidad al desorden exterior adquirida como consecuencia del propio desorden interno por el mal pensamiento, por el deseo morboso, por la dis­conformidad, en fin, con la Ley Natural.
«Mientras el hombre continuaba pensando lo que era verdad y mantenÍa aquello que era bueno para su vecino, lo que era de derecho y además justo, quedó sobre la tierra libre de la susceptibilidad a la enfermedad porque tal era el estado en el que fue creado».
Preciso concepto que nos explica claramente lo que tanto nos desconcertara en Hahnemann: que señalara a la Psora como base de afecciones de actitud lesional opuesta, des­tructivas unas e hipertróficas las otras. Es que, como vemos, la Psora no tiene una actitud lesional. Es lo previo a las mis­mas. Ni inhibición, ni destrucción, ni hipertrofia, ni perver­sión. Eso vendrá después, con la acción.
«No es debido a las acciones de su cuerpo, como lo encontramos en la Sífilis y la sycosis...», «...es un estado de susceptibilidad a las enfermedades que proviene de desear el mal, de pensar en lo que es falso..».
Es la única y verdadera enfermedad, como enfáticamen­te remarca Ghatak.
Pero, como contrapartida a tan exacta definición de la Psora, Kent nos deja a oscuras sobre los otros dos miasmas, salvo su condición de resultantes de la acción que sigue al pensamiento, al deseo morboso; e, incluso, permite que sub­sista el equÍvoco de su adquisición por la supresión de las respectivas infecciones.
En este aspecto, Ghatak, lo complementa y lo supera. Aunque repitiendo el concepto infeccioso, quizá, mecánica­mente, lo desvirtúa con impecables razonamientos.
«Pensamientos perversos primero, luego acciones perver­sas y nunca acciones perversas antes que pensamientos per­ versos. Es la mente la que moldea al cuerpo. El cuerpo, es en realidad, una manifestación concreta de la mente. AsÍ como es la mente es el cuerpo». Quien tal sostiene, mal puede atribuir la causa primera de la enfermedad a ninguna infec­ción suprimida, por más que sus estigmas somáticos se hagan evidentes después de la misma cosa, que en última instancia, e interpretándolos a la luz de todos sus restantes pensamientos, es lo que en realidad, pretenden decirnos tanto Ghatak como Kent.
Y continúa Ghatak puntualizando conceptos sobre la Psora como armónica secuencia del pensamiento kentiano: «La mente psórica es inquieta. Nunca está tranquila, nunca satisfecha con nada. Esta inquietud mental se manifiesta, además, en su sentimiento y en su voluntad». «Es, quizá, necesario anotar que este estado de inquietud mental, trae agudeza en la inteligencia, porque la inquietud mental sig­nifica sensibilidad y la sensibilidad es el poder de entender las cosas fácilmente..».
«La Psora es supersensible» «Esta agudeza de sentir la Psora está en relación con su mente» «El sistema que no es anteriormente psórico no puede recibir a la Sífilis o a la Sycosis porque, éstas se originan en la acción mala y perver­sa, tal como la Psora es el pensamiento malo y perverso. Las acciones sobrevienen luego del pensamiento».
Hasta aquÍ, Ghatak nos impide, con su lúcida exposi­ción, mantener la más mínima duda sobre la Psora, pero, siendo los otros dos miasmas tan diametralmente opuestos en sus características lesionales, ¿no deberÍan admitir igual diferencia en la esencia de su acción inicial? La disconformi­dad, la insatisfacción psórica, llevan a la mala acción, pero ¿en dónde radica la causa del distinto sentido lesional de cada uno de los miasmas llamados venéreos? Siguiendo a Kent y a Ghatak, el cuerpo, su forma o su lesión, son con­cretados por la mente; en consecuencia, inferimos que debe de haber una cierta «especificidad» en el pensamiento deter­minante de la acción con consecuencias sifilíticas o sycóticas. Pero Kent, nada nos dice sobre el particular. ¿Será Ghatak el encargado de echar luz sobre el tema? Sigámoslo hasta sus últimos capÍtulos y allí, en apretada sÍntesis que maravilla, alcanzaremos la culminación explicatoria que anhelábamos.
«La Psora hace á la mente sobreactiva, la Sycosis mal activa y la Sífilis inactiva. La Psora es rápida, la Sycosis mala y la Sífilis lenta. El Psórico es inteligente, el Sycótico dañi­no, y el SifilÍtico idiota».
«... la mentalidad de la Sycosis es suspicaz, dañina, vil, egoÍsta y olvidadiza». «De las tres funciones de la mente, afecto, inteligencia y memoria, el efecto de la Sycosis es más prominente en el afecto y la memoria».
Y, respecto a la Sífilis: «... ataca e implanta su daño carac­terÍstico (la destrucción) en la parte más fina de la vÍctima, en su mente». Y se extiende en la descripción de los resulta­dos, poniendo el acento en la progresiva destrucción de los afectos, de los instintos, comenzando por el de la conserva­ción.
¡Qué perfecta coherencia! Susceptibilidad, irritabilidad, hipersensibilidad al medio causada por el voluntario apar­tarse del plan armonioso del Creador. Sufrimiento puro. Y, después, la necesidad de reaccionar, de adaptarse lo mejor posible al desorden y entonces, la acción. Acción que lo aparte del sufrimiento, la huida, la negación de la vida: la Sífilis destructiva y catatónica. Acción que lo eleve por enci­ma de lo que lo hace sufrir, no importa que, ni quién sacri­fique para conseguirlo: la Sycosis autoendiosada y paranoi­de.
Nos hemos extendido, muy especialmente, en el aporte de Ghatak al conocimiento miasmático porque ésta cuidada traducción, producto del esfuerzo y la pasión médica de nuestra distinguida discÍpula, Dra. María Clara Bandoel, aparece en el momento exacto para salir al cruce de interpre­taciones sobre el tema, muy en auge en la actualidad, quizá por el atractivo que siempre han ofrecido, a las mentes for­madas en la medicina académica, las explicaciones basadas en el organicismo. Dichas teorías nos alarman bastante, ya que al empeñarse sus autores en encontrar los miasmas exclusivamente en las actitudes lesionales de la célula, olvi­dan lo previo a la lesión, la susceptibilidad, la irritabilidad, la inquietud funcional de la célula, que todavÍa no tiene una actitud definida ni persistente y nos muestra un constante alternar de hiper e hipofunción. Al olvidar esta etapa previa en la que reconocemos la clara imagen de la Psora, se ven obligados a una serie de artificios disquisitivos para poder ubicar tres actitudes distintas en donde sólo hay dos. Es así que separan, como diferentes, la inhibición de la destruc­ción, a todas luces simples degradaciones de la misma cosa, para otorgarla salomónicamente, la mitad inicial (inhibi­ción) a la Psora, a la que por lo menos, le respetan la jerar­quÍa de primer miasma, dejando el resto (destrucción mani­fiesta) para la Sífilis. Consiguen as disfrazar de Psórico a un SifilÍtico en sus comienzos, con evidente y grave riesgo para el diagnóstico terapéutico. Creemos, o mejor dicho, quere­mos creer que la meditación de estas páginas aleje de tan tamaño error, si no a ellos, a quienes confiadamente los siguen.
No seríamos justos para con esta magnÍfica obra si no destacáramos los demás temas tratados en la misma, con igual maestrÍa, que lo referente a los miasmas.
En primer lugar, debemos de poner de relieve el capítulo destinado a la supresión. En él, Ghatak especifica como nin­gún otro autor, las posibilidades de suprimir con medica­mentos homeopáticos, cosa de la que han dado en descreer numerosos «homeópatas» modernos. No es en esto original, pero sÍ más explícito. En efecto, ya Hahnemann en sus En­fermedades Crónicas nos alerta sobre la posibilidad de que nuestros medicamentos actúen en forma «enantiopática», es decir, supresiva. Igualmente, Kent, al describir la duodécima observación pronóstica -obviamente después de la adminis­tración de un medicamento homeopático- lo señala clara‑
mente. Sin embargo, hay oÍdos que necesitan voces mucho más fuertes para oÍr. Las encontrarán en estas páginas: «Puede haber una tan mala supresión por medicinas home­opáticas tal como por los métodos descritos antes..».
No menos importante es subrayar la peculiar insistencia del autor en alertar contra la repetición de la dosis una vez provocada una reacción en el paciente. Lo decimos porque, aunque parezca inverosímil, numerosos médicos que gustan denominarse homeópatas, han encontrado solución a su ansiedad y básico descreimiento, administrando diariamen­te de las primeras a las más altas potencias sin suspenderlas ante la aparición de respuesta.
Por supuesto que también hay ingenieros a los que se les derrumban los puentes....
Nos resulta especialmente grato dirigir la atención del lector sobre el capítulo «Indicaciones al paciente durante el curso del tratamiento», en él Ghatak pone en su lugar a quienes, más que médicos, parecen viejecillas aprehensivas por la forma en que aplastan al paciente con toda suerte de prohibiciones y tabúes» innecesarios las más de las veces: «Deben darse tales indicaciones, por lo tanto, sólo cuando es realmente necesario para ayudar al proceso de curación y no desconcertar al pobre paciente con todas clases de ins­trucciones necias acerca de esto y aquello. Algunos médicos suprimen directamente el hábito de fumar durante el curso del tratamiento y esto es ir muy lejos». «El médico debe prescribir estas indicaciones con sumo cuidado y considera­ción y también ver si con eso la libertad del paciente es inne­cesariamente interferida».
Pero donde indiscutiblemente mayor provecho encontra­remos es en los capÍtulos dedicados a la prescripción mias­mática. Un breve comentario al respecto nos parece necesa­rio. Muchos de nuestros discípulos inducidos por nosotros al estudio de los miasmas y a la prescripción correspondien­te han generalizado demasiado el concepto y prescriben «para el miasma en actividad», «para el último miasma en aparecer» sin tener en cuenta la real latencia o la parcial sub­sistencia de los otros; derivando asÍ a una toma parcial del caso, fuente de peligrosas supresiones. La cuidadosa y medi­tada lectura de Ghatak los volverá al buen sendero. «... y los otros dos miasmas están en el fondo en ese momento..». Al respecto, debemos tener bien en cuenta lo que bien podrÍa­mos llamar «el argumento» de la enfermedad. La misma, en resumidas cuentas, es la forma individual de vivir la angus­tia existencial (Psora) y los mecanismos arbitrados para aplacarla (Sífilis o Sycosis). Ahora bien, dichos mecanismos pueden cumplir su objetivo en forma casi perfecta o muy a medías. La resultante será el silencio casi total de la sinto­matologÍa psórica o su permanencia, más o menos comple­ta, a la par que los sÍntomas del miasma venéreo actuante. En el primer caso, es obvio que el síndrome mínimo de valor máximo será construido solamente con los sÍntomas del miasma actual. Pero, en el segundo, la primera prescripción deberá basarse en ambas sintomatologÍas.
No podemos terminar este ya extenso prólogo sin hacer una clara advertencia que deberÍamos poner como adverten­cia en todas las reediciones de Hahnemann, Kent, Ghatak y todos los grandes maestros homeópatas. Por más grande veneración que les profesemos, debemos evitar la pérdida de la objetividad crÍtica. No debemos olvidar que a su obra, a sus interpretaciones, se han ido agregando años y años de práctica homeopática que, poco a poco, han permitido seguir puliendo y perfeccionando y, ¿por qué no?, rectifican­do en algunos casos sus opiniones. AsÍ, Kent perfecciona a Hahnemann y Ghatak a Kent. De no haberse atrevido estos últimos a disentir parcialmente con su antecesor, todavÍa pensarÍamos que la Psora se adquiere por intermedio del Sarcoptes scabiei. O que las patogenesias son una intoxica­ción obligatoria y no la suscitación de la idiosincrasia del experimentador. El Arte estriba en saber captar la coherente esencia de la Doctrina y en base a ella, atreverse a desechar las interpretaciones en desarmonía con sus grandes alinea‑
mientos, los haya sostenido quien los hubiere sostenido. Un ejemplo para justificar nuestra aparente irreverencia: ¿no serÍan erróneas las conclusiones a las que llegaría Hah­nemann sobre un caso de Lachesis que se hubiera visto obli­gado a tratar con medicamentos parcialmente similares en la honesta ignorancia de que u4 dÍa existiría Lachesis?
Leales a este criterio, debemos confesar al lector que con­sideramos parcialmente erróneas las afirmaciones de Ghatak sobre la elección de potencia, totalmente equivocado el cri­terio de «medicamento de acción más profunda» y que disentimos en gran número de las interpretaciones de los casos presentados al final de la obra. Igualmente nos resulta un imperativo de conciencia señalar que no creemos en la existencia de medicamentos antipsóricos, antisycóticos, an­tisifilíticos ni antipsóricos. Todos son trimiasmáticos, todos de igual profundidad de acción frente a su paciente similli­mum y, fundamentalmente, a ninguno le impide actuar nin­guna otra cosa que no sea el haber sido antidotados en el momento de su ingestión o su mala selección para el estado actual del caso.
Prometeríamos tratar a fondo estas disensiones en una utópica obrita titulada «Comentarios a Ghatak» si no fuéra­mos tristemente conscientes de nuestra proverbial abulia. Pero dejamos abierta la remota posibilidad.

INTRODUCCIÓN

CAPÍTULO I

La Causa de la Enfermedad

Algunos están siempre tan ocupados en averiguar las cau­sas de las diferentes enfermedades que difÍcilmente encuen­tran tiempo para ver lo más importante de su quehacer como médicos, aquello llamado «curar». Para los verdaderos homeópatas sin embargo, esto es en grado sumo malgasto de tiempo y energÍa y hasta cierto punto lleva a seguir un sen­dero errado, perdiendo la vista de la «verdad». Varias opinio­nes fueron expresadas respecto a la causa y origen de la malaria. Algunos dicen que gérmenes de la malaria se pro­ducen en pantanos, charcos y zanjas y una especie de mos­quito los acarrean hasta el ser humano, mientras otros han discernido además otras causas a través de costosas y labo­riosas investigaciones. El método alopático de tratamiento es un método de tratamiento por los contrarios, de tal modo que esta búsqueda de averiguar la causa de una enfermedad particular es necesaria para los alópatas. Pero para uno que entiende Homeopatía y se ha compenetrado realmente de su espíritu, esta causa de enfermedad no es exterior al paciente y lo llamado circunstancias externas, que inmedia­tamente preceden a la enfermedad y es vista como la causa, es realmente sólo una causa excitante.
(Las lesiones mecánicas por ejemplo, quemaduras, la caÍda desde un árbol, o un corte en la cadera, no son enfer‑
medades propiamente dichas, ya que ellas no implican algún desorden en el normal proceso, por lo que están fuera de nuestras consideraciones aquÍ).
La verdadera causa de la enfermedad está en el paciente mismo. Hay algunos en las zonas maláricas que están exen­tos de infección y la causa de esto podría ser investigada.
El verdadero homeópata conoce que Gelsemium curará un caso de fiebre si los síntomas particulares del caso son similares a los síntomas particulares del medicamento, no importando si la fiebre ha sido causada o no por la malaria. Pero el médico alópata tiene que conocer si la fiebre ha sido causada por la malaria, así en ese caso y sólo en ese caso puede él prescribir Quinina para matar los gérmenes.
Un homeópata no ganará nada con el conocimiento de si la fiebre es malaria o no, y no puede dar otro medicamento que Gelsemium cuando es Gelsemium solo el que corres­ponde al caso.
Su tarea es sólo estudiar la materia médica de la droga y ajustar la droga al paciente. Su tratamiento no se basa en la causa (excitante), es decir, no tiene que matar al germen. Por supuesto, hay que admitir que tiene que tener algún conocimiento de las causas externas existentes, las cuales tienen que ser evitadas para una prevención de la enferme­dad, pero no para ser tratada. Hay otros peligros por cierto, si como homeópata no toma en cuenta la causa interna y se inquieta por la causa excitante externa solamente. Suponga que un paciente Gelsemium que ha sido curado con Gelsemium, tiene una recaída luego de un corto tiempo; o suponga que un paciente Gelsemium no está del todo cura­do con Gelsemium; llegará enseguida a la conclusión de que para la fiebre no hay otra medicina que Quinina, que en Homeopatía no hay tratamiento para la fiebre y así sucesi­vamente.
Entonces estará en una posición de poder combatir la situación con la droga adecuada antipsórica, antisicótica o antisifilítica.
Si no tiene conocimiento de la causa interna de la enfer­medad, y si no tiene la idea necesaria en cada caso, la pres­cripción homeopática no es posible.
Una medicina en base a la causa excitante puede ser necesaria a veces, por ejemplo: el resfrÍo debido a nadar, dia­rrea debida a desvelos nocturnos, etc. Pero en estos casos, la causa excitante será uno de los síntomas del caso. y la tota­lidad de los sÍntomas, y no un sÍntoma sólo, decidirá la selección del remedio. No es HomeopatÍa prescribir para las causas externas excitantes solamente.
Tres cosas son esencialmente necesarias para una verda­dera prescripción homeopática:
La Ley de la similitud: «Similia Similibus Curantur».
La dosis mínima.
La aplicación de una sóla medicina (no mezclada) por vez.
Hay otras cosas además, pero estas tres son las más fun­damentales.
 

  • Autor/es: Nasariti Ghatak
  • Editorial Dilema
  • Encuadernación Rústica con solapas (tapa blanda)
  • Ilustraciones No
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