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La senda del chamán Maximizar

La senda del chamán

Michael Harner (aut)

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EDICIÓN REVISADA

Claves para integrar el chamanismo en nuestra vida cotidiana.

«Maravilloso, fascinante…Harner realmente sabe de lo que está hablando.»
(
CARLOS CASTANEDA)

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9788499885315

La senda del chamán es una de las obras fundamentales de la investigación moderna sobre el chamanismo y del nuevo «renacimiento» chamánico.
Michael Harner nos descubre un sistema de salud psicofísica y de curación que va más allá de la psicología occidental, de la medicina y de la espiritualidad.
Los ejercicios que ofrezco en este libro representan mi interpretación personal de algunos de los métodos chamánicos, de miles de años de antigüedad, que yo he aprendido directamente de los indios de Norteamérica y Sudamérica, y que he completado con la información que brinda la literatura etnográfica, incluyendo la de otros continentes. He adaptado los métodos de manera que los lectores occidentales, cualesquiera que sean sus creencias religiosas o sus preferencias filosóficas, puedan usar estas técnicas en la vida diaria.

Michael Harner

es antropólogo. Ha trabajado y practicado la sanación chamánica desde 1961. Es el fundador y director de la Fundación para los Estudios Chamánicos de Mill Valley. Es autor de La cueva y el cosmos.

  • Traducción: Asunción Romeu González-Barros / Ángeles Ortega Calvo / Ana Villa Alcázar
  • Páginas: 296
  • Tamaño: 13 X 20

Sumario

Prefacio a la tercera edición de Michael Harner    9
Agradecimientos    19
Exordio    21

  1. Descubriendo la senda    35
  2. El viaje chamánico: introducción    65
  3. Chamanismo y estados de conciencia    97
  4. Animales de poder    127
  5. El viaje para recuperar el poder    149
  6. Práctica del poder    189
  7. Extracción de intrusiones dañinas    223


Epílogo    261
Apéndice A: Tambores, maracas y demás ayudas    273
Apéndice B: El juego de la mano de los indios cabeza plana    275
Bibliografía del prefacio    285
Bibliografía    287

Prefacio a la tercera edición

Han transcurrido diez años desde que vio la luz la primera edi­ción de este libro,' y estos han sido, de hecho, años notables para el renacimiento del chamanismo. Antes de ese periodo, el chamanismo estaba desapareciendo rápidamente de la faz del planeta, en la medida en que misioneros, colonos, gobiernos e intereses comerciales anularon a los pueblos tribales y sus antiguas culturas. Durante la última década, sin embargo, el chamanismo ha retornado a la vida con una fuerza sorpren­dente, incluso a baluartes de la «civilización» occidental como Nueva York o Viena. Este retorno se ha producido de un modo tan sutil que, probablemente, la mayoría del público no ha sido consciente de él. Existe otro público, no obstante, en rápido crecimiento y que ahora se cuenta por miles de personas en Es­tados Unidos y en otros países, que han acogido el chamanismo, haciendo que pase a formar parte de su vida cotidiana personal.
El retorno del chamanismo ha dejado perplejos a muchos observadores ajenos al movimiento y, por eso, me gustaría señalar algunos de los factores que han contribuido a su re­surgimiento. Una de las razones que explican este creciente interés es que son muchas las personas educadas en la razón que han dejado atrás la Era de la Fe y que ya no confían en que los dogmas y la autoridad eclesiástica vayan a proporcionarles evidencias adecuadas de los reinos del espíritu o, de hecho, evidencias acerca de la existencia misma del espíritu. Las anécdotas de segunda y tercera mano, contenidas en textos religiosos contradictorios y circunscritos culturalmente a otras épocas y lugares, han dejado de ser lo bastante convincentes como para proveer paradigmas a su existencia personal, y exigen, por consiguiente, estándares más altos de evidencia.
La llamada «Nueva Era» es, en parte, un vástago de la Era de la Ciencia que ha aportado a nuestra vida personal las con­secuencias paradigmáticas de dos siglos de seria aplicación del método científico. Los hijos de la Era de la Ciencia, incluido yo mismo, prefieren llegar, de primera mano y experimental­mente, a sus propias conclusiones en cuanto a la naturaleza y los límites de la realidad. Y, dado que no es una religión sino una metodología, el chamanismo nos brinda un modo de llevar a cabo este tipo de experimentos personales.
La Era de la Ciencia ha producido el LSD, y muchos de los que llegan al chamanismo ya han «experimentado», aunque de manera informal, los «viajes» propiciados por las drogas psicodélicas, si bien han descubierto que carecen de discipli­na o contexto dentro del cual ubicar sus experiencias. Por ese motivo, han buscado en los libros de Castaneda y de otros au­tores mapas de viaje para sus experiencias y han detectado la cartografía secreta que proporciona el chamanismo.
Asimismo, la Era de la Ciencia ha dado lugar a gran escala a la ECM (experiencia cercana a la muerte), debido al nuevo nivel alcanzado por la tecnología médica, que ha permitido que millones de norteamericanos hayan sido devueltos a la vida desde un estado definido como muerte clínica. Aunque no sean planificadas, las experiencias cercanas a la muerte constituyen experiencias personales que han puesto a prueba, y con frecuencia cambiado, las asunciones previas de los super­vivientes a ellas acerca de la realidad y existencia del espíritu. Estas personas también han buscado mapas, siendo muchas las que han recurrido, en el curso de su búsqueda, a los antiguos métodos chamánicos.
Este tipo de métodos requieren una disciplina relajada, así como concentración y propósito. El chamanismo contemporá­neo, como el de la mayoría de culturas tribales, suele utilizar sonidos monótonos de percusión para acceder a estados altera­dos de conciencia. Este método, libre de drogas, es sumamente seguro porque, en el caso de que los practicantes no manten­gan el foco y la disciplina, simplemente retornarán a su estado ordinario de conciencia. Al contrario de lo que ocurre con las
drogas psicodélicas, ese estado alterado de conciencia no se atiene, en este caso, a fases predeterminadas.
Al mismo tiempo, los métodos clásicos del chamanismo son sorprendentemente rápidos y permiten a la mayoría de las personas alcanzar, en el curso de pocas horas, experiencias que de otro modo insumirían años de cantos, plegarias o meditación silenciosa. Por esta razón, el chamanismo se adapta de manera óptima a nuestra vida contemporánea de personas atareadas, del mismo modo que se adaptaba perfectamente, por ejemplo, a la vida de los esquimales (inuits) cuyas horas diarias estaban llenas de tareas destinadas a mantener su supervivencia, pero dedicaban sus noches al chamanismo.
Otro factor que explica el retorno del chamanismo es el desarrollo creciente de los enfoques holísticos de la salud que utilizan la mente de manera activa para ayudar a la curación y el mantenimiento del bienestar. Muchas de las prácticas de la Nueva Era en el campo de la salud holística se basan en el re­descubrimiento, a través de experimentos actuales, de métodos que fueron en el pasado ampliamente conocidos en la práctica tribal y tradicional. El chamanismo, en tanto que sistema que incorpora buena parte de este antiguo conocimiento, está reci­biendo una creciente atención de quienes buscan nuevas solu­ciones para los problemas de salud, con independencia de que se trate de problemas físicos o de índole mental-emocional.'
Técnicas específicas, utilizadas durante largo tiempo en el chamanismo, tales como el cambio de estado de conciencia, la reducción del estrés, la visualización, el pensamiento positivo y la ayuda procedente de fuentes extraordinarias, son algunos de los nuevos abordajes ampliamente utilizados en la práctica holística contemporánea.
Otra razón importante de la amplia aceptación que recibe en la actualidad el chamanismo hay que buscarla en la ecolo­gía espiritual. En esta época de crisis medioambiental a escala mundial, el chamanismo proporciona algo de lo que carecen notablemente nuestras «grandes» religiones antropocéntricas: comunicación espiritual y respeto hacia el resto de los seres que habitan la Tierra y hacia el planeta mismo. Pero el chama­nismo no se reduce a una mera adoración de la naturaleza, sino que es una comunicación espiritual de doble sentido que resu­cita la conexión perdida que mantuvieron nuestros ancestros con la imponente belleza y poder espiritual de nuestro jardín terrenal. Los chamanes, como señala el difunto y distinguido estudioso del chamanismo y las religiones comparadas Mir­cea Eliade, son los últimos seres humanos capaces de hablar con los animales.4 De hecho, yo añadiría que son los últimos humanos capaces de hablar con toda la naturaleza, incluyendo las plantas, los arroyos, el aire y las rocas. Nuestros antiguos ancestros cazadores-recolectores reconocían que su entorno tenía sobre ellos el poder de la vida y la muerte y consideraban que la comunicación con él resultaba esencial para su supervivencia.
En la actualidad, también nosotros estamos empezando a reconocer que nuestro entorno tiene sobre nosotros el poder de la vida y la muerte. Tras una destrucción increíblemente irreflexiva y despiadada de las especies que pueblan el planeta, de la calidad del aire, el agua y la tierra misma, estamos empe­zando, si bien muy lentamente, a cobrar de nuevo conciencia de que la supervivencia de nuestra propia especie depende, en última instancia, de que aprendamos a respetar nuestro entor­no planetario. Pero el respeto por sí solo no basta, sino que necesitamos comunicarnos, de manera íntima y amorosa, con «todos nuestros parientes», como dirían los lakotas, y dialogar no solo con la gente humana, sino también con la gente animal, la gente vegetal y todos los elementos que conforman nuestro entorno, incluyendo el suelo, las rocas y el agua. De hecho, desde el punto de vista del chamán, aquello que nos rodea no es nuestro «entorno», sino nuestra familia.
Hoy día, desde Zúrich a Auckland, desde Chicago a Sáo Paulo, los seres humanos estamos retomando de nuevo el antiguo camino del chamán, frecuentemente en círculos de tambores o en grupos que se reúnen con regularidad para prac­ticar y llevar a cabo trabajos de curación. Se trata de grupos autónomos, que trabajan del mismo modo que, desde tiempos inmemoriales, lo han hecho los chamanes, es decir, en peque­ñas comunidades independientes que tratan de aprender, de ayudarse a sí mismos y de ayudar a los demás. Y estas comu­ nidades informales son parte de una gran comunidad, ahora de dimensiones internacionales, si bien carente de jerarquías o dogmas porque, como en épocas tribales, cada viajero cha­mánico individual encuentra directamente en la realidad no ordinaria su propia autoridad espiritual.
Los círculos de tambores acostumbran a reunirse una no­che a la semana, o cada dos semanas, y suelen estar formados por entre tres y doce personas que van turnándose en la res­ponsabilidad y dirección del tambor. Trabajando juntos, los participantes no solo practican música de tambor en vivo, sino que colaboran en un trabajo chamánico con el que tratan de ayudarse a sí mismos, así como a sus amigos y parientes. Y, si el grupo efectúa algún trabajo curativo para otros, lo hace gratis como un servicio espiritual.
También hay muchas otras personas que trabajan a solas, fuera de los grupos de tambores, recurriendo a un lector de ce-dés, auriculares y cedés de tambores diseñados para el trabajo chamánico. Cuando se usan de la forma correcta, este tipo de grabaciones pueden ser sorprendentemente eficaces (véase el anexo A). El cedé, junto con otros dispositivos tecnológicos y metodológicos, también se utiliza en el sistema de solución de problemas denominado «counseling chamánico».
Al utilizar los métodos centrales o fundamentales del cha­manismo, expuestos tanto en este libro como en mis talleres de adiestramiento chamánico, los nuevos practicantes no tratan de «jugar a los indios», sino de alcanzar las mismas fuentes reve­ladoras y espirituales a las que, desde tiempos inmemoriales, han accedido los chamanes. Tampoco pretenden ser chamanes, pero, si gracias a este trabajo obtienen resultados chamánicos para otras personas y para sí mismos, son, de hecho, auténticos. Sus experiencias son genuinas y, cuando las describen, parecen en lo esencial corresponderse con los relatos proporcionados por los chamanes de las culturas tribales orales. El trabajo cha­mánico es el mismo y la mente, el corazón y el cuerpo humano también son los mismos; solo la cultura es diferente.
Persistiendo en sus prácticas chamánicas, han llegado a vivenciar que lo que la mayoría de la gente describe como «realidad» apenas alcanza a rozar la grandeza, el poder y el misterio del universo. Los nuevos chamanes suelen romper en lágrimas de éxtasis tanto cuando afrontan sus experiencias como cuando las transmiten a otros. Pueden dirigirse desde el entendimiento mutuo a las personas que han atravesado expe­riencias cercanas a la muerte y ven esperanza allí donde otros solo son capaces de percibir desesperación.
Cuando descubren la increíble seguridad y el amor de un universo que permanece normalmente oculto, suelen experi­mentar una transformación que les lleva a plasmar de manera creciente en su vida cotidiana el amor cósmico que con fre­cuencia encuentran en sus viajes. Aunque estén solos, no se sienten solos, porque han llegado a entender que nunca estamos realmente aislados. Como los chamanes siberianos, compren­den que «¡Todo está vivo!» y que, por doquier, están rodeados por la gran familia de la vida. Han retornado a la comunidad eterna del chamán, no confinada a las fronteras del espacio y el tiempo.
MICHAEL HARNER
Norwalk, Connecticut Primavera de 1990

Exordio

Los chamanes, a quienes en nuestro mundo civilizado de­nominamos «curanderos» y «brujos», son poseedores de un importante corpus de antiguas técnicas que utilizan para curar y procurar bienestar tanto a los miembros de la comunidad como a sí mismos. Curiosamente, estos métodos chamánicos son similares en todo el mundo, incluso entre pueblos cuyas culturas difieren en otros muchos aspectos y que, separados por océanos y continentes durante decenas de miles de años, no han tenido ningún tipo de contacto.
Estos pueblos a los que llamamos primitivos, al carecer de nuestra avanzada tecnología médica, tuvieron que desarrollar las capacidades naturales de la mente en lo referente a salud y métodos curativos. La uniformidad de las técnicas chamánicas parece indicar que, a fuerza de probar y equivocarse, pueblos diversos llegaron a las mismas conclusiones.
El chamanismo es una gran aventura mental y emocional, en la que paciente y chamán participan en igual medida. Con sus esfuerzos y su viaje heroico, el chamán ayuda a sus pacientes a trascender su concepción normal y cotidiana de la
realidad, que incluye la visión que de sí mismos tienen como enfermos. El chamán comparte sus poderes especiales con los pacientes y, en un nivel profundo de conciencia, les convence de que hay alguien que pone lo mejor de sí mismo en ayudar­les. El autosacrificio del chamán provoca en el paciente un compromiso moral que le obliga a luchar codo a codo con él para ayudarse a sí mismo.
Estamos empezando a darnos cuenta de que ni siquiera la moderna medicina occidental, que a veces parece obrar milagros, puede solucionar todos los problemas que tienen los enfermos o aquellos que quieren prevenir la enfermedad. Profesionales y pacientes buscan cada día nuevos métodos suplementarios y muchos de los que se encuentran entre la población sana llevan a cabo experimentos por su cuenta para descubrir alternativas viables que procuren bienestar. A menu­do, en el transcurso de estos experimentos, se hace difícil, no solo para el profano, sino incluso para el profesional, distin­guir lo falso de lo eficaz. Los antiguos métodos chamánicos, por el contrario, han superado la prueba del tiempo; se han experimentado, de hecho, durante mucho más tiempo que, por ejemplo, el psicoanálisis y otras técnicas psicoterapéuti­cas. Uno de los propósitos de este libro es brindar al hombre occidental, por primera vez, la oportunidad de beneficiarse de estos conocimientos en su búsqueda de tratamientos que complementen la medicina tecnológica actual.
Empleando los métodos descritos en este libro, tendrá usted la oportunidad de adquirir experiencia en el poder chamánico para ayudarse a sí mismo y a los demás. En mis seminarios de aprendizaje de poder y curación chamánicos en Norteamérica y Europa, los estudiantes han demostrado repetidamente que a la mayoría de los occidentales se les puede iniciar sin dificultad en las técnicas chamánicas. Son tan poderosas y conectan tan profundamente con la mente humana que las creencias, prin­cipios y concepciones culturales resultan irrelevantes.
Quizá alguien se pregunte si el chamanismo puede apren­derse en un libro, Hasta cierto punto la pregunta está justifi­cada: en última instancia, los conocimientos chamánicos solo se pueden adquirir por experiencia personal. Sin embargo, hay que aprender los métodos para poder utilizarlos, y esto se puede hacer de muchas maneras. Por ejemplo, entre los conibos del Alto Amazonas «aprender de los árboles» se considera mejor método que aprender de otro chamán. En la Siberia aborigen una de las principales fuentes de conocimiento chamánico era la experiencia muerte/resurrección. En ciertas culturas preliterarias hay gente que responde de manera espontánea a la «llamada» del chamanismo sin ningún entrenamiento específico, mientras que en otras se aprende bajo la guía de un chamán practicante durante un período que puede abarcar de uno a cinco años o más.
En la cultura occidental, la mayoría de la gente jamás cono­cerá un chamán, por no hablar de aprender con uno. Pero, dado que la nuestra es una cultura literaria, no tiene por qué darse el tándem maestro-discípulo; una guía escrita puede ofrecer la información metodológica esencial. Aunque al principio parezca difícil aprender las técnicas chamánicas en un libro, no lo deje. Sus propias experiencias demostrarán su eficacia. Como en cualquier otro campo de conocimiento, siempre es mejor trabajar personalmente con un profesional. Aquellos que así lo deseen pueden participar en los seminarios (véase apéndice A).
En el chamanismo, la conservación de la propia energía es fundamental para el bienestar. El libro le enseñará algunos métodos para mantener y recuperar esa energía y usarla para ayudar a los débiles, enfermos o heridos. Las técnicas son sencillas y eficaces. Su utilización no requiere «fe» ni cambio alguno en las concepciones que se tienen de la realidad en un estado normal de conciencia. De hecho, el sistema ni siquiera requiere un cambio a nivel de conciencia profunda, porque solo «despierta» lo que ya está ahí. Sin embargo, aunque los métodos chamánicos elementales son sencillos y fáciles de aprender, el ejercicio efectivo requiere autodisciplina y dedicación.
Al practicar el chamanismo, uno se traslada de lo que yo denomino estado normal de conciencia (ENC) a un estado chamánico de conciencia (ECC). Estos estados de conciencia son la clave para entender, por ejemplo, a qué se refiere Carlos Castaneda cuando habla de «realidad normal» y «realidad no-normal». La diferencia entre ambos estados se puede entender mejor si hablamos de animales: dragones, grifos y otros anima­les, que en un ENC consideraríamos «míticos», son «reales» en un ECC. La idea de que hay animales «míticos» es válida y útil en la «vida cotidiana», pero superflua e irrelevante en las experiencias que se tienen en un ECC. El término «fantástica» se puede aplicar a una experiencia en ECC por una persona que se halle en ENC. A la inversa, una persona en ECC puede percibir que las experiencias en ENC son ilusorias en términos del ECC. Ambas tienen razón, considerando el punto de vista particular de sus respectivos estados de conciencia.
El chamán tiene la ventaja de poder trasladarse de un estado a otro a voluntad. Puede entrar en el ENC del no-chamán y compartir una misma realidad con este. Luego puede volver al ECC y obtener confirmación directa del testimonio de otros que han relatado sus experiencias en tal estado.
Observar con los propios sentidos es la base de una defi­nición empírica de la realidad; y aún no se ha demostrado de manera fehaciente, ni siquiera en el ámbito de las ciencias de la «realidad normal», que haya un único estado de conciencia que permita observaciones directas. El mito entra dentro de la realidad normal de un ECC, mientras que para el ENC el mito pertenece a una realidad no-normal. Es muy difícil emitir juicios imparciales sobre la validez de un estado determinado de conciencia desde su opuesto.
Para comprender la hostilidad «emocional», profundamente arraigada, con que algunos círculos recibieron los trabajos de Castaneda, hay que tener en cuenta que prejuicios de este tipo son inevitables: es connatural al etnocentrismo entre culturas. Pero en este caso no se trata de la estrechez de miras de una ex­periencia cultural, sino mental. Los que más prejuicios tienen respecto al concepto de realidad no-normal son aquellos que jamás la han experimentado. A este paralelo del etnocentrismo podríamos denominarlo cognicentrismo.
Un paso hacia la solución de tal problema sería que cada vez hubiera más chamanes, que la gente experimentara por su cuenta el ECC. Tales chamanes, como se ha venido haciendo en otras culturas desde tiempos remotos, podrían entonces transmitir sus vivencias en la realidad no-normal a aquellos que jamás las han tenido. Su papel sería comparable al del antropólogo, quien, participando activamente en una cultura diferente a la suya, puede hacer comprender esa cultura a los que la sienten extraña, incomprensible e inferior.
Los antropólogos han contribuido a que evitemos los peligros del etnocentrismo enseñándonos a comprender una cultura en términos de las concepciones que sobre la realidad tiene dicha cultura. Los chamanes occidentales pueden rendir un servicio similar en lo que se refiere al cognicentrismo. Los antropólogos nos han descubierto el relativismo cultural. Lo que los chamanes occidentales pueden hacernos comprender, hasta cierto punto, es el relativismo cognitivo. Más tarde, una vez que se haya adquirido un conocimiento empírico del ECC, empezarán a res­petarse sus principios metodológicos. Quizá entonces estaremos preparados para llevar a cabo un análisis imparcial y científico de las experiencias en el ECC desde un ENC.
Puede que algunas personas mantengan que la razón de que los humanos pasemos la mayor parte de nuestra vida en el ENC se debe a la selección natural, que lo estableció así porque esta es la realidad real y cualquier otro estado de con­ ciencia, a excepción del sueño, es una aberración que pone en peligro nuestra supervivencia. En otras palabras, y según tal argumento, percibimos la realidad como lo hacemos porque es lo mejor en términos de supervivencia. Sin embargo, avances recientes en neuroquímica han demostrado que el cerebro humano posee sus propias sustancias alucinógenas, tales como la dimetiltriptamina.' En términos de selección natural, pues, parece improbable que existieran tales sustancias si no fuera porque su capacidad de alterar el estado de conciencia aporta ciertas ventajas. Es como si la naturaleza misma hubiera deci­dido que, en determinadas ocasiones, un estado de conciencia alterado es superior a un estado normal.
En Occidente estamos solo empezando a darnos cuenta de las importantes repercusiones que puede tener el estado mental en lo que hasta ahora habíamos considerado cuestiones meramente «físicas». Cuando, en un caso de emergencia, un chamán aborigen australiano o un lama del Tíbet practican el «viaje rápido» —un estado de trance o técnica del ECC que permite recorrer largas distancias a mucha velocidad—, estamos claramente frente a un caso de técnicas de supervivencia que, por definición, no son factibles en un ENC.2
Ahora sabemos también que muchos de nuestros mejores atletas entran en un estado alterado de conciencia en el trans­curso de las pruebas en que consiguen sus mejores marcas.
En resumen, pues, no parece apropiado decir que un único estado de conciencia es superior en cualquier circunstancia. El chamán sabe que tal afirmación es no solo falsa, sino peligrosa para la salud y el bienestar. El chamán, haciendo uso de unos conocimientos atesorados durante milenios, así como de sus experiencias personales, sabe cuándo es apropiado, e incluso necesario, un cambio de. conciencia.
En el ECC, el chamán no solo experimenta lo que es impo­sible en un ENC, sino que lo hace. Incluso si se demostrara que todo lo que experimenta el chamán que se encuentra en ECC es solo fruto de su mente, para él la realidad de ese mundo no sería menor. De hecho, tal conclusión vendría a significar que las experiencias y las acciones del chamán no son imposibles en términos absolutos.
Los ejercicios que ofrezco en este libro representan mi interpretación personal de algunos de los métodos chamánicos, de miles de años de antigüedad, que yo he aprendido directa­mente de los indios de Norteamérica y Sudamérica, y que he completado con la información que brinda la literatura etno­gráfica, incluyendo la de otros continentes. He adaptado los métodos de manera que los lectores occidentales, cualesquiera que sean sus creencias religiosas o sus preferencias filosóficas, puedan usar estas técnicas en la vida diaria. Los métodos son para aquellos que gozan de buena salud, así como para los que están «sin espíritu» o padecen otro tipo de enfermedad. Desde el punto de vista chamánico, la energía personal es básica para la salud en cualquier circunstancia de la vida.
Si se le quiere sacar el mayor partido a este libro, hay que procurar llevar a cabo los ejercicios precisamente en el mismo orden en que se presentan y no pasar al siguiente hasta haber obtenido los resultados deseados con el anterior. Hay personas que pueden cubrir las distintas fases en solo unos días, pero lo más normal es que se tarden semanas o meses. Lo importante no es la rapidez, sino la práctica personal constante. Mientras se sigue la disciplina en la práctica de los métodos que se han aprendido, uno está en camino de convertirse en chamán. ¿Y en qué momento ya se es chamán? Tal estatus solo puede ser conferido por aquellos a quienes se intente ayudar en cuestiones que tienen que ver con la energía y con la curación. Enotras palabras, lo que determina la condición de chamán es el
éxito reconocido en la práctica del chamanismo.
Tendrá oportunidad de descubrir que, prescindiendo por completo del uso de drogas, puede alterar su estado de concien­cia y entrar en la realidad no normal del chamanismo siguiendo los métodos chamánicos clásicos. Una vez en el ECC, puede
convertirse en vidente y llevar a cabo personalmente el viaje chamánico con el fin de adquirir conocimientos de primera mano sobre un universo oculto. Descubrirá también cómo beneficiarse de sus viajes en términos de duración y salud, usando antiguos métodos que prefiguran, a la vez que sobrepa­san, la psicología, la medicina y la espiritualidad occidentales. Aprenderá, además, otros métodos, aparte de los viajes, para conservar y acrecentar la energía personal.
Los occidentales, al enfrentarse por primera vez con estos
ejercicios, suelen sentir una cierta inquietud. En todos los casos que yo conozco, sin embargo, la ansiedad inicial ha dado un paso a sentimientos de descubrimiento, excitación positiva y confianza en uno mismo. No es accidental que el término éxtasis haga referencia tanto al trance chamánico o ECC como a un estado de gozo desbordante. La experiencia chamánica es de carácter positivo; según se ha venido demostrando durante miles de años y como yo he podido comprobar repetidamente en mis seminarios, cuyos participantes han representado una amplia gama de personalidades.
Puede decirse que el ECC es más seguro que soñar. En los sueños uno no puede librarse voluntariamente de experiencias no deseadas o pesadillas. En un ECC, por el contrario, se entra a voluntad y, dado que se trata de un estado de vigilia cons­ciente, se puede salir de él con la misma facilidad y regresar en cualquier momento al ENC. A diferencia de las experiencias que se tienen con los alucinógenos, no se da un plazo de tiempo prefijado químicamente durante el que uno deba hallarse en un estado alterado de conciencia; tampoco existe la posibilidad de verse atrapado en un «mal viaje». Los únicos peligros dignos de mención que puede acarrear el chamanismo son, que yo sepa, de carácter social o político. Ser un chamán en Europa en tiempos de la Inquisición fue, sin duda -alguna, peligroso; incluso hoy en día, entre los jíbaros, se puede correr el riesgo de ser tachado de brujo o chamán «maléfico», que es una vertiente del chamanismo que no se enseña en este libro.
Esta presentación es esencialmente fenomenológica. No voy a explicar conceptos y prácticas chamánicas en términos de psicoanálisis o cualquier otro sistema teórico occidental moderno. Las razones últimas del chamanismo y los métodos curativos chamánicos son, desde luego, muy interesantes y merecen un estudio a fondo, pero una investigación científica encaminada a descubrir los mecanismos de funcionamiento del chamanismo no es necesaria a la hora de enseñar el método, que es lo que aquí se pretende. En otras palabras, las pregun­tas que el occidental pueda hacerse sobre por qué es efectivo el chamanismo no son necesarias para aprender y poner en práctica los métodos.
Intente prescindir de todo prejuicio crítico cuando comience a estudiar las técnicas chamánicas y, sencillamente, disfrute de las aventuras que le brindan. Asimile lo que lea, póngalo en práctica y observe a dónde le conducen sus exploraciones. En los días, semanas y años siguientes a la utilización de estos métodos, ya tendrá tiempo de reflexionar acerca de lo que significan desde un punto de vista occidental. El modo más efectivo de aprender el sistema de los chamanes es manejando los mismos conceptos básicos que ellos usan. Por ejemplo, cuando hablo de «espíritus» es porque esa es la expresión que utilizan los chamanes. Para practicar el chamanismo resulta innecesario, y a veces perjudicial, preocuparse por llegar a una comprensión científica de lo que los «espíritus» representan o de por qué funciona el chamanismo.
Los libros de Carlos Castaneda, al margen de las cuestiones que hayan suscitado en lo concerniente a su grado de noveliza‑
ción, han brindado un servicio inestimable a la hora de iniciar a los occidentales en la excitante aventura del chamanismo y los principios que lo sustentan.
En las páginas que siguen no voy a resumir el material recogido por Castaneda ni a establecer equivalencias entre sus conceptos y los que aquí se usan, aunque a muchos lectores de sus libros les resultarán obvios ciertos paralelismos.
Lo que sí querría poner de relieve es que las obras de Castaneda no hacen mucho hincapié en la curación, aunque es una de las funciones más importantes del chamanismo. Quizá ello se debe a que su don Juan cultiva básicamente un tipo de chamanismo guerrero (mago o encantador).
Mi principal objetivo es ofrecer un manual introductorio sobre métodos chamánicos de curación y preservación de la salud. Aún habría mucho que escribir, y quizá lo haga algún día, pero los puntos esenciales quedan aquí expuestos para todo aquel que tenga capacidad y ganas de emprender la senda del chamán. Los conocimientos chamánicos, como cualesquiera otros, pueden usarse para diferentes fines, dependiendo de cómo se utilicen. El método que yo le presento es el del sa­nador, no el del mago, y las prácticas que se describen tienen como fin la consecución del bienestar y la salud y el poder ayudar a los demás.
Para acabar, debo decir, si no resulta ya evidente, que yo también practico el chamanismo; no porque entienda desde un ENC por qué funciona, sino, simplemente, porque funciona. Pero no lo crean porque yo lo digo: el conocimiento chamánico verdadero ha de experimentarse y no se puede obtener de mí o de cualquier otro chamán. Después de todo, el chamanismo es, básicamente, una estrategia que permite aprender por uno mismo y actuar en base a ese aprendizaje. Yo le ofrezco una Parte de esa estrategia y le doy la bienvenida a la antigua aventura chamánica.
 

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