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Una mirada al alzhéimer a través de las constelaciones familiares

Lola De Miguel Campos (aut)

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Todo individuo es el producto de dos fuerzas: la fuerza imitadora dirigida por el grupo familiar, que actúa desde el pasado, y la fuerza creadora guiada por la Conciencia Universal desde el futuro.

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Las constelaciones familiares son un método desarrollado por el psicoterapeuta Bert Hellinger a principio de los ochenta cuyo objetivo es liberar a las personas de las tensiones provenientes de generaciones pasadas y que tienen sus raíces en la historia familiar.
Las diferentes y graves enfermedades que sacudieron la vida de las mujeres de la familia de la autora, y de ella misma, la llevaron a investigar profundamente en la enfermedad a través de las constelaciones familiares y de otras diferentes y variadas técnicas, las cuales describe en este libro. Se trata de una nueva mirada que facilita desarrollos que antes no eran posibles. Las constelaciones familiares han abierto el acceso a capas profundas que permiten llegar a la sanación de las enfermedades.

Todo individuo es el producto de dos fuerzas: la fuerza imitadora dirigida por el grupo familiar, que actúa desde el pasado, y la fuerza creadora guiada por la Conciencia Universal desde el futuro.

Lola de Miguel Campos

es una psicóloga y educadora, especializada en marginación social, que tiene en su haber numerosos trabajos, cursos, talleres y estudios relacionados con la programación neurolingüística, la meditación y la hipnosis, la consultoría sistémica, la psicomagia y la psicogenealogía, el chamanismo y las constelaciones familiares.
Fruto de su gran preparación y formación, la obra de Lola de Miguel Campos nos muestra las posibilidades de las constelaciones familiares, una terapia muy conocida y seguida en Alemania, país originario de su creador, Bert Hellinger, filósofo, pedagogo, antropólogo y teólogo.

  • Formato: 13,5 cm x 21 cm
  • Páginas: 128
  • Corrección: Sara Moreno
  • Diseño de cubierta: Enrique Iborra

Índice

Prólogo      7

Dedicatoria      9
Una mirada al alzhéimer y a las enfermedades
a través de las constelaciones familiares     11
Primer contacto con la técnica:
las constelaciones familiares      11
La ley del orden      16
La ley de pertenencia      17
La ley de equilibrio entre el dar y recibir     17
Mi primera constelación      23
Ir a las raíces     26
Mi trabajo con las constelaciones familiares      30
Un cambio radical: mi madre tiene alzhéimer     35
Irse despacito      40

Dinámicas de las enfermedades      53
Los secretos de familia      53
Yo te sigo      54
Prefiero irme yo en tu lugar      55
Movimiento interrumpido     55
Compensación de una culpa      56
Representar a un excluido     57

Historia de las mujeres de mi familia     59
Mi proceso, tuberculosis     60
Proceso de Cristina, cáncer de mama     62
Proceso de María, cáncer de ovarios      63
Proceso de Beatriz, leucemia      64

Herramientas para la salud     69
Ejercicio de sanación con los padres     70
Visualización con los padres o ancestros para liberarse de cargas      71
Sanación del niño interior      72
Carta de liberalización de cargas      74
Devolver la enfermedad transgeneracional a su origen      77
Encontrar la fuerza en un antepasado     79
Reconocimiento de los ancestros      80
Oración por la sanación del árbol genealógico      80
Incluir al excluido para sanar      82
Dibujo del árbol     83
La ayuda espiritual      84
Ejercicio del guerrero espiritual      84
Ho’oponopono      86
Oración de metafísica      87
Bendición e intencionalidad      88
Háblale a tus células     89
Contactar con tu doble cuántico      90
Las regresiones      92
La gratitud     93
Piensa en positivo      95
El perdón     96
Alimentación y ejercicio físico      99
Armonizador energético Emo     99
La respiración     100
La relajación     100
La visualización      100
La meditación     101
Mindfulness      101
Mirar de frente a la muerte     102
Búsqueda del propósito de vida      103
La magia del camino de Santiago      105

Bibliografía      111

Quién soy     115
Lola de Miguel Campos    115

PRÓLOGO

El propósito de este libro es compartir mi experiencia de años de trabajo como psicóloga y facilitadora con las cons­telaciones familiares, y mi propio aprendizaje a través de las enfermedades que hemos tenido todas las mujeres de mi sistema familiar: mi madre, mis hermanas, mi sobrina Bea­triz y yo misma.
Comparto todo aquello que me ha ayudado en este pro­ceso, todas las herramientas, las técnicas utilizadas y una visión de la enfermedad a través de las constelaciones fa­miliares. La propia búsqueda de sanar las enfermedades fa­miliares a través de la comprensión y sanación de mi árbol genealógico, todos los caminos y experiencias transitadas, los recursos y técnicas utilizados, las lágrimas y alegrías, las ilusiones y decepciones, las risas, el dolor, es lo que quiero transmitir en este libro, con la intención de poder ayudar a otras personas que atraviesan los mismos procesos de en­fermedad.
En todo este trayecto hacia la salud, siempre he recu­rrido a la ayuda espiritual además de a lo anteriormente mencionado. Mi fe y mi anhelo desde pequeña de conectar con algo más grande que yo, con algo que no comprendía, me ha dado la fuerza y seguridad de sentirme sostenida por la vida.
Cada persona necesitará hacer su camino y confío en que le irán llegando las personas, situaciones, técnicas y he­rramientas adecuadas en el momento adecuado.
«Cada camino de vida es diferente, yo cuento y comparto el mío».

Las constelaciones familiares despliegan todas las posibili­dades de sanación de la persona, para que sea ella misma, con la fuerza de su corazón, con el apoyo de sus ancestros, la que comience a dar los pasos necesarios por la verdadera sanación: «el camino del alma».

UNA MIRADA AL ALZHÉIMER
Y A LAS ENFERMEDADES
A TRAVÉS DE
LAS CONSTELACIONES FAMILIARES

«Somos menos libres de lo que creemos, pero tenemos la posibilidad de conquistar nuestra libertad y de salir del destino repetitivo de nuestra historia si comprendemos los complejos vínculos que se han tejido en nuestra familia».

ANNE ANCELIN SCHÜTZENBERGER

Primer contacto con la técnica: las constelaciones familiares

Algunas personas al oír hablar por primera vez de la terapia de constelaciones familiares piensan que se trata de algo re­lacionado con la astrología, o con temas esotéricos, cuando realmente no tiene nada que ver con ninguna de las dos cosas, y simplemente es algo totalmente distinto.
Realmente se podía haber llamado terapia del árbol ge­nealógico, historia familiar, sanando nuestras raíces, cone­xión con nuestros ancestros... y un sinfín de nombres que darían una visión más clara de esta técnica. Su creador, Bert Hellinger, decidió ponerle en alemán el nombre de posicio­namiento familiar, pero fue en la traducción al castellano en la que se le puso este nombre de constelaciones familiares.
Personalmente entiendo perfectamente esta confusión y extrañeza, pues sentí lo mismo la primera vez que oí hablar de las constelaciones. Mi primera impresión al oír hablar de esta técnica fue dual, por un lado sentí de una gran curiosi­dad y una fuerte atracción y por otro lado sentí que se podía tratar de una técnica poco creíble, no demasiado racional y poco profesional. Pensé que se trataba de una psicoterapia de moda, una de New Age como tantas otras que entonces estaban aflorando debido a la gran cantidad de personas que habían iniciado una búsqueda de autoconocimiento y también un trabajo de espiritualidad.
Todo esto provocaba en mí un cierto rechazo y hacía que esta técnica me resultase altamente cuestionable. Por otro lado, en mi propia búsqueda de realización personal también estaba un poco cansada de algunas mentiras, algo a veces frecuente en el mundo de las terapias. No hablo de sentir más o menos empatía por una terapia, por determi­nadas técnicas o por un terapeuta. No, no hablo de eso. Hay determinadas técnicas y terapias que han llegado a mi vida y que me han aportado una mejoría considerable así como una gran comprensión de mis procesos y limitaciones, pero que sentía que no eran mi camino de desarrollo profesio­nal, sino que simplemente eran un eslabón de autocono­cimiento. Unas terapias que aunque yo no las aplique en mis consultas, puedo recomendarlas por su gran calidad. Se trataba de comprobar la veracidad y eficacia de la técnica de constelaciones familiares.
Fue esta curiosidad y el reto de ver de qué se trataba esta técnica tan extraña, así como la búsqueda de una ma­yor comprensión de mi sistema familiar y de mis propias limitaciones y bloqueos, lo que me llevó a participar en mi primer taller. También existía una fuerte atracción, una voz interior que me animaba a conocerla, una especie de intuición o presentimiento, que todos tenemos en algún momento de nuestras vidas, y que yo, cuando lo había sen­tido y seguido en el pasado, siempre me había llevado en la dirección adecuada. De esta manera podría, así, tener y desarrollar mi propia opinión.
Asistí por primera vez a un taller con todas estas dudas dándome vueltas en la cabeza y, por qué no decirlo, tam­bién con una gran desconfianza. La terapia grupal no era de mis favoritas, siempre había preferido la individual. En algunas a las que había asistido anteriormente notaba como una especie de psicosis o sugestión colectiva que provocaba mi rechazo, incertidumbre y falta de confianza en la técnica.
El grupo al que asistí era grande, y todas las personas me eran totalmente desconocidas. El taller empezó con una explicación teórica de los principios y órdenes del amor que resultó altamente interesante; captó toda mi atención y, a medida que la escuchaba, me llevó a una gran reflexión interna sobre determinadas situaciones y sentimientos que estaban ocurriendo en mi vida.
Mientras otras técnicas, estudiaban a las personas de una manera individual y aislada, este enfoque terapéutico consideraba al individuo como parte de un todo más grande, que es su sistema familiar, donde sus sentimientos, emocio­nes y comportamientos sólo pueden ser entendidos a través de su pertenencia a la familia en la cual ha nacido. De la misma manera que cada persona tiene un consciente y un inconsciente, toda familia tiene también un inconsciente o alma, en la cual están registrados todos los hechos y aconte­cimientos ocurridos en el seno de esa familia. Todo aquello que haya ocurrido a nuestros ancestros y antepasados tiene una repercusión sobre las futuras generaciones.
Cada ser humano trae en sí mismo toda la información de las vidas de las que procede, tanto a nivel psíquico como a nivel físico. Es aquello que llamamos herencia y se encuentra impreso en lo más profundo de nuestro ser, en nuestros genes y en el inconsciente colectivo de nuestra familia y tiene la capa­cidad de ser transmitido de generación en generación.
Es fácil aceptar que heredamos rasgos físicos de nuestros antepasados, como por ejemplo los ojos azules del abuelo o la estatura de nuestro padre, pero también de igual manera heredamos los rasgos de carácter, por ejemplo, el buen o mal carácter, gustos determinados, determinadas tenden­cias depresivas, neuróticas, psicóticas, obsesivas, melancó­licas... que caracterizaron posiblemente a alguno de nues­tros antepasados. Cuando nacemos, todos venimos al seno de una familia a la cual pertenecemos de por vida. Este deseo de pertenencia es algo innato y un sentimiento muy fuerte en el ser humano.
El sistema familiar es nuestro primer sistema, y desde nuestro nacimiento, empezamos a aprender cómo funciona. Este conocimiento es tan automático que la mayor parte de las veces no somos conscientes de ello, de la misma forma que no somos conscientes de que respiramos. Cada fami­lia desarrolla su propio patrón de comportamiento y rutina.
Desde ese primer momento establecemos unos vínculos in­visibles con nuestro sistema, que son las llamadas lealtades, algunas de las cuales son conscientes y otras inconscientes.
Si en el sistema familiar al que una persona pertene­ce siempre ha habido prosperidad, salud y amor, será algo normal el lograrlo. Si por el contrario ha existido enferme­dad, escasez y falta de amor, aunque la persona quiera al­canzar a nivel consciente ese estado de bienestar, esa lealtad inconsciente de pertenencia al sistema hará que le resulte difícil lograrlo por un deseo innato de pertenencia a su sis­tema familiar, y si aun así lo logra, se sentirá culpable.
Es difícil ser feliz si nuestros seres queridos, nuestros pa­dres y familiares a los que amamos profundamente no lo fueron. De alguna manera, obtenemos en la vida lo que en el fondo creemos merecer, ya que de una manera incons­ciente hemos establecido unas lealtades a nuestro sistema familiar, repitiendo así situaciones de éxito o fracaso, salud o enfermedad, amor o desamor, y así con innumerables pa­trones de ser y de actuar en el mundo.
Es decir, la identidad interior construye, de alguna ma­nera e inconscientemente, el mundo y la realidad que esta­mos viviendo.
Las constelaciones familiares es una técnica, que nos ayuda a ver estas dinámicas ocultas que hay en todos los sis­temas familiares. Al sacarlas a la luz podemos liberarnos de las lealtades inconscientes que los seres humanos llevamos como amor a nuestra familiar y que nos impiden ser felices.
Según Bert Hellinger, la familia es un sistema, y como cualquier otro sistema está sujeto a unos principios o leyes. Él descubrió que existían tres leyes.

La ley del orden

Hace referencia a la jerarquía que existe en la familia: «Quien ha llegado antes tiene derecho sobre el que llega después», y esto ha de ser respetado.
Si esta jerarquía se rompe, surgen el dolor y la desdicha. La transgresión de los órdenes del amor en las interacciones humanas será el origen de los conflictos, y las discordancias internas pueden llegar a manifestarse como patologías in­dividuales, familiares, grupales o sociales. En el orden, la familia construida ha de tener prioridad sobre la familia de origen o genética. Una persona para crecer y desarrollarse ha de desapegarse de los padres, con respeto y amor.
La unión exige la transformación de los lazos con nues­tros padres. Cada miembro de la pareja tiene que dejar de­trás algunos de los principios y normas de su familia de origen y elaborar unos nuevos principios comunes y justos a los dos miembros, de lo contrario, la pareja sigue en la es­fera de influencia de los padres y esto es la causa de muchos problemas que pueden llevar a la ruptura. Reconocer a los que estaban en el pasado aporta muchos beneficios, ya que se puede usar esa experiencia.

«Todo grupo dispone de una jerarquía que resulta del mo­mento en que cada uno inicia su pertenencia al grupo. Es decir, quien entró en un grupo antes tiene prioridad sobre aquel que vino después».

BERT HELLINGER

La ley de pertenencia

Todos tenemos derecho a pertenecer a nuestro sistema fa­miliar, y esto nos garantiza el sentirnos fuertes y recibir toda la herencia genética de nuestros antepasados. Esta ley se ocupa de que a nadie se le pueda retirar el afecto, la dig­nidad ni el honor. Así nos sentimos sostenidos y apoyados por la vida. En una familia esta ley es de por vida y ningún miembro puede ser excluido. Si esto se produce, en genera­ciones posteriores algún otro miembro se autoexcluirá para compensar esta injusticia, pues se estará identificado a nivel inconsciente con el excluido. Siempre se compensa. Los que pertenecen al sistema están guiados por una conciencia co­lectiva en común.

La ley de equilibrio entre el dar y recibir

Todos merecemos un equilibrio entre el dar y el tomar. Quien da tiene derecho a recibir, y quien recibe se ve obliga­do a dar. Todas las relaciones humanas se basan en este dar y tomar. Tiene que haber una compensación. En las relacio­nes familiares, este principio es para la relación entre padres e hijos por un lado y para la relación de pareja por otro lado.
Entre padres e hijos: Siempre se da sólo en una dirección. Los padres siempre dan y los hijos siempre reciben.
En la pareja: Ambos miembros que la componen, dan y reciben devolviendo lo mismo y un poco más, y así la relación va creciendo y ellos se convierten en adultos. En la pareja hay una igualdad en la necesidad de dar y recibir, de
Una vez terminada esta parte, se pasó a continuación a la parte práctica del trabajo tras una presentación de todos los participantes al grupo, así como a la exposición breve de cada uno del motivo por el cual había decidido asistir al ta­ller, expresando también su expectativas. En constelaciones familiares, cuando una persona –el cliente– hace un trabajo –es decir, su constelación–, expone un asunto o tema que le preocupe y que quiera solucionar.. Los temas pueden ser de diferente índole, tanto de ámbitos personales, familiares, sociales como empresariales. Los diferentes temas pueden ser de enfermedades, salud, amor, pareja o la no existencia de ella, prosperidad, dinero, deudas, éxito, adicciones, due­los, abortos... Con las constelaciones familiares se pueden abarcar todos los ámbitos en los que hay un patrón repeti­tivo que se mantiene en el tiempo y en el cual nos sentimos atrapados sin poder salir.
Se dice que el 70 por 100 de los problemas psicológicos que nos afectan a todos vienen de nuestra historia y nuestra relación familiar debido a que tenemos unas lealtades incons­cientes que nos hacen repetir patrones de dolor y sufrimiento. Del mismo modo que la carga genética pasa de padres a hijos, el contenido psicológico del árbol familiar también se hereda.
Posteriormente se realiza una breve entrevista sobre tu sistema familiar, y se obtienen datos sobre los hechos ocu­rridos en tu sistema. Se necesita muy poca información del cliente, ya que la percepción surge con mayor facilidad si uno pregunta por lo más esencial.
Las preguntas son siempre referentes a «hechos concre­tos» sucedidos en el sistema familiar, no interesan los rasgos de carácter.
¿Quién pertenece a la familia? ¿Hay niños fallecidos du­rante el embarazo o alguno que haya muerto a muy temprana edad? ¿Abortos, naturales o provocados? ¿Ha habido alguien con una suerte o destino difícil en la familia, por ejemplo alguien discapacitado en algún sentido? ¿Ha existido una re­lación anterior significativa antes de tu actual matrimonio? ¿Existe algún hecho trágico (asesinato, estafa, violación, he­chos de guerra...) en tu sistema? ¿Cuáles son tus relaciones actuales? ¿Sabes si alguien de tu sistema familiar ha sido ex­cluido?... Las preguntas eran breves y concisas. Cualquier pregunta adicional quitaba fuerza a la constelación y desvia­ba la atención de lo que realmente era importante.
A continuación, la persona que realiza su constelación escoge entre los participantes del grupo a los representantes para cada miembro de tu sistema familiar y posteriormente los posiciona en el espacio recreando la estructura familiar, ya sea de tu familia de origen, genética, o de la familia actual que has construido. También elige a alguien para que te represente a ti mismo, lo cual te da la posibilidad de verte desde fuera, como si te estuvieses viendo en un espejo. El participante coge a cada miembro por los hombros o por la espalda y lo coloca en un lugar en la sala en relación con los demás, de acuerdo a cómo se siente en el momento y a la imagen interna que tenga de cómo se relacionan entre sí los diferentes miembros de su sistema familiar. Lo único que tienen que hacer los representantes es moverse o actuar de acuerdo a lo que perciban o sientan corporal y emocio­nalmente, mientras están en el papel. Los representantes siempre actúan de una forma intuitiva, sin ninguna idea preconcebida ni intencionalidad.
Seguidamente, a cada persona que representa a un miem­bro de la familia se le pregunta cómo se encuentra y cómo se siente también en relación a los demás miembros. Lo que ocurre es que, aun sin conocer los detalles sobre la persona a la que representa, manifiesta su misma energía con bastante precisión repitiendo sensaciones, sentimientos, frases e in­cluso síntomas físicos iguales a los que siente la persona a la que representa, aunque jamás haya tenido ninguna relación ni conocimiento de ella. Esto es una de las cosas que más me sorprendió. Lo que se obtiene a continuación es una especie de radiografía familiar, como ver una especie de película, en la que aparece reflejada y al descubierto clara­mente toda tu dinámica familiar y en donde tú te observas a ti mismo a través de ver a tu representante.

Posteriormente, el terapeuta facilitador de esta técnica mueve a los representantes a diferentes lugares en relación con los demás, preguntándoles cómo se sienten más a gus­to. Su objetivo es encontrar un equilibrio natural, donde cada uno pueda sentirse más relajado. Dependiendo del lugar que ocupe la persona dentro de la familia así será la forma en la que se sentirá; cuando esté en el lugar correc­to, esto le proporcionará una sensación de seguridad, sere­nidad y fuerza para seguir con sus funciones. En cambio, cuando el individuo no ocupa el lugar que le corresponde, tiene fantasías de grandeza y esto lo debilita. También da a cada persona unas frases sencillas para que las repita y así aclarar una relación para que sea más sana y todos puedan experimentar que tienen el mismo derecho de pertenencia al sistema familiar y de ser reconocidos como tales. Si esto no ha sucedido en el pasado a algunos de los familiares, entonces con frecuencia los familiares presentes tienen que cargar con el peso de este desequilibrio.
Por ejemplo, si el padre de una mujer murió cuando era todavía una niña y esto fue muy doloroso para ella, la frase sanadora tendrá como objetivo que asuma plena­mente la pérdida de su padre, porque de no ser así, de no haber cerrado el duelo, posteriormente cuando esta mujer sea madre, un hijo suyo puede estar representando el papel del abuelo materno olvidado y verse privado de su propia identidad, pues los niños se enredan con las personas de su familia del pasado, aun sin saber nada de la historia familiar y ni conocerlas.
Estas frases suelen llevar una carga emocional y espiritual muy grande y conmueven profundamente a todos los que están presentes. Estas frases sanadoras pueden estar orientadas a describir una realidad para sacarla a la luz («Yo soy tu hija y tú eres mi madre»), describir una verdad más profunda encubierta o enredo sistémico («Yo me muero en tu lugar para que tú vivas»), expresar un sentimiento o dar fuerza al cliente («Papá, te echo de menos y necesito tu energía»).
De esta forma, a través de las constelaciones familiares po­demos cambiar este «amor inconsciente» que nos lleva al sufri­miento por un «amor consciente» que nos lleva a un estado de felicidad y libertad.
Al final de una constelación, se crea una imagen de todo el sistema familiar en orden y armonía, donde cada uno pue­de ser quien realmente es. La visión de esta imagen genera una gran paz en el alma, pues nos libera de viejos enredos familiares. Para terminar, se incluye al cliente pidiéndole que ocupe su lugar para que participe de esa nueva imagen sanadora. Los representantes dejarán el rol, con agradeci­miento. Viviendo este proceso de transformación e interio­rizando la nueva imagen, el cliente encuentra el camino a la reconciliación con el propio destino, a la aceptación del propio lugar en el sistema, y la expresión de un amor au­tentico y consciente hacia todos los miembros de la familia.

En una constelación, de lo que se trata, entre otras cosas, es de desplazar un proceso interno hacia fuera para poder reco­nocerlo, liberarlo y sanarlo.

Mi primera constelación

Desde que vi la primera constelación me quedé impresio­nada. Mi mente racional, teórica y práctica estaba total­mente descolocada, buscando aferrarse a un pensamiento racional para poder explicar todo lo que allí, en esa sala y con ese grupo, estaba ocurriendo. Siempre he sido muy analítica y he tenido un pensamiento muy lógico, incluso cuando mi parte intuitiva, que también es muy grande, se manifestaba. En un primer momento fue algo desestruc­turante, un choque, una nueva manera de entender la te­rapia, aunque todavía no alcanzaba a ver cómo ni en qué lugar podría integrar todo lo que allí estaba sucediendo. Igual que cuando alguien viaja a un país totalmente dife­rente en cuanto a cultura, como puede ser, por ejemplo, la India, que de entrada, el primer contacto puede suponer todo un reto cultural al entrar en contacto con una nueva y diferente manera de entender y vivir la vida, así como el descubrimiento de unos nuevos sistemas de valores. Algo parecido a esto fue lo que a mí me ocurrió. Un primer con­tacto con la técnica que me descolocó, para posteriormente ir integrando y entendiendo los procesos.
En el trascurso de este taller, los roles en los que era ele­gida como representante tenían que ver con todo mi proce­so de desarrollo personal, con mi propia vida y con trabajos que había realizado con otras técnicas, dándole una nueva comprensión y claridad. Posteriormente se realizó mi pro­pia constelación, y para mí ésa era la prueba que yo buscaba para saber si la técnica era fiable o no.
En mi constelación, yo escogí a cada una de las personas que iban a representar a mi sistema familiar. Junto con mi padre y mi madre, somos siete hermanos contando con­migo, cuatro varones y tres mujeres, lo que hace un total nueve personas a las que yo tenía que elegir como represen­tantes. Personas a las cuales yo no conocía absolutamente de nada, ni ellas a mí. Yo era una mera observadora de mi propio sistema familiar. En esa primera constelación tuve unas sensaciones que nunca voy a poder olvidar, por el im­pacto que tuvieron en mí.
Cada uno de los representantes, al ser preguntado acer­ca de cómo se estaba sintiendo, manifestaba expresiones, sensaciones y síntomas físicos iguales a los que tenía cada miembro de mi familia. Mi representante lo primero que dijo fue que sentía un gran dolor de espalda. Escuché a una persona que no me conocía de nada hablar de un síntoma físico que siempre he tenido. No podía ser una mera coin­cidencia, era totalmente imposible que fuese así. Existía la posibilidad de coincidencia en un miembro, pero que las nueve personas representantes fuesen casi un calco con sus expresiones y actuaciones de todo mi sistema familiar no podía ser una simple casualidad o coincidencia.
Al final de mi constelación, tras varios movimientos sa­nadores, se creó una imagen de todo mi sistema familiar donde todo estaba en orden y armonizado, donde cada uno podía ser quien realmente es. La visión de esta imagen, a mí, como mera espectadora, me producía una gran emo­ción y las lágrimas surgieron de mis ojos. Estaba feliz, por mí y por todos los míos.
Después de la constelación familiar noté un cambio en mis patrones habituales de pensamiento y sentimiento y como consecuencia en mis actuaciones. Una nueva y sutil apertura, suficiente para que con el tiempo y con mi deseo de que así fuese, encontrase alternativas frente a estrategias anteriores. Entonces era libre de elegir.

«Sanar no significa volver a la situación anterior, sanar significa que haya algunas opciones adicionales, es reconocer aquello que antes se rechazaba, es dar lugar a algo nuevo y así, de esta manera, al integrar lo nuevo, crecemos».

BERTH HELLINGER

Los efectos terapéuticos de este trabajo, tanto de mi cons­telación, como de la de los demás, alcanzaban a todos los presentes en la sala. Fue entonces cuando me enamoré de esta técnica y pude darme cuenta de que la idea de una familia perfecta y unida vende, pero por desgracia, ésta no es la realidad.

«La idea de la familia perfecta es sólo una mentira».

Los medios de comunicación nos contaminan con al­gunas imágenes de perfección que sólo nos llevan a la frus­tración, pues no nos vemos reflejados en ellas, sino todo lo contrario. Lo pude comprobar no sólo en mi constelación, sino también al ver otros sistemas familiares a medida de que se iba realizando el trabajo.
Reflexionando después sobre esta experiencia, el impac­to fue tan grande que decidí primero organizar talleres para mis pacientes para posteriormente aprender y formarme en esta técnica de constelaciones familiares.

Ir a las raíces

La primera gran dualidad, de la que surgen todas las demás, es que somos hijos de un padre y de una madre. Integrar esta dualidad es ver a ambos padres en una única imagen, haya pasado lo que haya pasado entre ellos después de nuestra concepción. Esta integración nos permite vivir la plenitud: cada uno de nosotros es la fusión de sus padres, la fusión de lo masculino con lo femenino. Toda separación, todo rechazo, se remite a la separación con el padre o la madre.
«Lo ideal es llegar a una profunda reconciliación con tus padres, porque hasta que no te reconcilias con ellos, no te reconcilias ni contigo ni con la vida».

BERT HELLINGER

«Decirles Sí a nuestros padres es un logro espiritual».

SVAGITo LIEBERMEISTER

Una de las cosas más difíciles es integrar todo el dolor que nuestros propios familiares nos provocan, sobre todo cuando somos niños. Un niño maltratado no surge de la nada, en la mayoría de los casos sus propios padres han sufrido los mismos abusos y situaciones dolorosas por parte de sus propios padres, por ejemplo. Llevamos y cargamos el inconsciente de nuestro árbol genealógico por generacio­nes, y esto nos hace proyectar sobre los hijos lo que antes proyectaron en nosotros nuestros padres y a la vez sobre ellos nuestros abuelos, de modo que las personas repiten el dolor y el sufrimiento del árbol familiar.
El amor a nuestros padres es tomar conciencia de todo lo que han hecho por nosotros, pues la clave universal es que en algún momento todos hemos acabado desilusiona­dos con papá y con mamá. Rechazar a tu madre es rechazar la vida y acabar compadeciéndose de uno mismo. Algunos rechazan a sus padres y se convierten en sus jueces acerca de lo que han hecho bien y mal, lo correcto e incorrecto, esto es la fuente de toda infelicidad, pues a través de ellos nos llega la vida, y diciéndoles un «No» a ellos decimos tam­bién un «No» a la vida. En cambio, quien toma a sus padres toma la vida y toma la fuerza que le llega a través de ellos y de todos sus ancestros, así uno crece y es feliz en la vida.
Para poder comprender e integrar la realidad familiar dolorosa hemos de ampliar nuestro campo de visión, pues somos el eslabón de una cadena, formamos parte de un clan familiar en el que el dolor es como un testigo que pasa ine­vitablemente de generación en generación. Desde el punto de vista del inconsciente familiar, como integrantes de una familia heredamos el aspecto físico, el carácter y también heredamos los conflictos no resueltos de nuestros antepasa­dos, somos víctimas de víctimas. Heredamos los conflictos, los traumas no sanados de nuestros ancestros. Así, repetir los mismos hechos, fechas o edades que forman parte del drama familiar de nuestros ancestros es como una manera inconsciente para nosotros de honrarlos y de serles leales. Cuando vivimos situaciones traumáticas dentro de la fami­lia, en muchas ocasiones nos muestran los hilos invisibles de lo «inconsciente» que se pone de manifiesto dentro de la familia, que no se trata de hechos «sueltos» inconexos, sino que por el contrario están conectados a la historia familiar.
Hay padres que lo hacen lo mejor que pueden. Aman a sus hijos y sus hijos salen raros o problemáticos de todas maneras. He visto que eso pasa. No tiene nada que ver con el amor de los padres. Algo más está operando allí en el siste­ma, aun cuando los padres no lo sepan y puede que los hijos tampoco. Tiene que ver con identificaciones o asuntos no resueltos dentro del sistema mayor. Uno de los hijos puede estar identificado con otra persona anterior y toma los senti­mientos y comportamientos de esa persona. Si traemos esta identificación a la luz, mediante las constelaciones familiares, entonces se puede resolver.

BERT HELLINGER

El árbol genealógico puede llegar a ser a la vez nuestra mayor trampa o nuestro tesoro más preciado.
Comprender el contenido del árbol es comenzar a res­petar nuestras raíces para posteriormente poder liberarnos de todo aquello que nos ata y nos limita a nuestro sistema familiar, y así empezar a desarrollarnos personalmente de manera más sana y completa y llegar a percibir nuestra ver­dadera identidad.
En nuestra historia familiar está el origen de muchos de los problemas de cada uno de nosotros, y es ahí donde conviven tanto nuestras posibilidades de realización como nuestras limitaciones y fracasos. Hay que actuar sobre las raíces de los árboles genealógicos para sanarlos, así, cuando liberas esa energía en ti, estás liberando y limpiando esa misma energía en las generaciones anteriores a través de las cuales esa limitación o emoción llegó a ti.
Es decir, si la emoción es heredada de tu padre, cuando tú liberas esa energía, estás al mismo tiempo liberando esa energía en tu padre. Al sanar tú, también estás sanando a todos tus antepasados a través de los cuales esa emoción llegó a ti en línea ascendente. Y no sólo eso, al liberar esa energía en ti, estás rompiendo la cadena para futuras ge­neraciones, ya que al no tener ya esa energía no podrás pasársela a tus hijos.
Quizás esas emociones heredadas sean el origen de de­terminadas maldiciones que parecen cebarse con ciertas familias o de ciertas adiciones que pasan de generación en generación. Todos tenemos nuestro cupo de emociones he­redadas, liberar esa energía no sólo nos ayuda a nosotros librándonos de una energía que no nos pertenece, pero cu­yos efectos sufrimos, sino que ayuda a todos los que nos precedieron y a los que nos sucederán. A través del trabajo de constelaciones familiares es posible ver estas implicacio­nes y liberarlas.
«Todo lo que se calla en una generación lo grita la si­guiente». Lo que una generación deja sin resolver, lo intenta resolver inocente e inconscientemente algún miembro de la próxima generación. Esto nos lleva a cargar con asuntos y sufrimientos que no nos pertenecen y que nos hacen pregun­tarnos: «¿Por qué me ocurre a mí esto?».

ANNE ANCELIN

El amor a nuestros padres es tomar conciencia de todo lo que han hecho por nosotros. Para la vida, nuestros pa­dres son insustituibles y los mejores para aquello que ne­cesitamos aprender. Hay que honrarlos y respetarlos y así honramos el pasado, nos inclinamos ante él y nos damos la vuelta hacia el futuro sintiendo una fuerza poderosa que nos apoya. Hay que amar y respetar a los ancestros, a nues­tra cultura, sin aferrarse, y entonces estamos preparados pa­ra seguir adelante y poner la intención en el ahora.

«Sólo tiene futuro aquel que investiga en el pasado, por­que investigando en el pasado se puede redescubrir el futuro».

Mi trabajo con las constelaciones familiares

Durante años, me dediqué a poner en práctica todo este conocimiento, primeramente en mi propia vida, intentan­do trasladarlo sobre todo a mi relación con mis padres y posteriormente, una vez formada en la técnica, aplicándola a mis pacientes, tanto en sesiones grupales como sesiones individuales para aquellos pacientes que en un principio quisieran una atención más personalizada y menos expues­ta a un grupo.

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