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Registros akásicos

Pedro Palao Pons (aut)
Klaus Ducker (aut)

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Fundamentos y claves para acceder a la memoria del Universo

¿Dónde está la clave del conocimiento universal? ¿Dónde la información atávica capaz de unir pasado, presente y futuro? 
Hace siglos que místicos, maestros espirituales e investigadores intentan hallar una pista que les conecte con lo que para unos es la esencia divin...

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Fundamentos y claves para acceder a la memoria del Universo

¿Dónde está la clave del conocimiento universal? ¿Dónde la información atávica capaz de unir pasado, presente y futuro? 
Hace siglos que místicos, maestros espirituales e investigadores intentan hallar una pista que les conecte con lo que para unos es la esencia divina y para otros nuestra razón de existir. Una conexión con algo así como una Biblioteca Universal del Conocimiento, un lugar más allá del espacio y del tiempo y más allá de los límites de la razón, al que todos estaríamos conectados: los registros akásicos.

• ¿Qué son exactamente los registros akásicos? ¿Qué información contienen? Y lo más importante: ¿cómo podemos llegar hasta ellos a voluntad?
• ¿Son los sueños, la inspiración, la intuición, los mensajes del inconsciente o incluso las visiones místicas, parte de esos documentos akásicos?
• ¿Cuáles son las claves teóricas y prácticas para entender y usar la sabiduría universal?

Todas esas y muchas otras preguntas se responden en esta obra: un recorrido por el sendero del conocimiento que, con el debido trabajo interior y la experimentación adecuada, nos puede abrir la puerta a la sabiduría ancestral.

Vivimos en un mundo cada vez más interconectado, más interactivo y más global. Que hoy en día tengamos acceso a cierta información y terminemos conectados unos con otros como por arte de magia nos parece lo más normal pero... ¿es así? ¿Es todo tan sencillo? ¿Qué es lo que hace que ciertas personas aparezcan en nuestra vida dándonos la sensación de que siempre han estado ahí? ¿Quién o qué nos ha puesto en contacto?
¿Cómo es posible que dos o más individuos tengan la misma idea al mismo tiempo en distintos lugares del mundo? ¿Es todo una casualidad? Quizás pero... ¿Y si fuera otra cosa?

Klaus Ducker
Antropólogo e investigador. Lleva años analizando la relación entre la búsqueda del conocimiento y la vinculación de este con los dioses, en tradiciones religiosas y folklores de culturas como la asiria, babilónica, hindú y tibetana, entre otras. Este libro es fruto de ese trabajo.
Pedro Palao Pons
es periodista y escritor, además de Coach Brander, especializado en comunicación y marca personal. En esta editorial también ha publicado "Cuentos Tibetanos, la esencia de la calma" "Cuentos sufís, la filosofía de lo simple" o "Cuentos Amerindios", "Cuentos hindúes", "Cuentos japoneses", "Cuentos zíngaros", "Cuentos africanos".
 
¿Y SI TODO ESTÁ CONECTADO?
Es cierto, vivimos en un mundo cada vez más interconectado, más interactivo y más global. Que hoy tengamos acceso a cierta información y terminemos conectados unos con otros como por arte de magia parece fácil, pero... ¿es así? ¿Es todo tan sencillo? ¿Qué es lo que hace que ciertas personas aparezcan en nuestra vida dándonos la sensación de que siempre han estado ahí? ¿Quién o qué nos ha puesto en contacto? ¿Qué cauces ha abierto el destino para que nos conociéramos? ¿Qué hay detrás de esa idea que tienen dos o más individuos a la vez en distintos lugares del mundo? ¿Cómo es posible que de la noche a la mañana forjasen un pensamiento sobre un concepto nuevo, lo desarrollasen y al poco ambos conformasen una nueva realidad con él? ¿Es todo una casualidad? Quizá, pero... ¿y si fuera otra cosa? Tal vez, como reza el dicho, en verdad no hay nada nuevo bajo el sol. O tal vez sí, tal vez sí hay algo nuevo, pero conectar con ello es algo mucho más etérico o incluso más cuántico de lo que podamos pensar.
Veamos, Jung nos habló de sincronicidades, determinados científicos abogan por el término «serendipias», y hay quien opta por denominar a todo eso casualidades o simples coincidencias. Tal vez tengan razón, pero imaginemos por un momento, por poner un ejemplo que sea sencillo gráficamente, una gran esfera. No sabemos dónde está, tampoco qué o quién la creó. No sabemos dónde
comienza ni dónde termina. Por supuesto, desconocemos sus densidades y cuántas capas la componen. Solo sabemos que es una esfera. Ahora supongamos que el tiempo y el espacio no son más que conceptos de algo que en realidad es, como bien nos dijo Einstein, totalmente relativo. Asumamos que ese espacio-tiempo es además cuántico; por tanto, como aseguran los físicos expertos en dichas materias, no es sino un concepto que puede ser modificado o alterado según la percepción del espectador.
Vayamos un paso más allá. Recordemos: una esfera. Ahora visualicémonos a nosotros e imaginémonos, por aquello de buscar un flujo de similitudes y para no perdernos en las limitaciones del cuerpo físico, como una esfera similar a la anterior pero mucho más pequeña. Imaginemos que esa segunda esfera, nosotros, se generó en el mismo instante en el que nacimos o, si preferimos, mientras estábamos en el interior de nuestra madre o incluso, por ir un poco más allá, se generó en el mismo instante de nuestra concepción.
Bien, ya tenemos dos esferas, una inconmensurable y otra mucho más sencilla, la nuestra. Sigamos avanzando. Supongamos que, desde el momento en que nuestra esfera se crea, se tejiera o se formara un canal, un vínculo o, siguiendo la terminología de nuestros tiempos, un hipervínculo. Veámoslo como un hilo luminoso que une ambas esferas generando un flujo de información entre ellas. Imaginemos que por nuestra parte todo cuanto veamos, escuchemos, hagamos, sintamos o percibamos, y también todo aquello de lo que no somos conscientes pero que de alguna forma interactúa con nuestro organismo, e incluso todo cuanto soñamos, pudiera traducirse o compactarse en flujos de información que viajarían automáticamente hasta la gran esfera, almacenándose —no sabemos cómo— en ella.
Detengámonos por un momento. Imaginemos que lo anterior es real. ¿Somos capaces de medir la gran cantidad de información que hemos procesado a lo largo de nuestra vida? Desde luego es imposible; es más, si tuviéramos que introducirla en discos duros resultaría una quimera. Pero siguiendo con esta teoría de la suposición, vamos a jugar a aceptar que eso es posible y que la primera gran esfera es algo así como un «macro disco duro» que tiene una «copia de seguridad» a la micra de segundo de nosotros.
Avancemos. Dejemos a un lado el «yo», la «identidad», es decir, eso que creemos que somos y que pensamos tener medido, pesado y calculado. Volvamos a una pequeña esfera por persona. Imaginemos que esa situación de conexión es idéntica en el resto de habitantes del planeta, es decir, de los siete mil millones de humanos que pisamos nuestra querida madre Tierra. Así las cosas, tenemos una gran esfera, un gran disco duro conectado a la información de nada menos que siete mil millones de personas. Ahora bien, recordemos que hemos dicho que tiempo y espacio son relativos y recordemos que antes que nosotros hubo otros millones de seres humanos que moraron en este planeta. Supongamos que ellos también —porque no tienen por qué ser menos— estuvieron conectando y facilitando dicho flujo de información a la gran esfera. Y, vuelvo a insistir, como aceptamos —al menos en teoría— que el tiempo no existe, viajemos al futuro, a los hombres y mujeres que nos sucederán hasta que se extinga la vida en el planeta. Personas que, como nosotros, también están «conectadas» a la esfera.
Si fuera real todo lo explicado hasta el momento, nos encontraríamos que por ahí, en algún lugar que no podemos cuantificar ni tampoco imaginar, existiría un mega punto de información y conocimiento que contendría absolutamente todo el todo —y no es un juego de palabras— de la información de la especie humana. Efectuando un parangón muy de estar por casa, algo así como una macro Wikipedia como la que vemos cuando navegamos por internet.
Ahora vayamos al otro lado. Hasta el momento nos hemos centrado en un flujo de información que viaja desde la pequeña esfera que somos hasta la gran esfera. Pero, ¿y si hubiera doble dirección? ¿Y si pudiéramos sintonizar con ese vínculo y acceder a la información que está albergada en la gran esfera? Bien, pues ha llegado el momento de cambiar el nombre de la esfera por el de universo akásico. Es más, ha llegado el momento de «aceptar», al menos como hipótesis de trabajo, que en efecto, desde hace siglos, cientos, miles de personas han logrado establecer una comunicación y han podido obtener la conexión y la lectura del flujo de información que la gran esfera comparte con nosotros.
Volvamos por un instante al símil informático de internet. En la red existen millones de páginas, millones de puntos de información, sin embargo para poder verlas precisamos de un terminal y una conexión a internet. Es más, necesitamos en primer lugar de una voluntad, de querer conectarnos y buscar para poder verlas, aunque a veces las vemos sin haberlas buscado, como por ejemplo cuando pasamos por delante de un monitor y nuestros ojos reparan en una página o cuando alguien nos enseña o nos manda una información a nuestro correo electrónico o a través de nuestras redes sociales. Es decir, tenemos dos métodos de conexión: activo y pasivo. Supongamos que con la esfera que contiene toda la información, esfera a la que estamos llamando akásico, ocurriese de forma similar. Podríamos
acceder a cierta información cuando entramos en disposición de hacerlo, pero también cuando desde otros puntos, sin pretenderlo ni buscarlo, se nos envían esos datos. ¿Cómo funcionaría este proceso? Al primero lo llamamos pensar, idear, proyectar, imaginar. Es decir, estamos buscando «inspiración», que a veces viene y en ocasiones no; pero, ¿de dónde procede esa genial idea que se nos ocurre de pronto? ¿Qué hace que surja una gran frase o un pensamiento memorable? La conexión, la fuerza de voluntad, el deseo de lograr, de obtener, es un proceso activo y consciente.
Dirijámonos ahora hacia el segundo punto, el pasivo. En ocasiones la información aparece sin buscarla. De pronto, una música, un paisaje, la palabra de una persona sobre un tema intrascendente o incluso un sueño —tengamos presente que, salvo que sea provocado o inducido, se supone que nuestro subconsciente va bastante por libre— provocan un clic (llamémosle agente externo) que nos genera una conexión, que nos da la idea, la respuesta, la señal, la evidencia de aquello que a priori no estábamos buscando, pero que nos resulta útil como parte de la información. En ese caso es como si el «agente externo» hubiera servido de «descodificador» para sintonizar con el flujo de información que nos conecta con lo que nos llega desde la gran esfera a la que estamos conectados y que llamamos akásico.
¿Qué tenemos hasta el momento? Una gran esfera que contiene un todo de información. Millones de pequeñas esferas entregando y obteniendo flujos de información a lo largo del tiempo. Y nosotros. ¿Y si lo complicamos más? Venga, solo un poco. ¿Tiene inteligencia esa esfera? ¿Es capaz de enviar mensajes de forma selectiva? ¿Es ella la que se ocupa de que dos o más microesf eras se pongan en contacto? ¿Es ella la que en cierta forma maneja los hilos del destino, esos mismos que nosotros llamamos ley de probabilidad, casualidad, coincidencia? Ahí lo dejo; entrar en ello nos obligaría a perdernos en un maremágnum que no es el objetivo de este libro. El objetivo es saber cómo y de qué manera podemos aprovechar —si es que realmente se puede— todo ese conocimiento, de una forma fácil, rápida y efectiva. Puede que suene a algo imposible, pero... ¿y si lo estamos haciendo ya sin saberlo? ¿Y si lo único que debemos forjar o propiciar es una mejor sintonía?

ÍNDICE
1. ¿Y si todo está conectado?     9
2. Akásico... ¿De qué estamos hablando?      17
3. ¿Y si todo es un entrelazamiento cuántico?      29
4. ¿Quién, cómo y dónde?     39
5. Místicos, chamanes, druidas y... todos
nosotros      51
6. ¿Dónde está la llave del conocimiento?      69
7. Endorfinas: ¿un pasaporte a los registros
akásicos?      79
8. Conexión y garabatos      95
9. ¿De dónde vienen las voces?      103
10. ¿Viaje astral o experiencia akásica?      119
11. Sueños lúcidos: el camino más fácil      127
12. Ángeles: ¿embajadores akásicos?      137
13. La escritura del más allá     145
14. El viaje biográfico      151
A modo de epílogo      157

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