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Cómo controlar el colesterol, la hipertensión y mantener una óptima salud cardiovascular En esta concisa guía el Dr. Janson nos ayuda a entender los problemas cardiovasculares que todos podemos sufrir y describe los suplementos nutricionales y de herbolario más importantes para su prevención y curaci&o...

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Cómo controlar el colesterol, la hipertensión y mantener una óptima salud cardiovascular En esta concisa guía el Dr. Janson nos ayuda a entender los problemas cardiovasculares que todos podemos sufrir y describe los suplementos nutricionales y de herbolario más importantes para su prevención y curación. En esta guía se proponen remedios para evitar los problemas cardiovasculares a través de distintos suplementos. Algunos de estos suplementos, como la coenzima Q10 y el espino, son poco conocidos aunque se trata de poderosas sustancias naturales que promueven una mejora en la salud cardiovascular. El Dr. Janson también nos enseña claramente los criterios con que utilizar estos suplementos de manera segura y eficaz. - Se trata de guías prácticas escritas de manera muy sencilla y asequibles a todo tipo de lector. - La salud y cómo mitigar y prevenir sus principales problemas es un tema que preocupa a todo el mundo sin distinción. - Esta guía nos ofrece una visión diferente para llevar una vida sana agregando a nuestra dieta los suplementos nutricionales y de herbolario apropiados. - Está escrita por un especialista médico de reconocido prestigio en la materia.

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN ............................................................................... 009

1.    EL FUNCIONAMIENTO NORMAL DEL CORAZÓN ........ 013

2.    LAS ANOMALÍAS CARDIACAS ........................................... 021

3.    FACTORES DE RIESGO ........................................................... 033

4.    SUPLEMENTOS BÁSICOS ...................................................... 053

5.    SUPLEMENTOS AVANZADOS ............................................. 079

6.    SUPLEMENTOS HERBALES .................................................. 111

7.    UN PROGRAMA TERAPÉUTICO GLOBAL ....................... 123

8.    OTROS TRATAMIENTOS ...................................................... 137

9.    DIETA Y ESTILO DE VIDA ..................................................... 143

CONCLUSIÓN .................................................................................... 165

ÍNDICE ANALÍTICO .......................................................................... 169

NUTRIFARMACIAS ONLINE ............................................................. 173

 

INTRODUCCIÓN

Las enfermedades del corazón (especial-mente la cardiaca arterioesclerótica) son los asesinos más letales en Estados Uni­dos, en España y en los principales países desa­rrollados del planeta.

A menudo, la muerte repentina por ataque cardiaco es el primer indicio de que había algún problema. Por eso es importante tomar medidas lo antes posible, aún cuando ni siquiera se perciba el primer síntoma de trastorno.

Todos sabemos que la mayor parte de las veces, las enfermedades cardiacas son el resultado de los malos hábitos y estilos de vida (fumar, un excesivo consumo de alcohol, una mala dieta, la falta de ejercicio, el estrés...). Y, aunque parezca raro, esto es una buena noticia; significa que hay medidas concretas que podemos tomar. Podemos agarrar las riendas de ciertos aspectos de nuestravida y ejercer una influencia importante si toma­mos las decisiones adecuadas.

Cuando yo estaba en el primer año de la escuela preuniversitaria, en 1962, se me obligó a someterme a una evaluación rutinaria hecha por un cardiólogo, puesto que toda mi vida había tenido un soplo cardiaco. Siempre se me había dicho que este soplo era "funcional" o "inocente", sin impor­tancia para el funcionamiento del corazón. Según se descubrió entonces, las evaluaciones anteriores habían sido incorrectas, y mi soplo significaba que una válvula cardiaca, probablemente desde mi nacimiento, cerraba mal. No es necesario decir que esto fue un fuerte golpe tanto para mis padres como para mí.

El cirujano cardiovascular les dijo a mis padres que era necesario operarme para reempla­zar la válvula causante del soplo. Aun cuando yo no tenía ningún síntoma, el cirujano les advirtió de que, si no era operado, probablemente padecería en diez o veinte años una insuficiencia cardiaca, cuando el músculo cardiaco ya no pudiese aguan­tar la carga progresivamente mayor causada por la filtración valvular. Me instó también a interrumpir toda actividad física, ya que yo era un adolescente muy activo y hacía mucho deporte.

No seguimos su consejo. Pero esto estimuló mi interés por la salud del corazón y por la medi­cina como carrera, y en los años siguientes excitó mi curiosidad por los tratamientos alternativos a los convencionales, así como por la manera de cuidar mejor mi corazón. Esta motivación perso­nal me llevó a descubrir los más importantes desarrollos en el tratamiento de las enfermedades cardiacas, tanto en relación conmigo mismo como con mis pacientes. Si bien es cierto que la estruc­tura genética contribuye al desarrollo de las pato­logías cardiacas, esto es mucho menos importante (cuando se trata de evitar una enfermedad car­diaca) que la elección de un estilo de vida, asunto sobre el cual todos tenemos grandes posibilidades de control.

Aunque en nuestra familia haya antecedentes de enfermedades cardiacas (o de casi cualquier otra enfermedad degenerativa crónica), no debe­mos creer que inevitablemente llegaremos a tener el mismo problema. Muchas investigaciones han demostrado que la dieta, el ejercicio, el control sobre el estrés y otros elementos juegan un papel importante en el mantenimiento de un corazón sano (o de lo contrario, dependiendo de las elec­ciones que hagamos). Por otra parte, la literatura científica es bastante clara: hay muchos suplemen­tos dietéticos que resultan valiosos como comple­mentos de las terapias tradicionales o, en muchos casos, como sustitutos incluso de medicaciones y hasta de la cirugía.

EL FUNCIONAMIENTO NORMAL DEL CORAZÓN

Para apreciar mejor el valor de los suple­mentos dietéticos para el corazón es útil comprender la estructura y el funciona-miento básicos de este órgano. Después de todo, el corazón bombea todos los días y todo el día a lo largo de nuestra vida, sin poder "tomarse un res-piro" nunca. De modo que vale la pena dedicar unos minutos a averiguar cómo realiza su trabajo. Sin embargo, no es necesario entender la manera en que funciona el corazón para obtener beneficio de los suplementos dietéticos o de otros cambios en el estilo de vida de los que hablaremos más adelante en este libro. Si se desea, se puede ir directamente a los capítulos que tratan sobre los beneficiosos suplementos relacionados con las enfermedades cardiacas; siempre será posible volver más tarde a este punto.

ANATOMÍA Y FUNCIONAMIENTO DEL CORAZÓN

El corazón es un músculo en gran parte simi­lar a cualquier otro en el organismo, si bien con ciertas diferencias microscópicas. Este músculo, o miocardio, consiste en un saco que está organizado en cuatro cámaras interconectadas. La aurícula y el ventrículo derechos reciben la sangre que llega desde el cuerpo y los pulmones, respectivamente. La sangre, que ha dejado algo de su oxígeno en los tejidos y ha recogido algunos productos de desecho del metabolismo, llega a la aurícula dere­cha por la vena cava, la vena más grande del cuerpo. Desde los pulmones, la sangre que ha obtenido oxígeno vuelve a la aurícula izquierda a través de la vena pulmonar.

La aurícula izquierda bombea entonces la sangre a través de una válvula llamada válvula mitral hacia el ventrículo izquierdo. Si bien la mayor parte de la sangre, en realidad, pasa hacia este sin necesidad de una acción de bombeo, la contracción auricular ayuda en buena medida a que la sangre entre en el ventrículo. Luego, el ventrículo izquierdo bombea la sangre oxigenada, a través de la válvula aórtica, hacia la aorta, la arteria más importante del cuerpo, y desde ahí hacia el resto de los tejidos y órganos del cuerpo (salvo los pulmones). Mientras el ventrículo izquierdo se contrae (un hecho denominado "sístole"), la válvula mitral impide que la sangre regrese a la aurícula izquierda. Al pasar por los riñones y el hígado, la sangre remueve los productos de desecho y las toxinas.

La sangre que llega entonces a la aurícula derecha pasa al ventrículo derecho a través de la válvula tricúspide. Durante la sístole el ventrículo derecho se contrae, enviando la sangre a los pulmones a través de la válvula pulmonar y la arteria pulmonar. En los pulmones, la sangre recoge el oxígeno que hemos inspirado y entrega el dióxido de carbono que exhalaremos en la espiración.

Inmediatamente después de pasar la válvula aórtica, en la aorta, están las aberturas de las arte­rias coronarias, que aportan sangre al miocardio. Durante la sístole, la válvula aórtica abierta tapa las entradas a las coronarias. Pero cuando la válvula se cierra, durante la fase de reposo del ciclo, llamada diástole, la sangre de la aorta llena las coronarias. Las dos aberturas coronarias conducen a las arterias coronarias derecha e iz­quierda. La arteria coronaria principal izquierda se divide de inmediato en dos (la arteria circunfleja, que se dirige hacia el dorso del corazón, y la arte­ria descendente anterior izquierda, hacia el frente). Todas ellas se ramifican luego muchas veces, conectándose todas las ramas entre sí e irrigando todo el miocardio. También hay cierta irrigación desde el interior del corazón, directamente a partir de la sangre que inunda las cámaras.

Todo el corazón está cubierto por un saco de tejido conectivo denominado pericardio. Las célu­las que cubren las paredes internas del corazón reciben el nombre de endocardio, y también tapi­zan las válvulas cardiacas.

ARTERIAS Y VENAS

Las arterias son los conductos que llevan la sangre proveniente del corazón a los tejidos. Las venas permiten la vuelta de la sangre al corazón. Las arterias comienzan en la aorta y luego se rami­fican y se hacen más pequeñas, hasta transfor­marse en diminutas arteriolas y por fin en una vasta red de capilares y vénulas microscópicos, que transfieren el oxígeno y los nutrientes a los tejidos y remueven los desechos. Las vénulas dan comienzo al viaje de vuelta de la sangre al corazón, uniéndose unas a otras a la manera de pequeños arroyos que convergen; se hacen más grandes al aproximarse al corazón, hasta formar la vena cava superior (que retorna desde la cabeza) y

la vena cava inferior (que trae la sangre de regreso desde el resto del cuerpo). Las células que cubren las paredes internas de las arterias y las venas son similares a las que tapizan el corazón y las válvu­las; se llaman células endoteliales y, en conjunto, simplemente endotelio.

Las arterias también tienen en las paredes tejido conectivo, así como músculos que hacen que los vasos sanguíneos se contraigan o dilaten. El es-pasmo de dichos músculos puede constreñir los vasos y causar ciertos síntomas. Cuando las células endoteliales de las arterias funcionan con normali­dad producen óxido nítrico, también conocido como "factor de relajación de origen endotelial", una sus­tancia que hace que los vasos se relajen, permitiendo que pase el flujo sanguíneo. El óxido nítrico es producido a partir del aminoácido arginina.

LA PRESIÓN SANGUÍNEA

Cuando el corazón bombea y envía sangre a las arterias con cierta potencia, se incrementa la presión dentro del sistema arterial. La fuerza que ejerce la sangre en las arterias durante la contracción del ventrículo izquierdo se denomina presión sistólica. En la fase de relajación del corazón, cuando la contrac­ción llega a su fin, la presión declina, lo que se llama presión diastólica. Todos conocemos las lecturas de las presiones sistólica y diastólica, como por ejemplo 120/80. El espectro normal de

la presión sanguínea va de 100/60 a 120/80. A largo plazo, los niveles moderadamente elevados de la presión sanguínea producen problemas cardiacos y circulatorios. A corto plazo, por otro lado, las presiones sanguíneas extremadamente elevadas pueden traer problemas agudos, como las cefaleas y los accidentes cerebrovasculares. La presión arterial normal se mantiene a través de una compleja interacción de hormonas, sensores (o receptores) arteriales y sustancias reguladoras, que implican la intervención de los riñones, el encéfalo y las glándulas suprarre­nales. También otros factores son importantes para la presión sanguínea, como el estrés, la actividad física, el estado de las arterias (ya que, si están endu­recidas por la arterioesclerosis, la presión en el sistema puede aumentar), el funcionamiento de las células endoteliales y la dieta.

EL ELECTROCARDIOGRAMA (ECG)

Una de las mediciones más habituales del funcionamiento cardiaco es la que se obtiene mediante el electrocardiograma, habitualmente co­nocido por su abreviatura: ECG. Este examen mide la actividad eléctrica del corazón, produciendo un dibujo que el médico puede interpretar para enten­der el ritmo cardiaco, saber si el músculo cardiaco está dañado por un ataque al corazón reciente o pasado, examinar la fuerza del miocardio y obte­ner otras claves sobre el funcionamiento del cora­zón. Si bien existen exámenes más sofisticados (ecocardiograma, prueba de esfuerzo, PET, angio­grafía, etc.), el ECG es uno de los más básicos y no resulta invasivo para el cuerpo. El ECG puede emplearse para observar las mejoras en el fun­cionamiento cardiaco como consecuencia de un tratamiento o bien las complicaciones resultantes del empeoramiento de una patología.

LAS ANOMALÍAS CARDIACAS

Si bien el corazón suele lleva a cabo su acti­vidad de una forma muy coherente, su anatomía y funcionamiento están sujetos a una buena cantidad de problemas potenciales. Como resultado de ello, la patología cardiaca es el asesino número uno en los Estados Unidos y en otros países desarrollados. Aunque las influencias genéticas y la exposición las a toxinas ambientales pueden hacer que el corazón tienda a funcionar de manera anormal, en su mayor parte los problemas del corazón se relacionan con nuestro estilo de vida, algo que siempre podemos controlar. Con-viene seguir una dieta sana, hacer ejercicio físico con regularidad, desarrollar sentimientos y actitu­des positivos, controlar el estrés, evitar las toxinas y, si es necesario, añadir suplementos nutriciona­les a nuestra dieta. Si tomamos las decisiones correctas podremos prevenir e incluso tratar la mayor parte de las enfermedades cardiacas, evitan-

do las complicaciones que causan; podremos sen­tirnos mejor y tener una vida más larga y más sana.

ARTERIOSCLEROSIS

El endurecimiento de las arterias es un pro-ceso que consiste en ciertas modificaciones anató­micas de los vasos sanguíneos, las cuales comprenden: el daño que se produce en las células de recubrimiento de la pared interna de los vasos, denominadas en su conjunto endotelio; una infla­mación crónica, que es reparatoria; la acumulación de grasas en las paredes de los vasos; la calcifica­ción de dichas paredes; y el consiguiente estrecha-miento del conducto, lo que finalmente da lugar a la obstrucción del flujo sanguíneo hacia los órga­nos vitales. El material depositado en las paredes, a saber, una combinación de grasas, colesterol, células inflamatorias, tejido fibroso y calcio, se conoce como placa. Si bien hay otros problemas que pueden causar el endurecimiento arterial, es común que la acumulación de grasas se produzca al principio de la enfermedad. La palabra "arte­riosclerosis" se refiere a este endurecimiento arte­rial relacionado con la acumulación de grasas.

Cuando las arterias que se han estrechado son aquellas que nutren el corazón -las arterias corona­rias- la enfermedad puede causar síntomas debidos a la falta de oxígeno en el músculo cardiaco. Si la

ausencia de oxígeno persiste, se produce la muerte de las células musculares del corazón. Cuando estas células miocárdicas quedan dañadas en un número suficiente, el corazón puede dejar de funcionar. En otras palabras, ocurre un paro cardiaco. No obstante, casi siempre son dañadas solo unas pocas células. Tal como sucede con otras arterias, también las coro­narias se contraen o relajan en ciertas condiciones.

Puesto que los vasos sanguíneos se hallan en un estado dinámico, esto es, de cambio continuo, los síntomas pueden ir y venir, en tanto que la placa arterial permanece inalterada. Sin embargo, la placa también puede modificarse bajo ciertas situaciones: aquellas que conducen a la rotura de la placa o a una hemorragia dentro de ella. Este cambio de la placa puede ser el resorte de un ataque cardiaco agudo.

Entre los síntomas de la arteriosclerosis coro­naria se cuentan una actividad respiratoria más breve (brevedad respiratoria*), el dolor precordial (en la zona torácica que está delante del corazón) o la opresión torácica (o bien variaciones de estas circunstancias, como un dolor en el hombro, en el brazo izquierdo, en la mandíbula, en la espalda o en la muñeca), debilidad, palpitaciones, tendencia al desmayo, mareos u obnubilación. El dolor precordial se describe comúnmente como "angina de pecho"; en ocasiones, la persona no lo experi-

menta como dolor sino como una sensación de opresión en el tórax, y a veces incluso lo confunde con una indigestión.

HIPERTENSIÓN

Aun cuando la hipertensión no es específica-mente una enfermedad del corazón, incrementa el riesgo de aparición de una arteriosclerosis y conduce a otras patologías cardiacas. Se habla de hipertensión (en términos sencillos: presión san­guínea elevada) cuando las presiones tanto sistó­lica como diastólica se elevan sobre lo normal estando el sujeto en reposo, cuando permanece así durante un tiempo determinado. Lo típico es que se considere un problema cuando el número más grande (la presión sistólica) sube a más allá de 140 y el número menor (la presión diastólica) se eleva por encima de 85(estas cifras se refieren a milíme­tros de mercurio -mm Hg-, es decir, la presión requerida para elevar una columna de mercurio a una cierta altura). Con todo, las evidencias indican que incluso las presiones diastólicas por debajo de 85 pero por encima del límite normal de 80 incre­mentan a largo plazo los riesgos para la salud, en particular los accidentes cerebrovasculares y el endurecimiento de las arterias.

Casi nunca la presión sanguínea elevada conduce a ningún síntoma, a menos que se trate de

una presión muy alta. La falta de síntomas ha hecho que se llame a la hipertensión el "asesino silencioso". En ocasiones, la presión sanguínea de una persona resulta elevada en la consulta del médico, pero no cuando se mide en el hogar, aunque el aparato medidor sea razonablemente exacto. Este fenómeno se debe a menudo al estrés que sienten algunas personas cuando un médico las examina. Este tipo de hipertensión se conoce irónicamente como el "síndrome de la chaqueta blanca" (del médico examinador). Este cuadro puede no ser beneficioso, ya que estas personas podrían muy bien responder también a otras situa­ciones de estrés con subidas de la presión sanguí­nea. Aquellos que no llegan a reconocer que su tensión sanguínea, si bien normal en casa, puede incrementarse en situaciones de estrés, se enfren­tan a un riesgo mayor.

Cuando la presión sanguínea está bastante alta puede causar cefaleas y una sensación de opresión, con conciencia de los latidos cardiacos. La presión sanguínea muy elevada debe ser tratada con urgen­cia, ya que puede causar un accidente cerebrovas­cular. En su mayor parte, empero, las subidas de la presión sanguínea no alcanzan los valores que requieren un tratamiento de urgencia. De todos modos, en el caso de una cefalea persistente la persona debería ser evaluada por un médico.

PATOLOGÍA VALVULAR

Sucede a veces que las válvulas que impiden el retroceso del flujo sanguíneo hacia las diversas cámaras cardiacas tienen alguna anomalía como consecuencia de malformaciones presentes desde el inicio de la vida o de problemas adquiridos a lo largo de esta. Si bien la patología valvular repre­senta un problema mecánico poco condicionado por los hábitos o por la nutrición, las anormalida­des resultantes en el funcionamiento cardiaco pueden ser contrarrestadas con algunos cambios en la dieta, haciendo ejercicio y tomando ciertos suplementos nutricionales.

Además de por malformaciones congénitas, las válvulas cardiacas pueden verse afectadas por infec­ción y calcificaciones, lo cual puede alterar el funcionamiento normal. Un potencial problema val­vular es el prolapso, en el que o bien las hojas (o cúspides) de las válvulas muestran malformaciones o bien los enlaces anatómicos que mantienen las hojas en su lugar son defectuosos. En tal caso, la válvula puede sobresalir hacia la cámara cardiaca, permitiendo el retorno de la sangre. Las válvulas que permanecen permeables cuando se cierran provocan un incremento en el trabajo cardiaco, lo que podría desembocar en una insuficiencia cardiaca, acompa­ñada de sus síntomas característicos.

El retorno sanguíneo es solo uno de los problemas valvulares. Las válvulas también pueden que-

 

 

 

 

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