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Neus Benages Gracia (aut)

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Un plan para reinventarte gracias al pensamiento visual

UN MÉTODO INFALIBLE QUE TE AYUDARÁ A CRECER EN TU PROFESIÓN, A CONOCERTE Y A ALCANZAR TUS METAS

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Si te encuentras en un cruce de caminos en tu trabajo y sientes que debes tomar otro rumbo o modificar el actual, es el momento de pararte a pensar, dibujar y diseñar tus mapas. Si no estás en esta situación, pero tienes este libro en las manos, puedes provechar para reflexionar sobre tu faceta laboral e identificar lo cerca que estás hoy de tu sueño.
ZÖN te permitirá visualizar el conjunto de tu trayectoria hasta el estado actual, reflexionar sobre ella e identificar aquellos aspectos que te bloquean o que te hacen vibrar. A partir de una metodología basada en el visual thinking, irás estableciendo las bases para definir un posible plan de futuro, así como los próximos pasos que podrías dar.

Neus Benages Gracia (Barcelona, 1975)

es diseñadora y facilitadora gráfica. Trabaja con el concepto gráfico ayudándose de colores, tipografía y símbolos para potenciar el impacto, la retención y la comprensión de situaciones complejas. Es impulsora de Mapa Visual ZöN, una metodología de orientación gráfica basada en mapas mentales. Diplomada en Educación Social y en Diseño Gráfico, master en Gestión Empresarial en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), se ha formado en las metodologías Art of Hosting de inteligencia colectiva y en herramientas de facilitación gráfica. Este es su primer libro.


Indice

Introducción      11
Gris: contando las horas hasta el viernes      13
Dibujos de palos: el descubrimiento del pensamiento visual      15
Colores: se abre un camino      18
Flechas: las vueltas del proyecto      19
ZöN: el nombre      20

Antes de empezar      23

Punto de partida      25
Algunas preguntas para reflexionar antes de empezar      25
Mapeando con ZöN      27
¿Y si descubro que quiero ser astronauta?      30
¿Qué es el pensamiento visual?      32
Pero... ¡no sé dibujar!      34
¿Cómo funciona el mapa visual ZöN?      37
Escoger el momento      39
Las bases de la metodología ZöN      40
Detener los razonamientos      40
Palabras claves      41
Imágenes simbólicas      41
¿Qué necesitas?      42
Las plantillas      42

  1. Adquirir las plantillas originales      43
  2. Descargar las plantillas originales      44

Mapa uno: tu trayectoria      47

Mapa dos: proyección de futuro      71

Mandala ZöN: dando imagen a la visión      89

Visión de tu sueño      90
¿Qué necesitas?      91
Antes de empezar      92
¡Empezamos!      92

Plan de acción      95

Por último, ahora sí, ¡a caminar!      95

INTRODUCCIÓN

GRIS. contando las horas hasta el viernes

Desde muy joven, estoy convencida de que el trabajo tiene una dimensión importante en la vida. Y por ese motivo, es vital que nos aporte un sentido. Era de aquellas adolescentes que calculaban las horas que tendrían que trabajar en la vida adulta, unas 40 000. Ante la evidencia, en forma de tiempo, veía una gran oportunidad para estar haciendo algo que me gustara y me realizara. A la vez, entendía que si hacía algo sin interés para mí, perdía una gran oportunidad e incluso temía encontrarme haciendo algo que, francamente, no me gustara. Entonces, la condena de las horas me parecía demasiado grande. Por aquella época era una joven idealista. Hoy, después de haber trabajado más de 18 000 horas, pienso, más que nunca, que es importante que este espacio de vida tenga sentido.
Como yo, muchos crecimos con ese pleno convencimiento e intentamos formarnos en aquello que más nos atraía, o en lo que teníamos cierto talento. Pero, sobre todo, en algo que fuera «de futuro», prÓspero, que nos permitiera trabajar y ganarnos bien la vida. Proyectábamos así un futuro «feliz» desempeñando nuestra profesión imaginada. El desconocimiento de la realidad laboral y de lo cotidiano de muchas de las profesiones por parte de los jóvenes es enorme. En el momento de elegir los estudios hay demasiada presión, más incluso hoy en día. ¿Cómo tomas una decisión aparentemente crucial para los miles de horas que tendrás que trabajar en el futuro? Pues lo mejor que puedes. Hay personas que tienen una vocación más o menos clara desde muy jóvenes; recuerdo a algunos de mis compañeros, los menos, que sabían muy bien qué querían. Si la vocación se alinea con el concepto de éxito socialmente aceptado, el entorno te acompaña feliz. Pero si se sale de los estándares de profesiones de «provecho» es posible que se cuestione su autenticidad, o que, amablemente, se te acompañe a desarrollarla en tu tiempo libre. El resto de los jóvenes, sin una idea clara, escuchan a su familia, amigos, profesores..., inten­tan imaginar posibles trabajos y toman la decisión que les parece más acertada, con la presión que esto supone. Y así empieza la aventura estudiantil profesional previa al salto a la realidad laboral. Y a menudo la realidad nos lleva a sitios que no se parecen a aquella profesión imaginada por la que empezamos la cruzada. Tal vez sean sitios en los que nos encontremos a gusto. Y también puede ser que, un día, algún tiempo después, o ya con muchas horas trabajadas a las espaldas y muchas más por delante, aparezcan síntomas de estar volviéndonos grises. No sé cuál es el momento en que uno se vuelve gris. A los que nos ha pasado lo reconocemos fácilmente: nos damos cuenta de haber perdido el color, la ilusión; contamos las horas para que llegue el vier­nes, y al mirar hacia adelante vemos una eternidad. Incluso, si el gris se vuelve oscuro, traspasa a la vida personal y va adueñándose cada vez de más espacio, perdiendo poco a poco la referencia cromática.
Y las mujeres y los hombres con síntomas de grisez, una vez tomada consciencia de ello, ¿qué hacemos para recuperar algo de color? Estamos en un momento en el que el mundo nos ofrece miles de posibilidades. El abanico es tan grande que uno se pierde entre las opciones. Por un lado, es fascinante: miles de oportunidades se abren ante nosotros, algunas dentro de la misma línea que llevamos traba­jando, otras en direcciones distintas. Pero, por otro lado, tanta oferta nos abruma. Al final podemos acabar dando tumbos o, al contrario, inmovilizados, sintiéndonos incapaces de elegir. Sé de personas a las cuales la propia presión social que conlleva el hecho de tener miles de opciones y sentir que hay que encontrar aquella que les apasiona, aun estando trabajando en algo que les gusta, les ha hecho empezar a sentirse potencialmente grises, y plantearse: «¿Y si resulta que me estoy equivocando y tendría que probar otra cosa?».
Hay mucho ruido en torno a lo laboral, opiniones del círculo cercano y del inconsciente colectivo. El reto es encontrar un poco de silencio. Escucharse a uno mismo para entender qué es para nosotros la plenitud laboral. Para cada uno será algo distinto. No hay genéricos, no hay reglas ni opiniones establecidas con relación a este asunto.

DIBUJOS DE PALOS: el descubrimiento del pensamiento visual

Mi propia trayectoria es un claro ejemplo de ir en busca de la plenitud laboral. Siempre explorando, estudiando, cambiando y reorientán­dome según los aprendizajes de vida. Creo firmemente en la impor­tancia de visualizar un sueño, un sitio ideal al que llegar. Solo así tendremos una dirección hacia donde movernos con cierto conven­cimiento. Aunque la forma de llegar o de aproximarse a ese ideal sea dando vueltas y aprendiendo a lo largo de la vida. Vueltas he dado muchas, y sé que estoy acercándome a mi sueño, o a una versión actualizada de él.
Llegó un momento en que empecé un nuevo camino. Por aquel entonces me encontraba trabajando, como autónoma, de diseñadora gráfica en un espacio de coworking, donde continúo en la actuali­dad. Tenía varios proyectos, si bien hacía tiempo que no vibraba con ellos. Fue entonces cuando decidí hacer un cambio sumando el diseño gráfico con la parte educadora y emprendedora, que también tengo. La primera idea que se me ocurrió, y que me parecía viable, fue explorar la posibilidad de dar clases o acompañar en diseño y comunicación a emprendedores. Tanteé a mis contactos, quedé con ellos, pregunté, y me entrevisté con una persona que formaba parte de un programa de acompañamiento a emprendedores. Esa entrevista, de cuarenta y cinco minutos, en la cafetería de un bonito hotel de Barcelona, me trans­formó. Hacía mucho que no me sentía inquieta antes de un encuentro profesional, lo cual significaba, sin duda, que aquello me importaba. Mi interlocutora llevaba consigo una libreta en blanco, y recuerdo que iba dibujando de forma muy esquemática algunos conceptos que apa­recían en la conversación: el punto de partida, el objetivo y el camino a recorrer. También me aportó una idea muy interesante, aparentemente sencilla pero clave: conocer a tu público, hablar con las personas que lo integran y testear. Así, descubrí el visual thinking y el design thinking, que me presentaron sin saber muy bien yo que los buscaba.
El pensamiento visual supuso un pistoletazo de salida en mi trayectoria. Gracias a él comprendí el gran potencial de organizar los pensamientos a partir de dibujos de palos, conectarlos entre sí y crear contenido, resolver problemas o comunicar ideas. Lo más interesante fue encontrar en los libros aquello que, de forma más o menos natural, ya llevaba haciendo un tiempo. Más allá de los mapas conceptuales, que descubrí de muy joven en la escuela secundaria, el encuentro con los mapas mentales' representó un cambio en mi forma de trabajar. Mi libreta está llena de estos mapas que, a partir de un círculo central que contiene el objeto de estudio, van ramificando sus conceptos. A menudo les añado pequeños dibujos para que resulten más efectivos. Los uso tanto en mi vida laboral como personal. Son una buena forma de organizar las ideas y generar muchas conexiones y comprensión. Hoy en día el pensamiento visual se aplica ampliamente al mundo empresarial. Se trata de un conjunto de herramientas muy potentes para la innovación o la cocreación en equipo. Dan Roam define así el pensamiento visual enfocado al mundo de los negocios: «El pensa­miento visual significa aprovechar la capacidad innata de ver —tanto con los ojos como con el ojo de la mente— para descubrir ideas que de otro modo serían invisibles, desarrollarlas rápida e intuitivamente, y luego compartirlas con otras personas de una manera que ellas puedan "captar" de forma simple».2
Intuitivo, innato, divertido, ágil y con muchas posibilidades. ¿Por qué no aplicar, también, el pensamiento visual a otros entornos fuera de las empresas?

COLORES. se abre un camino

Poco tiempo después de aquel encuentro, una amiga me preguntó si podía echarle una mano en la definición de su plan de empresa. Ella tenía muchas ideas y quería organizarlas para emprender su acti­vidad. Acordamos un día para trabajar en la terraza de su casa. Por aquel entonces, yo me pasaba el día navegando por internet a salto de mata, leyendo y descubriendo acerca del pensamiento visual, el pensamiento de diseño, los mapas mentales, la generación de ideas..., que me abrieron todo un mundo por delante. Me sentía fascinada ante tantas y nuevas posibilidades.
La víspera de nuestra sesión de trabajo diseñé una estructura basada en mapas mentales (o en mi libre interpretación de ellos), y otras dinámicas que encontré, improvisé o que, sencillamente, ya tenía en mi caja de herramientas personal. La idea era clara: plasmar visualmente, a modo de esquema, el punto de partida del proyecto (habilidades, conocimientos, vivencias, visión...) para después estruc­turarlo (definición, destinatarios, servicios, organización...).
Me presenté a la reunión con un rollo de papel de embalar blanco, rotuladores, pósits, pegamento y todo lo que encontré por casa que me pareció que podía servir. Trabajamos relajadamente durante unas cinco horas, y el resultado fue sorprendente para ambas. Definimos y organizamos las ideas que ella traía, ayudándonos de dibujos de palos, colores y flechas. Al final de la sesión concretamos un plan de acción. Para mí fue una experiencia muy enriquecedora;
disfruté viendo cómo las piezas iban encajando hasta dar paso a un esquema muy claro. También fue un placer observar la transformación de mi amiga: de su dispersión inicial a la articulación final de un discurso firme y, lo más curioso, su alusión al proyecto en presente.
Una vez finalizada la sesión, le pedí un feedback de la expe­riencia. Me quedo con una frase que todavía resuena en mí: «Ojalá hubiera hecho esto a mis veinte años, tal vez hubiera tomado otro camino». Y la idea de desarrollar una metodología para orientar y reorientar en distintos momentos de la vida empezó a tomar forma.

FLECHAS: las vueltas delproyecto

Sin embargo, el desarrollo de lo que en la actualidad es la metodología mapa visual ZÓN llevó tiempo. Contacté con varias personas que se encontraban en un momento de transición laboral y, trabajando con ellas, fui probando, rediseñando, ensayando cosas nuevas y concre­tando un modelo que, en formato de sesión presencial, funcionaba. Estudié e investigué técnicas de facilitación gráfica y cocreación, entre otras, para ir incorporando nuevos conceptos al proceso, mientras iba trabajando en la metodología. Hasta que, en un momento dado, pensé que me gustaría escalarlo. Mi sueño era que mucha gente pudiera utilizar la metodología, es decir, dedicar(se) un tiempo de calidad a repensar(se) de forma guiada. Y así nació la idea de una app. Las nue­vas tecnologías parecían ofrecer esa capacidad de llegar a más gente.
Hoy tienes en las manos un producto no tecnológico, aunque en su origen el manual fue un proyecto piloto de asistente de una aplicación informática y, las plantillas, su futura interfaz. Tras darle muchas vueltas, compartir y hacer pruebas con expertos, redefiní y llegué hasta aquí. Cuando hoy observo la metodología ZöN no puedo concebirla de otra manera que no sea en papel, y en uno grande, si puede ser. Trabajando así se potencia, sin duda, la parte derecha del cerebro (creativa, expresiva e intuitiva), para que pueda encontrar su espacio y soltarse, a la vez que dialogar con la parte izquierda (más analítica, lógica y racional).

ZÖN: el nombre

Muchas personas, cuando ponen en práctica la metodología, me preguntan por el significado y el origen de la enigmática palabra ZöN. La verdad es que se trata de un vocablo inventado, como los que usan a veces los niños para referirse a algo, a modo de código secreto. Aunque inventada, esa palabra tiene un porqué.
El verano del 2016 emprendí un viaje para celebrar mi cua­renta aniversario. Parte de ese viaje transcurría en Mongolia. Estuve viajando mayormente por el desierto del Gobi. Allí mi cuerpo y mi mente se relajaron del todo, y entendí qué era lo que lo hacía posible: el horizonte. Los 360° de visión completa me hacían sentir libre, desu­bicada también, aunque siempre había algo en la planicie absoluta, como una tienda nómada o un árbol aventurero, que impedía que me sintiera perdida.
Cuando volví a Barcelona precisamente me hallaba buscando un nombre para la metodología. Gracias a mi viaje encontré una pala­bra en mongol que significa algo parecido a «visión». Los mongoles escriben en cirílico, y algún traductor de internet me ofreció estas tres letras con la diéresis incluida. Me cautivó el nombre y su imagen y, además, tiene la peculiaridad de que, si les das la vuelta, las letras Z y N son la misma. Todo depende de cómo las mires, y el círculo en el centro no podía tener más sentido. Y así, sin pensarlo mucho más, adopté el nombre, y con él, mi Neus aventurera me acompaña, y espero que a ti también te guíe en el proceso.

  • Autor/es: Neus Benages
  • Editorial Comanegra
  • Formato 23 x 16 cm.
  • Páginas 100
  • Encuadernación Rústica con solapas (tapa blanda)
  • Ilustraciones Color y esquemas y plantillas en blanco y negro,

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