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Los tesoros del ciclo de la mujer Maximizar

Los tesoros del ciclo de la mujer

Maïtie Trélaün (aut)

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Crece con tus propias energías

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El ciclo menstrual acompaña a la mujer desde su pubertad hasta la menopausia, alrededor de unos cuarenta años de su vida. Se trata de la expresión de su relación con lo que vive en su interior, con su naturaleza profunda y esencial (pues está unido a su esencia). La naturaleza cíclica es muy poderosa e influye de manera extraordinaria en la vida cotidiana.
Si integras las energías de tu ciclo menstrual en la vida diaria, aprenderás a abrirte a la vida, a aceptar tu vulnerabilidad, a desplegar todo tu potencial y a dar un verdadero sentido al hecho de ser mujer.
Este libro te permitirá tomar conciencia de tu ciclo femenino; su observación y comprensión será un formidable punto de referencia en tu vida. Escuchar tu propio ciclo te dará la posibilidad de habitar tu cuerpo, de respetarte, de aceptarte tal como eres, de liberar tu creatividad y todo lo que crepita en ti para que puedas percibir y utilizar la energía «correcta» en el momento «oportuno».

Maïtie Trélaün

Ejerce la profesión de comadrona a domicilio, oficio que considera vocacional. Su pasión por el movimiento la acompaña en los apasionantes laberintos del ciclo femenino. Coach, conferenciante, formadora y escritora, desarrolla una aproximación original que hace del ciclo menstrual una auténtica herramienta de evolución personal y realización.
Organiza cursos tanto en Europa como al otro lado del Atlántico.

 

Formato: 13,5 cm x 21 cm
Páginas: 144
 Traducción: Pilar Guerrero
Corrección: M.ª Ángeles Olivera
Diseño de cubierta: Enrique Iborra

ÍNDICE

Introducción      11

Sobre la importancia de integrar el cicloen la vida cotidiana      17

  • Habita tu cuerpo     19
  • Respétate     20
  • Acéptate      22
  • Libera tu creatividad      23
  • Utiliza la energía correcta en el momento oportuno     24

El ciclo de la Tierra. Las cuatro estaciones      27

  • El invierno     28
  • La primavera     29
  • El verano     30
  • El otoño      30

El ciclo de la mujer: mensajero de su energía vital. Las grandes líneas del ciclo      33

  • Tus compañeras de viaje.     35
  • Mujer entre cielo y tierra     39
  • La mujer y el río      41

Transforma tu vida cotidiana. Observar, experimentar, colaborar, ajustar     81

  • Observa tus ciclos para conocerte mejor      82
  • Ve al encuentro de tus estaciones     90
  • Acoge tu ciclo y escúchalo     99
  • Planifica tu vida diaria en función de tu ciclo      108
  • Felicítate     122
  • Ajusta tus reglas    124

 

Conclusión    127
Anexo (Flor de Luna)    131
Bibliografía    133
Para saber más     135

INTRODUCCIÓN

Un día, una mujer joven vino a verme a la consulta. Su aspecto era tenso y parecía perderse en un vestido de punto demasiado grande para ella. Se sentó y me explicó, como si fuera con su último aliento: «Ya no puedo más. Siempre tengo altibajos, momentos en los que estoy pletórica y, al poco tiempo, me deprimo. Me siento arrastrada en todos los sentidos. Envidio a mi compañera, que siempre parece estable. ¡Yo no lo consigo! Siento que no valgo para nada, pero me resisto a tomar antidepresivos».
Me dio la impresión de que me encontraba frente a una llamita que se iba apagando.
Se me ocurrió hablarle de la naturaleza cíclica de la mu­jer y la invité, en un primer momento, que observara las variaciones de su estado de ánimo en relación con su ciclo.
Descubrió, entonces, que su ciclo no era solamente el momento de la menstruación sino que también presentaba cuatro fases diferentes, cada una de ellas animada por una energía específica que genera emociones distintas.
El siguiente mes ya no era la misma, sus ojos brillaban y en ella latía algo infantil. Sonrió y me dijo entusiasmada: «¡Es genial! Siento que algo baila en mi interior. ¡Nunca me había sentido más viva! De hecho, es como si jugara en un gran tobogán: tan pronto subo como bajo; a veces tengo la sensación de que vuelo y otras que ruedo por el suelo». La animé a que fuera más lejos en la experimentación con su ciclo, divirtiéndose al tiempo que aprovechaba mejor las energías de su ciclo en su vida diaria. «¡Fantástico! Siempre he querido aprender a hacer malabarismos».
Me la encontré tres años después y estaba radiante, pa­recía llena de vida. «Es increíble, no sólo hago todo lo que tengo que hacer, sino que también me cuido y me he pues­to a hacer danza y clases de violón. Y, además, tengo la impresión de que paso más tiempo con mis hijos. Me doy cuenta de la suerte que tengo y de que soy feliz, todo me parece fluido incluso cuando reina el caos».
Para eso, bastó con que escuchara y respetara las ener­gías de su ciclo, integrándolas en su vida cotidiana.
Luego llevé a muchas otras mujeres por el mismo cami­no de experimentación. Me resulta conmovedor ver cómo eclosionan y muestran la belleza de sus alas conforme se van acercando a su propio ciclo, que expresa su naturaleza pro­funda. Las saca al mundo con una delicadeza sorprendente.
Eso ha sido lo que me ha empujado a escribir este libro y a proponer formación para mujeres, para facilitar su evo­lución personal y ofrecerles herramientas que acompañen a otras mujeres por este camino.
Lanzo un llamamiento a todas las mujeres para que jue­guen con los matices cíclicos de sus energías y puedan reali­zarse en el día a día. Me quiero dirigir, directamente, a todas ellas (las que tienen un ciclo natural o artificial, menopáu­sicas o no).
No excluyo, no obstante, a los hombres, porque sé que ellos también sabrán sacar la información necesaria, en los capítulos que siguen. Les dedico un capítulo especial en el que encontrarán utilidades y trucos para comprender el ci­clo de la mujer. Eso los animará a escuchar su propia natu­raleza cíclica, que es mucho más discreta, menos marcada y menos conocida que la de las mujeres.

¿Por qué lanzar un llamamiento a las mujeres?

Porque la vida nos empuja a cambiar nuestros hábitos y es tremendamente exigente. Tengo la impresión que, ya sea porque conseguimos transformar nuestra forma de ser o porque la vida nos empuja a hacerlo, tenemos que en­frentarnos a nuestra propia muerte.
Mi conocimiento sobre la llegada al mundo de nuevos seres, en tanto que comadrona de profesión, me permite afirmar que si nos acercamos a la fisiología (el proceso de vida común a todas las mujeres), encontramos el camino de transformación más fluido y perenne.
La capacidad de la mujer para dar vida, para traer hi­jos al mundo (expresada por su ciclo y sus maternidades) abre un camino en todas las dimensiones de su cuerpo (físico, emocional, mental y espiritual), que la guía en cada momento hacia la transformación: la lleva a participar del mundo.
La mujer, siguiendo este camino, abre una vía para la humanidad y me siento honrada de acompañarla.
De forma original, mi aproximación es vanguardista. En efecto, en la actualidad nos encontramos en un giro de la humanidad que nos lleva a aumentar nuestro nivel de cons­ciencia y a respetar lo vivo.
Lo que pasa es que el ser humano ha estado experimen­tando durante miles de años:

  • El acceso a un conocimiento intuitivo por su cone­xión con el universo (mediante el desarrollo del he­misferio derecho del cerebro), pero sin tener la com­prensión necesaria.
  • La comprensión de numerosos funcionamientos del universo (mediante el desarrollo del hemisferio iz­quierdo del cerebro), pero sin estar conectado y bus­cando controlarlo.

Rico en ambos sistemas, tiene la capacidad, en la actuali­dad, de experimentar la armonía de los dos: puede desarro­llar, al mismo tiempo, la escucha y el análisis de sus percep­ciones con plena consciencia. Es un verdadero camino de dominio que lleva a la convergencia de ambos hemisferios. La persona, entonces, se une a la vida en vez de pasarse el tiempo compensando las distorsiones, como hacemos ac­tualmente.
La integración de la noción de ciclo en nuestra vida dia­ria nos conduce al corazón de dicha experimentación innovadora. Apelas a tus percepciones para captar los matices, más o menos sutiles, y a tu cerebro racional para casar tu vida cotidiana con sus energías.
La especificidad de tu ciclo es lo que anima a tu cuerpo en cada instante de tu existencia. Sus variaciones te permi­ten percibirlo con facilidad y, así, volver a ti. Y, dado que se expresa tanto en tu cuerpo físico como en tus emociones, tus pensamientos y tu espíritu, te lleva a evolucionar en to­dos los planos.
No se trata de extraerte de la vida en ciertos momentos para centrarte, como proponen algunas técnicas, sino de estar presente para ti misma al tiempo que vives tu vida diaria porque, justamente en lo cotidiano, percibes mejor tu ciclo. De este modo, no corres el riesgo de dejarte para lo último o de olvidarte de ti misma porque te conviertes en el centro de todo lo que haces. Ya no tendrás necesidad de buscar tiempo para ti, porque todo el tiempo estará con­sagrado a ti misma.

Pero ¿cómo es posible?

Al escuchar tu ciclo, te ligas a todo lo vivo y, por tanto, a tu energía esencial que te guía. Te enseña a respetarte, a aco- gerte, a aflojar tus resistencias, a encontrar confianza en ti misma y en la vida, a afirmarte, a quererte. Ganas en flui­dez y tu vida cotidiana se transforma. La vida se convierte en un juego que estimula tu creatividad.

¿Cómo conseguirlo?

Es relativamente simple, porque utilizaremos los caminos del cuerpo sin preocuparnos de los laberintos de la men­te. El cuerpo nos da la posibilidad de transformar nues­tra propia resistencia en recursos, así como de integrar el proceso de transformación de manera duradera. Tenemos, entonces, que elegir entre engancharnos a nuestras resis­tencias repitiendo lo que ya sabemos hacer o experimentar con nuestros recursos para cambiar el modo de funciona­miento.
En los siguientes capítulos te sensibilizaré a la noción de ciclo, tanto el de la Tierra como el de la mujer, y a descubrir el poder de sus energías estacionales.
También te presentaré tus compañeras de viaje, que son:

  • Tu niña interior, con su energía efervescente que te habla a través de tu creatividad.
  • Tu mujer salvaje, con toda su sensibilidad, que te ha­bla a través de tu intuición y tus percepciones.
  • Tu bárbara, con su potencia magmática que te habla en forma de ira, de irritabilidad, de tensión y de dolor.

Podrás escuchar lo que te explican mediante tus sensa­ciones y tus emociones. Te conducirán sobre las pistas de tu ciclo al encuentro de tus estaciones. A ti te quedará el trabajo de organización de tu vida cotidiana para poder experimentar una nueva forma de ver la vida.
Así descubrirás la belleza de la mujer que eres, las perlas que proteges y aprenderás a amarla.

Capítulo 1

SOBRE LA IMPORTANCIA
DE INTEGRAR EL CICLO
EN LA VIDA COTIDIANA

 

Aprender a respetarse
Tu ciclo, al impulsar la variación de sus energías, pone tu biología en movimiento, expresándose en tu cuerpo. Es, por tanto, una he­rramienta fabulosa que te lleva a ti misma, te enseña a respetarte utilizando la energía «correcta» en el momento «oportuno».

El ciclo menstrual anima a la mujer desde la pubertad hasta la menopausia; aproximadamente, 40 años de su vida, que son alrededor de 480 ciclos. Ésta es la expresión de su rela­ción con la vida que hay en ella (que a mí me gusta llamar «lo vivo») y su naturaleza profunda (esa con la que nace y forma su especificidad) o esencial (porque se relaciona con su esencia). Su evolución, con el paso del tiempo, dibuja las variaciones de dicha relación.
Cuando se emplean anticonceptivos hormonales se blo­quea el ciclo natural. La sangre que se pierde cada mes no tiene nada que ver con la sangre menstrual: es la expresión de la privación hormonal y no del desprendimiento mucoso del útero. El trabajo que te dispones a hacer es mucho más importante porque te permitirá mantenerte ligada a tu naturaleza cíclica, aunque su expresión fisiológica se vea castrada. Eso te exigirá acoger plenamente tu decisión pa­ra que puedas avanzar. No impide el descubrimiento de ti misma porque tu elección también habla de ti.
Pero ¿sobre qué te vas a apoyar si no tienes un auténtico ciclo fisiológico?
El hecho de que no tengas una menstruación auténtica y natural no quiere decir que tu naturaleza deje de ser cícli­ca. La mujer menopáusica también tiene naturaleza cíclica; incluso los hombres la tienen.
Su expresión, no obstante, será mucho más sutil porque no es obligatoria.
Podrás percibir las variaciones de tu energía en función del ciclo lunar y de la Tierra, que influyen en todo ser hu­mano.
Así que, en todos los casos, puedes ir en busca de lo que hay de cíclico en ti: es un medio de acercarte a ti misma.
¿Qué te aporta esta noción de ciclo y qué beneficios ten­drás al escuchar y respetar?
Vivimos en un cuerpo que nos informa cada momento de lo que está adaptado a nuestra ecología personal.
El inconveniente es que, por diferentes razones, nos he­mos desconectado de esa información y nos aferramos a referentes externos. Escuchar el propio ciclo es un medio simple y accesible de encontrar referentes internos.
Dichos referentes están en tu cuerpo, son tus sensacio­nes, que fluctúan en función de tu relación con el entorno.

Recordar

Escuchar tu ciclo es un camino trazado para habitar tu cuerpo y oír lo que te dice, así como para guiar tus decisiones en la dirección más apropiada para ti.

Escuchar tu ciclo te permite:

  • Habitar tu cuerpo.
  • Respetarte.
  • Aceptarte tal como eres.
  • Liberar tu creatividad y lo que late en ti.
  • Percibir y utilizar la energía «correcta» en el momen­to «oportuno».

Si integras las energías de tu ciclo en tu vida diaria, aumen­tarás tu bienestar y simplificarás tu vida cotidiana.

Habita tu cuerpo

Cuando estoy en la montaña y oigo un chillido concreto, busco la marmota. Tendré más posibilidades de verla si se mueve que si está quieta. El ciclo impulsa el movimiento. Como si hiciera correr a la marmota dentro de ti. Es un modo primitivo para escuchar lo que te anima.
Cuanto más escuches, más te habitarás y más matices podrás percibir de lo que te cuente en cada momento. En­tonces tendrás la posibilidad de escoger si seguirás sus in­dicaciones o no.

Respétate

Desde el momento en que habitas tu cuerpo, puede respe­tarte. En efecto ¿cómo voy a cuidar de mi casa y saber qué necesita si no vivo en ella?

Un poco de historia

Hace muchos años, las mujeres, consideradas impu- ras durante los días de la menstruación, se retiraban a un espacio que les estaba designado y que ciertas cul­turas llamaban «tiendas rojas». Así, esas mujeres dejaban sus quehaceres cotidianos y se dejaban acoger por otras mujeres que cuidaban de ellas. Sin tener consciencia de ello, ese tiempo les resultaba muy saludable porque les permitía respirar aire nuevo, descansar. Lo malo es que estaban relacionadas con lo impuro y con el rechazo. Ese aspecto feo es el que puso fin a esa tradición y ese tiempo de reposo.

Ir en busca de tu ciclo es un medio de entrar dentro de ti, de ver cómo tu «casa» vive las diferentes estaciones (cuándo baja las persianas y se aísla cerca del fuego, cuándo abre las ventanas y deja pasar corrientes de aire...). De este modo, aprendes a reconocer las especificidades de cada una de sus fases y las necesidades que se relacionan con ellas. Podrás, entonces, aprender a alimentarlas y a respetarte plenamente, sea lo que sea que viva externamente.
Las mujeres llevan la memoria de esta impureza y del re­chazo que se asocia a sus menstruaciones, pero también a su vulnerabilidad, porque es el período en el que más vulnerable se siente. La mujer busca camuflar ese momento, así como toda su naturaleza cíclica, manteniendo sus actividades habi­tuales, por mucho que le cuesten y por mucha energía que le supongan. Desde ese momento, reposo rima con debilidad. En este sentido, la mujer no lleva bien el tema menstrual, no lo acepta con alegría y espera a que la máquina se pare. Y ni siquiera en ese momento, lleva bien la aceptación. Deja de respetarse en lo más profundo de su vulnerabilidad.

Recordar

Observar el ciclo ayuda a discernir los períodos acti­vos de los de reposo, a determinar las necesidades espe­cíficas y a respetarse. Te das cuenta de que en ese momen­to serás respetada.

Ignorar ese momento de reposo inducido por las mens­truaciones o por la Luna Negra, agota a las mujeres. Espe­ran que los demás la respeten... pero ¿se respeta ella? No se puede respetar a quien no se respeta a sí mismo.
Hacer fuerza nos lleva a la tensión. Es someterse a lími­tes que conducen, tarde o temprano, a la ruptura (cuando se está al borde de la resistencia). Entonces, se entra en una situación de fracaso y te sientes débil. Fuerza y debilidad se suceden en un círculo vicioso.
No es lo mismo que la pareja vulnerabilidad-potencia. La potencia echa raíces en la vulnerabilidad. Dicho de otro modo, es cuando se acepta plenamente la vulnerabilidad que puede sentir la potencia irradiando desde dentro. Es la que me protege y me apoya en la vulnerabilidad pa­ra que pueda exponerla sin temor. Y como la exponemos, llama a la potencia, que puede desplegarse plenamente sin riesgo a herirse. La pareja vulnerabilidad-potencia se lanza a la expresión de su completud en una espiral infinita. De­clina todas las posibilidades de armonía en nuestra pareja masculino-femenino.

Acéptate

El ciclo te enseña, mes a mes, a abrirte: hacia el exterior, irra­diando tu unicidad en el momento de la ovulación (o Lu- na llena), y la aceptación de tus sombras, tus límites, tus miedos y tu vulnerabilidad en el momento de menstruar (o Luna Negra).

Recordar

El ciclo te invita a acogerte tal como eres y a abando­nar las máscaras.

¿Lo sabías?

Acoger no es aceptar.

El hecho de aceptar implica, a menudo, resignación o sumisión, como si una parte de nosotros se tuviera que esforzar en decir: «vale», aunque el resto de nosotros diga «no». El hecho de acoger se sitúa a nivel del corazón: todas las células dicen «sí». Nos adherimos a lo que hacemos. Ello nos brinda la posibilidad de acoger cualquier cosa o persona, aunque su comportamiento sea inaceptable.1

Las irregularidades que presenta, los eventuales dolores, son una expresión de tus resistencias para acoger simple­mente lo que eres, tu camino en esta vida. Es así como te enseñan, con paciencia, aunque también suele ser sin piedad, a ser simplemente tú misma con todas tus imper­fecciones y tus cualidades.

Libera tu creatividad

La creatividad (como la sexualidad y la espiritualidad) es una expresión de la energía vital. Esta energía, que yo asi­milo a la niña interior, se reconoce a menudo por el efecto efervescente que procura.
Tu ciclo te guía hacia lo que late en ti. Además, el pe­ríodo de interiorización que sigue a la ovulación (o Luna
llena) y se estira hasta la bajada de la menstruación, estimu­la en gran medida la creatividad. Ella te lleva por caminos vitales que chisporrotean en ti. Es un maravilloso medio para dejarte llevar por laberintos inexplorados, aunque te asusten, es ir como si de un juego se tratara. Tu rutina co­tidiana se transformará en un verdadero terreno de juego sobre el que te gustará experimentar.
Eso te conducirá, quizás también, a retomar alguna ac­tividad que nutra tu creatividad y que has olvidado bajo el gran número de obligaciones.
Las eventuales resistencias a esta creatividad se expresa­rán a través de la irritabilidad, la ira y el dolor.
El poder de tu ira es equivalente al poder de tu creativi­dad. Ambas son la expresión de tu energía vital. En el pri­mer caso, la rechazas, lo que te lleva a explotar; en el segun- do caso, acoges las molestias y ello te permite irradiar.

Utiliza la energía correcta en el momento oportuno

El ciclo comporta cuatro fases comparables a las cuatro es­taciones de la Tierra o a las cuatro fases de la marea. Cada una de ellas insufla en la mujer una energía específica:

  • Energía estable al vacío (invierno, marea baja, Luna Negra, repliegue, reposo).
  • Energía dinámica abierta al exterior (primavera, cuarto creciente, marea creciente, acción).
  • Energía estable en plenitud (verano, Luna Llena, ma- rea alta, realización).
  • Energía tumultuosa cerrada hacia el interior (otoño, Luna menguante, marea descendente, experimenta­ción).

Cuando no eres una con la energía de tu ciclo, te dejas embarcar o remas contra corriente. Gastas, pues, mucha energía luchando y debatiéndote. Toda esa energía no está disponible para la acción. Te agotas y te desanimas porque no avanzas aunque consagres una energía colosal.

Recordar

Cuando utilizas la energía correcta en el momento oportuno y para una acción adecuada, despliegas to­das tus capacidades y expresas de manera plena tu po­tencial. Entonces respetas tu tiempo de reposo y te sientes completamente operativa en el período siguiente.

 

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