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Macrobiotica Moderna Maximizar

Macrobiotica Moderna

Simon G. Brown (aut)

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La alimentación es un elemento clave de la salud. ¿Por qué no convertir cada comida en una experiencia curativa para nuestro cuerpo? Prefacio de michio kushi En este libro descubrirás:- Los grandes beneficios que aportan los

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La alimentación es un elemento clave de la salud. ¿Por qué no convertir cada comida en una experiencia curativa para nuestro cuerpo?

Prefacio de michio kushi

En este libro descubrirás:

- Los grandes beneficios que aportan los alimentos vivos e integrales.
- Qué alimentos son apropiados para ti y cómo transformar tu energía gracias a ellos.
- Cómo diseñar una dieta macrobiótica para un solo día, tres meses o toda la vida.
- Cómo cocinar platos nutritivos y energéticos.
- Lo sencillo que resulta preparar alimentos deliciosos y saludables.
- Planes de menús para iniciarte y más de 80 deliciosas recetas.

  • ¿Dispones de poco tiempo? Descubre atajos y trucos para hacer comidas en diez minutos. Experimenta un menú curativo de un día o un menú detox de tres días. Los iconos te ayudarán a distinguir las recetas que contienen los tipos de energía que necesitas.
  • ¿Te falta disciplina? La dieta macrobiótica no tiene reglas rígidas. Basta simplemente con que utilices los alimentos más adecuados para tu salud física y emocional.
  • ¿Tienes problemas de salud específicos? Descubre aquí las comidas que te ayudarán con tus problemas digestivos, la pérdida de peso y dolencias comunes como resfriados o jaquecas.
  • ¿Recelas de las dietas de moda? La macrobiótica tiene más de 60 años de existencia y consiste simplemente en comer con sentido común. Es alta en fibra, baja en grasas saturadas, alta en proteínas, calcio y otras vitaminas y minerales, y emplea ingredientes que tienen un bajo índice glucémico. 

Simon G.Brown estudió macrobiótica con Michio Kushi y actualmente es asesor y profesor de macrobiótica con más de 20 años de experiencia. Reputado experto en feng shui y shiatsu, es autor bestseller de libro sobre estos temas y sobre nutrición. Es miembro de la Sociedad de Feng Shui, de la Sociedad de Shiatsu y de la Sociedad de Macrobiótica de Gran Bretaña.

Prefacio de Michio Kushi

En 1945, cuando nos conocimos, a George Ohsawa le apasionaba la sanación en el más amplio sentido de la palabra. Quería utilizar los mismos principios con los que se lograba curar a las personas, con el fin de reconciliar a un mundo dividido por la Segunda Guerra Mundial. En mi caso, fue precisamente la idea de lograr una paz mundial la que me inspiró a unirme al movimiento de la macrobiótica.
A finales de los años cuarenta, Aveline y yo nos fuimos a vivir a Estados Unidos. En 1953 empezamos a impartir clases muy sencillas en Boston a las que acudía sobre todo gente joven, y seis años después creamos Erewhon, la primera empresa americana de alimenta-ción natural.
Durante los años sesenta, mis clases de macrobiótica atraían a personas positivas y de espíritu joven, que anhelaban aproximarse a un modo de vida diferente, como alternativa al estilo de vida materialista, que estaba conduciendo a un empobrecimiento de la die-ta e incluso, en algunos casos, a una salud precaria.
Con el transcurso del tiempo, las casas particulares donde enseñábamos dejaron paso a la creación de un centro de macrobiótica desde el cual fundamos una red de sucursales por toda América y Europa, donde la gente tenía la oportunidad de familiarizarse con las ideas de la macrobiótica y podía aprender a cocinar según sus principios. Mientras que muchos de nuestros primeros amigos eran hippies, ahora la macrobiótica empezaba a atraer a personas de todas las áreas de la sociedad, incluidosmédicos, profesionales de la salud, actores, deportistas, ejecutivos y políticos. El movimiento experimentó una expansión enorme y en esta época escribí muchos libros y viajé por todas partes del mundo portando el sueño de una humanidad mejor a través de la paz y de la salud.
Durante las cuatro décadas en las que he te-nido el honor de dedicarme a la macrobiótica, mi mayor alegría ha sido el poder ser partícipe del éxito de cada persona que ha logrado mejorar su salud por medio de este estilo de vida. No obstante, también ha habido retos, y mi mayor tristeza es que en nuestro mundo toda-vía convivimos con guerras, asesinatos, pobreza y enfermedades que podrían evitarse. Toda-vía queda mucho por hacer.
Simon y yo nos conocimos en los años ochenta, ya que fue mi ayudante en las consultas de los campamentos de verano macrobióticos. Tiempo después, cuando Simon dirigía el centro de Londres, él y sus colegas solían invitarnos como conferenciantes y, de este modo, nuestra relación se mantuvo gracias a nuestra labor común de difundir un mensaje de salud y de paz por medio de la macrobiótica.
Me alegro mucho de que Simon haga uso de su experiencia para escribir este libro, y deseo a todos sus lectores una buena salud y que puedan disfrutar de una vida plena y creativa.

Michio Kushi Brookline, MA (EE. UU.)

Introducción

Conocí la macrobiótica en 1982, cuando mi hermana Melanie se enamoró de un hombre que llevaba practicando este estilo de vida desde hacía varios años. A raíz de esto, asistió a los cursos de macrobiótica de la Community Health Foundation de Londres y se convirtió en toda una fanática. Recuerdo nuestras apasionadas discusiones sobre las ideas filosóficas en las que se basa este movimiento, pero la verdad es que era innegable que, debido a su nueva alimenta-ción, parecía tener más energía y su piel presentaba un aspecto radiante y saludable.
Mi infancia y juventud estuvieron teñidas por la sensación de que no tenía un corazón muy fuerte; a veces, notaba palpitaciones y sentía do-lores en el pecho. También disponía de suficiente información como para saber que mi dieta de entonces estaba lejos de ser la ideal. Y aunque tenía poco más de veinte años, sufrí varios ataques agudos de gota en aquella época.
Melanie me convenció para que siguiera una dieta macrobiótica durante tres meses. Acordamos que si no me sentía mejor al finalizar ese período, ella dejaría de darme la lata. Acepté el reto y aprendí el nuevo modo de cocinar los alimentos.
Los primeros días
Al principio la comida me parecía agradable, pero algo insípida. Echaba de menos los productos azucarados, el pan y los postres. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, empecé a disfrutar más con la nueva alimentación y disminuyó mi añoranza por mi antigua dieta. Pasadas seis semanas, ya percibía una mejoría gra-dual de mi salud. Para mi sorpresa, tanto la digestión como la regularidad de las evacuaciones habían mejorado claramente, aunque no recordaba haber tenido problemas digestivos antes. También aumentó mi energía, y en con-traste con la sensación de pesadez que solía experimentar, a veces acompañada por un leve dolor de cabeza, me sentía más ligero y libre. Era como si me hubiera desprendido de un gran peso que me limitaba.
Cuando llegó el tercer mes, no había vuelto a sufrir de gota y me sentía más tranquilo respecto a mi corazón. Como es de suponer, continué adelante con la dieta y asistí a más clases de macrobiótica.

Los beneficios

Por aquel entonces Melanie se había casado con Denny Waxman, un conocido profesor y asesor de macrobiótica. En 1984 Denny me propuso que le ayudara a dirigir un centro macrobiótico en Filadelfia. Me trasladé a Estados Unidos y me sumergí por completo en un estilo de vida macrobiótico, realizando cursos, ayudando a Denny con sus consultas y, por supuesto, comiendo según este enfoque.
En Filadelfia había una comunidad macrobiótica consolidada, y conocí a mucha gente que se había recuperado de toda clase de enfermedades —artritis, cáncer, diabetes, asma, eczemas, migrañas, quistes en los ovarios, afec-
ciones cardíacas, problemas digestivos—. Pude comprobar de primera mano los sorprendentes poderes curativos de la dieta macrobiótica. Había personas a quienes se les había diagnosticado un cáncer terminal y habían conseguido recobrar la salud. Aunque aún mantenía cierto escepticismo respecto a los conceptos de la macrobiótica, seguía experimentando una mejoría considerable en mi propia salud, al mismo tiempo que presenciaba los enormes beneficios que este estilo de vida proporcionaba a otras personas.
Durante esta época tuve la oportunidad de estudiar con Michio Kushi, considerado como la máxima autoridad de la macrobiótica a nivel mundial. Sus conferencias siempre fueron toda una revelación para mí. Salía de ellas con la sensación de que mi mente se había dilatado y expandido de manera inimaginable. También solía ayudarle durante sus consultas, donde podía ver de primera mano cómo diseñaba una dieta es-
pecífica para cada persona. Asimismo, asistí a muchas clases de cocina de Aveline, su mujer, y dos veces por semana ayudaba a cocinar menús para unas noventa personas que venían a comer al centro.
En 1986 me propusieron regresar a Londres para dirigir la Community Health Foundation, el centro de salud natural más grande de Europa en aquella época, que contaba con una clínica macrobiótica, aulas, escuela de cocina, una tien-da de alimentación, una tienda de libros y un restaurante. Allí se podía aprender cualquier cosa, desde tai chi hasta acupuntura. Seguí en contacto con Denny Waxman, Shizuko Yama-moto y los Kushi, ya que a menudo los invitamos a Londres como profesores y asesores especiales.

Macrobiótica para la vida
Empecé a trabajar como asesor y a impartir cursos de macrobiótica. En esta época escribí un li-
bro con el médico Hugh Faulkner titulado Cúrate, doctor, que describía la recuperación que había experimentado Faulkner de su cáncer de páncreas. Le habían dado tres meses de vida, pero gracias a la macrobiótica pudo vivir siete años más disfrutando de un buen estado de salud, hasta entrados los ochenta años.
Desde 1993 he seguido viviendo según un estilo de vida macrobiótico, he criado a cuatro hijos y he apoyado a mucha gente que empezaba esta aventura. Además, he tenido la suerte de desarrollar una exitosa trayectoria profesional en feng shui y he escrito varios libros sobre el tema.
Este libro me devuelve a mis raíces, y en él quisiera compartir contigo mis más de veinte años de experiencia siguiendo una dieta macrobiótica, criando a mis hijos según criterios macrobióticos y ayudando a miles de personas de todo el mundo a disfrutar de los beneficios de este estilo de vida.

Breve historia de la macrobiótica

La palabra macrobiótica («macro» significa grande y «bios» vida) la utilizó por primera vez el médico alemán Christoph von Hufeland, que publicó en 1796 el libro titula-do Macrobiotics: The Art of Prolonging Human Life.
Cuando este libro se publicó en Japón, se cree que George Ohhawa, considerado como el fundador de la macrobiótica, se encontraba por entonces formulando su propia filosofía sobre la dieta y la salud, y tuvo la oportunidad de familiarizar-se con las ideas de von Hufeland.

La búsqueda del equilibrio George Ohhawa se había logrado curar de una tuberculosis intestinal y pulmonar en 1911 con la ayuda de una dieta recomendada por el médico Sagen Ishizuka, consisten-te en alimentos integrales, vivos y naturales de estación. El doctor Ishizuka era un médico militar de finales del siglo xix que había tratado con éxito a muchas personas con graves problemas de salud. Ishizuka sostenía que el correcto equilibrio de las relaciones potasio-sodio y ácido-alcalino en la dieta humana favorece una buena salud.
George Ohhawa estaba tan agradecido por la nueva oportunidad que le ofrecía la vida, que a partir de entonces se dedicó a continuar el trabajo del doctor Ishizuka.

Difusión del mensaje
El principio básico de la macrobiótica es que cada uno de nosotros es responsable de su propia vida y de su propia salud, lo cual era un mensaje radical y pionero para la época. La gente vivía su vida de manera muy simple: cuando estabas enfer-
mo ibas al médico para que te recetara un medicamento; apenas se prestaba atención a factores como la dieta o el estilo de vida. George Oshawa realizó multitud de viajes difundiendo su mensaje dietético allí donde fue. Impartió cursos y, en Japón, formó a un grupo de alumnos para que viajaran por el mundo transmitiendo el mensaje de la macrobiótica en otros continentes.
Cinco de sus alumnos, Michio y Aveline Kushi, Herman y Cornelia Aihara, y Shizuko Yamamoto viaja-ron a Norteamérica; otros se dirigieron a Francia, Alemania y Brasil. Dondequiera que fueron en occidente, divulgaron un enorme abanico de ideologías, prácticas y productos orientales, y fueron abriendo paso al movimiento de la salud natural. De la mano de este mensa-je trajeron también el shiatsu, el
Do-in, la astrología nine-ki, la meditación, el reiki, los cantos, el 1 Ching y el diagnóstico oriental.

Encuentro de Oriente
y Occidente

Los centros y comunidades macrobióticas surgieron en América y Europa durante finales de los setenta; atraían a gente interesada en adquirir conocimientos sobre la energía ki, el ying y el yang, los cinco elementos, los triagramas y el karma. El interés por todo lo que procedía de Oriente era enorme y estaba en auge. Los miembros de la comunidad macrobiótica abrazaron también la acupuntura, el aikido y el tai chi, lo que les ayudó a consolidarse.
Como era de esperar, muchas de las ideas macrobióticas que habían sido tan innovadoras a finales de los años setenta y principios de los ochenta eran ya sobradamente conocidas en los años noventa.
El poder curativo de la comida Al mismo tiempo, cada vez eran más las personas que se aproximaban a la macrobiótica a fin de poder curarse de graves problemas de salud. El libro titulado Curado del cáncer, escrito por el médico Anthony Sattilaro, donde describía cómo se había recuperado de un cáncer, fue fundamental para este punto de inflexión.
El poder curativo de la macrobiótica pasó a ser el protagonista. A medida que las historias de curaciones iban en aumento, la dieta macrobiótica comenzó a ser conocida como una dieta que «curaba el cáncer». Su popularidad entre las personas que estaban recuperándose del cáncer produjo a su vez que la dieta se volviera más purista, enfocándose en alimentos limpios y curativos. Sin embargo, con esta línea se tendía a dejar de lado a las personas quebuscaban un estilo de vida saludable en general, e incluso confirió al enfoque macrobiótico la reputación de ser algo extremo, a pesar de estar de acuerdo, en líneas generales, con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.
Además, los alimentos asocia-dos a la macrobiótica eran difíciles de conseguir. Pero hoy en día las cosas han cambiado y muchos ingredientes que recomiendo a lo largo del libro pueden encontrarse en los supermercados.
La intención del presente libro es mostrarte cómo puedes incorporar la macrobiótica a un estilo de vida sano. Realizando pequeños cambios en tu dieta, podrás disfrutar de los beneficios que una alimentación buena y saludable —a base de ingredientes natura-les, no procesados— puede proporcionarnos a todos nosotros.

ÍNDICE

Prefacio de Michio Kushi    6
Introducción    7
¿Qué es la dieta macrobiótica?    10
¿Qué es lo que hace especial a la macrobiótica?    12
Cómo usar este libro    14

Los principios de la macrobiótica
Los alimentos son energía    18
Ácido y alcalino    24
Sodio y potasio    26
El índice glucémico    28
La nutrición    32
Macrobiótica y salud
Macrobiótica para una buena salud    38
Una dieta curativa macrobiótica    42

La cocina macrobiótica
Las verduras    56
Las algas    60
La fruta    64
El aceite    68
Los cereales    72
Las legumbres    78
Los frutos secos y las semillas    82
Los alimentos fermentados 86
Los productos de soja    88
El pescado y el marisco    92
Los condimentos    96

Menús macrobióticos
Plan dietético de un día    100
Dieta depurativa de tres días    102
Dieta regeneradora de diez días    104
Dieta curativa de cuatro meses    108
Trucos para ahorrar tiempo y comer sano 112
Menús rápidos    114
Comer fuera    116
La dieta macrobiótica en la vida diaria    118

Recetas macrobióticas para tu vida
Desayunos    122
Sopas    126
Platos fuertes    132
Postres    146
Tés y tisanas    154
Índice    158
Agradecimientos    160

 

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