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Método Sagrera. Vencer el dolor sin fármacos

Jordi Sagrera-Ferrándiz (aut)

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¿El dolor se puede curar? ¿Los analgésicos son la única solución para controlarlo? Descubre cómo hacer frente al dolor, tanto agudo y puntual como crónico, sin recurrir a los fármacos. Ï Aprende a vivir sin dolor escuchando a tu cuerpo. Ï Las terapias naturales más eficaces. Ï Masajes, estiramientos y ejercicios para relajarte y aliviar el dolor. Ï Menús y alimentos antiinflamatorios y con propiedades analgésicas. Ï Los dolores más frecuentes y cómo prevenirlos o curarlos de forma natural.

  • Existen técnicas mentales para redu­cir la percepción del dolor que se com­binan con los tratamientos físicos
  • Muchos dolores y las enfermedades que las producen se benefician de una «limpieza» del organismo
  • Combinar la actividad con el des­canso, tanto físico como mental, favorece la autorregulación corporal
  • Las técnicas psicofísicas ayudan a relajarse y a conectar con el cuerpo para entender sus mensajes

El doctor Jordi Sagrera-Ferrándiz (Barcelona, 1950)

estudió Quiromasaje y pos­teriormente cursó Medicina en la Universidad de Barcelona. Se formó también en medicina naturista, técnicas manuales, homeopatía e iri­dología. Desde 1983 tiene su propia consulta en Barcelona y hace más de tres décadas que dirige la Escuela de Masaje Manual. Profesor en cursos de pregrado y posgrado en las universi­dades de Barcelona y Madrid, adquirió el grado de Magister en Medicina Manual y Osteopatía en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor de varios libros sobre quiromasaje y tera­pias manuales, y asesor médico en RBA, donde ha publicado diversos libros de alimentación y salud.
¿El dolor se puede curar? ¿Los analgésicos son la única so­lución para controlarlo? Descubre cómo hacer frente al do­lor, tanto agudo y puntual como crónico, sin recurrir a los fármacos.

  • Las terapias naturales más eficaces.
  • Masajes, estiramientos y ejercicios para relajarte y aliviar el dolor.
  • Menús y alimentos antiinflamatorios y con propiedades analgésicas.
  • Los dolores más frecuentes y cómo prevenirlos o curarlos de forma natural.

CONTENIDO

El dolor se puede curar 8
1. APRENDE A VIVIR SIN DOLOR

  • Dialogar con el cuerpo 16
  • Relajarse en movimiento 22
  • Masajes en familia 28
  • Salud con la naturaleza 34

2. QUIROMASAJE Y ESTIRAMIENTOS

  • Desactiva el dolor de tus puntos gatillo 40
  • Estiramientos para cada día 48
  • Curarse con frío y calor 54
  • Masajes con aromaterapia 58

3. ALIMENTACIÓN CONTRA EL DOLOR

  • La dieta antiinflamatoria 64
  • Selecciona los ingredientes 66
  • La cúrcuma, especia medicinal 68
  • Beneficioso y sano jengibre 69
  • El lino es rico en omega 3 70
  • Almendras con calcio y vitamina E 71
  • Depurarse gracias a las uvas 72
  • Kiwi digestivo y vitamínico 73
  • Soja para ganar salud 74
  • Él !Barca rnn raro7ac 7g

4. LAS TERAPIAS NATURALES MÁS EFICACES

  • Tratamientos complementarios 78
  • Gana salud con acupuntura 82
  • El bienestar en tus manos 88
  • Automasaje en los pies 94
  • El poder curativo de la arcilla 100

5. LOS DOLORES MÁS FRECUENTES

  • Curar la migraña de forma natural 104
  • Homeopatía premenstrual 110
  • Conoce y cuida tu zona lumbar 114
  • Aliviar la fibromialgia 120
  • Mandíbula sin tensión 122
  • Relaja y protege tus cervicales 126

6. FITOTERAPIA

  • Las medicinas de la naturaleza 134
  • Harpagofito para la inflamación 136
  • Árnica, alivio del dolor muscular 137
  • El poder de la guindilla 138
  • Buen sueño con lavanda 139
  • Sauce blanco, analgésico eficaz 140
  • El poder de la onagra 141

 

INTRODUCCIÓN

EL DOLOR SE PUEDE CURAR

El dolor causa alarma. Gracias a él sabemos que algo no anda bien en el organismo. Pero no siempre es fácil encontrar la causa, y los medicamentos analgésicos no son la mejor solución. A menudo hace falta un tratamiento personalizado con terapias naturales y además introducir algunos cambios positivos en el estilo de vida.

El dolor en el sistema músculo-esquelético es la segunda causa principal de consulta en Aten­ción Primaria, y la mitad de esas consultas es­tán relacionadas con el dolor crónico. Este es aquel que dura más de tres meses o se manifies­ta cinco días a la semana, de forma intermiten­te, de modo que pasa de ser un síntoma a con­vertirse en una enfermedad.
Están afectadas personas de todas las edades y condiciones. Aunque se pueda pensar que las enfermedades de tipo reumático, como la os­teoartritis o la artrosis, se presentan en perso­nas mayores de 50 años, las enfermedades au­toinmunes y las del tejido conjuntivo aparecen en personas jóvenes y predominantemente del sexo femenino.
Sea en la columna, en las articulaciones o en la masa muscular, el dolor está presente en la vi­da de un 33% de la población femenina; es dos veces más elevado entre las mujeres que entre los hombres, y su prevalencia aumenta con la edad a partir de los 45 años. Pero nadie debe resignarse a sufrir molestias día tras día. El dolor reduce la calidad de vida. Nos pone de mal humor y las relaciones con los demás se resien­ten. Muchas personas con dolor crónico incluso deben dejar de trabajar. Migrañas, dolor de es­palda, en las cervicales, en las articulaciones, en los músculos, en las manos o en los pies pueden hacerse muy difíciles de sobrellevar.

¿QUÉ ES EL DOLOR?

Antes de abordar qué se puede hacer, convie­ne saber más cosas sobre el dolor. Por ejemplo, ¿cómo se llega a sentirlo? Es un proceso comple­jo. La piel y las vísceras tienen unos receptores nerviosos, los nociceptores. Cuando los tejidos resultan dañados, liberan unas sustancias que originan un impulso nervioso, una señal. Esta «viaja» hasta la médula, que la filtra antes de de­jar que llegue al cerebro, donde finalmente se «construye» la sensación de dolor.
La intensidad con que se siente no es la mis­ma para cada persona. En este sentido hay que tener en cuenta dos factores:
La tolerancia al dolor. Algunas personas casi no soportan el pinchazo para extraer sangre. Otras, sin embargo, dicen no sentir casi nada. La capacidad de respuesta del organismo. La intensidad puede estar relacionada con la pro­ducción de hormonas (las mujeres sufren más dolores crónicos que los hombres), factores emocionales o ambientales.
La percepción del dolor es una experien­cia personal en la que entran en juego muchos condicionantes: el temperamento, el entorno, la dieta, las emociones reprimidas... Por otra parte, existen dolores de diferentes tipos: Localizado. Se refiere al lugar en el que se ori­gina: en la piel, en huesos, nervios y músculos, así como otros tejidos que dan soporte a estas estructuras, o en los órganos internos.
Irradiado. Se transmite a lo largo de un nervio, extendiéndose a partir del sitio de origen. Por ejemplo, el dolor del nervio ciático con frecuen­cia se irradia a la pierna.
Referido. Se siente en una parte del cuerpo dis­tante a la del sitio de origen. Un caso típico es el dolor en el hombro que acompaña a la inflama­ción de la vesícula biliar.

¿PASTILLAS O TERAPIAS FÍSICAS Y NATURALES?

Prestar una atención serena al dolor nos ayuda­rá a encontrar la mejor manera de tratar su cau­sa. El tratamiento con medicamentos es el que suele aportar un alivio más rápido, pero no fun­ciona siempre y el dolor vuelve cuando se dejan los analgésicos, porque no se ha actuado sobre el origen del problema. No hay que conformarse con la misma pastilla para todos. Hay estrategias no farmacológicas que ayudan a sentirse mejor.
El plan terapéutico debe ser integral e indi­vidualizado, es decir, adaptado a las caracterís­ticas de cada persona y a su estilo de vida. La variedad disponible de terapias permiten ajus­tar el tratamiento y conseguir mejores resulta­dos. Las distintas técnicas de masaje, como el quiromasaje o el shiatsu, la aromaterapia, la quiropráctica y la osteopatía, el rolfing, la acu­puntura, la hidroterapia... son solo algunas de las opciones que el paciente tiene a su alcance. ¿Cuál elegir? En general, todas pueden prestar alguna ayuda ante cualquier dolor, pero cada una es más eficaz con trastornos concretos. Por ejemplo, el quiromasaje es muy eficaz ante las molestias originadas por la tensión nerviosa. La quiropráctica está especialmente recomen­dada cuando un nervio que sale de la columna está comprometido. La osteopatía es muy bue­na tratando las tensiones en los tejidos conectivos y la acupuntura posee un reconocido efecto analgésico, como bien saben doctores expertos como mi colega Pere Marco Aznar.

EN EL GIMNASIO O EN CASA

El tratamiento y la prevención también son co­sas de uno mismo, el compromiso no termina al salir de la consulta del terapeuta. Hacer re­gulamente taichí, yoga o gimnasia forma parte de un estilo de vida sano que contrarresta los efectos del sedentarismo o los gestos repetitivos que se realizan en el trabajo. También son disciplinas que ayudan a relajarse y a conectar con el propio cuerpo. Además, se pueden practicar ejercicios específicos para problemas con­cretos. Este libro incluye un buen número de sesiones y técnicas muy sencillas para incluir­las en las rutinas con que cada persona se cuida.
Pero antes de recibir cualquier tratamiento es necesario obtener un buen diagnóstico. Tam­bién debe ser encarado individualmente, des­haciendo las capas una a una. Entre las causas se combinan, aspectos psicológicos, biológicos, so­ciales y medioambientales. Un dolor sin una cau­sa obvia puede remontarse a un accidente cuyas heridas se curaron pero que dejaron un recuer­do en el cuerpo en forma de sensibilidad exage­rada al dolor. Una muerte o la enfermedad grave de un familiar también puede anidar en el pro­pio cuerpo. El estrés puede manifestarse igual­mente en forma de dolor en la espalda, los hom­bros, las rodillas, los pies, las manos...
Los doctores Marianne Frankenhaueser y Ulf Lundberg, del Instituto Karolinska, en Suecia, han demostrado que es precisamente el estrés mental y los trabajos con un componente emo­cional los que producen más alteraciones por contracturas de la musculatura.
El trabajo excesivo, sin periodos de descan­so ni relajación, obliga a mantener constantes los niveles hormonales de cortisol, adrenalina y noradrenalina, lo que conduce a la rotura del equilibrio de los ritmos circadianos (niveles a lo largo del día). Como consecuencia se alteran las fases del sueño y la profundidad del descanso nocturno, lo que produce la sensación de can­sancio matutino. También conduce a alteracio­nes en el ritmo intestinal y, en ocasiones, un in­cremento de la sensación de ansiedad y angus­tia. Se produce asimismo un incremento de la contractura muscular, con aumento de dolor en las zonas cervical, dorsal y lumbar.

MUY IMPORTANTE: EL ESTILO DE VIDA

Ante el dolor, casi tanto como realizar las tera­pias adecuadas es llevar un estilo de vida que fomente la salud y el bienestar.
Aprovecha el buen tiempo. Un estudio de la Clínica Mayo (Estados Unidos) sugiere que hay una relación entre la deficiencia de vitamina D
y el dolor, ya que esta ayuda a reducir la infla­mación. Por ello, un poco de sol—a primera hora de la mañana en verano; a mediodía en invier­no— gracias al cual esta vitamina se sintetiza en la piel, puede ayudarte a superar el episodio de dolor. Si además haces ejercicio al aire libre, que promueve la producción por el cuerpo de en­dorfinas, unas sustancias con efecto analgésico, el alivio está prácticamente asegurado.
Depura tu organismo. El cuerpo está expuesto a numerosos tóxicos: los del aire contaminado que respiramos, los fármacos que tomamos en exceso o los residuos que genera el propio or­ganismo y que, si se acumulan, favorecen la in­flamación y resultan perjudiciales para la salud a medio y largó plazo. Por eso muchísimos do­lores y algunas enfermedades que lo producen —corno la fibromialgia, la fatiga crónica y las j a­quecas— pueden beneficiarse de una «limpieza» del organismo. Para ello, aumenta el consumo de alimentos ricos en fibra, como las frutas y verduras, así como el de caldos e infusiones de­purativas. Además, bebe agua mineral (de 1,5 a 2 litros al día) para potenciar la desintoxicación.
Lleva una vida más activa. Hacer ejercicio a diario (como caminar o nadar) ayuda a aliviar el dolor porque el cuerpo segrega endorfinas, unas sustancias similares a la morfina. Además, combate la depresión y favorece la autoestima. Cuanto más intenso es el ejercicio, más poten­te es el efecto.
Intenta relajarte. Practicar técnicas como el yoga, el taichí o la meditación te permiten re­lajarte y eso contribuye a gestionar mejor el do­lor y los malos momentos en general.
Distrae tu mente. Reserva tiempo para ti mis­mo y para tu familia, pero mantén una vida so­cial activa y haz cosas que te estimulen mental­mente. Así logras desconectar. Aunque puedes comentar en tu entorno la situación que atra­viesas, los especialistas recomiendan intentar no pensar en exceso en el dolor, no convertir
éste en el centro de todas las conversaciones y preocupaciones. No te definas como «la perso­na que tiene dolor». Compartir tus sentimien­tos negativos con el terapeuta te servirá para expresarlos y para buscar soluciones.

EL PAPEL DE LA MENTE AL TRATAR EL DOLOR

El dolor nos parece muy físico. Sin duda, los tra­tamientos sobre el cuerpo son imprescindibles pero no hay que despreciar el poder de la mente para controlarlo. De hecho, una clave para re­gular la resistencia al dolor se halla en el siste­ma nervioso central. El dolor se incrementa a la par que la ansiedad. Por tanto los métodos que la disminuyen también reducen el dolor.
Por otra parte, no hay que olvidar que un do­lor físico puede ser el reflejo de un conflicto psí­quico. Los masajistas se encuentran frecuente­mente con que una manipulación que normal­mente es indolora causa una molestia que vie­ne acompañada de una emoción y un recuerdo. Sucede así porque los sentimientos negativos que no se han querido o podido afrontar pare­cen refugiarse de alguna manera en el subcons­ciente y a su vez en la musculatura, los tendoneso los tejidos corporales. Los recuerdos pueden ser físicamente dolorosos yen estos casos el tra­tamiento exige que los saquemos a la luz, sea mediante el masaje o la psicoterapia.
Los aparatos de biofeedback—bioautorregula­ción—permiten aumentar el control de la mente sobre el cuerpo. Están diseñados para visuali­zar o escuchar en tiempo real a través de moni­tores o señales de audio la marcha de los pro­cesos corporales involuntarios, como los rit­mos respiratorio y cardiaco, la presión arterial, las ondas cerebrales o la contracción muscular. Gracias a estas herramientas, el paciente apren­de a influir en cierta medida sobre estos proce­sos, lo que le sirve para relajarse y para sentir que tiene el control de su propio cuerpo.
Las sesiones de biofeedback resultan espe­cialmente útiles contra el dolor en la articula­ción temporomandibular, el hombro o la espal­da, la migraña y la fibromialgia.
Distintas técnicas de relajación y autosuges­tión pueden combinarse y aprenderse en unaspocas sesiones. El objetivo es que el paciente comprenda que no es una víctima pasiva, que puede hacer mucho para reducir su sufrimien­to: conocerlo, perderle el miedo y dominarlo. Curiosamente, son personas sanas las que más practican y han desarrollado las técnicas de autocontrol del dolor. Por ejemplo, las mujeres embarazadas que buscan un parto sin dolor o, en otro orden de cosas, los practicantes de artes marciales orientales. Pero las mismas técnicas que utilizan estas personas son un tesoro para los enfermos con dolor crónico.
La hipnosis se basa en el mismo fenómeno que la autosugestión, pero en este caso el paciente es guiado por un experto. Los resultados son es­pectaculares, pero no tienen nada que ver con lo que estamos acostumbrados a ver en la tele­visión. La hipnosis contra el dolor es una tera­pia muy seria, sobre todo si forma parte de un tratamiento psicológico más amplio y la rela­ción con entre terapeuta y paciente se basa en la confianza.
Según Joseph Barber, experto en la aplicación de la hipnosis analgésica, las principales indi­caciones son el dolor causado por el cáncer, el producido por las intervenciones médicas (ex­tracción de dientes, intervenciones quirúrgicas pruebas diagnósticas invasivas, etc), la migra­ña o el intenso dolor ocasionado por las quema­duras graves.
La musicoterapia provoca también una res­puesta del cerebro, pero lo hace a través del subconsciente y de la percepción artística. La música rompe las rigideces emocionales de los pacientes que hacen del dolor algo insoporta­ble. A veces pueden ser incluso su propia causa. La ventaja frente la psicoterapia, que también puede ser útil contra el dolor, es que no intenta abrirse camino hacia el subconsciente a través de las palabras. Los musicoterapeutas aseguran que un tratamiento de tres meses puede reducir a la mitad la dosis de analgésicos.

  • Autor/es: doctor Jordi Sagrera-Ferrándiz
  • Editorial Integral (RBA)
  • Formato 19,4 x 24,0 cm
  • Páginas 144
  • Encuadernación Rústica con solapas (tapa blanda)
  • Ilustraciones Color
  • Fotografías Color

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