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Libro de los Druidas

Ross Nichols (aut)
Philip Carr-Gomm (aut)
John Matthews (aut)

21,92 € sin IVA

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«El Libro de los Druidas es un maravilloso hallazgo de tradición... Aquí hay mucha sabiduría, en especial en todo lo relacionado con los rituales de las estaciones y los lugares sagrados antiguos. Si se lee con atención, abrirá los ojos al lector para llevar a cabo muchos descubrimientos nuevos y maravillosos».
JOHN MATTHIEWS

Más detalles

9788482450186

El Libro de los Druidas es una exposición global del Druismo, desde los principios de su historia hasta su renacimiento actual. Tras un prólogo del recién elegido Jfe de la Orden de Bardos, Ovatos y Druidas, Philip Carr-Gomm, se nos ofrece un estudio de las características generales de la ideología de los druidas, sus principales deidades y mitos, sus doctrinas y su organización social, además de examinar su relación con Arturo, Taliesín, el Grial y el misterio del Huevo Druida y la Serpiente.
Se explica el significado de los dólmenes, los túmulos y los círculos de piedra y se analizan las doctrinas druidas y su relación con muchos lugares sagrados. Este fascinante volumen, que resultará muy valioso, tanto para el lector en general como para el especialista del tema, se completa con una selección de textos de los primeros tiempos y los textos completos del ritual de la Orden Beltanc.
Ross Nichols fue el Jefe Electo de la Orden de Bardos, Ovatos y Druidas de 1964 a 1975, período en el que estuvo trabajando en la elaboración del libro definitivo sobre la historia y actividades del Druismo, pero, unos diez años después de su muerte repentina, el libro había desaparecido, lo mismo que la mayoría de los papeles y doctrinas de la Orden. Tras una serie de peripecias extraordinarias, aparecieron tanto el libro como los papeles, dando lugar al renacimiento de la Orden moderna y a la publicación de este autorizado manifiesto de sus ideas clave y su historia interior.

  • 392 páginas
  • 21x15 cm
  • Encuadernación: Rústica

Indice

Prólogo
I. Ideas generales, como introducción     21
II. El cambio de perfil del conocimiento reciente    23
III. Conos y colinas: aparición de un yo superior    98
Piedras, madera y cultura
I. La cultura de la piedra grande    37
II. El dolmen como cámara de renacimiento     39
III. Los sepulcros-templos de túmulo alargado    42
IV. Entradas, iniciaciones, observaciones    43
V. La supervivencia espiritual y los túmulos redondos    44
VI. Árboles grandes, postes, menhires    45
VII. Círculos de madera y piedra: Woodhenge    46
El predominio celta-címrico
I. Los druidas celtas en Gran Bretaña    50II
. Los romanos en Gran Bretaña    57
III. El Druismo Irlandés cristianizado    60
IV. Druidas-bardos cristianos de Escocia e Irlanda     61
V. Organización social - Irlanda y Gales    65
VI. Las incursiones de las invasiones irlandesas    68
VII. El modelo de Escocia    72
    VIII. La cultura címrica del Bardismo    73
    Una antología gaélico/címrica     74
Un estudio de las zonas y los festivales de Francia y Gran Bretaña
I. Zonas y festivales desde el año 1245 hasta
el renacimiento del siglo XVIII    93
II. El año óctuple     113
III. El renacimiento druida      117
IV. Tres siglos de Jefes Electos    120
V. Otros grupos    138
Los bardos de Cornualles (Cernow)    138
Los Gorseddau galeses de bardos     139
La Triple Orden de la Bretaña francesa    141
El Druismo de Francia     142
Nueve grupos de conceptos druidas
I. Análisis de principios, círculos y deidades     145II
. Principales deidades celtas y druidas     151
III. El perfil druida-celta     153
Los nombres del espíritu     159
IV. Nueve Arturos     160
El Arturo histórico     160
El que rescata del infierno    162
La magia ceremonial     165
El luchador aborigen    167
Fertilidad general     172
La visión Sidhe    173
La tumba de Arturo    173
El romance de Arturo    175
Arturo como principio astronómico    175
V. Cinco Griales    176
VI. El huevo druida y la serpiente     182
VII. Árboles y plantas místicos y curativos     183
Duir, el roble     183
Iodha, el tejo    185
El muérdago, que lo cura todo    186
Beith, el abedul     188
Otras plantas ceremoniales     188
VIII. Cómo se llevaron las piedras azules con la magia     191
IX. El mito del Gwion-Talisin    194
Principales enclaves de las Islas Británicas
I. El complejo de Avebury    197
El dragón y el eje Stonehenge-Avebury    208
Stonehenge y Avebury     213
II. El Baile de los Gigantes: Stonehenge    216
Estudios preliminares    218
Análisis de los cuadrados mágicos 3-9    222
La estructura y sus interpretaciones    222 Una Numerología filosófica    228
La Pirámide invisible     231
Esquemas de Stonehenge: dimensiones
y algunos significados    234
El año de 16 partes    240
La salida del séxtuple sol     240
La Muerte Sagrada    242
El lugar y los propietarios    244
III. El Llandin: Parliament Hill, gran puerta    245
IV. Glastonbury     251
El laberinto de la Tor    254
Medidas de Stonehenge y las Principales Abadías
de Gran Bretaña     261
Canalización de la estrella desde Stone Down     265
V. El Meini Hirion     266
Los círculos de Penmaenmawr: el gran trabajo
del Druismo y los misterios de Eryri Gwyn    266
VI. Callanish de los Siete Enclaves: el culto patriarcal
en las Hébridas exteriores     270
VII. lona de la Paloma: unión del Druismo y el Cristianismo    276
VIII. Los templos del Boyne a la Gran Madre    286
La tierra del Boyne    286
Eire como Madre Tierra    288
Cashel Aenghus, la Casa del Dios del Amor,
New Grange      290
Knowth  v    294
Dowth    298
Teltown y Tara     301
Resumen del trío     307
Cashel Aenghus: una interpretación más libre    308
IX. La oscuridad de Rollright     311
X. Las Dawns Myin o diecinueve
Doncellas Alegres de Cernow (Cornualles)     317
Sabiduría druida
I. Los cielos galeses primitivos: regulación del mundo    321
II. Sabiduría de los Barddas    329
Orígenes     331
El secreto bardo    333
El símbolo sagrado    333
Gogyrvens     333
Las tres primeras palabras del símbolo Cymraeg    334
Los pájaros de Rhiannon    334
El Coelbren de los bardos    335
Memoriales de la sabiduría por tríadas    336
El Nombre de Dios    338
Los Círculos    339
Los primeros hombres    342
La instrucción de la humanidad    343
Los tres transcendentes    344
La plegaria druida universal    345
Elementos    346
Facultades    346
Treinta y siete visiones extraordinarias    346
Nueve logros entre los cymru    347
Las trece cosas preciosas de la isla de Gran Bretaña    348
III. El alfabeto del árbol celta    349
IV. Sabiduría poética de Irlanda y Gales    352
El plan anual óctuple
El plan anual óctuple    358
El emparejamiento de opuestos    360
Elementos esenciales de cada estación de ceremonia
y deidades correspondientes     361
Ceremonia de Bealteinne     362
Epítome    368
Bibliografía    372
Indice analítico    376

Prólogo de Philip Carr-Gomm

Hoy día, son muchas las personas que vuelven a las tradiciones nativas de diversas culturas, intentando no sólo recuperar la conexión con sus raíces y su herencia, sino también encontrar una espiritualidad viva que pueda sacarlos del erial psicológico que ha creado la sociedad industrial.
Se ha prestado mucha atención a la tradición de los indios nativos americanos y a las prácticas chamánicas de culturas tan diversas corno las de Siberia, el Tíbet y los aborígenes australianos; pero se ha descuidado una tradición que está íntimamente ligada con las raíces ancestrales de la mayoría de los europeos y, por consiguiente, de muchos norteamericanos: la tradición celta, cuya espiritualidad se compendia en la trayectoria de los druidas.
La razón de esta falta de atención ha sido, casi con toda seguridad, la creencia de que se habían perdido los pasos de los druidas. En realidad, aunque el camino de los druidas ha desaparecido muchas veces de la vista del historiador, no se ha perdido nunca como tradición, sino que sólo se ha ocultado a la mirada del público.
Muchas veces, lo que pensamos que se ha perdido solamente está oculto para nosotros durante algún tiempo, para que podamos descubrirlo o redescubrirlo en el momento oportuno.
El manuscrito de El libro de los druidas pareció estar perdido durante los nueve años siguientes a la muerte de Ross Nichols, hasta que, en 1984 una extraña serie de acontecimientos llevó a su redescubrimiento y preparación para la publicación.
Durante los dos últimos años de su vida, Ross Nichols, Jefe Electo de la Orden de Bardos, Óvatos y Druidas estuvo trabajando en un libro que esperaba que fuese capaz de trasmitir casi todo lo que él sabía de Druismo a los que no estuviesen iniciados en su trabajo interior. Cuando acababa de terminar las últimas páginas del libro, murió inesperadamente en 1975.
La Orden que él había dirigido con tanta competencia y entusiasmo, quedó pronto adormecida y su sucesor la cerró en "el mundo aparente". Con la confusión que se produjo a su muerte (por la inexactitud de su testamento y porque tanto su estudio como su apartamento estuvieron abiertos durante bastante tiempo), el manuscrito y las doctrinas y papeles de la Orden pasaron a muchas manos diferentes y no a su sucesor. Nueve años después, estos documentos diseminados se recogieron de nuevo para revivir la Orden en su forma moderna y llevar El libro de los druidas a la imprenta en la forma en que se ve hoy día.
Ocurrió de este modo:
Una figura clave del reciente renacimiento de la Orden que, aunque quiere permanecer en el anónimo, tiene vínculos profundos con el Druismo, tanto galés como inglés, se encontraba varios días después de la muerte de Ross en una casa pública que, por extraña coincidencia, no estaba lejos de la vieja "Apple Tree Tavern", de Covent Garden, que vio un resurgir anterior de la Orden en 1717. Allí encontró, por casualidad, a un miembro de la Orden. Estuvieron hablando de la jefatura de Ross y, en un determinado momento, se le ocurrió animarlo para que intentase asegurar la conservación de los papeles de la Orden.
"Estoy seguro de que se encargarán de ello los abogados".
"Puede que se sorprenda", contestó nuestro amigo, "Estos mismos abogados podrían meter todos los documentos más importantes en bolsas de plástico y echarlos al contenedor de la basura".
Aunque escéptico, el socio recordó sus palabras y, como si estas observaciones fuesen consecuencias de una visión de acontecimientos futuros, las bolsas negras que contenían los documentos desechados aparecieron con el tiempo una tarde a la puerta de la casa del fallecido Jefe Electo, en Barons Court.
Gracias a esta premonición, los encargados de recoger la basura no se llevaron estas bolsas. Su contenido se guardó cuidadosamente durante nueve años, lo mismo que el manuscrito de El libro de los druidas que había tomado un camino diferente al salir de la casa de Ross.
Para explicar cómo se descubrieron de nuevo estos papeles y este manuscrito al cabo de casi una década, tengo que volver a contar una historia personal.
Conocí al Jefe de la Orden de Bardos, Óvatos y Druidas, cuando yo tenía once o doce años. Le hice una entrevista para una revista que yo había iniciado. Puedo recordar poco de nuestro primer encuentro, ano ser imágenes vagas de una figura que era, al mismo tiempo, afectuosa y autoritaria. Tres años después, cuando yo tenía mi propia cámara oscura, mi padre me presentó a él de nuevo. Me invitó a tomar fotografías de las ceremonias. Durante unos meses, como yo hacía fotografías de los meticulosos rituales públicos de Parliament Hill, en los que los druidas recibían a alcaldes y alcaldesas, budistas, brujos blancos y danzantes de Morris en sus ritos, empezaron a intrigarme cada vez más estos extraños acontecimientos que muchas veces combinaban momentos de profundo misticismo de unión con la naturaleza con lo absurdo, como cuando había que meter en el círculo mágico niños o perros vagabundos o cuando ráfagas repentinas de viento quitaban los tocados de las cabezas o una lluvia torrencial privaba a las actividades de toda apariencia de respeto.
Empecé a visitar a Ross una o dos veces por semana al salir de la escuela: en primer lugar, para enseñarle las fotos que había tomado; pero, poco a poco se fue entablando una relación en la que él se convirtió en mi maestro y yo en un estudiante de la tradición druida.
Al cabo de un tiempo, le dije que quería la iniciación y, el Día de Mayo de 1969, entré formalmente en la Orden en Glastonbury Tor.
Durante los seis años siguientes, visitaba a mi maestro con frecuencia y él me enseñaba de un modo aparentemente espontáneo y sin preparación. Después de hacerme una taza de té o algo de comer, solía ponerse a hablar de cualquier tema de la doctrina de la Orden. Solía dibujar diagramas de Stonehenge en hojas de papel que yo he conservado hasta ahora, escribir notas para aclarar puntos y darme hojas a máquina o copias en las que se habían escrito exposiciones y análisis. Pasaron pocos años cuando me di cuenta de que todas estas doctrinas, que en otro tiempo me habían parecido tan dispares, formaban un conjunto coherente y práctico que hablaba de una herencia antigua que se había fragmentado y perdido durante los dos últimos milenios.
En 1975 falleció Ross de repente en casa de un amigo, pocos días antes de un viaje que teníamos previsto a Glastonbury para la ceremonia de Beltane.
A su muerte, supuse que el manuscrito, al que él había puesto por título El libro de los druidas, estaba debidamente guardado junto con los papeles de la Orden y que se publicaría el libro en su momento, mientras que la Orden seguiría adelante dirigida por los miembros más antiguos que habían trabajado con Ross. En realidad ocurrió algo completamente distinto.
La Orden fue cerrada por su sucesor y otros asuntos hicieron que yo pensase poco en el manuscrito, en la Orden y en sus doctrinas durante casi una década. Esto hace pensar que la mayoría de las personas que habían estado con Ross hicieron algo parecido.
Nueve años después de su muerte, en 1984, estaba yo meditando una mañana, cuando, de repente, sentí con intensidad su presencia. "Da un
vistazo de nuevo a la doctrina", dijo "y te darás cuenta de que tiene un significado muy importante para los problemas de nuestro tiempo".
Después de esta experiencia, me enteré de que tenía que recopilar todo el material y empecé a entrevistarme de nuevo con otros para trabajar con las enseñanzas.
Este encuentro inesperado me llevó por una serie de acontecimientos sincrónicos extraordinarios que tuvieron como consecuencia, cuatro años después, la refundación de la Orden de Bardos, Óvatos y Druidas, el día de san Valentín de 1988.
El día de la meditación hice una lista de todos los documentos que pensaba que tenía que reunir. Empecé con los tres libros que necesitaba para completar mi colección de las obras publicadas por Ross. Aquella misma tarde fui a una librería de ocasión y pregunté si tenían alguno de los libros publicados y, aunque eran ediciones pequeñas impresas en su mayor parte durante la segunda guerra mundial, el sorprendido dependiente vio que efectivamente tenía una copia, atada con una cuerda en un paquete que contenía cartas y apuntes del autor. Por extraño que pueda parecer, recorrí a pie algunas manzanas hasta otra librería de ocasión y descubrí que tenían la edición de dos volúmenes sobre magia que había publicado Ross en 1952, completa en su estuche.
Llamé a un amigo, Colin Murray, que dirigía la Golden Section Order, que trata temas druídicos y célticos, y le pregunté si podía verlo. Le conté lo que había pasado aquel día y terminé diciéndole: "sólo me queda un libro por encontrar: Sassenach Stray".
"Pero yo tengo dos copias" digo Colin "así que puedes quedarte con una de ellas".
Después de esto tenía que encontrar el manuscrito perdido. Colin me recomendó que preguntase a Vera Chapman. Vera era de la Tríada de jefes de la Orden que habían fundado la Tolkien Society y es autora de muchos libros de niños y de adultos que combinan los cuentos con la tradición esotérica. La visité más tarde, aquella misma semana, y me encontré con que efectivamente tenía el manuscrito, aunque había permanecido durante algunos años en manos de una amiga de Ross, quien se lo pasó a otra que lo tuvo debajo de su cama durante algunos años hasta que se lo entregó a Vera. Gracias a Dios, lo tenía Vera, ya que la primera señora había muerto y hubiese sido muy difícil dar con la segunda. Ella me lo entregó para que lo conservase en lugar seguro y me pidió que lo depositase en la British Library si no lograba encontrar un editor.
Así pues, dentro de un margen de un tiempo increíblemente breve, me hice con una colección completa de libros de Ross, tanto publicados como en manuscrito. La siguiente misión fue reunir a un pequeño grupo de miembros y simpatizantes de la Orden que quisiesen juntarse para trabajar con las ceremonias de un modo experimental, para ver si seguían teniendo aplicación en la década de 1980. Lo hice, poniéndome en contacto con todos los que pude encontrar después de nueve años de separación. Con gran sorpresa vi que, en general, cada uno de ellos había conservado con cuidado algunos documentos y enseñanzas de la Orden. Gran parte se había publicado; pero cada uno de ellos había conseguido recoger un material que era único. Junto con el material que yo tenía ya desde mis días de aprendizaje con Ross, formé una colección completa, de la que formaban parte los rituales internos, la Constitución de la Orden y cartas y documentos relacionados con ellas, correspondencia personal de Ross y hasta notas suyas en trozos de papel sobre todos los aspectos del trabajo de la Orden. Al cabo de unos años me enteraría de esta oportunidad en una casa pública de Covent Garden, que resultó ser en gran parte, aunque no en toda, la impulsora de la conservación de los papeles de la Orden.
El grupo experimental estuvo trabajando durante un año justo, tiempo suficiente para que nos diésemos cuenta de que las ceremonias y el trabajo de grupo de la Orden eran útiles, importantes y válidos en el mundo actual. Durante los tres años siguientes, estuve trabajando para ordenar todo el volumen de material recopilado, en una secuencia de doctrinas y prácticas que se pudiesen estudiar y comprender no sólo en reuniones de grupo, sino también individualmente, en cualquier sitio donde viviese el estudiante. Hasta entonces, el Druismo había sido un camino que sólo podían seguir los que pudiesen visitar físicamente a un maestro, como había hecho yo; pero esto era un impedimento para la enseñanza. El impulso y la inspiración que me llegó con el mensaje de Ross, en 1984, dejó bien claro que ahora había que poner el Druismo al alcance de todos los que buscasen su inspiración y su conocimiento.
Aunque en 1988 se había terminado ya el trabajo de preparación de estas doctrinas para su estudio individual como un curso por correspondencia, un rechazo natural a dar en la práctica el paso de fundar de nuevo la Orden me impidió tomar ninguna acción. Entonces apareció de nuevo en la vida de la Orden, como caído del cielo, el amigo anónimo que actuó de catalizador para conservar los documentos en 1975. Yo llevaba varios años sin verlo ni oírlo; pero, una semana •antes del día de san Valentín de 1988, me llamó por teléfono y me preguntó si podía venir a verme aquel día, con unos amigos. Aunque no me dio ningún dato sobre el motivo de su visita, supe. dentro de mí que iba a ocurrir algo importante.
Aquel día se me pidió, se me convenció y, finalmente, se me nombró Jefe de la Orden nuevamente reconstituida. Empezamos el trabajo de
editar el curso y, al cabo de unos meses, una afluencia fija de interesados fue formando un grupo cada vez mayor de estudiantes entusiastas. Celebramos nuestro primer Solsticio de Verano en Glastonbury y, según iba avanzando el año, descubríamos que el Druismo parecía responder a necesidades reales de la gente, no sólo de todas las Islas Británicas, sino también de América y Holanda, Francia, Bélgica y Australia. Esta necesidad parecía surgir del deseo de conectar de nuevo con nuestras raíces y herencia espirituales, con la intención de encontrar una salida del erial psicológico de nuestros tiempos actuales.
En este punto perturbador de nuestra evolución, cuando cada año se extinguen más especies, vemos que no nos fijamos para buscar consejos en los hombres de negocio o políticos bien vestidos ni en la bata blanca de los científicos o los médicos, sino en las extrañas vestiduras del druida o el chamán. Según nos movemos en los escombros de la era petroquímica, estamos buscando una vez más la conexión con la naturaleza, con la Fuente duradera y segura. Por esta razón, muchas personas están volviendo a las "religiones de la naturaleza" o caminos espirituales naturales, en un intento de establecer esta conexión, que, de algún modo, no han conseguido las religiones convencionales o lo han exacerbado.
La razón de que tengamos esta necesidad profunda de conectar de nuevo con las tradiciones nativas en esta etapa de nuestra historia se debe sin duda alguna a la profunda sensación de alienación que embarga a los que vivimos en el mundo "civilizado". Carlos Marx vio la alienación en muchas de sus facetas como el problema básico del sistema capitalista e intentó construir un mundo en el que el hombre llegase a estar desalienado. Setenta y dos años después de la revolución rusa, en la que se intentó construir este mundo, podemos decir, sin prejuicios, que el sistema comunista ha creado una sociedad en la que la mayoría se sienten profundamente alienados.
Tanto Oriente como Occidente se han alienado del mundo natural con las desastrosas consecuencias que afrontamos hoy día. A la luz de esta realidad, podemos comprender el resurgimiento del interés por las "religiones de la Tierra" en las que se busca el conocimiento cada vez mayor necesidad de combinar nuestra espiritualidad con un respeto y atención hacia la Tierra.
No se puede negar que hay en todo el mundo un "renacimiento de este interés por las religiones naturales. Una parte de este renacimiento nos da idea de la necesidad que hay en el inconsciente colectivo de restablecer el equilibrio que se ha perturbado con el predominio que han tenido en nuestras consciencias religiosas las religiones patriarcales de los mundos judeo-cristianos e islámico. Este desequilibrio ha producido perturbaciones en las relaciones del planeta y, en vez de ver el renacimiento del interés por las religiones de la Tierra como algo progresivo que nos remonta a tiempos primitivos, este resurgir del interés demuestra una tendencia completamente contraria, una progresión en la que encontramos la vieja sabiduría en una nueva vuelta de la espiral y vemos que necesitamos su sentido de sacralización de toda vida, si queremos sobrevivir como especie y como planeta.
Gran parte del interés se suele ver en los indios nativos de América y muchas de sus doctrinas y prácticas son parecidas a los medios occidentales del Druismo y la Wicca. El Druismo y la Wicca son manifestaciones diferentes e inconexas del Camino Occidental y la mejor forma de considerarlas es hacerlo como hermanos y hermanas, dentro de la misma familia y, por consiguiente, compartiendo rasgos familiares; pero, al mismo tiempo, son distintos, con sus características peculiares.
El Druismo se inclina por la reverencia al sol, mientras que la Wicca lo hace hacia la luna. En la Wicca se suele trabajar con la polaridad, mientras que el Druismo no se fija en este aspecto hasta el mismo nivel. Sin embargo, los dos trabajan en un círculo, con los cuatro cuartos y los cuatro elementos, y celebran festivales en las estaciones.
El Druismo tiene con el Cristianismo unos vínculos que no tiene la Wicca. La iglesia celta primitiva, cuyos sacerdotes han sido muchas veces druidas, siguen manteniendo su relación con la naturaleza, como puede verse si se estudian sus oraciones y su poesía, y la Orden está interesada en hacer todo lo posible para que renazca la iglesia celta. En el verano le 1989, la Orden participó en la primera conferencia de cristianos y di tildas, en Prinknash (Gloucestershire), en la que se reunieron durante más de tres días representantes de la mayoría de las órdenes druidas con representantes de la iglesia cristiana en algunas de sus formas. En aquella ocasión nos dimos cuenta de que todos nosotros sentíamos intuitiva y profundamente que un renacimiento de la iglesia celta podría ser inmensamente útil en aquel momento en que la iglesia necesitaba despojarse de lo que había ido acumulando durante milenios y volver a la práctica de tina espiritualidad simple y pura que estuviese en sintonía con la Naturaleza, en vez de mantener una posición de superioridad respecto a ella.
Algunos lectores de este prólogo se alegrarán al conocer este diálogo entre Druismo y Cristianismo, sobre todo cuando tiene como consecuencia tomar una acción concreta para iniciar un nuevo impulso dentro del movimiento cristiano. Es posible que otros no estén de acuerdo y argumenten que el Druismo es exclusivamente "pagano"; pero el Druismo es una forma de trabajar con el mundo natural y no un dogma o una religión. Se puede combinar con el Budismo o el Cristianismo, con la
práctica de la Wicca o el. Judaísmo o se puede practicar por sí mismo. El Druismo respeta por encima de todo la libertad del individuo para seguir su propio camino por la vida y se limita a ofrecer guías y sugerencias, esquemas de conocimiento, métodos de celebración e ideas míticas, que puede utilizar o no el practicante según le parezca oportuno.
Esta apertura del Druismo puede resultar a veces irritante, en especial para los que tienen una mente analítica y no están acostumbrados a un pensamiento global. La misma palabra "druida" presenta dificultades. ¿Qué significa exactamente'? ¿De dónde procede? ¿Quiénes eran? ¿Qué hacen ahora? Pero debemos tener cuidado para no intentar responder a estas preguntas demasiado a la ligera. William Blake, que figura en los registros de la Orden como uno de sus Jefes Electos, decía: "el más sabio de los antiguos consideraba lo que no está demasiado explícito como lo mejor para la instrucción, ya que obligaba a que actuasen las facultades". Éste es el espíritu que impera en gran parte de las enseñanzas druidas.
¿Por qué tiene hoy día el Druismo una importancia especial? Hemos visto cómo responde a una necesidad de desalienación, de redescubrimiento de las raíces y la herencia; pero también tiene una importancia esencial en estos tiempos porque crea un foro al que podemos llevar tres aspectos diferentes de nuestras vidas. Dentro del Druismo, podemos llevar nuestra preocupación por el medio ambiente, que es nuestro amor a la naturaleza, a una relación con nuestras inquietudes espirituales y a una relación con nuestras inquietudes artísticas. Dentro del trabajo del Druismo encuentran su lugar los ritos y la poesía, la danza y la práctica espiritual, el desarrollo personal y el interés psicológico. En vez de competir por nuestro tiempo y nuestra atención, influyen mutuamente unos en otros, enriqueciendo nuestras vidas y trazando un espacio sagrado que actúa como crisol de nuestra creatividad.
Poder ser artista y seguidor de una disciplina espiritual, preocuparse por el medio ambiente y tomar alguna actividad, poder combinar nuestro Druismo con otras prácticas y doctrinas espirituales que uno considere benéficas, eso es lo que pretende el que estudia el Druismo hoy día.
La vida de Ross Nichols fue un buen ejemplo de cómo se pueden compaginar objetivos tan diferentes.
Philip Peter Ross Nichols nació en Norfolk el 28 de junio de 1902. Terminó su licenciatura en historia en Oxford en su década de los veinte años y empezó una carrera que le permitió enseñar, publicar tanto verso como prosa, pintar y viajar. Había sido siempre un cristiano practicante y trabajó para la iglesia en grupos de niños de la parte este de Londres durante muchos años. Fue ordenado diácono de la iglesia celta por el
Obispo Tugdual de san Dolay y también fue un activo martinista, capaz de combinar estos intereses con su trabajo druida.
Después de trabajar como crítico de ballet para un periódico de provincia, se hizo director del Carlisle & Gregson's, conocido también como "Jimmy's", un colegio privado que tenía fama de preparar rápidamente a sus alumnos para los exámenes, en el que se educó, entre otros, Winston Churchill (antes de ser iniciado en la Logia Albión de la Antigua Orden de Druidas de Bleheim, en 1908).
En 1952, la Forge Press publicó, en una impresionante edición de dos volúmenes, The History and Practice of Magic, de Paul Christian. Ross editó y revisó ésta obra francesa del siglo XIX, que había sido traducida por sus amigos James Kirkup y Julian Shaw, y coordinó las notas y artículos suplementarios escritos, por el famoso quiromántico Mir Bashir, y los antiguos Presidentes de la Orden, Lewis Spencer y Charles Cammell, entre otros.
Sus obras propias que publicó, además de numerosos artículos en periódicos de historia, poesía y esoterismo, son: Sassenach Stray (1940), Prose Chants & Proems (1941), The Cosmic Shape (1946) y Seasons at War (1947).
Element Books está publicando una selección completa de su poesía, Prophet, Priest and King, que está disponible en la Orden, editada y presentada por Jay Ramsay, en la que se nota mucho la influencia druida.
Ross, o Nuinn, como se le llamaba en la Orden, era un consumado pintor dé acuarelas y presentó exposiciones en la Royal Academy. Además de su pasión por la historia, la escritura y la pintura, le gustaba viajar y, como tenía pocas obligaciones familiares y 'largas vacaciones académicas, podía hacerlo. En 'sus visitas procuraba hacer amplias investigaciones históricas, fotografiar y dibujar restos arqueológicos y monumentos antiguos y, en muchas ocasiones, escribir un relato de su viaje. No conocemos todos Sus viajes; pero sabemos que visitó Egipto y Marruecos, Bulgaria, Malta y Grecia. Iba con frecuencia a Irlanda y era un buen amigo de su compañero druida Jefe de la Orden en Francia, Paul Bouchet, a quien visitó en varias ocasiones, con carácter tanto oficial como privado. También visitó Gales y Escocia y, en particular, lona y las islas Hébridas.
Se incorporó a la Antigua Orden Druida en 1954 y tomó el puesto de escriba, idóneo para su naturaleza de investigador y sus cualidades literarias. Cuando falleció su maestro, el Jefe Electo Robert MacGregor Reid, en 1964, la Orden se dividió en dos grupos, como había ocurrido varias veces antes en su historia. Un grupo de druidas antiguos no estaba de acuerdo con la elección del sucesor de MacGregor Reid, el doctor
Thomas Maughan, y decidió formar una Orden reconstruida, con Ross como Jefe, y con los tres grados de bardos, óvatos y druidas plenamente instruidos y reconocidos de una forma como no habían estado antes en el ciclo moderno de la Orden. Del estudio de los papeles y correspondencia de la Orden y de conversaciones con los que recuerdan lo que ocurrió entonces, se deduce que fue un periodo difícil y a veces amargo de separación, como ocurre con la mayoría de las separaciones. Sin embargo, visto veinticinco años después, está claro que supuso una evolución sana y positiva para la vida de la Orden. En el Druismo hay cabida para muchas expresiones de su verdad y en los últimos años han proliferado grupos autónomos que trabajan siguiendo la tradición druida. La mayoría de éstos se han juntado para formar un Gran Consejo a cuya sombra se reúnen y se comprometen en iniciativas conjuntas, figurando entre estos grupos la Orden de Bardos, Óvatos y Druidas, la Antigua Orden de Druidas, la Secular Orden de Druidas y la Orden de Druidas de Glastonbury.
Lo mismo que un árbol se desarrolla formando muchas ramas, los druidas han tenido también sus diferentes ramificaciones y no sería bueno que no hubiesen crecido así. La Antigua Orden Druida, aunque todavía no es miembro del Consejo, sigue celebrando en público las ceremonias de los dos Equinoccios todos los años en Primrose Hill y Tower Hill, y el Solsticio de Verano en Stonehenge (cuando deja la policía). Aunque ya no es la Orden más numerosa, es la que ha recibido mayor cobertura de los medios informativos al hablar del Druismo, por lo que se ha formado en la mente del público una imagen que representa solamente una corriente de la tradición druida. Las vestiduras blancas y el carácter patriarcal de sus ceremonias son elementos que se introdujeron en el Druismo durante el periodo del renacimiento druida del siglo XVIII y, aunque es una forma de trabajo válida por derecho propio, no hay que pensar que sea la única auténtica dentro del contexto druida.
La Antigua Orden de Druidas (no hay que confundirla con la Antigua Orden Druida) fue la que tuvo la iniciativa de crear el Gran Consejo. Después de estar durante más de doscientos años apartada del Druismo esotérico y dedicarse sobre todo a actividades sociales y caritativas, siente ahora el espíritu de los tiempos que le empuja hacia una influencia mutua con las demás ramas de la tradición druida y busca abiertamente el diálogo, lo mismo que los demás miembros del consejo.
Uno de los principales logros de Ross Nichols, como Jefe de la Orden de Bardos, Óvatos y Druidas, fue introducir de nuevo la celebración de las cinco ceremonias, que se había abandonado del repertorio del Druismo moderno, con lo que la Orden reconstituida celebraba no sólo los Equinoccios de primavera y otoño y el Solsticio de Verano, sino también el Solsticio de Invierno y los cuatro festivales célticos del fuego de I mbolc y Beltane, Lughnasadh y Samhain.
Otros de sus logros fue reorganizar la Orden en los tres grados de bardos, óvatos y druidas como había estado siempre en el pasado. Durante el tiempo de su jefatura, organizó ceremonias en Parliament Hill y en Glastonbury y, durante diez años, la Orden celebraría el rito impreso al Final de este libro, en la misma Tor. Una de las mayores cualidades de Ross era su facilidad para reunir gente. Para cada uno de estos acontecimientos atraía no sólo a los que estaban interesados por el esoterismo, sino también a funcionarios del consejo, a niños del pueblo que vestía como acólitos y ayudantes de la Reina de Mayo o de la Reina del Verano o del Otoño y llevaban ramilletes y flores en el pelo, visitantes de otras creencias y poetas y músicos que actuaban dentro de; círculo druida.
Con un programa de celebraciones tan activo, combinado con la dirección de la Orden y su intervención como director de "Jimmy's", Ross era perfectamente consciente de que necesitaba un lugar de retiro. Compró unos cuantos acres de bosque en Oxfordshire y levantó allí dos cabañas de madera, que amuebló con camas rústicas y un fogón. Cuando lo consideraba necesario, solía retirarse, bien fuese solo o con amigos druidas, y llevaba una vida sencilla cortando leña, .acarreando agua, paseando por el bosque y cocinando .en Una hoguera. Como estaba interesado por los movimientos naturista y: vegetariano, era capaz de combinar su afición natural por la vida sencilla con las corrientes de pensamiento contemporáneas que estaban pasando estas ideas a modelos prácticos de vida.
Cuando escribió El libro de los druidas, Ross logró combinar tres libros en uno: una historia del Druismo, una guía de lugares antiguos y una antología de la sabiduría druida. Como tal, es posible que se aprecie mejor su valor si se considera de la siguiente manera: la historia se puede leer como un libro y lo más seguro es que de al lector una idea general de lo que son exactamente los druidas y de lo que han llegado a ser hoy día; la guía de los lugares, aunque se puede leer como un libro, resulta probablemente más útil si sé combina con una visita al emplazamiento real y la lectura de algún texto importante relacionado con él, como se da en la bibliografía, y la antología de la sabiduría druida, que figura en las secciones del libro tituladas "Nueve grupos de conceptos druidas" y "Sabiduría druida" junto con los detalles del "plan anual óctuple" y la ceremonia de Beltane, es más útil si se usa como un recurso para acceder a la naturaleza interior de la doctrina druida.

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