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Aceite de coco Maximizar

Aceite de coco

Josefina Llargues (aut)

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Un regalo de la naturaleza
Salud, cosmética y nutrición

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9788491111283

El aceite de coco es un verdadero regalo de la naturaleza, un alimento funcional, un «superalimento» que forma parte de la dieta tradicional de muchas culturas. Sus cualidades gastronómicas, su utilización como alternativa 100 % natural, ecológica y libre de tóxicos a cosméticos y productos de higiene personal convencionales y la creciente investigación acerca de sus magníficas propiedades terapéuticas, han suscitado gran interés en Occidente en los últimos años, tanto por parte de la comunidad científica y la industria alimentaria, como por un amplio sector de la población interesado en un estilo de vida más saludable, natural y sostenible.

Josefina Llargués

es licenciada en Psicopedagogía, posgraduada en Psicopatología Clínica y máster en Nutrición y Salud. Dada su inquietud por las terapias naturales, cursó paralelamente estudios de Naturopatía, Homeopatía y Nutrición Ayurveda. Actualmente, desarrolla su actividad profesional en su propia consulta e imparte charlas y cursos teórico-prácticos sobre alimentación y cocina saludable. Es también autora de otros libros, y ha recibido dos galardones, los Gourmand Cookbook Awards, en los años 2007 y 2012, por su contribución al fomento de los hábitos saludables a nivel familiar.

Si quieres saber más sobre la autora y sus actividades actuales, puedes ver este vídeo:

  • Formato: 13,5 cm x 21 cm
  • Páginas: 192

 

ÍNDICE

Prólogo Dr. Santos Martín 9
Introducción 13

I. COCOTERO (Cocos nucifera) 17

Origen y cultivo 18
Requerimientos de suelo y clima 19
Variedades 20

II. CONSUMIR ACEITE DE COCO 23

Consumo responsable 24
El cultivo del cocotero y el medio ambiente 25
Preguntas frecuentes 27
Tipos de aceite de coco (AC) 27
Por qué consumir aceite de coco virgen (ACV) .. 28
Conservación 29
Precio 30
Dónde comprarlo 30
Contenido en ácidos grasos 30
Quién debería tomarlo 31
Cuál es la cantidad ideal y cómo ingerirlo 32
El ACVEE no aumenta el colesterol 33

III. ACEITE DE COCO EN LA SALUD 35

Alzhéimer y enfermedades neurológicas 37
Cáncer 43
Colesterol y salud cardiovascular 47
Control de peso 52
Diabetes 55
Patologías fungícas, víricas y bacterianas 59

IV. ACEITE DE COCO EN COSMÉTICA, HIGIENE PERSONAL Y PEQUEÑAS DOLENCIAS COTIDIANAS 65

Principales ingredientes a evitar en cosméticos 68
Consejos a tener en cuenta 69
Lo natural es siempre la mejor opción 70
Propiedades del ACVEE para tu piel 73
Fórmulas 100 % naturales y ecológicas
de fácil elaboración casera 75
Abreviaturas utilizadas 75
Baño relajante 75

Boca 76

Bálsamo labial 76
Dentífrico 77
Oil pulling 79

Cabello 82

Acondicionador 82
Caída  83
Caspa (prevención y tratamiento) 83
Encrespamiento 84
Mascarilla hidratante 84

Cara 85

Acné 85
Contorno de ojos 86
Desmaquillar 87
Exfoliar 88
Hidratar 89
Limpieza facial 89
Mascarilla 90
Pestañas (fortalecer) 90

Cuerpo 91

Celulitis 91
Exfoliar 91
Hidratar 92
Masaje 93
Depilación o afeitado 94
En sustitución de la crema depilatoria
o el jabón de afeitar 94
Crema hidratante para después de la depilación
o el afeitado 94
Desodorante 95
Lubricante íntimo 98
Mamás, bebés y niños 99
Estrías del embarazo 99
Grietas en el pezón (prevención) 99
Dermatitis del pañal 99
Piojos 99

Manos 101

Cutículas 101
Exfoliar 101
Hidratar 102
Mascotas 104
Pies 104
Talones secos o agrietados 104

Pequeñas dolencias cotidianas 105

Aftas bucales 105
Cortes y heridas 105
Dolor de garganta 106
Eccema, erupciones o varicela 107
Epistaxis nasal (sangrado) 107
Herpes labial 108
Pecho congestionado (adultos)  108
Repelente de insectos 108
Uñas (micosis) 109

V. ACEITE DE COCO EN LA COCINA 111

Sugerencias de utilización 113
Abreviaturas utilizadas en las recetas 115

Desayunos, meriendas y tentempiés 115

Batido de manzana y kale 115
Batido tonificante 116
Batido de frutas del bosque 116
Zumo anticelulítico 117
Zumo sabor tropical 118
Zumo verde matutino 119
Leche integral de cáñamo 119
Leche de coco 120
Leche de coco dorada 121
Granola 122
Sorbete de frutas del bosque 123
Mermelada de higos y dátiles 123
Crema de avellanas para untar 124
Bocaditos de fresón 125

Dips 126

Guacamole 126
Tapenade de tomates secos 127
Pepino y yogur de cabra 128
Queso feta y pimiento rojo 128
Mantequilla de anacardos 129

Cremas y sopas 130

Crema de calabaza 130
Crema de guisantes y espinacas 131
Crema de apio y anacardos 132
Crema de puerro y coliflor 133
Sopa minestrone con calabaza 134
Sopa de lentejas Coral 136
Sopa de garbanzos y remolacha 137
Sopa de tomate y albahaca 138

Platos principales y guarniciones 140

Salteado de calabacín y puerros 140
Coliflor con especias y hortalizas 141
Escaldado de col, puerros y cintas de zanahoria 142
Brócoli horneado 143
Curry de verduras 144
Curry de tofu 145
Tortilla de cebolla y tomate 147
Potaje de garbanzos con verduras y dulse 148
Guiso de seitán y champiñones 149
Salteado de tempeh marinado 151
Quinoa con verde de espinacas 152
Basmati integral Biryani 153
Ratatouille con mijo 155

Pequeños placeres saludables 157

Bombones con cacao 157
Bizcocho con frutas desecadas 158
Crujientes de arroz hinchado, coco y semillas 159
Bocaditos de coco rallado y mango 160
Trufas de nueces y arándanos 161
Tortitas de plátano 162
Cremoso de frutos rojos 163
Fondue de chocolate negro y fruta fresca 163
Delicias de almendra 164

Tabla de equivalencias 165
Bibliografía 167

PRÓLOGO

Durante más de 50 años, en el mundo occidental, hemos mirado con recelo a las grasas y las hemos acusado de una gran parte de nuestros problemas cardiovasculares, obesidad, diabetes y ¡cómo no! del cáncer. Los carbohidratos, los azúcares, han supuesto la forma principal de nuestro suministro de energía. Un 55 % de nuestras calorías deberían proceder de esta fuente de nutrientes, según los cánones oficiales, por sólo un 35 % de las grasas. El tiempo, ese juez implacable, nos ha dejado ver las consecuencias desastrosas de este pensamiento «antigrasas»: el número de obesos se ha disparado en los últimos 50 años en los países industrializados y en los que están en vías de desarrollo, que cada vez asumen más nuestro modelo de alimentación, las cifras de obesos son escalofriantes y esto no sólo en los adultos, sino que la obesidad infantil supone hoy uno de los problemas más importantes a los que nos enfrentamos por las consecuencias personales, sociales y por supuesto económicas que esta forma de alimentación, basada en los carbohidratos, provoca. La obesidad genera problemas médicos personales a corto, medio y largo plazo, que serán sufragados con los impuestos de todos. Pero también será una
de las causas de enfermedad y con ello de baja laboral, que será cubierta asimismo con los impuestos de los ciudadanos. Si ahora pensamos en el segundo paso tras la obesidad, la diabetes, podemos darnos cuenta del enorme problema que ha desencadenado ese pensamiento «antigrasas» y las carísimas consecuencias que ha traído y traerá.
Este libro nos acerca a un conocimiento que, desde principios del siglo XXI, la comunidad científica ha hecho público: ¡LAS GRASAS SON INOCENTES! Lamentablemente, los destinatarios de ese conocimiento, médicos, enfermeras y nutricionistas, en una gran mayoría, siguen anclados en el siglo pasado, en la cómoda inercia de «lo de siempre», obviando los múltiples estudios que nos llevan al conocimiento de que el gran depredador de la salud son los carbohidratos y el exceso de calorías pero ¡no las grasas! Sí, esos azúcares, tan ricos y adictivos, son los responsables del colesterol, la diabetes, la obesidad, la resistencia insulínica, el hígado graso no alcohólico, sólo por mencionar los más conocidos y... el cáncer. Sobre esto ¡ya no tenemos dudas!
El valor de este libro, en un país en donde si se habla de aceites es para hacerlo del de oliva (excelente, sin duda, mientras no se caliente por encima de 80 ºC), reside en hablar de una grasa saturada. Éstas, que han sido y valga el chiste fácil «el coco de las grasas», y dar a conocer este producto con todas las posibilidades culinarias, terapéuticas y cosméticas, que esta grasa tiene.
La autora tiene en su haber varios libros, alguno dedicado a la didáctica de la comida para padres e hijos, ¡algo fundamental! publicados y premiados, dirigidos al tema que más le preocupa: la alimentación. Se trata, por lo tanto, de alguien que conoce el mundo de la nutrición, lo estudia y, me consta,
que en los últimos años ha hecho una importante evolución (este libro es un ejemplo) hacia, lo que para mí, sin lugar a dudas y salvo que la industria no lo permita (tendrá que permitirlo ya que no habrá, en caso contrario, recursos para mantener la cobertura médica social), será la alimentación del futuro si queremos tener salud: una dieta rica en grasas y pobre en carbohidratos.
La manera como se ha planteado el libro, junto a los datos científicos e históricos, bien documentados, con toda una serie de apartados que nos muestran las innumerables posibilidades de la grasa de coco, cómo hacer uso de esas opciones y, para mí lo más importante, nos enseña cómo poder llevar a cabo las diferentes aplicaciones de esta grasa, permite al lector disponer de múltiples medios para cubrir necesidades, tanto culinarias como de salud o belleza, de manera fácil, económica y autónoma.
En definitiva, éste es un libro para tenerlo en la cabecera de la cama o en la cocina. En cualquier caso, en un lugar cercano y accesible para poder consultarlo con frecuencia.
Cardedeu, la primavera de 2016
Dr. SANTOS MARTÍN

INTRODUCCIÓN

Probablemente hayas soñado en alguna ocasión con viajar a una playa desierta repleta de majestuosas palmas cocoteras bailando al son del viento y meciéndose con la brisa marina. Una imagen de gran belleza, sin duda, pero el cocotero es mucho más que un árbol bello, es el «Árbol de la Vida», el «Árbol del Cielo»; nombres con los que le bautizaron los nativos de los países donde crece y con los que se le elogiaba en escrituras védicas, por su íntima relación con la humanidad a lo largo de la historia, tanto por sus valores nutricionales y medicinales, como por la gran cantidad de usos que esta maravillosa palma ofrece a los habitantes de las tierras donde se desarrolla y cultiva.
El coco (Cocos nucifera L.), de la familia Arecaceace, una fruta esencial en la dieta tradicional de la población de muchas zonas del planeta, ha alimentado a millones de personas durante generaciones. Desde tiempo inmemorial, la medicina tradicional de diferentes culturas ha empleado el coco en su gastronomía, en distintos ámbitos de la vida diaria y en el tratamiento de una amplia variedad de afecciones: abscesos, asma, alopecia, bronquitis, contusiones, quemaduras, resfriados, estreñimiento, tos, gota, disentería, dolor de oído, fiebre, gripe,
gingivitis, gonorrea, menstruación irregular o dolorosa, ictericia, cálculos renales, piojos, desnutrición, náuseas, erupción cutánea, sarna, escorbuto, infecciones de la piel, dolor de garganta, hinchazón, dolor de muelas, tuberculosis, tumores, fiebre tifoidea, úlceras, dolor de estómago, quemaduras, debilidad, desparasitación, cicatrización de heridas...
A pesar de sus múltiples y contrastadas propiedades terapéuticas y de la creciente evidencia científica acerca de una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y otras patologías propias de las sociedades modernas, en las poblaciones que utilizan el aceite de coco (AC) como principal fuente de grasa, este aceite vegetal ha estado desprestigiado hasta hace poco en Occidente por su elevado contenido en grasas saturadas, que representan más de un 90 % de su composición.
En la actualidad el AC se considera un «alimento funcional», un «superalimento»; una inyección de salud para todas aquellas personas interesadas en un modo de vida más natural. La reciente investigación y el uso tradicional durante generaciones del AC han puesto de manifiesto que sus grasas son altamente beneficiosas para el organismo, al ser en su mayoría ácidos grasos de cadena media (AGCM), especialmente ácido láurico, presente también en menor proporción en la leche materna, que se metabolizan de forma diferente a las grasas saturadas de carnes o lácteos. Los AGCM no se almacenan en forma de grasa en el organismo. Pasan directamente al hígado desde el tracto digestivo, donde se utilizan como fuente inmediata de energía o se convierten en cuerpos cetónicos, que órganos como el corazón o el cerebro pueden utilizar como combustible.
Estudios científicos realizados en los últimos años muestran, asimismo, que el AC es un gran aliado en la prevención
y el tratamiento de la obesidad, colesterol o hipertensión; factores de riesgo asociados al desarrollo de enfermedades cardiovasculares, demencia o diabetes tipo II.
El AC es un verdadero regalo de la naturaleza. Sus cualidades gastronómicas, su utilización como una alternativa 100 % natural, ecológica y libre de tóxicos a los cosméticos y productos de higiene personal convencionales y la creciente investigación acerca de sus magníficas propiedades terapéuticas, han suscitado gran interés en Occidente en los últimos años, tanto por parte de la comunidad científica como por un amplio sector de la población, que explora alternativas más saludables para un cuidado holístico de su salud.
El libro que tienes entre las manos no pretende sustituir el consejo de un médico o terapeuta cualificado. Su principal objetivo es animarte a descubrir los múltiples beneficios del AC en la salud, en base a la revisión de la actual literatura científica consultada; iniciarte en su aplicación en cosmética e higiene diaria, mediante la elaboración de fórmulas caseras, sencillas y sin complicaciones, así como ofrecerte sugerencias que te permitan incorporarlo en tu dieta diaria, junto con otras grasas y alimentos saludables.
Espero y deseo que disfrutes de este pequeño tesoro que, como tantos otros, la madre naturaleza nos regala con su inmensa generosidad.
Josefina Llargués

I

COCOTERO (Cocos nucifera)

Origen y cultivo

La historia de la dispersión y el cultivo del coco (Cocos nucifera L.) está intrínsecamente ligada a la vida humana en los trópicos. Como fuente portátil de comida y agua, jugó un papel crucial en las migraciones humanas y en el desarrollo de la civilización a través de los trópicos húmedos. El cocotero es muy importante en las islas del Pacífico, donde a falta de otros recursos, provee a la población de alimento, bebida, aceite, medicina, fibra, madera, paja, combustible y utensilios domésticos. No en vano se le considera el «Árbol de la vida» o el «Árbol del cielo».
La interacción a lo largo de la historia entre el coco y los humanos ha moldeado tanto su distribución geográfica como su diversidad fenotípica. El fruto del coco está adaptado por naturaleza a la dispersión por las corrientes marinas. Sus orígenes se sitúan en la región Indomalaya, desde donde se propagó a los trópicos y, aunque la forma de diseminación por el mundo es todavía incierta, las teorías asociadas a su distribución en zonas pobladas por el hombre son las más aceptadas. Con la llegada de los europeos al Pacífico en el siglo xix, se inició su comercialización y el aceite de coco (AC) fue el primer aceite vegetal presente en el comercio mundial.
Su demanda desencadenó la creación de extensas plantaciones de cocoteros en las colonias europeas de todo el mundo. Los registros muestran que en Estados Unidos el AC, junto con los lácteos y grasas animales, fue una de las fuentes de
grasa más importantes de la dieta de la población. Después de la II Guerra Mundial, sin embargo, con la aparición de otros aceites vegetales considerados más saludables, como el de soja, girasol, canola o maní, el AC perdió prestigio.
Más de doce millones de hectáreas de coco se cultivan en cerca de noventa países tropicales. India es el tercer país productor de coco, después de Indonesia y Filipinas. En la actualidad, el coco y sus derivados están recuperando su prestigio en Occidente, pero mientras que los nativos de las zonas donde se cultiva le dan un amplio y variado abanico de usos, la demanda occidental se centra tan sólo en algunos de los productos que una cosecha puede producir.
Requerimientos de suelo y clima
El cocotero se adapta perfectamente al clima tropical; no tolera las heladas, inundaciones o sequías extremas. Los climas cálidos y húmedos son los más favorables para su cultivo. Una temperatura media anual de 27 ºC, las precipitaciones distribuidas uniformemente y una humedad relativa por encima del 60 % proporcionan las condiciones climáticas óptimas para su buen rendimiento y correcto desarrollo.
Es un árbol heliófilo, que requiere una insolación de 2.000 horas anuales, con un mínimo de 120 horas mensuales. Los vientos suaves o moderados favorecen su cultivo. Sequías y vientos fuertes, por el contrario, generan un déficit hídrico perjudicial para la planta, especialmente para los cocoteros enanos con menor resistencia de tronco y raíces.
El cocotero se adapta a la perfección a los suelos de planicie costera y de capa freática salina y, aunque su presencia se
asocia a terrenos arenosos a orillas del mar o a tierras cercanas al nivel del mar, se cultiva también en una amplia variedad de suelos, localizándose en grandes plantaciones del interior en determinados países.
Variedades
Existe una amplia variedad de cocoteros, pero se reconocen tres grandes grupos:
— Gigante o Alto del Pacífico: Consumido como fruta fresca y utilizado para la producción de aceite. Tiene un elevado contenido de agua, aunque de escaso dulzor. La polinización es cruzada y origina una amplia diversidad de tipos. La planta es robusta, el fruto es grande y rico en copra. Esta variedad es sensible a la enfermedad conocida como Amarillamiento Letal del Cocotero.
Las variedades gigantes más cultivadas son: Gigante de Malasia, Gigante de Renell de Tahití, Gigante del Oeste Africano de Costa de Marfil, Alto de Jamaica, Alto de Panamá, Indio de Ceilán, Java Alta, Laguna o Alto de Sudán.
— Enano: Existen básicamente tres tipos diferenciados por el color del fruto, amarillo, verde y rojo o dorado, que corresponden respectivamente a las variedades Amarillo de Malasia, Verde de Brasil y Naranja Enana de la India. A diferencia de los tipos gigantes o altos, en los cocoteros enanos, la autofecundación es superior al 94 %. Por
su excelente sabor, se emplea en la producción de agua para consumo de bebidas envasadas. Es más resistente a enfermedades que el Gigante o Alto del Pacífico y, aunque el tamaño del fruto es mejor, la calidad de la copra resulta inferior.
— Híbrido: Producto del cruce de las variedades anteriores. Los usos de los híbridos son múltiples y ofrecen frutos de tamaño mediano o grande, buen sabor del agua y rendimiento de la copra, así como resistencia a enfermedades.

II

CONSUMIR

ACEITE DE COCO

Consumo responsable

La oferta del coco está liderada por los países asiáticos. Según datos de la FAO, los tres principales productores son Indonesia, Filipinas e India, que aportan alrededor del 72 % de la producción total mundial, seguidos de Brasil, Sri Lanka, Tailandia, Vietnam, México, Papúa Nueva Guinea, Malasia, Argentina y Birmania.
El coco representa una importante fuente de comida, bebida, refugio y sustento para las familias con menos recursos y la sostenibilidad de su entorno. Su cultivo estabiliza los sistemas agrícolas, especialmente en ambientes frágiles como pequeñas islas, atolones o zonas costeras, y genera los ingresos necesarios para la subsistencia de los pequeños productores, así como empleo e ingresos en divisas, fruto de su exportación a otros países.
A pesar del enorme potencial del cultivo del coco, los pequeños agricultores han vivido tradicionalmente marginados y, en su mayoría, por debajo del umbral de pobreza. De los más de doce millones de hectáreas cultivadas de cocoteros en todo el mundo, gran parte de los campesinos disponen de menos de cuatro hectáreas. La mayoría de ellos no son propietarios de la tierra que trabajan, carecen de recursos económicos y, por tanto, no tienen acceso a los créditos necesarios para invertir en nuevas tecnologías que mejoren los sistemas de producción. Así, a pesar de la importancia del cultivo del coco en las economías de muchos países pobres, los agriculto-
res más modestos no tienen voz para influir en las políticas de los gobiernos o en las prácticas del sector privado.
En algunas comunidades, sin embargo, gracias a las crecientes iniciativas de comercio justo, los campesinos disponen ahora de los recursos y del apoyo social, legal, político y financiero necesarios, para gozar de una vida digna para ellos y sus familias.
Antes de adquirir este pequeño tesoro de la naturaleza deberíamos preguntarnos, pues, acerca de su procedencia, de la situación en la que viven los agricultores de los países productores y del impacto medioambiental asociado a su creciente demanda. En definitiva, practicar un consumo responsable, tanto para los productos de temporada y proximidad, que deberían ser los principales protagonistas de nuestra despensa, como para los alimentos procedentes de otras culturas.
El cultivo del cocotero y el medio ambiente
El impacto negativo para el medio ambiente de la industria del coco está íntimamente relacionado con las plantaciones de cocoteros. En la actualidad, el monocultivo del árbol se ha convertido en un problema en determinadas áreas. A medida que los cocoteros envejecen y decrece su fertilidad, los agricultores incrementan la plantación de árboles para mantener un nivel de producción constante y atender la creciente demanda del mercado. Esta actuación comporta el reemplazo de plantas nativas por palma cocotera y, en muchos casos, el empleo de fertilizantes químicos para aumentar la cosecha, con la consiguiente contaminación de la tierra y el agua y el impacto perjudicial para la biodiversidad de la zona y la salud de la población.
Como consumidores, podemos sacar provecho de los múltiples beneficios del aceite de coco, teniendo en cuenta algunos sencillos consejos:
1. Compra únicamente aceite de coco virgen extra ecológico (ACVEE), para garantizar que la ecología local y las personas no estén expuestas a los fertilizantes químicos ni a los pesticidas.
2. Consume ACVEE con certificación de Comercio Justo; indispensable para asegurar un salario justo para los agricultores y que en sus métodos de cultivo tengan en cuenta la sostenibilidad medioambiental. Si los agricultores pueden vivir con dignidad de su trabajo, no se verán obligados a utilizar monocultivos que destruyan y pongan en riesgo la biodiversidad local.
3. Asegúrate de que tus valores éticos están en sintonía con las prácticas comerciales de la marca en la que depositas tu confianza como consumidor.
El ACVEE es una bendición por su amplia variedad de usos y beneficios. Sólo debes tener en cuenta que tu decisión de compra afecte lo menos posible a la salud del planeta y a la de sus habitantes.
La naturaleza no nos necesita. Nosotros a ella, sí.
Preguntas frecuentes Tipos de aceite de coco (AC)
§ No todos los AC son iguales, algunos son mejores que otros, como sucede con el aceite de oliva u otros aceites vegetales. Cuanto más procesado esté un aceite, menos beneficios tendrá para la salud.
— AC RBD: El aceite de coco refinado se obtiene de la copra (carne de coco desecada). En los países productores se le conoce generalmente como AC RBD (refinado, blanqueado, desodorizado). En el proceso de blanqueado el AC se filtra para eliminar impurezas, mediante arcillas de blanqueo. Una vez completado el filtrado, se calienta a altas temperaturas para desodorizarlo. En este punto, pierde el delicado aroma tropical que le caracteriza. En general, cuando no se da ninguna otra descripción y se utiliza sólo el término AC, se trata de AC RBD. No tiene la calidad nutricional ni las propiedades medicinales del ACV o ACVEE, pero es comestible.
— AC hidrogenado: Las grasas hidrogenadas no existen en la naturaleza. La hidrogenación es un proceso químico mediante el cual se transforma el aceite vegetal en una grasa sólida, a partir de la adición de hidrógeno a alta presión, elevada temperatura y en presencia de un catalizador. Durante el proceso, el aceite vegetal, en este caso el AC, cambia su estructura natural por una artificial tipo «trans». Este tipo de grasa genera eleva-
dos niveles de inflamación en el organismo, es perjudicial a nivel cardiovascular y un consumo elevado se relaciona con ciertos tipos de cáncer. No deberíamos consumirlo.
— AC líquido: Altamente refinado, mantiene su estado incluso en el refrigerador. Se trata de un AC al que se le ha extraído el ácido láurico, que le confiere sus magníficas propiedades, por lo que tampoco es aconsejable su consumo o uso tópico.
— Aceite de coco virgen (ACV): debería ser el de primera elección, tanto para uso interno como externo, idealmente aceite de coco virgen extra ecológico (ACVEE) y de Comercio Justo.
§ Por qué consumir aceite de coco virgen (ACV)
Según la definición de la Asian and Pacific Coconut Community (APCC):
«El ACV se obtiene de la pulpa fresca y madura (12 meses después de la polinización) del coco (Cocos nucifera L), por medios mecánicos o naturales, con o sin la aplicación del calor, que no altera la naturaleza del aceite. El ACV no ha sufrido refinado químico, blanqueado o desodorizado alguno. Puede consumirse en su estado natural sin la necesidad de procesamiento adicional. Está compuesto, principalmente, por ácidos grasos de cadena media (AGCM), resistentes a la peroxidación. Los ácidos grasos del ACV son diferentes a los
de las grasas animales, que contienen principalmente ácidos grasos de cadena larga (AGCL). El ACV no tiene color, está libre de sedimentos y desprende un agradable aroma a coco fresco. Está libre de sabor u olor rancios».
Aunque la APCC no hace en su definición alusión alguna al aceite de coco virgen extra ecológico (ACVEE), al que me referiré a partir de ahora a lo largo del libro, teniendo en cuenta que uno de los objetivos de dicho organismo es promover el cultivo orgánico, es obvio que se refiere a este tipo de aceite.
El ACVEE, a ser posible de Comercio Justo, información que debe quedar reflejada en la etiqueta, es 100 % puro y natural, sin aditivos artificiales. No ha sido refinado, desodorizado, blanqueado, ni hidrogenado. Se prensa en frío o a una temperatura inferior a los 38 ºC; presenta un contenido vitamínico, mineral y antioxidante superior, así como niveles más altos de polifenoles y AGCM, especialmente láurico y caprílico, y un aroma y sabor extraordinarios. Además de su uso a nivel culinario, es ideal para utilizar en crudo, tomando directamente una cucharadita. Debería ser el de primera elección para tratamientos a nivel interno.
§ Conservación
El ACVEE es un alimento de larga duración. No precisa refrigeración. Se conserva perfectamente durante dos años, incluso más. Hasta los 24 ºC presenta un aspecto sólido, por encima de esa temperatura se vuelve líquido, pero sus propiedades no se ven modificadas. Sin embargo, si pre-
fieres una textura más densa, en épocas más cálidas puedes guardarlo en el frigorífico.
§ Precio
En el mercado encontrarás ACVEE de distintos precios, pero no con la misma garantía de calidad. El precio dependerá también de la marca comercial y de la cantidad contenida en el envase (no mires sólo el precio final en la etiqueta, sino el precio por kilo). Sin embargo, teniendo en cuenta que el ACVEE es un todoterreno que puedes utilizar en la salud, cosmética y nutrición y que te permitirá eliminar la mayor parte de cosméticos que empleas actualmente, te garantizo que aun comprándolo de la mejor calidad ahorrarás dinero.
§ Dónde comprarlo
En tu tienda de dietética habitual, supermercados especializados que tengan un lineal de productos naturales, por internet... Como he comentado en el apartado «Consumo responsable», mi consejo es que antes de elegir la marca, investigues un poco acerca de la filosofía de la empresa.
§ Contenido en ácidos grasos
El ACVEE contiene alrededor del 94 % de grasas saturadas, de las cuales entre 57-60 % son AGCM, que se absor-
ben directamente sin necesidad de enzimas digestivas. No se almacenan como grasa y se metabolizan en el hígado en cetonas, que la mayoría de las células del organismo pueden utilizar como fuente de energía. No contiene colesterol, ni grasas «trans». Alrededor del 5 % de sus grasas son monoinsaturadas y un 1 % poliinsaturadas. No contiene ácidos grasos omega-3, motivo por el cual, además de consumir verduras de hoja verde oscuro, deberás complementar tu dieta con alimentos ricos en omega-3, especialmente pescado azul pequeño o salmón salvaje (si consumes proteína animal), algas, semillas o aceite de lino, nueces, semillas de Chía...
El ácido láurico es un AGCM que en el ACVEE se encuentra en una proporción del 45-56 %. La investigación evidencia que el ácido láurico, uno de los componentes de la leche materna, goza de propiedades antivíricas, antifúngicas y antimicrobianas y puede inhibir el crecimiento de ciertas bacterias, hongos, levaduras, virus y protozoos.
Según datos de la APCC, en su composición el ACVEE, contiene además, entre un 16-21 % ácido mirístico, 4-10 % ácido caprílico, 4-8 % ácido cáprico, 0,10-0,95 % ácido caproico, 7,5-10,2 % ácido palmítico, 2-4 % ácido esteárico, 4,5-10 % ácido oleico y 0,7-2,5 % ácido linoleico.
§ Quién debería tomarlo
Cualquier persona sana o con problemas de salud, incluso los niños, puede beneficiarse de las propiedades del ACVEE. Las personas que siguen una dieta cetogénica o baja en carbohidratos deberían incluirlo en su alimentación como
fuente de energía en mayor cantidad. El ACVEE es también una excelente sustituto de la mantequilla, especialmente en dietas veganas.
§ Cuál es la cantidad ideal y cómo ingerirlo
En condiciones normales y ausencia de enfermedad, en el último apartado del libro encontrarás recetas que te permitirán incluirlo en tu dieta. Si lo prefieres, también puedes consumir directamente una o dos cucharaditas de postre diarias, solas o en el transcurso de alguna de las comidas.
El ACVEE no tiene ninguna contraindicación, excepto en caso de alergia, y los más pequeños de la casa pueden beneficiarse también de sus múltiples propiedades. Podemos incorporarlo a alguno de los platos que cocinemos, untarlo en el pan en lugar de mantequilla y espolvorearlo con virutas de cacao, semillas de sésamo...
En caso de dietas concretas o si la enfermedad requiere una ingesta elevada, mi recomendación es consultar con un profesional de la salud que paute una dosificación correcta. Es importante tener en cuenta que si la persona ingiere gran cantidad de ACVEE demasiado rápido, puede experimentar molestias digestivas, dolor estomacal
o diarrea; trastornos pasajeros incómodos que no revisten gravedad alguna, pero que pueden prevenirse. Para ello, la mejor opción es consumir el ACVEE junto con la comida
o utilizarlo para cocinar y empezar con una cucharadita de postre por comida, aumentando la cantidad progresivamente, hasta que el cuerpo se acostumbre.
§ El ACVEE no aumenta el colesterol
El ACVEE es muy rico en grasas saturadas, pero no contiene colesterol. El AC hidrogenado, en cambio, al estar saturado de forma artificial, sí puede aumentar los niveles de colesterol en sangre y favorecer el desarrollo de determinadas patologías.
La investigación evidencia que el ACVEE mejora el nivel de colesterol HDL (High density lipoproteins) y disminuye el de colesterol LDL (Low density lipoproteins). Lo que sí puede observarse en una analítica es un incremento del colesterol total, como consecuencia de un aumento del HDL.

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