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Porque Confio En La Homeopatia Maximizar

Porque Confio En La Homeopatia

Christian Boiron (aut)

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Actualmente existen 150.000 médicos homeópatas en el mundo, 6.000 de ellos en España y 450 millones de consumidores en el mundo que recurren al uso de la homeopatía de manera cotidiana. La homeopatía es una realidad médica y social internacional en la cual Francia mantiene el liderazgo cientí...

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Actualmente existen 150.000 médicos homeópatas en el mundo, 6.000 de ellos en España y 450 millones de consumidores en el mundo que recurren al uso de la homeopatía de manera cotidiana. La homeopatía es una realidad médica y social internacional en la cual Francia mantiene el liderazgo científico, médico, económico... y reglamentario.
Sin embargo, la homeopatía también es objeto de una polémica recurrente a nivel médico y científico, y representa un verdadero reto político y administrativo para la seguridad social. Respaldada por el público y por numerosos médicos, la homeopatía permanece aún ausente del universo hospitalario-universitario y su mecanismo de acción continúa inexplicado.
Entonces, ¿cuál es su destino? ¿cuál es su futuro? Christian Boiron, Presidente de los laboratorios homeopáticos n° 1 a nivel mundial y presentes en más de 50 países, promueve la integración de la homeopatía en el seno de la medicina en todas sus dimensiones: científica, hospitalaria y universitaria, todo ello con el propósito de otorgar a los pacientes las mejores oportunidades de curación. Este es el camino que él nos explica sin concesión, lejos de todo triunfalismo o sectarismo: "Tengo la suficiente confianza en el interés tanto actual como potencial de la homeopatía como para osar exponer sus debilidades y límites. Al igual que en la alopatía, la homeopatía debe evaluarse permanentemente, volver a cuestionarse y evolucionar para progresar aún más en los tratamientos al servicio de los pacientes y de las enfermedades",

Presentación

Es para mí una atención inmerecida el que el Sr. Christian Boiron me haya elegido para co-prologar la edición de su libro en español. Me lo he leído atentamente y con sinceridad me ha parecido muy ameno e interesante.
En sus ciento treinta y cuatro páginas hace un repaso de lo que ha sido la Homeopatía, en Francia y fuera de ella. Muy gráfica la breve pero apasionante historia de los Laboratorios Boiron desde sus comienzos hasta ahora: su andadura americana. Las vicisitudes que han tenido que superar para llegar a donde están y el escollo que ha supuesto la indemostrabilidad de acción de las dosis infinitesimales. Se hace mención de ciertos trabajos de investigación, algunos con resultados no muy buenos como el de Opium y Raphanus para reanudar el tránsito intestinal post operatorio; creo que probablemente no se aplicó adecuadamente la posología, porque en 25 años nunca me defraudó Opium cuando lo utilicé para este cuadro.
Estoy totalmente de acuerdo con él en que sólo hay una medicina y que el médico deberá utilizar el método que le parezca mas oportuno: Alopatía, Homeopatía o los dos. Y dejar de una vez esas posiciones antagónicas y pragmáticas que no conducen a nada y retrasan el fluir de la ciencia, que es lo que tiene interés para nuestros pacientes. Nuestro objetivo siempre debe ser ayudar a los enfermos y procurarles la mejor calidad de vida posible, empleando lo que sea más adecuado en cada situación.
Comparto que hay que seguir investigando con paciencia para superar los obstáculos que tenemos pendientes. Pero yo añadiría un tópico que tenemos por aquí, "sin prisa pero sin pausa". Aunque creo que algunas de las investigaciones que cita, como la del Dr. Louis Rey, con los cambios de la estructura física del agua bajo la acción de las diluciones infinitesimales, apuntan que el tema tan controvertido de éstas, está próximo a explicarse.
Por último, en el asunto de la enseñanza adecuada de la Homeopatía en el ámbito Universitario, también estoy en sintonía con lo que expone. Pero en lo que no estoy de acuerdo es en la práctica del método por no médicos. Estimo que desde el momento en que para la prescripción de un remedio, hay que hacer un diagnóstico y un pronóstico previo, esto constituye un acto médico y, por consiguiente, reservado a licenciados en medicina en primer lugar y después con una sólida formación en Homeopatía como última e ineludible situación. Aquí en España no tenemos experiencia en estas carreras paramédicas y por tanto dudo que puedan equipararse a los estudios que se imparten en las Facultades de Medicina.
Felicitaciones, estoy seguro de que el libro será muy bien acogido por los homeópatas, es muy ameno, fácil de leer y complementa ese espacio siempre insuficiente de la formación e información.

Valentín Romero Bonilla
Doctor en Medicina
Presidente de la Asociación de Médicos
Homeópatas de Andalucía (AMA)

Prólogo

Al igual que le sucedió a Christian Boiron, mi primer y satisfactorio contacto con la homeopatía se debió a mi condición de paciente. Tengo la mala fortuna de vivir en una ciudad tan contaminada como bella que es Madrid, padeciendo como el resto de los habitantes de la Villa y Corte el asedio continuado en mis mucosas respiratorias de diversos contaminantes atmosféricos. Ello trae consigo para una gran parte de la población una mayor sequedad e irritación de aquéllas, que, además, en mi caso ha condicionado a lo largo de los años la aparición de catarros frecuentes con un curso insidioso debido al hecho de padecer también una rinitis alérgica persistente y una sinusitis crónica.
Como alergólogo con más de veinte años de ejercicio creo que sé bien por dónde piso, pero hasta que me asomé al maravilloso mundo de la homeopatía jamás tuve con-ciencia de que había medicamentos capaces de ayudar a modificar el terreno enfermo, lo suficiente en mi caso a consecuencia de numerosas injurias sufridas por la acción de irritantes ambientales, microorganismos y alérgenos. Con mi propia experiencia he llegado a la conclusión de
que precisamente la Alergología, mi Especialidad, es una de las disciplinas en la que más pueden beneficiarse los pacientes de la acción de medicamentos homeopáticos, bien se trate de una rinitis, de un asma, de un eccema o de una urticaria. !Qué mejor experiencia que la adquirida en carne propia, como hizo Hahnemann a lo largo de su vida, para luego hacerla extensiva a los demás enfermos en la práctica diaria!
Por otra parte, el hecho de haber podido participar a tiempo de los conocimientos de una Medicina que no estudié en mis años de Licenciatura pero que tiene ya más de dos siglos de andadura y que como buen alópata desconocía hasta que me aproximé a ella, aunque confieso que inicial-mente con mucho escepticismo, ha hecho posible que ahora disponga para mis pacientes de un arsenal terapéutico mucho más completo. Pero el principal motivo por el que me gusta la homeopatía es porque particulariza el modo en que cada persona vive la enfermedad, permitiendo fabricarle el traje a la medida de sus necesidades y vivencias. Para ello hace falta dedicación, amor por el estudio diario y, sobre todo, no regatear nunca tiempo en aras de una anamnesis detallada del paciente y de una exploración minuciosa. No en vano, un célebre médico y humanista madrileño, el Profesor Gregorio Marañón, afirmaba que la mejor herramienta del médico es la silla. Es innegable que la alopatía ha genera-do indudables beneficios al ser humano, pues en otros tiempos sucumbía víctima de graves epidemias y otras enfermedades severas, si bien gracias a la homeopatía, en algunos casos, lograba sobrevivir.
Es lo que nos recuerda Christian Boiron en el interesante libro que ahora me ocupa cuando se refiere al Royal London Homoeophatic Hospital, que al poco tiempo de ser fundado en el año 1849 puso a prueba la pericia de sus galenos, que hubieron de hacer frente a una epidemia de cólera, registrando unas tasas de mortalidad mucho más bajas que las de otros hospitales. Actualmente la alopatía está inmersa en una excesiva tecnificación y el paciente se mueve en un agitado maremagnum de pruebas complementarias muchas veces innecesarias, debido a las prisas con que se desarrolla el acto médico ante el desequilibrio sanitario reinante por una excesiva demanda asistencial, que ha llevado a más de un profesional del arte de curar a caer en el llamado "síndrome del médico quemado". Entrar en el vasto campo de la homeopatía es reencontrarse con el sosiego necesario para que, a modo de un buen sastre celoso de su trabajo artesanal y atento a los detalles más ínfimos, tanto en la toma de las medidas como en la elaboración de las prendas, no se nos escapen datos claves, y podamos dedicar a cada paciente un mínimo de tiempo adecuado para efectuar un diagnóstico certero que permita instaurar una terapéutica lo más apropiada posible en cada caso particular.
Como afirma el autor de la presente obra, la homeopatía no es "otra medicina", sólo hay una medicina. Si a estas alturas al-
gunos de nuestros colegas pretenden seguir desprestigiando gratuitamente la homeopatía con afirmaciones tan banales como que no dispone de estudios científicos adecuados o de que carece de las mínimas bases experimentales, sólo puedo decirles que se hallan en un craso error. Yo, que siempre tuve
un concepto integral de la medicina, que pasé mis años de estudiante haciendo prácticas junto a destacados internistas, que trabajo hoy en día en un gran hospital como alergólogo, pero que en mi práctica privada ejerzo además la homeopatía, confío en que en un futuro no muy lejano esta doctrina impulsada en su día por un genio de la talla de Hahnemann se incorpore también a la práctica del médico de hospital, en beneficio de cualquier espíritu doliente que desee acogerse a sus potenciales efectos benéficos.
Volvamos de nuevo a la idea que el autor de este libro quiere transmitirnos: La homeopatía no es una medicina alternativa porque no es una alternativa a la medicina. En efecto, medicina sólo hay una, y cerrar nuestra mente a esta realidad, a favor de un rígido academicismo, es privar a nuestros pacientes de otras posibilidades que también pueden ayudarles sobremanera a lograr la sanación. Lo afirmó un célebre médico español, José de Letamendi (1828-1897): El médico que a la vez no es filósofo, no es tan siquiera médico. Puedo asegurar al lector del libro que ahora tiene entre sus manos que su lectura no le va a dejar en modo alguno indiferente.


Roberto Pelta Fernández.
Doctor en Medicina.
Especialista Senior de Alergología del Hospital General
Universitario Gregorio Marañón de Madrid.
Diplomado y Profesor del Centro de Enseñanza
y Desarrollo de la Homeopatía.

Introducción

¿A favor o en contra de la homeopatía? ¿A favor o en contra de la igualdad entre el hombre y la mujer? ¿A favor o en contra de la globalización? Este tipo de preguntas me recuerdan invariablemente la anécdota que nos contaba mi abuelo cuando éramos niños: un joven cura llega a un pueblo y pregunta a un niño del lugar: "¿A quién quieres más: a tu padre o a tu madre?" El niño se lo piensa durante un momento y finalmente contesta: "Prefiero la panceta" A pregunta tonta, respuesta tonta. ¿Prefiere usted la libertad o la seguridad?
¿Es necesario estar en un bando o en otro? ¿Es necesario ser homeópata o alópata, de derechas o de izquierdas, rico o pobre, intelectual o idiota, deportista o barrigón, amante de la juerga o mortalmente triste? Son terribles trampas para el pensamiento, el progreso, el respeto y el amor al prójimo o a uno mismo, para la paz y, a fin de cuentas, para la felicidad. Tropiezo a menudo con estas trampas del maniqueísmo, de la exageración y de los estereotipos. En religión, en política, dentro de la empresa, en ciencia y en filosofía.
Dentro de la empresa me he empeñado en demostrar que los intereses de unos y otros no son sistemáticamente anta-
gonistas, como se presentan la mayoría de las veces, sino que, por el contrario, suelen ser a menudo convergentes. De hecho, todo depende del proyecto en que se fundamente la empresa y de unas reglas del juego que favorezcan el reparto justo de los deberes y de los derechos.
En lo que concierne a la homeopatía y a la alopatía, he oído en los dos "campos" acusaciones recíprocas de ingenuidad, de charlatanería, de incompetencia, de peligrosidad, de sectarismo, de estupidez, de codicia. ¿Por qué tanto odio? ¿Por qué tantos miedos?
Que se prescriban medicamentos homeopáticos no supone que se rechacen automáticamente los demás medicamentos, las otras terapéuticas, la racionalidad científica y el progreso.
Que uno constate el efecto terapéutico de estos medicamentos no supone que se olvide de la increíble dilución.
Que se sea alópata no supone automáticamente que uno dedique muy poco tiempo a cada enfermo ni que no se sea capaz de tratar al individuo en su totalidad, en su especificidad.
Porque uno critique ciertas teorías anticuadas de la homeopatía, no se está rechazando en bloque la obra de Hahnemann.
Son estos estereotipos, estas ambigüedades, estas paradojas y esta complejidad, lo que he querido destacar, profundizar y matizar en este libro con la mayor sinceridad y transparencia posibles, con la mayor autenticidad. La autenticidad me parece más creíble que la objetividad, que no es más que un mito. Es la sinceridad, más que la objetividad, lo que me
obliga a expresar los matices de mi pensamiento independientemente del juicio de los demás.
Con este libro no intento convencer a nadie ni de la grandeza de la homeopatía ni de mi buena fe. Sólo busco compartir, con toda claridad, mis reflexiones, mis deseos y mis dudas.
Tras este ejercicio persigo un objetivo simple: si cada uno expresa lo que piensa en vez de intentar convencer al otro, el mundo será enseguida más rico, más eficaz, más apacible, en todos sus ámbitos.
Por lo que respecta a la medicina y a los medicamentos, la experiencia nos obliga a hacer gala de un gran humildad, pues es cierto que el hombre sigue siendo en gran parte un desconocido para el hombre. El camino recorrido debe alimentar nuestro entusiasmo, la constatación de nuestros límites y de nuestros errores debe reforzar nuestra prudencia, nuestra capacidad de matizar, nuestra modestia.
En cuanto a mi mismo, tengo suficiente confianza en el interés y potencial que tiene actualmente la homeopatía para atreverme a expresar sus debilidades y sus límites.
Igual que en alopatía, debe evaluarse, ponerse en duda y evolucionar constantemente para progresar en beneficio de los enfermos.

ÍNDICE

Presentación     11
Prólogo     15
Introducción     21
1. Mis primeros pasos
Mi trabajo sobre el agua     25
La odisea del "tubo azul"     28
Viva la ciencia    33
II. Los primeros pasos de la homeopatía Hahnemann crea al mismo tiempo
la alopatía y la homeopatía     39
Las dosis infinitesimales     42
Hahnemann, un genio furioso     46
Los tres pilares fundamentales de la homeopatía    50 La experimentación en el hombre sano
de las sustancias medicamentosas     51
La ley de la similitud     54
El método de las diluciones sucesivas     58
III. La aventura de la investigación
La fiabilidad de los medicamentos homeopáticos     65
La farmacología de lo infinitesimal     68
La aventura americana de
la Boiron Research Foundation    76
Ya no hay teorías en medicina     79
Los difíciles comienzos de
la investigación clínica     82
La homeopatía avanza en la metodología científica     85
Nunca hay que buscar convencer     89
Los avances más recientes de
la investigación en homeopatía    90
IV. El futuro de la homeopatía en el seno de la medicina
¿Debería estar la homeopatía clasificada
entre las medicinas naturales?     95
No hay más que una medicina     99
Un médico debe poder utilizar
todos los registros de la terapéutica    100
i Viva la alopatía!     102
La frontera entre alo y homeopatía
se ha vuelto permeable     105
¿La prescripción de homeopatía
debe estar reservada sólo a los médicos?     107
Es necesario comparar los resultados
de cada método    108
¿Hacia una titulación universitaria en homeopatía?     113
¿Unicismo o pluralismo?     115
La homeopatía, ¿medicina rápida o lenta?     117
¿Volverá la homeopatía al hospital?     120

Conclusión
La verdad está en todas partes     131

Notas bibliográficas     135

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