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Manos curativas Maximizar

Manos curativas

Gayle Macdonald (aut)

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Masaje para aliviar a las personas con cáncer

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9788491112716

El campo del masaje oncológico se está convirtiendo en una disciplina que goza de un amplio y profundo conocimiento del cuerpo, aportando extraordinarios beneficios a los enfermos de cáncer. En la presente edición de MANOS CURATIVAS se refleja este amplio conocimiento y los aportes médicos de la investigación científica sobre los efectos del masaje en las personas con cáncer. Cada capítulo contiene información actualizada sobre cómo masajear a las personas afectadas de cáncer, teniendo en cuenta cada una de las etapas de la enfermedad: tratamiento, recuperación, superviviencia, efectos secundarios de la enfermedad, final de la vida…

Aquí el lector puede encontrar material especialmente dedicado a jóvenes supervivientes, a personas que han pasado por un proceso de reconstrucción de mama o una guía para terapeutas y clientes que están considerando el uso del masaje como parte de un proceso de desintoxicación.
A partir de citas inspiradoras, anécdotas de clientes y terapeutas, preguntas y respuestas de los terapeutas y ejercicios escritos para los estudiantes de esta disciplina, este libro consigue aumentar el proceso de aprendizaje del lector aportando una gran variedad de modalidades táctiles que se pueden realizar con las personas que viven con cáncer.

GAYLE MACDONALD

LC, MTT, empezó a trabajar como profesora en 1973 y como masajista terapéutica en 1989. En 1991 unió sus dos vertientes profesionales.
Desde 1994 practica masajes a pacientes oncológicos y supervisa a otros masajistas terapéuticos en las unidades oncológicas de la Oregon Health and Science University.
MacDonald utiliza todos los recursos a su alcance para promocionar la práctica del masaje oncológico. Entre otras cosas, viaja continuamente para enseñar a otros profesionales cómo deben practicar masajes a personas que conviven con el cáncer.

Índice

Prefacio       9
Agradecimientos       21

  • Capítulo 1. Introducción. El cáncer: una parte de la vida       23
  • Capítulo 2. Entender el cáncer y la metástasis: biología, no mecánica       41
  • Capítulo 3. Masaje: tratamiento para cuerpo, mente y espíritu. Estado de la cuestión       65
  • Capítulo 4. Los efectos secundarios del tratamiento oncológico por qué necesitamos una práctica menos exigente       129
  • Capítulo 5. Presión, área y posición: infraestructura organizativa       183
  • Capítulo 6. Recopilar información: una parte esencial de la sesión de masaje       199
  • Capítulo 7. La prioridad es evitar daños: ajustes del masaje para combatir los efectos secundarios comunes durante el tratamiento oncológico       243
  • Capítulo 8. La nueva normalidad: el papel del masaje durante la recuperación       313
  • Capítulo 9. La vida después del cáncer: consideraciones para supervivientes       369
  • Capítulo 10. Efectos secundarios del cáncer: ajustes asociados a la enfermedad       405
  • Capítulo 11. La presencia es suficiente: contacto reconfortante al final de la vida       433
  • Capítulo 12. El masaje como respiro: atender a los cuidadores       463
  • Capítulo 13. Compañeros de viaje: ¿quién aporta?, ¿quién recibe?       485

Índice analítico       499

La formación del suelo es un proceso muy lento. Partículas de roca erosionada, material vegetal putrefacto y animales descompuestos se acumulan lentamente sobre el lecho de roca. Con el paso del tiempo, se deposita el suficiente material orgánico para crear un suelo profundo y rico capaz de sostener la vida.
Una nueva disciplina profesional como el masaje oncológico también requiere del tiempo necesario para construir las capas de suelo en las que prosperará. Al principio, crecen plantas más pequeñas en las capas inicia­les, pero a medida que el suelo se hace más profundo, pueden plantarse y fijarse proyectos cada vez mayores. El suelo en el que se asienta el masaje oncológico está madurando; en estos momentos alcanza una profundidad media. Se necesita mucho más, y se conseguirá formando a los profesiona­les del masaje, a los pacientes, a los profesionales de la salud y a los inves­tigadores. Al mismo tiempo, debemos examinar la propia infraestructura educativa en busca de sus carencias.
Cada edición de Manos curativas es un reflejo de la última capa de suelo sobre la que se ha asentado. La primera edición (MC1) sirvió básica­mente para rebatir la creencia según la cual el masaje estimula la extensión del cáncer y, por tanto, debería estar contraindicado. Para los estándares actuales, MC1 es muy sencillo. Internet apenas existía, lo que significa que tuve que recopilar gran parte de la información a partir de los folletos de la American Cancer Society, de diversos enfermeros y de la bibliogra­fía médica y de enfermería. Entonces, los estudios de investigación no alcanzaban la docena, y en la actualidad la mayoría de ellos no superaría un análisis exhaustivo. Sólo existía un puñado de profesionales a los que poder consultar y, en aquel momento, muchos masajistas profesionales
se mostraban aún horrorizados por el hecho de que diéramos masajes a personas con cáncer. Uno de los comentarios más habituales por aquel entonces era: «Pensaba que no podíamos tocar a las personas con cáncer». En 1999 no existía el masaje oncológico como tal.
La segunda edición, publicada en el año 2007, era el reflejo del enorme salto que se había producido tanto en experiencia como en conocimien­tos. Se habían completado más de tres docenas de nuevos proyectos de investigación. Internet se había convertido en el lugar donde investigar nuevos tratamientos, fármacos y tipologías de cáncer. Había disponibles programas de gran visibilidad en instituciones como The Christie Hospi­tal de Manchester (Inglaterra), el Royal Marsden de Londres, el Memorial Sloan Kettering de Nueva York y el MD Anderson de Houston, entre otros. Además, estaba a punto de crearse la primera asociación profesio­nal: la Society for Oncology Massage.
A medida que la fecha de publicación de la tercera edición se aproxi­maba, nuevos estudiantes de masaje empezaban sus estudios con la inten­ción de especializarse en el masaje terapéutico para personas con cáncer; las instituciones educativas han creado programas clínicos para que los es­tudiantes puedan hacer prácticas en clínicas y hospitales oncológicos, y al­gunas facultades incluso disponen de programas especializados en masaje oncológico. Se han creado organizaciones profesionales de alcance mun­dial: la Iris Cancer Partnership en Escocia, la Oncology Massage Training en Australia y la Massage bij Kanker en los Países Bajos. La infraestructura que acompaña a este nuevo campo crece lentamente.

Los masajistas terapéuticos especializados en oncología forman un grupo de personas con muchas manos, pero con un solo corazón.

GRETCHEN MURPHY, ET, MTT, RACINE,WISCONSIN.

La fase de lecturas preparatorias de la tercera edición (MC3) se convir­tió en un proceso emocionante, parecido a un tsunami de información. En 2004, una búsqueda en Google de «cáncer y masaje», «oncología y masaje» u «oncología y masaje oncológico» obtenía 242.000 resultados. ¡En 2013, usando sólo las palabras «masaje oncológico», daba casi 41 mi­llones de resultados!
Actualmente hay tanta información como en 2013, además de mu­chos profesionales con conocimientos especializados, por lo que gran parte de mi trabajo durante la preparación de esta nueva edición de Ma­nos curativas ha sido la de reclutar contribuciones que pudieran añadir su experiencia a la mía para hacer de MC3 lo más completo posible. Manos curativas ha evolucionado hasta convertirse en una plataforma en la que tanto pacientes como profesionales del masaje oncológico de todo el mundo pueden hacer sus contribuciones y compartir información e historias. Me he convertido en una colaboradora más de un proceso co­lectivo.

Si quieres ir rápido, ve solo.
Si quieres llegar lejos, ve acompañado.
PROVERBIO AFRICANO.

A pesar de la gran cantidad de nuevos conocimientos y experiencias en el ámbito colectivo, Manos curativas sigue siendo un manual básico de una disciplina que está en una fase muy inicial. Aún debemos aprender mucho sobre cómo afectan las terapias de contacto a las personas que han pasado por un tratamiento contra el cáncer. Hacen falta muchos años de experiencia para descubrir las mejores prácticas. Desconocemos qué tipo de pacientes pueden beneficiarse de más presión, o si algunos, una vez recuperados del tratamiento que incluye una biopsia del nódulo centinela, pueden beneficiarse de un masaje más intenso en el cuadrante afectado. Existe poca investigación sobre los beneficios a largo plazo del masaje o la frecuencia adecuada del mismo. De igual modo que el campo médico aprende cada año más cosas sobre cómo afectan a los pacientes los trata­mientos oncológicos, el masaje terapéutico aún debe aprender muchas cosas.

Estándares de atención

Si en el campo del masaje general no existen unos estándares de atención, mucho menos los hay en la disciplina del masaje oncológico. En un prin­cipio, las pautas ofrecidas en Manos curativas estaban basadas en mi propia experiencia con los pacientes de la Oregon Health and Science University
y, posteriormente, con numerosos clientes en la práctica privada. Con el paso del tiempo, las experiencias de muchos otros terapeutas han re­afirmado mis ideas. Esto no quiere decir que todos nosotros estemos de acuerdo de forma unánime. Cada uno hace ciertas cosas de un modo lige­ramente diferente, pero nuestras prácticas se asemejan en lo fundamental. A pesar de todo, eso no ha traído consigo un acuerdo profesional para establecer unos estándares de atención.
No obstante, a medida que el masaje oncológico va madurando, de­bemos plantearnos la necesidad de dotarnos de algo parecido a unos es­tándares de atención que eleven el nivel profesional y sirvan de apoyo a los terapeutas, además de mejorar los cuidados tanto a pacientes como a clientes. El proceso para fijarlos, sin embargo, debe ser riguroso y atender a una evaluación de los datos objetivos. Dado que el masaje oncológico aún no dispone de muchos datos, puede que pase algún tiempo hasta que podamos disponer de unos estándares.
Mientras tanto, mi postura a la hora de practicar masajes a personas que están recibiendo un tratamiento oncológico sigue siendo conservado­ra. Del mismo modo que enseño a los terapeutas el concepto de «avanzar paso a paso» con los clientes, en Manos curativas adopto la misma postura, abogando por un progreso lento pero seguro dentro del campo, hacién­dolo progresar también en el terreno judicial. Para algunos profesionales, mi postura conservadora puede parecer demasiado cauta en determinados momentos, pero en líneas generales nos encontramos aún en una fase en la que el principal objetivo debe ser la seguridad.

Panorama general

Uno de los lemas principales de la edición original de este libro era «la prioridad es evitar daños». Se trata de la piedra angular de toda práctica vinculada al cuerpo. La seguridad, junto a todos los aspectos positivos que comporta la práctica del masaje, sigue siendo el mensaje principal de esta tercera edición. En esta versión, sin embargo, llevo la perspectiva un poco más allá para incluir no sólo consideraciones sobre seguridad y benefi­cios del masaje, sino también el modo en que los terapeutas del contacto pueden ayudar a la persona que está en tratamiento, en postratamiento o que lleva años en una situación de remisión. Evidentemente, no estamos hablando de un tratamiento para el cáncer, sino una forma de ayudar a la persona cuyos órganos están afectados por la quimioterapia, cuyos tejidos están restringidos por las adherencias provocadas por la radiación o que sus funciones están limitadas debido a las cicatrices o a la cirugía.
Durante muchos años el foco de atención han sido los clientes en tratamiento. No obstante, con el paso del tiempo, cada vez es más evi­dente que una persona que se está recuperando de un tratamiento o que lo terminó hace mucho tiempo puede tener problemas específicos a su situación en el amplio espectro de los enfermos de cáncer. Se han añadido algunos capítulos para estos casos.
Manos curativas ofrece básicamente la información clínica necesaria tanto para los profesionales como los amateurs que deseen hacer masajes a clientes, amigos o familiares adultos con un historial médico de cáncer. No incluye información relacionada con los aspectos comerciales, como, por ejemplo, planes de negocio, facturación o recaudación de fondos. Tampoco incluye temas como las técnicas de respiración y relajación, la exploración, los mecanismos para hacer frente a la pérdida o el uso de la intuición. Todos estos aspectos son importantes en nuestra labor pero, como pueden encontrarse en otras fuentes, he optado por no reproducir­los o mejorarlos en MC3. Tampoco he incluido ninguna técnica de ma­saje ni terapia de contacto. Asumo que el lector ya dispone de los conoci­mientos en alguna de dichas modalidades, ya sea el Reiki, el masaje sueco, el Shiatsu, la terapia de polaridad, la terapia de contacto, la reflexología o cualquier otra de las muchas técnicas que existen.
Es habitual que los masajistas, antes de empezar su formación, hagan masajes a familiares, amigos y compañeros animados de una inocencia contagiosa. Las escuelas de masaje pueden eliminar esa inocencia, susti­tuyéndola por el miedo a provocar lesiones, a terminar en los tribunales o a relacionarse adecuadamente con los clientes. Aunque es importante ser consciente de todas estas cuestiones, también es necesario mantener cierto equilibrio para no dejar de experimentar el placer de tocar a otro ser humano. Al presentar materiales relacionados con enfermedades, es fácil crear miedo en lugar de confianza. He procurado presentar la información de tal modo que permita adquirir al lector la confianza necesaria para ac­tuar, pero siempre con la dosis apropiada de precaución.

Estructura del libro

Hace veinte años los libros eran las principales fuentes de información, pero actualmente su función ha cambiado. Comparado con la ingente cantidad de información que podemos encontrar en Internet, un libro es algo muy limitado. Por tanto, ya no es lógico utilizar el valioso papel para divulgar una información a la que puede accederse más rápidamen­te por otros medios. MC3 incluye información relacionada estrecha­mente con el masaje y el cáncer. Otro tipo de material, como sus tipo­logías, pronósticos, nuevos tratamientos y terminología médica, pueden encontrarse en Internet, en otras obras, a través de organizaciones, como la American Cancer Society o la Cancer Research UK, o bien a través de los propios clientes. MC3 ofrece sugerencias sobre otras fuentes útiles de información.
Algunos capítulos de Manos curativas pueden leerse de forma aislada, como los capítulos 2 y 3, que tratan el tema de la metástasis y la investi­gación en el campo del masaje. No obstante, a partir del capítulo 4, que explica los conceptos básicos de los tratamientos oncológicos, los conte­nidos son acumulativos. Animo al lector a que lea los capítulos 4-6 en su totalidad antes de pasar al 7-11.
La mayoría de ajustes que debe realizar un terapeuta pertenecen al campo de los efectos secundarios de los tratamientos. Los capítulos cen­trales, 4-11, son la base para la planificación de una sesión de masaje. Estos capítulos están secuenciados para reflejar la relación del cliente res­pecto al tratamiento. En cuanto se recibe el diagnóstico de un cáncer, el paciente se encontrará en una de las siguientes cuatro fases del tratamiento o de la propia enfermedad:

  • Tratamiento
  • Recuperación
  • Supervivencia
  • Fin de la vida


Por favor, que nadie piense que estoy sugiriendo que todas las personas con cáncer pasan por estas cuatro fases hasta el destino final, es decir, el fin de la vida. La secuencia de cada paciente depende de muchas circunstan‑
cias. Algunas personas terminan el tratamiento, se recuperan, sobreviven, viven 50 años o más y terminan muriendo a una edad avanzada. Otras reciben tratamiento, empiezan la fase de recuperación, vuelven a ser diag­nosticadas y deben empezar de nuevo el tratamiento. Aunque el proceso particular de cada persona es diferente, todas comparten algo: los efectos secundarios del tratamiento o la enfermedad. Al organizar el material de este libro en función de estas cuatro fases, espero que el lector pueda ac­ceder a la información más rápidamente en el momento de planificar una sesión de masaje para un cliente.
Manos curativas no es una obra completa ni suficiente. Esto, sin em­bargo, no elimina la necesidad de una formación práctica y supervisada. La información por escrito sólo va dirigida a uno de los canales del pro­ceso de aprendizaje: el cognitivo. El terreno propioceptivo y emocional debe ser atendido mediante el estudio con profesores sabios y experi­mentados.

Cambios respecto a la 2.a edición

Además de las alteraciones mencionadas anteriormente, también he reali­zado dos cambios significativos. Una de las decisiones que tomé fue cen­trarme exclusivamente en pacientes adultos con cáncer, lo que significó dejar fuera el capítulo 7 de anteriores ediciones: «Masaje para niños con cáncer». El otro cambio importante ha consistido en presentar sólo con­ceptos generales aplicables a las técnicas de masaje; no se detalla ningún estilo específico. Eso significa que no se ha incluido el capítulo 6: «Forta­leciendo el cuerpo: el uso de técnicas de contacto para ayudar al cuerpo durante y después del tratamiento». Con el fin de ahorrar espacio, tam­bién me he visto obligado a eliminar algunos listados de investigación en las tablas al final del capítulo 3: «Masaje: tratamiento para cuerpo, mente y espíritu. Estado de la cuestión».
Los antiguos capítulos 6 y 7, que ofrecían una valiosa información, pueden encontrarse en la página web de Findhorn Press: http://findhorn­press.com/medhands. Asimismo, los listados de la investigación elimina­dos han sido recopilados en una tabla y publicados en la página web de Findhorn Press.

Apuntes sobre la terminología

Es importante definir claramente qué entendemos en este libro por el tér­mino «masaje». La definición habitual es «cualquier forma de contacto sis­temático». Esto deja muy abiertas las posibilidades. Según esta definición, la gran mayoría de clientes, al margen de su nivel de salud, cumplen con los requisitos para recibir algún tipo de terapia de contacto. Esto sería muy distinto si nos decantáramos por una definición más tradicional de masaje, como la que ofrece la American Cancer Society: «El masaje incluye la ma­nipulación, el frotamiento y el amasamiento de los músculos y tejidos blan­dos para mejorar el funcionamiento de los mismos e inducir a la relajación».
Las palabras «contacto» y «trabajo corporal» se usan como sinónimos de «masaje». Cuando el masaje forma parte de una modalidad específica, como el masaje sueco, utilizaremos la mayúscula para diferenciarla de su uso específico. Los términos «masaje suave», «masaje de bajo impacto» y «contacto terapéutico» se sitúan en el centro de interés de Manos curativas: masajes orientados al confort. «Terapeuta», «profesional» y «masajista» se utilizan indistintamente, de igual modo que «cliente» y «paciente». Las palabras «víctima» y «sufriente» nunca se utilizan en lugar de cliente o paciente, pues evocan una sensación de lástima respecto a la persona que está siendo tratada. Los pacientes no quieren ser compadecidos; buscan compañeros con los que poder recorrer el camino.
Un término habitual que ha aparecido en la jerga oncológica para identificar a las personas que han pasado por un tratamiento contra el cáncer es «superviviente». Debe señalarse que son muchos los que utilizan esta palabra con orgullo, como una prueba de superación, mientras que otros se sienten ofendidos o poco representados por ella. Algunas personas han adoptado el término «luchador» e incluso «previvientes». Los previ­vientes de cáncer son personas que han sobrevivido a una predisposición al cáncer pero que nunca han desarrollado la enfermedad. En MC3 se utiliza el término «superviviente» porque es un término muy habitual en la bibliografía oncológica. Sin embargo, reconozco que puede tener con­notaciones negativas.
Y una última aclaración: para evitar malentendidos, el término «trata­miento» sólo se utiliza para referirnos al tratamiento médico u oncológico. Los masajistas terapéuticos suelen emplear la palabra «tratamiento» para
referirse a sus modalidades, como, por ejemplo, «tratamiento corporal», «tratamiento de Shiatsu» o «tratamiento de Reiki». En su lugar, utilizare­mos la palabra «sesión» para referirnos a la aplicación de una modalidad de masaje determinada.

Mis raíces personales

Mi historia profesional empieza como profesora en la escuela pública. Du­rante 13 años enseñé educación física y salud a alumnos de secundaria. No obstante, mis intereses iban en otra dirección; la educación física y el deporte están bien, pero sentía la necesidad de ayudar a mis alumnos a descubrir en qué podían convertirse y mostrarles todo lo que tenían a su alcance. Hacíamos actividades como juegos poéticos en el bosque, utili­zábamos los deportes para reforzar las habilidades personales y veíamos la salud y la educación física como un modo de mejorar la adquisición de conocimientos.
Mi última experiencia en la escuela pública fue en 1985-1986 como profesora de intercambio en Dundee, Escocia. Cuando regresé a Estados Unidos, echaba de menos Escocia hasta un punto difícil de comprender por la mayoría de la gente. El único sentimiento comparable es la pérdida de un ser querido. Mi salud se deterioró rápidamente y me diagnosticaron síndrome de fatiga crónica. Este libro es el resultado de aquel período de mi vida tan largo y difícil. Es verdad lo que dicen del «lado positivo» de las cosas, como también aquello de que cuando se cierra una puerta, se abre otra. Tuve que perderlo prácticamente todo para descubrir el camino que me llevaría a dar masajes a personas con cáncer. Ni en un millón de años hubiese imaginado lo que la vida me tenía reservado.
Cuento todo esto porque creo que es importante conocer las circuns­tancias del autor cuando se lee un manual profesional. Si Manos curativas lo hubiera escrito una enfermera con muchos años de experiencia en el campo de la atención sanitaria, es posible que tuviera un estilo muy distin­to. Tanto el contenido como la estructura de Manos curativas responden a dos motivos. En primer lugar, soy una educadora. Y, en segundo, empecé a trabajar dando masajes oncológicos en un hospital, no en una consulta privada. El lector siempre debe tener esto presente mientras lea el libro. Un texto escrito por alguien cuya principal experiencia es la práctica privada tendrá una orientación distinta. Todos los libros son un reflejo de su autor. Lo que veis en estas páginas es un reflejo de lo que soy yo; es mi forma de enfrentarme al proceso de acompañar y dar masajes a personas afectadas por el cáncer, lo cual está íntimamente relacionado con mi expe­riencia en hospitales con personas gravemente enfermas. Hay numerosas formas de enfrentarse a la misma realidad.
Este libro es el resultado de mi trabajo con pacientes de cáncer y super­visando a terapeutas desde 1994 en las unidades oncológicas de la Oregon Health and Science University (OHSU). El OHSU es un gran hospital con vocación académica e investigadora, lo que significa que muchos pa­cientes graves o con una tipología inusual de cáncer son redirigidos allí. Tanto los terapeutas como yo misma hemos tenido la enorme suerte de poder atender a numerosos pacientes y comprobar los innegables bene­ficios del masaje en una amplia variedad de situaciones: en personas que acababan de ser intervenidas quirúrgicamente, que habían recibido un trasplante de células madre, con problemas intestinales debido a los efec­tos secundarios de los analgésicos o pacientes que habían perdido una parte del colon, un riñón, un pecho, un pulmón, un brazo o incluso una parte del rostro. Hemos aprendido a tocar a personas que se estaban re­cuperando de quemaduras provocadas por la radiación, con problemas respiratorios o que habían sufrido una biopsia de la médula ósea. El perso­nal de oncología nos ha pedido que consoláramos a la madre de un chico de 21 años a quien estaban intubando en la UCI, que calmáramos a una familia que acababa de enterarse de que su madre tenía cáncer de mama y que ayudáramos a un hombre a quien los médicos le habían dicho que no podían hacer nada más por él.
Manos curativas es también el conocimiento y la experiencia acumula­da de los terapeutas que he conocido desde 1999 en los sucesivos cursos a los que he asistido y en las prácticas avanzadas con terapeutas del Pere­grine Institute of Oncology Massage Training. En estos cursos trabajamos con pacientes oncológicos, escribimos ensayos críticos y vemos casos prác­ticos. He escuchado literalmente miles de historias de terapeutas, muchos de los cuales han sufrido cáncer personalmente, y miles de pacientes que han sido tratados de cáncer.

La existencia te utiliza como vehículo para la felicidad y la presencia afectuosa.

FRANK COPPIETERS, MAESTRO DE REIKI, PORTLAND, OREGON.

Acompañar tanto a los pacientes como a los alumnos en sus caminos cruzados ha sido un honor y un acto de amor. Se han convertido en pro­fesores y compañeros inspiradores mientras exploraba mi propio proceso de curación. La reciprocidad entre lo que he dado y recibido ha sido sufi­ciente recompensa.
Dicen que una buena historia siempre vuelve al principio; en mi caso es verdad. Lo que empezó en Escocia en 1985 continuó allí 14 años des­pués. Cuando la editorial estadounidense que se había comprometido a publicar la primera edición de Manos curativas finalmente no pudo ha­cerlo, apareció en el camino una editorial escocesa, Findhorn Press. Estoy eternamente agradecida por ello. Como hacemos nosotros cuando damos masajes a una persona con cáncer, Findhorn Press también se esfuerza para traer un trocito de cielo a la tierra.

No te preguntes lo que el mundo necesita; pregúntate que te mantiene a ti con vida y haz exactamente eso. Porque lo que el mundo necesita es gente que se mantenga con vida.

HOWARD THURMAN.

Nunca sabremos qué tienen reservado los dioses para nosotros. Pode­mos conocer a alguien en un ascensor que cambie nuestra vida, un folleto de un curso de masaje oncológico dirigido a otra persona que vive a cien­tos de quilómetros puede acabar en nuestro buzón o una gran donación puede aparecer de la nada para financiar un programa de masaje. Cada uno de nosotros debe hacerse visible cada día, poner un pie delante del otro, hacer aquello que nos da fuerza y preguntarse: «¿Qué puedo hacer para ayudar?».

GAYLE MACDONALD

Po rtland, O regó n

29 de diciembre de 2013

 

  • Autor/es: Gayle Macdonald
  • Editorial Obeloisco
  • Formato Gayle Macdonald
  • Páginas 512

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