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Cáncer: la sorprendente verdad Maximizar

Cáncer: la sorprendente verdad

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La teoría metabólica, la dieta cetogénica y una nueva y esperanzadora vía para la curación del cáncer

Prólogo del doctor DOMINIC D'AGOSTINO

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9788484457350

Una nueva y esperanzadora forma de abordar el tratamiento de todos los tipos de cáncer

El experto en biología molecular Travis Christofferson aporta en esta obra una excelente combinación de historia médica y ciencia vanguardista que arroja luz y esperanza sobre una de las enfermedades más extendidas del mundo.
Cáncer: la sorprendente verdad describe la lucha de la humanidad por comprender los procesos celulares que se confabulan para causar este trastorno, y muestra que las terapias contra el cáncer no obtienen los resultados esperados porque se basan, erróneamente, en la idea de que se enfrentan a una enfermedad genética.
El autor explora entonces novedosas y prometedoras terapias no tóxicas nacidas de la emergente teoría metabólica del cáncer, cuyo objetivo es recuperar la salud de las células afectadas concibiendo el tratamiento como la rehabilitación suave e integral de un metabolismo celular disfuncional, en lugar de abordarlo como una guerra sin cuartel.

Travis Christofferson

obtuvo su grado de biología molecular en el Honors Program de la Montana State University y un máster en ingeniería y ciencia de materiales en la South Dakota School of Mines and Technology.
Actualmente se dedica a tiempo completo a escribir sobre temas científicos y a dirigir la Foundation for Metabolic Cancer Terapies, entidad de su creación.
Vive en Dakota del Sur (EE.UU.) con su esposa y sus dos hijos.

Índice

PRÓLOGO      13

AGRADECIMIENTOS       23

EN EL PRINCIPIO       25

CAPITULO 1

  • Cómo llegó a conocerse el cáncer como enfermedad genética       41
  • Los pequeños deshollinadores      41
  • Los cromosomas caóticos      45
  • ¿Es el cáncer una enfermedad infecciosa?       50
  • La guerra de Warburg       54
  • El secreto de la vida      69
  • Una pregunta que se pasa por alto      76
  • Todo estaba turbio       79

CAPITULO 2

  • La quimioterapia y las puertas del infierno      89
  • Yin y yang       100
  • El MOPP      105
  • La terapia total       109
  • «Ese hijo de perra»       112

CAPITULO 3

  • Avances y desilusiones       121
  • En el cubo de basura de la historia       121
  • Un rescoldo encendido       123
  • La TEP      136
  • Una nueva era      138
  • Una diana antigua vuelve a ser nueva      154
  • El bueno, el feo y el malo       167
  • «No lo habría creído si no lo hubiera visto con mis propios ojos»       174

CAPÍTULO 4

  • La materia oscura       193
    «¿Es posible encontrar sentido en un todo tan complejo?»       198
  • Un cambio de modelo       204
  • La liebre y la tortuga       218
  • CAPÍTULO 5
  • Watson se replantea las cosas       225

CAPITULO 6

  • Las mitocondrias: una vieja teoría vuelve a ser nueva       237
  • Las cosas pueden no ser lo que parecen       259
  • Supercombustible       271 La archienemiga       284
  • El partido más importante       292
  • Magnífica en su concepto (más de lo mismo)       298
  • Presión-impulso      299

CAPITULO 7

  • ¿Qué hacemos ahora?       305

EPÍLOGO       317
APÉNDICE A
Poner a funcionar las terapias metabólicas       345
APÉNDICE B
Lista de facultativos recomendados por el autor      369
BIBLIOGRAFÍA       371
INDICE TEMÁTICO       391

Prólogo

En 1971, un diagnóstico de cáncer era aterrador. El paciente se sentía impotente, desvalido. Todo lo que había en su vida que­daba en suspenso mientras él o ella esperaba, en manos de su equipo de oncología: cirujanos, radioterapeutas, personal de qui­mioterapia. ¿Cuántas cosas han cambiado en la actualidad?
Aunque muchos pioneros llevaban más de un siglo buscan­do la cura del cáncer, en 1971 se decidió dar un «empujón de­finitivo» a la cuestión con el propósito de vencer por fin a la mortal enfermedad. El 23 de diciembre de 1971, el presidente de los EE.UU., Richard Nixon, anunciaba ante los reunidos en el comedor principal de la Casa Blanca la firma de la Ley Na­cional del Cáncer (National Cancer Act), campaña con un pre­supuesto de 1600 millones de dólares, sufragada con fondos federales, dedicada a la «guerra» contra dicho mal y que sería dirigida por el Instituto Nacional del Cáncer (Nacional Cancer Institute). Aunque el primer proyecto de Nixon había sido re­cortar el presupuesto de investigación sobre el cáncer, había cedido ante la presión de personas tan influyentes como la ac­tivista en temas sanitarios Mary Lasker, el patólogo pediátrico Sidney Farber y el filántropo Laurance Rockefeller, que le solicitaban la aprobación de dicha ley como «regalo de Navidad para el pueblo estadounidense». El gobierno de este país daba así, por fin, el primer paso importante para atacar el problema, y todos esperaban con optimismo el éxito inminente. Esta im­portante decisión se anunció con una campaña de prensa in­creíble, y hasta llegó a afirmarse que «hará un mayor bien a la humanidad que ninguna otra medida que hayan tomado los Estados Unidos en toda su historia».
En las fotografías de aquel acto destacado aparecen, son­rientes, el presidente y representantes del Congreso y del Sena­do, entre ellos el senador Edward (Ted) Kennedy, que había de­fendido la causa en el Senado. Había mucho entusiasmo. Todos confiaban en que, si los científicos y el Gobierno de los Estados Unidos habían sido capaces de dividir el átomo y de enviar as­tronautas a la luna, serían muy capaces de encontrar solución a una enfermedad común. Había quien predecía que la victoria sobre el cáncer podría celebrarse en las festividades del bicente­nario de los Estados Unidos, en 1976. Esta confianza se reforza­ba por el hecho de que las quimioterapias para el tratamiento de la leucemia infantil, preconizadas por el doctor James Holland, ya se estaban implementando, y con muy buenos resultados que se celebraban públicamente.
Pero cuando transcurrieron diez años sin que se obtuvieran grandes avances, empezaron a surgir dudas sobre la marcha de la «guerra contra el cáncer». La confianza de la década de los seten­ta dejaba paso a los debates en los que se ponía en duda la posi­bilidad misma de vencer a un enemigo tan misterioso y tan es­curridizo. Hasta las nociones sobre las causas fundamentales del cáncer estaban envueltas en dudas y en debates. A los trabajos realizados en la década de 1930 por el premio Nobel Otto War­burg, que describió las primeras alteraciones metabólicas de los tumores como desencadenantes del desarrollo del cáncer, ya no se les atribuía la validez suficiente como para basar en ellos las investigaciones. Tras sus amplios estudios sobre el metabolismo
de los tumores, Otto Warburg había afirmado: «El cáncer desta­ca entre todas las enfermedades por su cantidad de causas se­cundarias: son incontables. Pero hasta el mismo cáncer tiene una única causa principal. Resumiéndola en pocas palabras, la causa principal del cáncer es que en las células normales del cuerpo la respiración del oxígeno se sustituye por una fermentación del azúcar». No obstante, y a pesar de las pruebas a favor del origen metabólico del cáncer, esto no se menciona siquiera en el sitio web del INC, donde se afirma que «el cáncer es una enfermedad genética», aunque está documentado que las mutaciones gené­ticas heredadas solo desempeñan un papel importante en un 5 a un 7 por ciento del total de los cánceres.
A mediados de la década de 1980 se empezó a afirmar en los medios de comunicación que los fondos federales para la investigación oncológica se habían «dilapidado y desapro­vechado», a pesar de los avances significativos de las tecnolo­gías y de las herramientas de investigación para el estudio de la enfermedad. Este campo de estudio seguía resintiéndose
 del desconocimiento de la causa principal del cáncer, a pesar de que la prensa publicaba cada semana noticias sobre los «grandes avances» realizados en las investigaciones y el trata­miento de la enfermedad. Surgían en el horizonte terapias de base inmunitaria que parecían increíblemente prometedoras. Y, en efecto, este planteamiento resultó muy eficaz para unos pocos pacientes. No obstante, lo más frecuente era que estos tratamientos no dieran los resultados prometidos, a la vez que provocaban efectos secundarios graves e irreversibles. Pero, a pesar de la lentitud en los avances de las investigacio­nes sobre el cáncer, los científicos insistían en que iban por el buen camino.
En 1988 se celebró que habían descendido las tasas de cán­cer, lo que animó a los científicos y al público en general. Ahora se reconoce que aquel progreso no se debió a ningún avance destacado en los tratamientos. La pequeña reducción de las tasas de cáncer se debió más bien, en gran medida, a las campañas contra el tabaquismo y a las mejoras en los sistemas de chequeo y detección temprana. Estas medidas influyeron mucho a la hora de mejorar el pronóstico de los pacientes de varios tipos de cán­cer, sobre todo los de pulmón, próstata, colon y cuello de útero. A pesar de los avances en el tratamiento del cáncer de testículos, de la leucemia y de algunos tipos de linfoma, parecía que iban en aumento los cánceres asociados a la obesidad y a la diabetes de tipo 2, como son los de esófago, recto, mama posmenopausia, endometrio, tiroides y vesÍcula. En fechas más recientes, tam­bién aumentan las tasas de mortalidad de los cánceres asociados a la obesidad, entre los que se cuentan los de páncreas, riñón e hígado, y estas cifras crecientes pueden llegar a invertir las ten­dencias generales totales si no se abordan a base de cambios de dieta y estilo de vida.
En conjunto, los tratamientos han seguido siendo bastante ineficaces, sobre todo en los cánceres con metástasis avanzada y cerebrales. Lo más preocupante es que, si bien los tratamientos actuales pueden aumentar la supervivencia media unos cuantos meses, lo cierto es que en algunos cánceres potencian la agresi­vidad de los tumores y la metástasis. De hecho, ahora que ya han transcurrido cuarenta años desde la firma de la Ley Nacional del Cáncer, el paciente medio con un tumor cerebral sigue impoten­te y se ve sometido a intervenciones quirúrgicas muy invasivas, radiaciones y quimioterapias tóxicas que no se ha demostrado que mejoren de manera sustancial la supervivencia del paciente. El senador Ted Kennedy murió de un tumor cerebral el 25 de agosto de 2009. Era un personaje político destacado y había desempeñado un papel esencial en la aprobación de la Ley Na­cional del Cáncer a principios de la década de 1970. El senador Kennedy fue tratado por los mejores neurooncólogos y recibió las terapias más avanzadas disponibles, y tuvo que sufrir los efec­tos secundarios de los tratamientos sin que se le prolongara la vida de manera apreciable. Cuesta creer que, cuarenta años des­pués de que el propio Ted Kennedy contribuyera a la aprobación de la Ley Nacional del Cáncer, no pudiera contar con mejores opciones de tratamiento para el tumor cerebral que le habían diagnosticado.
De cinco a diez años a esta parte, las investigaciones sobre el cáncer han tomado rumbos nuevos, apuntando a entender mejor el metabolismo de los tumores y a hacer uso de estos conocimientos en los planteamientos terapéuticos. El profesor Thomas Seyfried documentó ampliamente en su libro Cancer as a Metabolic Disease (El cáncer como enfermedad metabólica) las pruebas científicas que demostraban el origen, la gestión y la prevención del cáncer a partir de planteamientos basados en el metabolismo. Aunque el libro de Seyfried es un recurso in­creíble para el biólogo oncólogo, hacía falta otro libro que pu­diera dar a conocer esta información al público culto pero no especializado. En Cáncer: la sorprendente verdad, Travis Chris­tofferson, escritor especializado en temas científicos, consigue de manera maravillosa llevarnos a los lectores hasta lo más pro­fundo de este tema, con una narración apasionante que nos abre los ojos, haciéndonos adoptar una perspectiva nueva. El libro aparece poco después de la culminación del Proyecto Ge­noma del Cáncer, que hasta ahora no ha arrojado muchos datos que se puedan aplicar con facilidad al tratamiento del cáncer o a su prevención. James Watson, miembro de la junta directiva del Instituto Nacional del Cáncer y galardonado con el premio Nobel por el descubrimiento de la estructura del ADN, ha llegado a expresar su descontento diciendo: «Debería prestarse mayor atención al metabolismo del cáncer (...). La célula can­cerosa debe tratarse como "una enferma", y no como si tuviera "superpoderes", y por consiguiente debería ser atacada allí don­de es metabólicamente vulnerable». Todavía se debate y se es­tudia cuáles son los cánceres más susceptibles de tratarse con terapias de base metabólica. Se puede afirmar con certeza que los indicios apoyan poderosamente la implantación de terapias de base metabólica en situaciones de gestión de tumores cere­brales avanzados y de cáncer metastático, sobre todo si el tu­mor manifiesta un efecto Warburg notable y, por tanto, una visualización intensa en la imagen por TEP, signo de consumo excesivo de azúcar y de proliferación celular.
La creación y los ensayos de terapias para el cáncer de base metabólica van en aumento rápidamente; y, atendiendo a los modelos preclínicos, parece ser que estos planteamientos po­drían complementar, o llegar a sustituir con el tiempo, el pro­tocolo establecido para algunos tipos de cáncer, sobre todo los resistentes al tratamiento y que expresan un fenotipo Warburg notable. Entre las estrategias de base metabólica figuran el uso de medicamentos dirigidos al metabolismo específico del cán­cer (como la hexoquinasa II) y a su comunicación celular (como los PI3K/AKT/mTOR) y las dietas cetogénicas de dise­ño. La cetosis nutricional influye sobre múltiples vías que fo­mentan la tumoración limitando la disponibilidad de glucosa para el tumor, suprimiendo la señalización de la insulina y del factor de crecimiento. En la última década ha aumentado no­tablemente el número de congresos y de sociedades científicas que se centran casi exclusivamente en el metabolismo de los tumores y en los factores de crecimiento asociados a la señali­zación metabólica. Tiene especial relevancia la intersección del metabolismo con el control epigenético y la reprogramación metabólica de las vías de señalización aberrantes que fomentan el efecto Warburg. Este interés renovado por las causas del efecto Warburg y por sus consecuencias ha dado un nuevo ím­petu a las investigaciones sobre el cáncer, y trae consigo la pro­mesa de una reorientación de nuestros trabajos por un camino que nos llevará hasta un tratamiento y unas estrategias de pre­vención más eficaces.
En Cáncer: la sorprendente verdad, Travis Christofferson nos presenta una elegante crónica histórica de los factores cla­ves que influyeron sobre los rumbos de la investigación del cáncer, y que nos hace ver por qué la guerra contra el cáncer no ha llegado a producir, en la práctica, las mejoras que han estado esperando los pacientes. Travis nos revela de manera magistral por qué las investigaciones siguieron un camino tan poco fruc­tífero, y cómo un cambio de enfoque hacia la comprensión de la ciencia de las terapias de base metabólica y su aplicación, incluida la nutrición de diseño, puede hacer posible que los pacientes de cáncer participen activamente en su propio trata­miento de la enfermedad. El profesor Thomas Seyfried, del Boston College, fue el primero que me habló, en 2012, de la Fundación Causa Única, Cura Única (Single Cause, Single Cure Foundation) de Travis; y poco después me puse en contacto con este para mantener una entrevista con él. A lo largo de los años he llegado a conocer muy bien a Travis, a nivel personal y pro­fesional, gracias a nuestras conversaciones en profundidad y sus escritos, y siendo testigo de su pasión en la labor de apoyo, fo­mento e investigación sobre las terapias de base metabólica para el cáncer. El mensaje que transmite Travis con tanta bri­llantez es que la comunidad científica debe reconocer la falta de avances en el tratamiento del cáncer (sobre todo en los tipos en que los tratamientos establecidos ofrecen pocas esperanzas o ninguna) y ha de comprender las posibilidades de las terapias de base metabólica. Consideremos lo siguiente, como apoyo a esta tesis. En los Estados Unidos se han gastado más de 100000 millones de dólares en ayudas a la investigación a costa de los contribuyentes. Los incontables «avances» no han dejado en limpio ningún cambio sustancial en las tasas de supervivencia. Solo existen «tratamientos curativos» para una fracción minús­cula de los pacientes de cáncer. En todo el mundo se gastan más de 100 000 millones de dólares al año en medicamentos para el cáncer, que constituyen un coste sanitario tremendo que en muchos casos recae sobre los propios afectados. Son incontables los pacientes y sus familias que, sumidos en esta realidad oscura, aguardan un rayo de esperanza.
Durante la última década, mientras nuestro laboratorio de la Universidad del Sur de Florida sigue trabajando en el desa­rrollo y en la aplicación de las terapias de base metabólica, he estado en contacto con muchas personas a las que ha servido de inspiración Cáncer: la sorprendente verdad, entre ellos estu­diantes de Medicina y de Biología de todo el mundo (nuestros futuros investigadores) que han optado por centrar su carrera de investigación de posgrado en el estudio del cáncer como enfermedad metabólica. Muchos universitarios me han comen­tado que ni siquiera habían oído hablar del «efecto Warburg», ya que en la mayoría de los libros de texto sobre biología del cáncer no se da importancia, o ni siquiera se habla de las dife­rencias metabólicas entre las células normales y las células can­cerosas. Cáncer: la sorprendente verdad recupera una vieja idea y nos transmite una perspectiva nueva y una meta irrenuncia­ble: descartar todos los conceptos preconcebidos y todos los dogmas asentados en la biología del cáncer. Tengo la esperanza de que este libro anime a la comunidad científica y médica a avanzar hacia el desarrollo y la experimentación de estrategias menos tóxicas y más económicas para la gestión metabólica del cáncer, hasta que se llegue a modificar por fin la marcha de esta enfermedad terrible que ha sido una carga sanitaria tan tre­menda para todos nosotros.

Doctor DOMINIC P. D'AGOSTINO, Profesor asociado, departamento de Farmacología y Fisiología Molecular, Morsani College of Medicine, Universidad del Sur de Florida.

 

  • Autor/es: Travis Christofferson
  • Editorial Gaia Ediciones
  • Formato 14,5 x 21 cm
  • Páginas 416
  • Encuadernación Rústica con solapas (tapa blanda)
  • Prólogo DOMINIC D'AGOSTINO

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