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Irina Matveikova (aut)

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Todas las claves detox de la medicina holística Tras el éxito alcanzado con Inteligencia digestiva, la doctora Irina Matveikova nos enseña ahora todas las claves detox de la medicina holística. Depurar nuestro cuerpo para log

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Todas las claves detox de la medicina holística

Tras el éxito alcanzado con Inteligencia digestiva, la doctora Irina Matveikova nos enseña ahora todas las claves detox de la medicina holística. Depurar nuestro cuerpo para lograr cada vez más un mayor bienestar, algo que se logra con paciencia y disciplina. Y que, por supuesto, resulta muy placentero cuando se consigue.
Sin olvidar el enfoque meramente digestivo, la autora nos habla, con una claridad digna de mención, de los restantes sistemas de nuestro «templo»: la piel, esos dos metros cuadrados de intimidad; las numerosas razones que existen para cuidar nuestros riñones; la depuración respiratoria; los secretos de la microcirculación del sistema linfático; la limpieza hepática…
Y nos enseña numerosos rituales para que esa puesta a punto de nuestro cuerpo nos permita alcanzar el equilibrio interior y, desde una actitud positiva, podamos convertirnos en maestros de nuestra buena salud.
 
● Dieta depurativa de siete días
● Ayunos controlados
● Causas de la formación de cal en las «tuberías»
● Hiperplasia de la próstata
● ¿Por qué el pan hecho con trigo moderno se digiere de manera diferente?

Irina Matveikova (Rusia, 1966) es licenciada en Medicina, con especialidad en Endocrinología y Nutrición Clínica por la Universidad Estatal de Medicina de Minsk (Bielorrusia). Ha cursado estudios de postgrado en medicinas naturales en Estados Unidos y la República Checa, de fitomedicina en Francia y Argentina, así como de métodos de desintoxicación corporal e hidroterapia de colon en Alemania.
En la actualidad trabaja en la Clínica de Salud Digestiva (Madrid), y anteriormente lo hizo en Sanitas Hospitales como médico de familia, en los centros Mundosalud de la misma compañía como experta en nutrición y reeducación alimentaria, y en la sanidad pública de España como médico de atención primaria.
Fue docente de Endocrinología y Nutrición Clínica en la Universidad Estatal de Minsk y actualmente lo es del máster de postgrado en Medicina Biológica Naturista de la Fundación Iberoamericana (FUNIBER), red académica y profesional con presencia en veinticinco países y cuarenta y cinco universidades.
Es autora de varios artículos sobre salud digestiva y nutrición funcional y de cuentos infantiles sobre plantas medicinales, así como de un diccionario de plantas medicinales en cinco idiomas aún no publicado.
Prólogo

Uno de los primeros recuerdos que guardo en mi memoria pertenece a los años en que yo aún era una niña y mi madre y mi abuela dos mujeres vigorosas, enérgicas y jóvenes que llevaban la casa familiar como si de un cuartel se tratara.
Todo tenía un horario propio que aprendí casi sin darme cuenta. Se abrían las ventanas para ventilar la casa a primera hora, había un margen para preparar comidas y cenas, se encendía la calefacción en torno a las doce del mediodía, según la temperatura, y la cocina debía quedar limpia y recogida poco después de terminar las comidas; por las tardes el olor de la plancha sobre la ropa húmeda impregnaba toda la casa y los niños podíamos jugar sin miedo a ser reprendidos. A las nueve y media de la noche los más pequeños nos acostábamos sin remedio y sin poder ver en la tele las series de moda de la época.
Con la misma cadencia castrense se abordaba la limpieza de la casa. Cada día de la semana había una tarea diferente.
Los lunes ventanas y puertas, los martes la cocina, los miércoles cera a los muebles, los jueves al suelo, los viernes se sacudían alfombras, lámparas y se limpiaban los cuadros y el polvo de todo lo que colgaba de las paredes.
Y además, dos veces al año, al terminar la primavera y el otoño, se abordaba la limpieza general. Era un zafarrancho total. Los cuadros que mi madre había limpiado la semana anterior, las alfombras que había sacudido o los muebles de la cocina parecían tan sucios como imaginarse pueda. «Mira —me decía, enseñándome las bayetas sucias de la limpieza—, la suciedad se acumula sin que nos demos cuenta». A mí me parecía un exceso. ¿Cómo era posible que la suciedad se quedara a vivir en una casa en la que se limpiaba a diario cada rincón...? Mi madre decía que entre semana no se limpiaba bien: «Solo por encima —aseguraba—. La mugre es como un invitado incómodo, si no lo echas del todo, se queda a vivir para siempre», y por eso cada seis meses se limpiaba hasta el último rincón de la casa. Todo lo que se podía desmontar se desmontaba y se limpiaba de cualquier clase de polvo acumulado.
Después, cuando aquella tormenta de higiene terminaba, uno tenía la sensación de estar en una casa nueva. En el fondo había algo de mágico en aquella sensación. Era la misma vivienda, las mismas paredes, los mismos muebles, pero el jabón y el agua habían conseguido dejarlos casi como la primera vez. Todo estaba resplandeciente. Las lámparas iluminaban con más potencia, los cristales brillaban al paso de la luz y hasta el aire, impregnado del olor de lejía y limpiadores, parecía mucho más fresco y más fácilmente respirable.
«¿Ves? —me preguntaba mi madre—. Ahora sí que está todo limpio de verdad. Después tendremos que intentar mantenerlo». Mi abuela solía añadir entonces que era mucho más fácil limpiar sobre limpio y que tardaría mucho más en ensuciarse que antes. Yo, que no acababa de entender aquellas leyes universales de la limpieza, terminaba preguntando por qué y ella contestaba con otra frase que tampoco entendí entonces, pero sí más tarde: «Una telaraña sujeta a otra». Intentaba explicarme que ante la ausencia total de telarañas era más difícil que se instalaran otras nuevas.
Cuando conocí a Irina Matveikova descubrí que de alguna manera todas aquellas normas de limpieza e higiene en el hogar, que tan de antiguo me llegaron a través de mi madre y mi abuela, podían ser perfectamente aplicables a nuestro organismo, esa «casa» insustituible en la que vivimos durante toda nuestra existencia.
En la evolución humana nuestro cuerpo fue pergeñándose para consumir determinados alimentos y bebidas, nuestros pulmones debían permitirnos correr para cazar y nuestro corazón nos habilitaba para esfuerzos habituales como caminar o nadar. Nos fuimos dotando de mecanismos para eliminar las toxinas que generaba el propio organismo, así, por ejemplo, podemos sudar u orinar.
Con lo que nuestra evolución no podía contar es con el rápido desarrollo de las sociedades industriales. En muy poco tiempo el ser humano pasó de comer verduras y frutas a diario, y carne ocasionalmente, caminar cada jornada y descansar bien, a consumir bombones y bebidas carbónicas, fumar, respirar aires contaminados y a pasar muchas horas frente a pantallas o en el asiento de un automóvil.
Nuestro cuerpo no ha podido adaptarse tan rápidamente a los alimentos refinados, a los malos humos y al sedentarismo. No tiene respuestas para estas situaciones y hace lo que puede. Intenta salir a flote con las armas que tiene: trata de eliminar los residuos indeseados por los canales habituales, nos da señales de alarma, que a menudo no sabemos interpretar, y cuando no tiene soluciones acumula donde y como puede esos restos para los que no encuentra mejor solución.
Es una respuesta inteligente, dentro de las posibilidades que tiene nuestro organismo. Sigue siendo una gestión alta-mente eficiente y cada día demuestra su fortaleza trabajando a pleno rendimiento a pesar de los muchos venenos que le hemos obligado a tratar. Nuestra maquinaria no se detiene. Nunca reseteamos nuestro cuerpo, nunca descansa, nunca pa-ramos para hacer una revisión y muy pocas veces le damos la oportunidad de ser escuchado.
Irina me dejó ver a través de sus conocimientos holísticos dónde se forman las telarañas de nuestro cuerpo, cuáles son los rincones en los que se ha acumulado la «suciedad» difícil de eliminar y todas las «telarañas» que la mala alimentación nos va formando, de forma especial, en nuestro sistema digestivo.
Pero sobre todo Irina Matveikova me enseñó lo mismo que mi madre: que esa «suciedad» podía y debía ser eliminada de forma periódica. Me enseñó cómo hacer «limpieza general» en el perfecto mecanismo de nuestro cuerpo.
las ventajas de la desintoxicación interior las he ido descubriendo con el tiempo y me imagino que cada persona añadirá virtudes a los diferentes tratamientos de limpieza digestiva. En mi
caso, las sensaciones íntimas tras esos tratamientos desintoxicadores me recuerdan mucho a aquel ambiente de esplendor semimágico, limpio y reluciente que se respiraba en mi casa cuando mi madre daba por concluida una de sus limpiezas generales.

SOLEDAD ARROYO SÁNCHEZ
Periodista

Prefacio
LAS DOS MEDICINAS

Desde el comienzo de la historia de la humanidad, la esencia del oficio médico siempre ha sido la de aliviar el dolor y el sufrimiento.

El famoso médico de la Antigüedad y el padre de la medicina contemporánea, Hipócrates, escribió el célebre juramento médico con el que, hasta la actualidad, cada joven profesional inicia su camino de curación y devoción por la salud de los otros realizando el Juramento Hipocrático.
La filosofía de Hipócrates, reflejada en este emblemático documento, se basa en la observación de todos los aspectos del enfermo, empezando por su dieta y sin descartar ningún detalle en sus comentarios, ni siquiera de sus sueños; se niega a tratar la enfermedad o el sistema de forma aislada, y, por el contrario, se toma en consideración al individuo, a la persona, como una unidad al completo. El alivio y el equilibrio se buscaban a través de los remedios botánicos y observando el estilo de vida del enfermo, su
alimentación y su ánimo. Las descripciones médicas antiguas de los procedimientos terapéuticos siempre eran muy detalladas y se hacían con referencia a la relación entre la mente y el cuerpo, a si se habían conseguido o no el equilibrio y la armonía.
A pesar de que el juramento, a lo largo de los siglos, sigue siendo el mismo y la esencia del trabajo médico continúa teniendo como meta aliviar y curar, muchas cosas han evolucionado y cambiado. El salto «cuántico» de la medicina cambió todos los conceptos de las enfermedades, así como las metodologías. Las posibilidades actuales de los diagnósticos y de los tratamientos son impresionantes por su precisión y eficacia.
El triunfo de la medicina moderna ha dejado en las sombras a las medicinas naturales y el trabajo individual del médico, que antes exploraba y escuchaba al paciente, estaba tranquilo en su consulta privada o durante una visita prolongada a la casa del enfermo.
Los enormes presupuestos y las inversiones en la sanidad han creado un nuevo concepto del sistema de salud, que incluye, por ejemplo, la presencia de las redes de hospitales y centros médicos. Prácticamente todos cuentan con equipa-miento técnico diagnóstico de última generación y una alta sofisticación de los estudios de laboratorios clínicos, al igual que una variada especialización de los médicos y fabricación de fármacos modernos.
Los médicos nos encontramos profundamente inmersos en el sistema y sus demandas. En cierto modo hemos perdido la libertad y la posibilidad de seguir con el arte de la medicina de manera individual, intuitiva, creativa. Existen
protocolos terapéuticos fijos que nos atan y que debemos seguir, requerimientos de las mutuas que hay que respetar, controles sanitarios que hay que cuidar... En todos los centros existen las normativas de atención al paciente y el tiempo máximo que hay que dedicarle. Los métodos de diagnóstico modernos, poco a poco, han descartado la necesidad de explorar al paciente; en su lugar, le entregamos el volante para que se realice sus estudios. El médico ya no confía en sus manos y en sus juicios deductivos propios, parece que ya pocos lo valoran; es mejor comprobar todo con aparatos técnicos y estudios.
Para estar al día de los últimos estudios clínicos y descubrimientos de la medicina, y para poder manejar correctamente el vademécum de los miles de fármacos, el médico de hoy, pobre, apenas consigue leer todo lo que debe y está obligado permanentemente a formarse y actualizar sus conocimientos. La medicina es como la informática moderna, nunca dejas de aprender algo nuevo y si te retrasas un poco ya te encuentras fuera de onda.
Con esa fiebre del desarrollo de la medicina actual, el monopolio de la sanidad pública y privada, la presión creciente de las mutuas y las «trampas» comerciales de las gran-des farmacéuticas, crecen la frustración y la decepción del paciente.
En general, y estadísticamente hablando, estamos mejor sin duda cuando medimos los parámetros globales de la calidad de vida, la longevidad, los porcentajes de curación y la supervivencia. Sin embargo, el paciente ya como un individuo y no como una parte minúscula de una estadística está multimedicado en exceso, hace colas para pruebas y cada vez
entiende menos lo que le pasa, porque el médico no tiene tiempo para él en una consulta que a lo mejor solo dura diez minutos. El paciente moderno quiere prevenir las enfermedades, aprender a comer, tener una vejez sana y lúcida, cada vez más se decide por las medicinas naturales, y, por desgracia, el médico convencional no puede ofrecerle una respuesta porque no la conoce, no tiene tiempo ni posibilidades de formarse en medicinas complementarias y, por supuesto, no lo ha estudia-do en la carrera.
En Estados Unidos la medicina moderna y despersonalizada ha convertido el país en un «escaparate epidemiológico» en relación con la obesidad, la diabetes, la depresión, etc. Por eso, la creciente frustración y la decepción de la población han creado una presión y una demanda política y social dirigida hacia la necesidad de regresar a lo natural, lo alternativo y preventivo. A raíz de todo esto, en 1993, se creó el Centro Nacional de las Medicinas Complementarias y Alternativas (dentro del Instituto Nacional de la Salud —NIH—, la organización oficial más importante en relación con la medicina), con un presupuesto anual inicial de más de ciento cincuenta millones dólares. Y a lo largo de los casi veinte años de su funcionamiento las subvenciones se han multiplicados notablemente. ¡Qué victoria! Este centro nacional realiza estudios y experimentos de la medicina natural y difunde la nueva información en todos los campos médicos, además propone una formación continua profesional en todos estos temas.
Por desgracia, en España no existe en la actualidad nada similar ni parece que vaya a haberlo en un futuro próximo. Los médicos se encuentran divididos en dos frentes: los segui-
dores de la medicina convencional y aquellos llamados «los naturistas»; y con frecuencia unos niegan a los otros porque no se fían y no tienen tiempo para aprender, leer, formarse y de este modo llegar a confiar.
Los médicos hemos aprendido la ciencia de curar basándonos en datos muy concretos; creemos solo en aquello que ya ha sido comprobado con años de estudios clínicos costosos, controlados con el método científico de que sea un estudio doble ciego, hechos con grupos grandes de pacientes y de la población en general. Esto otorga peso y valor antes del lanzamiento de un nuevo protocolo terapéutico.
Las medicinas naturales carecen de estos datos, de estos estudios: en primer lugar, los remedios naturales y los antiguos métodos de curación no se pueden patentar, por lo que no son de gran interés para los inversores, y en segundo lugar, las medicinas complementarias se fijan mucho en cada paciente y adaptan el protocolo terapéutico a su necesidad y a sus características personales, por lo cual no se pueden realizar bajo los criterios exigidos en la medicina convencional, según las normas estadísticas, porque los grupos de observación nunca pueden ser homogéneos. Por eso los datos que aportan las medicinas naturales proceden normalmente de casos individuales. Los estudios de grandes grupos de pacientes tratados a largo plazo carecen de la homogeneidad necesaria dentro del grupo.
Como ya he comentado en varias ocasiones, la unión de las dos medicinas, la moderna convencional y la holística, es el futuro de nuestra salud. Ya basta de buscar evidencias y negarse una a la otra. Lo ideal es combinar lo mejor de cada medicina.
¿Qué es entonces la medicina holística o integrativa? Según el doctor David Rakel, auténtica autoridad en este campo, podemos definirla de la siguiente forma:
La medicina holística/integrativa se enfoca en el individuo y no en la enfermedad; eso supone tener los conocimientos detallados sobre su cuerpo, su salud, sus antecedentes, el estado de su mente, su vida y entorno social, su ánimo. Obliga a una entrevista detallada y un entendimiento sobre la cultura, las raí-ces, las creencias y estilo de vida del enfermo. Esa información aporta datos imprescindibles para elegir el tratamiento adecuado y desarrollar un plan de cambios saludables y aplicables exacta-mente a la vida de esta persona. Esto no se puede lograr sin un compromiso mutuo de trabajar en un equipo médico-paciente.

No es una contrapropuesta al sistema actual de salud; todo lo contrario, es un valor añadido suplementario, un complemento natural y educativo. Esto en ningún momento des-carta que el médico holístico tenga todos los conocimientos convencionales de la medicina moderna para diagnosticar y/o derivar al paciente a otros profesionales (si fuera necesario) y combinar los métodos y tratamientos.
Afortunadamente, crece el interés de los médicos en los métodos holísticos; las instituciones de formación continua reciben demandas de los cursos de posgrado para los profesionales de la salud. Mi sueño y mi ambición es organizar un máster de medicina holística invitando a docentes de primer nivel de todo el mundo. ¡A ver si es posible que este plan maravilloso se realice! Ya os contaré.
¿Para qué te cuento todo esto? Para que puedas ver las ventajas de las dos medicinas y no negar ninguna de ellas, sino bene-
ficiarte de ambas, de su combinación. Y también para que seas indulgente con los médicos convencionales, que insistas en tus opiniones y que obtengas un conocimiento en el campo de las ciencias de la salud que te permita mantener una actitud abierta y tolerante.
No malgastes el tiempo recordando y recriminando a algunos profesionales que no te han atendido bien o no te han entendido. Recupera una actitud positiva y la confianza en ambas medicinas. Conviértete en el maestro de tu cuerpo y de tu bienestar.
Prevenir, comer bien, moverse, beber agua, descansar, relajarte, sonreír, depurarte...: esos son tus pequeños objetivos que vas a ir cumpliendo paso a paso. Con ellos alcanzarás las metas más altas.
M.ª LUISA OCHOA TREPAT
La salud es el bien más preciado que nos permite alcanzar la felicidad, que ha de ser el objetivo de nuestra existencia, pero en nuestra sociedad tener salud es un bien escaso.
Yo perdí parte de mi salud en un punto álgido de mi vida en que el cáncer apareció sucesivamente en tres personas del seno de mi familia. Ayudar a los dos que no superaron la enfermedad en su trance hacia una nueva vida y acompañar al tercero en su curación produjeron en mi persona un desajuste interior derivado del sufrimiento mutuo que todos vivimos.
Tras recorrer varios consultorios médicos e innumerable variedad de tratamientos, el universo, que es muy sabio, a tra-
vés de mi buen amigo osteópata David Ponce, puso en mis manos el libro Inteligencia digestiva, de la doctora Irina. Lo leí de forma voraz y decidí ponerme inmediatamente en sus manos. Cuando la providencia actúa, no es baladí, y vi en su persona y en su expresión la certeza de que me encontraba en el camino adecuado para reencontrarme con mi salud.
Irina tiene la sabiduría de compaginar la medicina holística con la convencional de modo que con ambas técnicas te puedas sanar.
En mi peregrinaje médico de estos años saqué una conclusión: «El médico y la medicina que aplique ha de curar, con mejorar los síntomas no basta». Hay que comprometerse con el enfermo y curarlo, e Irina es lo que hace. Le manifiesto públicamente mi gratitud por ello.
Pero su trabajo no va solo dirigido a los pacientes individuales que pueda tratar, sus inquietudes y compromisos con la salud de las personas han hecho que pudiéramos traspasar la relación médico-paciente para acceder a una incipiente relación de colaboración con el fin de que a través de la Universidad de Lleida, a la que pertenezco como docente, pueda ofrecer un máster de medicina holística para todo el profesional que esté interesado en ampliar sus conocimientos sobre la materia. Esperamos las dos con ilusión que este proyecto pueda ser pronto realidad, mientras, espero disfrutar con ustedes de la lectura de este nuevo libro suyo.

Índice

Agradecimientos     15
Prólogo, por Soledad Arroyo Sánchez     21
Prefacio. Las dos medicinas     27


PRIMERA PARTE
EL EQUILIBRIO INTERIOR

CAPÍTULO 1. EL ESPEJO: LOS SIGNOS EXTERNOS
DEL ESTADO INTERIOR     37

CAPÍTULO II. EL PLACER DEL BIENESTAR     43

CAPÍTULO III. LOS CONCEPTOS DE LA DESINTOXICA-
CIÓN CORPORAL     53
Un poco de historia     53
¿Por qué hace falta depurar el cuerpo?     58
SEGUNDA PARTE
NUESTROS SISTEMAS DE DEPURACIÓN

CAPÍTULO IV. SISTEMA TEGUMENTARIO. LA PIEL:
DOS METROS CUADRADOS DE INTIMIDAD     63
La piel a lo largo de la historia     64
La corteza de tu planeta     70
Comunicación y respiración de la piel     74
¿El olor o el hedor?     75
Las glándulas mensajeras y depuradoras     78
Depurar la piel. Concepto exterior e interior     82

CAPÍTULO V. SISTEMA DIGESTIVO: UN LABERINTO
CON MUCHAS TRAMPAS     91
Depuración digestiva y equilibrio de salud     91
Curiosidades anatómicas y funcionales     93
El viaje por el laberinto digestivo     94
La boca     98
El esófago y el estómago     107
Malestar digestivo     109
Nuestro ecosistema interno. ¿Quién controla a
quién?     110
Microbioma humano     111
Una buena intención puede tener un precio alto     112
Conceptos de la defensa     114
Microbios en nuestra mente     116
Tu «yo» bacteriano     120
CAPÍTULO VI. SISTEMA URINARIO: LOS FILTROS
Y LOS DELICADOS GRIFOS     123
La estructura, las funciones y las confusiones     123
Depuración de la sangre     126
La vejiga     127
La uretra. Diferencias     129
Mil razones para cuidar los riñones     130
La superación     131

CAPÍTULO VII. SISTEMA LINFÁTICO: UNA RED DESCONOCIDA DE RÍOS BLANCOS     135
Qué es y dónde se esconde     135
Secretos de la microcirculación     136
Agente 007     137
Ganglios linfáticos     139
El sistema linfático y el cáncer     141
Las defensas especializadas     143
Sobre la depuración y mantenimiento linfático    145

CAPÍTULO VIII. SISTEMA RESPIRATORIO: LA JUNGLA AMAZÓNICA DEL CUERPO     149
El lujo de respirar     149
Curiosidades anatómicas y funcionales     151
La función depurativa     154
Sobre el asma infantil     155
La depuración respiratoria     158
El amigo cigarrillo     164

 

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