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El origen y las propiedades del aura Maximizar

El origen y las propiedades del aura

Oscar Bagnall (aut)

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  • Describe los efectos de las enfermedades en el aura
  • Analiza la importancia del factor hereditario respecto al aura
  • Detalla las instrucciones para la preparación de pantallas a través de las cuales se puede ver el aura.

Más detalles

9788491110743

En esta obra, Bagnall describe tanto los efectos de las enfermedades en el aura interior como los que derivan de las afecciones nerviosas y sexuales en la neblina exterior que va más allá del aura. El autor analiza también la importancia del factor hereditario respecto al aura. Asimismo, en esta obra Bagnall detalla las instrucciones para la preparación de pantallas a través de las cuales se puede ver el aura, y ofrece una clara explicación sobre la longitud de onda y otros problemas físicos relacionados con este extraordinario campo electromagnético.

  • Formato: 15,5 x 23,5 cm
  • Páginas: 152

Oscar Bagnall –seguidor del interesantísimo trabajo realizado por el fallecido Dr. Walter J. Kilner, radiólogo especialista y autor de La atmósfera humana, estudio de las radiaciones que emanan del cuerpo humano–, ofrece en esta obra una detallada descripción de las propiedades del aura, a la vez que aporta las pruebas de sus descubrimientos acerca de los tejidos a partir de los cuales se originan las partes que com- ponen el aura.

  • Traducción: Raquel Mosquera

Introducción

Con cierto recelo y no poca reticencia asumo la tarea de pre­sentar un libro que trata el polémico tema de la neblina que rodea un cuerpo vivo.
Durante mucho tiempo se ha supuesto que los seres humanos están rodeados por algo que ha sido bautizado con el místico nom­bre de «aura»; un nombre que la ha envuelto en un velo de roman­ticismo y fantasía excluyéndola casi totalmente de cualquier inves­tigación científica seria.
Videre est credere ha sido desde siempre el lema de los escépticos, ya que el aura (utilizo esta palabra a falta de una más apropiada) ha sido lo más difícil y prácticamente imposible de ver hasta ahora; pero pocos se han molestado en indagar más en ello.
Muchos científicos, sin embargo, admitirán la posibilidad de su presencia; muchos estarán de acuerdo en que existe cierta probabi­lidad más que una simple posibilidad. Creo que tengo razón cuan­do digo que el único trabajo destacable que ha sido publicado tra­tando el tema como un todo desde un punto de vista científico fue el del doctor Walter Kilner, especialista en rayos X fallecido hace años. Él afirmó haber visto el aura, haberla examinado en detalle y haber utilizado su apariencia como ayuda para diagnosticar enfer­medades. Su libro es, en general, una colección de casos interesantes la mayoría de los cuales datan de antes de la guerra. Desde su muer­te el tema se ha dejado en suspenso, al menos por lo que a publica‑

ciones se refiere, aunque aquellos interesados en lo oculto han escri­to mucho sobre ello.
Mi intención es presentar algunas propiedades que considero que pertenecen al aura y las cuales respaldaré con pruebas científi­cas experimentales. He demostrado para mi propia satisfacción que los resultados de estos experimentos son correctos y los trataré, por consiguiente, como hechos. Puede que casualmente mi teoría enca­je con las teorías de otros y, de este modo, proporcione argumentos comunes para avanzar mutuamente a lo largo de un terreno aún por explorar.
Han pasado ya unos años desde que empecé a experimentar. Es­taba interesado en las pantallas de colores y sus efectos en la retina con respecto al daltonismo. Tuve muchas dificultades para obtener una pantalla de color azul puro, ya que estas parecían haber sido monopolizadas por los alemanes. Al fin, hace relativamente poco, conseguí crear una pantalla azul satisfactoria, y después de haber estado usándola descubrí dos hechos interesantes.
Creo que el primero será atractivo para algunas personas a las que este tema no les resulte indiferente. Sucedió de una forma bas­tante natural. Era verano y me había levantado temprano para de­dicar unas cuantas horas de trabajo a mis pantallas antes de las once, cuando tenía que jugar al cricket.
Debería mencionar que recientemente he pasado la barrera de los cuarenta, y quizá por haber utilizado el microscopio más de lo que debiera, he descubierto que mis ojos están empezando a tener di ficultades en distinguir objetos cercanos. En esta ocasión en con­creto, había pedido que me dejaran fuera del equipo, ya que tenía mucho trabajo que hacer y el partido duraba dos días. Sin embargo, sucedió lo inevitable y me convencieron para jugar. Perdimos el sorteo a cara o cruz y, acto seguido, me vi agachado tras los palos cuando una hora antes me había sensibilizado los ojos para ver on­das hipercortas. Las tres primeras series de lanzamientos fueron rá­pidas, no perdimos ningún set y todo fue bien, pero tenía mis dudas sobre lo que pasaría cuando entraran los lanzadores. Me llevé la mayor sorpresa de toda mi vida, una realmente buena, ya que ese día todas las pelotas cayeron directamente en mis guantes. Mi vista había rejuvenecido. Busqué el segundo descubrimiento deliberada­mente con el fin de confirmar la autenticidad del primero. Probé el efecto con el foco de mi microscopio y, efectivamente, obtuve la confirmación que quería.
Cuando usaba el instrumento con mis ojos sensibilizados, siem­pre tenía que alterar el foco que le había ido bien a la retina insen­sibilizada mediante un ajuste considerablemente brusco.
Muy contento de haber recuperado la vista, empecé a trabajar para considerar la causa. Se me ocurrió que posiblemente podría ser capaz de ver rayos con longitudes de onda ultracortas, así que expe­rimenté con diferentes tipos de luz. Finalmente, pude ver una ne­blina que rodeaba el cuerpo humano.
Suponiendo que esta neblina está formada, al menos en su ma­yor parte, por ondas de una longitud más corta que la luz visible, estaba claro que estos rayos sólo se harían visibles cuando se hubie­ra producido un cambio en la retina del ojo cuyo resultado era su sensibilización a las longitudes de onda ligeramente más cortas de lo que normalmente puede apreciar.
Como el aura no se puede ver en total oscuridad, se deduce que el cuerpo no emite la cantidad suficiente de rayos como para esti­mular el sentido de la vista.
Es imposible realizar una afirmación rápida y rotunda respecto a la cantidad de luz necesaria o el color más adecuado como fondo. Son cuestiones que cada observador debe contestar por sí mismo valién­dose y guiándose sólo por su experiencia personal. La mayoría de la gente prefiere una habitación oscurecida por cortinas gruesas para que la luz del día se difumine a través de ellas. Tener persianas de sarga negras, una en un rodillo en lo alto de la ventana para bajarla, y una en otro rodillo en la parte baja para subirla, puede ser de ayuda. De este modo se puede obtener un doble grosor si fuera necesario.

El sujeto bajo observación debería estar de pie al otro lado de la habitación, de cara a la ventana. El color de fondo que prefiere la mayoría de la gente es o bien negro o un rojo oscuro.
Personalmente prefiero que la habitación no esté demasiado os­cura. También prefiero un fondo más claro que la mayoría.
La luz debe adaptarse para que sea adecuada tanto para el obser­vador como para las condiciones. Como norma general, un buen día para hacer fotografías es un buen día para inspeccionar el aura, pero esta norma no es infalible. No se puede decir con ningún gra­do de certeza que un día determinado no será bueno para ver el aura, como tampoco cuando salimos de caza podemos decir que no habrá rastro. Uno de los rastros más recientes que recuerdo fue via­jando a lo largo de un arroyo que me llegaba a la altura de la cintu­ra un día en el que parecía no haber ningún tipo de humedad en el aire. Así que también he visto muy claramente el aura incluso en medio de una tormenta.
Esta aura que rodea el cuerpo ha sido a menudo definida como una especie de halo. Siempre asocio un halo con parte de la indu­mentaria de un santo, algo irreal y «representado de forma extraña en un libro sin leer y que huele a humedad». La neblina que intento tratar no es el adorno de un santo, sino que brilla del mismo modo tanto en los justos como en los injustos y cuya cualidad creo que es influenciada más por la salud y la habilidad mental que por ningún factor que tenga que ver con la justicia.
Una vez más, el halo áureo ha sido confundido con lo sobrena­tural en general y con los fantasmas en particular. Claramente nada como esto puede ser emitido por un cuerpo a no ser que el cuerpo esté presente para emitirlo. Incluso el Verdugo de la Reina de Cora­zones admitiría esta lógica.
Permítanme decir aquí que no es mi intención hacer ningún tipo de referencia a la intercomunicación entre aquellos que están entre nosotros y los que han fallecido. Nunca he intentado contac­tar con los muertos, y dado el caso, sería de muy mal gusto por mi
parte menospreciar esta práctica. Defino la palabra «aura», tal y como la uso, simplemente como una neblina emitida por un cuer­po viviente. Espero mostrar lo que es e incluso sugerir las partes del cuerpo en las cuales tiene su origen. Todavía no se manejan sufi­cientes datos que justifiquen cualquier deducción definitiva en cuanto a dónde tiene su origen exactamente. Pero hay muchas pruebas que son, como mínimo, significativas. «La sabiduría aporta dudas, excepciones y limitaciones, las cuales son obstáculos para las afirmaciones rotundas»

Índice
 
Introducción ................................................................................. 7
Capítulo 1
La apariencia del aura común ................................................ 13
Capítulo 2
Propiedades físicas  ............................................................... 25
Capítulo 3
Equipo y cómo usarlo ............................................................ 35
Capítulo 4
¿Es el aura interna nuestro campo eléctrico?  ....................... 47
Capítulo 5
Un breve resumen de:
La estructura del ojo
El espectro  ........................................................................ 61
Capítulo 6
Imágenes fantasma y sensaciones visuales  ........................... 73
Capítulo 7
Colores complementarios ..................................................... 83
 
Capítulo 8
La neblina externa y el sexo .................................................. 89
Capítulo 9
La neblina externa y el sistema nervioso  ............................. 97
Capítulo 10
El efecto de las enfermedades en la neblina externa  ........ 103
Capítulo 11
El aura a través de los ojos de los animales  ....................... 111
Capítulo 12
El factor hereditario  ........................................................... 123
Capítulo 13
Posibilidades........................................................................ 137
Índice analítico  ...................................................................... 143

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