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Comer sí da la felicidad Maximizar

Comer sí da la felicidad

Felipe Hernandez Ramos (aut)

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Alimentación para combatir el estrés, la depresión y otros trastornos

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9788490569191

Muchos estudios auguran que la depresión nerviosa va a ser la epidemia del futuro y todos sabemos que ya hoy en día son desgraciadamente muy comunes el estrés, la angustia y la ansiedad, el insomnio, el miedo, los trastornos de alimentación, la hiperactividad infantil y los trastornos de aprendizaje. El reconocido especialista en nutrición ortomolecular Felipe Hernández Ramos advierte que el auge de estos trastornos ha coincidido con el deterioro de la calidad de nuestra alimentación y subraya la relación inequívoca entre la nutrición y el desequilibrio emocional. Así un déficit de ácido ascórbico puede provocar irritabilidad, un déficit de ácido fólico, insomnio; uno de calcio o cinc, alteraciones graves del sistema nervioso. En este libro explica los diferentes trastornos y propone para cada uno de ellos una alimentación y unos suplementos nutricionales que pueden reducir drásticamente a necesidad de medicamentos. Comer bien nos da salud y también bienestar emocional, felicidad.

Felipe Hernández Ramos

La cultura sanitaria de Felipe Hernández es muy variada, habiéndose formado en campos como la Nutrición Clínica, la Psicología, la Educación Física y las Medicinas Complementarias. De sus doce años de experiencia práctica en consulta, diez han sido compaginados con su labor docente, impartiendo conferencias, dirigiendo congresos y formando a otros profesionales, de toda la geografía Española. Desde hace cuatro años es el Coordinador para España de la A.F.M.O. (Asociación Francesa de Medicina Ortomolecular), es el Director de la revista profesional INFO-INCA, especializada en Nutrición Ortomolecular. Ha sido recientemente nombrado Presidente
de A.E.N.O.C. (Asociación Española de Nutricionistas Ortomoleculares Cualificados), es además, Director Académico de la ‘Formación Continuada en Nutrición Ortomolecular’ que se imparte en Barcelona y que coordina a algunas de las entidades y profesionales más prestigiosos del sector de la Biología Nutricional y la Medicinas Complementarias. Pionero en España en la práctica y docencia en Nutrición Ortomolecular, puede hablar con rigor y apoyo científico sobre los comunes errores dietéticos de la alimentación actual, desenmascarando con elocuencia muchos de los fraudes agroalimentarios de nuestra época.

CONTENIDO

Prólogo del doctor Javier Javier Aizpirri Díaz 11
Prólogo del profesor Pedro Jara Vera 15
PARTE I
LAS CLAVES DE LA ALIMENTACIÓN PARA UNA BUENA SALUD EMOCIONAL
1. Presentación 23
2. Un poco de historia: El nacimiento de la psiquiatrÍa or
tomolecular 29
3. Relación entre nutriciÓn y salud mental 39
4. La psiconeuroinmunoendocrinología: «La interrelación manda» 45
5. Experiencias y observaciones que apoyan la visión hu
mano-holÍstica de la salud 53
PARTE II
TERAPIA NUTRICIONAL PARA LOS PRINCIPALES TRASTORNOS MENTALES Y EMOCIONALES
6. ¡Que no te venzan el estrés, la ansiedad, la angustia y los miedos! 65
7. Afrontando la depresión nerviosa, «el mal de nuestra era» 89
8. Los trastornos del apetito y «el altar de la belleza»: Anorexia, bulimia y apetito compulsivo 119
9. Hiperactividad infantil y trastornos del aprendizaje 145
lo. La dieta óptima para el cerebro 171
11. Algunos enemigos de la salud mental 193
12. Guía de nutrientes para el cerebro 203
PARTE III
¿QUÉ MÁS PUEDO HACER?
13. Psicología humanista: «En busca de una psicoterapia más humana» 255
14. La Programación Neurolingüística (PNL): «Una visión flexible de la psicoterapia» 263
15. Sofrología: «Tratado sobre la serenidad de la mente» 293
16. Las esencias florales del doctor Bach: «Las esencias del corazón» 301
17. Ejercicio físico «que da vida» 321
18. Reflexiones a modo de conclusión 327

Bibliografía 331

1. PRESENTACIÓN

¿Qué fue primero? ¿La gallina o el huevo? Esta frase se ha conver­tido en una especie de eslogan que se aplica en situaciones en las que nunca se puede afirmar con rotundidad si una de las premi­sas precede a la otra. Por ejemplo, en casos como la depresión ner­viosa, la ansiedad, los miedos y los desequilibrios emocionales en general, ¿qué fue primero? ¿Fue el desajuste en la bioquímica ce­rebral lo que desencadenó el problema, o fueron los factores ex­ternos, las circunstancias de la vida? En la última década he escu­chado y leído a diferentes profesionales de la salud mental y de la salud en general defender con afán una de las dos posiciones.
Algunos terapeutas señalan, en ocasiones con demasiada frivo­lidad, que todo depende de la manera en que uno se toma la vida, de la manera en que se enfrenta a las situaciones angustiosas, de sus mecanismos de protección emocional, y que tan sólo con un cam­bio de pensamiento o de «visión de la vida» se pueden solucionar los sentimientos y emociones negativas que causan el sufrimiento.
Por otro lado, los investigadores y clínicos de la psique y su bioquímica han demostrado con argumentos científicos de peso que el desequilibrio en ciertos neurotransmisores y las enzimas que los sustentan puede ser una causa más que suficiente para que se desencadene cualquiera de los trastornos mencionados.
Pero la pregunta subsiste. ¿Qué fue primero? Lo cierto es que, para quienes vemos al ser humano como una unidad que no debe ser «loncheada» o dividida en porciones, y que pensamos que la in‑
terrelación entre mente y cuerpo es irreductible, la pregunta deberÍa plantearse de otra manera. ¿Por qué existen los médicos del cuerpo y los médicos de la mente? Como afirmó Platón: «Uno de los gran­des errores de la medicina ha sido tener médicos para el alma y mé­dicos para el cuerpo, puesto que los dos aspectos no pueden sepa­rarse». Soy consciente de que plantear semejante cuestión puede parecer un tanto soberbio, ya que supone poner en entredicho mu­chos de los pilares que sostienen la actual medicina especializada.
Como reconoció el doctor Seignalet en su obra La alimenta­ción, la tercera medicina:
¿Cómo puede ser que, con los grandes progresos realizados en nu­merosas ciencias, todavÍa seamos incapaces de comprender el fun­cionamiento de tantas enfermedades? He aquí una posible respues­ta. La creciente complejidad de la medicina ha llevado a la mayor parte de clínicos e investigadores de alto nivel a una especialización cada vez mayor. Por lo tanto, sólo conocen algunas facetas de un es­tado patológico, pero no las otras. Esta visión parcial les impide al­canzar una comprensión global del problema.
Estas afirmaciones fueron hechas por uno de los profesionales de la salud con una carrera más dilatada, cuarenta años dedicados a la medicina y la biología, y considerado actualmente como uno de los mayores expertos mundiales en el área de la nutrición terapéuti­ca. En efecto, la visión holÍstica de la salud hace que la etiología de trastornos en apariencia tan diferentes concurra en una misma di­rección: alimentación-intestino-emociones. Además, nos señala de manera inequívoca un camino diferente, una terapéutica más hu­mana y alejada del «despiece especializado» que trata al individuo «en porciones». La alimentación terapéutica y su vertiente ortomo­lecular (que analizaremos más adelante) debe ser la medicina del futuro, la verdadera medicina preventiva y etiológica. Sumada al bienestar emocional inducido mediante terapias humanistas, debe servir para dejar la salud de cada persona en sus manos, mediante un modo de vida activo. El profesional de la salud tiene que ser más
un profesor o un maestro de la salud, y la medicina convencional, siempre necesaria, debería ser el último recurso.
Con mi primera obra, Que tus alimentos sean tu medicina, creo que establecí con claridad la relación entre alimentación y salud, y en qué medida las subcarencias de nutrientes esenciales pueden desencadenar alteraciones en las reacciones enzimáticas, intrínsecas a la vida, y originar numerosas afecciones crónicas y, en muchas oca­siones, degenerativas. El equilibrio emocional es el pilar en el que se sustenta el concepto de salud que propugno desde hace años y al que dedico infinidad de conferencias dirigidas a médicos y terapeutas.
No es casualidad que el primer fundamento del método INCA (Instituto de Nutrición Celular Activa) sea el bienestar emocional, ya que el factor más importante para conseguir y mantener la salud es una «actitud mental positiva constante». Día a día se acumulan las pruebas de que lo que pensamos, sentimos y creemos en nues­tro interior tiene un tremendo efecto en la forma en que funciona nuestro cuerpo. Nuestra mente es sumamente poderosa, a pesar de que sólo utilicemos una pequeñísima parte de sus capacidades. Se han escrito infinidad de libros, especialmente los llamados de auto-ayuda, sobre cómo tomar medidas adecuadas para conseguir la au­torrealización personal, pero con frecuencia se olvida a quien acuñó este término: Abraham Maslow, el padre de la psicología humanis­ta, que revolucionó la psicología de su tiempo. Le dedicaré algunas reflexiones más adelante.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) no define la sa­lud como la mera ausencia de enfermedad, sino como «un estado
de completo bienestar físico, mental y social». Esta definición me parece muy acertada, ya que proporciona un ámbito positivo de la salud que va más allá de la ausencia de enfermedad.
A menudo se reduce la salud a una cuestión de responsabilidad individual: la elección de una alternativa sana sobre otra menos
sana. Por ejemplo, elegimos hacer ejercicio físico como rutina, en lugar de mantener una actividad sedentaria, o comer alimentos de la mejor calidad a tomar comida basura. Si uno quiere estar sano
debe escoger opciones sanas. Esto es indiscutiblemente cierto en el caso de nuestros pensamientos, nuestras emociones y el uso que damos a nuestro tiempo. Debemos canalizarlos hacia una alterna­tiva u opción sanas.
Cuando se trata de asesorar a quien nos consulta sobre cómo disfrutar de la mejor salud posible, es necesario que, dada nuestra condición de profesionales de la salud, asumamos nuestro rol de formadores y educadores sobre hábitos de vida. Ello incluye orien­tar a quienes tenemos delante hacia modos de vivir y de pensar po­sitivos que conduzcan a su equilibrio y bienestar emocional.
Hay que lamentar que, aunque la idiosincrasia de la nutrición ortomolecular está claramente relacionada con la medicina pre­ventiva, no es extraño que nos consulten personas que presentan trastornos ya diagnosticados clÍnicamente, ya sean emocionales o psíquicos. Desde hace años he observado que las terapias médi­cas, sean convencionales o no, se ven respaldadas y potenciadas con una buena higiene alimentaria, es decir, con buenos hábitos de alimentación. Esto también es cierto en los trastornos que aho­ra nos ocupan, como la depresión, la ansiedad, los trastornos del apetito, la hiperactividad infantil, etc. Como veremos en los pró­ximos capítulos, ciertos hábitos alimentarios están directamente relacionados con algunas alteraciones emocionales, y en algunos casos incluso son parte fundamental de la etiología del problema.
Además, la nutrición ortomolecular tiene sus orígenes en la llamada psiquiatría ortomolecular. Los padres de ésta eran psi­quiatras y bioquímicos que observaron la estrecha relación que existe entre la bioquímica cerebral alterada, las enfermedades psi­quiátricas y su corrección mediante ciertos nutrientes si se apor­tan en cantidades óptimas.
El primero en utilizar el término «ortomolecular», en 1969, fue el matemático, físico y bioquímico estadounidense Linus Pau­ling, ganador de los premios Nobel de Química (en 1954) y de la Paz (en 1962). Pauling citó en la revista Science los trabajos reali­zados por el doctor Hoffer, quien había tratado a pacientes psi­quiátricos con suplementos proteínicos, y vitaminas C y B3 en cantidades superiores a lo convencional. Según Pauling, esta tera­pia consiste en «proporcionar a cada persona la concentración óptima de los componentes normales más importantes del cere­bro; de hecho, puede ser el mejor tratamiento para muchos pa­cientes que sufren trastornos mentales». Definió la psiquiatrÍa or­tomolecular como «un tratamiento de las enfermedades mentales que consiste en favorecer el entorno molecular óptimo para la mente y, sobre todo, la concentración óptima de las sustancias que están normalmente en el organismo humano». Utilizaba la palabra «mente» por ser el sinónimo más apropiado del funcio­namiento cerebral. En su opinión, es el cerebro el que le propor­ciona a la mente su entorno molecular.
Esta definición, y el razonamiento subsiguiente, comportó un camino nuevo diametralmente opuesto al de los tranquilizantes y otros fármacos utilizados para tratar las enfermedades mentales.
Se partÍa de la sintomatologÍa psíquica que se debe a trastornos del sistema nervioso central nacidos de fallos del metabolismo, como por ejemplo los defectos genéticos o la concentración ina­decuada de moléculas en el organismo. Las enfermedades menta­les aparecen cuando hay carencias de las moléculas adecuadas, en la proporción adecuada. Es un hecho que estas moléculas y las en­zimas relacionadas son dependientes de ciertas vitaminas, mine­rales, oligoelementos, ácidos grasos esenciales y aminoácidos.
No obstante, debo aclarar algo. No estoy dando a entender que en cualquier caso se pueda prescindir de entrada de la terapia a base de medicamentos. Sin embargo, afirmo que a medio y largo plazo la terapia ortomolecular puede reducir los medicamentos, que por otro lado no son anodinos, e incluso prescindir de ellos. Es más, especialistas en terapia ortomolecular de todo el mundo hemos comprobado que ciertos trastornos psíquicos de enverga­dura remiten por completo con el uso exclusivo de esta terapia.
La psicoenergética ortomolecular es el término que utilizo para englobar todas las acciones terapéuticas ya citadas y otras que tie­nen como objetivo mantener o recuperar una buena salud mental, emocional y sentimental, como demuestra el siguiente esquema:
 

  • Autor/es: Felipe Hernández
  • Editorial Integral (RBA)
  • Formato 14,0 x 21,3 cm
  • Páginas 336
  • Encuadernación Rústica con solapas (tapa blanda)

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