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Recetario de plantas medicinales

José Fernández Pola (aut)

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12500 recetas para 700 enfermedades

Ilustrado con 200 fotografías en color

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9788428209120

Las plantas medicinales vienen siendo usadas por el hombre para curar sus dolencias desde tiempos remotos, utilizadas de modo instintivo, como hacen hoy en día algunos animales para purgarse o para reducir el efecto de la mordedura de una víbora. Por tanto, bien podríamos decir que cumplen su función curativa desde antes que apareciera el hombre en la Tierra. Se conocen papiros sumerios y egipcios de una extraordinaria antigüedad, que venían a ser ya verdaderos tratados de Fitoterapia, por la extensión y detalle con que abordaban el tema.
Por tanto, los remedios naturales no se han abandonado totalmente, a pesar de los extraordinarios avances de la química farmacéutica. Muy al contrario, hoy en día las plantas silvestres no serían capaces de abastecer el mercado y ha sido necesario recurrir a grandes plantaciones para poder atender no solo a los primitivos usuarios, sino sobre todo a los grandes laboratorios, que extraen de estas plantas las sustancias que antes habían sido utilizadas en forma de simples remedios caseros.
Así pues, de un modo u otro, directa o indirectamente, al natural o concentradas, se siguen empleando hoy en día, volviendo incluso a recuperar el prestigio que no debían haber perdido nunca.
En la confección del presente libro se ha hecho una gran purga de aquellas plantas con virtudes terapéuticas poco seguras, de otras exóticas de difícil hallazgo incluso en las herboristerías y de un sinfín de otras que, aun poseyendo propiedades seguras, tienen un uso muy limitado y no harían más que engrosar y complicar innecesariamente el texto. Así, de unas 900 plantas examinadas, se han conservado tan sólo 295, y las 18 000 recetas clasificadas en un principio han quedado reducidas a 12.500.
 
Recetario (por orden alfabético de enfermedades). Porcentaje de medicamento a suministrar en función de la edad y del peso de la persona. Pesos y volúmenes de uso corriente en Fitoterapia. Equivalencia entre tanto por ciento y cucharadas por taza. Equivalencia entre tanto por ciento y gramos por litro o por fracción o múltiplo de litro. Formas de preparación y administración más usuales. Cantidades de alcohol de 95º y agua destilada a mezclar para obtener una graduación y un peso determinados de mezcla. Recolección. Época de recolección de las plantas medicinales. Conservación. Pérdidas de peso aproximadas que experimentan algunas plantas tras la desecación. Plantas medicinales usadas en el recetario y relación de sus propiedades e indicaciones.

Prólogo

El desarrollo experimentado en la última década por las llamadas medicinas alternativas ha devuelto protagonismo a las propiedades curativas de las plantas medicinales. Consecuentemente, el tratamiento de enfermedades mediante el uso de plantas se ha desprendido del lastre de anacronismo con el que se le había etiquetado desde su sustitución por los fármacos obtenidos por síntesis química.
Esta eclosión del interés por la Fitoterapia ha comportado que esta rama de la Medicina desbordase los límites de las reservas sociales a las que se había visto abocada: por una parte, excede las fronteras académicas de los centros universitarios farmacéuticos y, por otra, deja de ser patrimonio de las olorosas, arcaicas y casi misteriosas herboristerías, testimonios ancestrales de la actividad comercial que parecía no haber seguido la normal evolución de los tiempos. De esta socialización de la Fitoterapia es reflejo el gran número de libros que, dedicados a un público no especializado, se han publicado en los últimos años acerca de las propiedades curativas de las plantas. Sin embargo, ante uno de estos textos el lector puede en bastantes ocasiones no saber realmente qué parte de las mismas emplear ni cómo hacerlo. Otras veces es la heterogeneidad de las propiedades de una planta o la ambigüedad en la dosificación lo que confiere a un libro cierto halo críptico.
En este aspecto, el RECETARIO DE PLANTAS MEDICINALES de J. Fernández-Pola no es simplemente un libro a añadir a la larga lista de publicaciones sobre plantas medicinales. En la línea de su primera obra, PLANTAS MEDICINALES. UN RECETARIO BÁSICO, el texto que tenemos entre manos representa el compendio de un número de libros superior al que cualquier aficionado provisto tanto de una paciencia jobiana como de una extensa biblioteca, hubiera podido consultar. Pero no es sólo esta ardua tarea de compilación lo que caracteriza el RECETARIO DE PLANTAS MEDICINALES. Se podría decir que el libro es un modelo de pragmatismo. Toda la información que proporciona se centra básicamente en dos aspectos: las enfermedades que la terapia con especies vegetales pretende tratar y los medios para llevar a cabo esta acción curativa. Bajo este punto de vista, solventa el problema de la dosificación mediante tablas porcentuales de dosis según la edad, sexo y constitución física, proporciona las relaciones entre peso y volumen, así como detalla de forma sencilla —pero exhaustiva— cómo preparar las diferentes formas farmacéuticas con las que administrar los principios activos obtenidos de las plantas medicinales.
J. Fernández-Pola nos ofrece, por tanto, una gran obra, pareja al gran apego que siente por todo aquello que se relaciona con la Naturaleza. ¿Quién que no posea esta atracción es capaz de patearse horas y horas los pocos parajes de nuestra geografía en los que todavía es posible confundir la realidad con el sueño para obtener unas fotografías de cierta planta de la que ya posee varias decenas en sus archivos, pero que «esta semana seguramente estará empezando a florecer»?

Dr. loan Estelrich Prof. Titular Facultad de Farmacia Universidad de Barcelona

Introducción

Las plantas medicinales vienen siendo usadas por el hombre para curar sus dolencias desde tan lejanos tiempos que éste aún apenas merecía el nombre de tal, sirviéndose de las mismas de modo instintivo, como hacen hoy en día algunos animales para purgarse o para reducir el efecto de la mordedura de una víbora. Por tanto, bien podríamos decir que cumplen su función curativa desde antes que apareciera el hombre en la Tierra.
Se conocen papiros sumerios y egipcios de una extraordinaria antigüedad, que venían a ser ya verdaderos tratados de Fitoterapia, por la extensión y detalle con que abordaban el tema.
Durante muchos siglos, casi el único recurso de que disponía el médico eran las plantas medicinales. El posterior desarrollo de la química y, con ella, de la industria farmacéutica, permitieron la obtención concentrada de los principios activos de las plantas y la fabricación de medicamentos de alto poder curativo, y, en una segunda fase, incluso la síntesis orgánica de muchos de ellos, bien sea sin el recurso hasta entonces obligado de aquéllas, bien en otros casos con la ayuda de ciertos materiales orgánicos.
Por tanto, los remedios naturales no se han abandonado totalmente, a pesar de los extraordinarios avances de la química farmacéutica. Muy al contrario, hoy en día las plantas silvestres no serían capaces de abastecer el mercado y ha sido necesario recurrir a grandes plantaciones para poder atender no sólo a los primitivos usuarios, sino sobre todo a los grandes laboratorios, que extraen de estas plantas las sustancias que antes habían sido utilizadas en forma de simples remedios caseros.
Así, pues, de un modo u otro, directa o indirectamente, al natural o concentradas, se siguen empleando hoy en día, volviendo incluso a recuperar el prestigio que no debían haber perdido nunca, por la clara confirmación que la ciencia hace actualmente de su valor curativo, en muchos casos incluso con una neta ventaja sobre los medicamentos concentrados, debido al equilibrio natural existente en la planta entre sus principios activos específicos y otras muchas sustancias (a veces bastantes decenas de ellas), que colaboran en una mejor y más espaciada asimilación y en una mayor tolerancia.
Por cierto, ha sido una bendición el que la química viniese en auxilio de la Fitoterapia, pues de lo contrario actualmente habrían desaparecido por completo plantas como el sauce, el quino y tantas más, ante la demanda masiva actual de las sustancias básicas que contienen.
En la confección del presente libro se ha hecho una gran purga de aquellas plantas con virtudes terapéuticas poco seguras, de otras exóticas de difícil hallazgo incluso en las herboristerías y de un sinfín de otras que, aun poseyendo propiedades seguras, tienen un uso muy limitado y no harían más que engrosar y complicar innecesariamente el texto. Así, de unas 900 plantas examinadas, se han conservado tan sólo en este Recetario 295, y las 18000 recetas clasificadas en un principio han quedado reducidas a 12 500. Es necesario hacer una clara distinción entre los vegetales más comunes y los poco usados o casi abandonados, y así se ha hecho aquí. Claro que con ello defraudamos a algunas personas que preferirían nombres extraños de plantas que proceden de muy lejos, de los Andes, del Himalaya, aunque en realidad no sean más eficaces que esas otras plantas de nombres vulgares que vemos por doquier a nuestro rededor.
El texto que el lector tiene en sus manos, que permite atender 700 enfermedades o afecciones, ha sido confeccionado con la idea de lograr la máxima sencillez en su manejo compatible con un alto grado de utilidad, de tal modo que el usuario encuentre rápidamente el dato que precisa sin necesidad de conocimientos especiales por encima de los que posee cualquier persona medianamente instruida. Por esto hemos prescindido en una medida razonable de tecnicismos superfluos.
El cuerpo principal del libro, el Recetario, está dispuesto en orden alfabético, pudiendo buscar indistintamente la palabra de la enfermedad o bien la de la propiedad o virtud que interese al efecto. Así, pues, lo mismo podremos intentar localizar la afección TOS o la propiedad que la cura, BÉQUICO o ANTITUSÍGENO, ya que cualquiera de ellas nos conducirá a las recetas que se habrán de utilizar. Del mismo modo sucederá con otras afecciones o virtudes, como se puede ver en la siguiente lista:

Propiedad

Indicación

 

Propiedad

Indicación

Aperitivo

Desgana, inapetencia

 

Emenagogo

Amenorrea

Laxante

Estreñimiento

 

Antilitiásico

Cálculos

Calmante

Excitación nerviosa

 

Hepático

Afecciones hepáticas

Adelgazante

Obesidad

 

Emoliente

Inflamaciones

Astringente

Diarrea

 

Antiséptico

Infecciones

Hipnótico

Insomnio

 

Hemostático

Hemorragia

Reconstituyente

Convalecencia

 

Vulnerario

Llagas o heridas

Vermífugo

Lombrices

 

Carminativo

Flatos

En todos estos casos, o bien inmediatamente se encuentran las recetas correspondientes o bien se indica la rúbrica bajo la que están reunidas las mismas.
Se ha procurado hacer constar los vocablos más conocidos con los que puede ser nombrada la afección o la virtud curativa correspondiente, por lo que en algunos casos se pueden registrar hasta 8 o 10 nombres distintos. Por tanto, podríamos afirmar que la localización de las recetas que precise el paciente está prácticamente asegurada.
Se podrá observar que consta igualmente a continuación de la palabra bajo la que se han reunido todas las recetas pertinentes la definición más o menos extensa de la enfermedad o propiedad de que se trate para que el paciente pueda comprobar si se corresponde con su caso.
En algunas ocasiones, las recetas de que aquél pueda hacer uso podrían ser muy numerosas, dejándole con la duda de cuál sería más conveniente utilizar. Aconsejamos inclinarse en general por la planta que esté más ampliamente representada y, dentro de ésta, por la receta cuya forma de preparación o de administración sea más común en la afección indicada. Por ejemplo, si se trata de ACNÉ se observará que la planta mejor representada es la BARDANA y la forma más común es la DECOCCIÓN o bien la INFUSIÓN, quedando aún un amplio margen para elegir entre varias de éstas. Esto no quiere decir que las otras no sean igualmente correctas o eficaces.
El Apéndice I trata de las formas de preparación y administración más usuales, por medio del cual el usuario puede, si lo necesita, aclarar las dudas que se le presenten sobre la forma de uso de los fármacos.
El Apéndice II está dedicado a la recolección de las plantas para las personas que prefieran este modo de adquisición sobre el de compra en una farmacia o herboristería, por el gran atractivo que puede representar para muchos amantes de la naturaleza. El Apéndice III consta de un calendario en el que se indica la época de recolección de las plantas medicinales más comunes, con indicación de la parte útil de las mismas. El Apéndice IV se refiere al trabajo de conservación de dichas plantas.
En el Apéndice V, se da también una relación completa de todas las plantas medicinales comprendidas en el Recetario, con indicación del nombre castellano, el científico y las propiedades e indicaciones propias de la planta en cuestión.
En el Apéndice VI, Tablas y gráficos, se incluye en primer lugar una relación de pesos y volúmenes de uso corriente en Fitoterapia. A continuación se inserta un cuadro que indica el porcentaje de medicamento a suministrar en función de la edad y del peso de la persona; sirve para ajustar la dosis de medicamento en cada caso particular, pues la que consta en las recetas es la que corresponde a un varón adulto de peso medio. Con su ayuda se podrá observar que, por ejemplo, una niña de 13 años muy delgada deberá emplear una dosis del 30 al 41 % de la prescrita en la receta; y un varón muy grueso de 20 años, una dosis del 120 al 140 % de aquélla. Esta variación en la dosificación es preferible efectuarla en la concentración del fármaco más que en el número de tomas al día. Sigue una relación con la pérdida de peso que experimentan algunas plantas tras la desecación. Aparece a continuación un gráfico que da la equivalencia entre «tanto por ciento» y «cucharadas por taza». Como podrá verse en el Recetario, un número muy elevado de recetas expresa la dosis en forma de porcentaje del fármaco en peso con respecto al volumen de líquido. En otros casos se indica en cucharaditas (de café o de postre) o cucharadas (normales o soperas). Además, a veces se habla de tazas, tacitas o tazones, sin mayor concreción. Todo esto deja al usuario con la duda de si no logrará efectuar la dosificación correcta y si ello puede ser o no origen de peligro. A este respecto, conviene aclarar que casi ninguna de las plantas que se incluyen en este Recetario precisa de una dosificación demasiado exacta. Para facilitar este trabajo incluimos el gráfico indicado, en el que, a partir de la capacidad de la taza empleada y del porcentaje del fármaco prescrito, se obtendrá fácilmente el número de cucharadas del fármaco a utilizar, debiendo tener únicamente en cuenta si se trata de fármacos pesados (troncos, raíces) o ligeros (flores, hojas). Un ejemplo aclarará el empleo de dicho gráfico: si disponemos de una taza cuya capacidad conocemos y que es de 200 cm' o gramos de agua y debemos emplear fármaco pesado (p. ej.raíces) al 10 %, buscamos el punto de intersección de la línea horizontal 200 y la inclinada 10. A partir de ese punto seguimos verticalmente hacia arriba y hallamos la cifra 20, que nos indica que hacen falta 20 gramos de fármaco, los cuales se pueden obtener indistintamente con 2 cucharadas soperas, 2,5 cucharadas normales, 5 cucharaditas de las de postre o 10 cucharaditas de las de café. Si se tratase de una taza de 150 gramos y el fármaco ligero (p. ej., de flores) hubiera de tener una concentración del 8 %, vemos que harían falta 12 gramos de fármaco, que se pueden obtener con 4 cucharadas soperas, 5 normales, 10 cucharaditas de las de postre o 20 de las de café. Naturalmente, el gráfico no garantiza una precisión absoluta, pues depende también del verdadero tamaño de las cucharas o cucharillas en cada caso, así como del verdadero peso del fármaco en cuestión. Éste varía no sólo con la planta, sino incluso con el grado de desecación de ésta o aun con las variaciones de composición que presenta de unos lugares o épocas a otros. De todo lo cual deducimos que se deben tomar las cifras que se dan en cada caso en las recetas como aproximativas. Caso distinto será, naturalmente, cuando se trate de alguna planta de alto poder medicinal que pudiera resultar tóxica a ciertas concentraciones algo elevadas. Pero, como ya hemos dicho, este tipo de plantas peligrosas apenas aparece en el Recetario, por lo que a efectos prácticos la aproximación que da el gráfico se puede tomar como suficiente. Si se prefiere ser más riguroso en las dosificaciones, se recomienda adquirir una balanza del tipo de pesacartas o una «pesola».
El gráfico siguiente es más adecuado para cantidades grandes de líquido, por ejemplo, para la preparación de un baño, cuando en lugar de cucharadas se desea conocer los gramos del fármaco a mezclar con una cantidad dada de agua.
Como en muchas recetas se prescribe la mezcla del fármaco con alcohol de una cierta graduación, incluimos un gráfico que permite obtener dicha graduación a partir de agua destilada y alcohol de 95° en las cantidades precisas. Si, por ejemplo, se desea obtener 1300 g de alcohol de 50°, se busca el punto de intersección de los 1300 g (rectas inclinadas 45°, de izquierda a derecha) con la graduación de 50°. Se obtendrá así la ordenada 600 y la abscisa 700que son las cantidades de alcohol de 95° y de agua destilada a mezclar (600 + 700 = 1300). Si se trata de obtener 1 kg de alcohol de 70° se verá que se necesitan unos 675g de alcohol de 95° y 325 g de agua destilada (675 + 325 = 1000).
Si bien se puede decir que, en principio, toda alteración de la salud debe ser atendida por los médicos, no se nos oculta que estos no podrían dar abasto para ocuparse de afecciones tan simples como callos, hipo, sabañones, sudor de manos y pies, agujetas, mal aliento, caspa, chichones, mareó, dolor de muelas, verrugas, etcétera. Hay un amplio campo, como se puede ver en este libro, para que el paciente atienda su salud por sí mismo, sin olvidar por ello que numerosas afecciones que parecen ser de poca importancia para el profano pueden esconder males graves, y así una afonía, una jaqueca, un estreñimiento, unas décimas de temperatura pueden ser sólo el primer síntoma de una enfermedad verdaderamente delicada. Dejamos al buen juicio del usuario la decisión a este respecto, no sin recomendarle antes la máxima prudencia.
Deseamos que este Recetario sea de frecuente utilidad para su dueño y para las personas de su entorno, y estamos convencidos de que así puede ser, dado el muy amplio campo de afecciones que comprende y la facilidad con que éstas pueden ser atajadas con sus recetas.

Índice de contenido

Prólogo            11
Introducción   13
Recetario         17
Apéndices       321
I. Formas de preparación y administración más usuales         323
II. Recolección            331
III. Época de recolección        333
IV. Conservación        337
V. Plantas medicinales usadas en el Recetario y relaciónde sus propiedades e indicaciones      339
VI. Tablas y gráficos   403
Bibliografía     411

 

Encuadernación: Tapa flexible
Impresión: Color
Año edición: 1992 / 2015
Idioma del libro: Castellano
Número de páginas: 416
ISBN: 9788428209120
Medidas: 14 (ancho) x 21.5 (alto)

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