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Tantra, un camino hacia la espiritualidad Maximizar

Tantra, un camino hacia la espiritualidad

Sashi Solluna (aut)

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UN VIAJE EN CUERPO
Y ALMA POR LOS MISTERIOS
DE LA SEXUALIDAD

La experta Shashi Solluna se centra en los aspectos espirituales y energéticos del tantra, que presenta como un camino de unión y curación

Más detalles

 

Sexo, amor, relaciones, espiritualidad… Partiendo de los antiguos textos sagrados, el tantra enlaza estos conceptos al tratar la sexualidad como un fenómeno espiritual. Consiste en unir lo que ha sido separado, la conciencia y la energía, lo terreno y lo divino, para que la vida fluya en armonía. El tantra nos permite aceptar el deseo, la pasión y el amor como un camino de despertar, pero también nos invita a explorar nuestra propia creatividad. Mediante la música, la poesía o el baile podemos atraer vibraciones divinas a esta conciencia terrena.
Shashi Solluna, maestra de tantra y artes sexuales taoístas, nos ofrece una accesible aproximación a los principios básicos de esta filosofía espiritual, desde la historia del tantra y los tipos de prácticas que abarca hasta ejercicios para explorar la propia sexualidad tántrica, a solas o con la persona amada , y propuestas para acceder a estados de conciencia elevados. Un excelente manual introductorio, que desmitifica la parte más intimidatoria del tantra y desvela sus secretos a cualquiera que sienta el impulso de experimentarlo.

Te atrae la idea de explorar los secretos de tu pro­pia energía sexual, abrirte al amor y experimentar los prodigios de la consciencia? Shashi Solluna, reconocida maestra de las escuelas más moder­nas de tantra, te inicia en los secretos espirituales de la sexualidad con el fin de que tu fuerza vital vuelva a fluir en libertad.
Diseñada para que cada cual vivencie a su propio ritmo el poder místico del amor y el deseo, esta guía nos adentra progresivamente en el descubri­miento de la propia sexualidad tántrica, desde las bases de la filosofía y los principios espiritua­les que la animan hasta la práctica propiamente dicha, que abarca meditaciones y ejercicios para realizar a solas o con la persona amada. Un camino espiritual creativo, alegre y placentero que despierta la vitalidad del cuerpo, eleva las vibraciones del alma y redunda en relaciones más profundas y satisfactorias.

Shashi Solluna

es maestra internacional de sexualidad sagrada taoísta y tantra. Su camino empezó con un grado en Psicología Experimental en la Universidad de Oxford, seguido de un viaje en busca de la verdad universal en las espirituales tierras de la India. Su búsqueda acabó por conducirla al tantra y al tao. Shashi es Sanyasin del ashram del maestro Osho desde el año 2000 y está formada como facilitadora de tantra en Agama Yoga.

Indice

Introducción       13

PRIMERA PARTE: ENTRAR EN EL MUNDO DEL TANTRA

  1. ¿Qué puede aportarte el tantra?       31
  2. La historia del tantra      40
  3. Encuentra el tantra adecuado para ti      51
  4. Desarrolla una práctica tántrica diaria      60

SEGUNDA PARTE: LOS PRINCIPIOS BÁSICOS DEL TANTRA

  1. Principio 1: todo es sagrado      83
  2. Principio 2: el deseo es un camino hacia la divinidad . .       93
  3. Principio 3: utiliza la polaridad para alcanzar la unidad      99
  4. Principio 4: sublima la energía sexual       119
  5. Principio 5: la transfiguración       128
  6. Los principios del tantra curativo       134

TERCERA PARTE: EL VIAJE TÁNTRICO

  1. Abre tu corazón      147
  2. La sanaciÓn sexual      158
  3. El despertar de la energía sexual       178
  4. El despertar de la energía de todo el cuerpo       188
  5. El arte del orgasmo tántrico       219
  6. La relación consciente      230
  7. Del karma al dharma      258

Conclusión: ¿Cómo puede el tantra servir al mundo 2       269
Bibliografía y lecturas recomendadas      273
Cursos y escuelas       277
Sobre la autora       281

Ejercicios y prácticas

Ejercicios

Ejercicio: ¿Te dejan vacío tus experiencias?      34

  • Ejercicio: Terapia Gestalt para la unión interior      105
  • Ejercicio: La escala de la polaridad Shiva-Shakti       109
  • Ejercicio: Jugar con la polaridad       112
  • Ejercicio: Elegir amigos, amantes y comunidades que te apoyen      151
  • Ejercicio: Sanar los deseos oscuros       161
  • Ejercicio: Entender los mensajes      164
  • Ejercicio: ¿Cómo es tu energía       194
  • Ejercicio: ¿Qué tipo de amante eres?       211
  • Ejercicio: La situación de tu relación actual       232

Prácticas

  • Práctica: Meditación de la intimidad inocente       37
  • Práctica: Meditaciones tántricas en la respiración      64
  • Práctica: El tandava      75
  • Práctica: Ofrenda a la Divinidad      87
  • Práctica: Mirarse a los ojos       89
  • Práctica: El círculo de luz       113
  • Práctica: Sublimar las emociones      125
  • Práctica: La transfiguración      131
  • Práctica: Escucha a tu corazón       149
  • Práctica: MeditaciÓn de Atisha para el corazón y para amarse a uno mismo      154
  • Práctica: Meditación taoísta de la «sonrisa interior»       166
  • Práctica: Baño solar genital      169
  • Práctica: La revelación genital      171
  • Práctica: Meditación Shakti       180
  • Práctica: Sonorizaciones de la Shakti       184
  • Práctica: El despertar de la energía sexual      186
  • Práctica: El masaje de los cinco elementos       208
  • Práctica: La meditación de darse placer a uno mismo      225
  • Práctica: Rezos sencillos       241
  • Práctica: Vientre contra vientre, la esencia de la intimidad .       250
  • Práctica: Magia del sexo, elevar la energía intencionadamente       261

 

Introducción

La vía del tantra está abierta a toda la riqueza de la naturaleza humana, a la que acepta sin una sola restricción.

DANIEL ODIER

La palabra «tantra» se suele traducir como «tejer» y puede compa­rarse con tejer una tela. Por consiguiente, es un camino que une tejiendo. Pero ¿qué es exactamente lo que se teje y por qué?
Sufrimos mucho cuando experimentamos una división en nues­tra vida. Cuando estamos entre la espada y la pared sentimos un conflicto interno, que también puede manifestarse externamente. Muchas veces no somos conscientes de que las pruebas que nos plantea la vida se deben a esta dicotomía interior. Por ejemplo, puede que pensemos y que digamos que queremos tener una rela­ción, pero en el fondo nos da miedo el compromiso y no consegui­mos entender por qué no atraemos una relaciÓn estable. O quizá nos demos cuenta de que estamos indecisos y sufrimos: por una parte queremos tener un trabajo y una base estable, pero por otra deseamos viajar sin ataduras.

El tantra es fusión. Es unión. Es hacer el amor.

El tantra une todo lo que está dividido, crea integridad, sana­ciÓn y totalidad para que, por fin, nuestra vida pueda fluir fácilmen­te y sintamos que «no tenemos elección». Hay un camino, una ver­dad. La vida se convierte en un río y podemos dejarnos llevar por su corriente, ya no es una compleja estrategia de planificaciÓn, un caos confuso o un doloroso campo de batalla.
Una de nuestras principales encrucijadas donde se suele crear una división en nuestra vida es entre lo cotidiano y la realidad espi­ritual. No obstante, en la metafísica tántrica se puede contemplar el mundo en dos dimensiones: horizontal y vertical.
La dimensión horizontal es el mundo que vemos a nuestro alre­dedor: nuestros amigos, familia, relaciones y experiencias. Los ob­jetos que manejamos a diario, el lugar físico donde vivimos, etcéte­ra. Para la mayoría de las personas, esto es la realidad.
La dimensiÓn vertical es el eje que va desde el cielo hasta la tierra, y, en general, es mucho menos conocido. Este aspecto de la realidad pone de relieve que unas veces podemos experimentar una realidad muy sólida (cuerpos, objetos, etc.), mientras que otras experimentamos un universo mucho menos tangible (pensa­mientos, emociones, energías e incluso estados de conciencia). Recuerda algún momento de mucha alegría o éxtasis en que nota­ras como si te estuvieras elevando hacia el cielo: éste es el ascenso en la realidad vertical.

EL ABECÉ DEL TANTRA

Realidad horizontal: la vida que te rodea, tus relaciones, tu en­torno y tus experiencias.
Realidad vertical: la vida entre el plano físico sólido de la con­ciencia y los estados superiores de la consciencia expandida.
En realidad, el tantra nos indica el camino hacia el nivel más eleva­do de la consciencia, cuando nos fusionamos en lo que se suele llamar «Unidad», donde ya no sentimos que somos una entidad fí­sica separada. A esto a veces se le llama «cielo», que es lo contrario a la experiencia más tangible de la «tierra» (realidad física). En el tantra, el orgasmo es una de las formas principales de pasar de la experiencia física sólida de la realidad a otra experiencia más ligera y etérea. Es decir, que el orgasmo puede llevarnos de la tierra al cielo.
Sin embargo, el tantra también nos introduce en la vía de la creati­vidad, que nos permite traer las vibraciones celestiales a la experiencia terrenal. Muchos tipos de música, poesía y baile son buena muestra de ello. En el tantra también podemos canalizar la Divinidad a través del tacto y sanar o amar a otra persona a través de nuestro cuerpo. Nos invita a pasar del sexo al espíritu y viceversa, como una danza creativa de la vida.
Esto puede resultar bastante insólito, especialmente si has sido educado bajo los principios de una religiÓn convencional, puesto que la mayoría de las religiones del mundo transmiten el mensaje de que la sexualidad no es un acto espiritual, o que incluso puede ser antiespiritual; en el mejor de los casos, se emplea para engendrar hijos, y en el peor puede ser lo que nos conduzca hacia la condena y el infierno. El tantra no nos enseña que todas las experiencias se­xuales conducen a la Consciencia Suprema, sino que nos guía paso a paso para que nos encaminemos hacia la senda de la sexualidad sagrada.
Esta teoría metafísica también explica por qué el tantra suele ser la «oveja negra» de los sistemas espirituales. En muchos caminos espirituales o religiosos tenemos que elegir entre sexualidad O es­piritualidad. En el tantra, sin embargo, se nos ofrece una opciÓn diferente: sexualidad Y espiritualidad, y se une en ambos aspectos
para crear totalidad y compleción en nuestra vida. Así es como teje el tantra.
El tantra es, pues, un camino que une lo que aparentemente son opuestos, en una totalidad o unidad que incluye:

  • La sexualidad con la espiritualidad.
  • Lo masculino con lo femenino.
  • Lo lúdico con lo profundo.
  • Nuestros aspectos oscuros y tenebrosos con la luz de nuestra conciencia testigo.
  • La relajación con la estimulación.
  • La meditación con la experiencia.

La lista es interminable, puesto que el tantra invita a cualquier aspecto que aparentemente esté separado a una unión reconciliadora.

El catalizador de esta unión es el amor.

La vía de la adoración del aspecto femenino de la Divinidad

Cuando empieces a conocer el mundo del tantra descubrirás el equilibrio y la uniÓn entre los opuestos. Sin embargo, a pesar de esto, algunas definiciones de tantra se basan en honrar el aspecto femenino. El pandit de origen hindú Rajmani Tigunait, autor de Tantra Unveiled, era hijo de un tántrico. Cuando le preguntaba a su padre qué era el tantra, éste solía responderle: «Tantra significa adorar a la Madre Divina. Los tántricos son sus hijos bendecidos. Todo lo que tienen es por la gracia de la Madre Divina».
¿Significa eso que en el tantra se adora a una deidad femenina en lugar de a una deidad masculina? Pues bien, no es tan sencillo, aunque hay linajes tántricos que realizan rituales a deidades feme­ninas y a las conocidas Mahavidyas: las 10 diosas de Adi Parashakti del hinduismo, que se suelen adorar en las prácticas clásicas del tantra (véase también la página 216).
¡Pero el tantrismo no pretende sustituir la imagen de un hom­bre con una larga barba blanca en una nube por la de una mujer en una nube con una larga melena! De hecho, cuando empiezas a pro­fundizar en esta práctica, descubres que tiene una forma única de venerar a la energía de la vida y de encontrar a la Divinidad interior. Esta energía es Shakti, y su vibración divina en el interior de todo ser humano se denomina «shakti kundalini».

EL ABECÉ DEL TANTRA

Generalmente, nos referimos a la energía sexual como Shakti, ¡aun­que sea un término muy amplio que abarca todo lo que forma par­te de la vida! Cada elemento tiene una shakti específica: la shakti del agua, la del fuego, etcétera.
La shakti kundalini o, simplemente, kundalini es un término más específico que se refiere a la corriente de fuerza vital creativa que fluye en todas las personas (véase también página 70). Puede estar dormida, pero una vez despierta infunde una energía a la persona, que podría llamarse vivacidad. Si decimos que una persona tiene mucho ánimo, puede que estemos viendo la proyección de su kun­dalini. Es una energía tan activa que muchas veces también se hace referencia a la misma como «inteligencia». Algunos ven en esta energía a la Diosa, aunque también se encuentra en el cuerpo del hombre y esto puede dar lugar a confusión. Sea como fuere, se la considera una manifestación viva de Dios o de la consciencia.
Por consiguiente, en vez de buscar lo divino más allá de la vida lo buscamos dentro de la misma, dentro de la energía. Cuando paseas por un paraje natural exuberante puede que no­tes esta divina presencia, como les sucede a muchas personas que cuando están en contacto con la naturaleza se sienten inter­conectadas con todo lo que existe. Los tántricos dirían que este sentido de unidad se debe al flujo de la energía Shakti. Si estu­vieras sentado en un parque con flores de plástico, no sentirías la misma presencia porque esa energía divina procede de los seres vivos.
El asceta, por su parte, vive apartado del flujo de la vida, qui­zás en una cueva, en un desierto o en un monasterio, y se abstie­ne de los placeres sensuales y de las relaciones para hallar a Dios. La vía del tantra se adentra en la corriente de la vida para hallar a Dios y lo hace a través de la Diosa. Ella es la corriente de fuerza vital y el Dios es la fuente de donde mana esa corriente. La Dio­sa es la Divinidad manifestada y el Dios es la Divinidad inmani­festada.
Adorar el aspecto divino femenino implica saber detectar la co­rriente de energía pura y venerarla. No todo en la vida está com­puesto por esta corriente, puesto que gran parte de lo que experi­mentamos está distorsionado. Si no sientes amor, ¡lo más probable es que sea energía distorsionada! Cuando adoramos y honramos a la corriente de energía pura, despertamos esa energía en nuestro interior.

La vía del tantra es el camino de la sanación
de esas distorsiones y de la liberación de la energía
fuerza-vital pura, para que podamos convertirnos
en la auténtica manifestación de nuestro verdadero
Yo divino.

A algunos tántricos les gusta ponerlo en práctica personificando el aspecto femenino de la Divinidad en una diosa o en la Madre Divina, mientras que otros prefieren trabajar este aspecto viéndola como una corriente de energía. Ambas vías conducen al mismo resultado: al despertar de la energía fuerza-vital; a convertirnos en una parte interconectada de la totalidad a través de la red de la energía universal; a encarnar la Divinidad.

EL ABECÉ DEL TANTRA

Cualquier sistema o maestro que abuse del aspecto femenino de cual­quier forma no se puede considerar realmente «tántrico», puesto que estaría quebrantando este principio primordial. Vivimos en un mundo donde se suele intentar poseer y controlar al aspecto femenino, pero antes de adentrarse en el tantra es necesario sanar esta actitud. Esta distorsión podría adoptar muchas formas, como la coacción a las mu­jeres para que mantengan relaciones sexuales, aprovecharse de al­guien cuando es vulnerable (hombre o mujer: la vulnerabilidad es un aspecto «femenino» que todos tenemos), la explotación de los recur­sos de la Tierra para lograr nuestros fines y otros. Sanar esto implica que hemos de cambiar la actitud de intentar dominar lo femenino por la de honrar lo femenino. Esto no es sólo en lo que respecta a las mu­jeres, sino también se refiere al aspecto femenino que todos llevamos dentro. Se trata de crear espacio en nuestro interior para que quepa la vulnerabilidad y podamos abrirnos sin temor a que nos hagan daño.

El sendero del amor

Tener el corazón abierto es el requisito esencial para que se produz­ca la unión, y, por esta razón, al tantra lo suelen llamar el «sendero del amor» o «el camino del corazÓn». Si utilizas las técnicas tántri­cas sin amor, ya no es tantra.
Es imprescindible tener el corazón abierto para unir los opuestos. Es la base alquímica para que se produzca la curación. En el tantra existen meditaciones y prácticas para ayudarnos a abrir el corazÓn (véase página 147) y crear espacio suficiente, lo bastante inmenso, para la coexistencia de los dos aspectos de la dualidad. Todo lo que se sentía dividido, sesgado, separado o en conflicto se puede sanar en el espacio de un corazón abierto.

Los textos tántricos

El término «tantra» también significa «doctrina», «contexto» o «sis­tema»; por consiguiente, se puede usar para referirse directamente a los textos escritos en los sistemas tántricos originales. Estos textos suelen presentarse como un diálogo entre el dios Shiva y la diosa Shakti, deidades principales del hinduismo. Ambos son las repre­sentaciones de la consciencia y de la energía, respectivamente. No obstante, la paradoja es que ambos son inseparables. Del mismo modo que no podemos separar el significado de la palabra, la cons­ciencia y la energía son uno, la no-forma y la forma son lo mismo. Los textos utilizan un tipo de dualismo que nos devuelve al no-dualismo. De esta manera, el tantra nos ayuda a entender la para­doja de la vida.
No pretendo hacer una exposiciÓn académica del tantra. Para ese fin existen varios libros muy buenos (véase «bibliografía y lec­turas recomendadas», página 273). Lo que quiero es transmitirlo como persona que ha tenido una revelación espiritual y ha encon­trado la armonía en la vida, a través de su propio viaje por las múltiples facetas y enseñanzas del tantra. Me gustaría compartir aquellas cosas que han sido esclarecedoras y curativas para mí, con la esperanza de que también puedan ayudar al lector en su viaje por la vida, así como facilitar la comprensión del término tantra y sus principios básicos, incluidos:

  • Un resumen de la historia del tantra.
  • Los tipos de tantra y prácticas tántricas.
  • La comprensiÓn de la visión que tiene el tantra de la sexualidad.
  • Prácticas para explorar tu propia sexualidad tántrica.
  • Prácticas para explorar la sexualidad tántrica en pareja.
  • Prácticas para guiar el despertar tántrico de la energía.
  • La comprensión tántrica de las relaciones, el amor y la intimi­dad.
  • Prácticas para abrir tu corazÓn.
  • Prácticas para abrir tu corazón en pareja.
  • Una comprensión del tantra como camino espiritual.
  • Prácticas para crear experiencias espirituales y estados elevados de conciencia.

Tanto este libro como el propio tantra te invitarán a retroceder en el tiempo, viajando al pasado a través de la historia y los mitos del tantra; a interiorizarte para descubrir ese mundo más rico que hay dentro de ti; a fluir con el río de la energía, dejando algunos bloqueos por el camino y volviendo a estar plenamente vivo; y a alcanzar estados elevados de conciencia. En este viaje tendrás la oportunidad de descubrir quién eres realmente en tu interior y compartirlo, si así lo deseas, con un ser querido. Y aprenderás a abrirte al amor, el amor que es la expresiÓn y manifestaciÓn de tu verdadera naturaleza.

EL ABECÉ DEL TANTRA

En este libro encontrarás ejercicios prácticos; puede que te sea útil tener un cuaderno o un diario para anotar tus pensamientos o tus respuestas a tus preguntas. Cuando escribimos algo se produce un proceso alquímico, que no tiene lugar cuando no sale de nuestra cabeza.
Para facilitarte todavía más este viaje, puede que también de­sees utilizar los audios de las meditaciones que acompañan a este libro, que puedes descargar.
Como verás, el tantra es algo más que un conjunto de prácticas; es un conjunto de experiencias y, por lo tanto, tu viaje será distinto del mío, pero, al compartir el recorrido que he realizado hasta aho­ra, espero que puedas empezar a notar lo que puede aportar el tan­tra a tu vida.
Mi viaje por el tantra
Me inicié en la espiritualidad a una edad inusualmente temprana, en parte, debido a una crisis de la mitad de la vida también tempra­na. A los 17 años bebía alcohol regularmente hasta perder el senti­do, y aunque, aparentemente, me lo pasaba bien (¡o al menos eso me decían mis amigos!), estaba malgastando mi vida. La mañana de mi decimoctavo cumpleaños me desperté con una horrible resa­ca y bañada en mi propio vómito en la cama (¡ugh!); ese día decidí encontrar otra forma de vida.
Lo más irónico fue que el día en que podía beber legalmente ya estaba harta de hacerlo, me prometí que no volvería a beber y he sido fiel a mi palabra y no he consumido alcohol desde aquel día. Terminé el instituto aturdida, y no sé cómo, pero conseguí una plaza en la Universidad de Oxford, aunque primero me mar­ché a la India a pasar un año sabático trabajando en un orfanato, y así dejé atrás mi «privilegiada» vida bañada en alcohol durante un tiempo.
Me fui con la actitud piadosa de ayudar a unos «pobres» huér­fanos y me quede atónita al descubrir los niños más felices que había visto en mi vida. Con poco más para jugar que una bolsa de plástico y un trozo de cordel (un niño corría arrastrando la bolsa atada al cordel, mientras los otros le perseguían intentando atraparle), descubrí niños que reían, cantaban y bailaban, en vez de gimo­tear para conseguir el último juego de ordenador o las últimas za­patillas deportivas de diseño.
Pero lo que más me emocionó era su práctica espiritual diaria. En el orfanato había una pequeña habitación dedicada a templo y uno de
los cuidadores acudía todos los días a realizar sus ofrendas y sus cánticos religiosos. A veces hacíamos una gran hoguera en el jardín de la parte posterior y cantábamos canciones, bailábamos y repetíamos mantras bajo las estrellas. Había muchas fiestas especiales que se ce­lebraban con grandes rituales o ayunos. Todo aquello me ayudó a encontrar sentido, hacía que la vida fuera especial, que fuera sagrada.
Regresé a Inglaterra y empecé a estudiar psicología experimen­tal con mis energías totalmente renovadas. En la India algo había llegado a mi corazón y ya no estaba interesada en perderme en las noches de borracheras universitarias. Me uní a la comunidad del yoga, aprendí a meditar y me hice budista; todos los días cantaba delante de un altar que tenía en mi habitación. Mientras tanto, es‑
tudiaba los efectos de la meditación y del canto de mantras sobre el cerebro y el sistema nervioso como parte de mis estudios universi­tarios. Esto no significa que dedicara todo mi tiempo a mis devotas prácticas espirituales. En el ámbito social me alejé de la bebida y descubrí la pista de baile. A través del baile experimentaba una vi­talidad que nunca había sentido antes.

En busca de la totalidad

Hacia los 21 años, ya me había licenciado y tenía una vida espiri­tual, pero sentía que había una serie de áreas en mi vida que todavía tenía pendientes y que debía completar.
Era una persona espiritual y participar en grupos de canto de mantras y meditación aumentaba mi energía, pero también crecía mi anhelo de salir de fiesta y bailar. Me sentía dividida entre salir de juerga y ser más espiritual. La mayoría de mis amigos de los círculos espirituales eran demasiado serios para salir a bailar y la mayoría de mis amigos juerguistas eran totalmente ajenos al tema de la espiritualidad.
Por una parte era demasiado joven para ser monja budista, pero por la otra era demasiado espiritual para sentirme totalmente satisfecha con el concepto de amor y sexualidad que reinaba en mis círculos sociales. Tuve una relaciÓn larga durante mis años univer­sitarios, pero a mi novio no le interesaba lo más mínimo mi aspecto espiritual. Vivir juntos y tener relaciones sexuales de vez en cuando con la luz apagada no llenaba mi alma. Aunque le amaba, la rela­ción no estaba en sintonía con mi más profundo anhelo espiritual. Me sentía dividida.
Elegí mi aspecto espiritual, puesto que sentí que era el más im­portante, rompí nuestro compromiso y volví a la India en busca de maestros, gurús y guías, a visitar lugares espirituales, a meditar, a cantar mantras, a vivir en cuevas y a dormir en una hamaca en la playa; es decir, en términos generales, a dedicarme por completo a mi viaje espiritual.
Durante mi viaje me pilló el cambio de milenio. Por aquel en­tonces, estaba en Goa con algunos de mis compañeros de universi­dad, disfrazados y apuntándonos a todas las delirantes y coloridas noches llenas de hippies y experiencias psicodélicas. Mi yo juerguis­ta se sentía realizado, ¡pero mi yo espiritual estaba desconcertado! La mayoría de las veces terminaba sentada en una colina viendo la fiesta desde lo alto, cantando mantras budistas mientras contem­plaba la salida del sol. Seguía sintiendo una dicotomía sobre quién ser y a dónde ir.
Entonces encontré a Osho. Para ser más exactos, lo que encon­tré fue el ashram de Osho (ahora recibe el nombre de «Complejo de meditación»), puesto que el maestro había abandonado su cuerpo hacía diez años. La primera «meditación» en la que participé era una danza del corazón, en la que nos desplazábamos por la sala cantando canciones para abrir el corazón a la vez que mirábamos a los ojos a personas que no conocíamos. La segunda meditación era bailar como locos al son de los tambores que los participantes toca­ban en directo. Ni drogas, ni alcohol, ni fiestas delirantes que te dejan aturdida..., ¡sólo bailar!
Fue un momento decisivo en mi vida: ¡mi yo espiritual y mi yo juerguista, por fin juntos! Se acabaron las dicotomías y el pasar de un extremo a otro. Por fin, se encontraron y se fusionaron. Cuando bailaba con todas esas personas increíbles, sentía que mi corazón se abría y planeaba por el cielo. Aunque esas personas se perdían bai­lando, no perdían su conciencia por el camino como parecía suce­derles a las que bailaban en las fiestas de alcohol y drogas. Todos los participantes estaban presentes, totalmente presentes, en estado de éxtasis. Un éxtasis natural que Osho siempre decía que era un de­recho de nacimiento.
El otro acontecimiento unificador que comenzó a sucederme, aunque a un ritmo más suave, estaba relacionado con mi yo sexual y mi yo espiritual. Mi yo espiritual casi se había convertido en una monja célibe. Era espiritual, pero a costa de mi gracia y alegría. Era una persona seca y seria. Caminaba hacia la iluminación, pero, in­dudablemente, ¡carecía de vivacidad!
En el ashram de Osho empecé a oír hablar del tantra. Osho fue el personaje clave que recuperó esta antigua práctica espiritual y la transmitió a los occidentales. Solía decir que el tantra era el camino que unía los opuestos: justamente la experiencia que tuve al entrar en su ashram. ¿Cuál fue el resultado?

Osho llamó «totalidad» al tantra: sentirse entero y completo, haberse liberado de los conflictos y las contradicciones internas.

Eso era lo que yo anhelaba.

El tantra y el sexo

El tantra destaca siempre entre otros caminos espirituales porque quizá sea el que más despierta la curiosidad de la gente y el que más intimida. Yo no era una excepción. Sabía que en el ashram había talleres de tantra, pero ni mucho menos estaba preparada para arriesgarme a apuntarme a uno de ellos. ¿Y si tenía que sacarme toda la ropa? ¿Y si habÍa una orgía? Todas mis proyecciones sobre el tantra empezaron a salir a la luz. Observaba a las mujeres que practicaban tantra que andaban como flotando por el ashram vesti­das con su ropa sexy, llevando sus recargadas joyas y meneando si­nuosamente las caderas. Al principio las consideraba totalmente mundanas. Sin embargo, había otra parte de mí que anhelaba ser tan atractiva como ellas.
Al igual que muchas mujeres, me educaron bajo el persistente modelo femenino dualista: virgen o puta, monja o seductora, ma­dre o libertad sexual. Eran opciones imposibles. En mi mundo no podías integrar ambos aspectos: tenías que elegir. O eras una buena chica con un deseo sexual reprimido y una relación monÓgama es­table o eras una rebelde que vivías libre y haciendo locuras, pero a costa de ser rechazada por la sociedad y de renunciar a tus cualida­des maternales, amorosas y espirituales. No me extraña que experi­mentara ese conflicto interno.
Sin embargo, ahora estaba observando a mujeres que eran espi­rituales y atractivas a la vez. Eran mujeres que meditaban diaria­mente, que escuchaban los discursos sobre la iluminación, que lle­vaban vestidos largos y se sentaban en silencio. Eran mujeres que bailaban desinhibidas, que vivían con el corazón abierto, que tenían romances apasionados pero que también amaban profundamente y que tenían experiencias de infarto pasándose toda la noche hacien­do el amor. Sentía curiosidad. En el fondo, quería entrar en este mundo...
Entonces, me enamoré.
En el ashram conocí a un hombre al que enseguida reconocí como mi alma gemela. En realidad, no nos lo pensamos demasia­do..., al poco tiempo ambos nos enamoramos perdidamente el uno del otro, nos fuimos a vivir juntos y fusionamos los ríos de nuestras vidas en uno solo. Nuestra relación duró nueve años y en ese perío­do exploré el maravilloso mundo del tantra. Al final conseguí unir mi vida espiritual con mi vida íntima. Por fin, estaba en el camino hacia la totalidad y la integridad.
Los siguientes quince años fueron un inesperado viaje por el tantra. Inesperado porque, en realidad, no hay modo de compren­der lo que te va a aportar hasta que lo experimentas por ti mismo. El tantra es un camino muy experiencial que no se puede captar
sólo intelectualmente. Es un camino práctico en el que hemos de relacionarnos con la vida para saborear lo que ésta esconde. Pode­mos leer libros sobre tantra (como éste) para inspirarnos, pero al final, si realmente queremos saber lo que es, hemos de experimen­tarlo.
Dicho esto, podemos leer y comprender los principios subya­centes a esta doctrina, sus prácticas y meditaciones, y algo de poesía de sus textos antiguos. Leer sobre tantra puede ayudarnos a desmi­tificar el tema, aclarar algunas preocupaciones e instarnos a elegir al maestro y el curso correcto para nosotros. También puede inspirar­nos a desarrollar una práctica tántrica en solitario o con un ser que­rido.

  • Autor/es: Sashi Solluna (aut)
  • Editorial Kepler
  • Traducción Alicia Sánchez Millet
  • Formato 150 x 225 mm
  • Páginas 288
  • Encuadernación Rústica con solapas (tapa blanda)

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