Naturalmente atractivos Maximizar

Naturalmente atractivos

Josefina Llargues (aut)

12,74 € sin IVA

Cosmética casera, ecológica, veggie y sostenible

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Desde los albores de la humanidad, la belleza ha sido una de las principales preocupaciones del ser humano. Y aunque es importante que nos cuidemos para potenciar nuestro atractivo personal y prevenir el envejecimiento prematuro, también es de vital importancia tomar consciencia del cóctel de sustancias químicas con las que diariamente intoxicamos nuestra piel: el órgano más extenso y uno de los más importantes del organismo, tanto por su magnitud como por sus funciones.
El objetivo de Naturalmente atractivos es que la cosmética natural, junto con la alimentación, forme parte de un estilo de vida más consciente y saludable, que te permita disfrutar de la belleza que te es propia y de una piel sana y libre de tóxicos.

Josefina Llargués

es licenciada en Psicopedagogía, posgraduada en Psicopatología Clínica y máster en Nutrición y Salud. Dada su inquietud por las terapias naturales, cursó paralelamente estudios de Naturopatía, Homeopatía y Nutrición Ayurveda. Actualmente, desarrolla su actividad profesional en su propia consulta e imparte charlas y cursos teórico-prácticos sobre alimentación y cocina saludable. Es también autora de otros libros, y ha recibido dos galardones, los Gourmand Cookbook Awards, en los años 2007 y 2012, por su contribución al fomento de los hábitos saludables a nivel familiar.

  • Formato: 13,5 cm x 21 cm
  • Páginas: 272
  • Encuadernación: Rústica

 

ÍNDICE

Prólogo del Dr. Francisco Marín   7
Introducción     13
CAPÍTULO I - COSMÉTICOS CONVENCIONALES     19
Definiciones      21
Etiquetado     22
Experimentación con animales     23
Productos de uso diario o frecuente incluidos en la definición de cosmético     26
Principales químicos a evitar     29
Contaminantes ambientales     37

CAPÍTULO II - LA PIEL     39
Estructura      43
Epidermis     43
Dermis o corion      44
Hipodermis o tejido subcutáneo     45
Anejos cutáneos      45
Prevenir el envejecimiento prematuro     46
Hidrolatos      117
Kuzu (Pueraria lobata)     120
Mantecas vegetales      121
Principales propiedades     122
Vinagre de manzana      123

CAPÍTULO IV - COSMÉTICA CASERA, ECOLÓGICA, VEGGIE Y SOSTENIBLE     125
Baños      128
Desintoxicante de jengibre y sal marina      129
Desintoxicante y estimulante diurno     130
Desintoxicante y relajante nocturno     131
Hidratante y relajante nocturno      132
Seco      133
Boca      134
Colutorios      135
Agua de mar      135
Aliento fresco      135
Con vinagre de manzana     136
Siempre a punto      137
Dentífricos      137
Arcilla blanca y especias      137
Arcilla blanca y tomillo      138
Dientes blancos      139
Para los más pequeños de la casa      140
Seco de arcilla blanca y sal marina     140
Tropical      141
Técnicas ayurvédicas para la salud bucodental      142
Masaje de las encías con aceite de sésamo      143
Masticar semillas de sésamo      143
Oil pulling     144
Raspador de lengua     147
Cabellos      148
Acondicionadores para el aclarado final      148
Aromático con aceites esenciales      148
Vinagre de manzana y agua de mar     149
Caída y cabellos frágiles      149
Loción anticaída con agua de lino      149
Loción anticaída con comino negro      150
Sinergias de aceites esenciales para añadir al champú     151
Caspa      152
Loción con jojoba y aceites esenciales     152
Loción con vinagre de manzana     153
Sinergia de aceites esenciales para añadir al champú     154
Champús      155
Aromático e hidratante      155
Bicarbonato de sodio      155
Harina de centeno      156
Ghassoul     157
Grasa     158
Sinergia de aceites esenciales para añadir al champú     158
Mascarillas capilares      159
Cabellos frágiles, secos o castigados      159
Hidratante de jojoba y ylang-ylang      160
Nutrir y proteger las puntas secas      161
Nutritiva de aloe vera y aceite de coco     161
Tonificante capilar de alholva     162
Tonificante capilar de aloe vera      163
Tinte natural con henna      163
Cómo aplicar la henna      164
Cara.        165
Anti-aging     165
Consejos generales      165
Amaroli     166
Contorno de ojos      167
Bolsas y ojeras      167
Emulsión nutritiva suave  168
Sérum nutritivo concentrado      169
Mascarillas para atenuar las patas de gallo      169
Aguacate y almendras dulces     169
Aloe vera y germen de trigo      169
Cremas antiarrugas cara y cuerpo      171
Nutritiva con aceites vegetales y esenciales      171
Personalizada de karité y aguacate      172
Lociones faciales antiaging     173
Antiarrugas con aceites esenciales      173
Hidratante antiarrugas de argán y rosa mosqueta      174
Hidratante antiarrugas de aguacate y chufa      175
Nutritiva de espino amarillo y granada     175
Reafirmante pieles maduras, cansadas y apagadas      176
Mascarilla facial de aguacate, plátano y espirulina     177
Sérum para mejorar las manchas de la edad      178
Desmaquillantes      178
Aceite de coco      179
Almendras dulces y lavanda      179
Jojoba y bergamota      179
Lociones faciales hidratantes y nutritivas      180
Nocturna relajante      180
Piel grasa o mixta     180
Piel normal      181
Piel seca y madura     181
Piel sensible o inflamada     182
Mascarillas faciales      182
Consejos generales      182
Aguacate      184
Alga espirulina      184
Algawakame     186
Aloe vera y aceite de coco     187
Arcilla y aceite vegetal      187
Clarificante con cúrcuma     188
Hidratante y calmante de caléndula y aloe vera      189
Salvado de avena y germen de trigo      190
Tónicos faciales      191
Despertar matutino      191
Piel mixta, grasa o acnéica     191
Piel normal o seca      192
Cuerpo      192
Cremas     192
Aceite de coco y aguacate      192
Antioxidante extrahidratante    193
Cacao y karité      194
Estrías del embarazo      194
Geles      195
Anticelulítico      195
Posdepilación      196
Reafirmante y drenante de muslos      197
Lociones      197
Anticelulítica con calófilo      197
Hidratante de argán y aceite esencial de rosa      198
Hidratante para los más pequeños de la casa      199
Hidratante suave     199
Tonificante para el pecho      200
Mascarillas corporales      201
Alga espirulina      201
Arcilla      202
Sol.         203
Consejos básicos     203
Lociones     204
Antes de la exposición solar     204
Después de la exposición solar      205
Desodorantes      206
Aceite de coco y bicarbonato     206
Aloe vera y aceites esenciales      207
Aloe vera y bicarbonato        208
Arcilla blanca y aceites esenciales     208
Jojoba y árbol del té      209
Sólo vinagre de manzana     209
Exfoliantes faciales y corporales      210
Aceite de coco y sal marina      210
Almendras dulces y azúcar integral de caña      211
Anticelulítico con poso de café     212
Arena de playa      213
Arcilla verde y almendras dulces     213
Azúcar integral de caña y aceite de coco      214
Bicarbonato sódico      214
Harina integral de avena y agua de mar     215
Macadamia y sal marina     216
Manteca de karité y arcilla      216
Nuez de albaricoque y semillas de amapola      217
Siempre a punto      218
Hombres      219
Amaroli     219
Cremas de afeitar     220
Arcilla y aceite vegetal      220
Karité y aceite de coco      221
Lociones faciales      222
Caléndula y jojoba     222
Calmante y regenerante con manzanilla      222
Para la barba con aceites vegetales y esenciales      223
Vinagre de manzana y hamamelis      224
Labios     225
Bálsamos labiales      225
Karité con un toque refrescante     225
Manteca de cacao y lavanda     226
Sólo karité      226
Exfoliantes labiales      227
Aceite de oliva y azúcar integral de caña     227
Café y aceite de aguacate     228
Manos     228
Cremas     228
Manchas de la edad     228
Manos cortadas y deterioradas      229
Loción para manos      230
Masaje     231
Abhyanga, automasaje matinal ayurvédico      231
Los principales beneficios del Abhyanga      232
Tipo de AV y frecuencia del Abhyanga, según la constitución      232
Cómo practicar el Abhyanga     233
Afrodisíaco      235
Para ellas      235
Para ellos     235
Después del deporte      236
Nocturno en pareja      236
Relajante nocturno      236
Tonificante      236
Perfumes y aguas aromáticas      237
Perfumes      237
Consejos generales      237
Perfumes líquidos con aceites vegetales y aceites esenciales      238
Antiestrés      238
Calma y serenidad para los más pequeños de la casa     239
Floral      239
Pachuli     239
Perfume sólido con manteca de karité y aceites esenciales      240
Aguas aromáticas      240
Consejos generales      240
Aires de Provenza     241
Aroma de rosa     241
Relajante de naranjo amargo      241
Uñas     242
Hidratar y nutrir      242
Argán     242
Borraja y ricino      242
Germen de trigo y aceite esencial de limón      243
Pies     243
Exfoliar      243
Hidratar y nutrir      244
Aceite de aguacate     244
Manteca de karité     244


BIBLIOGRAFÍA     245
Webgraña     257

PRÓLOGO

¿Quieren que les cuente un secreto? Con ello me estoy arries­gando a poner en mi contra a una parte de la profesión médi­ca. ¿Me la juego? Venga, ¡un día es un día!
Muchos de los problemas dermatológicos que vemos en las consultas de atención primaria se resuelven con una cre­ma de corticoides. Que la persona tiene prurito por urticaria, pues le damos antihistamínicos y crema de corticoides (en función de las lesiones cutáneas asociadas).
Si lo que presenta es un eccema, el mismo tratamiento. En las quemaduras solares, lociones con corticoides... ¿Y en las psoriasis? Pues más de lo mismo; corticoides en pomadas o en cremas.
¿Siempre corticoides? Es evidente que no. Ni ante lesiones producidas por cualquier virus de la familia de los herpes (el típico racimo vesicular en los labios, un herpes genital, el her­pes zóster o la varicela) ni tampoco en aquéllas con un claro origen micótico (hongos). De hecho, en estos casos, lejos de mejorar con la crema de cortisona, la lesión empeoraría con­siderablemente.
Tampoco constituyen un tratamiento a considerar cuan­do la lesión supura o ante una sospecha, más o menos clara, de una sobreinfección por parte de las bacterias a nivel de dermis o tejido celular subcutáneo. Aquí tampoco nos atre­veríamos a poner un corticoide; no constituiría una actitud responsable.
¡Pero en el resto de los casos...! Más de un compañero seguro que lo ha pensado en alguna ocasión (cuando no en muchas). ¡No sabemos qué haríamos los médicos sin los cor­ticoides! Porque, en el ámbito de los problemas cutáneos, sea­mos sinceros, sirven prácticamente para todo; es una suerte poder contar con ellos.
Esto, como veremos a continuación, es un arma de doble filo. Y lo más sencillo, lo que marca la propia inercia terapéu­tica, es hacer siempre lo mismo, siempre que funcione. Es decir, que ante cualquier problema en la piel, si exceptuamos los casos reseñados anteriormente, lo más probable es que los médicos pautemos una crema de corticoides. Total, sirven pa­ra todo...
Pero ¿qué pasa con los efectos secundarios de estos prepa­rados? Porque, pese a tratarse de pomadas o cremas, son pro­ductos con evidentes y muy estudiados efectos secundarios: desde sobreinfecciones en el lugar de aplicación, cuando lo hacemos de forma repetida, hasta la tan temida atrofia cutá­nea, con aparición, por ejemplo, de úlceras o erosiones, entre otras muchas posibles complicaciones.
Los médicos, aquí, deberíamos entonar un mea culpa, quizá compartida con las administraciones públicas, que no pensaron en su momento, durante nuestra formación académica, en prepararnos en aspectos tan relevantes para nuestra práctica diaria como son la nutrición o la fitotera‑
pia (utilización bien con intención preventiva o curativa, de drogas de origen vegetal). Y esto acaba repercutiendo sobre la manera de curarse o de prevenir enfermedades que adop­ta nuestra población asignada (nuestros pacientes). Lo más cómodo (que no más inocuo) acaba siendo prescribir un medicamento.
También es verdad que es responsabilidad nuestra –y con nuestra me refiero tanto a los sanitarios como a la población en general– conocer aquel remedio más saludable, con menos efectos secundarios, más fisiológico y menos invasivo, de entre todos aquellos que son útiles para un problema de salud con­creto.
Y es precisamente en ese momento, cuando uno busca y rebusca entre todos los libros que tratan el tema de la sa­lud y la prevención con remedios naturales, cuando se da cuenta de que no es oro todo lo que reluce. Curaciones casi milagrosas, pociones mágicas dignas de cuentos de brujas... Preparaciones, en muchas ocasiones, inefectivas; cuando no perjudiciales para aquel que las consume.
La terapia natural, aquélla ancestral, utilizada por genera­ciones y generaciones, también puede (y debe) ser sometida a estudio. Es cierto que no resulta una actitud inteligente y abierta descartar un remedio, ya de entrada, por el simple hecho de proceder de una fuente natural, no sintética. Pero también lo es que se requiere una regulación, una normativa, que sirva de filtro.
Desconfiad cuando alguien os diga que «aquella planta cu­ra el cáncer, el asma, los infartos y los pólipos de la matriz...». ¡Que os enseñen estudios! ¡Que os demuestren que alguien ha experimentado con esos remedios y ha encontrado, precisa­mente, la confirmación de esos efectos.
Josefina Llargués no decepciona. No engaña. No afirma sin confirmar (con estudios) todo aquello que dice y escribe en sus libros. Ya lo hizo en su libro Aceite de coco: Un rega­lo de la naturaleza. Y vuelve a hacerlo en el libro que tenéis en vuestras manos, estudios y más estudios. Una búsqueda bibliográfica digna de un texto académico. Bueno, y su expe­riencia, que no es poca.
Compañeros sanitarios, médicos interesados en la forma­ción en terapias alternativas y todos aquellos que deseéis ayu­dar a vuestro cuerpo a autocurarse, a acompañarlo sin intoxi­carlo químicamente... No os perdáis este libro.
Pacientes que no deseáis en vuestro organismo más quími­ca de la imprescindible (que no es poca). Aquellos que colec­cionáis en casa envases de pomadas con corticoides. Personas, en definitiva, preocupadas por su salud y la de su piel (barrera cada vez menos inexpugnable para los gérmenes que nos ro­dean): hagamos prevención. Mejoremos nuestra nutrición y tratemos las dolencias leves con remedios naturales, sin exci­pientes, sin química añadida.
«Es que los productos naturales resultan más caros que los medicamentos...», dirán muchos compañeros sanitarios (mé­dicos, enfermeros, psicólogos, fisioterapeutas...). Y resulta curioso, pues si le preguntamos a un paciente al respecto, en muchas ocasiones nos encontraremos con que no le importa pagar un poco más y ahorrarse tener que tomar o bien aplicar sobre su piel una sustancia medicamentosa.
Además, hemos de pensar que, en muchas ocasiones, no es necesario comprar nada; es suficiente un cambio nutricional concreto (introducir algún alimento determinado en nuestra dieta, por ejemplo; o entre aquellos que utilizamos para nues­tra higiene diaria). Como el aceite de coco, las semillas de
lino o el aguacate... Auténticos regalos de la naturaleza, si sabemos sacarles provecho.
No os asustéis... No es tan complicado. Josefina Llargués nos guía... ¿La acompañamos?

FRANCISCO MARÍN
Médico de Atención Primaria

INTRODUCCIÓN

En el mundo actual, todas las ideas de felicidad
terminan en una tienda.

(Zygmunt Bauman 1925-2017)

La belleza ha sido objeto de culto desde los albores de la hu­manidad. En la Prehistoria, las diferentes Venus representa­ban las divinidades de la fertilidad con formas redondeadas, sensuales, voluminosas y adiposas. La Venus de Willendorf (25000 a. C.), la Venus de Grimaldi (22000 a. C.) o la Venus de Dolni Vestonice (20000 a. C.) son claros ejemplos.

Los cosméticos y productos para el cuidado de la piel han tenido una notable trascendencia a lo largo de la historia de la humanidad en todos los ámbitos: antes de entrar en el campo de batalla, para mejorar el aspecto de los muertos, en feste­jos y celebraciones religiosas..., la preocupación por la propia imagen y el deseo de agradar o sentirse atractivo no es nin­guna novedad. Todas las culturas han mostrado interés por la estética y el aspecto personal: la dermoabrasión para rejuve­necer la piel con piedra pómez, sal marina, granos molidos..., los peelings químicos con ácidos, metales, extractos botánicos o grasas animales; los tatuajes, piercings, masajes, maquillaje, tratamientos de todo tipo para la piel...

Una de las primeras referencias a la utilización de los cos­méticos se sitúa en el antiguo Egipto con el uso de ungüen‑

tos, aceites vegetales, aceites esenciales, kohl para pintar los ojos dándoles una forma almendrada y protegerlos del sol o el óxido de hierro para dar color a los labios. Los primeros li­bros védicos describen ya la utilización en la India del Mehndi (técnica de coloración de la piel con henna). En la antigua China se pintaban las uñas con una mezcla elaborada a partir de huevos, goma arábiga o cera de abeja, entre otros. En Ja­pón, las geishas utilizaban polvo de arroz para empolvarse el cutis y prensaban pétalos de cártamo para pintarse párpados, labios y cejas, haciendo del maquillaje una verdadera arma de seducción. En las antiguas Roma y Grecia, la depilación, los tintes para el pelo o los masajes y los baños eran muy popula­res. Desde tiempo inmemorial, la manteca de karité o el aceite de argán se han empleado en África para hidratar o tratar pro­blemas dermatológicos. El aceite de coco en Asia es un todo-terreno en gastronomía y belleza y el aceite de oliva, el «oro líquido», ha sido y sigue siendo hoy en día en todo el Medi­terráneo una materia prima en el elaboración de ungüentos naturales para la piel y el pelo.

Platón (427-347 a. C.), filósofo griego seguidor de Sócra­tes y maestro de Aristóteles, hacía referencia a la belleza con relación a la armonía de proporciones. El máximo exponente de los cánones de belleza en la antigua Grecia fue Políceto de Argós, autor del Canon, un tratado sobre escultura en el que describía su teoría sobre el canon de las siete cabezas que, a su juicio, representaba la proporción perfecta del cuerpo huma­no, siendo la cabeza la séptima parte de la longitud del cuer­po. Políceto llevó su hipótesis en la práctica con el Doríforo, su obra escultórica más conocida.

En la Edad Media, se fundó en el siglo ix la Scuola Medica Salernitana, ubicada al sur de la ciudad italiana de Salerno.

Considerada la primera escuela médica medieval, fue la fuen­te más importante de conocimientos médicos en Europa du­rante ese período, alcanzando su máximo esplendor entre los siglos X y XIII. La escuela aceptaba a las mujeres como alumnas y profesoras, entre las que destacó muy especialmente Trótu­la de Ruggiero, autora, entre otros, de Passionibus Mulierum curandorum, un tratado sobre las enfermedades de la mujer, conocido también como Trotula Major o De Ornatum Mu­lierum. El libro estaba enfocado a la mujer y daba consejos para tratar problemas dermatológicos, mediante una serie de preceptos, sugerencias y remedios naturales, así como re­comendaciones para preservar y aumentar la belleza: cómo maquillarse, prevenir las arrugas, eliminar la hinchazón de la cara y de los ojos o el pelo corporal; iluminar la piel, disimular manchas y pecas, lavarse los dientes, prevenir el mal aliento, curar las encías, teñirse el pelo, etc.

Durante los siglos XV y XVI con el Renacimiento, la in­dustria del perfume experimentó una gran importancia y se publicó el primer tratado de perfumería, Notandissimi secreti dell’arte profumatoria, escrito por Rossetti en 1555. En aquel momento, el concepto de belleza reflejaba una concepción más naturalista y cercana al de la Grecia clásica, poniendo especial énfasis en las proporciones de un cuerpo humano perfecto, representadas a partir del número áureo del Hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci.

En el Barroco, siglos XVII-XVIII, los maquillajes eran muy densos y pesados, y tanto los hombres como las mujeres usa­ban polvo de plomo para cubrir las imperfecciones de la piel. Con la llegada del Romanticismo a finales del siglo XVIII, se impuso el modelo de mujer pálida y frágil y la higiene corpo­ral y los cosméticos menos perjudiciales para la piel entraron

en escena. A principios del siglo XIX, la reina Victoria de In­glaterra declaró el maquillaje como «descortés»; los hombres dejaron de maquillarse y las mujeres utilizaban sólo un toque de rubor en las mejillas. En el siglo XX, con el desarrollo de la industria química, se perdió el hábito de preparar los cosmé­ticos en casa.

La historia evidencia que la belleza ha sido y sigue siendo una de las principales preocupaciones de la humanidad y que lo que es bello y estético varía de una cultura o de una época a otra o, incluso, dentro del mismo período, de una persona a otra; la exhuberancia de las curvas de Las tres Gracias de Ru­bens (XVII), el aspecto andrógino de Twiggy que causó furor en los años sesenta o el sello inconfundible de las mujeres con sobrepeso de Botero que, en pleno siglo XXI, conviven con un mundo de la moda que fomenta un prototipo de mujer que casi raya la anorexia, son prueba de ello. No hay, pues, un criterio universal y atemporal de belleza. Cada cultura, época, grupo social o raza tiene y ha tenido a lo largo de la historia unos cánones de belleza y una manera diferente y particular de percepción estética que, en ciertas ocasiones, conlleva tam­bién un grado de tortura: los pies atrofiados de las mujeres chinas, los platos de arcilla incrustados en los labios y en las orejas de las mujeres de la tribu mursi en Etiopía, la escarifi­cación practicada por pueblos y grupos indígenas de África, América y Oceanía...

Si extrapolamos el concepto de modernidad líquida pro­puesto por Zygmunt Bauman, nos enfrentamos al carácter volátil e individualista de la sociedad actual –carente de valo­res suficientemente sólidos y víctima de cambios trepidantes que debilitan las relaciones humanas–, que nos convierte en ciudadanos excesivamente consumistas y hedonistas, a me‑

nudo aferrados al culto desmedido al cuerpo y a las efímeras tendencias del momento, ahora en manos de los intereses de los visionarios de la moda y del glamour.

En opinión de Yves Michaud, el siglo xxi ha llegado a una total estetización de la vida, y aunque quizá no sabríamos cómo definir exactamente qué es la belleza, somos conscientes de que es un valor superior que conlleva la belleza del cuerpo, de la vestimenta, de la apariencia, de los sentimientos, de las emociones... A diferencia de otros momentos de la historia, la estética del siglo = se basa, esencialmente, en la imagen exterior; en un arquetipo artificial de belleza que intenta es­conder los efectos de la gravedad en el cuerpo o las arrugas propias de las experiencias vividas. Un modelo en el que no tienen cabida ni la singularidad ni la individualidad y que se olvida de abonar y regar la belleza interior que debería acom­pañarnos a lo largo de nuestro paso por esta vida.

Ante el crecimiento exponencial del mercado de la belleza, me pregunto si la desmesura cosmética que nos seduce nos ha­ce sentir realmente más cómodos con nuestra apariencia o, en realidad, somos víctimas de las estrategias de una industria que se está enriqueciendo gracias a generar en el consumidor unos hábitos y una dependencia que lo convierten en esclavo de una hipotética belleza y de un modelo de sociedad que valora más el aspecto físico que las cualidades intelectuales o personales. Añadir que el mismo sector que, hasta hace pocos años, ejercía una presión claramente superior sobre la mujer, actualmente ha encontrado otro filón en los hombres que, como el sexo femenino, están también sometidos a una constante presión y, a menudo, a un sentimiento de frustración ante la imposi­bilidad de mantenerse eternamente jóvenes o presumir de un cuerpo helénico como el que lucen los modelos publicitarios.

Es importante que nos cuidemos para prevenir el enveje­cimiento prematuro y potenciar nuestro atractivo personal, pero es del todo vital tomar conciencia del peligro inherente a los tóxicos presentes en los cosméticos convencionales. Feliz­mente, en los últimos años se está instalando en la mente del consumidor un retorno progresivo a las fórmulas naturales, esenciales, frescas y ecológicas y a la elaboración casera de cos­méticos inteligentes con ingredientes que no contaminen ni nuestra salud ni la del planeta.

El principal objetivo de Naturalmente atractivos es que la cosmética natural, junto con la alimentación saludable, forme parte de un estilo de vida más consciente, que te permita dis­frutar de la belleza que te es propia y de una piel sana y libre de tóxicos. Con este propósito, el libro se divide en cuatro capítulos. El primero realiza un recorrido sobre los peligros de los cosméticos convencionales para nuestra salud y su im­pacto medioambiental, para pasar a un segundo capítulo en el que se describe la estructura de la piel y se aconsejan pautas genéricas para cuidarla a nivel diario, semanal y mensual y prevenir, así, su envejecimiento prematuro. En el tercer capí­tulo encontrarás una explicación detallada de las principales propiedades de los ingredientes empleados en la elaboración de las fórmulas cosméticas y de higiene personal, ecológicas, veggies y sostenibles, que te propongo en la última sección, exentas de sofisticación y de sencilla elaboración, que podrás preparar en tan sólo unos minutos, sin necesidad de ningún material específico o ingredientes difíciles de encontrar.

Espero y deseo que disfrutes de la agradable experiencia de alimentar tu piel con el maravilloso abanico de ingredientes naturales que nos ofrece el reino vegetal.

Josefina Llargués

 

 

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