portada Meditación Vipassana + CD de Ramiro Calle 9788499501307

Meditación Vipassana + CD

Referencia: 9788499501307
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El núcleo del mindfulness

El Mindfulness está de plena actualidad, pero ¿qué es realmente el Mindfulness, de donde proviene, para qué sirve y cómo se logra?
En esta obra, Ramiro Calle nos responde a todas estas cuestiones.
Un libro práctico desde el principio, bien explicado y de fácil asimilaciñon para lograr todas las v...

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El núcleo del mindfulness

El Mindfulness está de plena actualidad, pero ¿qué es realmente el Mindfulness, de donde proviene, para qué sirve y cómo se logra?
En esta obra, Ramiro Calle nos responde a todas estas cuestiones.
Un libro práctico desde el principio, bien explicado y de fácil asimilaciñon para lograr todas las ventajas que se obtienen de una meditación bien hecha.
La obra, completa en sí misma en teoría y en práctica, se complementa con un CD de meditaciones dirigidas por el autor, que nos ayudan en el comienzo de la práctica.

Ramiro Calle es pionero de la enseñanza del yoga en España, disciplina que imparte desde hace más de 30 años en el centro de Yoga y Orientalismo "Shadak". Es el más importante escritor orientalista de este país y uno de los más importantes de toda Europa. Autor de numerosas obras, ha estudiado en profundidad los efectos terapéuticos de las psicologías orientales y de los aportes de la meditación al psicoanálisis, la psicoterapia y la neurociencia.
Fue el primero en promover investigaciones médicas sobre la terapia Yoga en España, en colaboración con destacados médicos y especialistas.
Durante 40 años, incansablemente, ha explorado, recuperado y aplicado, los métodos de sosiego y equilibrio, sintetizando los conocimientos de las psicologías de Oriente y Occidente.
Director desde 1971 del Centro de Yoga "Shadak", el mayor centro de yoga de nuestro país, ha enseñado de forma directa yoga, relajación, y técnicas de meditación a más de trescientas mil personas, ayudando a las mismas a prevenir y combatir problemas psicosomáticos. Sus libros de orientalismo y de autoayuda han sido leídos por millones de personas, principalmente de habla hispana. Sus continuos viajes a los países de oriente (más de 50 a la India), le han permitido entrevistar a los más relevantes especialistas, maestros y orientalistas, incluyendo todas esas entrevistas y enseñanzas en sus libros y trabajos. Ha participado en numerosos programas de radio y televisión donde ha difundido las técnicas del yoga a nivel nacional e internacional.
Introducción


No vemos lo que es, sino lo que queremos ver o tememos ver o pensamos que es o que tiene que ser o que nos han dicho que es o que nos gustaría que fuera. Lo que vemos está falseado por juicios y prejuicios, condicionamientos internos, frustraciones y expectativas, viejos patrones y todo el circuito repetitivo de apegos y odios, atracciones y aversiones, aferramientos y aborrecimientos. Nuestra visión está distorsionada, falseada, enturbiada por las tendencias de la mente, por el ego, por nuestra historia psicológica, por los códigos evolutivos, por los temores y creencias.
Como la mente está empañada, vemos a través de su confusión. Como está velada, vemos desdibujadamente. Nuestra visión se estrella contra lo ilusorio, las apariencias, lo fenoménico, el barniz de las cosas. Es una visión impura, superficial, que induce más al engaño que a la verdad, a la ofuscación que a la claridad, a una apreciación incorrecta en lugar de al entendimiento correcto.
Una visión así de superficial y distorsionada solo puede acumular más y más ignorancia en la ya básica ignorancia de la mente, más y mas nesciencia, cerrando la vía hacia la Sabiduría. Pero Buda fue contundente al decir que algunos habría, que no tuvieran tan empañada la consciencia y pudieran ver la Realidad.
A la mente llena de oscurecimientos y trabas, condicionada por las tendencias subyacentes, no le es dado captar la realidad tal cual es. Origina sus propias creaciones y se las cree. Se extravía en un laberinto de espejismos y no acierta a salir del mismo. Está en un atolladero, en un callejón sin salida. Ha entrado en un surco repetitivo de consciencia en el que puede transcurrir toda una vida como no se ponga remedio a ello. Una mente que proporciona una visión tan engañosa y limitada, tan fragmentada y esclerótica, no sirve y urge cambiarla.

Mediante el adiestramiento adecuado, la mente puede irse transformando, aquietando y esclareciéndose. Así como de la ofuscación surge una visión ofuscada, de la claridad brota una visión esclarecida. Mediante la visión esclarecida, de la que deviene el entendimiento correcto, surge un cambio muy importante en la mente y una mutación psíquica que le permite a la persona sentirse más ecuánime, plena, armónica y sabia. A través del tipo especial de visión que se puede lograr mediante las enseñanzas y métodos opor-
tunos, la persona puede ver en el mismo fondo de los fenómenos sin estrellarse contra las ilusorias apariencias. Entonces surge la visión neta de lo que es y desde ahí se puede proceder en consecuencia. Caen los autoengaños, las mentiras, los adoctrinamientos y viejos patrones, las pautas falaces; se van erradicando las tendencias nocivas, los subterfugios y escapismos, la agitación e insatisfacción de la mente, el inútil sufrimiento psíquico, el desorden interno y el continuado descontento. Uno conecta con la realidad desnuda que subyace tras lo aparente y fenoménico, tras lo ilusorio. Se va ganando la libertad e independencia mentales y, por tanto, otra manera de ser.
A ese otro tipo de visión Buda le denominó vipassana, término que no es de fácil traslación al castellano, pero puede traducirse como visión clara y penetrativa, o visión justa y cabal. Se ve lo que es y no lo que parece ser. Esa visión especial que es vipassana es la que hay que ir cultivando metódicamente. ¿Cómo?
A través de la observancia de la triple disciplina (triple entrenamiento) y de la práctica de la denominada meditación vipassana o meditación de visión clara. La triple disciplina o triple entrenamiento es el cultivo de la virtud o ética genuina, el desarrollo de la mente y el desenvolvimiento de la sabiduría o entendimiento correcto.
Hay un tipo especial de meditación que se encarga de entrenar y desencadenar la visión penetrativa de lo que es, y tal es la meditación vipassana, inspirada en el célebre sermón de Buda conocido como Satipatthana Sutta o los Fundamentos de la Atención. Esta clase de meditación es la que propició Buda y en la que se han inspirado todas las prácticas de la tradición theravada o de viejo cuño, la enseñanza más pura y directa de Buda.
Como para Buda tres son las características básicas de la existencia (insatisfacción, impermanencia y ausencia de una entidad fija o impersonalidad), este tipo de meditación tiene por objeto la conquista de una visión hiperconsciente y penetrativa que le permita al practicante aprehender esa realidad última de que todo es insatisfactorio, todo es transitorio y no hay nada que no esté vacío de un yo o entidad fija.
La meditación vipassana trabaja de manera muy especial con el cultivo metódico de la atención y el establecimiento en la ecuanimidad. La mente se va liberando de sus oscurecimientos para poder empezar a ver las cosas como son, evitando los filtros distorsionantes que producen las reacciones, las tendencias subyacentes, los viejos patrones y las ideas y creencias preestablecidas.
El Satipatthana Sutta y la meditación vipassana, es en lo que se ha inspirado el denominado midfulness, que se presenta a menudo como una simple técnica para combatir el estrés o para ser más eficiente en el trabajo o para coadyuvar determinados procedimientos psicoterapéuticos. Una vez más el occidental desvirtúa y desdibuja a su antojo, capricho y turbio entendimiento las enseñanzas más auténticas, falseándolas incluso y mostrándolas muy lejos de su verdadera raíz y esencia. Es la utilización espuria, ventajista y mercantil de muchas antiguas enseñanzas espirituales.
Con esta obra escueta y directa pretendemos mostrar el auténtico vipassana y la acompañamos de un C.D. muy práctico con ejercicios medulares de este tipo de meditación. He tenido la fortuna de haber podido entrevistar a los más solventes representantes del budismo theravada y obtener de ellos valiosísimas enseñanzas al respecto. Durante años estuve viajando a Sri Lanka para entrevistar largamente a Nyanaponika Thera, una indiscutible autoridad en el tema y cuyas obras, traducidas fiel y magistralmente por Almudena Haurie Mena, y siempre generosa y desinteresadamente, han sido reeditadas por la editorial ELA. También tuve encuentros con Narada Thera (que me dio el sobrenombre budista de Rahula) y con Piyadassi Thera, Ananda Maitreya, Madihe y tantos otros monjes de gran sabiduría y hondos conocimientos budistas, que aparecen entrevistados en mi obra "Conversaciones con Lamas y sabios budistas".
Era uno de mis mentores budistas quien declaraba con referencia a Buda: "Cuanto más le conozco, más le amo; cuanto más le amo, más le conozco". Fue el hombre más despierto de su época. No se dejó nunca arrastrar por creencias, sino que todo lo sometía a la experimentación personal. Investigó como nadie en la mente humana y facilitó medicamentos de gran alcance para poder superar el sufrimiento psíquico y librar la mente de sus trabas. Mediante el perseverante entrenamiento en la meditación abstractiva, ya muy conocida y practicada por los yoguis milenios antes de que naciera, llegó al descubrimiento de la meditación de visión penetrativa y cabal, vipassana, consistente en la toma de consciencia (muy atenta, ecuánime y arreactiva) del surgir y desvanecerse de los propios procesos psicosomáticos.
Para que la meditación vipassana aún sea más eficiente, es conveniente incorporar también la meditación abstractiva, conocida como meditación samatha. La meditación samatha calma y concentra la mente en grado sumo y la meditación vipassana utiliza esa mente sosegada y altamente concentrada para poder ir captando los proce-
Preámbulo
Buda quiere decir "el que sabe". Se aplica el término a aquel que ha despertado definitivamente. Siddharta Gautama, nacido en el siglo VI a. C. en Kapilavatthu, la capital del país Sakya, renunció a los veintinueve años a la vida mundana y se dedicó por entero a la búsqueda de la Realidad. En Bodh Gaya, en el estado indio del Biliar, obtuvo después de seis años de infatigable trabajo sobre sí mismo, la iluminación, realizando así su definitiva budeidad y conviniéndose en un buda viviente, que durante cuarenta y cinco años habría de impartir el Dhamma (doctrina de liberación) a los otros. El Buda penetró que "los hechos son incontrovertibles y la ley de causa y efecto es siempre la misma: todo lo constituido es impermanente, todo lo constituido entraña sufrimiento, todo es sin entidad".
El budismo original, o sea el budismo Theravada, es una Enseñanza excepcionalmente directa, escueta y precisa. El Buda supo desarrollar, como muy pocos otros maestros, el camino de la inteligencia y el del corazón. Fue más lejos en su investigación de cuanto pueda suponerse. Como indica mi buen amigo y compañero en el Dhamma, Amadeo Solé-Leris: "Lo que enseñaba el Buda era y sigue siendo, algo muy alejado de las abstracciones: un método de perfeccionamiento ético-psicológico que deja de lado deliberadamente la metafísica y la teología para concentrarse en lo concreto que cada cual puede y tiene que hacer por cuenta propia -sin que nadie pueda hacerlo por él-, para emprender el camino de la mente serena y perfeccionarse en él".
Con concreción asombrosa y sagacidad extraordinaria, la Enseñanza del Buda ayuda a poner las condiciones para que la mente, liberada de todas las negatividades y capaz de percibir las cosas tal cual son desde su prístina pureza, pueda conquistar la Sabiduría.
El budismo es, indudablemente, uno de los más grandes sistemas soteriológicos originario dc la India. Se propagó por buena parte de los países asiáticos y desde hace algo más de un par de siglos, comenzó a despertar un notable y creciente interés a innumerables occidentales. Sobre la genuina enseñanza del Buda (que es el núcleo de todas las escuelas budistas y que ha recogido en su máxima pureza el Budismo Theravada), han surgido y se han alimentado los diferentes vehículos, sectas y escuelas budistas.
Siempre he estado vivamente interesado por la Búsqueda y por las técnicas de autorrealización tanto orientales como occidenta-
les. Cada ser humano debe hallar su vía. Los grandes maestros han indicado caminos, laderas hacia la cima que es la iluminación definitiva. Como un rastreador incansable de la otra Realidad, siempre me he sentido profundamente agradecido hacia los seres despiertos, sean de uno u otro sistema soteriológico. Lo Incondicionado, como quiera que se vierta en palabras o se interprete, es lo mismo para todos los que lo penetran.
Siempre me he inspirado en Lao-Tse, Jesús, Mahavira, Sankara, Ramana y otros grandes despiertos. Asimismo siempre me he inspirado en el Buda Siddharta Gautama, el gran despierto, a quién más se ama cuanto más se le conoce. He investigado, por ello mismo, en los distintos vehículos de la Buena Ley, pero considero de , capital importancia para todo budista, cualquiera que sea la escuela en la que se halle, conocer en profundidad el Budismo Therevada, porque él representa la médula de la Enseñanza, lo más esencial, concreto, cristalino y nuclear de la Doctrina.
Duele comprobar el desconocimiento inexcusable que tienen del Therevada muchos budistas de otras escuelas búdicas. Lamentable resulta, desde luego, que parte de esos budistas, no sólo no dispongan del menor conocimiento sobre el Theravada, sino que incluso opten por menospreciarlo, cuando precisamente tal rama budista condensa lo más esencial de la Buena Ley. De igual modo creo que es obligado reconocer la importancia del Yoga en el Budismo (y no solo en el budismo tántrico-que por supuesto recurre a numerosísimas técnicas yóguicas-, sino en todas las formas de budismo), toda vez que de alguna manera el Yoga ha sido siempre el eje espiritual no solo de la India, sino de toda Asia y sus técnicas (el anapana-sati, por ejemplo, entre otras muchas) han sido incorporadas y aprovechadas por todos los sistemas soteriológicos de Oriente.
Bien es cierto, que en la época del Buda florecía un yoga arcaico y que ponía el mayor acento en las técnicas de absorción y éxtasis, ésas mismas que, aún valorándolas el Budismo (y el mismo Buda, en tanto que recurría a ellas y las conocía muy bien por propia experimentación), no las consideraba suficientes para penetrar la realidad final tal como es. Desde entonces, el yoga ha recorrido un largo camino y sin duda también y del mismo modo que fue incorporado parte de él al budismo, se ha visto influenciado por la doctrina budista.
Los paralelismos entre la genuina enseñanza budista y por ejemplo, los Yogasutras de Patanjali, son notables, si bien la Buena Ley pone todo el énfasis en la ayoidad y el yoga hindú insiste en una última realidad permanente. De cualquier modo hay que entender,
empero, que el yoga es básicamente un método de mejoramiento supra-religioso y que sus técnicas han sido, por fortuna, recogidas por todas las vías de realización de Oriente. Sirviéndose de ellas, pudo el Buda, el maha-yogui respetado por todos los maestros de Oriente, madurar lo suficiente para desde ahí descubrir la meditación de la visión clara (vipassana), capaz de reportar el conocimiento cabal y liberador, aquel que hace posible la captación del modo final de ser de todas las cosas y que el Buda definió como insatisfactorio, impersonal y transitorio, siendo tales las tres características básicas de la existencia.
Nadie como el Buda tuvo un conocimiento tan preciso del ser humano y nadie como él supo ver y exponer el origen del sufrimiento, proporcionando un sendero para poner fin a toda tribulación. Él supo mostrar con destreza admirable el camino para que todos podamos realizar nuestra budeidad, para que cada uno de nosotros pueda despertar. Estar en ese propósito representa el mayor significado que podamos procurarle a la existencia humana. Cada uno hará por encender su propia lámpara, porque así también colaborará en encender la de los demás.
Índice
Introducción    9
Preámbulo    13
Capítulo I. Siddharta Gautama el Buda    17
Capítulo II. Introduccion al Budismo Theravada    22
Capítulo III. El camino del Dharma    35
El verdadero rostro de la existencia    35
De la realidad a la última realidad    45
DHARMA y dharma    47
Capitulo IV. En busca del Nirvana    52
La ley del karma y el renacimiento    52
El Nirvana    56
La búsqueda del Nirvana    57
Capitulo V. La meditación budista    61
Samatha-Bhavana    64
Cultivo y desarrollo de la visión penetrante
(Vipassana Bhavana)    69
Satipatthana-Sutta    74
Epílogo    87
Apéndice 1. Las genuinas enseñanzas del Buda    89

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