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Nutrición inteligente

Sacha Barrio Healey (aut)

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El tenedor de pitágoras. Guía práctica de alimentación y gastronomía viva

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9789876821360

En los últimos cien años, el hombre ha buscado imponerse a la naturaleza y ha trastocado sus hábitos alimenticios de una manera nunca vista en la historia. Las consecuencias son evidentes.
Ante este panorama, Nutrición Inteligente propone la armonía con los modernos desafíos del planeta y, además, un camino y una ciencia para la evolución del alma.
Más allá de cómo solucionar problemas de colesterol, glucosa y ácido úrico, Sacha Barrio Healey enseña cómo crear un cuerpo en óptimas condiciones para la felicidad y el crecimiento espiritual. Así, se expone cómo y cuáles son los alimentos para convocar un estado de conciencia despierto, ecuánime y alegre. Para ello, explica las propiedades de alimentos de alto poder medicinal, la manera de combinarlos y los métodos más efectivos para la desintoxicación del hígado, el colon y la sangre.
¿Es verdad que el sol hace tanto daño? ¿Cómo mantener la sangre limpia? ¿Qué efecto tienen los sabores sobre la salud? ¿Qué ocurre con el calcio cuando no tomamos leche? El libro derrumba mitos, da consejos y recetas gastronómicas para hacer en casa. Al leerlo, entenderemos el poderoso vínculo entre las emociones, la naturaleza del ser humano, la dieta y el planeta en que vivimos.

Nutrición Inteligente ha logrado enlazar la tecnología moderna de la alimentación y el conocimiento ancestral.

Sacha Barrio Healey

Estudió en la Universidad Nacional Agraria La Molina, en el Perú, y Medicina Complementaria, en Inglaterra.
Se graduó del International College of Oriental Medicine, en Sussex, Inglaterra, y luego se especializó en Osteopatía Craneosacral, en el College
of Cranio-Sacral Therapy de Londres. Recibió una beca del gobierno chino para realizar estudios de postgrado en Medicina Herbolaria en la Universidad de Medicina Tradicional China de Nanjing. Desde 2006 dirige el Centro Internacional de Terapia e Investigación Herbolaria, en Lima. Ofrece conferencias en colegios y universidades, y es exponente en seminarios
de medicina complementaria en diversos países.

  • Encuadernación: Rústica
  • Dimensiones: 15 x 23 cm
  • Nº Pág.: 302

ÍNDICE

AGRADECIMIENTOS     9
PREFACIO
La increíble alimentación pitagórica      1 1
INTRODUCCIÓN
La dieta ictiovegana. Sobre la salud de las arterias,
el antienvejecimiento y la armonía de la tierra      15
CAPÍTULO I
La nutrición espiritual y los sabores. El sabor es al cuerpo
lo que la emoción es a la mente     25
CAPÍTULO 2
Ecología sanguínea. El lado invisible de la sangre     49
CAPÍTULO 3
El ecosistema intestinal. Fermentación intestinal, microbios
y cambios de conducta     57
CAPÍTULO 4
La naturaleza habla. La doctrina de las signaturas      8 1
CAPÍTULO 5
Las vitaminas solares. La vitamina D, los hipopótamos
y el bronceado increíble de Galileo      85
CAPÍTULO 6
La gran decisión de curarnos. Principios básicos de la
desintoxicación y limpieza del hígado     99
CAPÍTULO 7
Calcio inteligente. Una nueva propuesta para niños y grandes     111
CAPÍTULO 8
Una medicina que siembra árboles. La búsqueda para integrar
y expandir la medicina     139
CAPÍTULO 9
Alimentos orgánicos. Sobre la importancia de un suelo
sano para una vida sana      151
CAPÍTULO I 0
Biotecnología transgénica. ¿Qué paradigma representa?      157
CAPÍTULO I I
El silencio lúcido de Pitágoras, la música de las esferas y los vegetales. El vínculo entre el alimento vivo, la meditación
y la conciencia     163
CAPÍTULO 12
Superalimentos. Alimentos de alto poder medicinal      169
CAPÍTULO 13
Prescripciones medicinales admirables. Cómo remediar
el envejecimiento?      229
CAPÍTULO 14
El higienismo y la combinación inteligente de los alimentos.
¿Cómo combinar los alimentos?      235
CAPÍTULO I 5
Ishnan. El secreto del yogui para la juventud     241
CONSEJOS    246
AVANTARI    247
RECETAS     249
BIBLIOGRAFÍA     297

PREFACIO

LA INCREÍBLE ALIMENTACIÓN PITAGÓRICA

Pitágoras de Samos (585 a. C-500 a. C.) fue un hombre de inmen-
so saber: la riqueza de sus conocimientos se extiende bastante más allá de sus teoremas matemáticos. Fue conocido por la profundidad de su inteligencia en astronomía, medicina y por su sistema de teoría musical. Pitágoras concentraba toda la fuerza de su espíritu en la enseñanza a sus coterráneos. Era un maestro que emanaba benevolencia, y era natural en él -realizar los actos más nobles en todos los órdenes.
Pitágoras, además, es considerado el padre del vegetarianismo. Sin embargo, en realidad el maestro no fue vegetariano, sino más bien ve-gano. El término vegano es reciente. Hasta hace unos cien años se empleaba el termino pitagoreano para definir a aquellos individuos que no consumen productos animales ni derivados de ellos.
La penetrante sabiduría de Pitágoras vio un orden inmanente en las esferas de la música, la aritmética y la naturaleza. Ante sus ojos, todo estaba envuelto, formulado y entretejido bajo un orden cósmico, desde donde se extiende, inefable, como el éter, pero también sujeto a leyes rígidas y exactas.
Para el filósofo, la alimentación era un camino para expandir la conciencia, un medio para reproducir en carne propia, y en orgánica miniatura, aquella luz de armonías que rige la vida. Pitágoras rechazó el sacrificio de animales en los templos, donde entre plegarias y sangre
se degüella a un ser vivo. Para Pitágoras, todo alimento funerario es un infame festín, que brota y regresa de un estado de penuria humana. Mantuvo que el alma es inmortal y que el hombre no tiene preeminencia sobre otras criaturas, y por esta razón tiene el deber moral de tratar a todos los seres vivos con amabilidad.
El maestro Pitágoras no fue un mortal afligido de problemas de salud: más aún, se dice que disfrutó de una larga vida. Sus experimentos dietéticos no fueron impulsados por enfermedades: lo impulsaba el procrear un entorno de armonía en su cuerpo. La dieta de Pitágoras no se caracterizó por sus privaciones y carencias, sino por sus fascinantes oportunidades y experimentos en el mundo espiritual y filosófico. Como se constata en las recetas ofrecidas en este libro, la comida pitagoreana no es de penitencias desabridas, sino de originales combinaciones que deleitan los sentidos. Personalmente no conozco un producto gourmet más grande para la lengua que el suculento cacao, el coco, el sésamo y la palta. Pero, más allá del placer a los sentidos, o más allá de una robusta salud, los beneficios de la dieta pitagoreana deben medirse en su capacidad de ser un camino biológico que asiste el desarrollo interior del hombre. Si se sigue esa dieta, en el cerebro y en las secreciones glandulares se producen realidades bioquímicas que favorecen la felicidad y el amor.
A Pitágoras se le atribuye el mérito de ensamblar y acuñar los términos cosmos y filosofía, dos temas de su entusiasmo. Al segundo vocablo le dio un valor espiritual y religioso, además de amor a la sabiduría. En Creta fundó su academia espiritual-filosófica. Se trataba de una prestigiosa escuela de Astronomía, Música, Matemáticas, Ética y Filosofía, basada en la no violencia. Allí se realizaban diferentes meditaciones, algunas con ejercicios de respiración. Ponía especial énfasis en la dieta, era consciente del poder purificador sobre el alma que ofrece el alimento, y deseaba que sus discípulos, hombres y mujeres, fueran alimentados con alimentos puros y vitales. Su dieta preferida consistía en los olivos, el trigo, las nueces, la cebada, las frutas y las verduras cocidas y crudas, en especial el higo y la col.
Pitágoras resaltó el poder psíquico y medicinal de la música, cuyas ondulaciones purifican la mente, agudizan la percepción y calman los sentidos. Las frutas y verduras, según él, otorgan a su vez una suerte de cadencia sonora a los tejidos del cuerpo.
Vivió en tiempos impregnados de mitología, oráculos y taumaturgos, y en este escenario tuvo el mérito de frenar las extravagancias de la fantasía. Por otro lado, tampoco abrazó la retórica iconoclasta, ni al estéril aunque persuasivo racionalismo sofista. Supo ejercer un justo equilibrio entre la ciencia y la espiritualidad, y en ambos dominios se desenvolvió como un gran maestro, dejando la más indeleble huella en todo el mundo helénico. Pitágoras fue heredero del orfismo, la religión ancestral dominante entre griegos y sicilianos, y su vegetarianismo también estaba ligado al credo de la transmigración de las almas y al origen divino de estas.
Este libro no pretende exponer un estudio histórico sobre los experimentos de Pitágoras con la comida, lo que sería una fatigada tarea propia de historiadores. Tampoco pretende ser un texto sobre la medicina griega o la nutrición prehipocrática. Como se verá, en el libro hay aportes de medicina moderna, de medicina china, de medicina ayurvédica y de la ciencia moderna. Nuestro objetivo es emplear el término nutrición pitagoreana no solo para señalar vegetarianismo, sino como un coherente sistema nutricional que consigue armonía con el medio ambiente, que valora la pureza de los ingredientes, y que es una medicina positiva para el cuerpo, finalmente, que favorece un florecimiento de la conciencia e impulsa la evolución espiritual del hombre. Con un cuerpo y un alma libres de angustias y ansiedades, con cada mordisco, aritméticamente, se genera paz, amor y una amplia filosofía de la vida.

INTRODUCCIÓN

LA DIETA ICTIOVEGANA

Sobre la salud de las arterias, el antienvejecimiento
y la armonía de la Tierra

Ictio viene del griego y quiere decir 'pez'. Vegana es la alimentación vegetariana que se diferencia de la lactovegetariana, pues la primera excluye los lácteos. En los últimos arios, el término alimentación vegana viene cobrando mayor popularidad, pese a que existe desde antes de 1850, cuando era conocido como alimentación pitagoreana.
Hablar de nutrición, hoy, no supone tan solo abordar el minúsculo tema de la salud humana. En tiempos modernos, la nutrición es una de las disciplinas que más correspondencias guarda con la economía global y con el futuro de nuestro planeta. Al estar toda la naturaleza entretejida, cada día será más evidente que la salud de cada hombre se extiende también hacia la del planeta. Inclusive, cabe decir que el planeta depende de la nutrición humana. Y para dar lugar a transformaciones sociales de largo alcance, la alimentación es el combustible primario que pone el proceso en marcha.
Después de doscientos cincuenta mil años de ser cazador y recolector, y tras vivir atemorizados por la carencia, hace solo ocho mil años nos llegó la agricultura con el anuncio de que hay pan para todos. Quizá esa sea la primera mística y gran lección del alimento: compartir. Nos sentamos alrededor de una mesa y con comida celebramos la amistad.
Hoy la evolución de la humanidad nos demanda no solo compartir los alimentos con nuestros coterráneos y vecinos, sino además alimentarnos de
tal manera que no deterioremos el medio ambiente. Es esta la pregunta que la humanidad empieza a plantearse en nuestros tiempos: la ética alimenticia trata de cómo volvernos comensales conscientes no solo de nuestra salud, sino de todo lo que nos rodea: los ríos, las plantas, los animales, los mares y las montañas.
El antiguo poblador andino, en sus diferentes culturas, ha venerado a distintos dioses, incluyendo a Wiracocha y Taita Inti, pero entre todos los cultos siempre se ha guardado una relación muy especial con la tierra, la Pachamama. Mucho es lo que tenemos que aprender (y refrescar la memoria también) de nuestros ancestros sobre la reciprocidad, el tejido invisible y el ayni.
Todas las culturas prehispánicas tienen el común denominador de haber sido ictioveganas, es decir, de haberse alimentado de vegetales y peces. Las culturas peruanas vivieron también de esta alimentación. Debido a una sabiduría médica ancestral, civilizaciones antiguas y sanas como los aztecas, los incas, los polinesios, los africanos y los asiáticos nunca consumieron lácteos. El hábito de consumir leche animal proviene de Escandinavia, donde, debido a los largos inviernos de nieve, el hombre ordeñaba, mientras esperaba el reverdecer de la tierra. Sacrificar a los animales lo habría expuesto a un largo invierno sin alimentos. Estos pueblos genéticamente presentan una buena tolerancia a la lactosa, pero en amerindios y africanos el 80 por ciento de la población es intolerante a ella. Incluso así, en países como Finlandia se manifiesta una de las peores saludes cardiovasculares del mundo, lo mismo que en Escocia. Indiscutiblemente son los países nórdicos los que padecen acentuadamente estas enfermedades por el consumo de grasa saturada animal, mantecas y lácteos. También en Finlandia y Dinamarca hay una pronunciada incidencia de enfermedades relacionadas con el consumo de lácteos, como la diabetes juvenil, la osteoporosis, el cáncer de próstata y el cáncer de mama. Si en algún momento de tránsito en la historia los lácteos fueron necesarios y el hombre se colgó de las ubres de los mamíferos para subsistir, hoy ya no es así bajo ningún concepto. Los lácteos transfieren una innecesaria secuela de problemas para el hombre y el medio ambiente.
Después de haber recorrido varias escuelas nutricionales, tras haber experimentado en cuerpo propio numerosos ejercicios gástricos, y con el apoyo de cuantiosos pacientes y la experiencia clínica lograda, como
transición hacia una dieta perfeccionada, se ha ido construyendo la alimentación ictiovegana.
La edad biológica del hombre puede ser muy diferente a la edad cronológica, pues se calcula en gran medida por el estado de nuestras arterias. Podemos decir que tenemos la edad de nuestras arterias. Quienes advierten que el consumo de carnes animales endurece las arterias entonces optan por una alimentación vegetariana o semivegetariana. El problema es que el vegetariano suele incluir en su dieta redobladas cantidades de queso, yogur y cremas de leche. Además, se excede en productos derivados del trigo, consume en exceso pan, tortas y granolas integrales. Sustituye la carne por el queso y consume exageradas cantidades de trigo en todas sus formas. No hay que sorprenderse cuando la realidad nos demuestra que las arterias de los vegetarianos solo están marginalmente en mejor estado que las arterias de los omnívoros. La diferencia es mínima. Sin embargo, cuando se analizan las arterias de los pitagoreanos, sí hay una verdadera diferencia. Y, en algunos casos, alto grado de pureza arterial. La razón: la ausencia de lácteos.
La dieta ictiovegana no pretende ser un rígido y fanático dogma. Más bien, es parte de una filosofía abierta y ecuménica. Fanáticamente antifanática. Por ejemplo, si nos invitan un plato de pasta italiana con queso parmesano, sí lo podremos comer y disfrutar. Una cosa muy diferente será obligar a los niños a beber leche de vaca. Cada persona que desee seguir esta dieta encontrará su equilibrio y, en términos generales, se evitarán los lácteos.
Empezar a vivir inspirados por una ética alimenticia no se limita solo a prácticas amigables con el medio ambiente. Además, implica abrazar el comercio justo. En un mundo organizado con estructuras de gran desigualdad social, ocurre también una creciente fuerza de desintegración social. Ninguna sociedad puede prosperar económicamente cuando vive bajo una profunda desigualdad. Por fortuna, a diario crece la conciencia de que necesitamos organizarnos dentro de un modelo que asegure la igualdad social. Hoy existen empresas que certifican no solo la calidad biológica del alimento, sino, además, su calidad moral. Quizá esa es la manera más inmediata de darle poder al consumidor. Ha llegado el momento en el que no debemos ni podemos esperar el cambio social únicamente de nuestros líderes políticos. Esta es una amplia labor social, de todos.
transición hacia una dieta perfeccionada, se ha ido construyendo la alimentación ictiovegana.
La edad biológica del hombre puede ser muy diferente a la edad cronológica, pues se calcula en gran medida por el estado de nuestras arterias. Podemos decir que tenemos la edad de nuestras arterias. Quienes advierten que el consumo de carnes animales endurece las arterias entonces optan por una alimentación vegetariana o semivegetariana. El problema es que el vegetariano suele incluir en su dieta redobladas cantidades de queso, yogur y cremas de leche. Además, se excede en productos derivados del trigo, consume en exceso pan, tortas y granolas integrales. Sustituye la carne por el queso y consume exageradas cantidades de trigo en todas sus formas. No hay que sorprenderse cuando la realidad nos demuestra que las arterias de los vegetarianos solo están marginalmente en mejor estado que las arterias de los omnívoros. La diferencia es mínima. Sin embargo, cuando se analizan las arterias de los pitagoreanos, sí hay una verdadera diferencia. Y, en algunos casos, alto grado de pureza arterial. La razón: la ausencia de lácteos.
La dieta ictiovegana no pretende ser un rígido y fanático dogma. Más bien, es parte de una filosofía abierta y ecuménica. Fanáticamente antifanática. Por ejemplo, si nos invitan un plato de pasta italiana con queso parmesano, sí lo podremos comer y disfrutar. Una cosa muy diferente será obligar a los niños a beber leche de vaca. Cada persona que desee seguir esta dieta encontrará su equilibrio y, en términos generales, se evitarán los lácteos.
Empezar a vivir inspirados por una ética alimenticia no se limita solo a prácticas amigables con el medio ambiente. Además, implica abrazar el comercio justo. En un mundo organizado con estructuras de gran desigualdad social, ocurre también una creciente fuerza de desintegración social. Ninguna sociedad puede prosperar económicamente cuando vive bajo una profunda desigualdad. Por fortuna, a diario crece la conciencia de que necesitamos organizarnos dentro de un modelo que asegure la igualdad social. Hoy existen empresas que certifican no solo la calidad biológica del alimento, sino, además, su calidad moral. Quizá esa es la manera más inmediata de darle poder al consumidor. Ha llegado el momento en el que no debemos ni podemos esperar el cambio social únicamente de nuestros líderes políticos. Esta es una amplia labor social, de todos.
La ley inexorable de la naturaleza es tal que todo aquello que es benéfico para la salud del hombre lo es también para el planeta. Mientras que Dios perdona y el hombre tiene la capacidad de hacerlo, la naturaleza nunca lo hace: sigue su curso inexorable. De manera inversa también podemos comprobar que todo lo que es perjudicial para el planeta lo es también para el ser humano. Lo que sucede en el microcosmos se repite con equivalencia en el macrocosmos.
Existen profesionales de la salud que ingresan en una larga lucha académica para desentrañar los misterios de la salud y los alimentos. Dolorosamente se puede decir que, en muchos casos, sus esfuerzos quedan sin dar fruto alguno y, como náufragos exhaustos, quedan sin la bendición de un claro sentido de orientación. Quizá esto ocurre porque en su quehacer científico hay una separación del alma y el cuerpo. Cuando la ciencia se realiza sin filosofía y sin humanismo, se arriesga a desarrollar tecnologías Frankenstein, o se investiga ofuscado y a oscuras. Debido a que describen realidades fragmentadas y aisladas, muchos estudios científicos, llamados doble ciego, han sido referidos por algunos críticos como un ciego guiando a otro ciego.
Antes de ingresar en el complejo mundo de la ciencia de la nutrición, el investigador debe tener en cuenta sus principios básicos. Y si empezamos por lo básico, hay que clasificar el alimento en dos categorías: el alimento vivo y el alimento cocinado. El primero tiene vida celular y el otro, aunque tiene minerales y nutrientes, biológicamente ha dejado de pulsar. Apoyados en una filosofía dualista, podemos decir que hay alimentos con vida y sin vida. El alimento con vida trae patrones energéticos muy específicos, un terreno nuevo de la ciencia que ahora podemos, medir. Más aún, por medio del microscopio, se observan patrones de energía ordenados, podemos visualizar el amor o el desamor presentes en un alimento.
Es difícil imaginar un alimento ofrecido con más amor que la leche materna. Fluye desde el corazón mismo de la madre hacia los senos. Otros alimentos llenos de sol y vida son las frutas y vegetales, las semillas y sus germinados. En el otro extremo, están los alimentos sin vida: los alimentos refinados, cocinados, industrializados y cocinados.
Si bien es natural y hasta necesario consumir ciertos alimentos cocidos, es importante enfatizar la importancia del alimento vivo. Las enzimas, por ejemplo, son unas de las principales ventajas del alimento
vivo. Las enzimas se pierden en la cocción y, sobre todo, en el microondas. Como veremos más adelante, las enzimas son únicas en su capacidad de regenerar tejidos. Podemos decir que el alimento vivo (o crudo) extiende la vida, mientras que el alimento cocinado acorta la vida y nos acerca a la muerte.

LA DIETA SEGÚN LA CONSTITUCIÓN INDIVIDUAL
Llamamos constitucional a esta dieta porque la adecuamos individualmente, según la constitución física de cada individuo.
La dieta macrobiótica se preocupa por determinar el predominio del yin o del yang en cada individuo. La homeopatía, por su lado, se encarga de evaluar las constituciones por medio de los miasmas. Más precisa y con una larga historia es la medicina ayurvédica, un sistema de medicina india. En ella se tienen en cuenta las tres doshas (que vendrían a ser como tres biotipos o constituciones distintas) llamadas vata, pitta y kapha. Estas dan el prakriti o la constitución básica de la persona. El primer biotipo, vata, es seco y frío; el segundo, pitta, grasoso caliente; y el tercero, kapha, húmedo y flemático.
La medicina constitucional no se ocupa solo de las enfermedades transitorias que visitan a un ser humano. Se dirige, más bien, prioritariamente, a la raíz del problema: observa al paciente en su integridad, tanto su temperamento como su constitución física.
A veces, sin saber, nuestra dieta es un estímulo para la enfermedad. ¿De qué nos sirve consumir hierbas pungentes para resolver el catarro, si consumimos pasteles, cremas, leche y quesos? Se recetan antibióticos para los bronquios, mientras que se consume una dieta altamente mucogénica. En estos casos, tal es la acumulación de flemas en el cuerpo que la única forma de higienizar a profundidad sería con la «bendición» de una infección bacterial. Si no cambiamos la dieta llena de azúcares y lácteos, la enfermedad, irremediablemente, tarde o temprano, regresará. Las bacterias no llegan arbitrariamente: como las moscas, husmean el alimento descompuesto y solo se reproducen en grandes cantidades cuando hay un banquete. Las bacterias se nutren de nuestros desperdicios.
Un error muy común en la nutrición moderna consiste en analizar la naturaleza química del alimento, su índice glicémico, sus calorías, vitaminas y minerales. Así, logramos tener una gran información sobre el alimento, pero seguimos ignorando la constitución física del sujeto que lo va a consumir. Un alimento puede ser excelente para cierto tipo de persona, pero perjudicial para otro. Es indispensable un encaje entre la dieta y el paciente (dietante). Es decir, se requiere compatibilizar la bioquímica del hombre con la del alimento.
La filosofía de la nutrición moderna es positivista: se sirve de la ciencia química para el estudio del alimento y de las ciencias médicas para el estudio de la fisiología humana. Con estas herramientas establece correspondencias «científicas» entre el alimento y la enfermedad. Sin embargo, excluye vastas leyes del universo por ser consideradas subjetivas. La dieta ictiovegana constitucional incorpora elementos filosóficos —como la filosofía de los sabores—, elementos psicológicos —como el temperamento del paciente— y también tradiciones espirituales milenarias. Pero, sobre todo, incorpora el sentido común y el arte de la observación.

EL PROTAGONISMO DE LOS GRANOS
El trigo es la fuente de combustible principal de la humanidad. Sin embargo, el problema es que tiene un protagonismo excesivo en nuestra dieta. Nos acompaña desayuno, almuerzo y cena.
El trigo es un grano que no es recomendable incluir en la dieta todos los días, al menos no con la frecuencia que le damos. Un grano como el trigo acrecienta la flema, porque su proteína, llamada gluten, como su nombre lo indica, aglutina las células. El trigo contiene fitohemaglutinina, que es una lectiva que hace que las células se interadhieran. Más sensato sería consumir un grano seco como la quinua, que no produce flemas, o, en su defecto, reservar un cereal distinto para cada día de la semana. Es recomendable seleccionar un grupo de granos que encaje correctamente dentro de nuestra constitución, ya que el grano que consumimos debe ofrecer propiedades terapéuticas sobre el entorno interno del paciente.
Por ejemplo, si el sujeto es de constitución mucogénica, congestionada, tiene tendencia al sobrepeso, sus movimientos son aletargados, hay gravidez en su temperamento y el pulso es viscoso como una mermelada, un grano como el trigo acrecentará la flema y la humedad. En este caso, mejor será recomendar un grano seco como la quinua, que no produce flemas. En otros casos, podemos equilibrar los días de la semana: arroz el lunes, cebada el martes, quinua el miércoles, centeno el jueves, maíz el viernes, centeno el sábado y trigo el domingo.

¿CON PESCADO O SIN PESCADO?
¿Cómo justificar el consumo de pescado dentro de la alimentación pitagoreana? Quizá en última instancia, como meta final, deberemos prescindir de los peces de nuestra dieta, considerando también que en estos tiempos hay severos problemas de contaminación en los mares: el mar es tóxico y esas toxinas se concentran en los cardúmenes. Sin embargo, hoy todavía sugerimos el moderado consumo de pescado. Será necesario contestar esta pregunta desde diversos ángulos, para tener una respuesta más completa.
Para estudiar la teoría de la dieta ictiovegana primero debemos saber lo que es una teoría. Teoría viene de teo, que es Dios. Una teoría, entonces, es una visión de Dios. Es decir, no hay teorías correctas ni incorrectas, son solo puntos de vista. Y mientras más omnisciente sea nuestro punto de observación, mayor será nuestra perspectiva de la realidad. Entonces, podemos ver el tema del pescado de diferentes maneras. Es muy difícil hacer el salto de una alimentación eminentemente carnívora a una vegana, pues para muchos representaría un escalón demasiado empinado que subir. La mayoría de personas no está en condiciones de hacer tal sacrificio. Quizá sea más efectivo hacer cambios graduales en nuestra dieta, antes de intentar un salto repentino a la alimentación vegana.
A pesar de la contaminación de los mares, hay que saber que el pescado es evolutivamente bastante más rudimentario si lo comparamos con otros mamíferos. El pescado viene del mar, de donde procede toda la vida. Su sangre fría lo coloca en una posición intermedia entre vegetal y mamífero. Hay que recordar que la vida surgió primero con organismos
unicelulares; luego vendrían los fitoplánctones, el zooplancton, los pececillos, los peces, los anfibios, los reptiles, los roedores, los cuadrúpedos mamíferos, los primates y simios erguidos como nosotros, los hombres. Además, el pescado es el único animal que tiene grasas esenciales y saludables para el ser humano. El consumo de las grasas de pescado promueve la salud arterial, mientras que las grasas saturadas de todos los animales terrestres engrasan los órganos y obstruyen las arterias. En conclusión, el pescado es un alimento que contiene beneficios para la dieta, muchos más que los provistos por otros animales, por lo que su consumo tiene sentido. Para las personas que deseen adoptar una dieta ictiovegana, recomendamos pescado de carne roja y grasosa, no más de dos veces a la semana, lo que incluye anchoveta, salmón, trucha, atún, caballa o jurel.

EL MEDIO AMBIENTE, EL HOMBRE Y EL PLANETA
La dieta ictiovegana le da importancia a la agricultura orgánica. No solo protege el medio ambiente y nos libera de agropesticidas tóxicos, sino que adicionalmente nos aporta, en promedio, entre 50 a 125 por ciento mayor contenido de nutrientes. Quizá tengamos que pagar unos centavos más por la lechuga orgánica, pero esta nutricionalmente equivale a dos lechugas de agricultura intensiva.
Habiendo ya expuesto los efectos deletéreos de la leche en el libro La gran revolución de las grasas, observamos que su consumo es un despilfarro de nuestros recursos, y la dependencia de la proteína de leche resulta ineficiente comparada con la proteína vegetal. La proteína de la leche requiere diez veces más agua y quince veces más área de cultivo, que una cantidad similar de proteína vegetal que además exhibe un superior mérito nutricional.
Debido a la delicada salud planetaria de nuestros tiempos, debemos abastecernos de una fuente de combustible sostenible y amigable con el planeta.

UNA DIETA PARA IMPULSAR LA EVOLUCIÓN ESPIRITUAL DEL HOMBRE
Muchas personas buscan una dieta que sirva de base para avanzar más rápidamente en su deporte, su profesión o su camino espiritual. No basta estar libre de enfermedades y dolores: el hombre también desea explorar nuevos territorios de la conciencia. Y un noble objetivo final es la libertad, la liberación de todas las trabas físicas, emocionales y espirituales.
Existen personas de sobresaliente inteligencia y agudeza mental que comen cremas dulces, carnes en exceso, leche, alcohol y, quizá, fumen tabaco. Verlas puede hacernos menospreciar el efecto de nuestra alimentación. Pero lo importante es comprender que, si bien esta alimentación permite que las facultades cerebrales operen con relativa conformidad, existirá un tope limitante, y estos comensales no podrán prosperar en otros niveles, ni escalar hacia otros territorios. La conciencia quedará limitada.
Se presume que el cuerpo es una máquina que necesita combustible, y que nuestra alimentación no ejerce influencia alguna sobre la evolución de nuestra alma y nuestra felicidad espiritual. Sin embargo, debido a que todo es energía, la comida es una poderosa manera de modificar la energía de nuestro cuerpo.
Existe un gran universo de personas que no padecen enfermedad, otras enfermas, algunas obesas y otras que no necesitan adelgazar. Personas que, aunque no presentan problemas a nivel físico, buscan liberarse de trabas psicosomáticas y crear el espacio necesario para crecer espiritualmente. Ellas pueden considerar, entonces, recurrir a una dieta pitagoreana, según su constitución y necesidades.

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