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Alimenta tu cerebro (bolsillo) Maximizar

Alimenta tu cerebro (bolsillo)

David Perlmutter (aut)

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El poder de la flora intestinal para curar y proteger tu cerebro de por vida

En las últimas décadas han aumentado
los trastornos que debilitan nuestro cerebro, y
cada vez más niños presentan autismo y TDAH,
mientras los adultos desarrollan demencia a
edades muy tempranas.

Más detalles

9788466338851

Una investigación médica reciente revela que la salud del cerebro está dictada mayoritariamente por el estado del microbioma o, lo que es lo mismo, por la gran población de organismos que viven en nuestros intestinos y que superan a las células del cuerpo humano en una proporción de diez a uno. Es decir que lo que está ocurriendo en nuestros intestinos hoy determina el riesgo de cualquier trastorno o enfermedad relacionada con el cerebro.

El doctor Perlmutter explica la potente interacción que existe entre los microbios intestinales y el cerebro, y cómo el microbioma humano se desarrolla desde el momento del nacimiento y evoluciona según nuestro estilo de vida, cómo puede enfermar, y cómo podemos fomentar la salud del intestino con estrategias sencillas.
Con simples recomendaciones dietéticas y un práctico programa de seis pasos, Alimenta tu cerebro nos abre la puerta a una salud cerebral sin precedentes.

El doctor David Perlmutter

es un reconocido neurólogo, internacionalmente alabado como experto en el campo de las influencias nutricionales en los trastornos neurológicos, y miembro del American College of Nutrition. Se graduó en la facultad de medicina de la Universidad de Miami, donde fue galardonado con el Premio Rowntree G. Leonard a la mejor investigación de un estudiante. Después de completar la residencia, ejerció en el ámbito privado. Actualmente es profesor asociado de la Universidad de Miami, así como conferenciante habitual en simposios patrocinados por instituciones médicas de la Universidad de Harvard, la Universidad de Arizona, el Instituto Scripps de la Universidad de Nueva York y la Universidad de Columbia. Ha recibido varios premios por sus innovadoras investigaciones. La piedra angular del enfoque del Dr. Perlmutter sobre los trastornos neurológicos reside en los principios de la medicina preventiva.

Kristin Loberg

es coautora de varios libros, algunos de los cuales se han convertido en best sellers internacionales. Con más de quince años de experiencia, Loberg se ha especializado en la colaboración con científicos e investigadores a los que asesora en la redacción de sus obras. Es miembro de Author's Guild y PEN, e imparte cursos sobre escritura en la Universidad de California en Los Ángeles.

  •     Nº de páginas: 368 págs.
  •     Encuadernación: Tapa blanda bolsillo

Índice

INTRODUCCIÓN: Alerta microbiana: no estamos solos       13
REVISIÓN INTESTINAL: ¿Cuáles son tus factores de riesgo?       29

PRIMERA PARTE
Conoce a tus cien millones de amigos
  • Bienvenido a bordo.

Tus amigos microbianos, de la cuna a la tumba      35

  • Incendio intestinal y cerebral.

La nueva ciencia de la inflamación       65

  • ¿Tu barriga está deprimida? Cómo el intestino irritado influye en el mal humor y en la ansiedad . . . 103
  • La flora intestinal puede engordarte y degenerar tu cerebro. Sorprendentes vínculos entre las bacterias intestinales y el apetito, la obesidad y el cerebro . . . . 137
  • 5. Autismo y digestión. En las fronteras de la medicina neurológica      165

 

SEGUNDA PARTE
Problemas en microlandia
  • Un puñetazo en la barriga. La verdad sobre la fructosa y el gluten      201
  • Trastornos intestinales. Cómo la exposición común a ciertos elementos destruye un buen microbioma      217
TERCERA PARTE
Alimenta tu cerebro y regenera tu microbioma
  • Alimenta el microbioma. Seis claves esenciales para favorecer el bienestar cerebral al fomentar el bienestar intestinal       247
  • Profesionalízate. Guía de complementos       277

 

Plan alimenticio de 7 días. Alimenta tu cerebro y mejora así tu salud      297
RECETAS      307
EPÍLOGO. ¿Qué nos depara el futuro?      347
AGRADECIMIENTOS      363

Introducción

Alerta microbiana: no estamos solos

La muerte comienza en el colon.
ÉLIE METCHNIKOFF
(1845-1916)

A lo largo de mi carrera, he tenido que anunciar varias veces por semana a un paciente o a un cuidador que no nos queda nada en el arsenal de tratamientos para un trastorno neuro­lógico grave que inevitablemente acabará con su vida. Me rin­do porque la enfermedad ha tomado el control absoluto y no existen soluciones rápidas ni medicamentos para frenar su acelerado avance y detener el temido desenlace. Es descora­zonador, y sé que por más que ocurra nunca me acostumbra­ré a ello. No obstante, hay un floreciente campo de estudio que finalmente me permite emprender técnicas revoluciona­rias para aliviar el sufrimiento y que me aporta esperanzas. Alimenta tu cerebro es producto de ese nuevo y sorprendente campo, y trata de cómo puedes aprovecharlo para tu propio bienestar.
Piensa por un momento en cuánto ha cambiado el mundo en el último siglo gracias a las investigaciones médicas. Ya no nos preocupa morir de sarampión, disentería, difteria, cólera o escarlatina. Hemos logrado avances sustanciales para redu­cir las tasas de mortalidad de muchas enfermedades crónicas, como el VIH/sida, algunos tipos de cáncer y cardiopatías. Sin
embargo, si nos centramos en las enfermedades y en las afec­ciones vinculadas al cerebro, el panorama es muy distinto. Los avances para prevenir, tratar y curar trastornos neuroló­gicos debilitantes que se presentan a lo largo del ciclo de la vida —desde autismo y TDAH (Trastorno por. Déficit de Atención e Hiperactividad) hasta migrañas, depresión, escle­rosis múltiple, Parkinson y Alzheimer— son prácticamente inexistentes. Por desgracia, estamos perdiendo la batalla a medida que la incidencia de estas enfermedades aumenta en nuestra sociedad.
Echemos un vistazo a algunas cifras. En las diez naciones occidentales más ricas del mundo, las muertes por trastornos neurológicos generales —que en gran medida implican de­mencia— han aumentado de manera sustancial durante las últimas dos décadas. Y Estados Unidos encabeza la lista. De hecho, un estudio británico de 2013 mostró que, desde 1979, las muertes causadas por trastornos neurológicos en Estados Unidos habían aumentado hasta en un 66 % en hombres y un 92 % en mujeres. En palabras del autor principal del estudio, el catedrático Colin Pritchard, «estas estadísticas reflejan la realidad de la gente y sus familias, por lo que debemos [reco­nocer] que existe una epidemia claramente provocada por los cambios ambientales y sociales». Los investigadores han constatado que esta oleada, que afecta a personas cada vez más jóvenes, contrasta en gran medida con la disminución del riesgo de desarrollar enfermedades por cualquier otra causa.
En 2013, el New England Journal of Medicine publicó un informe que revela que en Estados Unidos se gastan unos 50.000 dólares al año en el tratamiento de cada paciente con demencia. Eso significa que el coste anual es de cerca de dos­cientos mil millones, el doble de lo que se invierte en el cuida­ do de cardiopatías y casi el triple de lo que se gasta en el tra­tamiento del cáncer.
Los trastornos del estado de ánimo y la ansiedad también van en aumento y pueden ser igual de incapacitantes que otras alteraciones neurológicas. Alrededor de 1 de cada 4 adultos estadounidenses —más del 26 % de la población— padece al­gún problema mental diagnosticable. Los trastornos de ansie­dad afectan a más de 40 millones de personas en Estados Uni­dos, y cerca del 10 % de la población adulta de este país pa­dece algún trastorno del estado de ánimo para el cual se le han recetado medicamentos fuertes. La depresión, que afecta a 1 de cada 10 personas (de las que una cuarta parte son muje­res entre 40 y 59 años), es ahora una de las principales causas de incapacidad en el mundo, y se diagnostica cada vez con mayor frecuencia. Entre los medicamentos más recetados para su tratamiento están la fluoxetina y la sertralina, aunque en rea­lidad estos fármacos sirven para tratar los síntomas de la depre­sión y no los factores que la causan. De promedio, las personas que padecen desórdenes mentales serios, como trastorno bipo­lar y esquizofrenia, viven 25 años menos que el resto de la po­blación en general. (Esto se debe en parte a que estos indivi­duos son más propensos al tabaquismo, al abuso de alcohol y drogas, a tener sobrepeso y a padecer enfermedades relaciona­das con la obesidad, lo cual se suma a los problemas mentales.)
Los dolores de cabeza, incluidas las migrañas, son unos de los trastornos del sistema nervioso más comunes. Cerca de la mitad de la población adulta debe lidiar con al menos un dolor de cabeza al mes. Y son mucho más que una simple in­comodidad, pues se asocian con incapacidad, sufrimiento personal, una calidad de vida deficiente y un elevado costo económico. Tendemos a pensar que los dolores de cabeza son
molestias poco costosas y de fácil tratamiento (con aspirina, acetaminofeno, ibuprofeno); sin embargo, según la National Paín Foundation, provocan pérdidas de más de 160 millones de días laborales al año e implican un coste médico de unos treinta mil millones de dólares al año.
La esclerosis múltiple, un trastorno autoinmune incapaci­tante que interfiere en la capacidad comunicativa del sistema nervioso, afecta hoy en día a cerca de dos millones y medio de personas en el mundo, de las cuales casi medio millón son estadounidenses. El promedio de coste total de tratamiento de un paciente con esclerosis múltiple excede los 1,2 millo­nes de dólares, y la medicina alopática insiste en que no hay cura posible a la vista.
Luego está el autismo, cuya incidencia se ha multiplicado por 7 o 10 en los últimos quince años, lo que lo convierte ac­tualmente en una auténtica epidemia.
Hoy en día se gastan cientos de millones de dólares en esta y otras patologías neurológicas debilitantes, pero los avances de la ciencia médica son escasos.
Sin embargo, hay una buena noticia: las últimas investi­gaciones científicas procedentes de instituciones de prestigio de todo el mundo están descubriendo que, en gran medida, la salud del cerebro y por lo tanto la enfermedad neurológica, están determinadas por lo que ocurre en el sistema digestivo. Así es: lo que está pasando en este instante en tus intestinos determinará tu riesgo de padecer una serie de trastornos neu­rológicos. Sé que resulta difícil de entender. Seguramente, si le preguntaras a tu médico si conoce algún tratamiento para el autismo, la esclerosis múltiple, la depresión o la demencia, alzaría los brazos en un gesto de desánimo y afirmaría que aún no se ha encontrado... y que tal vez nunca se encuentre.
Es en esta cuestión en la que me distingo de la mayoría de mis colegas, aunque por fortuna no de todos. Como neuró­logos, nos han enseñado a observar lo que ocurre en el siste­ma nervioso, sobre todo en el cerebro, pero nuestra mirada es miope. Automáticamente terminamos considerando que los otros sistemas, como el digestivo, son entidades indepen­dientes que no tienen influencia alguna en lo que ocurre en el cerebro. Si tienes dolor abdominal, no llamarás al cardió­logo ni al neurólogo. La industria médica en conjunto se ca­racteriza por disciplinas especializadas divididas por partes del cuerpo o sistemas específicos, por lo que muchos colegas dirían algo como «lo que ocurre en el intestino es cosa del intestino».
Esta postura está un tanto obsoleta teniendo en cuenta los últimos hallazgos científicos. El sistema digestivo está íntima­mente conectado con lo que ocurre en el cerebro, y quizá el aspecto más importante de los intestinos, que están directa­mente relacionados con tu bienestar general y tu salud men­tal, es su flora interna, los múltiples microorganismos que vi­ven en él, sobre todo las bacterias.
TE PRESENTO A TU MICROBIOMA
Siempre se nos ha dicho que las bacterias son agentes mortí­feros. Es decir, sabemos que la peste bubónica arrasó con casi una tercera parte de la población europea entre 1347 y 1352, y que hay ciertas infecciones bacterianas que se siguen co­brando vidas en la actualidad. Pero ha llegado la hora de aceptar con gusto el otro papel que desempeñan las bacterias en nuestras vidas, pues algunas de ellas no solo no son dañi‑
nas, sino que incluso son fundamentales para el buen funcio­namiento de nuestro organismo.
Hipócrates, médico griego y padre de la medicina moder­na, dijo en el siglo in a. C. que «toda enfermedad comienza en el intestino». E hizo esta afirmación antes de que se tuvieran evidencias o teorías sólidas para consolidarla. De hecho, ni siquiera sabíamos que las bacterias existían hasta que a finales del siglo XVII el comerciante y científico holandés Anton van Leeuwenhoek observó su propia placa dental a través de un microscopio casero y espió el mundo oculto de lo que llama­ba «animálculos». Hoy en día se le considera el padre de la microbiología.
En el siglo XIX, fue el biólogo y acreedor del Premio No­bel de origen ruso Élie Metchnikoff quien estableció un vínculo directo y sorprendente entre la longevidad humana y el equilibrio saludable de bacterias en el cuerpo, y quien tam­bién confirmó que «la muerte empieza en el colon». Desde aquella época en que hizo sus descubrimientos, cuando las sangrías seguían siendo muy populares, la investigación cien­tífica le ha dado más y más credibilidad a la idea de que has­ta un 90 % de las enfermedades pueden deberse a problemas del tracto gastrointestinal. Podemos afirmar sin temor a equi­vocarnos que así como la enfermedad comienza en el intes­tino, ahí también radica la salud y la vitalidad. Fue Metch­nikoff quien asimismo dijo que las bacterias buenas deben sobrepasar en número a las bacterias malas. Por desgracia, la gente suele cargar con más patógenos de los que debería y carece de un universo microbiano diverso y benéfico. No es sorprendente entonces que padezcamos tantos trastornos neurológicos.
Si Metchnikoff estuviera vivo, formaría parte de la próxi­ ma revolución médica que él mismo intentó iniciar en el si­glo XIX. Le encantaría saber que ya está en marcha.
Tu cuerpo está colonizado por una multitud de organis­mos que superan en número a tus propias células en una pro­porción de 1 a 10 (por fortuna, nuestras células son mucho más grandes, por lo que estos organismos no los superan en peso). Estos 100 billones de criaturas invisibles, los micro­bios, habitan dentro y fuera de ti, se desarrollan en tu boca, nariz, orejas, intestinos, genitales y en cada centímetro de tu piel. Si pudieras aislarlas a todas, llenarían un contenedor de casi 2 litros. Hasta el momento, los científicos han identifi­cado unos 10.000 tipos de microbios, y, dado que cada micro­bio contiene su propio ADN, esta cifra se traduce en más de 8 millones de genes. Dicho de otro modo, por cada gen hu­mano en nuestro cuerpo, hay al menos 360 genes microbia­nos. La mayoría de estos organismos viven en el tracto diges­tivo y, aunque incluyen hongos y virus, al parecer quienes dominan la escena y sustentan cualquier aspecto concebible de tu salud son las bacterias. Y tú no solo interactúas con es­tos organismos, sino también con su material genético.
A este complejo ecosistema que prospera en nuestro inte­rior y a su huella genética le llamamos «microbioma» («micro» por «pequeño» o «microscópico», y «bioma» por alusión a un conjunto natural de flora que ocupa un hábitat enorme; en este caso, el cuerpo humano). Aunque el genoma humano es casi el mismo para todos —con unos cuantos genes que nos diferencian y definen nuestras características individuales como el color de cabello o el tipo de sangre—, el microbioma intestinal de gemelos idénticos es sumamente distinto. Re­cientes investigaciones médicas empiezan a reconocer que el estado del microbíoma es tan importante para la salud huma‑
caminar sin ayuda, sino que su esclerosis múltiple entró en remisión total. O pensemos en Jason, el niño de 12 años con autismo severo que apenas podía enunciar frases completas. En el capítulo 5 descubrirás cómo se transformó físicamente en un muchacho participativo después de un vigoroso pro­tocolo de probióticos. También compartiré las incontables historias de individuos con algunos problemas de salud de­bilitantes —desde dolor, fatiga y depresión crónica hasta trastornos digestivos graves y enfermedades autoínmunes—, cuyos síntomas desaparecieron después del tratamiento. Pa­saron de tener una pésima calidad de vida a contar con una segunda oportunidad. Algunos incluso pasaron de albergar pensamientos suicidas a sentirse alegres y llenos de vida por primera vez en mucho tiempo. Para mí, estas historias no son excepciones a la regla, aunque parezcan casi milagros según los estándares médicos convencionales. A diario atestiguo estas historias, por lo que sé que tú también puedes cambiar para bien el destino de tu cerebro si cuidas la salud de tus in­testinos. En este libro te mostraré cómo hacerlo.
Aunque quizá no experimentes dolores graves ni crónicos que requieran fármacos o terapias intensivas, tener un micro­bioma disfuncional podría ser la raíz de molestas jaquecas, ansiedad, incapacidad de concentración o negatividad frente a la vida. Con base en estudios clínicos y de laboratorio, así como en resultados extraordinarios que he observado en re­petidas ocasiones o de los que he oído hablar en congresos mé­dicos que reúnen a los mejores especialistas y científicos de todo el mundo, expondré lo que se sabe y cómo podemos sa­car provecho de este conocimiento. También te daré unas pautas prácticas y amplias para mejorar tu salud intestinal y, en consecuencia, tu salud cognitiva para que disfrutes de una buena calidad de vida durante muchos años. Y estos no son los únicos beneficios. Esta nueva tendencia científica puede ayudar con los siguientes trastornos:
TDAH
Asma
Autismo
Alergias e intolerancias alimenticias
Fatiga crónica
Trastornos del estado de ánimo, como la depresión y la ansiedad
Diabetes y antojos de azúcar y carbohidratos
Sobrepeso y obesidad, así como dificultades para bajar de peso
Problemas de memoria y falta de concentración
Estreñimiento crónico o diarrea
Constipados o infecciones frecuentes
Trastornos intestinales, como la celiaquía, el síndrome del colon irritable y la enfermedad de Crohn
Insomnio
Inflamación de las articulaciones y artritis dolorosa
Hipertensión
Ateroesclerosis
Problemas crónicos debido a la ingesta de levaduras
Problemas de la piel como acné y eccema
Mal aliento, enfermedad periodontal y problemas den­tales
Síndrome de Tourette
Síntomas menstruales y menopáusicos intensos
Y muchos más...
De hecho, los resultados de estas nuevas investigaciones pueden ayudar a mejorar prácticamente cualquier trastorno degenerativo o inflamatorio.
En las siguientes páginas veremos en qué consiste un mi­crobioma saludable y qué puede provocar que un buen micro­bioma se destruya. El cuestionario de la página 30 te dará pistas sobre los tipos de factores relativos al estilo de vida y a las circunstancias que se vinculan directamente con la salud y el funcionamiento del microbioma. Y enseguida entenderás por qué la alimentación es tan importante.
ERES LO QUE COMES
La idea de que la comida es la variable más importante en la salud humana no es novedosa. Como dice el viejo adagio, «Que tu alimento sea tu medicina, y que la medicina sea tu alimento». Cualquiera es capaz de cambiar el estado de su microbioma —y el destino de su salud— a través de sus elec­ciones alimenticias.
Hace poco tuve la oportunidad de entrevistar al doctor Alessio Fasano, quien en la actualidad ejerce como profesor invitado de la facultad de medicina de Harvard y es responsa­ble de la división de gastroenterología pediátrica y nutrición del Massachusetts General Hospital. Es un reconocido líder de opinión en la ciencia del microbioma a nivel mundial. Habla­mos sobre los factores que alteran la flora intestinal, y él afirmó que, sin duda alguna, el factor más significativo que se relacio­na con la salud y con la diversidad del microbioma es la alimen­tación. Y lo que nos llevamos a la boca representa el mayor desafio ambiental para nuestro genoma y para el microbioma.
La noción de que la comida importa es fundamental, así como resulta reconfortante saber que tiene mayor relevancia en nuestras vidas que otros acontecimientos que quizá no seamos capaces de controlar del todo.
Como ya describí en mi libro anterior, Cerebro de pan, los dos mecanismos clave que provocan degeneración cerebral son la inflamación crónica y la acción de los radicales libres, los cuales puedes imaginar por ahora como derivados de la inflamación que provocan que el cuerpo se oxide. Alimenta tu cerebro mira con nuevos ojos estos mecanismos y cómo in­fluyen en ellos la flora intestinal y la salud intestinal en gene­ral. De hecho, la flora intestinal tiene mucho que ver con la inflamación y con tu capacidad para combatir los radicales libres. Dicho de otro modo, el estado de tu microbioma de­termina si tu cuerpo atiza las llamas de la inflamación o si las sofoca.
La inflamación crónica y el daño causado por los radicales libres son conceptos centrales para la neurociencia actual, pero no hay ningún protocolo farmacéutico que sea tan eficaz como un régimen alimenticio para controlar las bacterias in­testinales. Te explicaré ese régimen paso a paso. Por fortuna, la comunidad de microbios del intestino es maravillosamente susceptible a regenerarse. Las pautas descritas en este libro cambiarán el ecosistema interno de tu cuerpo para fomentar el crecimiento de los microorganismos adecuados para cui­dar el cerebro. Este régimen altamente práctico incluye seis elementos esenciales: prebióticos, probióticos, alimentos fer­mentados, alimentos bajos en carbohidratos, alimentos sin gluten y grasas saludables. Más adelante explicaré cómo cada uno de estos factores influye en la salud del microbioma para beneficio del cerebro.
Lo mejor de todo es que en cuestión de semanas cosecharás las recompensas de este protocolo para alimentar tu cerebro.
PREPÁRATE
No me cabe la menor duda de que, una vez que le abramos las puertas a esta información, revolucionaremos por completo el tratamiento de los trastornos neurológicos. Y no me alcan­zan las palabras para expresar lo honrado que me siento de poder presentar al público estas revelaciones y exponerle los datos que llevan tiempo circulando con cierta discreción en las publicaciones médicas. Estás a punto de descubrir que el microbioma es el mejor aliado de tu salud cerebral.
Las recomendaciones que doy en este libro están diseña­das para tratar y prevenir trastornos neurológicos; disminuir la irritabilidad, la ansiedad y la depresión; favorecer el siste­ma inmunitario y reducir la autoinmunidad; mejorar las al­teraciones metabólicas, incluyendo diabetes y obesidad, las cuales influyen a largo plazo en la salud del cerebro. Descri­biré aspectos de tu vida que quizá jamás te imaginaste que desempeñaban un papel en tu salud cerebral. Discutiré la importancia de tu historial de nacimiento, de tu alimentación y de los medicamentos que te recetaron en tu infancia, así como de tus hábitos de higiene (como el uso de desinfectan­tes de manos). Abordaré las diferencias entre bacterias intes­tinales en distintas poblaciones del mundo y cómo dichas di­ferencias se deben a las variaciones alimenticias. Incluso te llevaré a conocer qué comían nuestros ancestros hace miles de años y te explicaré cómo esto último se relaciona con las nuevas investigaciones sobre el microbioma. Abordaremos la noción de urbanización y cómo esta ha cambiado nuestra co­munidad microbiológica interna. ¿Será que la vida aséptica ha derivado en una mayor prevalencia de trastornos autoin­munes?
Te mostraré que los prebióticos de origen alimenticio —las fuentes nutritivas de combustible para las bacterias be­néficas que habitan tu intestino— desempeñan un papel fun­damental en la conservación de la salud al mantener el equili­brio y la diversidad de la flora intestinal. Alimentos como el ajo, el aguaturma, la jícama e incluso las hojas de diente de león, así como ciertos alimentos fermentados como el chu­crut, la kombucha y el kimchi, en general abren la puerta a niveles superiores de salud, y dan la pauta para una mejor función y protección del cerebro.
Aunque en la actualidad los probióticos se han vuelto co­munes en muchos productos alimenticios y es posible encon­trarlos en cualquier supermercado, es útil conocer las opcio­nes y examinarlas, en particular cuando te venden la idea de que algo es «bueno para tu intestino». Eso es justo lo que te ayudaré a hacer, y para ello te explicaré los fundamentos cien­tíficos de los probióticos para que puedas elegir los mejores para tí.
Es importante tener en cuenta que hay otros factores rela­cionados con el estilo de vida que también entran en la ecua­ción. Además de abordar la interacción entre microbioma y cerebro, nos adentraremos en una nueva disciplina: la medici­na epigenética. Esta examina de qué forma las elecciones de vida —como la alimentación, el ejercicio, los patrones de sue­ño y el control del estrés— influyen en la expresión de nues­tros genes y afectan directa e indirectamente en la salud del cerebro. También te explicaré cuál es el papel que desempe‑
ñan las mitocondrias en los trastornos neurológicos, desde el punto de vista del microbioma. Las mitocondrias son estruc­turas diminutas que están dentro de nuestras células y que tienen su propio ADN distinto al del núcleo. De hecho, las mitocondrias se consideran la tercera dimensión de nuestro microbioma y mantienen una relación única con nuestro mi­crobioma intestinal.
Las partes primera y segunda del libro te ofrecerán la in­formación básica necesaria para embarcarte en mi programa para alimentar tu cerebro, el cual encontrarás en la tercera parte. Creo que en esta introducción ya tienes suficiente in­formación para abrirte el apetito del conocimiento sobre esta nueva área de la medicina y sobre este novedoso enfoque para mantener la salud cerebral. En las siguientes páginas te espera un futuro más fuerte, brillante y saludable.
No esperes más. ¡Comencemos!

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